Las piezas son de J.K. Rowling, el puzzle es mío ;)
Capítulo 6
Besos, problemas y sueños, ¿Está mal?
Despegó su vista de la prenda y miró hacia el techo, pensando en cómo una ropa así iría a llegar al suelo de la habitación de James. Hasta que lo supo, y una sola palabra se le vino a la mente; Emma.
"¡Por Dios, Lily, cómo tan tonta! ¡James Potter nunca dejará de ser James Potter!" Pensó desesperada. James notó como su cuerpo se fue tensando. Terminó con sus caricias para mirarle, donde notó el semblante serio de la pelirroja.
Ésta, frenéticamente, se levantó del sofá, dejando caer a James en él, mirándole extrañado. Se quedó mirando al chico pasmada, sintiendo cómo mil emociones recorrían su cuerpo y llegaban a su pecho, continuando hasta el cerebro donde la imagen de James y Emma besándose le nubló todo por completo.
- ¿Qué ocurre? – Preguntó James extrañado, levantándose del sillón y acercándose a Lily, mientras que ésta retrocedía a grandes pasos, llegando a golpearse con el televisor.
– Tú... tú... idiota – Espetó, mirando a James comenzando a enojarse. James le miró más extrañado que nunca. Caminó hasta la puerta, sin antes, coger su chaqueta y cartera que se encontraban en el suelo. James la seguía por todos lados. Antes de que pudiera irse, se interpuso entre la puerta y la chica, mirándola frustrado – Potter, apártate.
- ¿Ahora soy Potter?
- Siempre lo has sido – Dijo la chica a punto de estallar.
- No hace unos cuantos minutos, antes de que nos besáramos.
- Por Dios, Potter, olvidemos lo que acaba de ocurrir – Dijo la chica cubriéndose los ojos con una de sus manos, en señal de remordimiento. Sabía que no podía enojarse por que James hubiera estado con otra persona, no podía... demostrar sus sentimientos de esa forma.
- ¿Cómo olvidarlo?
- Sólo olvídalo – Sentenció mirándolo insistente – Esto no ocurrió, y punto.
Lily iba a salir cuando James le cubrió el paso. La chica le miró interrogante.
- ¿Por qué sueles escapar de todo, Lily? Sea por lo que sea, yo no voy a dejar pasar ésta oportunidad, y no olvidaré el tremendo beso que me has dado – Lily abrió la boca para hablar, mirándole indignada.
- Yo no te besé, tú me besaste – Le dijo, apuntándole con el dedo índice en el pecho. James le sonrió arrogantemente.
- Tú te acercaste a mí, incitándome para besarte, cosa que hice, y tú lo correspondiste.
- Pero qué te crees... – Lily le miraba enojada. Aunque James tuviera razón, no iría a aceptar tales acciones – Te correspondí porque me vi obligada – James soltó una gran carcajada.
- ¿Obligada? Mejor dicho, desesperada – Lily lo fulminó, en ese mismo instante, con la mirada – Admite que me correspondiste y que te agradó.
Lily se cruzó de brazos, enojada, sin contestarle. Bufó molesta, mirándole tenazmente.
- ¿Para qué quieres que lo admita, eh? ¿Para que pueda luego caer a tus pies y ser tuya por esta noche? ¿Para tener a otra más en tu cama? – Explotó visiblemente furiosa, sintiendo el enojo, el remordimiento, el dolor dentro de ella.
- ¿Pero qué dices? – Le preguntó James extrañado, sin saber por qué Lily decía tales cosas.
– Tú nunca cambiarás, James Potter, nunca. Te seguirás acostando con una mujer diferente cada noche, cada semana. Sé que no debo entrometerme ni que me debería importar, pero no quiero ser la siguiente en tu estúpido juego
- ¡Pero qué mierda dices, Lily!
La pelirroja le miró furiosa, y sin decir nada más, se dio la vuelta y se dirigió hasta el sillón y cogió la prenda de mujer que se encontraba en el suelo. La alzó en el aire, mirando a James reprochablemente.
James se quedó helado, inmóvil, estático por lo que Lily le estaba mostrando. Sí, lo admitía, había estado con otra mujer antes, pero ¿Qué podía hacer si se sentía tan aciago?
- Dime qué significa esto, James, dime que no es lo que parece y mi criterio sobre ti cambiará por completo... – Musitó la joven, mirándolo inquisitivamente.
– Es... es sólo... ¡Una prenda de mujer! Como si nunca hubieras visto una
- ¡Oh, vamos, Potter, no soy una estúpida! ¿Sabías? No te hagas el ingenuo ahora
- Lily... – James se acercó a la joven tratando de explicarle.
– ¡No, Potter, aléjate! – Exclamó Lily, lanzándole el sostén al chico en el rostro - Yo me largo – Pasó por al lado de James y abrió la puerta para largarse de allí, sin siquiera atender a las exclamaciones de James, llamándola.
- Bien, pero no me culpes si es que después tus padres, o mejor dicho, toda tu familia sabe de lo que acaba de ocurrir – Dijo James molesto, siguiendo a la pelirroja. Lily regresó hasta la puerta, con una mirada fulminante.
- Te juro que te mato si le dices esto a alguien
- ¿Sí? Pues, inténtalo – Lily bufó furiosa. Ahora sí que el moreno la estaba sacando de sus casillas.
- Eres... eres un idiota, un estúpido, sí, eso eres – Dijo señalándolo con el dedo. James se le acercó lo suficiente como para que el dedo de Lily quedara tocando su pecho.
- Y tú eres fastidiosa - Contraatacó James sin perder su fría sonrisa.
- Pues, tú eres... eres un gran gilipollas – Dijo acercándose a él desafiante.
- Y tú una imbécil – Le dijo james acercándose más a ella, quedando extremadamente cerca. Lily le miraba con furia mientras que él le sonreía.
- Tú... tú eres... ¡arrggh! ¡Al Diablo! – Exclamó la pelirroja antes de darse una media vuelta para irse, cuando James le tomó del brazo, haciendo que se girara para poder plantarle un apasionado beso en la boca.
Lily le correspondió, perdiéndose entre sus fuertes brazos, como ocurrió en el lago. Sentía los suaves labios de James sobre los de ella, acariciándolos fogosamente. Le provocaba una dulce y extraña sensación, pero luego de unos segundos de darse cuenta qué hacía, de acordarse de que él había estado momentos antes con Emma, de acordarse de cómo era él, se separó de su cuerpo y le dio una bofetada. James le quedó mirando de vuelta, mientras que Lily respiraba entrecortadamente.
– Me largo – Dijo Lily furiosa – Te dejo aquí, con esa prenda de mujer para que hagas lo que Dios sabrá qué... – Comenzó a caminar apresuradamente, mientras que James le llamaba.
– Lily... ¡Lily! – La siguió hasta el ascensor, mientras que ella oprimía el botón de bajar – Lily, déjame explicarte...
– No tienes que explicarme nada ahora, Potter, entiendo que seas un estúpido mujeriego haciéndose la víctima para encontrar mujeres – Espetó Lily escupiendo cada palabra – Pensé que eras más que eso – Carraspeó sin mirarle, de espaldas a él.
- ¡Pero qué querías que hiciera luego de todo lo que me habías dicho! ¡De haberme sentido otra vez como un ser inútil, un impotente! – Exclamó el joven, con una tristeza que Lily sintió, afligida. Respiró hondo, bajando la vista sin mirar al chico. Se abrieron las puertas, dejándole la entrada al ascensor.
Lily entró, sin dirigirle la mirada a James, mientras que éste colocaba sus manos sobre los extremos de las puertas para que éstas no se cerraran.
– Lily, no te vayas... por favor – Le pidió James, mirándola. Lily le miró también, aguantando llorar en ese momento, frente a él.
– James... – Susurró la chica apenada.
El chico la atrajo hacia él cariñosamente, besándola. Lily se lo permitió, pudo sentir los suaves labios del chico una vez más, lo que pidió y lo obtuvo. Hasta que no pudo evitar sentirse triste. Se separó de James y lo empujó levemente hacia fuera del ascensor, mirándole apenada.
– Adiós, James...
El ascensor comenzó a cerrarse, lentamente. Lily podía notar el brillo de James en sus ojos, esa tristeza que le irradiaba, sin la calma que ya no podía notar.
Lo último que vio de él, antes de que las puertas se cerraran por completo, fue su rostro, ese rostro que le haría sentir tantas cosas que no estaba preparada para soportar otra vez.
oOoOo
El sol entraba por cada ventana de la casa, irradiando las paredes de una suave claridad. La señora Evans se encontraba caminando por el largo pasillo del segundo piso por la mañana.
- ¿Alguien ha visto a Lily?
Joyce Evans entró al cuarto de su pequeña pelirroja, pero la cama estaba intacta y no había ninguna señal de que la chica estuviera ahí.
Molesta; sumamente molesta, cerró la puerta del dormitorio para entrar en la siguiente, cuando una imagen, algo bastante abrumadora, le cegó por completo la vista por algunos escasos segundos.
- ¡Stacy Joann Carlston Evans! ¿Qué significa esto? – Gritó la señora Evans a los cuatro vientos, entrando a la sala con un semblante pálido y furioso.
Stacy no sabía qué decir. Se encontraba sobre su cama, abrazada con Ryan, a menos de un día de su boda. Y su tía estaba ahí frente a ellos, mirándolos con cara de quién sabe y... todo estaba perdido.
- Tía... ¡Tía Evans, no es lo que parece! – Exclamó la muchacha, levantándose de la cama junto con Ryan, quien miraba a la señora Evans con terror.
- ¿No es lo que parece? ¿No es lo que parece? ¡Dime que no es lo que parece que estuvieran acostados en la misma cama, abrazados! Y tú Stacy, te casarás mañana y ya estás engañando a Justin ¡Esto es el colmo!
- Señora Evans, Stacy sólo...
- ¡No me vengas a dirigir la palabra, jovencito, tú deberías estar llenando tanques de autos con gasolina en vez de estar pisando terreno de ésta casa! Eres igual que tu padre – Dijo la señora Evans con desprecio – No te acerques más a Stacy, ¿Entendiste?
Pero Ryan no le contestó. Le quedó mirando acongojadamente, y sin decir ni una palabra, salió de la habitación bajo la triste mirada de Stacy y la asesina mirada de la Señora Evans. Ésta, al ver que Ryan salía por completo de la habitación, se quedó observando a Stacy decepcionadamente.
- ¿Qué irán a decir tus padres, Stace? Has cagado todos los planes que tenían para tu futuro, lo que tú habías diseñado para tener una vida feliz junto a la persona que amaras, ¿Pero ahora, qué harás?
- Tía Evans... yo hablaré con ellos – Dijo Stacy abatida.
- Pero que quede claro, jovencita, que mientras se hospede bajo mi techo, tiene que seguir mis reglas. Nada más de hombres por acá, Justin es la persona que tú amas, y él te ama, así que ninguna palabra de esto al pobre joven.
- Sí, Tía.
- Y... ¡Llamaré a tus padres para que lleguen ahora mismo!
- Pero, Tía... están de vacaciones y ya vienen mañana, será mejor dejarlos...
- No me digas nada, Stacy, los llamaré ahora mismo. Sígueme.
La señora Evans salió de la habitación seguida del abatido cuerpo de la joven, quien temía por su futuro al tener que hablar con sus padres. Ellos habían estado por unos cuántos días de vacaciones, antes de la boda de Stacy, en Paris. No quería arruinarles los días libres y menos quería contarles lo que había ocurrido.
Bajaron al primer piso de la casa, donde los demás familiares tomaban tranquilamente el desayuno.
- ¿Stacy, qué pasó? – Le preguntó su prima Marty, quien se levantó de la silla donde se encontraba sentada, en la cocina. Stacy agachó la mirada, apenada por la situación.
- No puede hablar ahora, Marty, anda y termina de desayunar. Nosotras – Dijo mirando a la joven inquisidoramente – Iremos a hacer una llamada importante.
Tomó del brazo a Stacy y se la llevó por el gran pasillo hasta la Sala, dónde un teléfono yacía en una pequeña mesita de mimbre. Stacy miró a su Tía suplicante, pero ésta cogió el teléfono, marcó el número de los padres de la joven y esperó a que alguien le contestara. Stacy estaba que se moría.
"¿Cómo pude ser tan tonta de quedarme dormida en la casa junto con Ryan?" Pensaba mientras que su tía ya se comunicaba con el Hotel donde los padres de Stacy se encontraban.
- ¿Joann? Soy Joyce – Stacy podía notar cómo su tía se quedaba callada oyendo lo que su madre en esos momentos le decía, pero que ella no podía oír – Sí, claro, te llamo porque ha surgido un problema – Dijo mirando a su sobrina – Sí, sí, sobre Stacy... No, ningún problema con los adornos de la boda, Joann... sí, sí, pedimos Tulipanes, no te preocupes – Joyce ya se estaba inquietando, así que decidió ir al grano – Mira, acabo de ir a la habitación de tu hija y la encuentro con un hombre, pero no sólo un hombre, ¡Con Ryan! ... Sí, el de la gasolinera. Por eso te digo, Joann, vénganse rápido, Hoy a más tardar – Stacy se tapó los ojos, afligida – Bien, sí, sí, claro... nos vemos, Chao chao.
"No la mires, no la mires" Se decía Stacy al notar la fría mirada de su tía sobre ella. Levantó la vista y se encontró con el semblante enojado de Joyce.
- Vieras lo decepcionados que sonaron tus padres por teléfono. Y lo decepcionada que estoy yo, por todo el arduo trabajo que tuvimos para que encontraras a tu hombre ideal; ¡Justin! No Ryan, querida.
- Lo entiendo – Murmuró la joven, con la cabeza gacha. Se recostó en un pequeño sillón que había en la estancia, mientras que la señora Evans caminaba hacia la puerta para irse a la cocina.
- Eso espero – Dijo antes de desaparecer por completo. Dejando a una abatida y triste Stacy en la sala.
Espero que les haya gustado y que no haya estado muy aburrido :) Va para Monii, sí, guapa, ¡Te quiero!
Nos vemos en el próximo capítulo, lectores :D
REVIEWS, GO!
ClockyEvans
