Shaoran tenía la mirada al frente mientras avanzaba junto con el resto de su tropa al punto de reunión del ejército de la Alianza. La marcha era lo suficientemente lenta como para permitirle leer una vez más la carta de Sakura. No se cansaba de leer las devotas letras de su novia, y el pensaba en que ella estaría haciendo lo mismo… leyendo la carta que el envió… Cartas… pequeñas hojas de papel que se convertían en eficientes transportes de sentimientos. Ese pensamiento también le acompañó cuando dejó la carta de Yamazaki con el encargado del correo. No imaginaba a su amigo como escritor de cosas románticas, pero sabía muy bien que el amor hace maravillas por las personas. Sin duda estar enamorado es lo mejor que le puede pasar a un ser humano. "Solo el amor que siento por ti me mantiene fuerte… me da el valor para lo que sea que vendrá."
Después de otra hora de caminata, el contingente al fin llegó al punto de reunión. No fue difícil de identificar. Había ya muchos soldados y caballeros de otras partes del reino.
-Por fin llegamos, amigo. Y vaya que parece que haremos una gran fiesta.-
-Y que lo digas, Yamazaki. Creo que medio mundo está invitado.-
-Si… y esta será la madre de todas las fiestas… Saldremos de esta, Li. De eso estoy seguro.-
-Así será, amigo… Así será.- y ambos amigos chocaron sus manos, refrendando esa gran amistad.
Mientras hablaban, se escuchó un ligero ruido que venía del cielo. Nuestros amigos alzaron la vista y vieron algo que los impresiono. Sabían que los dirigibles no eran un mito, que eran un autentico milagro hecho por los enanos… pero nunca imaginaron ver tantos. Cerca de 10 dirigibles estaban iniciando maniobras de descenso poco a poco.
-¿Habías visto algo así antes?-
-No, Li. Créeme. Jamás en mi vida había imaginado ver tantas de esas cosas voladoras en mi vida.-
Después de unos minutos, el primer dirigible aterrizó. Una compuerta se abrió y una rampa se reveló. Por ella empezaron a descender muchos enanos. Se creería que bajaban usando hachas o espadas, pero estos enanos llevaban capuchas y unas extrañas armas que parecían estar hechas de madera y metal, en cuyos extremos llevaban unos extraños agujeros.
-Que curiosas varas llevan esos enanos. ¿Serán más fuertes que las espadas o que las hachas? La verdad es que no creo que golpeen más duro que un mazo de guerra.-
-Se llaman rifles, Yamazaki.-
-¿Rifles?-
-Así es. Una vez pude ver como funcionaban. Usan ese polvo negro que se enciende y eso hace que lance un proyectil con mucha fuerza. Tienen mayor rango y poder que una flecha y pueden hacer mas daño. Ahora entiendo porque están aquí. Para ataques a distancia, los enanos tienen las mejores tropas.-
-Ya veo. Mira, se esta abriendo otro dirigible.-
Un segundo dirigible estaba ya dejando que sus pasajeros bajaran. Estos bajaban en parejas. Un enano muy grande que cargaba una especie de cañón y otro que era más bajito, aun entre enanos.
-¿Y sabes que llevan esos enanos, Li?-
-Ni idea, Yamazaki. Nunca había visto esa cosa antes. No imagino lo que harán, pero debe ser algo muy potente.-
Así los dirigibles fueron bajando poco a poco, los enanos seguían descendiendo. Finalmente el décimo toco tierra y preparó la rampa. De allí salieron mas enanos, pero estos lucían diferentes. Lucían más poderosos… llevaban puestas gruesas armaduras, en una mano llevaban una espada y en la otra un mazo de guerra. Se veían completamente listos para la batalla. Si un ataque sorpresivo se diera, esos enanos nunca serían tomados por sorpresa.
-Reyes de la montaña.- dijo sorprendido Shaoran.
-Supongo que ellos son muy fuertes, por lo que tú cara de asombro me dice.-
-Mucho. Ellos son los héroes de los enanos.-
Yamazaki silbó con fuerza. Era la primera vez que veía héroes de otra raza, sin contar claro, al lich que Shaoran mató el otro día.
-En verdad que son fuertes, amigo. Uno solo de ellos podría enfrentar hasta a tres abominaciones por si mismo y vencerlos sin problemas.-
-Vaya.-
-Y se dice que los reyes de la montaña de mayor experiencia pueden trasformar sus cuerpos en potentes avatares que encarnan el poder de los espíritus de las montañas.-
-Que bueno que no son nuestros enemigos, mi buen Li.-
-Tú lo has dicho, Yamazaki. Tú lo has dicho.-
De repente se escuchó una gran algarabía por todo el campamento. -Llegaron, LLEGARON. Nadie nos podrá vencer ya.-
Los dos amigos dirigieron sus miradas a donde iba ese soldado corriendo… y los vieron: eran cerca de 95 personas, altos y de una presencia imponente, a la vez que tranquilizante e inspiradora. En su mano derecha llevaban un mazo de plata de 50 kilogramos, de los cuales, 20 eran solo del largo mango, bajo el brazo izquierdo llevaban un libro enorme… el buen libro… Así es, se trataba de ellos, los guerreros de la fe, los guardianes del reino… los caballeros de la Orden de la Mano de Plata, pero eran mas conocidos entre el pueblo como…
-Paladines.- dijeron al mismo tiempo Shaoran y Yamazaki. Los guerreros que usaban el poder de su inquebrantable fe como arma en el campo de batalla.
Ellos podían sanar las mas graves heridas, su aura inspiraba a cada guerrero a su lado para que nunca se rindiera, el poder de su fe era tan grande que podían crear escudos de luz que nada ni nadie podía atravesar, y se decía que los paladines de mayor experiencia y fe podían resucitar a los guerreros que morían en batalla. No era nigromancia; era regresar el alma de vuelta al cuerpo y al hacerlo, cada herida quedaba sanada, por pequeña que fuera. Era la primera vez que Yamazaki veía a los paladines tan de cerca.
-Es algo… no se ni como decirlo.-
-Si… tienen un aire tan inspirador.-
-Ahora recuerdo que una vez te propusieron para que entrenaras como paladín.-
-Si, así fue, Yamazaki, pero nunca acepté.-
-¿Puedo preguntar por qué?-
-Ser un paladín implica renunciar a las cosas terrenales a fin de entregarse a la fe y ser uno con ella… y sabes que hay algo en este mundo que nunca, nunca dejaría…-
-Lo se, mi amigo… lo se.-
Junto a los paladines, llegaron más soldados y caballeros del reino, y también llegaron con ellos los elfos. Shaoran se encontraba muy emocionado de volver a ver elfos. No había visto a ninguno desde aquella vez que estuvo en Quel´thalas, y ellos le habían parecido tan sublimes, tan estoicos… la personificación misma de la serenidad, la elegancia y la tranquilidad. Sentía dentro de si que verlos de nuevo, le llenaría de paz interna… ese no fue el caso.
Cuando vio a los elfos más de cerca, los vio tan… amenazantes. Sus miradas se veían llenas de odio y rencor… incluso sus ropas lucían diferentes. El recordaba que los uniformes de batalla de los elfos eran de tela azul con los bordes blancos, así como de blanco eran lo detalles en sus prendas. Ahora eran de color rojo, y tanto los bordes como los detalles eran de color negro. Si, los elfos lucían muy amenazadores, pero había un grupo que francamente inspiraba terror. No eran más de 110, pero en verdad provocaban miedo. Llevaban puestos trajes ceremoniales élficos que denotaban su alto rango, y como en el caso de los elfos de menor rango, también eran rojos con negro. Su mirada parecía arder en llamas y a su alrededor levitaban tres esferas de un siniestro verde, igual en llamas.
-Yo… siempre pensé… que los elfos se verían… más como ángeles…- dijo Yamazaki.
-Y así se veían, amigo. Ahora… son mas como… ángeles caídos… o demonios.-
Shaoran dijo esto en el mismo tono de voz que Yamazaki… quebrado.
-Elfos sanguinarios. Así se hacen llamar ahora.-
Nuestros amigos se voltearon a ver quien les hablaba.
-Pero si eres…-
-Me da gusto ver que aun me recuerdas, amigo Shaoran.- Así es. Quien estaba ante nuestros amigos era Eriol. Estaba vestido con su traje ceremonial y llevaba consigo su báculo. (En esencia, es el traje que uso siempre en el anime.) Iba montado en un unicornio de un blanco inmaculado.
-Eriol Hiragizawa.-
- Si, así es, y tú eres… ya recuerdo. Takashi Yamazaki. Me da gusto volver a verlos… aunque sea bajo estas circunstancias.-
-Créeme que hablo por Li y por mi cuando digo que el sentimiento es mutuo.-
-Por cierto, Shaoran, déjame felicitarte por tú boda. De verdad lamento no haber estado presente. Hubiera sido…-
-No hubo boda.- respondió Shaoran con una voz sombría.
-En cuanto te fuiste, llegaron mensajeros de Su Majestad por mí.-
-Entiendo.-
El ambiente estaba muy tenso, y fue Yamazaki quien rompió el silencio con una pregunta. -Dinos como está eso de que ahora son elfos sanguinarios y no solo altos elfos. Se supone que así es como se llamaban.-
-Fue por la tragedia de Quel´thalas. No es tanto el hecho de que la mayor parte de su gente haya sido asesinada… e incluso empleada para hacer aun más grandes las fuerzas numéricas de Azote… sino porque se perdió su mayor fuente de magia: el pozo solar. Su magia provenía de allí y el pozo quedó destruido después que revivieran a Kel´thuzad. Lo que les queda de magia es poco, y ellos lo saben. Luchan en venganza de haber perdido todo. Saben que aun si recuperan su reino, nunca tendrán de nueva cuenta la fuente de su magia. Eso los vuelve poderosos aliados… así como traidores en potencia. Nunca se unirían al Azote por nada de este mundo, pero si encontraran otra fuente de magia… irían tras ella sin importar lo que se encuentre en su camino. En este momento, los elfos sanguinarios son el eslabón más débil de la Alianza.-
Por un momento nadie dijo nada, hasta que al fin Shaoran preguntó -¿Y vienes con los demás archimagos?-
-Si, solo que yo me adelanté. Ya saben. Soy el mas joven de todos. Vienen otros 67, casi todos entre los 65 y los 73 años de edad. El cuerpo ya no es lo mismo que la mente a esa edad.-
-¿Y de verdad estarán preparados para las batallas que se aproximan?-
-Recuerden que con la edad la mente se fortalece… y la mente de esos hechiceros si que es fuerte.-
Ni Yamazaki ni Shaoran replicaron al respecto. Lo que dijo Eriol era cierto. Justo entonces se escuchó el sonido de varios cascos de caballos que se acercaban con rapidez. Eran los archimagos de Dalaran. Llegaban todos envueltos en sus túnicas ceremoniales y llevando en alto sus báculos, montando esos briosos unicornios. Solo ellos llegaron desde Dalaran. Ningún mago u hechicero menor vino con ellos.
-Creí que vendrían otros magos aparte de la elite de Dalaran.-
-La magia mas especializada es el trabajo de los elfos. Ellos tienen a los mejores especialistas en hechizos de curación y fortalecimiento. Ni en Dalaran tenemos algo así dentro de nuestros magos de rango medio, y sus sacerdotisas poseen poderosos hechizos que pueden cambiar el curso de la batalla.-
-Muy impresionante.-
Eriol bajó la cabeza en ese momento. -Si… y por eso es que dije que son poderosos aliados… pero esa ira… esa rabia… y sus magos mas fuertes… que se hacen llamar magos de la sangre… están usando magia de fuego.-
Shaoran y Yamazaki abrieron los ojos por la sorpresa. Sabían que la magia de fuego se consideraba tabú entre los magos no malignos, pues esta siempre se asocia con la magia más peligrosa de todas… la demoníaca.
-… por eso también son traidores en potencia.-
El potente sonido de un cuerno de batalla se escuchó por todo el lugar. Era la señal de que todos debían reunirse con sus batallones y grupos y marchar… Algo grave estaba sucediendo.
-Bueno, creo que todos tenemos que tomar posiciones. Ha sido un placer verlos de nuevo, amigos. Espero que podamos tener un brindis mas tarde para festejar nuestra reunión. Hasta pronto, mis amigos.- y Eriol se fue a todo galope.
-Es bueno ver a alguien que además de simpático, es muy fuerte. ¿Cierto, Li?-
-De verdad que es cierto, mi buen Yamazaki. Ahora nosotros debemos movernos también.-
-Si.- Y ambos se unieron a sus respectivos grupos para iniciar la marcha.
El paso fue rápido, considerando el gran ejército reunido. Entre los héroes y las tropas de cada raza, eran fácilmente como 3000 unidades, y aun quedaban por llegar al punto de reunión otras 1000 o 1500, las cuales llegarían con mucho tiempo de retraso a donde la columna principal se encontraba. Desafortunadamente, eso incluía el apoyo aéreo, cortesía de los enanos. Para dirigir a tan inmenso ejercito, se habían escogido de antemano a dos héroes, aun entre sus propios grupos. Uno era un archimago que se había hecho de renombre al participar desde su juventud en el frente de batalla. Se contaba entre los más fuertes del Kirin Tor. Su nombre era Filotanus, mientras que el otro era uno de los más poderosos paladines de la Orden de la Mano de Plata, amado y querido por el pueblo de Lordaeron, se trataba de Augusto, Corazón de Dragón. Los enanos no protestaron por esta decisión, los elfos, si. Se necesitó mucha diplomacia para evitar que los elfos rompieran con la Alianza.
Ahora Filotanus y Augusto discutían por la situación actual. Recibieron un informe en el que decía que un enorme contingente del Azote avanzaba a su posición. Fácilmente serían cerca de 2500 unidades.
-Y si tomamos en cuenta que hay por lo menos 400 nigromantes en ese ejército, pueden aumentar el número de sus fuerzas con cada baja suya y nuestra.-
-Es verdad, maestro Filotanus. Y tampoco me gusta que estemos atravesando un bosque. Si no nos movemos rápido, corremos el riesgo de que el enemigo nos corte el paso aquí mismo o que no nos deje penetrar en la pradera que está más adelante. Podrían terminar encerrándonos aquí en un movimiento de tenazas.-
-Muy ciertas son sus palabras, paladín. Mejor es que apresuremos el paso.-
Una seña de Augusto y el cuerno sonó de nuevo indicando que apretaran el paso. Tras una hora de marcha, el ejército había logrado salir del bosque, pero nada más el último hombre de la retaguardia había avanzado 15 metros lejos del bosque, el cuerno sonó indicando alto total. Ante ellos, subiendo una suave pendiente de nos mas de 45 o 43 grados de inclinación y a escasos 1200 metros de la vanguardia, había una hilera de por lo menos 500 necrófagos, respaldados por 300 abominaciones.
-Estamos acorralados.- dijo resignado Filotanus. -No tenemos mas opción que llevar la batalla aquí.-
-Aun teniendo como desventaja el que ellos están en terreno elevado y que detrás de nosotros hay un bosque. Además, no podemos ver que hay subiendo la pendiente. No sabemos si esta es toda su vanguardia o si solo son un señuelo. Tampoco veo a sus héroes.-
-Hay que prepararnos, paladín. La batalla será aquí y si fallamos, Lordaeron caerá.-
-Preparemos las formaciones.-
De inmediato se dictaron las órdenes. Los soldados y los caballeros se distribuirían en tres grupos. Uno en el flanco derecho y otro en el izquierdo a fin de prevenir ataques laterales, mientras el tercero se quedaría en la vanguardia para que los caballeros inicien su carga o que los soldados encabecen la defensa con sus escudos. La artillería ligera estaría en las filas intermedias para evitar que entren al combate cuerpo a cuerpo y puedan disparar desde la protección que los soldados les brindarían. La artillería pesada, conformada por los enanos con morteros, se quedaría en las filas posteriores desde donde atacarían impunemente a la infantería enemiga. Dos grupos pequeños de soldados y caballeros se quedarían protegiendo la retaguardia, y si era necesario, servirían de refuerzos. Los sacerdotes y sacerdotisas elfos se intercalarían entre las columnas a fin de proporcionar apoyo y curación cuando hiciera falta. Los héroes estarían igualmente distribuidos de esta manera, con los reyes de la montaña y los paladines en las filas de vanguardia, mientras los magos de la sangre y los archimagos estarían en las filas intermedias.
Eriol quedó en el flanco derecho, por lo que sería difícil que entrara en batalla tan pronto, aunque el sabía que si la ventaja se inclinaba para ellos, los grupos de los flancos cerrarían una tenaza sobre las fuerzas de Azote. Eriol no lo admitía del todo, pero estaba nervioso y preocupado. Si, era muy poderoso; si, había estado en una pequeña escaramuza mientras investigaban al Azote, pero esto era su primera batalla real. Nada hay que lo prepare a uno para ello. Solo una cosa evitaba que cayera en la desesperación y el nerviosismo. "Tomoyo… que tus bendiciones sean mi guía en esta batalla."
-Es normal estar nervioso en la primera batalla, muchacho.- Eriol se volteó y observó tras de el a Filotanus.
-Maestro, no estoy tan… no es lo que…-
-Vamos, vamos, no hay vergüenza en tener algo de nervios o hasta miedo en una situación así. Recuerdo que en mi primera batalla tendría casi tú edad, pero no tenía ni la mitad de tú poder. No me da pena decir que hubiera preferido correr y enterrar mi cabeza en un agujero, pero es el pensar en huir y huir de verdad lo que diferencia a un cobarde de un valiente. Quien te diga que nunca ha tenido miedo en batalla, tal vez te esté mintiendo… excepto por los reyes de la montaña. Esos más bien parecen que buscan la muerte a cada segundo.-
-Jajajajaja.-
-Una sola persona puede ser siempre la diferencia. Ya sea aquel soldado que derrotó a un poderoso enemigo o el sacerdote que curó a ese soldado cuando parecía que moriría, todos hacemos una diferencia. Te lo digo por experiencia. Ten valor, chico. Verás que lograremos salir de este sitio vivos.-
-Gracias por sus palabras, maestro.-
Eriol se quedó mas tranquilo antes esas palabras, pero solo en cuanto a el mismo. Aun estaba muy preocupado por Shaoran y Yamazaki. Sus grupos quedaron al frente de la formación. Ellos serían los primeros en trabar combate. "Espero que todos salgamos con vida de aquí. Nuestras están mujeres esperándonos… Tomoyo… dame fuerza…"
En la segunda fila, Shaoran mantenía sus ojos cerrados… Solo había una cosa en su mente… Sakura… su rostro sonriente… sus finos cabellos jugando al viento… su hermosa sonrisa blanca como la nieve… sus ojos, verdes como las mas brillantes esmeraldas. Y también quiso recordar una cosa mas… su rostro destrozado por el dolor de su partida… lleno de lágrimas de dolor… El trajo a su mente esa escena por una sola razón…
"Para que recuerde que debo volver a ti… No quiero verte sufrir como ese día, mi Sakura… No quiero… y se que si algo me pasa aquí… ese rostro volverá a surgir en ti y nunca se apartará… No quiero ese rostro lleno de dolor en ti… sino uno alegre… el rostro siempre alegre que me has mostrado solo a mi, mi princesa… Y volveré para que ese rostro alegre sea nuestra insignia por el resto de nuestras vidas."
Algunas filas mas atrás, Yamazaki pensaba también en su ser especial.
"Chiharu… ¿Qué estarás haciendo ahora? Conociéndote, tal vez tú deliciosa ensalada de frutas. Como deseo probarla… y deseo probarte a ti también. Tú le diste sentido a mi vida. Lo supe desde ese día, a los 10 años en que entré al restaurante de tus padres por primera vez. Me tomó años… pero logré que vieras cuanto te amo… y que tú me correspondieras. Yo volveré a ti, mi amor… y cuando lo haga, nos casaremos… No concibo mi vida sin ti, mi Chiharu… y volveré a ti… volveré…"
Yamazaki apretó su mano y deseo que esos sentimientos llegaran hasta Chiharu, mas sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando se escuchó el inconfundible sonido de maquinaria siendo activada… específicamente, de catapultas. El Azote iniciaba la ofensiva, atacando con maquinaria de asedio ubicada tras de la cima de la pendiente.
Los objetos que arrojaron cayeron en las filas posteriores del grupo de vanguardia, matando a varios, pero el impacto no fue tanto físico, sino psicológico. Pronto se empezaron a escuchar gritos de terror de varios de los soldados. Shaoran volteo a ver porque tanto grito y lo que vio, le heló el corazón… las municiones que dispararon esas catapultas no eran rocas, sino torsos humanos aun frescos. Varios se habían desecho en pedazos, y otros seguían tan enteros como era lógicamente posible. No era de sorprenderse que el miedo empezara a cundir entre las tropas, y que ese miedo se hiciera mas evidente cuando se escuchó el sonido que delataba un segundo ataque. Los cuerpos cayeron muy cerca de donde estaba Yamazaki. Uno cayó lo suficientemente cerca de el como para matar a algunos de los que estaban a su lado y de permitirle ver ese cadáver a los ojos. Solo su fortaleza le impidió volver el estomago del asco.
La moral había bajado considerablemente con estas repugnantes muestras de la crueldad del Azote, y se hubiera dado una desbandada en masa de no ser por la poderosa voz de un hombre: Augusto, Corazón de Dragón.
-NO DEJEN QUE ESTAS ACCIONES DE LOS SERES DEL MAL DESTRUYAN SUS FUERZAS, SUS ESPERANZAS, SU FE. EL MALIGNO INTENTA DESTRUIR NUESTRA VOLUNTAD PARA QUE SUS ESBIRROS PUIEDAN REGODEARSE CON NUESTRA CARNE, DARSE UN FESTÍN SANGRIENTO CON NUESTRAS VIDAS. ¿Y LO VAMOS A PERMITIR? NO, PORQUE SOMOS VALIENTES. NO, PORQUE MUCHAS VIDAS ESTAN EN JUEGO, NO SOLO LAS NUESTRAS, SINO LAS DE TODOS LOS SERES QUE AMAMOS Y QUE DESEAMOS PROTEGER DE ESTAS ABERRACIONES A COSTA DE NUESTRAS VIDAS. ASÍ QUE REUNAMOS FUERZA, DEMOSTREMOLES A ESOS ENGENDROS INFERNALES QUE NUNCA NOS RENDIREMOS, QUE AUNQUE EL MIEDO INVADA NUESTROS CORAZONES, NUNCA, NUNCA INVADIRA NUESTRAS ALMAS, Y DE ELLAS OBTENDREMOS EL VALOR QUE NOS LLEVARÁ A LA VICTORIA.-
-SIIIIIIIIIIIIII-
-POR LA GENTE QUE AMAMOS.-
-SIIIIIIIIIIIII.- POR TODA LA GENTE DE ESTE MUNDO.-
-SIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIII.-
-TODOS A PELEAR POR LA VICTORIA.- Y una inmensa ovación se escuchó por todo el ejercito. Tanto Shaoran como Yamazaki también fueron inspirados por las palabras del respetado paladín, así que despejaron toda duda de sus corazones y se aprestaron para la batalla. Ellos no perderían… ganarían, sobrevivirían, y volverían junto a las mujeres a las que aman.
Se escuchó el cuerno una vez más. El momento había llegado. Los caballeros en la vanguardia bajaron sus lanzas.
-POR LORDAERON… POR EL REY.- Y los caballeros se lanzaron a la carga. Mientras avanzaban, todos ellos gritaban a todo pulmón, y entre esos gritos, se escuchó un nombre…
-SAKURAAAAAAAAA.-
Un tercer ataque del Azote llenó el cielo de cadáveres una vez más. Fueron cayendo en medio de los caballeros y aunque algunos fueron derribados de sus caballos para no levantarse jamás, el resto continuó su avance. Entonces de entre las filas de necrófagos y abominaciones apareció una figura nueva. Parecía un caballero, aun parecía vivo pero montaba un esqueleto de cabra tan grande como un caballo. Iba completamente recubierto de una armadura tan sólida como la de un caballero y en la mano izquierda llevaba una espada enorme. Augusto vio esto a lo lejos y no pudo evitar hacer una mueca de repulsión e ira.
-Perros traidores.-
-Increíble que entre las filas de los paladines haya traidores a su causa y a su fe.-
Filotanus bajó el rostro con pena, pues sabía que ese momento era doloroso para tan leal paladín. Ver a otros que en un momento fueron también paladines, pero que tentados por una oferta de mayor poder, de menores restricciones… de más batallas y mas sangre, se unieron incondicionalmente al Rey Lich para pelear en su nombre; se habían convertido en sus caballeros de la muerte.
El caballero de la muerte levantó su espada y soltó un feroz grito. -POR EL REY LICH.- Y las tropas del Azote se lanzaron contra los caballeros. En pocos segundos se dio el choque.
Muchos necrófagos quedaron aplastados por los cascos de los caballos, aunque varios caballeros también fueron derribados. La carga se detuvo en esas asquerosas paredes de carne que eran las abominaciones. Las bajas se dieron casi por igual en ese sentido. La fortaleza física de Shaoran quedó demostrada cuando él solo decapitó a una de esas monstruosidades. No pudo evitar sorprenderse de ello, sobre todo cuando recordaba que al primero lo habían matado entre varios y con mucho trabajo. El momento de que el resto del ejército se uniera había llegado. El cuerno resonó junto a la voz atronadora de ambos comandantes. -POR LA ALIANZA.- En ese momento todas las tropas de la Alianza se lanzaron al combate. De la cima de la pendiente empezaron a aparecer demonios de la cripta y mas necrófagos. En unos pocos minutos, la batalla había empezado en realidad.
Los soldados avanzaban hacia las filas de demonios de la cripta cubiertos por los certeros disparos de los tiradores enanos. Cada necrófago que se acercaba terminaba relleno de balas. Solo unos pocos lograron acercarse a los soldados pero no fueron problemas. Fue cuando entraron en el rango de ataque de los demonios de la cripta que los primeros soldados empezaron a caer. Nada había que los protegiera de esos diminutos escarabajos carnívoros. Los enanos aniquilaron a muchos, pero también ellos empezaban a ser devorados en vida. Los sacerdotes elfos lograban sanar a la mayoría, evitando que el número de bajas aumentara.
Una sacerdotisa elfa fue embestida por una abominación. Se escuchó ese horrible grito. -A ROMPER LA CARNE.- pero no logró intimidar a la elfa. Cuando la bestia ya había alzado su brazo para tratar de matar a la sacerdotisa, esta hizo un ademán con sus manos y la asquerosa y brutal bestia quedó transformada en una simple oveja. Cierto es que el hechizo no duraría mas allá de 15 minutos, pero también era cierto que normalmente no hay ovejas a mitad de una batalla. Alguien mataría al monstruo mientras estuviera en ese estado.
Mientras tanto, tres abominaciones rodeaban a un rey de la montaña. Este gritó desafiante- ¿QUIÉN VIENE PRIMERO? Vamos, tengo para todos.-
Las abominaciones se lanzaron a la vez. El poderoso enano golpeo el suelo con su mazo creando una potente onda de choque que aturdió a las abominaciones. De inmediato una de ellas fue derribada cuando el rey de la montaña le cortó ambas piernas de un golpe de su espada, para rápido cortarle la cabeza, la otra fue golpeada con salvajismo en el abdomen por el enano y un corte de espada terminó de cercenarlo. La tercera abominación logró derribar al enano con un potente golpe de su cuchillo de carnicero, pero lo único que logró fue abollarle la armadura y sacarle una sonrisa. -¿Con que muy listo, eh? TOMA ESTO.- El mazo del enano se cargó de energía eléctrica y luego lo lanzó a la cabeza de la bestia, haciendo que estallara.
-Esto no fue gran cosa. VAMOS, QUIERO MÁS ACCIÓN.-
Varios caballeros atacaban a un grupo de demonios de la cripta y los estaban venciendo, cuando un potente sonido se escuchó… se acercaba a toda velocidad como si fuera una muralla andante. Luego varias espinas brotaron del suelo en línea recta, empalando a cinco caballeros o partiéndolos por la mitad. Los que no fueron atrapados por las espinas vieron a quien las había creado. Era una bestia de apariencia insectoide, pero mas grande que una abominación. Su caparazón lucía como si fuera una poderosa armadura. Era un señor de la cripta, uno de los héroes del Azote.
-Gusanos miserables, los mataré en el nombre del Trono Congelado.-
El señor de la cripta clavó sus garras como sables en el suelo y una nueva andanada de espinas surgió, matando a todos los que estaban ante el. Dos soldados trataron de atacarlo por la espalda, pero terminaron clavándose ellos mismos en las enormes espinas que el señor de la cripta tenía en su caparazón. A pesar de su tamaño, el señor de la cripta era ágil, cosa que demostró al girarse rápido a hacia donde estaban los soldados y partiéndolos por la mitad de un golpe.
El grupo donde se encontraba Eriol recibió órdenes de entrar a la batalla y se inició el movimiento. Llegarían por un flanco, pero pronto fueron interceptados por varios necrófagos y demonios de la cripta. Eriol lazó su báculo, realizó una breve recitación y dos criaturas de agua se formaron para unirse a la lucha. De inmediato usó su hechizo de ventisca, con lo que creó una lluvia de cuchillas de hielo, devastando a casi todos los demonios de la cripta. Los soldados y los enanos se encargaron de los necrófagos y de toda alimaña que no había sido destruida por la magia de Eriol, quien pronto creó otras dos criaturas de agua mas. Eriol lucía agitado. No había entrado aun al fragor de la batalla y ya había hecho un gran esfuerzo. Ahora es que comprendía porque tanta meditación antes de la batalla.
No hubo más tiempo de pensar. Un nuevo grupo los atacaba, ahora eran necrófagos con abominaciones, pero entre ellos venía una figura alta y calva, con cuernos enormes en la cabeza y alas muy grandes, recubierta en una negra armadura. Por lo que sabían, ese era uno más de los héroes del Azote: un señor del terror.
-Vean a estos ilusos mortales. Todos ustedes comerán bien ahora. MATENLOS.-
Las bestias se lanzaron al ataque una vez más, y una vez mas Eriol se preparó para usar su ventisca, pero antes de que hiciera gesto alguno, mucho vapor negro se condensó en el suelo por donde pasaban las bestias y una enorme columna de fuego las envolvió, reduciendo a muchos necrófagos a cenizas y dejando muy malheridos a varias abominaciones. Un mago de la sangre había aparecido en el momento justo, y todos se lanzaron al ataque tras el.
-ESTÚPIDO ELFO, TE MATARÉ YO MISMO.- gritó enfurecido el señor del terror.
-Quiero ver eso, bestia malnacida.-
Ambos se lanzaron al combate, pero el señor del terror se detuvo un momento y de sus ojos surgió un brillo verde. El mago de la sangre sintió entonces mucha pesadez, sus parpados empezaban a cerrarse… en instantes se había quedado dormido. Soldados, caballeros y enanos empezaron a atacar con todo, pero el señor del terror respondió invocando un enorme grupo de murciélagos que voló entre ellos, rebanándolos como si fueran mantequilla. Los que sobrevivieron al ataque recibieron el impacto cuerpo a cuerpo de las abominaciones. Soldados, caballeros, enanos y hasta sacerdotes. Todos caían por igual ante las feroces bestias… y parecía que con cada golpe que daban, cada soldado que mataban, sus heridas empezaban a sanar. Eriol lo dedujo de inmediato: el señor del terror emitía un aura que hacía que con cada gota de sangre que tocara a las abominaciones, sus heridas empezaran a sanar. Eriol trató de lanzarse al combate, pero una abominación le cortó el paso. Eriol sabía que la abominación podía destrozarlo en segundos, así que invocó más criaturas de agua y las mandó a atacar a la abominación. En efecto, el monstruo respondió a las criaturas e ignoró a nuestro amigo. Pronto algunos soldados se acercaron para tratar de matar a la bestia. Cuando Eriol pudo ir tras el señor del terror, este ya estaba destrozando el pecho del mago de la sangre. La única defensa del mago fue hacer un ademán que transformó al señor del terror en una figura etérea. Pasaba sus garras por el cuerpo del elfo, pero lo atravesaba como si fuera un fantasma.
-Tú… maguito… esta bestia… no puede hacer ni recibir… daño físico… pero recibe daño mágico… amplificado… Usa un hechizo… Y MATALO.-
Eriol no dijo nada, solo se preparó para usar la ventisca.
-No harás ningún hechizo, archimago.-
El señor del terror se preparó para dormir a Eriol, pero sintió como si su energía mágica fuera drenada. El elfo usó un hechizo para absorber su magia.
-Ese es… mi último regalo… desgraciado…-
El señor del terror no pudo responder. Una andanada de cuchillas de hielo cayó sobre el, haciéndole el doble de daño y destruyéndolo por completo. Solo un grito ahogado y el señor del terror de deshizo como si hubiera estado hecho de murciélagos y neblina.
Eriol se acercó al mago agonizante. -Debo agradecerte por haberme salvado la vida, y en verdad…-
-No digas mas… niño… yo moriré… e iré con los míos… Tú lucha… que si te distraes, te… matarán…- y dicho eso el mago de la sangre murió.
Eriol sacudió su cabeza y se encaminó de nuevo al fragor de la batalla.
Por su parte Shaoran había liquidado, solo o con ayuda, a más de 9 abominaciones, como 19 demonios de la cripta y tantos necrófagos que ya hasta había perdido la cuenta. A el lo habían rasguñado varias veces, algunos escarabajos habían masticado sus piernas y una abominación le había dejado un brazo inutilizado, pero todas esas heridas habían sido sanadas por completo por sacerdotes elfos. Ahora una nueva abominación se le acercaba, mas Shaoran fue hechizado por un sacerdote con un hechizo llamado "fuego interior". Esta magia le brindó mayor fuerza, agilidad y resistencia, con lo cual cuando la abominación atacó, Shaoran respondió con fuerza arrancándole un brazo y partiéndolo en dos como si cortara papel. Luego emprendió una carga contra algunos demonios de la cripta. Dos caballeros más se le unieron. De esos demonios de la cripta no quedó gran cosa. Hasta ahora la batalla estaba inclinada a su favor, y eso tranquilizaba a Shaoran. Lo único que le preocupaba ahora es que hacia mucho que le había perdido el rastro a Yamazaki. No sabía en donde estaba… o en que estado.
-Tengo que encontrarlo.- Cuando pensaba en eso, se escuchó un ruido en el aire… al fin los refuerzos aéreos habían llegado.
Varias maquinas voladoras tripuladas por enanos aparecieron en el campo de batalla. Pronto comenzaron a dejar caer bombas sobre los enemigos. El Azote no tenía nada con que defenderse del ataque aéreo. Pero los enanos no llegaron solos. También llegó apoyo elfo desde el aire, en la forma de jinetes de halcones-dragón. Ellos descendían a una altura tal que sus monturas podían agitar sus alas y crear una nube mágica que impedía que quien estuviera dentro pudiera atacar. Los enanos pudieron matar fácilmente a muchas unidades enemigas de esta forma. Si, todo indicaba que la batalla sería para la Alianza, pero el sonido del cuerno indicando que la retaguardia se uniera al combate, fue una señal de que tal vez no era tiempo de cantar victoria.
Augusto y Filotanus recibieron el reporte de lo que habían visto desde el aire: infinidad de muertos vivientes de todo tipo esperaban su momento de luchar. Por eso se había dado la orden de un ataque total. No debían darle al enemigo ventaja alguna. De la pendiente comenzaron a descender los refuerzos del Azote. Una ola de necrófagos, abominaciones, así como los temidos nigromantes. También aparecieron enormes vagones que llevaban enfrente unas cuchillas como para arrancar cosas del suelo y tenazas que las empujaban hacia unos rodillos. Estas eran las maquinas que habían atacado al inicio del combate. Se llamaban vagones de carne. Esas máquinas se acercaron a donde estaban los caídos y empezaban a almacenar los cadáveres dentro de si. Se podían escuchar los gritos de los que aun no estaban muertos mientras los rodillos los prensaban. Las maquinas voladoras se lanzaron a atacarlas. Cada cadáver almacenado por el Azote era una unidad nueva y lista para luchar otro día.
Varios demonios de la cripta escoltaban a los vagones de carne y cuando las maquinas voladoras se acercaron, quedaron enredadas en redes escupidas por los demonios de la cripta. Allí los pilotos fueron tragados vivos por los escarabajos que los demonios soltaban, y cada soldado o caballero que se acercaba a los vagones, era atacado sin piedad.
Un nuevo sonido se escuchó en el aire. Varias figuras como murciélagos aparecieron desde el lado del Azote. Eran gárgolas. Estas volaron con precisión entre las máquinas voladoras y los halcones-dragón. Los enanos atacaban a las gárgolas desde sus máquinas con un invento suyo que llamaban metralletas. Muchas gárgolas cayeron al suelo con las alas destrozadas, pero muchas mas usaron sus alas para destrozar las maquinas voladoras. En verdad que esas alas eran fuertes y afiladas como navajas. Máquinas, pilotos, jinetes de halcones-dragón y las mismas monturas… Empezaban a caer hechos pedazos como si estuviera lloviendo sangre. Un detalle era claro: el Azote tenía una ventaja absoluta en el aire.
Shaoran luchaba aun bajo los efectos del fuego interior al lado de un grupo de caballeros y soldados. Un nuevo grupo de abominaciones y nigromantes apareció. Shaoran y los demás se lanzaron al ataque. El se preparó para atacar a un nigromante, pero este respondió con un ademán de su mano. Shaoran sintió como si cada articulación de su cuerpo fuera acuchillada con brutalidad. No podía moverse bien.
-Que esto te sirva de lección, basura.- dijo el nigromante, y una abominación lo habría matado sino fuera porque de repente esa abominación se transformó en oveja. Una sacerdotisa le había salvado la vida. Apenas y pudo agradecerle. No podía ni abrir la boca sin sentir que se la estaban desgarrando, pero luego sintió como su cuerpo se sentía bien una vez mas. Un sacerdote había disipado la magia que lo aquejaba, así que Shaoran sonrió con malicia y le dijo al nigromante. -Déjame darte las gracias por este favor, miserable.-
En segundos, ese nigromante yacía sin vida en el suelo. Shaoran se preparó para enfrentar más de ellos, cuando un escalofrío como nunca antes había sentido, recorrió su cuerpo de pies a cabeza, casi derribándolo de Relámpago. Cuando volteo a ver de donde venía, se dio cuenta de que un caballero de la muerte le estaba apuntando con su espada.
-No caíste del caballo… Eres muy fuerte. Tú sangre será un esplendido banquete para mi espada.-
Shaoran agitó su cabeza para despejarse.
-Resististe una espiral de la muerte sin problemas, niño. Ahora pelea si no quieres morir como un cobarde.-
Shaoran cerró sus ojos un segundo. Trajo a su mente la razón por la que luchaba… Sakura… y se lanzó al ataque. Su espada chocó con la enorme espada del caballero de la muerte.
A pesar de que el héroe del Azote tenía un arma más grande e incluso más destreza, y que Shaoran estaba debilitado por las espiral de la muerte, el resistió el brutal impacto y contestó el ataque. El caballero de la muerte se defendió con un movimiento, y aprovechando la inercia, dio un golpe feroz que derribó a Shaoran de su Relámpago. Cuando Shaoran se recuperó de la caída, pudo ver que su leal caballo, su compañero de siempre, yacía muerto.
-No… esto no está pasando…-
Shaoran se enfureció. Empuñó su espada y encaró al caballero de la muerte. No pudo evitar notar su espada. Aunque el caballero la había usado para matar a Relámpago, no había una sola gota de sangre en su hoja.
-Supongo te preguntarás como es que no hay ni una gota de la sangre de tú jamelgo en mi espada. Esta es una espada rúnica, una espada que absorbe la sangre de aquellos a los que hiere, haciéndose más fuerte con cada vida que cosecha, aun con la de tú insípido potro.-
Shaoran atacó lleno de ira. El caballero de la muerte bloqueó ese ataque y pasó a la ofensiva, pero Shaoran esquivó el ataque y aprovechó el espacio para darle un golpe a su rival con el que lo derribó de su montura. No dio tiempo a que se levantara y de inmediato trató de rematarlo. El caballero giró en el suelo para esquivar el golpe y reincorporarse a la vez. Puede que Shaoran estuviera envuelto de furia, pero no se descuidaría. No dejaría que la ira dominara sus movimientos, solo dejaría que los encausara mejor. Un nuevo choque, las espadas sonaron con fuerza. Ambos rivales retrocedieron por la inercia de los impactos. El caballero de la muerte intentó una estocada recta que Shaoran desvió con un golpe de su espada y siguiendo el ejemplo de su rival, uso el impulso del choque para atacarlo y logró hacerle una profunda herida en el brazo. La sangre del caballero de la muerte aun era roja y tibia. En verdad no estaba muerto. Solo había vendido su alma a Ner´zhul.
-No esta mal, chiquillo. Me gustaría seguir con esto más rato, pero llegó la hora de terminar con este juego.-
El caballero atacó a Shaoran con toda su fuerza. El bloqueó el ataque y lo hizo retroceder. Shaoran trató de tomar de nuevo la iniciativa, pero la espada del caballero de la muerte se iluminó con una energía verdosa, que fue disparada justo al pecho de Shaoran. Recibía el impacto de la espiral de la muerte una vez más… Shaoran sintió como si sus pies fueran de barro. Solo su valor y el recuerdo de su Sakura le daban fuerza para no soltar su espada. El caballero de la muerte atacó una vez mas, Shaoran bloqueo de nuevo el ataque, pero el impacto lo hizo trastabillar… quedó vulnerable… el caballero de la muerte dio un giro…
Una taza caía al suelo en la mansión Kinomoto. Un movimiento descuidado de las manos de Sakura había llevado esa taza a caer mientras la lavaba. Recogió los pedazos con mucho cuidado, esperando poder repararla. Después de todo, esa taza era un regalo de Shaoran. Cuando levantó los pedazos, no pudo evitar cerrar los ojos y traer a su mente la hermosa sonrisa de su amado.
"Shaoran… mi Shaoran… por favor, vuelve pronto… Sigo rezando porque estés bien."
Shaoran caía en ese momento al suelo… sus ojos… su boca… abiertos al máximo… su espada caía al suelo… en su pecho había una herida muy profunda que iniciaba desde la base del abdomen e iba en diagonal de abajo hacia arriba, casi seccionándole el brazo derecho… era una herida fatal… El caballero de la muerte tenía su espada en alto… la sangre de Shaoran era absorbida por esa siniestra arma… El guerrero corrompido observó una vez más a su víctima y escupió sobre ella. Soltó una carcajada para luego subir a su montura y volver a la batalla.
Shaoran sentía como un frío indescriptible recorría su cuerpo… los sonidos del fragor del combate disminuían… todo se tornaba negro… solo un pensamiento mas…
"Sa…Sakura… perdóname…"
Y después de eso… todo fue oscuridad… oscuridad y nada mas.
Continuará…
Se que mas de uno estará mas que molesto conmigo, tanto por esperar tanto tiempo mi actualización, como por terminar este capítulo como lo hice… aunque molesto tal vez sea poco. Solo les pido una cosa: paciencia. Esto no se quedará así. Tendré el nuevo capítulo en una semana o incluso en menos tiempo. Verán como aun en la más terrible oscuridad, hay una luz: esperanza… Como la noche solo es mas oscura cuando está cerca el amanecer. Volveré en muy poco tiempo. Hasta entonces, les deseo se pasen una muy feliz navidad en compañía de sus seres queridos. Nos veremos muy pronto. Se me cuidan. Hasta dentro de muy poco.
