SAILOR MOON: LA SIGUIENTE GENERACIÓN
N.A: Sailor Moon no me pertenece.
Salvo este fic y lo personajes ficticios (naturalmente).
Al fin…lo prometido
Capítulo 30: Paternidad:
Se encontró corriendo por la entrada de su tan adorado hogar. Su rostro de cansancio y desesperación comenzaban a resaltarse, a cada paso que daba. Subió escaleras, corrió por otros pasillos y llegó a su destino: una amplia puerta de madera ponía límites entre ella y su madre.
Sin dudarlo, abrió las puertas con ambos brazos y entró. No logró ver a nadie. La habitación lucia vacía, sin embargo avanzó un poco, acercándose al ventanal de la habitación, cubierto por unas simples cortinas.
Ahí, frente al ventanal, había una solitaria silla. Parecía muy cómoda, muy grande para la delgada figura, que reposaba sobre ella. Cabellos rubios cenizos sobresalían de la silla. La noble dama que estaba ahí, se veía como una simple marioneta abandonada por su marionetero. Como una flor muerta, como una mujer derrotada y enferma.
-Madre….-comenzó diciendo, tratando de tomar aire mientras se acercaba hacía ella.
La persona en la silla, no se movía, continuaba mirando hacia el ventanal.
-Madre…por favor.-decía agachándose para ver los ojos verdes de la noble dama, los cuales parecían haber perdido su brillo.- Tienes que hacer algo.
La mujer levanto su rostro, mirando a la su joven hija, de cabellos albinos. Se veía muy perturbada. Sus ojos estaban ligeramente enrojecidos y brillaban como si estuviese tratando de contener sus lágrimas y su odio.
-Sí,.-contestó la mujer acomodándose un poco, pero sin perder esa expresión cansada.- Lo sé, Alex.
-Debes hacer algo.-dijo desesperadamente, tratando de obtener ayuda.
-No puedo hacer nada, hija mía.- decía suspirando pesadamente.- El rey ha decidido esto. Ni siquiera la Neo-Reina puede intervenir.
-Pero, madre…-comenzó a decir, las lagrimas ahora salían.- Sí, no hacemos algo, lo matarán!
-El estuvo buscándolo..-explicaba ella.- Lo han encontrado culpable. No puedo hacer nada, por mas que lo intente, no puedo hacer nada.
-No es justo….-comenzó a decir mientras se arrodillaba y colocaba su cabeza en las piernas de la dama, llorando amargamente, mientras su madre le
Él no tiene la culpa…
Papá no tiene la culpa…
Después de un día largo, regresaba a casa. Su cuerpo gritaba de cansancio y dolor. En una de sus manos, estaba su tan preciado sombrero negro mientras que en el otro estaba la maleta negra donde seguro estaba todo su equipo de practica. Su cabello albino estaba hecho una maraña y sus ojos mostraban desesperación por llegar a casa.
Para su mala suerte, el entrenamiento no había resultado como ella lo había pensado. ¿Cómo puede existir un juego tan violento? No sabía por qué hacían eso, pero sin duda algunos disfrutaban como unos sujetos se agarraban a golpes por un simple balón de cuero.
Eso no era lo malo. No tenía nada en contra, pero después de aquel día, empezaba a pensar diferente. Había recibido golpes, golpes y más golpes. Había caído miles de veces en el gras del estadio. Había lanzado varias veces el balón y había logrado buenos touchdowns, lo único gratificante en el día.
Luego de un merecido descanso en las bancas. Trató de ir nuevamente a la cancha. 'trató', apenas dejo de beber agua un balón cayó directamente en su rostro. No le partió ni un hueso, pero le había lastimado un ojo, que sin duda, arruinaría mucho su hermoso rostro.
Pero ahí no había acabado. Tan pronto como impacto el balón, cayó al suelo de manera muy cómica. Prácticamente parecía un 'muerto' en medio de las bancas. Los demás jugadores la ayudaron a incorporarse y trataron que regresara en sí, pues el impacto la había dejado algo atontada.
El entrenador se rió un poco al igual que algunos compañeros, al principio. Pero luego de que la albina no se incorporará, después de 20 segundos, las risas cesaron. Tuvieron que llevarla a la enfermería para que fuese atendida por la enfermera del lugar.
Después de que la 'soltaran', fue a cambiarse y a recoger todas sus cosas. No llevaba sus cuadernos, se los había dado a Johann, quien seguro se los devolvería al día siguiente.
Y ahora, estaba llegando a su casa. Tenía que enfrentarse a las miradas de sus amigas, quienes seguro, estarían preocupadas por su 'tardío' regreso.
Llegó hasta la puerta principal y suspiro pesadamente. Colocó su fino sombrero sobre su cabeza y sacó de su saco las llaves, que le permitirían entrar. Para cuando entró notó que la casa estaba ligeramente iluminada. Había alguien aún despierto, después de todo.
Caminó por el pasillo hasta llegar a la sala principal. Vio el televisor encendido y a dos figuras frente de el.
-Oh, ya llegaste, Alex.-dijo Elinor mirando a la albina.
-Te estuvimos esperando.-dijo Andrea.- ¿Dónde estabas?
-En la universidad.-contestó.
-Así que era cierto.-dijo Elinor sonriendo un poco.- Estas en el equipo de fútbol.
-¿Cómo lo sabes?.-preguntó algo sorprendida.
-Johann vino a dejar tus cuadernos.-dijo Elinor levantándose del sofá.- Me alegra que hagas deportes, nuevamente. Te felicito.-dijo esto ultimo avanzando hacia la albina, pero se detuvo en seco.
-¿Qué te pasó?.-preguntó algo preocupada al notar el aún ligero moretón en el ojo.
-¿Qué me paso de qué?.-dijo mirándola confundida.
-Eso…que esta en tu ojo.-dijo acercándose un poco, tratando de observar mejor el golpe.
-¿En mi ojo?.-dijo esta tanteándose el ojo y fue cuando se acordó.
Rayos! el golpe!
-Sí, en tu ojo.-le dijo tranquilamente y sonriendo un poco, como si se tratase de un chiste.
-Ah caramba!.-dijo Andrea acercándose mucho más que Elinor.- Es un moret-. No pudo terminarlo. Alex le cubrió la boca con su mano.
-SShh. Cállate niña.-le reprendió.
-Mmm parece que hay una historia detrás de esto.-dijo Elinor cruzando sus brazos.- ¿Qué te paso?
-Bueno, yo…-comenzó explicando y se quitó el sombrero para cubrirse el golpe.-Me cayó el balón en la cara.
-¿Cómo?.-preguntó algo extrañada.- Pero¿no se supone que te dan equipo suficiente para protegerte?
-Es que no traía el casco...puesto.-explicó.
-Qué Bruta!.-dijo Andrea en voz alta.
-Cállate.-le reprendieron ambas.
-¿Y por qué no lo traías puesto?
-Porque, estaba tomando agua y no pude ver cuando vino. Estaba descansando.
-Déjame ver eso.-dijo bajando el sombrero del rostro de la chica y mirando más de cerca el golpe.- Mmm, eso se pondrá feo en la mañana.
-Sí lo sé.-dijo mirando hacia el suelo. Sonaba algo triste.
-Bueno, será mejor que te prepares.-decía Elinor mientras regresaba al sofá, al igual que Andrea.
-¿Prepararme?.-preguntó confundida.
-¿Sabe Michelle algo de todo esto?.-preguntó con una sonrisa Andrea.
Rayos! lo había olvidado.
-Eeeh…no.-respondió.- ¿por qué?
-La que te espera.-dijo Elinor sin dejar de mirar a la televisión. Andrea también, sabía lo que pasaría así que no le dio importancia. Total era pelea entre 'hermanas'.
Alex dio otro suspiro y se colocó el sombrero. Para no querer asustar a Michelle, buscó unos lentes negros que estaban en su bolsillo y se los colocó. Una sonrisa satisfactoria se formó en su rostro. Ahora sí no la reprendería!
Cogió su maletín y se dirigió a las escaleras. Llegó hasta el segundo piso pero antes de que pudiese ir más lejos, se la encontró.
-Bue-buenas noches, princesita!.-la saludó quitándose el sombreo de forma muy caballerosa y dedicándole una 'asustada' sonrisa.
-Hola, Alex.-le contestó esta cruzando sus brazos sobre su pecho.- ¿Cómo te fue?
-Bibibi-bien!.-contestó finalmente, moviéndose por el pasillo, tratando de 'safarse' de la presencia de la joven.- ¿Y a ti?
-Bien.-le contestó mirándola un poco de manera más detenida. Pero¿Dónde estaba el moretón? Claro! Lo había escuchado todo, tenía 'oído de tísico'.
-Oh qué bueno.-contestó un poco más tranquila, al sentir que podía 'escapar' de ella.- Bueno, yo…tengo que ir a bañarme. Ha sido un largo día! Te hablaré más tarde.-dijo esto ultimo caminando hacia su habitación y haciendo un ademán de 'despedida'.
-Alex…-comenzó a decir la joven. La albina se detuvo en seco.
-¿Qué pasa Michelle?.-preguntó sin voltearse a mirarla y apoyándose en el pomo de la puerta.
La joven de cabellos aguamarinas, simplemente avanzó un hasta la joven y de manera delicada la hizo voltearse para que la mirara. Alex, se dejó llevar por la chica quien colocaba sus manos sobre sus hombros para después llevarlas a su rostro y obligarla a mirarla directamente a los ojos.
Cuando pudo obtener toda la atención de esta, Michelle sacó con cuidado los lentes oscuros que servían de limites, entre su mirada y la de ella.
Alex, derrotada, solo pudo dejar que la joven, bajara los lentes para que la observasen. Cuando se los quitó ocultó su rostro con el sombrero, pero al igual que los lentes, también se los quitó. La cara qué puso! Era una expresión de molestia y lastima. No se notaba mucho el golpe, pero sin duda se vería muy mal, en el simpático rostro de la albina. Su ojo sin duda se podría rojo por la mañana.
-Princesita¿Por qué no hablamos mañana? Me siento muy cansada.-dijo de manera apenada.
-Alex ¿por qué no me lo dijiste?.-preguntó sin prestarle atención a lo que había dicho antes.
-Princesa, perdóname, es que no tuve tiempo no pude verte esta mañana, tenía clases temprano.-explicaba.
-Pero¿por qué tienes que ocultármelo? Preguntaba algo preocupada.- ¿Acaso no somos amigas?
-Sí, lo somos, pero…-quiso seguir explicando pero era inútil.- Lo lamento.
Michelle solo pudo ladear un poco la cabeza. Ella no podía hacerla entrar en razón a la albina. ¿Qué tenía de malo contarle sus cosas? Acaso no eran buenas amigas? No comprendía bien, esto. Trataba de llevar bien su relación con la chica, pero esta le ocultaba cosas, por Dios sabe qué.
Sin embargo ahí no había quedado todo…
-No regresaste en la noche.-le dijo de forma calmada.- ¿Dónde dormiste?
-Yo…-decía de forma audible. Su garganta se le había secado. Ahora si venia lo difícil…
Michelle, al notar su silencio, llevó una de sus manos hasta la camisa de la joven. Abrió delicadamente esta por el cuello, dejando expuesta la piel de la albina.
-¿y eso?-preguntó sin soltarla.
¿Eso¿Había algo en su cuello?
-¿Eso?-decía mientras trataba de mirar su cuello, pero era obvio que era imposible.- ¿Qué es?.-pregunto asustada. Esperaba que no fuese lo peor.
-Esa marca.-preguntó AUN seguía tranquila.
Alex estaba confundida por eso. ¿Acaso su aventura nocturna con la rubia, le había dejado una consecuencia?
Caminó rápidamente hasta el baño, al final del pasillo. Abrió de golpe la puerta y avanzó hasta el espejo que estaba en el pequeño cuarto. Con cuidado y con un poco de miedo, movió su camisa para ver la 'marca' a la que se refería Michelle.
No se había equivocado.
Ahí, estaba una 'marca. Una peculiar y notoria marca. Estaba como algo pequeño, pero que sin duda no era normal, al menos, no normal en el cuello de la albina.
No puede ser
Eso, no era una simple marca…
La albina volteo lentamente y salió del pequeño cuarto. Miró a su compañera. Estaba algo enojada, muy enojada.
Tendría mucho que explicar.
Para la mañana siguiente Alex ya se encontraba fuera de su casa. Se encontraba en el centro, sentada en una banca, frente a los grandes escaparates, de las grandes tiendas. Unos lentes oscuros cubrían sus ojos. El golpe que había recibido el día anterior, se había tornado un color entre negro y morado, justo como lo había previsto Elinor.
No se quedo en casa. Michelle le había dicho que podía salir. Después de la 'pequeña' charla que tuvieron, Alex, se sorprendió que la joven lo tomara con tanta calma, sabiendo lo celosa que a veces podía comportarse. Pero no podía culparla por eso. La propia Alex la ponía así con su comportamiento, bastante reprochable.
Sentía un poco de tristeza. Tenía que reprimir sus verdaderos sentimientos hacia la joven, por evitar lastimarla. No quería confesarle algo, que talvez podía ser rechazado, o algo peor, ser correspondido.
A pesar de haber 'desobedecido' las reglas de la casa, al no regresar a tiempo, Michelle, no le reprendió por nada. Simplemente escuchó su explicación. Alex, no entró en detalles de su 'aventura', solo pudo contarle lo que había sucedido. No quería seguir preocupando más a la joven de lo que ya estaba.
En su explicación, pudo notar que Michelle no le prestaba atención a las palabras que salían de sus labios, simplemente se dedicó a observar el golpe que había recibido. Después de explicarle, Michelle aplicó un par de medicinas a su herido ojo y le indicó que no hiciera nada brusco por un par de días.
Y ahora, estaba ahí, sentada mirando tontos escaparates. Ropas de dama sin duda alguna. Algo que no era de su 'gusto'. No tenía a otro lugar donde ir. No tenía muchas ganas de hacer algo. Su ojo le dolía cada vez que trataba de mirar a un lado. Tendría que andar con cuidado un par de días más.
Como tenía suficiente tiempo, se levantó de su asiento y se dirigió al pequeño puesto de revista, que estaba cerca de su posición. Compró lo que parecía ser una revista de espectáculos y regresó a su asiento para leerla.
Su mente estuvo divagando entre los tantos actores, actrices, cantantes, grupos, etc. En fin, nada que conociese no que le importase, pero tenia que pasar el rato así que no tenia otra opción. Estuvo así por un buen rato, tanto que ni siquiera notó que una simpática señorita se sentaba a su lado.
La revista no cubría totalmente su rostro, por lo que aquella joven podía ver sus cabellos albinos. ¿Acaso ella no era la amiga de Rini?
Alex seguía leyendo su revista como si nada pasara. Cuando se dispuso a cambiar de pagina, recién pudo notar la presencia de la joven. ¿Qué no era ella, la que estaba en la reunión?
Se observaron por un breve momento, cada una tratando de adivinar quiénes era. Una, trataba de averiguar quien era la muchacha albina. Por supuesto, claro que sabía que era una mujer. Era muy conocida su capacidad de observación. Tantas clases y tan prometedora había sido su carrera, como artista, que le permitía reconocer el cuerpo humano con mucha facilidad.
En cuanto a la otra, trataba de asimilar lo que veía. Sin duda, se parecía a Michelle, pero un poco…mayor, como pare que fuese ella. Alex pensó que no la reconocería, pero sin duda, después de haberse quedado observándola por varios minutos supo que la reconocía o, al menos, trataba de hacerlo…
-¿Te conozco?.-pregunto a decir la mujer.
-Eso es lo mismo que yo me preguntaba.-le respondió Alex, tratando de relajarse un poco.
-Tu eres amiga de Rini¿no es cierto?.-preguntó ella de forma directa.
-Sí, así es.-respondió con una sonrisa. Al parecer ya la reconocía.- Y ¿Tu eres…?
-Kaioh Michiru.-le saludo estirando su mano para que la estrechara. La mujer parecía estar riéndose por la coincidencia (N.A: igual que todos ustedes, incluyéndome).
Alex solo pudo coger casi instantáneamente la mano de la mujer y agitándola suavemente, mientras su rostro expresaba una notoria sorpresa.
Michiru Kaioh! Piensa Alex! Piensa! Piensa…Actúa como si no la conocieras…
-Michiru Kaioh…-comenzaba a decir, mirando el rostro de la mujer. Esta ultima estaba por reírse, la expresión que había puesto la albina era de caricatura. Alex soltó con cuidado su mano y regresó su vista a la revista que había leído con anterioridad. Cogió el papel y comenzó a revisar sus paginas rápidamente hasta dar con lo que estaba buscando…
-¿Eres Michiru Kaioh?.-preguntaba mostrándole la revista.- ¿La de la foto?
-Sí, así es.-decía riéndose al ver la foto en la revista.-¿Y tu eres…?.-decía para seguirle la corriente.
-¿Yo señorita?.-decía dejando la revista y señalándose a si misma.- Oh yo no soy nadie, señorita. Solo soy un peatón.
-Oh valla!.-decía la joven.- Y ¿Cuál es tu nombre?
-Alex.-contestó.- Alex Tapia.
-¿Alex?.-repitió la mujer tratando de asimilar el nombre. Luego sonrió un poco y miró a la albina.- ¿Por Alexandra?
-¿Eh?.-Alex quedó algo sorprendida por la pregunta. ¿Acaso sabía de su verdadero genero. Solo pudo reírse un poco y relajarse. No valía la pena seguir ocultándolo.
-No, no es por eso.-dijo sonriendo y quitándose los lente. Para su suerte algunos de sus cabellos cubrían sus ojos.- Es por mi padre.
-¿Tú padre?
-Sí, mi padre.-explicó.- Mi padre también se llama Alex.
-Ya veo.-decía Michiru. Al parecer ya ganaba algo de la confianza de Alex. Talvez eso podía servirle para sacarle información.
-¿Y bueno?.-dijo Michiru acomodándose en el asiento.
-¿Y bueno qué señorita?
-¿Me dirás QUIÉN eres?.-decía.
-Entiendo.-decía Alex, riéndose un poco.- Usted quiere saber DE quién soy¿verdad?
Michiru no respondió y simplemente se quedó observando. El sol era ocultado por las nubes, dejando que el viento pasara libremente por los cabellos de ambas jóvenes.
-No soy de usted, sin duda alguna.-contestó Alex cruzándose de piernas y colocándose sobre una de ellas la revista y observándola.
-Eso lo sé.-respondió.
-¿Cómo?.-preguntó calmadamente.
-Eso no lo sé. Dímelo tu.
-Yo tampoco lo sé.-contestó dirigiendo su mirada al rostro de la mujer.
-Entonces…
-Entonces….-decía. Era obvio que no podía responder.- Señorita, es obvio que sabe quien soy yo.
-Esta bien.-respondió. Genial! Ahora no tendría ni una sola información. Sin duda este ser era un hueso duro de roer.
-Pero...-comenzó Alex.- Sí quiere responder a sus dudas, podemos hacerlo en un lugar menos concurrido.
La violinista se mantuvo pensativa por unos instantes ¿Era prudente exponerse a este sujeto? No sabía. Sin embargo, tenía que obtener todo tipo de información de estas visitantes quienes proclamaban ser sus hijas.
El todo por el todo…
-Esta bien.-finalmente respondió.
-Muy bien Señorita.-dijo esto ultimo levantándose mientras se ponía los lentes y cogía la revista.- Mi automóvil no esta lejos, así que podemos ir en el.
Michiru simplemente cogió la mano que le ofrecía la albina.
Al fin recibiría algunas respuestas.
Flash back:
Dos mujeres caminaban por los pasillos del palacio mientras conversaban sobre un asunto de suma importancia. Pasaron por la gran fuente que estaba en el castillo. La mas alta, una mujer de cabellos rubios cenizos ligeramente largos, se detuvo al notar que su acompañante, una mujer rubia con coletas, se detenía para observar dicha fuente.
-Así que has decidido dejar a tu hija en la tierra.-comenzó a decir la rubia de coletas mientras se sentaba en el borde de la fuente.
-Así es, su majestad.-decía la otra dama.- Tengo que dejarla, porque mis asuntos en Urano me mantendrán ocupada y no podré cuidar a mi hija como es debido. Así que prefiero que este a vuestro cuidado.
-Te entiendo.-respondió la Neo-Reina Serena. Gobernadora suprema de toda la Tierra.- Sé…que tienes un gran sentido del deber y que de estos asuntos delicados, te tendrán ocupada. Sin embargo¿no crees que es una decisión poco meditada?
-Su majestad.-explicaba.- He pensado bien esta decisión. No puedo llevar conmigo a Alex, pues conmigo no aprendería mucho. Es por eso que necesito que se quede aquí. Ella ya tiene casi un año, podrá adecuarse bien.
-Ese es no es el problema.-dijo interrumpiéndola.- Estas llenando tu vida de trabajo, por querer olvidar lo que te ha traído hasta aquí. Tu misma te privas del amor a tu hija. Dejándola aquí no solucionara tus problemas ni solucionará los de ella. Debes saber que ahora tu cuerpo soporta todo esto, pero tarde o temprano no lo soportarás. No permitas que ese recuerdo nuble tu juicio.
-Mi juicio no esta nublado.-objetó.- Es mi corazón el que no perdona aquella traición. No culpo a Alex por esto.
-Sin embargo lo haces.-explicó la Neo Reina mirando a la fuente.- No permitas que tu hija viva en un conflicto sin fundamentos.
-Lo sé.-simplemente contestó. Estaba cansada de explicar lo mismo.
-¿Y su padre?.-preguntó.- ¿Por qué no dejarla con su padre?
La mujer de cabellos rubios cenizos se rió un poco. No era un recuerdo muy agradable, pero ya estaba acostumbrada a que le hicieran esa misma pregunta.
-No.-dijo levantando su mirada nuevamente.- No sé donde estará y dudo que pueda cuidarla. Talvez haya regresado a Inglaterra.
-¿Piensas privar a Alex de su propio padre?.-dijo sorprendida la Reina.
-No pienso hacerlo. Tampoco pienso dejar a mi hija abandonada. Vendré a verla cuando termine estos asuntos. Cuando su entrenamiento haya culminado, la llevaré a Urano para tenerla cerca.
-Esta bien…-dijo suspirando la Reina en forma de derrota y levantándose.- Mis asuntos no interrumpen con los tuyos, Lady Urano. Vos has recurrido a mi presencia para pedirme este gran favor. No es mi deber juzgarte por si actúas moralmente o no. Simplemente estas cumpliendo tu deber y solamente puedo…puedo desearte buena suerte esta nueva empresa.
-Gracias su majestad.-agradeció la dama inclinando su cabeza, después de levantarse.
-Ve.-ordenó.- Yo me encargaré de que Alex, sea cuidada como si fuera mi propia hija…
-¿Me llamaba, Su Majestad?.-saludó la dama inclinando su cabeza ligeramente en forma de reverencia.
-Sí, Lady Neptuno.- dijo la Neo-Reina sonriendo un poco. Indicó a sus sirvientes que abandonarán sus aposentos, pues tendría que atender un asunto de mayor importancia.
-Lady Neptuno...-comenzó la Neo-Reina, levantándose de su asiento y dirigiendo su mirada al ventanal que daba a su balcón.- Te he llamado a mis aposentos, porque tengo que darte un deber muy importante.
-Sí, Su Alteza.-respondió algo intrigada y extrañada ¿Qué podía ser?
-Sé…-comenzaba a decir mientras regresaba a su asiento y miraba a la dama frente a ella.-…que el conflicto entre tu y Lady Urano, sigue tan latente como cuando inició. Pero, debo encargaros algo que es sumamente importante para la guerrera del viento.
-Sí, su Majestad.-dijo a duras penas. El recuerdo de aquel conflicto, sin duda era muy doloroso.
-Acércate.-le indicó esta mientras se levantaba y se dirigía a otra sección de la amplia habitación. Llegó hasta una parte que estaba cubierta por unas finas cortinas de seda transparente, que impedían que su interior fuese visto con facilidad. La Neo- Reina abrió un poco la cortina e le indicó a la otra dama que pasará. Cuando ella entró encontró dos pequeñas camas para bebes: en una de ellas, dormía placidamente, la hija de la Neo-Reina, pero en la otra estaba una pequeña niña, la cual estaba sentada mirando con curiosidad a la nueva 'visitante'. Tenía unos ojos verdes muy peculiares y se notaba apenas sus cabellos de color albinos.
-Lady Neptuno…-comenzó la Neo-Reina mientras avanzaba a esta pequeña y la levantaba.- Esta es Alex. Ella es la hija de Lady Urano.
La otra dama había quedado sorprendida por lo que sus oídos escuchaban…
-Me ha encomendado su cuidado, mientras este atendiendo unos asuntos en su tierra. No puedo cuidarla yo misma. He consultado con las otras guerreras, pero es obvio que necesita una imagen maternal en estos momentos.
-¿A qué se refiere, Su Majestad?.-preguntando confundida.
-Quiero…que tu la cuides.-dijo.
-¿Qué?
-Sí, así es. Deseo que la cuidéis, pues sos la única persona con la que puedo confiar este delicado asunto.-explicaba.-Sé…que el conflicto generado entre vos y Lady Urano, ha traído muy desagradables consecuencias. Sin embargo, deseo que cuidéis de ella como si fuera tu propia hija, pues ella nunca ha tenido la culpa de todo esto.
-Su alteza, no puedo hacerlo.-dijo Lady Neptuno.- No es mi hija y ¿ qué puedo brindarle yo? Talvez solo podría tener tristezas y amarguras.
-Lo dudo.-le dijo.- Tenéis mucho que ofrecer. Sos una gran guerrera, una noble dama y una madre amorosa. Alex necesita a alguien como tu en estos momentos. Además, vuestra hija, Michelle, de seguro la aceptará rápidamente.
Lady Neptuno no dijo y simplemente suspiro. No podía negarse, era un deber impuesto por la Reina. Las palabras que había pronunciado la Reina tenía algo de cierto: la niña no era culpable de nada y, según ella, Lady Urano tampoco lo era. Talvez era una oportunidad perfecta para remendar 'errores'.
Sin dudarlo, cogió a la niña, apartándola de los brazos de la Neo-Reina, y la alzó para observarla mejor.
La hija de Haruka…
La cuidaré como si fuera mi propia hija.
La noche ya había llegado. Alex estaba sentada en el borde que estaba cerca de la ventana. Subió una de sus piernas para sentirse más cómoda al mirar la luna, la cual estaba iluminando casi toda la habitación con su luz brillante. La tan enigmática sonrisa de la albina, se había desaparecido y solo estaba en su lugar, un rostro sin emociones.
Acompañándola, estaba Elinor, sentada en una silla y mirando a su amiga. la charla que habían tenido, había terminado…
-Así que Michelle y tú no son hermanas.-dijo de forma concluyente.
-Nunca lo fuimos.-dijo esbozando una leve sonrisa.- Fui criada por la madre de Michelle y viví con ella casi toda mi infancia. Es como una hermana, pero no es mi hermana.
-¿Qué pasó con tu madre?
-Ella, tuve que seguir atendiendo sus asuntos. Venía a verme, pero no era por mucho tiempo. Muchas veces fui cuidada por las demás guerreras de la Reina, pero más me quedé en la casa de Michelle, junto a su madre. Eso fue lo que converse con la Señorita Kaioh.
-¿Y tu padre?
-Mi padre fue expulsado del Reino.-explicó melancólicamente.- Fue cuando empezó la guerra. Debido a que parte de Inglaterra apoyaba la guerra, se rumoreó de que mi padre apoyaba la causa de forma activa. Así que el Rey Endimión decidió que nunca regresará al Reino por ser un traidor.-suspiro dolorosamente.- Desde ese entonces, no lo he vuelto a ver.
-Entiendo…-dijo Elinor mirando a Alex. Se entristeció al notar que su amiga trataba de contener las lágrimas mientras apretaba su puño con fuerza.
-Ese hombre…-comenzó a hablar con amargura.- Alejó a mi padre.A mi propio padre!
Elinor, simplemente cerró los ojos y dio un suspiro. Se levantó y camino hasta donde estaba Alex. Esta simplemente se quedó observándola y casi instintivamente, la abrazo por las caderas y comenzó a llorar amarga y silenciosamente.
Desahogote...-decía.- Desahogote…
Roar18/Duran17
Hola a todos:
Sí, finalmente algunas dudas serán resueltas. Sobre lo que hablaron Alex y Michiru, no lo colocaré hasta otro capitulo o que se yo.
Nuevamente disculpas por el retraso
Espero que les guste:-D
No se olviden de los reviews
Nos veremos el prox capitulo…:-D
