Las
piezas son de J.K. Rowling, el puzzle es mío ;)
Capítulo 10
Estoy
muy confundida
Ahora debía mantenerlo lejos de la boda, no podía dejar que todo se arruinase. Algo debía hacer con el muchacho ¡Pero pronto!
Por fin que, Gracias al cielo, llegó el gran día. El día en que después de todo se podría ir, podría volver a Nueva York y no verle la cara a ese James Potter nunca más, en toda su existencia. Claro, debía soportar una tarde más, y dejaría de verlo. Una simple tarde, sólo unas cuantas horas y ya. Aunque la charla de ayer con Stacy le haya hecho pensar un minuto sobre que podría estar con James, ahora la idea le asustaba demasiado... no, no tenía miedo. Sólo que no quería estar con James... si, eso era.
Ya había ido de compras con su madre, junto con John, por la mañana en busca de algún vestido que le quedara a la medida, (o sea, tres inolvidables horas de infierno), pero lo que se compró terminó por amarlo. Era un vestido hermoso, único, y aunque su prima no la eligió para ser dama de honor (cosa que no le importaba) sabía que lo lamentaría más tarde.
Una sonrisa apareció en su rostro, mientras guardaba la prenda en el armario de su dormitorio. El día había amanecido perfecto para una boda al aire libre. Las nubes estaban más blancas de lo normal y el cielo se encontraba de un azul raso, hermoso.
La luz del sol entraba por la vieja ventana del dormitorio, posándose en el viejo escritorio de madera, donde unos cuantos papeles se encontraban. Pero uno en especial llamó su atención, haciéndola pensar lo tonta que había sido por no haber visto antes los papeles. Se acercó con paso cauteloso hacia el escritorio, haciendo crujir el suelo de vieja madera desgastada.
Era una carta. Cogió el sobre entre sus manos y lo observó por unos cuántos momentos. Tenía su nombre, pero no salía el nombre del mandatario. La curiosidad comenzó a embriagarla, sus pupilas se dilataron y miró con más interés el sobre entre sus dedos.
Comenzó a abrirlo, con impaciencia, curiosidad e interés mezclados. Sacó la hoja, la cual no era extensa, y comenzó a leerla, mientras que sus gestos cambiaban cada vez de diferentes expresiones.
Tuvo que leerla por unas cuatro veces, tal vez cinco, seis, para poder entender que su amiga, Susan, iría a visitarla. Que llegaría a las no se cuántas horas. Necesitó releer la carta por última vez para entenderlo todo por completo. Y no pudo evitar sentirse aliviada.
Por fin tendría a alguien en quién obtener apoyo, alguien que la entendiera. Podría pasar una tarde buena después de todo, sin problemas, sólo diversión junto con Susan. Eso esperaba. Aunque sí, debía acordarse de matarla por haber mandado a John hasta acá. "Idiota..."
Dejó la carta de vuelta en el escritorio y observó por la ventana, hacia fuera, cómo su madre se bajaba del auto con unas cuántas bolsas de más, mientras que muchas otras personas se encontraban decorando el patio trasero de la casa y, de verdad, que todo estaba quedando hermoso. Estaban terminando de arreglar los últimos detalles.
¿Cuándo sería el día en que tuviera que casarse? Esperaba, por el Santísimo Padre, que fuera con alguien que valiera la pena. No con alguien que luego de un año de casados, se diera cuenta de que le engaña, de que es homosexual u otra porquería que le pondría de muy mal humor.
Se sentía cansada. Ya quería que Susan llegara, ¿A qué hora decía la carta? Ah, sí, a las cinco de la tarde, en punto. Susan era bastante puntual por lo que no creía que se demoraría. La boda empezaba a las seis y media. Tendría una hora y media libre para salir con su amiga. Bueno, una hora, contando los minutos que necesitaría para arreglarse. Bueno, bueno, treinta minutos para estar con su amiga. "Maldición"
Había vuelto a mirar por la ventana, pero su madre ya no se encontraba, en cambio, allí estaba Stacy, hablando con algún decorador negando con la cabeza al ver unas servilletas rosadas que le. Había colocado sus manos en las sienes y mantenía una expresión de estallar; muy parecidas a las de Lily.
Le quedó mirando, observando sus expresiones, intentando saber qué le ocurría. Se veía agotada, infeliz. Debía ser por Ryan. Oh, verdad que Fred llegaba ese día. ¿Qué hora era? Lily observó el reloj que estaba en su cómoda, el cual marcaba las 12:15 de la tarde. Fred estaría ya en casa en sólo cuarenta y cinco minutos.
Unos golpes en su puerta le hicieron despertar de sus pensamientos, dándose la vuelta para quedar mirando a su madre.
- Lily, querida, dime qué te apetece más, ¿Ver rosas o lilas? – Le preguntó Joyce, contenta, mirándole con ese brillo peculiar en sus ojos.
- ¿Por qué no mejor se lo preguntas a la novia? – Le aconsejó su hija, con sorna, apuntando hacia fuera, donde Stacy se encontraba.
- No, no, ha estado bastante sensible estas últimas horas. Acaba de pelear con el cocinero porque la torta tenía color rosado y no amarillo, también peleó con la costurera porque su vestido era demasiado ajustado, en fin, discute por cosas casi insignificantes, pero creo que es porque se acerca la hora de casarse. Todas las novias actúan así – Terminó la señora Evans, sonriente, alzando ésta vez unos ramos de flores hacia Lily - ¿Y? ¿Qué dices?
oOoOo
- Stacy – Exclamó la pelirroja, caminando hacia su prima, quien había levantado su rostro con una de sus radiantes sonrisas, pero esta vez un tanto fingida.
- ¿Qué ocurre Lily?
- Te veo mal... – Stacy sintió cómo su corazón se oprimía y no le contestó - ¿Es por Ryan?
- Claro que no – Aclaró con la voz en alto, sabiendo que Lily no le creería – Bueno, por una parte eso... por la otra es porque... ya sabes.
- No, no lo sé.
- Fred ya está por llegar... y, no creo que pueda mirarlo a la cara. Después de lo que ocurrió con Ryan... no lo sé.
- Stace, él no lo sabe, no tiene por qué saberlo
- Pero yo lo sé, Lily, y eso es suficiente como para hacerme sentir como una idiota... – Lily le acarició el brazo, intentando ayudarla.
- En relación con lo de ayer, no quieres casarte con él... – Hubo un silencio tan largo que Lily se acercó bastante a su prima, para mirarla si estaba bien.
- Yo lo amo, de verdad que sí, pero... no en ése ámbito... ya sabes – Se rió suavemente, haciendo extrañar a la pelirroja – Qué idiota.
- No, no lo es... debes entender que estás sólo confundida.
- Pero...
- ¡Stacy! Debemos ir a buscar a Fred – Exclamó su prima Marty, desde una ventana del segundo piso – Nos vamos enseguida en el auto de Joyce, ¡Ahora mueve ese trasero!
- Ya voy, ya voy... – Le indicó la joven, con tono cansado, rascándose con una mano su frente y soltando un gran suspiro.
- Ésta conversación todavía no se acaba – Le dijo Lily, apuntándole con el dedo. Stacy sólo le sonrió de soslayo, y se fue para ir a recoger a su prometido – Qué terrible – Se dijo la joven, más para si misma, con las manos en su cabeza.
Había sido un fin de semana muy ajetreado, pero por fin había llegado el día en que se podría ir. Volver a su departamento, despertarse e irse a trabajar en lo que más le agradaba en el mundo, sin importarle que Susan llevara nuevos novios cada semana o si la ensalada no estaba con suficiente vinagre, estaba satisfecha estando acostada en su cama, viendo una teleserie Brasilera por televisión.
Ah, la vida era tan complicada. Y ella que tenía una vida tan interesante... Claro, ahora sólo debía soportar el último día en Naperville, luego derechito a casa.
¡A quién le mentía! Sabía que extrañaría demasiado todo esto; a su familia, su hogar, Naperville, a James... Lo extrañaría muchísimo. Sabía que quería irse a Nueva York porque era una cobarde, no quería ver más a James porque no quería decirle que le...
- James – Murmuró en un sonido profundo mientras veía la figura del chico acercarse a ella. Se veía bastante agitado, y muy sexy. "Deja de pensar en eso, estúpida. Ahora, ponte seria". Pero el chico que se le acercaba no llevaba anteojos. "Falsa alarma"
- Lily
- Oh, John, eres tú – Dijo un tanto molesta.
- Debemos ir a almorzar, pero antes... quería darte esto – Le dijo el chico mostrándole una pequeña caja cerrada, forrada en terciopelo. Lily se asustó un poco.
- ¿Qué... qué es?
- Ábrelo – Le dijo el joven con una gran sonrisa. Lily, con las manos temblorosas, abrió la cajita, encontrándose con unos sublimes pendientes de color rojo. Eran hermosos.
- No puedo aceptarlo, John... – Le dijo al chico regresándole la caja. John puso una mueca de disgusto.
- Es mi regalo para ti, Lily, debes aceptarlo.
- ¿Pero por qué? – Le preguntó extrañada de que John le regalara algo por el estilo. El chico se encogió de hombros, mirándola con una sonrisa. Lily le sonrió de vuelta.
- Gracias – Le dijo – Son hermosos.
- Ahora vamos, debemos entrar – Le dijo John, entrando a la casa, seguido por la pelirroja, quien miraba los pendientes muy cautivada.
oOoOo
La
señora Evans junto con Marty y Stacy ya había ido a
buscar a Fred al aeropuerto y ahora se dirigían a la casa para
poder almorzar con toda la familia y luego preparar los últimos
detalles para la boda. Joyce venía manejando mientras que los
demás estaban hablando animadamente.
- ¿Y cómo estuvo el vuelo, Freddy? – Le preguntó la señora Evans al novio de Stacy, quien le sonrió encantadoramente.
- Fue bastante largo, pero muy cómodo – Le contestó el chico – Me alegra haber llegado – Les dijo tomando la mano de Stacy y besándola.
- Tenemos todo listo para la boda – Decía Marty – Será la mejor de todo el pueblo.
- Claro que sí – Dijo la señora Evans mientras que revisaba que hubiera bastante bencina en el auto. Pero la flecha en el indicador estaba acercándose al lugar donde decía vacío – Creo que debemos pasar por una gasolinera – Dijo mirando a los demás por el espejo retrovisor, y vio especialmente a Stacy quien puso una mueca de nerviosismo. Recordó a Ryan – Serán sólo cinco minutos. No se preocupen.
Llegaron a la gasolinera del pueblo y Joyce acercó el auto hacia la bomba de bencina. No pasó mucho tiempo para que un joven se acercara. La señora Evans le pagó en efectivo y esperó a que llenaran el auto.
- Iré a comprar algunas cositas, vuelvo enseguida – Dijo bajándose del auto y acercándose al local donde, supuestamente, compraría algunas "cositas".
Entró a la estancia y algunas miradas se fijaron en ella. Se acercó a una estantería con revistas, mientras que observaba de reojo a Ryan. Éste se le acercó.
- ¿Puedo ayudarla en algo? – La señora Evans se dio la vuelta y Ryan la reconoció.
- No, gracias – Le dijo con una sonrisa bastante escalofriante – He venido a hablar contigo.
- ¿Con... conmigo?
- Sí – Dijo mirándolo inquisidoramente.
- ¿Sobre qué?
- Sobre Stacy... – Ryan tragó saliva - y su boda – "Esto no podía ser bueno" Pensó el joven, bajo la fría mirada de Joyce.
¿Les
gustó?
Espero que sí, eh eh
Nos leemos en el
próximo capitulo xD
¡Y MUCHAS GRACIAS POR TODOS LOS
REVIEWS!
REVIEWS, GO!
ClockyEvans
