Para este último capítulo, si es que quieren, bájense las siguientes canciones que utilicé para escribirlo. Como gusten;
- Life could be a dream - The crew cuts
- I try
- Macy Gray
- These words – Natasha Bedingfield
¡Y ahora, a disfrutar del último capítulo!
Las piezas son de J. K. Rowling, el puzzle es mío ;)
Capítulo 17
No me has perdido
James le soltó el brazo, lánguidamente, mientras que Lily se ruborizaba y comenzaba a caminar apresuradamente, otra vez, tras Susan, sabiendo que haber dejado a James, sólo en la sala, después de tal declaración, había sido el mayor error de su vida.
- Bien, queridos amigos y familiares. Es un… terrible momento para algunos de nosotros – Exclamó Joyce hacia todos los presentes que se encontraban discutiendo en el patio trasero – Pero debo anunciarles, que la boda entre Justin y Stacy… se cancela, permanentemente.
Se escucharon gemidos de decepción, murmullos y exclamaciones. Joyce les sonrió, con tristeza a la vez. Un señor, alto y gordo, con rostro enfadado, se acercó a Joyce, totalmente colorado.
- ¡Esto no puede ocurrir! ¡Mi sobrino debe casarse ahora! – Exclamó, salpicando algunas gotas de saliva en el rostro de Joyce, quien le miró serena. No podía perder la calma frente a aquellas personas.
- ¡Sí, esto es incomprensible, no puede ocurrir semejante acción! – Dijo una mujer que apareció detrás del otro señor, de pelo oscuro y largo. Por como acariciaba la barriga del señor, Joyce dedujo que era su esposa, y tía de Justin – ¡Hemos gastado bastante dinero en los regalos de la boda!
- Lo siento, en realidad que sí. Pero deben entenderlo… hablen con su sobrino y podrán saber la verdad, ¿Sí? Yo… ahora… discúlpenme – No dijo nada más, dio media vuelta hacia la casa, dejando todos esos murmullos y exclamaciones atrás, lejos. Después de todo, ella tampoco quería que todo ocurriera así.
Entró a la casa y se encontró con Lou, padre de Ryan y su peor pesadilla, quien le sonreía burlonamente, como siempre.
- Estoy orgulloso de ti, Joyci – Le dijo con retintín – Has aprendido que hay que dejar que las cosas tomen su propio rumbo. Y no hay que entrometerse.
- No recibo sermones de personas como tú, Lou – Sentenció, mirándole abatida. Estaba realmente cansada.
- Bueno, sólo quería comunicarte mi opinión. Espero que no tengas más problemas desde ahora en adelante – Dijo, dirigiéndose a la puerta de entrada, bajo la dudosa mirada de Joyce. Ésta se acercó a él, antes de que se fuera y lo abrazó. Debía dejar atrás todo mal sentimiento por aquel hombre, si de todas formas, lo suyo había terminado hace más de treinta años. Lou la observó asombrado. Pero no pudo evitar no devolverle el gesto. Sabía que Joyce era una hermosa persona, y demasiado orgullosa, pero eso era lo que la hacía resaltar entre otras mujeres.
Y por eso la quería tanto.
- Gracias… - Murmuró la señora Evans, sin moverse de entre los brazos de Lou, no quería romper ese momento – Gracias.
- No hay de qué – Repuso el hombre – No hay de qué…
Luego de un minuto, aproximadamente, se separaron y se miraron como los dos jóvenes adolescentes que habían sido hace mucho tiempo. Y volvieron a sentir ese chispazo entre los dos. Lou le sonrió y Joyce se frotó sus manos. Todavía había algo que les incomodaba.
- Adiós – Dijo Lou, mirándola por última vez esa noche y acercándose a la puerta – Ya sabes, si es que necesitas algo, sabes dónde encontrarme. Aunque sea algo para tu auto.
- Claro, claro –Joyce sonrió, y Lou le devolvió el gesto, saliendo por la puerta y sabiendo que desde ese momento algo bueno comenzaba a surgir entre ellos.
Joyce suspiró, cansada por todo lo que el día le había traído, sin embargo, con una sonrisa en su rostro porque los problemas con Lou se hubieran resuelto. Tal vez ahora volvería a dormir tranquila por las noches.
Víctor entró a la sala y tosió, llamando la atención de su mujer. Y Joyce se acercó a él, con una sonrisa de agotamiento. Se escucharon exclamaciones más fuertes afuera en el patio.
- Esa gente sí que tiene problemas – Repuso, suspirando. Víctor la abrazó con cariño y olió el aroma de su cabello, intentando recordar los tiempos en que Joyce no se preocupaba por cosas tan grandes. Joyce le miró y le sonrió.
- Cariño, te quiero mucho – Le dijo Víctor, besándole la frente – Aunque no te gusten mis corbatas ni mi forma de caminar; ni que ésta boda no se realizara. De todas formas te portaste como una buena madre y tía.
- Ay, Víctor… ¿Lo crees? – Le preguntó, dudosa de creerle o no. El señor Evans le sonrió y negó con la cabeza.
- No – Soltó una carcajada, sin perder la pequeña sonrisa en su rostro – Pero se que, de todas formas, lo eres.
- Gracias, amor – Dijo Joyce, dándole un beso a su esposo – Y, por si acaso, adoro tus corbatas y tu forma de caminar – Víctor rió por unos segundos, para después abrazar fuerte a su esposa y besarla como nunca antes en todos sus veintiocho años de casados.
oOoOo
- ¿Entonces, se acabó todo?
- Sí… ya no hay más cadenas ni atados. Ahora sólo estamos tú y yo.
- Bien, eso me gusta – Repuso el muchacho, mirando a la joven que se encontraba frente suyo, con ese vestido blanco que le hacía brillar mucho más.
- A mi también… - Ryan cogió a Stacy en sus brazos para besarla, y lo hubiera hecho si es que Lily no hubiera aparecido detrás de la pareja, con cara de haber visto algo gracioso y a la vez pálida.
- Ey, los enamorados, esperen. Hay que hacer algo con la familia de Justin – Comentó, recibiendo una aceptación por parte de Stacy.
- Ya hable con Justin, y me dijo que él le dejaría todo claro a los demás… No hay nada más que hacer – Dijo la joven, mirando a su prima y luego a Ryan, del que recibió una adorable sonrisa.
- Oh, no, no, sí que lo hay – Dijo Lily sonriendo algo escalofriante para la pareja. No sabían lo que la pelirroja estaba tramando.
oOoOo
- Y por el poder que me ha concebido el estado Illinois y la Compañía de Festejos "Alma's", yo los declaro… marido y mujer – Declaró el hombre, de traje negro, con un libro entre sus manos, donde dos firmas se presentaban y debajo de cada una salía el nombre de la pareja; Ryan y Stacy. Y se besaron, frente a todos, sin ningún remordimiento.
Los invitados, ahora la familia de Ryan y familiares de Stacy, se levantaron de sus asientos en el jardín trasero y aplaudieron, contentos por el nuevo matrimonio. Aunque no todos estuvieron de acuerdo con el cambio, muchos quedaron agradecidos, y estaban radiantes de ver a Stacy tan feliz.
- Sí que Stacy se ve hermosa – Murmuró Joann a su esposo, quien aplaudía a la pareja, a punto de llorar. Tantas cosas habían pasado ese día, tanto para esos cinco minutos en los cuales la felicidad no podía ser más grande para todos.
Ryan le tomó la mano a su, ahora, esposa y le sonrió, sin poder evitar reírse. Stacy le devolvió el gesto y miró a sus padres. Joann le guiñó el ojo, sin perder la sonrisa en su rostro y las ganas de retenerla consigo para que no se fuera. Pero ya estaba creciendo y era hora de dejarla ir. Y si era feliz con Ryan, pues que entonces se fuera con él. De todas formas debía hablar con ese muchacho sobre algunas cosas.
Joyce se encontraba sentada junto a su hija; y las dos aplaudían con alegría. Ver así de feliz a un pariente, tan cercano a uno, les hacía sentirse bien. Lily miró a su madre y sonrió al verla llorar, con esa gran sonrisa que la caracterizaba. Le acarició el brazo y Joyce la miró, suspiró y le beso en la frente, abrazándola, mientras las dos observaban a la pareja, satisfechas.
Y ya era hora de la fiesta; hora de cortar el pastel y el brindis. Era tiempo ya de seguir.
oOoOo
Todos se encontraban bajo un pequeño techo, como en una terraza. Ya era de noche y algunas luces iluminaban el jardín. Los tulipanes adornaban la estancia y la hacían verse más hogareña. El pastel se encontraba a pocos pasos de una larga y angosta mesa que portaba platos y recipientes con la comida más variada. Las mesas redondas, de manteles blancos, estaban rodeadas de gente, quienes divertidos disfrutaban de la fiesta. Y, no muy lejos, una banda de música cantaba Life could be a dream de The crew cuts mientras que algunas personas se levantaban para ir a bailar a la pista. En fin, el ambiente si que era de fiesta.
- Ey, Lily, ¿Por qué no vas a bailar? – Le preguntó Susan quien se limpiaba la boca con una servilleta después de haber ingerido una pequeña porción de ensalada. Lily bufó, el baile no era para ella.
- ¡Por qué no vas tú a bailar! Tantas clases de baile y no te veo en la pista – Le comentó divertida a su amiga, quien soltó una carcajada y tomó un sorbo de agua de su vaso.
En la misma mesa se encontraban unos tíos de Ryan, quienes entablaron conversación con Lily enseguida, felices por la nueva unión y satisfechos por tan buena comida. De pronto, el padre de Stacy se levantó de su asiento con su copa en mano y llamó la atención de todos para hacer el brindis. Ahora todos mostraban interés en el hombre.
- Bien, primero que todo, muchas gracias a la familia Scott por haber venido a la… nueva boda entre Ryan y Stacy – Alzó la copa y la mitad de la gente en la terraza sonrieron – Bueno, segundo… quería demostrar lo que siento por la unión de esta inigualable pareja. Al principio, no muchos sabían de tal romance – Dijo con tono divertido, mirando a Stacy quien se sonrojó levemente. Algunas risas se escucharon – Pero para qué oponernos, si los vemos tan felices. Lo que en gran parte de mi vida he aprendido, no se compara en nada con lo que aprendí en estos días. El amor es algo muy fuerte que existe, y romper esa barrera es algo muy difícil. Lo que me ha enseñado esta pareja aquí presente, es que uno no puede ocultar el amor. Es un sentimiento demasiado fuerte y hay que poner empeño en ello, porque si no, puede terminar siendo algo si importancia para uno. Pero ahora sabemos que si se le da tiempo y entrega al máximo, la relación puede perdurar, teniendo como base el cariño entre las dos personas…
- …Y sabemos que Stacy y Ryan mantienen ese gran cariño entre los dos. Por lo que, les deseamos la mayor suerte del mundo. Que logren ser felices y hacer felices el uno al otro, porque no hay nada mejor que… dar y recibir amor – Terminó diciendo Joann, con su copa en alto, observando a su marido y luego a la pareja. Stacy no pudo evitar las ganas de llorar y soltar alguna que otra lágrima. Se sentía más dichosa que nunca – ¡Salud!
Y todos alzaron sus copas, por la pareja. Todos sonrieron, sabiendo que no podía ocurrir nada mejor.
oOoOo
Lily se había quedado en la mesa, conversando con el tío de Ryan y con Susan, hasta que su amiga decidió salir a bailar con un joven moreno (muy guapo después de todo) y el tío de Ryan, Bud, se fue a buscar algo de comida y se quedó hablando con Joyce. Ahora se encontraba sola en la mesa, sin nada mejor que hacer que ver a todos divertirse, sin que ella pudiera hacerlo. Seguía sintiendo un malestar en su estómago y no sabía qué hacer con él. Y en lo único que podía pensar era en las palabras de James que hace unas horas le había dicho. Ese te quiero no podía salir de su cabeza, ya después de tantos intentos por olvidarse de aquello.
Ahora de fondo sonaba I try de Macy Gray, y Lily, al escuchar la letra, no pudo evitar sentir algo más fuerte en su interior. Algo andaba mal y lo sabía.
Miró por todo el lugar, sabiendo que buscaba a alguien. Y vio a James hablando con un grupo de personas, quien luego la miró. Le sonrió sinceramente, y Lily sonrió de vuelta. No quería estar mal con él. Lo quería, sí, y mucho. Y lo último que quería, aunque no lo admitiera completamente, era estar enojada con James.
Comenzó a jugar con un tenedor que se encontraba a su lado, observando de vez en cuando a los que bailaban en la pista de baile, y mirando de reojo a James. Éste la miró de nuevo y comenzó a acercarse a ella. Lily sentía que su corazón iría a salirse de su pecho si James se acercaba más; y eso ocurría. James llegó hasta donde la pelirroja estaba sentada, y se sentó frente a ella. Lily miró sus ojos y se ruborizó.
- Mira, no quiero terminar mal contigo… no después de lo que tuvimos estos días – Sentenció James, mirando el largo cabello de Lily. Ésta arrugo la frente.
- ¿Lo que tuvimos estos días? Que yo recuerde, no existe el tuvimos ni tenemos ni nada, Potter – Le dijo con una mueca de enfado, maldiciéndose por dentro lo mal que trataba al muchacho. James suspiró.
- No quiero que estés enojada conmigo, Lily – La pelirroja lo miró fijamente, y vio en él una sinceridad que la dejó muda – No quiero perderte de esta forma…
¿La estaba perdiendo? No, claro que no. ¿Cómo podía decir eso? ¿Es que acaso tan mal se había comportado con él? Claro, él se había declarado y ella había salido corriendo. "Bien por ti, Evans" pensó, relajando el rostro y sonriéndole a James.
- Yo tampoco quiero pelear, James – Le dijo, suavemente. James le sonrió, algo avergonzado. Hubo un silencio tan incómodo para los dos sin saber qué decir, hasta que James se atrevió. ¿Por qué no?
- ¿Quieres bailar? – Lily lo pensó. Sería la única y última vez que bailaría con James Potter para luego irse y no volverlo a ver. Y lo pensó de nuevo. ¿Quería bailar con él?
- Claro, me gusta la idea – Dijo, divertida, logrando hacer reír a James. Éste la cogió de la mano y la llevó hasta la pista, mientras que se escuchaba cantar a una bella joven These words de Natasha Bedingfield, mientras que ellos iban a la pista y comenzaban a bailar.
Al principio era un baile incómodo. Hace mucho tiempo que Lily no bailaba pero James la cogió de las manos y la guió, guiñándole un ojo para que no perdiera el paso. Lily se sintió segura y, por primera vez en todo el tiempo en que ha estado en Naperville, de divirtió.
De lejos, una pareja les miraban con el rostro divertido, mientras los veían bailar al compás de la música, con sonrisas en sus rostros.
- ¿Ella es tu amiga? – Le preguntó el joven. El mismo con el que se había encontrado antes de que comenzara la boda. La joven le miró y pudo notar que tenía unos bellos ojos grises.
- Sí… - Dijo, con el tono de voz meloso para el muchacho. Éste le sonrió y miró a su amigo - ¿Y él es tu amigo, no?
- Sí – Se rió, colocándose las manos en sus bolsillos, balanceándose hacia delante y atrás, mientras la joven le miraba divertida.
- ¿Eres de por acá? – Le preguntó la joven, refregando una mano por su largo cabello, mientras que el hombre miraba sus movimientos y le sonreía seductoramente.
- Sí, aunque ahora estoy viviendo en Nueva York, con James – La joven cambió su rostro a una mueca de asombro. No podía ser tanta la coincidencia.
- ¡Yo también! – Exclamó, emocionada. Esas cosas, a ella, la volvían loca.
- Pues, podríamos comunicarnos allá, y juntarnos
- No estaría mal.
El joven volvió a mirar hacia James, viendo que ahora bailaba muy apegado con la pelirroja. La joven, al lado, soltó una risa y lo miró.
- Nunca había visto a Lily de esa forma.
- Vaya, y eso que James es todo un don Juan con las chicas – Le dijo, guiñándole el ojo, mientras que ella le sonreía.
Ese chico no le caía nada mal.
oOoOo
- James – Susurró Lily,
separando la cabeza del hombro del chico y observándole. James
la miró, fijamente, y algo vio en su verde mirada que le hizo
sentir, por primera vez por una chica, mariposas en su estómago.
Algo totalmente nuevo – Lo siento, por todo lo de estos días.
- No te preocupes, Lily. Te debería dar las gracias – Dijo él, sonriendo sinceramente, mientras que Lily lo miraba extrañado. ¿Agradecerle? ¿A ella? ¿Por lo mal que lo trató?
- ¿Por qué? – Le preguntó, interesada. James se acercó más a ella, con la cabeza en su hombro, y sus labios cerca de la oreja de Lily.
- Porque me enseñaste algo totalmente nuevo – Le susurró. Lily, al sentir ese calor en su oreja, sintió bajar un escalofrío por su espalda hasta sus pies, entregándole un refrescante calor – Me enseñaste a conocer más a una mujer y… a quererla de verdad.
- ¿Eso hice? – Preguntó Lily, divertida. James sonrió y se separó algo de ella. Lily pidió a que no la dejara, se sentía demasiado bien en sus brazos.
- Y mucho más que eso – James le abrazó, ya no estaban bailando. Estaban en medio de la pista, rodeado de gente que disfrutaba de la noche y ellos se miraron. Lily vio algo distinto en los ojos de James, nada parecido al frío que veía en ellos cuando se vieron por primera vez en esos días; y eso le gustó.
- James – Dijo algo dudosa y temblorosa, mientras que James no dejaba de mirarla. Era hora de decirlo. Era su hora de tomar riesgos. Todos ya lo habían hecho, ¿Por qué ella no? Stacy lo hizo por Ryan, James lo hizo por ella. Ahora ¿Qué le quedaba? Debía tomar riesgos, así podría saber qué se siente lo nuevo. No podía tener miedo, no ahora.
Y Lo hizo.
- No me perdiste.
Las ganas que tenía James de gritar, de saltar, de cantar, de correr por todo el pueblo, con los brazos abiertos, gritando que no había perdido a Lily, su Lily, no podría ser suficiente para demostrar toda la felicidad que sentía en esos momentos. Porque al haber escuchado esas palabras de los labios de su pelirroja, había sido lo mejor que le había ocurrido en todo el año.
- Eso… ¡ESO ES FANTÁSTICO! – Exclamó James, abriendo los brazos hacia ella y mirándola como si fuera lo mejor de todo el planeta. Lily le sonrió, algo avergonzada por el hecho de que algunas personas a su alrededor hubieran detenido sus bailes y les estuvieran mirando, extrañados
- ¿Lo es? – Preguntó, dudosa, bajo la contenta mirada de James. Éste intentaba respirar adecuadamente, pero no podía, simplemente no podía creerlo.
- Sí, sí lo es – Le dijo, con tono firme pero dulce, con esa hermosa mirada, y suspiró. Se acercó a Lily y, tomándola entre sus brazos, acercó sus labios a los de ella, en un intento de demostrarle que, en verdad la queria.
E hizo lo que había estado queriendo hacer desde un principio, desde que la vio cuando le abrió la puerta de su casa, desde que supo que estaba trabajando y viviendo en Nueva York, desde que la vio en ese pijama de osos y nubes, desde que la vio colgada del árbol, tratando de conseguir el mango, desde que la vio en la puerta de su habitación en el hotel y lo que logró hacer muchas veces atrás. Lo hizo.
La besó como nunca, nunca, NUNCA antes.
oOoOo
- ¡Wow! ¡Wow! ¡Wow! – Exclamó una joven, al ver a su amiga y a James besarse, delante de una multitud de gente. Cosa que no se esperaba de su amiga. El joven moreno, a su lado, sonrió. Estaba igual de impresionado que ella.
- ¡Vaya, James y tu amiga se están besando! – Exclamó, divertido. La joven le miró como si fuera un estúpido, pero relajó su mirada al verlo tan contento. Parecía un niño chico que estaba viendo un juguete nuevo. Le resultó ser encantador.
- Es… es algo totalmente inesperado – Dijo la chica. El joven la miró. Vio su largo cabello castaño, que desde diferentes ángulos, se veía algo rubio. Observó sus ojos, azules y, si es que uno los miraba bien, podían verse algunos tonos de color miel. Hermosos.
- Ey, no te he preguntado, pero… ¿Cómo te llamas?
- Susan… - Dijo la joven alegre, con una dulce sonrisa, dándole la mano - ¿Y tú?
- Sirius… Sirius Black – Y le devolvió el gesto, sintiendo un cosquilleo por todo su cuerpo.
- Mucho gusto, Señor Black – Dijo Susan, enseñando todos sus dientes en una sonrisa perspicaz. Había sentido algo al darle la mano a ese joven, y algo como eso no podía dejar pasar por alto. Le volvió a sonreír, sintiendo que ese era el comienzo de algo grande.
Sirius le sonrió de vuelta; sabiendo, sin importarle si se equivocaba o no, que Susan, su nueva amiga, llegaría a ser alguien muy, pero muy, especial.
FIN
¡AHORA SÍ! ¡AHORA SÍ! ¡AHORA SÍ! Lo terminé, éste sí que es el final. Espero que les haya gustado y no se cómo agradecerles a todas por sus reviews, los cuales me dieron ganas de seguir con la historia. ESPERO QUE HAYA SIDO DE SU AGRADO, y les doy las gracias de TODO corazón :)
¡Y LES DESEO UN FELIZ AÑO 2007! Que sea uno de los mejores :D
Bueno, espero volver a leerlas a todas :) y que nos encontremos en algún otro fic que haga por ahí, jeje. ¡¡MUCHAS, MUCHAS, pero es que MUCHAS GRACIAS!!
Cuídense mucho, un apretado abrazo para TODAS :) SE VIENE DESPUÉS EL EPÍLOGO, adiós.
Reviews, GO!
ClockyEvans (L)
