Pairings: SxJ, YYxY y otras.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Las organizaciones aquí utilizadas pertenecen a sí mismas y sólo serán utilizadas para este fic con fines de entretención, sin ser usadas para menoscabarlas.
Warning: Es un fic yaoi (chicoxchico), así que si no te gusta este género, será mejor que huyas. Lemon. Sadomasoquismo. Mpreg. Contenido hetero. Violencia. En algunos casos, AU y personajes OCC.
CAMPAÑA: Me sumo a la campaña liderada por nuestra amiga Katrinna, no permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo, así que si conoces una historia Robada, por favor denúnciala a sus respectivos dueños. No es justo que nuestras horas de dedicación se vayan a la basura y se vean inmiscuidas en una total falta de respeto para el Autor y los lectores. Que sea este pequeño aviso lo único que plagiemos porque entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
MENTIRAS AL ACECHO
By Darling Kitty
Parte II: Amores Perros
Mientras todos veían como invertir y pavonearse de sus millones al son de copas llenas de champagne, el más pequeño de los Kaiba se sentaba en el suelo del jardín de la gran mansión, sin importarle que el traje que tenía puesto costara miles de dólares. Estaba más pendiente de maldecir su suerte por tener un apellido que nunca ha deseado.
Apellido, que por cierto, era el que lo había mantenido encerrado, pero su hermano es quien lo ha querido así, y lo que ordenaba Seto, era lo que se hacía.
Siempre había sido así, sólo en los tiempos en que estaba vivo su difunto padre biológico, de lo poco y nada que se acordaba, las cosas eran muy distintas. Luego que él murió, el castaño se había tomado demasiado en serio su rol de hermano mayor.
Y es que recién se está cuestionando si ese chico taciturno ha hecho las cosas correctamente.
¡Eso no quiere decir que no lo quisiera! Al contrario, es la persona quien más quiere y admira en el mundo, reconoce perfectamente que él no habría podido sobrevivir si hubiera estado en los zapatos de su hermano.
Sin embargo…
Todo sería mucho más fácil si no fuera un "Kaiba".
Por mucho que Seto parloteara que es un hombre práctico y con los pies en la tierra, es un hombre de sueños. La única diferencia con los demás es que tenía la capacidad y los medios para conseguirlo.
¿Y los suyos¿Dónde estaban?
Tenía el talento.
Tenía las ganas de luchar.
Tenía amigos con el mismo fin.
¿Qué es lo que le faltaba? Un hermano con la mente tan cerrada como su caja fuerte y que nunca lo dejaría estar en una banda… ¿Para qué querían más dinero si ya tenían todo lo que necesitaban? Seto estaba en la cima del mundo, Gozaburo estaba muerto… ya no tenía que demostrarle nada a nadie.
O quizá, sí…
"Siempre andas encima de alguien para cuidarlo… ¡Si eres tú quien quiere que lo protejan! Mírate, pareces un gato asustado. Déjame en paz… Yo SI puedo resolver MIS cosas por mi cuenta, Se-chan…"
Era su único recuerdo nítido de su más tierna infancia. Esa fue la primera frase que le cambió al ojiazul de ver el mundo; inocentes palabras que hicieron que el switch de su hermano comenzara lentamente a moverse para llegar a ser el que era en el presente. Esa oración oírla a los ocho años, junto con algunos factores, puede ser lo más fuerte e influyente para un niño de lo que se podría pensar.
Muchas veces había llegado a concluir su padrastro afinó muchos detalles de la manera de ser del castaño, sobretodo, en el plano de la frialdad para tomar sus asuntos. Pero la determinación y su avidez por tener el control, empezó a gestarse mucho antes de que quedaran huérfanos.
Pero por querer tener Seto todo amarrado en sus manos, él mismo estaba metido en el saco y sentía que se encontraba sin salida.
Miró al vacío y suspiró, sin advertir que alguien llegaba muy atrasado a la fiesta y con cara de perdido, quien observó al chico como el salvavidas que podría sacarlo aquella "selva".
- Disculpe… - le habló el extraño a una prudente distancia, quien se frustró cuando vio que el pequeñajo maleducado no le ponía atención. Menos mal que ésta era una recepción de etiqueta.
"…"
- Perdón, ando perdido yo… - Mokuba comenzó a percibir un zumbido, que no le hacía nada de bien a su cabeza. Normalmente no era así, mas había comprobado que su paciencia en momentos de reflexión era mínima. Sólo pedía un momento de paz, y se encontraba con este extranjero perdido - ¿se siente bien?
Esta fue la gota que rebalsó el vaso. Tremendo problema que tenía y éste le pregunta que si se siente bien.
"Noooooooo… ando así porque quiero construir una piscina a lo tío Mc Rico y nadar en mis billetes… mi dilema es que no sé si hacerla cuadrada u ovalada"
El problema de este desconocido era precisamente que su instinto paternal lo tenía demasiado elevado con tanto "niño" en su casa, a sus veinticinco años, era el maduro de su peculiar familia. La recepción poco amable no obstó para que el chiquillo le cayera en gracia, en consecuencia, insistió con un toque amistoso en el hombro del menor.
Sin embargo, Mokuba no pensaba lo mismo. Que moleste al señor importante que estaba adentro… por qué a él le pasaban estas cosas…
De un solo manotazo brusco, sacó la mano.
- ¡OIGA! DEJEME SOLO… QUe no… quiero… hablar… con… na… die… – la voz del chico se diluyó al dirigir su vista hacia el extraño.
Había visto muchas cosas en su vida, pero nada semejante… Ni su imaginación era tan extensa como para crear en su mente la imagen que tenía al frente
La noche y él hacían un exquisito juego, que combinados, envolvían de manera hipnotizante aquellas pupilas azules grisáceas, que se quedaron quietas para no perder detalle del espectáculo. No sabía si para su fortuna o desgracia aspiraba ese aire sombrío que incitaba a descubrir que había más allá de aquel ser tan enigmático.
Ojos castaños… exquisitamente bañados por el fuego vibrante, que le deben haber dado ese matiz rojizo que exigía que todo lo que tenía en mente, se esfumara.
Y sin resistirse demasiado, obedeció…
Ser un Kaiba, los Black Dragons y los dilemas de Seto quedaron extraviados en algún espacio de su cerebro.
Vaya a saber él si algún día los retomaría.
Estaba más perdido que antes… Y se sentía delicioso.
En un momento de cordura, se paró sobresaltado, pestañeando revoltosamente ante aquel hombre. Se dio cuenta que se había portado como un magnífico idiota ¡Bonita impresión que se llevaría de él!
- Y-yo… lo s-siento… ehhh, yo… – parecía que había corrido en una maratón de lo acelerado que estaba – yooo… ehhh… es q-que…
- Shhh… tranquilo – dijo el mayor con expresión neutra y un semblante agradable – hoy no ha sido mi día, esto parece un laberinto… - miraba por todos lados de lo enorme que era – lo siento mucho por molestarle.
- N-no, no es n-ninguna molestia - ¿no podía mover la boca sin dejar de temblarle? – tampoco h-ha sido m-mi día… - el jugueteo incesante entre sus dedos evidenciaba su nerviosismo, había empezado con aquel desconocido con el pie izquierdo.
- Eso explica que esté tan alterado – sonrió levemente – si quiere, podríamos ir a caminar un poco y me explica qué es lo que le inquieta tanto – se abrió paso para que el pequeño se fuera con él.
- Gracias… – el ambiente grato lo hizo sentirse un poco más en confianza y se dispuso a irse con él, intentando buscar cualquier tema de conversación – Oye¿y tú eres extranjero? – se reprochó inmediatamente cuando vio que estupidez acababa de preguntar.
"Tonto, tonto y tonto. De sólo verlo y escucharlo te das cuenta que no es japonés ¡Vaya deducción tuya, Moki¿Te ayudaron o la sacaste solito?"
- Oui, mesieur. Je suis français (Sí, señor. Soy francés) – le contestó en su lengua nativa, dejando sin querer un chico atontado – Je m'appelle Lorent Regnier. Et vous? (Me llamo Lorent Regnier ¿Y usted?) – y fue entonces como Mokuba Kaiba aprendió el porqué era el francés el idioma del amor, aquel tono tan seductor lo hacía tan condenadamente evidente.
Bendita sea, Madame Camus por ser tan estricta con él en un idioma, que pensaba que era inútil y aburrido.
Hasta ahora, claro.
- Je suis Mokuba Kaiba, il est un plaisir de le connaître (Yo soy Mokuba Kaiba, es un placer conocerlo) – se lució con el conocimiento del francés e hizo una reverencia para terminar con su presentación.
Al momento de decir su nombre, Lorent se echó hacia atrás más que impresionado, había estado más de cinco minutos charlando con uno de los dueños de aquella mansión. Aunque para el ojirojizo, esto carecía de relevancia, era el hecho que era… era…
Era el destino. No veía otra contestación a eso.
- Igualmente… – cuando se repuso hizo el mismo gesto que el ojiazul - ¿Pero no debería estar adentro?... Usted es uno de los anfitriones.
- A esa gente poco le importa que esté o no adentro – afirmó con resignación – y mucho menos quisiera pertenecer a este mundo tan… no sé… ¿superficial? – enfocó su vista hacia las estrellas, para luego regresar a su acompañante – y ése es mi aprieto, no sé cómo oponerme a él.
- Mmm… no entiendo lo que me quiere decir…
- Te explico con una condición… – aplicó poner esos ojos llenos de encanto que convence a cualquiera, acercando un poco su rostro al del francés – ¿puedes dejarme de tratar de usted, Lorent? Debo ser mucho menor que "tú"… – una risotada asomó en su rostro, no había visto a nadie tan formal como él.
- Está bien, ahora dirá… digo dirás, Mokuba…
- Eso está mucho mejor… andando…
"Mi nombre es Mei Wheeler…"
"…"
Nada. Absolutamente nada.
Su boca se quedó inerte ante la noticia y el tiempo se detuvo, observándose el uno al otro por quien daría el primer movimiento.
Ella contemplaba la cara del que tenía en frente y, no era para menos, había dicho que estaba casada con el ex amante del millonario sin anestesia. Mentira no era. Hacía nueve semanas que se había casado con Joey Wheeler, así que no era una simple treta.
No podía ser…
El genio, sencillamente, sólo pudo atinar a parpadear para ver si esto se trataba de una broma; si hasta la parte más analítica de su mente se quedó en completo estado de shock al oír esto, sintiendo que toda la presión se le acumuló en el pecho, para estallar a todas direcciones dentro de su cuerpo. Como su parte racional no funcionaba, su inconciente más oculto salió a flote con intensidad, gritando internamente lo primero que se cruzara. Y eso era incuestionable.
"¿C-a-s-a-d-o?"
El se había casado.
El mismo que le gritaba incansablemente mientras arqueaba su espalda y le pedía más.
El mismo al que ridiculizaba porque creía en que las estrellas fugaces cumplían deseos.
El mismo que eliminó de su vida puesto que lo consideraba una molestia.
El perro, bobo, tonto, soso y estúpido… Joey… se había casado.
Por más que se repetía para sí, esto no lo podía entender; algo se le atoró en su garganta, no pudiendo sacar la respiración. Algo dentro le decía que Joseph Wheeler le aguantaría todos sus caprichos…
Ese algo, se equivoco… en un año, ya tenía otros brazos donde cobijarse…
Por fuera, estaba inquietantemente quieto. La poca integridad que le quedaba a su genialidad, le hizo ver que antes muerto que mostrar algo ante esa "mujercita". Lo que no sabía, es que ella no esperaría toda la noche para que hablara. Por si no se había dado cuenta, ella también tenía una empresa que mantener.
- Vaya, el silencio otorga… y usted es tan obvio, señor Kaiba – un tremendo sarcasmo camuflado de una sonrisa de victoria, haciendo experimentar al CEO la mayor de sus humillaciones – sé que mi "marido" no es de su agrado. Espero que esto no sea un impedimento para nuestros negocios, señor Kaiba… – se enfocó en Seto seriamente.
- Por supuesto que no… el pe… digo, Wheeler no tiene nada que ver con esto. A menos que para los negocios tenga usted el mismo olfato que para encontrar esposo, no quiero que mi compañía se vaya a la quiebra…
El encuentro se empezaba a tornar bélico por alguien que no estaba presente, no en vano ambos conocían muy bien aquel arte de las palabras mordaces.
El castaño ni se percataba que el hecho de que ella fuera la "señora Wheeler" le molestara en demasía.
Era eso…
Y lo otro…
¿Cómo ese maldito perro se había conseguido una mujer con tanto dinero en tan poco tiempo? Nadie, ni siquiera ese vago tenía tanta suerte. Una mujer como ésa, gustaban de los tipos como él mismo; no los matoncitos de barrio, cuya falta de clase se les notaba a leguas.
- No se preocupe, en cuatro años no he llegado donde estoy si tuviera mal olfato – le indicó orgullosa y con cierta vanidad coqueta, continuó – en cuanto a Joey, tengo el pleno convencimiento que es él, el hombre adecuado… cada vez que veo a mi "hija" y ver como su padre es con ella, más convencida estoy – justo en el blanco, si algo iba a herir al orgullo de Seto Kaiba, era hablar de la hija de Joey.
Mei estaba en perfecto conocimiento cual fue la razón por la cual el ojiazul botó al rubio:
"Nunca me podrás dar hijos"
A Joey le llegó la familia que no esperaba, la que Seto necesitaba tener y no venía. Hasta en eso eran polos opuestos…
¡Qué irónico!
Tal como sospechaba, fue un balde de agua fría para Kaiba. Con la impresión que el rubio se había casado, se le olvidó que le había mencionado que ella tenía una hija. No había que tener el inmenso intelecto para darse cuenta que era de ella y de su marido.
Justamente… de él.
Ella no dudó en restregárselo en la cara, ardía de la rabia ver cómo Joey había padecido por un amor que no lo merecía y que éste le dijera en una indirecta, que era poca cosa para ella. Muy dueño de la casa sería, pero no iba a tolerar ningún insulto a sus amigos. Le hubiese gustado hacerle meter el trato que estaban por firmar por donde le cupiera e irse de ahí. Desgraciadamente, entrar a KC era la parte más elemental de sus planes con Lorent.
- Entonces tiene que seguir con su buen olfato, pues Kaiba Corporation no está pasando por el mejor momento – el tema de Joey y su hija, Seto prefirió desviarlo por la tangente de la forma más sutilmente posible.
Aunque no podía tragar que ella había ganado el primer round. Detestaba pedir ayuda a alguien, pero la inversión de Micro Program y la mente lista de Tzeng Li era lo que necesitaba para sacar de problemas a su empresa antes que éstos se agravaran.
La crisis financiera no era desconocida para nadie, pero mientras estuviera un buen lugar en la competencia, le seguirían rindiendo pleitesía. No volvería nunca a la pobreza que se había jurado salir de ella para dar a su hermano un futuro mejor, costara lo que costara.
- Lo sé… aunque también sé que ha salido de peores, señor Kaiba, y tengo fe que saldrá de ésta – adulación barata o no, pero el aludido se sintió más confiado, la confrontación entre ellos se había ido un poco. Negocios eran negocios.
- Quedamos de acuer… - fue entonces cuando alguien iba a interrumpir para marcar territorio.
- Buenas noches, hola mi vida…
Por la descripción que le hicieron, Mei supo inmediatamente que ella era la prometida del CEO. Rubia, atractiva y exuberante, mostrando sus encantos por doquier y a quien se deleitare contemplarle; con un vestido de diseñador, lleno de tajos, elaborado de tal forma que no cayese en lo vulgar. Sí, era ella.
- ¿Usted es…? – preguntó la rubia muy suspicaz.
- Mei Tzeng Li, la nueva socia de señor Kaiba, mucho gusto.
- Mai Valentine, su prometida, igualmente.
No era que la exuberante mujer fuera celópata, pero Seto no pasaba mucho tiempo con una mujer, a menos que fuera para satisfacer los instintos más básicos.
Tonta no era, estaba al tanto de que su prometido tenía amantes por montones. Por eso, había estado observando aquel flirteo con atención desde hacía rato. El miedo lo sintió cuando ella era quien dirigía la conversación, manejando a su prometido a su antojo, decidiendo intervenir entre ellos.
- Amor, te esperan los de distribuidores alemanes¿qué les digo? – excusa para sacarse como sea a la morena de encima. No le importó que el ojiazul la fulminara la mirada por decir motes cariñosos en público.
- Diles que me esperen – Mei tuvo que morderse los labios para no reírse – la señora Wheeler y yo estamos poniéndonos de acuerdo en algo muy importante.
La rubia agrandó sus ojos a más no poder¿había oído bien?
- ¿Wheeler?... Oye, yo el único que conozco es…
- Así es Mai, Joey es mi esposo – le sonrió ampliamente – me ha hablado mucho de ti. Los amigos de mi marido, son también los míos. Cuando nos establezcamos en Domino, te invitaré a nuestra casa. Queda para usted la misma invitación, Señor Kaiba – el castaño sólo asintió gélidamente.
- Entonces, quedamos de acuerdo para revisar lo que haga falta. El lunes a primera hora, en mi oficina.
- Está bien, en eso quedamos… – asintió la morena – y si me disculpa, señor Kaiba, debo irme. Llegué esta tarde a Japón y necesito descansar – hizo una reverencia de despedida – ha sido un gusto conocerlos a los dos. Hasta pronto – se retiró a la salida.
- Hasta pronto – la pareja repitió al mismo tiempo.
No hizo falta para que se alejara de ellos para que Mai hiciera un comentario – ¿te fijaste lo delgada que es? – le habló mientras miraba su propia cintura.
- Y eso que tiene una hija – dijo Seto, sangrando por la herida.
- ¿Ah? Pero si es muy joven… - dijo al ver que la silueta de la chica se iba por el gran portal de mansión. Al parecer no tuvo mayor interés en deducir cosas, estaba más preocupada de la estética.
Seto, por otro lado, tenía sentimientos totalmente ambivalentes, aunque él no se diera cuenta. Tenía gravado a fuego que el desgraciado de Wheeler se había casado, cuando había una relación cercana a la "posesión" por el rubio.
Joseph Wheeler era simplemente suyo, no importaba el tiempo que hubiera alejado ni con quien estuviera, éste ya tenía amo. Tener sexo con él era simplemente una delicia, nada que le pudiera darle una mujer.
Pero necesitaba dejar alguien al frente de su imperio y eso era algo que Wheeler no le podría dar. Aparte¿podría presentarle a su círculo alguien tan… vulgar? Pero sí es un perro callejero… ¿De qué estamos hablando?
Por lo tanto, como todo en la vida, debía escoger con la cabeza fría…
Mai Valentine fue la perfecta en su tiempo, aunque convencidísimo que ella era la del problema y su terrible consumismo, ya no era digna prometida del CEO ¿Y qué mejor que reemplazarla por la empresaria?
Cuando dijo que estaría con "la que se sea" para que el Imperio Kaiba dominara, era la que sea.
Había que sacar a Wheeler del camino, la china era demasiado para él.
Lo que no sabía es que estaba cometiendo dos errores graves… Y uno de ellos, mortal…
Kaiba y Mai no eran los únicos que la observaban irse. Había otra persona más que observaba incrédulamente a Mei, quien se dirigía a salir, el corazón latió desbocado apenas se percató de la presencia de la joven, no se imaginaba que la volvería ver, y mucho menos, en ese lugar. Sus ojos siguieron atormentados la caminata, la observaba tan o más bella que la recordaba desde la última vez que la vio. Y desde ese día, han pasado casi dos años.
Era imposible…
De mala gana había aceptado ir a la fiesta de alguien que no le caía muy bien que digamos. Miren con quién se había encontrado.
Algo no muy de él, vaciló mucho antes de encontrarse que la mujer que hizo lo impensable. Enamorarlo.
Tuvo tanto miedo de prenderse de alguien, que cuando empezó a sentir algo desconcertante y peligroso dentro del pecho, la dejó ir de la forma más estúpida. Pensó que el amor era una especie de atadura y no insistió más en conocerla, pero cuando partió, el vacío en su alma nunca más pudo ser llenado por más chicas que ha tenido a sus pies; para más remate, todas con las que ha andado, caían en la odiosa comparación con el fantasma de la china, ganando siempre ésta última.
Así que dejó hablando solos a unos tipos, sin interesarle si se molestaban o no, un oportunista como él tenía bien en claro que oportunidades así se dan una sola vez en la vida. Así que corrió para alcanzarla, quizás esa misma noche volvería a los Estados Unidos.
Al estar a una distancia prudente, balbució nerviosamente.
- Mei…
En tanto ella, lo reconoció inmediatamente, de sólo escucharlo, se le erizó completamente la piel. Paró el paso, sin darse vuelta. No lo quería ver. A lo pasado, pisado y nada más.
- De todas las personas del mundo, eres al último a quien yo quisiera ver. Esfúmate – le ordenó álgidamente de espaldas a él.
No es que esperaba la más grata de las bienvenidas, tendría que hacer mucho para que la terca Mei lo perdonara y confiara en él.
- Mei… – insistió, cuando se lo proponía, él también podía ser aún más tozudo.
- Nada. El mejor favor que puedes hacerme es largarte – siguió caminando.
- Oye, tenemos que hablar… – la alcanzó y la tomó del brazo para que se volteara. Si quería que le dijera que se vaya, se lo tendría que decir a la cara. Si no se atrevía, por algo era.
Se giró hacia al que le había entregado todo y la dejo sin nada. Era él, tal como lo recordaba… igual de hermoso, tonto, orgulloso y ególatra ¿Qué se creía¿Adonis? Porque era lo suficiente fuerte para no terminar abatida a sus encantos.
- ¿Podemos hablar? Ha pasado mucho tiempo… y yo he cambiad… - la ojiazul lo miró con desprecio, estaba dando oídos a los inconfundibles discursos de los de su tipo. Idiota.
- ¡Vete al diablo, Deblin! No te creo, ni te creeré nunca. Déjame en paz…
Al fin se había quedado dormida, esta muchachita no tenía a quien no sacarle la persistencia, estuvo acunándola hasta las once de la noche. Bastante tarde, si se piensa que su bebita ya tenía cuatro meses y medio, pero ni tenía las intenciones de dormirse. Lorent se le había ocurrido seguir a la morena, por una excusa que ni el creyó ¿Cuándo se va a dar cuenta que está loco por ella? La sigue como perrito faldero, y ella, no le es muy indiferente tampoco, serían una linda pareja.
No sabía que estaba muy lejos de dar con la realidad, los corazones de ambos chicos latían a otras direcciones. Y uno de ellos estaba, precisamente, detrás de sus huesos.
El, tan despistado, que no se daba por enterado…
Ufff…
Ni de noche paraba este calor. Salió un poco al balcón, para refrescarse.
No sin antes de verla de reojo como ella descansaba en su cuna.
Su ángel, quien lo había salvado… ¿Había alguien más hermoso que ella?
Cada vez que siente que ya no puede continuar, mira a esa cosita tan tierna que, con sus ojazos azules le dice que necesita su querer. Sin barreras. Sin condiciones.
La vida se apiadó de él y le dio algo que a ojos de los demás, sería aberrante. Aunque, para Joey Wheeler, los demás están de más, y ella fue quien lo ha sacado del tremendo foso que lo metió su padre.
Eso era lo increíble… Joyce no tenía madre, por más que viera a Mei como su figura materna, ella no lo era biológicamente.
Ella era hija de dos padres y estuvo pacientemente los nueve meses en el vientre de… su rubio papá.
Inverosímil¿verdad? Los hombres NO podían concebir hijos.
Pudo, y la razón era lo de menos, después de todo lo que le había pasado.
Eso era el "otro" padre de Joyce.
Seto Kaiba.
Una relación tan o más incoherente comparado con la forma en que nació su hija. Dos años que no tenía ni la más puta idea de cómo nadie los descubrió o sospechara siquiera que entre el CEO y él había algo. De ahí que supiera que era ese algo exactamente, ha sido todo un misterio, porque hasta para él empezó en ese entonces como algo meramente sexual.
Desde ese tremendo atracón…
El baño de la escuela no fue el lugar más indicado para esa primera vez, pero fue riquísimo, explosivo.
Pensó que nunca habría una segunda. Al contrario, hubo una segunda, una tercera, una cuarta, hasta que se hizo hábito entre ellos. Lo hacían y eso era todo, hasta la siguiente ocasión.
Nadie reclamaba por afecto. Genial, ése era el acuerdo.
Hablaban poco. Joey sabía que Seto era hombre de pocas palabras y no iba a asaltarlo con ellas, además lo que quería era su cuerpo ¡Qué importaba que fuera como un plomo si en la cama era un volcán en erupción interminable!
Resultado: un día empezó a importarle y la relación libre tácita se volvió una tortura. Se enamoró del bastardo ricachón, luchando una enormidad consigo mismo ya que vislumbraba todo lo que iría a sufrir.
Dicho y hecho. Quería ser el primero, el único y el exclusivo en el corazón del frío empresario. Se encogía de celos al llenarse de portadas de que el ojiazul y una mujer espectacular tenían un discreto romance, que al final terminaba descubierto por los paparazzi que lo acosaban.
Mientras que él siempre estaba en el anonimato. El consuelo del tonto era que había durado más que todas esas chicas, lo que le daba un mínimo de esperanza, que se apagaba cuando le proponía que su relación fuera pública y que intentaran ser más que enemigos "con derechos".
Flashback
Era la noche posterior a la de año nuevo, celebrando por los nuevos deseos para el año que recién empezaba y para el CEO, su idea de efectuarlo era saciando su libido con aquel chico que estaba siempre disponible para hacerlo. Sería estúpido si no le dieran ganas después de estar boca abajo en la cama, dejando al aire toda su espalda y muslos, como quien no quiere la cosa. Ese pequeño descarado lo estaba tentando, así que se le ocurrió una idea, aprovechando la ocasión.
Tomó uno de los hielos que estaban para el champagne, se recostó al lado del rubio y puso el hielo sobre la cálida piel de Joey, quien se estremeció con el cambio de temperatura. Maldito pedazo de helado, que lo ponía caliente en sobremanera; jadeando y gimiendo ensordecedoramente de vez en cuando.
Sí, sí, sí, excitante.
El resbaladizo hielo empezó a hacerse camino, guiado por el dedo del castaño, que se tomaba todas sus pausas, sin apuros para alcanzar sus objetivos. Abordó por el terso muslo del cachorro, un cerro delicioso como partida, deslizándose naturalmente por la espalda, presionando para lograr un efecto tremendamente erótico.
Seto mordía sus labios maléficamente para concentrarse en ese delirio de piel que… era tan suave, tan sublime. Y eso que no lo había tocado.
De a poco, más arriba, hasta llegar al cuello, recogiendo lo poco que quedaba del cubito para metérselo en la boca. Acto seguido, tomó el rostro a Joey y sacó el hielo para traspasárselo, quien lo recibió encantado, seguido por el juego de las lenguas que sin pudor alguno profundizaban hasta lo más recóndito de la boca del otro y una que otra, morder ese pedacito de carne sonrosadito que no reconocería que le hipnotizaba, aquellos finos labios que se movían rebelde y apasionadamente.
Más fuerte. Más profundo. Más ardiente.
Sólo más…
Ninguno se conformaría con menos.
La palabra "pasivo" no existía, esto no tenía nada que ver con las posiciones que adoptaran.
Joey se dio vuelta para quedar frente a frente con aquel dragón, que lo observaba detenidamente. De repente, una de las yemas del rubio traspasó el suave rostro de su amor no correspondido, quien lo miraba tan agudamente que se sentía sin defensas. No hacía falta que Seto lo desnudara para sentirse así, con Seto Kaiba, hasta el alma quedaba al aire.
Besos repartidos a todos lados, traviesas manos que no se conformaban con nada, explorando cada lugar del otro como si fuera la primera y la última vez. Completamente desesperados, con la experiencia de saber cuál es el punto exacto del otro para subirlo hasta el cielo.
Llegando al momento culmine…
Uno dentro del otro… calor que abrasaba todo, que quemaba todo. Una unión perfecta…
El que estaba abajo se aferraba a las sábanas fuertemente para resistir aquel dolor placentero y asfixiante que había en su interior. Apretado y caliente empezó ese vaivén, restregándose ambos cuerpos húmedos por el sudor.
Uñas enmarcadas en la espalda por los movimientos certeros que ni dejan respirar…
Ojos levemente cerrados para perderse en el cúmulo de sensaciones…
No pudieron contener los gemidos hasta llegar hasta el éxtasis infinito…
Fin del flashback
Joey se apoyó en la baranda para fijar su vista en el paisaje, mientras su mente viajaba por los recuerdos, que era lo único que le dejó aquel gato ricachón. Ocasiones como ésta era lo que aprovechaba para analizar y volver a la misma conclusión que lo habían usado. No podía quejarse, aceptó las reglas y salió perdiendo.
El episodio del hielo fue una de las más candentes que vivió con el genio, fue maravilloso.
Hubiera sido una noche perfecta si no hubiese sido por la discusión.
Tonto ingenuo…
Flashback
Estaba apoyado en el pecho de Seto, los dos estaban dormitando después de una noche candente. El castaño se iría dentro de poco, no faltaba mucho para el amanecer. La originalidad del dragón y esa forma de mirarlo, entre otras razones, hacían creer al rubio que podría significar algo para Kaiba.
- Seto… – susurró despacito – Seto…
- Mmm… – masculló molesto, se estaba quedando dormido – ¿qué quieres?
- ¿Puedo hablar contigo?
- Ya lo estamos haciendo, tonto. Habla rápido que estoy cansado – su voz malhumorada era casi inteligible producto del sueño.
- Es que… he estado pensando – demonios, no era la primera vez que se lo decía y tiritaba como gelatina – que soy de la opinión de para qué seguimos escondiéndonos del mundo – un ojo azul se entreabrió enseguida, ya había la ilusión de quedarse dormido – debemos sentirnos privilegiados que no debemos vivir de las apariencias y que podemos expresarnos libremente.
- Wheeler¿entiendes lo que estás diciendo? – Kaiba se sentó de mala gana en la cama – hablas "como si estuviéramos enamorados". No lo necesitamos, me siento bien así.
Fue ahí cuando Joey se enfureció – Entonces... ¿por qué permanezco oculto, mientras todas tus parejas salen en la prensa?
- Ah, es eso… – el ojiazul se puso en la defensiva – te imaginé necesitado de dinero, no de fama - ironizó escupiendo lava. Todos querían algo de él, el cachorro no podía ser tan estúpidamente bondadoso.
- No te hagas la víctima, Seto, que no te resulta – contraatacó fieramente el rubio – no es justo que siempre luzcas a alguien, mientras yo parezco tu prostituta.
- Wheeler, todas las que andan conmigo son "mujeres", es ruin para el negocio tener una pareja de tu mismo sexo – le contestó al mismo tiempo que encendía un cigarrillo con toda tranquilidad.
- O sea… ¿por tu maldita compañía, me relegas? – esto sí era indignante, compitiendo el amor con una empresa – esto es de ver y no creer.
- Una cosa es que lo toleren en la vida cotidiana, pero en mi trabajo no todos lo aceptarán. No todos son japoneses o europeos – agregó – además pienso que esta conversación es inútil…nunca he tenido la intención de tener una relación seria contigo.
No necesitaba averiguar más. A Joey se le cayeron las ilusiones de una, quería únicamente salir de ese lugar y en su cama, largarse a lamentar su suerte. Tomó sus ropas para vestirse lo más rápido posible e irse.
- Yo te llamo, vienes; tú me llamas, si puedo, voy. Pasamos el momento y ya – lo dijo el genio como si fuera de lo más sencillo.
- ¿Sabes, niño bonito?… ¡Tienes vergüenza de andar con un perro callejero! Eso es lo que pasa – se lo echó en cara – me voy de aquí, cínico de mierda – dio tremendo portazo y salió.
Por supuesto, Seto ni se inmutó…
Fin del flashback
Se avergonzó cuando, después de que el ojiazul terminara con él, vio lo bajo que había caído. Se dijo esa vez que de ningún modo terminaría nuevamente en los brazos de ese bastardo. Ja, ja, a la semana siguiente ya estaba de nuevo siendo poseído por Seto y gritando como un puto cualquiera.
No había buscado otra pareja. Ni mucho menos lo había olvidado.
Lo que le impedía hacerlo era su hija, nadie le creería que dentro de él se gestó una nueva vida.
Cuento aparte era que Mei se haya casado con él. El no lo amaba; ella no sentía nada más que una linda amistad. Se casaron únicamente para decir que Joyce tenía una madre y arreglar sus problemas de inmigración; no habría problema si en cualquier momento quisiera divorciarse y le diera la tuición a la hija.
Eso sí, la muy vivaz le puso un pero… que no se la daría por ningún motivo si era para volver a rebajarse al maldito ricachón ése.
Ni el tampoco volvería para cumplirle otra vez al "niño" en sus antojos. No tendría cara para mirar a Joyce.
Pero la vuelta a Domino City, sólo le trajo más preguntas…
¿Qué haría cuando lo viera? Porque eso lo tenía que dar por sentado.
Y otra más perturbadora aún…
¿Le diría a Seto Kaiba que tiene una hija?
Caminaron un poco menos de media hora, la conversación era tan amena que a Lorent se le olvidó entrar a la mansión. Después de la no muy buena impresión que tuvo del chico, hablando más a fondo con él y vio que era alguien muy maduro para su edad. Se sentía un poco opacado con respecto al Kaiba mayor, pero tenía los objetivos muy claros.
- Ese es mi problema, Lorent – le señaló el chibi triste – mi hermano no querría jamás que yo fuera artista y tocara en una banda… ¡Sería un escándalo!
- ¿Y te importa lo que digan de ti?
- No.
- ¿Entonces?
- No es tan fácil, mi hermano es capaz de lo que sea con tal de logar sus propósitos – Mokuba se dirigió rendido – no te confundas, no es malo, Seto quiere sólo lo mejor para mí… pero…
- Lo que quiere tu hermano no es lo que deseas¿verdad? – Lorent completó la oración.
- Aja… – menos mal que estaba oscuro, o el francés notaría las mejillas que le ardían. Si le aconsejaba que cantara desnudo en el parque, definitivamente lo haría.
- Creo que tu hermano no tiene tolerancia a la frustración, que tiene miedo al fracaso y él no quiere que estés en una carrera tan riesgosa como es la artística¿o me equivoco? – el chico se sintió comprendido, todos a la primera, atacaban al castaño; el ojirojizo se puso, en cambio, en el lugar de Seto – pero ya estas en edad para tomar tus decisiones, y si fracasas, es por algo que hiciste y no te lamentes por algo que no pudiste hacerlo. No todo en la vida es triunfo, c'est la vie - se encogió de hombros.
- ¿Así es la vida? – tradujo el chibi.
- Sí, lo importante no es ganar, porque no siempre ganarás en la vida – le indicó el mayor – lo importante es que en cada cosa que tú hagas no te quedes con la sensación que pudiste haber dado más de ti. Te lamentarás si al menos, no intentaste hablar con tu hermano.
¡Wow!, señoras y señores, Mokuba Kaiba tenía fuegos artificiales en el estómago, explotando a diestra y siniestra.
Se había enamorado.
- G-Gracias, Lorent – sonrió con sincera gratitud – me siento más tranquilo.
- Me alegro, cuando quieras, conversamos¿te parece?
- Sí, te tomaré la palabra… - ¡Bingo! Se sintió con muchas ganas de saltar por todos lados. Le dijo que eran prácticamente amigos. Fantástico.
Sin embargo, unas voces, que no estaban muy distanciados de ellos, los interrumpieron.
"¡Vete al diablo, Deblin! No te creo, ni te creeré nunca. Déjame en paz…"
El ojirojizo inmediatamente reconoció la voz de Mei, no podía encontrarse con otra persona que no fuera el bruto de Deblin.
- ¿Qué fue eso? – preguntó el chibi curioso.
- Shhhhh… - lo calló, para ver que pasaba con su amiga y el desgraciado – le dije a esta obstinada que no viniera sola – pensó en voz alta, por lo que el chico alcanzó oír.
- ¿La conoces?
- Sí… shhhh, veamos qué le dice a este desgraciado – miró escondiéndose detrás de un árbol. Mokuba hizo lo mismo.
Entre tanto, Duke y Mei se quedaron en silencio. La morena no se sentía tan bien como para ver a su ex y conversar amenamente lo que ha sido de sus vidas, lo de ellos se había acabado hace mucho y no en los mejores términos. Si algo no perdonaba la china era la traición, y el ojiverde le fue infiel, así que no tenían nada que hablar.
- Mei – comenzó a hablar Duke - ¿podemos hablar como dos personas civilizadas?
- Claro… si los dos lo fuéramos, porque aquí hay un incivilizado y no soy yo – ironizó dolida.
Deblin fue la primera y la única experiencia amorosa que había tenido. Para ella, ésa bastaba y sobraba, y si le sumaba la de Joey, más desilusionada estaba del género masculino.
- No te comportes como una niña consentida – le pidió Duke casi en son de broma – sólo te pido que hablemos.
- ¿Y de qué¿De cómo te andabas revolcando con otra? Por favor, ten un poco más de tacto.
- Yo…
- No, Deblin… no – fue decidida – yo ya soy una mujer felizmente casada… otro aprovechó lo que tú desperdiciaste.
El estrambótico chico, pensó que era el destino quien podría reunirlos otra vez, pero vio que era para darse cuenta que nunca se lo perdonaría y que la había perdido para siempre. Al igual que Kaiba, sintió que el aire le faltaba, la única diferencia es que era capaz de tirar su orgullo por la borda para reconquistarla.
Aunque tuviera anillo en la mano, lo haría. No en vano era un Don Juan con todas las de la ley.
Pensándolo bien, tal vez, ni lo esté. Como ella dijo, sólo quiere que la dejen en paz.
- Vaya, se nos casó la princesa china – dijo Duke con burla – pues no te creo – aseguró.
- Ya te dijo que estaba casada, estúpido¿o no entiendes?… aléjate de ella si no quieres que vaya mal, Deblin.
- ¡Lorent! – exclamó la ojiazul asombrada que su amigo saliera de su escondite - ¿qué haces aquí?
- Te seguí, siempre te metes en problemas – afirmó el francés.
El ojiverde, al ver la escena, concluyó – ¿Te casaste con Lorent, Mei? – preguntó con chispas en los ojos – ya sabía yo que te tenía ganas desde hacía mucho.
- ¡Qué me haya con Lorent o con el rey de España, no es tu problema, Deblin! – le gritó furibunda¿qué le importaba con quien se había casado? Era SU vida.
- ¿Entonces no hay nada más que hablar? – preguntó desesperanzado, sentía que solamente había perdido el tiempo.
- Tú mismo lo dijiste – sentenció Mei – Vámonos, Lorent, ya no tenemos nada que hacer en este lugar – lo dos se retiraron, no sin antes dirigirle una mirada de odio a Duke.
Sin embargo, el ojirojizo se olvidó completamente de Mokuba. Estar con la morena era su "deber"
Mientras que el chibi, quien todavía estaba detrás del árbol, no le hicieron falta más palabras…
Esa mujer se había casado y el ojirojizo salió a su defensa enfáticamente. Más claro, ni el agua. Era obvio que ella y Lorent… se habían casado
Era demasiado perfecto para ser cierto.
Sus tiernos catorce años le hicieron vivir una linda fantasía, pero que se rompió drásticamente. A él nunca le gustarían los niñitos. El chibi creyó que era él demasiado maduro para que le provocara al francés siquiera un mal pensamiento.
Entonces se echó a correr a encerrarse a su habitación, deseando amargamente…
"Que seas muy feliz… Lorent"
- No me gustó que hayas venido. Ya no quiero que alguien me vigile.
- Mei, es mi misión – afirmó el ojirojizo al subirse al auto – no seré tu guardaespaldas, pero debo cuidar todos los pasos que des. No sólo para ti es personal.
- Lo sé… esto no es un viaje de placer, aún tenemos dos semanas para arreglar. Te lo juro, Lorent, no se me va a escapar, va a pagar por todas las que me hizo – habló llena de rencor, esa voz que conocía únicamente el francés, ya que conocía su historia.
Una historia que hacía parecer a la de Kaiba un lecho de rosas…
Un calculador y hábil criminal de primera línea mundial, perseguido por la Interpol pero que nunca se le pudo probar ninguno de sus delitos, siempre había alguien que hacía el trabajo sucio por él. Lavado de dinero, narcotráfico y trata de blancas eran algunas luces de su angelical curriculum. Sin contar que la Yakuza, la Cosa Nostra y otras organizaciones, que ni se atrevían meterse en algún embrollo con él.
El problema era que siempre ante la sociedad había sido un hombre totalmente intachable, pudiendo burlar todas las veces a las autoridades, y no podían meterlo a la cárcel sin pruebas.
Hasta que…
El único crimen que cometió sin ningún motivo aparente, fue asesinar a un pobre diablo, específicamente, a la persona que más aborrecía en el mundo. Tan cegado estaba el tipo, que creyó que había realizado otro crimen perfecto, a excepción que vio algo que debía ser erradicado en el acto.
Un testigo. O mejor dicho, una pequeña testigo…
La hija de ocho años de aquel tipo.
Sin embargo, llegó la policía a tiempo y se inició una lucha a balazos, en el que el tipo pudo huir y la niña pudo ser rescatada, pero con graves secuelas sicológicas. Habían asesinado a su padre ante sus propios ojos y no pudo emitir palabra en meses.
El encargado de la Interpol en el caso pensó que el testimonio de la niña lo mandaría preso, pero que saldría al poco tiempo para ensañarse con ella. Fue entonces que decidió cambiarle el nombre y hacerla pasar por la hija bastarda de un multimillonario chino que le debía un favor, Xang Tzeng Li.
Desde ese día, la niña se llamó… Mei.
La razón de hacerla pasar por bastarda era justificar tenerla encerrada en la mansión Tzeng Li. Nadie de la conservadora y alta sociedad chica presentaría a un hijo bastardo a sus pares por temor al rechazo y los cuchicheos. Pero si la pasaba por adoptada, este encierro no se justificaría y llamaría mucho la atención, y eso era lo que menos se deseaba.
En seis años tuvo un programa de estudio muy parecido al de Kaiba y un extenuante entrenamiento en artes marciales chinas. Le dijeron desde un principio que ella algún día tendría la misión de capturar al asesino de su padre, por lo que aceptó gustosa todo lo que le impusieron.
Día tras día juró vengarse del mal nacido que le había quitado a su padre, a su familia, a su vida. Por una obsesión…
Es importante agregar que Xang sí quería mucho a Mei, a los seis años de conocerla, murió de cáncer. Viudo y sin hijos, le dejó todo. La chica decidió inmediatamente partir a los Estados Unidos y hacer una tremenda empresa para tenerla de fachada, para dar el primer paso de su plan. Sin embargo, el agente encargado de ella le dijo que no podía ir sola, así que le asignarían a alguien para que le colaborara en atrapar a ese sujeto.
Y ese alguien era… Lorent Regnier, que tenía en ese entonces, veintiún años.
Tenían tanta empatía que no tardaron en hacerse amigos, a pesar que la chica vivió seis años sin contacto con el exterior. Pero con los demás, le costó mucho sociabilizarse, aunque entendió o que se ponía al corriente o se iban al traste sus planes. Por esa misma razón, sus apariciones públicas fueron contadas con los dedos de una mano y era Lorent quien se encargaba de hacer las negociaciones.
Pese a todas sus dificultades, salió a flote y su empresa triunfó al mercado. Averiguó que el maldito ese planeaba quedarse con KC, así que lo primero que tenía que hacer era llamar la atención del estoico dueño de aquella empresa, lográndolo después de muchos intentos.
Esto tenía que ser perfecto. Ya era hora que saliera a la luz y no tener miedo de nada, ese fue el motivo por el que quiso presentarse sola ante Seto Kaiba.
De ahora en adelante, no se detendría, no comería, no dormiría hasta que su padre pudiera descansar en paz. Ella vivió seis años encerrada, mientras que el asesino estaba suelto.
Tenía una sed de venganza insostenible en su corazón. Detrás de su sonrisa, escondía un horrible pasado.
Y eso que ésta era sólo una de sus aristas.
Lo sentía mucho, pero Joey Wheeler era pieza fundamental en sus planes…
Y Seto Kaiba tenía mucho que ver en esto…
¡Holis! Quiero decir varias cosas, miren que ando de pasadita a subir el capi… Primero, este fic tiene su ritmo, así que recién en el cuarto capítulo se van a reencontrar (los capis tercero y cuarto son Visitas y Reencuentro forzado, respectivamente), aunque los recuerdos del cachorro continúan xDDDDDDD. Cambiando de tema, mi estreno en las escenas lime¿les gustó? Un lemon es definitivamente muy pronto para esta historia que tiene muchas ramas y es sólo una muestrita de lo que hicieron nuestro par de tortolitos. Por si no leyeron mi advertencia (de hecho ni yo las leo xD), habrá un Mpreg, pero no será la regla de los ukes ni nada de eso, pero eso se explicará más adelante.
Por último, una aclaración: sé que la última parte del capi es fuerte y no tiene mucho sentido con lo la historia a primera vista, pero no se preocupen que eso, que en los próximos capítulos agarrará forma ¡Y de qué forma! -
Se me cuidan mucho y hasta el próximo capítulo…
Shabita.
Ahora vamos a ver los reviews:
Kerkira HiwAtem: Me alegró que te haya gustado la trama, cada capítulo tendrá muchas sorpresas; y también que te hayas decidido de probar con una pareja que no es tu favorita, pero no te preocupes, habrán muchas parejas. Ya ves que no era mentira, aunque creo que aún si se amaran, Joey tiene derecho a rehacer su vida ya que Seto decidió terminar con él. Esperemos que quiera recuperarlo n.n
Elen-Ses: Bueno, al final me decidí a publicar por estos lares, esperemos que les guste lo que yo quiero entregar. Me emociona saber que a mi betita le encanta lo que hago, espero primero actualizar todo lo que tengo pendiente antes de hacer más fics de esta parejilla jejejejeje.
Angel of friendship: "Me voy poner a llorar de la emoción", espero que te siga gustando la historia y creo que ahora sí que no te quedará ninguna duda que esto será una masacre sicológica en la que el pobre Seto sufrirá montones.
