Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no me pertenecen, toda esta historia no seria posible sin el genio Hiromu Arakawa. Este Fic tiene contenido Slash M/M (es decir relaciones amorosas/sexuales entre dos hombres). Homofóbicos por favor retirarse de aquí.

Nota Especial: Este es mi primer FanFic yaoi; antes había escrito cosas Slash pero eran personajes propios, después de leer tantos FanFics yaoi y obsesionarme con FMA nació esto . Así que eso, si me pueden hacer una favor dejen un review con un comentario crítico, gracias.

Capítulo 03: Ley de Intercambio Equivalente

- ¿Un favor, Roy-sama? – Ed se inclinó un poco hacía atrás ya que sentía que el pelinegro estaba demasiado cerca.

- Sí… Es todo parte del intercambio equivalente, chico. – Roy se rió un poco al ver que el rubio se cohibía con esa cercanía, al verlo así le parecía tierno y por segundos comprendió a todos esos sujetos que lo acosaban. – ¿Lo harás?

- Supongo que sí… - Ed ya no podía echarse más atrás ya que si lo hacía, se caería de la silla. – Sólo diga que quiere…

- Sé que quizás no te guste la idea, pero ya verás que al final la pasarás bien… Yo necesito que tú… -Roy miró fijamente a Edward y hubo una pausa silenciosa que se volvió tensa e incomoda para el rubio. – Necesito que me laves la ropa.

Ed no pudo evitar reírse un poco ¿Eso era todo lo que Roy quería pedirle? Se había imaginado toda clase de cosas y ahora que ya sabía lo que Roy quería le parecía un juego de niños.

- ¿Eso es todo? – El chico sonrió divertido.

- Si quieres puedes ayudarme a firmar papeles.

- Ok, no hay problema. – Le gustaba mucho la idea de pasar el rato junto a él, claro, podría ser que tuviera que trabajar mucho pero prefería eso a entrenar en el campo o pasearse por el campamento sintiendo miradas intensas sobre él. Se paró de la mesa, se arremangó las mangas de la camisa y le dedicó una rápida sonrisa al pelinegro. - ¿Qué ropa debo lavar?

Roy le sonrió de vuelta al rubio, lo tomó por el brazo y lo dirigió a su habitación. Allí había unas pequeñas montañas con mucha ropa; camisas, pantalones, camisetas, ropa interior y demaces, todas tiradas sobre el suelo y se veía que estaban bastante sucias. Edward no lo podía creer¿aquel hombre que parecía tan correcto era así de sucio?...

- ¿Debo lavar todo esto? – Edward sentía como latía un pequeño tic en su ojo por el asombro.

- Ya aceptaste… - Roy tomó una bolsa de basura vacía y se la tendió al muchacho riéndose. – No tienes elección. Toma, echa todo acá.

En eso estuvo Edward largo rato, recogiendo todo y seleccionando la ropa blanca y la de color. Cuando ya hubo terminado, Roy le mostró dónde estaba la lavandería de los superiores. Ed se quedó allí solo, esperando que la gran cantidad de ropa terminara de lavarse.

Quizás era un trabajo tedioso, pero no importaba, sentía que le debía mucho a aquel hombre.

Luego secó la ropa y la planchó cómo pudo, ya que no sabía hacerlo muy bien. Cuando llegó a la habitación de Roy él se encontraba firmando uno de una gran pila de papeles.

- Listo, Roy-sama. – Dijo el muchacho entrando con la gran bolsa de ropa.

- Muy bien. – El pelinegro se paró y le ayudó a Ed a llevar la ropa a su habitación. – Muchas gracias, Ed.

Después los dos se sentaron a la mesa a revisar papeles y firmarlos. Roy le enseñó al rubio a imitar su firma impecablemente. Lo cual al joven alquimista le pareció ilegal pero pronto dejó de importarle, ya que le gustaba que Roy le enseñara a hacer cosas nuevas, y simplemente le encantaba su compañía.

Y así se quedaron los dos; leyendo, revisando, firmando o rechazando papeles. La gran ruma de ellos fue disminuyendo rápidamente. El día fue avanzando sin que lo pudieran notar, para cuando terminaron ya eran las 2 de la tarde.

- Ed¿quieres comer algo? - Ofreció el ojirazgado.

- Sería genial. – Respondió él. – ¿Te ayudo en algo?

- No, por hoy ya has hecho mucho. – Roy sonrió abiertamente y apoyó su mano en su hombro, no sabía como pero estaba empezando a sentir gran afecto por ese muchacho amigable y ameno. – Tú solo quédate acá y espera.

Roy entró en su pequeña cocina y sacó del refrigerador cosas para preparar una merienda. Hizo su mejor menú, quería agradecer como correspondía al chico y ganar su simpatía. Estaba cortando pescado y picando vegetales, hizo arroz y armó todo rápidamente.

- El menú de hoy es… - Roy se asomó por la puerta de su cocina con una sonrisa triunfal. - ¡Sushi!

Ed no tenía la menor idea de lo que el "Sushi" era pero lo probó y le gustó enseguida. Comieron y rieron mucho, fue una merienda muy agradable.

Al rato el muchacho tuvo que despedirse, tenía que ir a hablar con Winry para aclarar el asunto de los rumores. Se la encontró en el comedor común, hablando con unas amigas, y todas ellas al notar que Edward se acercaba a su mesa, adoptaban poses coquetas y más de una se sonrojaba y sonreía tímidamente. Todo esto al chico lo ponía muy molesto; ellas no lo conocían para nada y actuaban como si de verdad les gustara: "¿Porqué no podrán comportarse como personas normales?" pensaba Ed tratando de no mirarlas y no oír su risa.

- Winry-chan… - Saludó Ed con una pequeña inclinación de cabeza y una sonrisa.

- ¡Al fin nos vemos, Ed-chan! – La chica se levantó rápidamente de su asiento y se despidió de sus amigas con un movimiento de mano. – Tenemos mucho de qué hablar.

Salieron los dos del comedor y caminaron hacía la barraca de la rubia. Ed partió preguntándole si había hablado con Mustang acerca del plan del rumor. Ella lo corroboró.

- ¡Sí!, ayer él vino a verme a mi entrenamiento. – Explicó ella. – Antes creía que era un tipo arrogante y testarudo pero ahora me parece muy agradable.

Edward no respondió; solo permanecía mirando hacía adelante inexpresivo.

- ¿Qué pasa¿No crees que es atractivo? – La chica preguntó mirando a Ed a los ojos.

- ¡Winry¡Él es un hombre! – Ed volteó a ver a la rubia que sonreía cómplicemente. - ¿Y porqué esa sonrisa¿ahora tú también eres una admiradora?

- No, no es nada cómo eso… – Ella notó el sarcasmo y el enojo en la voz de Edward. – Relájate, yo ya tengo a alguien que me gusta.

Ed se sobresaltó¿Winry tendría una pareja dentro del ejercito?… Sin pensarlo mucho formuló la pregunta, a lo que ella respondió:

- Sí, pero no quiero que uds. dos se conozcan aún… espero que puedas comprenderlo… - El chico asintió. Ed Estaba intrigado, según él sabía, las relaciones entre soldados estaban terminantemente prohibidas. – Y dime Ed… ¿no hay nadie que te guste?

- Yo… - Él pensó rápidamente en muchas cosas, en muchas personas y en fracciones de segundos analizó sus sentimientos. –…Supongo que no.

- Es una lástima, siendo que hay tantas (y tantos) que gustan de ti. – La chica rió suavemente. – Bien, nos fuimos del tema¿qué querías preguntar acerca del plan del rumor?

- Quería saber qué les has dicho a las chicas.

- Bien, le he dicho a unas muchachas que nosotros somos pareja y me encargué de decírselo a las más "boca-floja" para que esparzan rápidamente la información.

- Bien hecho. – Dijo Ed, sonriendo levemente. – Ahora supongo de que hay que encargarnos de que nos vean juntos… no besándonos ni nada, solo caminando juntos ¿Te parece?

- Sí está bien. – Winry le tendió la mano para despedirse cuando llegaron frente a la barraca de la chica. – Ed-chan, debo entrar, nos vemos.

- Hasta mañana, querida. – Ed dijo esto un poco fuerte y lento para pudiera oírlo una chica que pasaba cerca de allí. Y le guiñó un ojo a Winry para que comprendiera su acción.

- Muy bien hecho, Ed-chan. – Susurró ella y ambos partieron a sus respectivas barracas.

Cuando Ed llegó allá encontró una nueva nota del Coronel:

"Mi estimado Edward:

Creo que mis cálculos de intercambio Equivalente fallaron; hoy me pasé en pedirte que hicieras tanto por mí. Ésta noche la tengo libre y quiero recompensarte invitándote la cena de hoy. Si quieres venir, te espero dónde siempre a las 2000 horas.

-------------------------R.M-----------------------------"

Después de ir tomar una ducha y ordenar un poco, Ed tomó la decisión de ir a ver al Coronel. Se puso lo más decente que encontró y partió hacía el edificio de los departamentos de los superiores.

Él estaba esperándolo con una cena servida, y una gran sonrisa de bienvenida.

- Ed, me alegra que hayas venido. – El rubio entró en la habitación y se sentó junto a Roy quien vestía una camisa negra y unos pantalones de tela con un muy buen corte. El rubio se extrañó un poco al verlo con ropa de calle y tan arreglado también, en su fuero interno se alegraba de que el pelinegro se preocupara de su presentación personal sólo por él y luego se avergonzó un poco por el descuido que é mismo había tenido, y por eso mismo el próximo comentario de Mustang lo sorprendió y alegró al mismo tiempo. – Te ves muy bien.

La cena comenzaba con una ensalada, continuaba con un asado y terminaba con un delicioso postre, al parecer Roy se había esmerado de verdad. La charla fue amena y liviana, intercambiaron anécdotas y se relataron mutuamente un poco de su pasado y así descubrieron que sus vidas no eran tan diferentes y que en cierta forma se parecían mucho; ambos tenían grandes sueños y luchaban por ellos día a día.

Cuando la cena hubo terminado el rubio comentó:

- Roy todo estaba exquisito… lo hiciste tú¿cierto? – El pelinegro rió un poco

- Gracias, sí lo hice yo¿dudas de mis capacidades? – Ambos rieron livianamente. – Pero aún falta la mejor parte.

- ¿Cuál? – Preguntó Ed sonriendo con una ceja alzada.

- Bien… Espera. – Roy fue a la cocina y regresó con dos botellas de Vodka. – Ésta.

Ed miró dudoso a Roy… Estaba segurísimo de que el licor estaba prohibido en el servicio. Pero si Roy lo hacía ya no dudaba tanto. El pelinegro sacó dos copas y sirvió un poco de del cristalino líquido en cada uno.

- ¿Gustas? - Roy le ofreció una copa al muchacho. Este aceptó. – Al principio puede sentirse un poco fuerte, pero luego te acostumbras.

- ¿Y porqué brindaremos, Roy-sama? – Preguntó alzando un poco la fina copa.

- Por ésta nueva amistad, Edward. – Ambos sonrieron cómplicemente y juntaron sus copas.

- ¡Salud! – Dijeron al unísono y dieron un profundo trago.

Desde ahí en adelante las cosas se tornaron vertiginosas para el joven alquimista, el licor hizo rápido efecto en su sangre y antes de que pudiera darse cuenta estaba sentado junto a Mustang en el sofá con la luz apagada, hablando de cosas un tanto personales, pero el alcohol le hacía preocuparse menos por su intimidad y minuto a minuto perdía su sentido común.

- Dígame Coronel… ¿Es usted virgen? – Preguntó Edward en un estado obviamente ebrio. Roy se rió sonoramente.

- Tengo casi el doble de tu edad¿crees tú que lo sea?

- No tengo porqué saberlo, Coronel.

- Bien… digamos que he hecho cosas que tú ni siquiera imaginarías.

- ¿Ah sí? – Ed se incorporó un poco para ver mejor a su superior y le dio un sorbo a su copa. - ¿Cómo qué?

- Cómo… - Roy arqueó las cejas. - ¡Hey! Dijimos que era una pregunta por turno.

- OK, ok… Su turno. – Ed volvió a acomodarse en el sofá con cierta intriga en su mente. – Pregunte lo que quiera.

- ¿Lo que quiera? Ok, te la pongo difícil… ¿Eres tú virgen, Edward?

- Supongo que yo también he hecho cosas que ud. difícilmente imaginaría…

- ¿En serio? Lo dudo…

- Dude lo que quiera… Yo sé lo que he hecho con mi cuerpo. – Ed reía y sonreía lascivamente, ya ni siquiera contaba con sus cinco sentidos… no sabía bien lo que decía.

- Ok, Ed, creo que has bebido demasiado. – Roy se levantó del sofá y tomó al rubio por los costados para ayudarle a levantarse pero ninguno de los dos podía mantenerse en pie así que cayeron los dos al sofá de vuelta. - ¡Lo siento, Ed! Yo…

Pero antes de que terminara la frase Ed, estaba pasando sus brazos por el cuello de Roy para apegarse a él. Roy se sorprendió mucho, allí estaba Ed, debajo de él y abrazándolo con fuerza. No sabía muy bien qué decir o hacer.

- Coronel¿no hay nadie que le guste? – Ed escondió su rostro en el cuello de Mustang buscando calor.

- Ed¿porqué haces esto? - Roy se sentía extraño y las palabras no salían bien.

- Me siento solo Roy, por favor quédate así un poco conmigo. – Ed se separó un poco de Roy y lo miró a la cara sonriendo calmadamente. - ¿alguna vez te han dicho que eres muy atractivo?

En vez de responder Roy pasó sus brazos por la espalda de Edward y lo apretó contra sí. Se quedó un rato así, sólo escuchando su respiración y de vez en cuando mirando esos ojos que secretamente le pedían algo.

Quizás fue efecto del alcohol, quizás fue la mirada de Edward o quizás fueron ambas cosas, pero Roy ya no pensaba coherentemente y tampoco comprendía lo que estaba sintiendo; se sentó en el sofá y sentó a Edward sobre sus piernas.

- Yo también me siento solo… y necesito cosas… - Roy tomó la mano del rubio y la guió a su entrepierna. – Ed¿podrías hacerme un nuevo favor?

Ed se sobresaltó un poco al comprender el estado del pelinegro, pero ya era demasiado tarde, sus sentidos se habían ido y en ese momento estaba dispuesto a cualquier cosa para complacer a Roy. Y asintiendo se bajó de sus piernas para ponerse en cuclillas frente a él y ayudarle a bajar el cierre de su pantalón.

El pelinegro sacó desde dentro aquello que molestaba debido a su rigidez, y pudo ver que el rubio mostraba una expresión dudosa al mirarlo.

- Edward, sólo es un favorcito entre amigos¿ok? – Ed asintió y se acercó más a su entrepierna.

Sin mayor preámbulo y saber muy bien que hacer, lo metió todo en su boca y comenzó a pasar su lengua por su contorno.

- Chibi, succiona. – Recomendó el pelinegro apoyando una de sus manos en la cabeza de Ed.

El muchacho obedeció y como pudo empezó a succionarlo, no pasaron muchos minutos cuando ya se escuchaban fuertes gemidos saliendo de la boca de Mustang.

- Lo haces muy bien, Chibi. – Sonrió pasando sus dedos por entre los rubios y suaves cabellos de Ed. – Aaaah, si sigues así, pronto voy a terminar.

Edward no escuchó mayormente y continuó su labor, y mientras lo hacía podía escuchar los gemidos que cada vez se hacían más fuertes y desesperados, subió un poco la vista y contempló la expresión llena de placer de su superior, sintió que un fuerte escalofrió recorrió su espalda y también sintió que su propio cuerpo comenzaba reaccionar. Para hacer que Roy terminara pronto ayudó a su boca con una de sus manos a lo que el pelinegro respondió con gemidos que casi se volvían gritos.

- Chibi, trágalo, por favor. – Pidió entre gemidos momentos antes de venirse en la boca de Ed.

Una vez más Ed obedeció y tragó todo. Y se dejó caer sobre las piernas de Mustang algo cansado. Intentó normalizar su respiración pero comprendió que era inútil… él también necesitaba ayuda.

- Roy, yo… también… - Fue todo lo que el muchacho necesitó decir para que su superior comprendiera lo que quería, o más bien necesitaba.

Y sonriendo Roy tomó a Ed en brazos y lo llevó a su habitación.

Ed miró con algo de preocupación a Roy mientras este lo depositaba lentamente en su cama. Tomó el rostro de Roy entre sus manos y preguntó mirándolo a los ojos.

- Roy-sama… ¿Qué vas a hacerme?