Han pasado dos días desde ese espantoso momento en que Shaoran partió. En la mansión Kinomoto, Touya estaba aun bastante preocupado y molesto. Preocupado porque desde que Sakura volvió ese día de la mansión Li, se había encerrado en su habitación y apenas había dicho una o dos palabras. Tuvo que ser Tomoyo la que le dijera que sucedió, y claro, eso lo puso bastante molesto.
"Por eso no quería que te casaras con ese mocoso. Imaginaba que si algo así sucediera no podrías soportarlo."
Cuando se enteró de lo que sucedió, Touya tuvo que hacer un gran esfuerzo para no ir por su espada y su caballo para alcanzar a Shaoran y darle su merecido. Lo que ayudó bastante a que se contuviera fue que sabía que a pesar de todo, ese era el deber de Shaoran como caballero del reino, y solo por eso busco serenarse para poder darle ánimos a su hermanita.
Intentó hablarle desde fuera de su habitación; trató de que saliera, mínimo, a tomar algunos alimentos pero no resultó. Se le ocurrió llevarle una charola con algo para comer y dejársela en la entrada de su habitación. Eso si resultó ya que cuando volvió luego de cuarenta minutos la bandeja tenía platos vacíos. La situación no cambió al día siguiente. Al contrario, como era el día en que deberían haberse casado, solo se oían llantos y gritos desde la habitación de Sakura. Ahora que iniciaba un nuevo día, Touya confiaba en que Sakura se repusiera lo suficiente para al menos, salir de su habitación.
Subió las escaleras y dejó en la puerta de Sakura la bandeja con el desayuno al tiempo que tocaba la puerta para después retirarse al comedor. Touya estaba muy afligido, pero sabía que no tenía caso tratar de hablar con Sakura mientras no saliera de su habitación. Sería como hablar ante un muro. Solo deseaba que su hermanita se repusiera y que fuera la de siempre: la misma chica mimosa y tierna a la que molestaba diciéndole "monstruo."
Touya se sentó a la mesa preparado para tomar un refrigerio que por mas delicioso que se viera, a el le sabría a hielo como las comidas de los últimos dos días. La gaceta estaba ante el y se preparaba a leer la primera plana, cuando un sonido se escuchó en la mansión. Eran pisadas que venían desde las escaleras.
-Creo que sería mejor si desayunas acompañado… hermano.-
Touya estaba asombrado, aunque eso no le impidió levantarse de la mesa e ir corriendo al lado de su pequeña Sakura a la que abrazó con un fuerte apretón.
-Sakura, Sakura. Que gusto verte aquí. Ya no me preocupes tanto, por favor.-
-Hermano, por favor… no me dejas respirar.-
Touya se apartó un momento. Al verla se notaba que la belleza de Sakura no estaba tan maltratada, pero aun así lucía algo demacrada y sus ojos estaban muy irritados por haber llorado dos días seguidos.
-Sakura. ¿Cómo sigues?-
-Yo aun… pues aun me duele lo que pasó. Lo que sentí… no creo que la muerte se sienta tan horrible, pero no puedo quedarme así siempre. Ya una vez pasé por un sufrimiento casi igual. El se fue de mi lado en ese momento y aunque a veces sentía que me hundiría en un abismo de dolor, yo sabía que el volvería y así lo hizo. Por eso… debo ser fuerte. Debo tratar de sobreponerme al dolor. Debo hacerlo porque el volverá a mi. Lo prometió cuando partió y se que lo cumplirá, porque el me ama y yo lo amo. Volverá, lo se, y eso me da fuerza. No será fácil… pero tengo que hacerlo. Ser fuerte… para que cuando vuelva vea mi más grande sonrisa.-
Touya se molestó y bastante al escuchar que Sakura aun no dejaba de amar a Shaoran. De su gusto le hubiera dicho todo lo que había en su mente sobre lo despreciable y miserable que el mocoso le parecía, pero sabía que no era el momento de dejarse llevar por sus emociones, sino de ser racional, y eso significaba darle ánimos a su hermanita. Lo que ella necesitaba no era escuchar lo que el opinaba de su prometido, sino palabras que le dieran fuerza para que poco a poco volviera a ser la Sakura de siempre.
Además las palabras de Sakura le recordaron a Touya que cuando Shaoran se fue la primera vez ella se encerró en su habitación por tres días.
"Nada nuevo." Pensó Touya, y también pensó que esta vez no se quedaría callado y ayudaría a su hermanita a reponerse. Y aparte de eso, por mucho que despreciara a Shaoran, sabía que partió cumpliendo su deber, y eso le recordaba porque aceptó que el se casara con Sakura. Porque a pesar de todo no era ningún cobarde, sino un hombre verdadero.
Si, Touya lo reconocía. El mocoso es un hombre. No cabía ninguna duda… aunque por otro lado eso no lo satisfacía.
-Me da mucho gusto verte de nuevo, hermanita. Ya no quiero que sufras más. Ese… chico volverá como lo prometió, y eso es porque el… el…-
-No hace falta que lo digas, hermano. Se lo que me quieres decir y te lo agradezco… aunque es muy gracioso verte tratando de decir algo que sabes que es verdad y que por eso te molesta tanto. Jijijiji.- y Sakura soltó una tímida sonrisa.
-¿Con que te parece gracioso? Bueno, debí esperar eso de un monstruo como tú.-
-¿A quien le dices monstruo?- dijo Sakura al tiempo que se arrojaba a su hermano para jalarle las orejas.
-Oye tú, ya deja… Ahhhh.-
Parecía que al menos en parte, la mansión Kinomoto regresaba a la normalidad. No sería fácil, pero la felicidad volvería a Sakura.
Dejamos un momento Sthepenson para viajar a otro sitio que esta lejos, muy lejos de nuestros amigos, hasta llegar a una ciudad grande y populosa. Un sitio cuyo edificio principal estaba coronado por una torre muy alta, alrededor de la cual flotaban cuatro rocas de forma ordenada y simétrica. Esta es Dalaran; la citadel violeta, la ciudad de los magos. Dentro de ese edificio los aspirantes a magos aprendían lo básico de sus habilidades, los magos estudiaban y aprendían sobre los misterios del mundo, siempre bajo la tutela del vigilante Kirin Tor.
Eriol había estado en meditación desde que llegó a Dalaran. El Kirin Tor había dado esas instrucciones, pero en el caso de Eriol no se trataba de una meditación ordinaria, sino de un tipo distinto que era llamado simplemente meditación de trascendencia. A diferencia de la meditación ordinaria, esta se basaba en enfocar la mente y el espíritu centrándose en algo que le fuera valioso al practicante, algo que le resulte importante. Se supone que al tener algo valioso que proteger, el poder físico, mental, espiritual y mágico aumentan exponencialmente. Por su naturaleza solo los magos más fuertes y mejor preparados la practican, ya que los novatos suelen perderse en sus pensamientos mas anhelados y nunca alcanzan ni lo más mínimo de su potencial. Claro que esto no se aplica a Eriol.
Después de todo ese tiempo, el finalmente salió de su cámara de meditación. No sabía si en verdad se había vuelto más fuerte, pero había confirmado algo que ya sospechaba desde hacía ya mucho tiempo.
-Así que es cierto. Vaya. Es verdad lo que dicen respecto a que sobre el corazón no se manda. No esperaba… enamorarme de Tomoyo tan pronto, y muero de ansias por… confesárselo.-
Eriol pensaba en eso mientras recorría los pasillos de la citadel violeta para reportarse ante el Kirin Tor, tal y como le dijeron que lo hiciera cuando terminara con su meditación. Al entrar en el salón principal vio que había mucha agitación. Varios magos estaban hablando en grupos. Eriol no imaginaba de que pero para que hubiera tantos cuchicheos y murmullos en un sitio donde regularmente no se escucha ni al aire debía de tratarse de algo muy grave.
-Así que ya terminaste con tu meditación, muchacho.-
Eriol se volteó y dio una reverencia a su interlocutor. Se trataba de Eclerión. A sus casi 86 años era el archimago más sabio y poderoso de Dalaran y líder del Kirin Tor. Fue uno de los muchos profesores de Eriol y el que descubrió su talento innato para la magia. Por esa razón lo tomó como su protegido, esperando que algún día pueda tomar su lugar a la cabeza del Kirin Tor.
-Me da mucho gusto verlo de nuevo, maestro.-
-A veces me gustaría que no fueras tan formal. Recuerda que aunque no estas aun dentro del Kirin Tor ya eres prácticamente un archimago como todos los aquí presentes y dentro de poco sesionarás junto a nosotros. Supongo que ahora te debes preguntar que es lo que nos tiene tan preocupados.-
-Así es, maestro. No es común que el Kirin Tor nos reúna con tanta premura y que nos manden a meditar en cuanto lleguemos.-
-La situación en que estamos tampoco es común. Es algo muy grave y ante lo cual estuvimos ciegos por un largo tiempo. No sabemos que tan mortal puede ser nuestra ceguera.-
"Para que un hombre tan poderoso y sabio como el maestro Eclerión diga eso, debe ser algo terrible."
Eriol estaba muy preocupado. ¿Qué podría ser así de grave?
-Supongo que recuerdas el incidente del Culto de los Condenados y el trigo envenenado. Verás… la tragedia no terminó con la muerte de Kel´thuzad. Tenemos reportes fidedignos de que los lugares donde el trigo fue almacenado son el punto focal de una especie de infección o mejor dicho, de plaga, que se extiende por el suelo, infectando lo que hay a su paso. Casas, animales, árboles, otras cosechas y tal parece que hasta… tumbas.-
-¿Tumbas?- preguntó Eriol asombrado, aunque su rostro empezaba a reflejar duda.
-Si, como lo oíste. Es la única explicación que tenemos para unos reportes extraños que dicen que aquellos que murieron envenenados están… saliendo de sus tumbas como muertos vivientes.-
Eriol no pudo evitar pensar si acaso el hombre mas poderoso de Dalaran, cuyas hazañas se decía eran legendarias, estaba siendo inevitablemente afectado por la senilidad.
-Señor, no se ofenda, pero siento que sus palabras caen en… pues en el ridículo. No supongo una forma de que los muertos salgan de sus tumbas así como así. Ni los más obscuros nigromantes podrían hacer eso.-
-Mi opinión inicial al respecto fue la misma que la tuya, muchacho, pero tenemos demasiadas pruebas que afirman lo que digo. No olvides que la plaga en el trigo fue obra de Kel´thuzad y que el era muy poderoso, pero sobre todo, no olvides que Kel´thuzad se entregó a la nigromancia. Esa es nuestra mayor prueba de que lo que esta sucediendo, sea lo que sea, tiene que ver con nigromancia en un nivel tan elevado que hasta resulta blasfemo.-
Eriol debía admitirlo; viéndolo así la suposición del maestro Eclerión se veía muy factible… demasiado.
Era bien sabido entre los magos que Kel´thuzad fue el mejor alumno de Eclerión y que era visto por muchos, tanto por su poder como por su sabiduría, como futuro líder del Kirin Tor. Solo tenía un defecto y uno muy grande: su amor a las artes obscuras. A eso se le sumó una gigantesca sed de poder y el resultado fue que la comunidad de magos fue exiliándolo de su seno poco a poco. Kel´thuzad partió de Dalaran y no se volvió a saber de el hasta que el Culto de los Condenados apareció con el como su guía. Eriol pensaba en que pasaría si la situación empeoraba.
El no lo sabía pero en ese momento un mensajero llegaba a Dalaran con la confirmación de sus terrores.
De vuelta a Sthepenson, los Kinomoto recién terminaban su desayuno. Sakura leía las tiras cómicas como era su costumbre, mientras que Touya no había tocado la primera plana. Estaba tan feliz de que su hermana estuviera con el a la mesa que prefirió verla desayunar. Ahora se preparaba a leer. Después de algunos instantes de lectura Touya dejó de hacerlo. No podía seguir leyendo; no con sus ojos llenos de terror. Ahora comprendía porque habían llamado a Shaoran para que volviera a la capital.
-¿Pasa algo hermano? No escucho que le cambies a las páginas.-
Touya no sabía que hacer. Por un lado si le mostraba eso a Sakura ella vería que la partida de Shaoran tenía un motivo y resultaba inevitable, pero por otro no quería que sufriera mas, cosa que sucedería si leía la gaceta.
-Hermano, dime que pasa.-
-Sakura, en la primera plana viene una noticia que explica porque mandaron llamar a tu novio.-
Sakura se emocionó y quiso levantarse para leer, pero Touya la detuvo con un gesto de su mano.
-No quisiera que lo leyeras. Es algo… que se que te hará llorar. Dejaré que tú lo decidas. Es tú novio y tienes derecho a saber porque no es tu esposo en este momento, pero se que no te gustará.-
Dicho esto Touya se levantó y fue a sentarse a la sala. Sakura se movió a la gaceta. Titubeo un poco, pero recordando que se prometió ser fuerte se acercó aunque despacio. Esto fue lo que leyó.
"El pueblo costero de Derrigan fue completamente destruido. No hay un solo sobreviviente. Observaciones hechas en el lugar muestran que el sitio fue el escenario de una feroz batalla entre sus pobladores y alguna fuerza invasora. De los peritajes hechos por miembros del ejército se han descubierto algunos hechos. El principal es que los pobladores no pudieron resistir por mucho tiempo a lo que se ha asumido fue un ataque sorpresivo en masa, y que no parece haber un solo cadáver que parezca no ser del pueblo. Además muchos de los cuerpos presentaban un grado muy avanzado de descomposición. Eso ha llevado a suponer que los invasores profanaron las tumbas del cementerio para usar los cuerpos como arma intimidatoria. Sin embargo al examinarse las tumbas profanadas los peritos se mostraron extrañados ya que parecían haber sido abiertas desde dentro. A esto se agregan testimonios de granjeros que viven a 17 kilómetros de Derrigan y que dicen haber escuchado ruidos como si una multitud de gente se moviera por el camino. Dicen que al asomarse por sus ventanas vieron una multitud de lo que parecían ser muertos vivientes marchando en desorden rumbo al pueblo de Khar. Al momento del cierre de impresión no se sabía de la situación en Khar o si el ejercito ha confirmado esos rumores, pero de ser así, sin duda estarían relacionados con el virtualmente extinto Culto de los Condenados y serían el inicio de una grave crisis para Lordaeron."
Sakura empezó a sollozar al leer eso y una vez que terminó fue con Touya. Al verla el le dijo. -Llora todo lo que quieras, hermanita. Hazlo con confianza.-
Sakura se dejó caer en su hermano y este la abrazó. Con sus brazos rodeo el cuerpo de su hermana que ahora lloraba con todas sus fuerzas, temerosa del destino de Shaoran.
De vuelta a Dalaran vemos que el mensajero ha entregado su mensaje y ahora el Kirin Tor se ha vuelto un sitio lleno de desorden y de terror.
El mensaje era muy simple en verdad y eso era lo más aterrador: Khar había sido asaltado y destruido por hordas de muertos vivientes. No solo se trataba de los que venían desde Derrigan, sino que del cementerio local se levantaron muchos mas. El mensaje había sido enviado de urgencia por un mago a través de su aprendiz.
Entre otras cosas mencionaba algo de importancia capital: muchos de los muertos vivientes eran gente del culto que se sabía había consumido voluntariamente el trigo envenenado y muchos más eran victimas probadas de ese mal.
Lo más aterrador era que algunos tenían un mínimo de conciencia; la suficiente como para decir palabras como "Esta… es la… vida pro… metida por… el amo…" o una mas aterradora…
"Esta… es la… voluntad del… Rey Lich."
El griterío y el desorden reinaban en el gran salón. Solo una persona pudo poner orden en ese sitio.
-¡SILENCIO!-
Todos los magos en la sala guardaron silencio ante la orden de Eclerión.
-Miembros del Kirin Tor, hermanos y hermanas hechiceros. Estamos en una situación mucho mas grave de la que suponíamos. Tal parece que el Culto de los Condenados fue el inicio de algo que es mucho más terrible de lo que pensamos al inicio. Los planes de Kel´thuzad son mucho más profundos y escabrosos de lo que pensamos en un inicio, y ahora debemos agregar un nuevo factor. Después de escuchar el mensaje que se nos ha dado, he llegado a la conclusión de que la voz que Kel´thuzad decía escuchar; ese tal "Ner´zhul" es algo real y que es quien estuvo detrás de la plaga y del culto todo este tiempo. Nosotros ahora deberemos encaminar nuestros esfuerzos para investigar todo lo que exista al respecto de ese Ner´zhul y sus planes para así poder destruirlos juntos. Además nosotros estaremos prestos para actuar en el mismo campo de batalla si se hace necesario. Si el momento llega, los magos de Dalaran pelearan contra ese abominable mal. ¡Así se ha dicho y así se hará!-
Después de eso los magos se retiraron a sus habitaciones. Eriol se encontraba muy preocupado. Una situación grave se había vuelto desastrosa. No imaginaba lo que podría suceder y temía por el futuro de Dalaran, de Lordaeron y además, temía por una persona que se había vuelto el centro de su vida.
Dos días después en Sthepenson, Sakura se encontraba caminando rumbo al mercado. Era la segunda vez que salía de su casa desde esa mañana. Primero había ido a casa de Tomoyo para informales tanto a ella como a Chiharu de que ya se sentía un poco mejor. Tomoyo había invitado a Chiharu a que se quedara en su casa después de que Yamazaki se fue. Chiharu intentó negarse argumentando que sería demasiado y que mejor se quedaría en la posada del pueblo, pero ya conocemos a Tomoyo. Cuando ella dice algo, no hay poder humano que la haga cambiar de opinión. Sakura se mostraba fuerte, aunque no podía evitar llorar mucho, no solo por lo que sucedió, sino porque recordaba la nota en la gaceta y eso le hacía temer por la integridad de Shaoran. Pronto, sin embargo, ella recuperaba su temple y se decía que Shaoran volvería a ella, tarde o temprano. Sabía que al final todo saldrá bien; esa siempre ha sido su frase mágica y nunca le ha fallado.
Después de comprar algunas legumbres, carne y algo de pan, Sakura decidió pasar un momento al jardín de la plaza central del pueblo. Era un lindo sitio para descansar. Con una fuente, muchos árboles y varias bancas que rodeaban el lugar. La plaza estaba a la mitad del pueblo, prácticamente como una glorieta. Sakura tomó asiento en una de las bancas que daban a la calle. En la paz de ese sitio se puso a pensar en aquello que le había sido arrebatado; en lo que ahora estaba lejos de su alcance.
"Lo que hubiera deseado mas es que al menos nos hubiéramos casado. Que si el partía, supiera que ya era suya no solo en alma, sino en cuerpo. Shaoran, te extraño." Y Sakura sintió sus ojos llenarse de lágrimas de nuevo. No quería romper en llanto como lo hacía en casa. Quería ver si lograba retener esas lágrimas en sus ojos, y si le resultaba imposible iría al lugar secreto que ella compartía con Shaoran. Allí podría llorar hasta desahogarse por completo, o al menos por ese día.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un ruido que crecía poco a poco. De hecho, todos los que estaban en la plaza lo notaron. Era el sonido de varios caballos que avanzaban juntos. Finalmente aparecieron los caballos y quienes los montaban. Eran cuatro jinetes que iban vestidos elegantemente, tras de ellos venían dos coches en los que iba una gran cantidad de equipaje. De inmediato apareció una gran berlina tirada por ocho caballos y escoltada por otros cuatro jinetes. Tenía adornos dorados y estaba pintada de azul rey. En las puertas estaba grabado en relieve un escudo de armas que denotaba a quien pertenecía, aunque por deducción, se trataba de alguien muy importante. Sakura alzó su rostro y vio la berlina con todos los detalles ya descritos, aunque pronto bajó de nuevo su mirada pues ella tenía algo mucho más importante en que pensar.
Lo siguiente que se escuchó fue el sonido de todo ese aparato de viaje detenerse abruptamente. Sakura escuchó el ruido que se hizo sin alzar de nuevo su mirada. Después se escuchó como si una puerta se abriera a lo lejos. Enseguida ella escuchó como si unos pasos suaves se acercaran a ella, hasta que vio un par de pies que se detenían a su lado. Intrigada porque alguien se hubiera acercado tanto a ella levantó su mirada poco a poco. Al irla subiendo notó el elegante calzado que llevaba quien estaba a su lado. Vio que su traje era muy elegante. Usaba una casaca roja que llevaba bordados que indudablemente eran de oro. De un bolsillo salía una cadena hecha igualmente de oro y cuando llegó al rostro vio que se trataba de un joven muy apuesto de ojos azules y dorada cabellera lacia.
-Disculpe, señorita por este atrevimiento.- dijo el joven. -Pero es que al verla desde mi berlina supe que había visto a un ángel que bajó del cielo, y debo decir que se trata de un ángel de belleza sin igual.-
-¿Eso cree? Muchas gracias.- respondió Sakura cortésmente, aunque era obvio en su tono de voz que solo lo hizo por cortesía.
-Tal vez lo mejor sea que me presente. Mi nombre es Michaelo Di Fonsio, hijo del Gran Duque de Fonsio, y vengo desde la capital, Lordaeron por… ciertos asuntos que tienen que ver con mi seguridad. Es un placer conocerla, señorita…-
-Kinomoto. Sakura Kinomoto.- Sakura se levantó un momento para dar una sencilla reverencia.
-Ah, Sakura. Un bello nombre en verdad. Los ángeles deben cantarlo en sus celestiales coros.-
-Agradezco su cumplido, joven, pero preferiría que me llamara Kinomoto, por favor.-
El chico puso una expresión de sorpresa, mezclada con decepción. Se veía que era un chico que no estaba acostumbrado a esa clase de respuestas.
-Tal parece, señorita, que ni mi nombre ni mi apellido o el título de mi familia le impresiona en lo más mínimo, aunque creo entenderlo. Este sitio esta muy lejos de algún sitio que pudiéramos llamar… civilizado.- dijo Michaelo con una expresión burlona.
-No me gustó la forma en que se expresó de nuestro pueblo. Yo nací aquí, al igual que todos los que estamos en este sitio, y aunque no estamos tan cerca de alguna ciudad grande, créame que ello no significa que seamos unos burdos campesinos.-
Sakura estaba molesta. Nunca había oído esas palabras de alguien de fuera.
-Veo que mis comentarios la han molestado. Bueno, propongo que a manera de disculpa, acepte subir a mi vehículo y allí deje que le invite una taza de té. Después de eso charlaremos un poco y quien sabe, tal vez pueda mostrarle mi dormitorio y allí… jugaremos un poco.-
PAF.
Toda la gente de la plaza volteo a ver lo que sucedía, ya que la bofetada que Sakura le dio a Michaelo se escuchó por todo el lugar.
-No… no lo puedo creer.- se decía el joven aristócrata en voz baja.
-¿Cómo es posible que me haya abofeteado?-
Sakura lo miraba con la mano derecha enrojecida y una mirada llena de ira y desprecio.
-No se que clase de mujer creyó que soy yo, pero por si sus ojos están tan ciegos que no lo notó se lo diré. Soy una mujer decente, de muy buena educación, no una cortesana cualquiera que entrará al lecho del primer pelagatos que se cruce en mi camino. Mi familia quizás no sea tan noble ni tenga tantos "titulitos" como la suya, pero al menos tiene decencia; decencia que usted, como he notado, no solo no tiene, sino que mas bien jamás la ha conocido. No quiero volverlo a ver. Me da tanto asco.-
Michaelo estaba sorprendido. Nunca, nunca ninguna mujer lo había rechazado de esa forma. Lo habían… si… lo habían humillado.
-Cómo… como se atreve… ¿Como te atreves a decirme esas cosas, estúpida? Te estoy ofreciendo más riquezas de las que hayas visto antes en tu vida.-
Sakura había dado ya la media vuelta. Ignoraba las palabras de ese gusano, porque a ella las simples palabras no la herirían.
-No te he dicho que te vayas, mujerzuela.- dijo Michaelo sujetándola con brusquedad por el hombro.
Sakura reaccionó de inmediato dándole un codazo en el abdomen, luego le dio un taconazo en el pie y finalmente le dio un puñetazo con el otro brazo para dejarlo sin aire.
-Nunca, y escúchelo bien: NUNCA se vuelva a acercar a mí. ¿Entiende? Es usted la persona más asquerosa y repugnante que he conocido. El solo verlo… incluso el haberlo tocado para golpearlo… me hace sentir sucia, como si hubiera pisado estiércol. No se me acerque de nuevo, animal. Sepa además que no estoy sola. Soy una mujer comprometida en matrimonio y como tal tengo a mi prometido para apoyarme. Ya no quiero hablar más con usted. Me dan ganas de vomitar de seguir tan cerca de su desagradable presencia.- y dicho eso Sakura se marchó a paso veloz.
-No… no creas que has visto lo último de mí, miserable. Yo siempre obtengo lo que deseo y lo que deseo es a ti. Ya veras como pronto vienes arrastrándote a mí suplicando entrar en mi cama. Lo verás.-
Sakura alcanzó a escuchar eso y aceleró su paso. Cuando hubo llegado a una calle solitaria, ella se soltó a llorar con fuerza. Había soportado demasiado. Entre sus sollozos se escuchaba un nombre; una plegaria.
-Shaoran… como te necesito. Vuelve a mi, amor. Vuelve pronto… mi Shaoran.-
En ese momento, nos trasladamos a la capital del reino.Shaoran había descendido del carruaje que lo llevó a el y a Yamazaki de vuelta. Mientras Yamazaki se dirigía al restaurante de los padres de Chiharu para explicarles lo que pasó, Shaoran fue a reportarse a su cuartel y de allí se dirigió a la sala de armas, tal y como se le indico para que se le explicara el porque del llamado.
Allí, Shaoran se enteraría de lo que ha estado sucediendo en estos días, así como de lo ocurrido después de la caída de Derrigan.
El se enteraría de que las filas de muertos vivientes habían estado creciendo casi exponencialmente, que cada víctima de la plaga inicial estaba volviéndose un elemento mas de ese infernal ejercito y que la plaga se extendía como una mancha abominable por el suelo que pisaban los muertos vivientes.
También sabría sobre dos cosas que eran perturbadoras: el lugar donde habían sepultado los restos de Kel´thuzad fue atacado y su tumba profanada, y varios reportes que indicaban sobre ciertos barcos que al parecer venían desde Northrend y estaban acercándose a la costa norte, hundiendo a cuanto barco se cruzaba en su camino. Eso daba pie a la suposición de que la amenaza que estaba por venir tenía su origen desde el continente helado, la tumba de hielo, y de las sospechas de los magos de que si en verdad existía Ner´zhul, tendría su base allí.
Shaoran no lo sabía aun y no tenía interés en enterarse. Solo tenía un interés, algo llenaba su mente, algo por lo que en las noches que duró su viaje soltó varias lágrimas.
Si, Shaoran lloraba por Sakura; lloraba por no estar ahora a su lado, por no ser ya su marido. Nadie lo vio hacer esto. Ni Yamazaki ni el mensajero que el rey envió, pero el que nadie te vea llorar, no significa que no lo hagas.
Aun ahora mientras caminaba a la sala de armas, el derramaba algunas lágrimas por su flor de cerezo.
-Sakura, te extraño. Te necesito. Dame fuerzas para soportar lo que sea que me tenga enfrente el destino; para volver a tú lado, mi Sakura.-
Shaoran se decía eso mientras enjugaba sus ojos al entrar a la sala de armas.
Continuará…
Saludos a todos mis lectores. Me retrasé un poco, pero ya estoy aquí y ustedes tienen un nuevo capítulo de esta historia. Se que muchos pensarán porque no le di a Shaoran mayor participación. Bueno, eso es porque lo veremos mucho más en el siguiente capítulo. Ahora buscaba dar a conocer mas de los problemas que nuestros héroes enfrentarán a partir de ahora, y como ven no son pocos. Por un lado vemos que lo que inició como un culto esta evolucionando a algo aun mas grave; algo que pondrá en riesgo a todo el reino, pero eso no se compara con la carga que Sakura tendrá que soportar desde ahora. Como han visto el personaje que abordó a Sakura de esa forma tan grosera es un personaje que cree ex profeso para esta historia. La verdad deseo que lo odien y por eso no podía emplear a algún conocido como Yukito o Yue, que aparecerán en su momento. Eso es seguro. Y creanme cuando les digo que no hemos visto lo último de ese muchacho. De verdad lo odiarán cuando acabe esto. Como siempre he leído cada uno de sus reviews y los responderé por los medios que ya conocemos.
Ah, un último detalle. Los de la página han agregado la opción de que cada escritor inicie una especie de foro. Creo que la mayoría saben como trabajan los foros. Lo menciono porque estoy pensando en crear uno. Jejejeje. Vaya modestia la mía. Si decido hacerlo lo sabrán. Mientras eso sucede les daré un adelanto del siguiente capítulo. Shaoran empezará a salir a algunas misiones que implican luchar contra el enemigo no muerto, y en ellas arriesgará su integridad, y Sakura tendrá que soportar más del acoso de Michaelo, pero claro que no estará sola. Para eso esta su hermano mayor. Bueno, nos vemos después. Cuídense mucho y en estas fechas tan especiales es mi mayor deseo que la pasen bien en compañía de sus seres queridos. Nos veremos de nuevo en el 2006. Hasta pronto.
