Legend of Zelda

Women in Love

Capitulo 06

It seemed like a lie... a fake... How could we predict... that our friendship... would become our love's enemy?

Por enésima vez en la madrugada Malon golpeó la pared de la clínica, esta vez de un puntapié.

Simplemente no podía controlarse ante la furia que le causaba lo que le había pasado a su amiga... si tan solo tuviera al culpable entre sus manos... ni ella misma sabia lo que le haría.

Envidiaba a Saria, que a diferencia de ella, lograba mantenerse tranquila sentada en un asiento de la esquina, rezando sin parar múltiples oraciones a las Tres Diosas. Lo había estado haciendo desde que Ruto había sido internada en la sala de tratamiento intensivo (y delicado), y parecía que iba a seguir hasta que se supieran los resultados.

- Ya basta de rezar - Rogó Paula, quien se encontraba sentada junto a Saria - Que me voy a dormir.

Paula, la chica que Ruto había conocido en el bar el día pasado, y Sophie, la lesbiana que 'invitó' a Malon a participar en su banda se encontraban allí también, en un gesto de solidaridad ante las personas con quienes habían formado una ligera amistad recién nacida.

Sin embargo, a pesar del pedido de Paula, Saria seguía rezando, manos juntas frente a su rostro y ojos cerrados, casi como si estuviera en trance, mientras que la pobre chica castaña cabeceaba a su lado sufriendo del sueño. Ninguna había podido dormir la noche anterior, exceptuando por Saria, quien había podido descansar unas pocas horas.

- ¡DEMONIOS! - Gritó la Cowgirl, estrellando nuevamente su puño contra la pared.

- Ya cálmate - Comandó Sophie, tomando el firme brazo de la pelirroja - No sirve de nada que te lastimes a ti misma.

- Sí... - Respondió cansada, relajándose ligeramente - Gracias por todo, Sophie

Ella estaba realmente agradecida con Paula y Sophie, pues estas fueron quienes le ayudaron a cargar a Ruto cuando la encontraron en mal estado. Paula las guió hasta la clínica en la que ahora estaban. Para aquellas horas de la noche solo había un medico de guardia, pero Sophie recorrió el pueblo bajo la torrencial lluvia, buscando a los doctores que conocía y reuniéndolos a todos para tratar de salvar a la pobre Zora agonizante.

Pero la operación aun seguía en función y las cuatro chicas ya no aguantaban los nervios...

La atención de todas fue dirigida a quien entro repentinamente al pasillo, quien no era otro mas que Héctor. El hombre había estado ausente toda la noche, pero apareció en su casa justo cuando Sophie llegó a esta para avisarle de la noticia a Saria. Él también estuvo esperando con ellas un tiempo en aquel corredor, pero se había ido una hora atrás por asuntos que no quiso explicar.

- Hola chicas... - Saludó

- Hola... Héctor... - Respondió Malon únicamente - ¿Dónde estabas?

- Investigando... creo que encontré a los responsables de esta tragedia - Mencionó, obviamente refiriendo al caso de Ruto.

- ¿¡Quienes fueron? - Preguntaron Malon, Sophie y Paula juntas.

- Según parece... ella se relacionó con la Mano Negra.

- ¿¡La mano negra? - Exclamó Sophie

- ¿Qué es eso? - Preguntó Malon

- Es el grupo de mafiosos que reinan la parte oscura de este pueblo... ¿Pero por qué? ¿Por qué tu amiga fue a relacionarse con ellos?

- ¿No estaba... - Preguntó Paula - ...buscando información?

Repentinamente Malon sintió como si la golpearan por adentro, recordando la información que Ruto había traído esa noche: Link se fue al norte. Ahora entendía... Ruto había arriesgado su vida para obtener su información... lo arriesgó todo por un dato de Link... y en consecuencia casi pierde la vida.

- ¡Maldición! - Gritó nuevamente enfurecida y olvidando por completo el consejo de Sophie de no seguir golpeando la pared.

No dudó en decidirlo, y sin decir palabra alguna, salió caminando firmemente hacia la salida de la clínica. Esos mafiosos la iban a pagar caro...

- ¿Malon?

- Paula, acompaña - Comandó Sophie, casi capaz de predecir lo que iba a pasar.

- Vale, volveremos pronto. - Respondió, no tan segura de sus palabras.

Al instante ambas chicas estaban ya fuera de escena, y una vez terminada la oración en la que Saria se encontraba, puso fin a sus rezos poniéndose de pie y mirando a Héctor. Tenia unas cuantas preguntas para él...

Por si sola había revisado la casa de Héctor cuando no había nadie en esta, toda... exceptuando la habitación en la que, según su sueño, Link se había encontrado con aquel misterioso hombre, y la razón por la que no entro en esta fue por el hecho de que estaba harta de candados e incluso un par de cadenas que hacían imposible el abrirla.

No tenía ninguna conclusión al respecto, pero era obvio que Héctor debía saber algo al respecto, tanto de aquella habitación como de la muerte de aquella chica de ojos multicolor.

Estaba a punto de dirigirle la palabra... cuando repentinamente la puerta que llevaba a la habitación donde tenían a Ruto... fue abierta desde adentro.

El medico cirujano junto al de guardia y una enfermera salieron en fila del cuarto, los dos últimos colocándose a ambos lados del especialista, los tres en silencio, sus miradas serias y con evidente preocupación no eran ninguna buena noticia para los presentes, quienes no se atrevían a dirigir palabra.

- ¿Cómo esta ella? - Preguntó finalmente Sophie, rompiendo el silencio.

- En un estado mas allá de mi compresión - Respondió el cirujano.

- ¿¡Qué? - Preguntó Saria exaltada.

- Veras... - Comenzó el medico de guardia - Mucho me temo que seria mejor si tuviera que reportar que ya esta muerta, si ese fuera el caso.

- ¿¡QUÉ? - La pobre Kokori estaba tan confundida como aterrada.

- ¡Ya explíquese de una buena vez! - Exclamó Héctor.

- Aun respira - Dijo con fuerza el cirujano - ...y su corazón aun late, sin embargo, su cuerpo ha perdido demasiada sangre, incluso mas de la mitad de lo que tenía en el cuerpo, en otras palabras, ella esta en un estado en el que su supervivencia es simplemente imposible, nadie puede sobrevivir en esas condiciones.

- ¡Pero si acaba de decir que ella aun respira! - Contradijo Sophie

- Precisamente por eso - Respondió el otro doctor - Por eso es que no logramos entender la situación, nos resulta imposible el razonar como rayos puede ella seguir viviendo en tales condiciones.

Saria tuvo que detenerse a reunir fuerzas para formular una pregunta...

- ¿Se... salvará?

Los tres médicos la miraron, intercambiando luego miradas entre ellos, y luego regresando sus ojos a los de la niña.

- Lamentablemente no - Contesto el cirujano - Aunque sus signos vitales todavía están activos, estos disminuyen constantemente. Poco a poco esta dejando de respirar, así como su corazón late mas débil con cada segundo que pasa...

El silencio invadió el cuarto así como el vació invadió el alma de los tres presentes. Nadie supo cuanto tiempo pasó hasta que la enfermera decidió acotar con su opinión.

- Lo único que puede estar manteniéndola viva ahora... es su voluntad de vivir...

Fue entonces cuando Saria sintió como la fuerza se le iba de las piernas, dejándola caer de rodillas y apoyando las manos en el suelo, en el cual contemplaba como sus lágrimas caían. Sophie se acercó a ella brindándole un calido abrazo, dejando que la pobre niña descargara su silencioso llanto sobre sus hombros, sus manos apretadas tan fuertemente que sus uñas estaban rasgando su piel.

Héctor, sin poder contenerse, imitó a Malon dando un golpe contra la pared, deseando que de alguna forma el dolor físico disipara en algo el dolor que le causaba esta situación.

Otro lapso indefinido de tiempo transcurrió hasta que finalmente Saria, con los ojos secos, logró retomar la calma, nuevamente dirigiéndose a los doctores.

- ¿Puedo... verla?

- Por supuesto - Respondió el medico de guardia

Los tres médicos se corrieron organizadamente dejando el camino libre hacia el interior de la sala. Sophie ayudó a Saria a dirigirse hacia aquel cuarto, ambas comenzando a sentir el olor a sangre desde antes que entraran. No se sorprendieron por el desorden del cuarto, principalmente porque le dieron nula atención, pues esta estaba totalmente concentrada en aquella que estaba muriendo por amor.

Recostada sobre una cama pálida. Su azulado cuerpo se encontraba ahora en un tono muy grisáceo, cubierto en varios vendajes alrededor de todo su torso, los hombros, los muslos y el brazo derecho, en el cual tuvieron que amputarle una aleta. Todos los vendajes e incluso la cama manchados y salpicados en sangre.

El rostro de ella, el cual mantenía un ligero tonó rosado apenas visible en sus mejillas, no mostraba dolor, sino una curiosa tranquilidad.

La peliverde se acercó a su ya muy preciada amiga, tomando con delicadeza su mano derecha y sosteniéndola entre las suyas. La falta de temperatura en su piel solo la asustaba mas.

Era claramente visible como respiraba, a pesar de que fuera débilmente, pero las palabras del doctor la aterraban. La vida de Ruto se iba poco a poco en aquellos respiros, como si estuviera dejando escapar el alma en suspiros, mientras permanecía sumergida en aquel profundo sueño.

¿Cuantos respiros mas podría dar? ¿Cuantas veces mas latiría su frágil y a la vez tan fuerte corazón? ¿Podría ella abrir los ojos una ultima vez antes de que estos se cerraran para siempre, o acaso eso ya había ocurrido? ¿Podrían al menos despedirse?

Si tan solo existiera algo que pudiera hacer...

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- ¡¡Demonios! - Gritó la pelirroja, pateando un tacho de basura del callejón, sin saber ya con que desquitarse.

Malon, acompañada por Paula, fue directamente a la arena de combate que Ruto había visitado el día anterior, pero solo ahora comprendía lo tonta que había sido al meterse en un nido de serpientes gritando a los cuatro vientos sus motivos. No pasaron ni tres minutos cuando ambas chicas tuvieron que correr por su bienestar o incluso por sus vidas, lo cual le dejó a Malon un peor sabor de boca. Lo único que la consolaba era el haber podido romperle la nariz al cretino ese que había hecho que su amiga aceptara tal trato tan malévolo.

- Vas a romperte las manos a ese paso... - Comentó Paula cuando Malon volvió a clavar su puño contra la pared.

- ¿¡Y qué quieres que haga? ¡Mi amiga esta al entre la vida y la muerte y por mas que quiero no puedo encontrar una solución a esto! ¡¡Y eso me desespera aun mas!

La cowgirl terminó su frase derrumbando otro cesto de basura de una patada, para luego levantar su mano abierta sobre, cerrándola lenta pero fuertemente ante sus ojos, imaginando lo que le haría al culpable del estado de su compañera...

- Si tuviera a ese patán en mis manos... no sé lo que haría.

Paula no pudo evitar el sentirse aun peor ante aquel comentario, pues ella estaba segura de saber quien era aquel patán. Aquel hombre en la arena les había dicho que la señorita había derrotado al campeón, y ese campeón no era otro que Carl, su ex-novio, el cual mencionó ante la Zora el día anterior. Si bien le costaba creer que aquella flacucha hubiera derrotado a Carl, no podía evitar el alegrarse de que alguien le hubiera dado una paliza la cual bien tenia merecida.

Sin embargo, esto la hizo reflexionar bastante sobre lo que había discutido con Ruto en el bar, pues después de todo, la ex-princesa había peleado para encontrar a su hombre, y antes de eso, ella no había hecho mas que desalentarla aconsejándole de que se olvidara de él. Pero Ruto le aseguró que no lo haría, le informó que no podía, y le demostró cuanto lo quería arriesgando su vida de tal forma. Poniéndose en el lugar de su 'amiga', Paula sabia que jamás se habría arriesgado a hacer lo mismo por Carl, ya que en el fondo sabia que él jamás había valido tanto.

En cambio Ruto tenia alguien por quien jugar su vida ante tales dificultades, alguien por quien desafiaría a todo tipo de oponentes con tal de hacer algo por él. Definitivamente ella estaba tan enamorada como decía estarlo, y que ese amor había envenenado hasta la última gota de su sangre, sangre que ahora ya había derramado bastante.

"¿Qué clase de hombre seria el que Ruto y sus amigas amaban?" Se preguntó Paula, y no pudo evitar el cuestionarse si ella también podría quedar cautivada por tal caballero. Pero eso no era un tema de importancia ahora.

Concluyó que no valía la pena el comentarle a Malon sobre Carl, pues eso solo la enfurecería mas y probablemente ocurriría que decidiera ir a desafiar a dicho patán ella misma, lo cual definitivamente no era buena idea.

- Volvamos a la clínica - Dijo decidida

- Esta bien - Respondió suspirando.

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Eventualmente Saria se vio en la necesidad de salir de la habitación donde descansaba Ruto, necesitaba apartarse un poco de aquel olor a sangre y tomar aire fresco si no quería desmayarse por nauseas.

Sophie se había ido a no-sabia-donde, y Héctor aseguró que volvería en segundos, lo cual fue, casualmente, en aquel mismo instante.

- Saria - Llamó - Escucha, quisiera quedarme contigo ahora, pero tengo algo que hacer que es de suma importancia. Volveré en cuanto pueda.

El hombre dio media vuelta y comenzó a caminar hacia la salida, sin embargo, Saria aun tenia un asunto que arreglar.

- Espere - Comandó con fuerza - Tengo algo que hablar con usted.

- ¿Algo para hablar? ¿Y acaso es importante?

- Sí. A menos que usted no le de ninguna importancia al incidente ocurrido en su propia casa recientemente.

El hombre levantó las cejas ante tal comentario tan directo, sin poder evitar el preguntarse que tanto sabia la Kokori y como se había enterado. Pero de una forma u otra, y debido al hecho de que realmente no tenia nada que ocultar, supo precisamente que decir.

- Saria... yo te diré todo lo que quieras saber, pero tendrá que ser mas tarde. Actualmente, mi asunto es de verdadera ausencia.

La peliverde dudó por un instante, preguntándose si debía confiar o no, sin embargo, respondió sin decidirlo...

- Está bien.

No había decidido si confiar o no, pero recordó que, en estos momentos, su lugar estaba junto a Ruto, a su lado y acompañándola en este momento, incluso aunque no pudiera hacer nada.

Se quedó mirando por unos segundos hasta ver a Héctor salir de la clínica, y solo entonces caminó nuevamente hacia la puerta de la habitación de Ruto, deteniéndose en la entrada para tomar aire, cuando repentinamente escuchó como alguien llamaba a golpes en la puerta de entrada.

La pequeña estuvo por dejarlo pasar, sin embargo recordó que el medico de guardia había salido por unos minutos, y los otros dos doctores ya se habían ido. En conclusión, ella era la única persona en la clínica, o al menos la única que podía caminar.

Creyendo que podría ser Héctor, quien se habría olvidado algo, caminó hacia la puerta y sin preguntar por quien llamaba la abrió, sorprendida ante la persona con la que se encontró.

Aquella barba elegante, el cabello castaño y gris por los hombros, y aquellos profundos ojos negros. Era el mismo hombre que había visto en la posada el mismo día anterior. Sin embargo, ahora se veía diferente a aquella ocasión. No vestía esa tétrica capa negra, ni tampoco podía tener una mala impresión de él. En esta ocasión, aquel señor estaba mucho mas elegante, vistiendo unos firmes pantalones negros, una camisa blanca y un chaleco fino con el símbolo de la Tri-Fuerza incrustado. Parecía... un sacerdote.

- ¡Oh! Pero si eres la niña que vi en la posada - Comentó el hombre, reconociéndola.

- S-sí... - Respondió nerviosa, lo cual trató de corregir tan pronto lo notó - El medico no se encuentra, pero volverá en unos minutos.

- Ya veo, pero yo no estoy aquí para ver al doctor.

- ¿Ah, no?

- Escuche rumores... sobre una mujer en esta clínica... una mujer en agonía.

Aquello ya había tomado por sorpresa a la Kokori, pero no le asusto, principalmente por el amable y delicado tono de voz de aquel hombre, a quien ya creía haber mal juzgado el día anterior.

- ¿Usted... sabe de esa mujer? - Preguntó el hombre

Saria no respondió con palabras, sino que miró a un costando y al suelo, apoyando una mano sobre su pecho.

- Entiendo - Comentó el señor - Vera, señorita, mi nombre es Raúl Spencer, vengo del Templo del pueblo para ver a aquella mujer.

- ¿Usted es sacerdote? - Preguntó la niña con deseo de confirmar sus dudas.

- Efectivamente, vengo de un pueblo del este y estoy hospedándome en la posada en la que nos encontramos ayer, aunque mañana mismo tendré que partir nuevamente hacia el sur. Difícil trabajo ser sacerdote y diplomático al mismo tiempo.

- Eh... sí - Respondió Saria con lo primero que le vino a la cabeza.

- ¡Oh! Pero eso no es de importancia ahora, discúlpeme pequeña - Se disculpó Raúl haciendo una reverencia - ¿Podría llevarme con la pobre mujer?

- Es... esta bien.

Inmediatamente la niña dejó pasar al sacerdote, cerrando la puerta detrás de él, y lo guió hasta la puerta en donde se encontraba Ruto, sin embargo, la pequeña se detuvo allí mismo, lo cual fue interpretado por Raúl como que debía entrar por si mismo, por lo cual apoyó su mano sobre el picaporte cuando.

- Ella... - Habló Saria - ...esta muriendo.

Raúl cerró los ojos bajando un poco la cabeza, pero después de eso, siguió adelante abriendo la puerta y entrando a la habitación, seguido lentamente por la peliverde.

El sacerdote se paró a un lado de la cama mirando con pena a la ex-princesa. Junto sus manos firmes sobre su rostro, y cerrando los ojos comenzó a orar...

- ¡Oh! Adoradas Diosas... Din, Farore y Nayru... en nombre de la piedad esparcida en este mundo, les imploró que se apiaden de esta torturada alma... y, ya sea vivir o morir su destino, libren su espíritu de dolor y agonía. Por favor, sea su voluntad la salud de esta niña, en nombre de la vida que ustedes han brindado a este mundo.

Finalizada su oración, Raúl descendió su mano izquierda pero mantuvo firme la derecha un tiempo, la cual luego apoyó sobre la frente de la Zora, finalizando así lo que vino a hacer.

Estuvo un instante mas mirando a la pobre dama, pero su atención fue desviada cuando escuchó un sollozo a sus espaldas, encontrando a la pequeña Kokori con lágrimas en sus ojos.

Nuevamente Saria no pudo con el dolor que las palabras del Sacerdote le habían recordado, y quebró en llanto resistido. Raúl se arrodilló ante la niña, corriendo las lágrimas de sus ojos con su dedo índice.

- No llores - Le dijo - Tu amiga no quisiera tener que verte así, ella desearía verte con fuerzas para seguir adelante. No debes llorar...

Nuevamente Saria no tuvo palabras para responder, pero el descenso de cabeza y el incremento de volumen en el llanto contenido fueron mas que suficientes para darle el mensaje: "No puedo"

- Entiendo - Dijo, levantándose y acariciándole la cabeza - Tengo una idea.

- ¿...I-Eh?

- Ven conmigo - Propuso tendiéndole una mano - Acompáñame al templo, e implorémosle juntos piedad a las Diosas.

Afirmando solo con el rostro y con menos lagrimas, Saria tomó la mano se Raúl, dejándose llevar por este hacia el templo.

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El andar de Malon desaceleró considerablemente cuando el nudo en su pecho llegó a complicarle la respiración, casi causando que se dejara caer de rodillas en el suelo, pero Paula la contuvo y la ayudó a apoyarse sobre un asiento del parque por el que estaban cruzando camino a la clínica.

- ¿Estas bien? - Preguntó preocupada.

- No... no lo estoy - Confeso, evidentemente a punto de quebrar en llanto - Simplemente no puedo con esta situación, Paula... no soy lo suficientemente fuerte. No me atrevo a seguir adelante... tengo miedo de llegar a enterarme de que Ruto ya... no este...

Paula bajó la cabeza sin saber que responder. Mientras Malon seguía maldiciendo en silencio, no a otros, sino a si misma por enésima vez desde que empezaron a caminar de regreso a la clínica.

Se sentía en parte culpable, y a la vez tonta e irresponsable. Había fallado como amiga, fallándole a Ruto y a si misma en el mismo acto. Ella debía haber estado con Ruto aquella noche, ayudándola a pelear contra aquel patán, así eso significara sacrificarse a si misma. Le dolía pensar que, mientras ella estuvo cantando amenamente en el bar, Ruto estaba siendo cortada en pedazos por una bruta espada cargada por un acecino.

No protegió a su amiga cuando tuvo que hacerlo... y ahora ya no había nada que pudiera hacer para salvarla, en consecuencia se sentía una completa inútil debilucha incapaz de hacer algo bien. Pensó en rezar, pero tampoco se sintió en derecho de hacerlo...

- Solo soy una vergüenza para mi misma - Pensó la pelirroja.

- Malon, entiendo como te sientes, pero yo realmente necesito ir a comprobar como se encuentra Ruto.

- No te preocupes por mí y ve, yo estaré bien.

- ¿Segura?

- Segura

- Ok, te veo luego - Dijo despidiéndose y desapareciendo entre la gente.

Una vez Paula se fue, Malon no pudo hacer otra cosa mas que tirar la cabeza hacia atrás y mirar hacia el cielo, mitad despejado y mitad nublado. Empezó a cuestionarse aun mas sobre la misión y en su amor...

El pensar que habían hecho esto porque las tres querían encontrar al hombre que amaban. Las tres se aliaron por simple conveniencia, una alianza que sabían que solo duraría hasta que Link fuera encontrado, y sin embargo, como unas inconscientes, las tres dejaron que la amistad se mezclará entre ellas, fortaleciendo en cierta forma aquella alianza, pero a la vez condenándose a si mismas el sufrir tal error.

Ahora Malon estaba preguntándose que tanto haría si llegaban a encontrar a Link... ¿Se atrevería a abrazarlo? ¿O se negaría tal posibilidad por respeto a sus ahora amigas? Parecía broma, pero... la amistad se les había convertido en el enemigo del amor que tenían.

Tantos problemas que tenían... y ninguno lograban resolver. Definitivamente ellas no eran nada en comparación de Link, quien ya habría solucionado todos los problemas en cuestión de minutos. Link siempre se sobreponía e todo, y estaba allí para salvarlas siempre que fuera necesario.

Pero ahora, cuando mas lo deseaban, Link no estaba...

- ¿Dónde estas Link? ¿Dónde estas ahora que mas te extraño? ¿Dónde estas... ahora que Ruto... te necesita?

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Haciendo la reverencia ante el altar, Saria y Raúl terminaron la Docena de Oraciones que consistía en la plegaria a las Diosas, y ya estaba pensando en volver al lado de Ruto.

Pero nuevamente... ¿De qué serviría eso? Solo para acompañarla sin que ella jamás lo supiera, para estar con ella solo para que muriera. Mirarla constantemente solo para observar cuando diera el último suspiro.

- Saria - Comentó Raúl... - Hay ocasiones en la vida en las que nos vemos en aprietos realmente serios, y de los cuales no sabemos como salir, y entonces nos preguntamos porque es que pasan estas cosas y porque tiene que existir este dolor. Pues veras... yo creo que este dolor es puesto en nuestro camino para que nos fortalezcamos con él. Por cada obstáculo que superes, estarás un paso mas cerca de cumplir todos los sueños que puedas tener, sin importar cuan imposible parezcan.

- Raúl...

- Pero debes recordar, Saria... que jamás debes dejar todo atrás, sin importar que tan mal te sientas. Siempre deberás mantener las esperanzas en alto, solo así podrás salir adelante... ¿Me entiendes?

- Sí... entiendo.

- Bien - Dijo con una sonrisa - Vamos, anímate... recemos una vez mas.

- Sí - Contesto, forjando una débil sonrisa.

Nuevamente ambos se arrodillaron frente al altar del templo, comenzando las oraciones hacia las tres diosas.

Así como los árboles multiplican su tamaño después de cada invierno... tú solidificas tu alma después de cada herida...

Así como tu fe se ve hundida en la mas profunda desesperación... tu voluntad sobresale del mas negro abismo...

Forjaste tus sentimientos... a pesar de que estos contradijeran todo... pero nunca tuviste miedo...

Seguiste adelante... formaste tu camino... demostraste lo que vales...

Y así como has crecido hasta hoy... yo deseo que madures aun mas...

Sin importar que tan negra sea tu fortuna... yo nunca me apartaré de ti...

Tu corazón es sabio y fuerte... nada podrá derribarlo...

Una esencia como la tuya... que nunca se detiene...

Poseerá eternamente la sabiduría... de mi romance...

Por eso... no pierdas las esperanzas...

Terminadas las oraciones, Saria se levantó sin esperar ni un segundo mas, su mirada firme y decidida. Ya sabia que hacer...

- Gracias por todo, Raúl. Ahora iré a ayudar a Ruto.

- ¿Vas a ayudarla?

- Sí, y no te preocupes... no perderé mi fe...

La pequeña empezó a correr entusiasmada hacia la salida, sin embargo.

- ¡Saria, espera!

Se detuvo ante el llamado de Raúl, quien, al verlo nuevamente, tenía algo particular en su mano.

- Toma, Saria - Dijo ofreciéndole un bellísimo cetro - Pertenecía a mi hermana, y siempre le ha ayudado. Ahora quiero que tú lo tengas...

- ¡Sí! - Respondió sonriente, una sonrisa verdadera que en mucho tiempo no había cruzado su rostro.

- Ahora ve...

Y con aun mas velocidad que antes, Saria empezó a correr hacia la clínica...