Pairings: SxJ, YYxY y otras.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Las organizaciones aquí utilizadas pertenecen a sí mismas y sólo serán utilizadas para este fic con fines de entretención, sin ser usadas para menoscabarlas.

CAMPAÑA: Me sumo a la campaña liderada por nuestra amiga Katrinna, no permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo. Que sea este pequeño aviso lo único que plagiemos porque entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

MENTIRAS AL ACECHO

By Darling Kitty

Parte III: Visitas

Bocas viciosas y anhelantes, tocando suavemente el paladar del otro con sus lenguas. Los cuerpos no menos inquietos buscaban algo nuevo; no importando cuantas veces lo habían hecho, siempre hallaban la manera de encontrarlo.

El amor en ellos… siempre una novedad…

Un misterioso lugar hace que dos cuerpos se hagan uno solo. Aunque en un tiempo lejano compartieron el cuerpo, no era lo mismo. El palpitante placer y los sentimientos cargados lo hacían todo diferente. No era una mera unión, sino era más bien, toda una expresión.

Movimientos frenéticos que calcinaban los cuerpos una y otra vez para terminar con grito satisfecho y a la vez deseoso de más.

Otra vez con los brazos repartidos, gotas de sudor recorriendo los cuerpos que incitaban al placer y repetición candente del nombre del otro…

Se amaron desde siempre. Si bien hubo, en un principio, desconfianza por parte del pequeño Yugi, en poco tiempo fue borrado por el encanto del faraón e identificó lentamente aquella sensación que se anidaba dentro de él. La timidez y el miedo a perderlo fueron lo que lo hicieron callar, sin medir que eso fue lo que significó perderlo para siempre.

Fue Yami, quien al volver, le declaró su amor ¡Pobre chico! Muy rey de su país era, pero no tenía los nervios de acero, hasta las piernas le temblaban. Aquel día fue el más feliz del pequeño Yugi.

De ahí, un nido de amor, seis meses después dieron el sí y de eso ha pasado un poco más de un año…

- Ya…mi… – llamó a su esposo entre jadeos – ¿tú no te cansas? – reclamó falsamente.

- No he oído quejas, aibou – reía, mientras incitaba a Yugi con una caricia al final de su espalda, giemiendo quedito al roce – si no te gusta, lo dejo.

- Eres malvado, Yami¿lo sabías? – bromeó el más pequeño entre risas – no tienes piedad conmigo. Mira la hora que es.

- Un faraón nunca tiene misericordia, ya verás cual es el verdadero castigo – lo miró con lascivia.

Ese era el perfecto preámbulo para la siguiente ronda. No había más que decir…

Bajaron la guardia más temprano que otros días ya que para el egipcio, era día de trabajo. Yugi amaneció tan contento, que quería saltar de alegría. Se levantó temprano para prepararle el desayuno a su esposo, con tanto "ejercicio nocturno" se le olvidó contar las buenas nuevas.

La noche anterior lo llamó su mejor amigo. Casi lloró de la emoción. Lo había extrañado tanto.
¡Un año casi sin saber casi nada de él y había regresado!

Dijo que tenía muchas cosas que contar, dando más de una sorpresa. Esperaba que fueran buenas. Salvo una que otra llamada esporádica del rubio, mucho más contacto no había tenido con él.

- Buenos días – mientras cocinaba, unos brazos tomaban de su cintura - ¿cómo pasaste la noche?

- Muy bien… ¿te conté que tendríamos visitas?

- ¿A sí? – Yami lo miró extrañado – Lástima, yo tenía unos planes para salir y… - no alcanzó a terminar, Yugi se le adelanta.

- Joey…

- ¿Joey¿Qué tiene que ver Joey? – de repente, el faraón cayó en cuenta, sonriendo ampliamente.

- Aja, ha vuelto… ¿no te parece genial?

- Pues claro… pero deberá dar muchas explicaciones ese ingrato. Hemos sabido muy poco desde que se fue ese bribón.

El más pequeño sonrió – para eso, invité a los chicos también… ¿no te molesta?

- Por supuesto que no… espero regresar temprano del trabajo, menos mal que es sábado – protestó un poco, su jefe era "especial", por decir lo menos.

De todas formas, le encantaba su trabajo, debía agradecerle al ojiazul que le diera una oportunidad como su asistente.

- Tú sabes como es Kaiba, es un trabajólico – comentó Yugi mientras se sentaban a comer – pero es muy bueno pagando.

- ¿De qué lado estás tú, eh? – preguntó con falsos celos.

- Del tuyo, por supuesto.

- Kaiba es un explotador – gruño Yami mientras mordía su tostador, ganándose una risotada de su aibou.

A pesar de los contratiempos de la rutina, todo entre ellos era perfecto. Tal vez, demasiado hermoso para ser cierto…

Siempre los sentimientos siempre son más fuertes cuando han sido puestos a prueba. Ya era la hora que estos muchachos lo supieran.

Mientras Yugi soñaba con la gloria sideral; Yami sólo añoraba ser un tipo normal…

No es que no quisiera apoyar a su hikari, al contrario… pero… después de tantos siglos tener tantas responsabilidades tan peculiares, lo habían cansado. Quería experimentar que era ser el común y corriente de las personas, esa vida tan sencilla que todo el mundo vive y nadie aprecia.

Desde que ha tenido cuerpo propio es un tipo que ha vivido la vida plenamente. No tiene las riquezas ni el poder de antaño pero ha tenido la libertad de escoger su destino, y eso no se paga con nada.

Así que no tenía ni idea cómo se lo diría…

Yugi pretendía pasearse por medio planeta y él tenía proyectado instalarse en Kaiba Corp. a trabajar.

Dos vidas unidas, pero dos sueños dispersos…

¿Cómo lo harían¿Cuándo se verían?

Fácil sería irse con él. Pero su orgullo no lo dejaría vivir como un mantenido, no señor.

Tampoco quería ser egoísta. No quería oponerse como seguramente lo haría Kaiba con Mokuba.

En ocasiones, era por celos.

No podía negarlo, a nadie le gusta que chicos y chicas griten obscenidades afiebradamente por tu pareja, y mucho menos al dominante faraón, que se lo tenía que tragar.

Sabía que algún día tendrían que enfrentar el tema. Algún día…


- Siento como si fuera a ver a mi suegra – reclamó cierta morena que jugaba con una bebé – los hombres cuando quieren, son más prejuiciosos…

Joey, quien iba al volante, casi se mató de la risa, cuando su amiga quería, era quejumbrosa a morir.

- Oye, mis amigos son muy simpáticos. No te preocupes, te adoraran, sobre todo Yugi.

- Yugi… me da tremenda curiosidad ese tal Yugi, hablas todo el rato de él… - sonó suspicaz – ¿no será que…?

- Mei, no lo digas ni en broma, que el faraón que tiene de marido si te escucha, me asesina y luego me corta en pedacitos… - habló en son de chiste mientras estacionaba el convertible, para cambiar drásticamente el tema – Ya llegamos, aquí es¿te gusta?

- Bonita casa…

- Lástima que Lorent no pudo acompañarnos – dijo Joey sinceramente.

- Tenía asuntos que atender, pero me prometió que va a venir más tarde – vio que su amigo andaba estático frente a la puerta. No había que ser un genio para imaginarse el motivo - anda, toca el timbre, no te van a comer…

Joey dudó antes de tocar, sabía que el reto por tener preocupados a todos sería inevitable, se consideraba el peor amigo del mundo. Llamó a sus amigos desde los Estados Unidos por primera vez a los cuatro meses de su partida, antes no se había atrevido a hacerlo.

De un momento a otro, la puerta se abrió.

- ¡Joey!... bienve… – gritó Yugi pero al ver lo que el rubio tenía en "brazos", se quedó mudo.

- Hola, Yug…

- "…"

- Yug¿qué te pasa?

- "…"

- Yug… ¿estás bien?

- B-Bien – parpadeó con sus ojotes un par de veces para convencerse que no lo engañaba la vista - ¿qué es eso? – el chico ni preguntaba lógicamente. Menos veía la figura femenina que estaba al lado de Joey, la bebé le había mucho la atención.

- Hey, hermano¿qué tanto pasa aquí? – ése fue Tristan – el faraón anda hace rato espe-rán-do-los… – eso balbució apenas vio a Joey y a la niña.

- Hola… ¿pasa algo? – el de ojos melados cada vez entendía menos. Sin duda, era muy despistado.

- ¿Quiénes son? – preguntó el de cabellos tricolor, cuando al fin se percató de la presencia de la china.

Si seguían en ésas, muy capaz que entraran al anochecer, así en honor a la poca paciencia que tenía, se presentó inmediatamente – soy Mei Wheeler, la esposa de Joey; y la pequeña es nuestra hija Joyce. Mucho gusto – terminando con esa sonrisa infaltable que ella tenía.

Tristan y Yugi casi se murieron cuando oyeron la noticia, eso sí, sintieron que cayeron una gran cantidad de ladrillos sobre ellos. Era increíble lo que oían, e incluso podría decirse que se preguntaban si realmente era eso lo que habían escuchado. Sus bocas estaban tan abiertas como las de un pez, en un año el rubio volvió con familia y todo.

Creían que el rubio tendría hijos, pero que nunca se casaría. Era demasiado libre, abierto, y por qué no, algo inmaduro para esos compromisos.

El silencio absoluto reinaba entre ellos, se veía que en cualquier momento alguien lo rompería. Obviamente el que explotaría debería ser Tristan.

- ¡¡¡¿¿¿COMO QUE TE CASASTE Y NO NOS AVISASTE, JOSEPH WHEELER???!!! – fue un estruendo que casi botó la casa.

- Cálmate… - le decía casi ahogado, su moreno amigo tenía la tremenda tentativa de agarrar su cuello y apretarlo como si fuera una gallina.

- ¡Cómo quieres que me calme, Joey! Te casaste y ni llamaste para avisarnos… ¡No puedo creerlo!

- Lo siento mucho, pero todo fue muy rápido.

Otro silencio agobiante se sintió por un buen rato. Tal como el de ojos melados esperaba, la bienvenida no iba a ser de las mil maravillas.

- Creo que lo mejor es que entremos, Joey y su esposa nos explicarán todo – intervino el tricolor, que ya veía que su guitarrista se iba a ir a la cárcel.

Al entrar a la casa, a la ojiazul le presentaron los amigos de Joey, chicos algo extraños aunque que le parecieron buena gente. No sabía si era la reunión de los mellizos porque, aparte de Yami y Yugi, andaban un par de albinos muy parecidos que también andaban de visita. Insólitamente, el mejor que le cayó de todos fue el tal Bakura, no había visto nunca a nadie tan disparatado.

En cuanto al matrimonio, con una mentira más larga que una carretera y más elaborada que un puente, pudieron salir del paso. Todos los presentes se lo tragaron todo y muy contentos, felicitaron a la pareja.

Sin embargo, al egipcio le olió raro de principio a fin, demasiado aparataje para explicar un burdo matrimonio y un embarazo inesperado… ¿No podían decir "nos calentamos en una noche cualquiera, resultó que Mei salió embarazada y decidimos casarnos"? Se suponía que tenían ese grado de confianza para que estuvieran haciendo cuentos chinos¿o no?

Además no le resultaba ninguna novedad que Joey se había casado y era padre, Kaiba muy "alegremente" se lo había contado. Estuvo rumiando toda la mañana sobre las novedades, ya que él no había ido a la mansión la noche anterior.

¿Cómo fue?... ah, sí, lo recuerda perfectamente…

Que Wheeler era poca cosa, que qué le vio a ese perro, que esa mujer era justo lo que "necesitaba", bla, bla, bla y bla… que no sé cómo yo NO puedo tener hijos y ése donde primero la ponía, le resultaba. Y donde la puso, si hasta para eso tenía suerte el condenado…

Y continuado de un laaaaargo etcétera…

Kaiba no tenía una lengua muy activa, pero cuando en esas escasas ocasiones, le daba por hablar, llegaba a marear. Yami se autocompadecía frecuentemente porque era él quien tenía que soportarlo cuando le daban esos ataques de verborrea o de rabietas al CEO.

De ahí en adelante todo fue sonrisas, convirtiéndose la pequeña Joyce en la reina de la reunión, quedando sus padres relegados a segundo plano. Era el primer bebé del grupo, y como tal, deberían celebrarlo; Yugi le hacía gracias mientras Yami la tenía en brazos, sin embargo, muy rara vez la niña sonreía y hasta podía verse que se encontraba aburrida.

En eso, era hija de su padre…

Joyce Wheeler era una preciosa niña rubia y de ojos azules, facciones delicadas y de tez clara; toda una preciosidad de bebé, de esos que salen en los comerciales y todos al verla se quedaran diciendo "¡Ay, qué linda!". Aunque su manera de ser distaba mucho de su angelical apariencia, de mirada penetrante y a veces analítica, pareciera que entendiera más de lo que se creía que podía hacerlo; era también algo arisca, si se quiere, no se daba con cualquier persona y era muy posesiva con su papá.

A los pocos días de nacer, se sabía que sería en un futuro, una mujer terca, malhumorada y de gran carácter, demasiado Seto Kaiba al gusto de Joey. Pero si algo había heredado de quien la había gestado, era esa coqueta y seductora sonrisa que no mostraba con facilidad, su apetito voraz y ese carisma que hacía encantar al mundo entero donde fuera que vaya.

- Oye, Joey… tu hija es tan linda, menos mal que no salió parecida a ti…

- ¡¡¡TRISTAN!!!

Todo el mundo rió toda la tarde entre los chistes de mal gusto de Tristan y las bromas pesadas de Bakura, recordando viejos tiempos y el kilométrico cuestionario a la china, querían saber TODO acerca de la mujer que "conquistó" a su amigo.

Menos mal que cierto comentario suelto de Bakura no lo escuchó nadie, salvo Ryou, quien le dio tremendo codazo, porque en el caso que lo hubieran oído, quizás los hubieran echado a patadas de la casa…

- Si Wheeler fuera mujer, juraría que el padre de esa mocosa apática es el sacerdote...


Tiritaba de pies a cabeza, no era para menos. Sabía que Seto no tomaría para nada bien que había decidido unirse a una banda y que quería ser artista. Justamente la semana anterior le había dado un catálogo de lo que cada una de las universidades de la Ivy League (las ocho más antiguas de Estados Unidos) y las carreras que éstas le ofrecerían.

Se sentía horrible.

Al igual que Seto, era más un niño precoz por lo que cumpliera los dieciséis ya estaría en la universidad.

Kaiba, estaba tan empeñado en darle lo mejor a Mokuba, que sin querer lo estaba presionando demasiado. No quería que sufriera el martirio que él padeció con Gozaburo pero que tuviera la mejor de las educaciones, aunque la separación le doliera mucho. Mokuba estaba muy conciente de eso y de las consecuencias que le acarrearía su decisión. Sin embargo, tampoco quería seguir lo que su hermano proponía para solamente para quedar bien con él.

No tenía dudas. La mitad de su vida había comprobado que el teclado es una prolongación de él.

Se infundió todo el valor que pudo para entrar al privado de su hermano.

- ¿Puedo? – su voz denotaba nervios que provenían de su tembloroso cuerpo.

- Mokuba, sabes de antemano que puedes entrar sin permiso – le indicó el castaño, sin despegarse de su laptop - ¿qué deseas?

- Seto… yo… b-bueno, yo…

- Vamos, no dudes… te he dicho muchas veces que la duda proviene de los perdedores – ahí está, el amoroso y a la vez duro hermano mayor.

- Seto, quería hablarte sobre mi futuro.

- Sabía que eras una persona madura y que decidirías antes de lo pensado – con lo dicho y la leve sonrisa de Kaiba, el pequeño se sintió peor. Si algo le gustaba hacer, era que su hermano se sintiera orgulloso de él - ¿Y bien?

- ¿Y bien qué? – no era miedoso, pero sabía que esto haría que el pelo perfecto del CEO flameara ardiente.

- De lo que me hablarías. Quiero enviarte a una escuela que enfoque precisamente tus gustos y que te deje tiempo libre suficiente para que vea a "esos" – refiriéndose a Yugi y compañía.

- Es que no me gusto… ninguna…

- Quizás Europa… Oxford, Bolonia y París son excelentes op…

- Seto… – lo interrumpió.

- ¿Qué?

- No quiero estudiar en ninguna parte y ninguna cosa – respiró hondamente y habló con una decisión que desconocía de sí mismo – quiero dedicarme a la música…es lo que he decidido.

El ojiazul desvió la vista impactadamente sobre el chico asustado. Mokuba tragó saliva, que el castaño estuviera con los ojos abiertos y "callado" no era nada bueno.

Seto creyó haber oído mal…

Miró al moreno para ver si era una mentira o una broma de mal gusto, pero por la actitud temerosa del muchacho no lo era. Estaba perfectamente al tanto que a él no le gustaría nada la idea de que anduviera tocando en un bar de quinta y fumando marihuana en compañía de alguien. Siempre creyó que lo del teclado era un hobby y nada más.

Azules y azules violáceos se cruzaron. Uno con miedo y el otro con rabia.

- Supongo que escuché mal – inquirió el castaño mirándolo de forma muy penetrante.

Era su última oportunidad para arrepentirse y no tener problemas con su hermano. Tampoco podía escapar eternamente, alguna vez tendría que enfrentarlo.

- No, quiero ser artista…

A Seto no le podía pasar esto, reaccionó inmediatamente.

- ¡¿Se puede saber dónde tenías la cabeza cuando decidiste eso?! – preguntó Seto con molestia.

- Yo…

- ¡Nada! – casi gritó – apuesto que el maldito enano y el estúpido mono tienen que ver con esto.

- No, es que…

- ¡Pero que no! No he sacrificado mi vida para que termines en una revista de chismes y disponer de la fortuna Kaiba para que te compres licor y drogas ¡no, no y NO!

- Seto, yo quiero tocar, Yugi y Tris son personas muy…

- ¿Muy qué? – preguntó Kaiba ya enfadado – muy idiotas e ingenuos para no creer que terminarán encamados con cualquiera esnifando líneas de cocaína… ¿eso es lo que quieres para tu futuro?

- No, yo no haría eso – respondió Mokuba a poco de llorar.

- Eso lo dices ahora, que vives bien… con un poco de éxito, la gente se transforma.

- ¡¡¡COMO TU, QUE TE ACUESTAS CON CUALQUIERA QUE TENGA FALDA¡¡¡PARECES MAS UN PUTO QUE UN EMPRESARIO!!!

Un sonido se oyó. Una cachetada.

Mokuba volteó el rostro producto por el golpe. Pero lo que más le dolía era que su hermano lo había golpeado. Nunca le había puesto una mano encima. Y sí que le dolió. Entre tanto el castaño, al darse cuenta, se arrepintió inmediatamente, pero la acalorada discusión rápidamente se había ido de control.

- Lo siento… yo no quería… – Seto miró su mano que temblaba y caminó hacía atrás.

Los ojos violetas chispeaban de ira y pronto se tradujeron en palabras, antes huir disparado de aquella habitación.

- ¡¡¡TE ODIO!!!

Antes de perseguirlo por las escaleras, se preguntó una cosa…

¿Desde cuándo mi vida es un caos?


Joey tenía la suficiente confianza de los dueños para sacar un vaso de agua de la cocina y bebérselo sin que se molestaran. A pesar de ello, le pidió permiso a Yugi, quien casi lo tomó como ofensa, teniéndose que ir a la cocina antes que su amigo le dijera algo.

Aunque debió decirle que había un teléfono y que su marido lo utilizaba para hablar cuando habían visitas.

En eso, empezó a buscar los vasos, que no encontraba en ninguna parte.

- ¿Qué buscas? – preguntó Yami, al ver al rubio tan perdido.

- Vasos.

- Están arriba a la derecha.

- Gracias – se dispuso a buscar donde el egipcio le había dicho.

E involuntariamente comenzó a escuchar su conversación.

- No estaba conversando contigo, Kaiba…

"Kaiba"…

¿Yami estaba hablando con él?

El corazón le latió aceleradamente, teniendo que sostener su pecho con la mano para que no se le saliera; un tremendo terremoto sintió en el estómago. Si esto le pasara sólo al saber que estaba en el teléfono, como sería cuando estuvieran cara a cara. Pensó que el día de volver a verlo sería muy lejano, pero llevaba apenas un día, y el desgraciado ya tenía que salir en el baile. Reencontrarse era sólo cuestión de tiempo.

Siguiendo a sus tentaciones, se hizo el torpe que no encontraba nada y siguió prestando atención.

- Lo de Mokuba es importante – reclamó el CEO – está desaparecido, tuvimos una discusión. He llamado a su celular y no contesta.

- Eso sólo te pasa a ti, en primer lugar, ya me imagino el porqué – será su jefe, pero fuera de las horas de su trabajo no le aguantaría sus berrinches – aparte no puedo ser maleducado con mis amigos. No eres el único del mundo.

- No me vengas con eso de la amistad, esos idiotas pueden esperar.

- ¡Hace un año que no veo a Joey, y no lo dejaré botado por ti!

El solo oír el nombre de ese bobo, se le erizó la piel de rabia. Hasta en las conversaciones menos imaginables, salía a la luz como por arte de magia; como la de anoche por ejemplo. Con todo, no podía dejar de lado ese leve nerviosismo.

Es que ambos lo sintieron. Por un teléfono estaban conectados…

No necesitaban oírse para sentir ese encierro caótico y enloquecedor. Podían ver que el otro estaba en el otro lado y pensar en un suspiro cosas sin sentido ni explicación.

"Seto…"

"Wheeler…"

Kaiba no prestaba atención las cosas que decía el faraón y su rabia, se fue al olvido rápidamente. La imagen hechizante y dorada se le vino a la cabeza, y por más que se resistiera a esa imagen casi surrealista, no podía escapar de ella. Y aunque no quisiera aceptarlo, tampoco quería.

Tantos momentos juntos…

"Pero no es posible… él nunca lo quiso posible"

Era lo que pensaba Joey, quien disimuladamente trataba de escuchar la aterciopelada y masculina voz por el auricular, aunque no pudiera entendérsele nada. Era absurdo, pero era su dueño, su amor, el padre de su hija. Volvía ese hormigueo constante por cada palmo de su cuerpo ¡Dios, no lo veía y ya sentía que veía de todos colores!

Se controlaba para no tomar ese maldito teléfono, debatiéndose si decir que lo ha extrañado tanto o sus cuatro verdades y mandarlo a freír monos.

Recuerdos, malos y buenos…

Sensaciones que se creyeron perdidas, salieron a flote.

El de ojos melados, sin querer, recordó aquella última vez, en que fue el acabose de todo; anótese, si es que alguna vez hubo algo. Ni su padre borracho hasta la médula lo hizo padecer tal humillación.

Flashback

Se lo habían prohibido, sin embargo, él nunca ha sido muy amigo de las reglas; el desafío era la primera palabra que cualquiera pudiera haberlo definido; así que sin más ni más, se dirigió a la oficina de su amante. Una voz le decía que no fuera más "ciego", que asumiera la tormentosa realidad en que estaba siendo sometido, presentía el corte final.

Mas, no quería aceptarlo…

¿La razón? La fe en que algún día iba a cambiar.

Nunca pudo dejar eso, era un soñador innato.

Un tonto perrito que esperaba fielmente el llamado del amo…

Seto no lo había llamado en una semana, lo único que sabía del castaño era por la prensa, que para su pesar, andaba con otra chica, otra amante de ocasión ¿Hasta cuándo soportaría? El gato había abusado de la suya demasiado como para que mínimo le diera una explicación para que terminara todo.

Lo temía. Lo sentía.

Pero no huiría.

- ¿Qué haces aquí, Wheeler? – el CEO apenas lo vio, se puso furioso, mostrando su gran altivez – te dije perro estúpido que no te aparecieras por aquí.

- Si la montaña no viene a ti, tú tienes que ir a la montaña… o mejor dicho, a visitar a los bastardos ricachones – habló con determinación.

- ¿A qué viniste? – indagó el ojiazul con hastío – habla rápido.

- Me cansé, Kaiba – exclamó en un casi grito – ¡me cansé de ser tu puta! Ya no lo soporto, por qué yo no…

- ¿Por qué tú no qué?

- ¿Por qué escondemos lo nuestro? – preguntó por enésima vez – si es que hay algo entre… nosotros – vaciló en la parte final.

- Todavía insistes con lo mismo – Seto estaba furioso, todo esto lo consideraba una total pérdida de tiempo – para que lo entiendas de una vez por todas, tú mismo lo dijiste, sarnoso. Nunca ha habido nada entre tú y yo – dio su veredicto – Wheeler, nosotros estábamos juntos pero no revueltos…

- ¿Qué quieres decir? – estaba incrédulo, lo acababa de oír, realmente sonaba de verdad muy feo.- ¿Qué quiero decir? Que la pasábamos bien en las noches, pero de "ahí" a algo contigo… – fijó su vista en el rubio con desdén – ubícate, te falta demasiada clase para andar públicamente con una persona como yo. La gente como "tú" siempre están en las sombras para servirnos… ya sabes a lo que me refiero.

Sentía lástima por sí mismo, por tener la desgracia de enamorarse de la persona menos indicada; lágrimas que se tentaban a caer raudas por el rostro de Joey, la poca dignidad que le quedaba era lo que se lo impedía. Pero el corazón roto no podía quitárselo nadie, sin importar cuando se había preparado, la vivencia era terrible.

No podía seguir con esta mentira, no más.

Y la rabia se lo estaba comiendo. Rabia consigo mismo, rabia con el mal nacido que tenía al frente.

- ¡Dime que lo que estás haciendo conmigo es muy de clase, Kaiba! – el orgullo de Joey burbujeaba lava ardiente, sus puños azotaron el escritorio del CEO de rabia.

- Siempre hay gente para satisfacer lo básico, perro… ¿o crees que te puse ese apodo sólo por lo idiota? – si algo sabía el castaño era herir y el rubio se estaba sintiendo la peor basura del mundo – aparte de eso, no sirves para nada. Yo necesito algo que jamás me darías.

- ¿Qué? – preguntó con un hilillo de voz.

El CEO contestó con simpleza – hijos, Wheeler… tú nunca me darás hijos… necesito gente con mi sangre para que continúe con mi obra, y supongo que sabes que no se necesitan de dos hombres, por muy puto que seas…

Vacío, vacío…

Caía Joey, su dolor, su ira…

Cerró los ojos y suspiró hondamente, repitiéndose en su mente muchas veces…

"No voy a llorar, no voy a llorar, este desgraciado no le daré el gusto de verme llorar…"

De repente, reaccionó.

- ¡Maldito desgraciado! – le dio un tremendo puñetazo a Kaiba – yo no sé qué pensaba cuando me metí contigo… eres peor que la escoria…

Desilusión, desolación.

El ojiazul era sarcástico, nunca había sido cruel. Al menos, no tanto como en ese instante.

- ¿Qué te crees¿No sabes con quién tratas? – siseó Seto mientras se limpiaba la sangre de sus labios – ya vas a ver, perro mugroso… - apretó un botón – ¡Seguridad!

Al poco tiempo, dos armarios andantes aparecieron para llevarse a la rubia molestia. Este hizo mal en oponer resistencia, por lo que los dos grandotes lo agarraron antes de llevárselo, pateaba y profería palabrotas para que lo soltaran.

- No sé cómo entró este mocoso, pero la próxima vez que lo haga, lo pagarán bien caro – dispuso el gran señor Kaiba – llévenselo de aquí, no lo quiero volver a ver en mi vida – la última frase se la dijo a Joey mirándolo fijamente a los ojos para que le quedara claro que era una molestia para él.

- ¡No, suélteme! – gritaba el rubio - ¡Kaiba, te vas a arrepentir de lo que me has hecho¡Ojala nunca tengas hijos, para que no tengan un padre como tú!

- Todos dicen lo mismo – murmuró el CEO, para que nadie lo escuchara.

- ¡Algún día entraré aquí por la puerta de adelante! ¡Te lo juro!... Ya vas a ver – gritaba el cachorro mientras seguía forcejeando con los guardias – ¡Volveré!

- Sí, claro – volvió a sentarse y concentrarse en su laptop - ¿en qué estaba?...

Mientras tanto, Joey lo lanzaron a la calle, comiendo literalmente el cemento y recibiendo las burlas de los guardias, que no lo golpearon por lástima. Aunque era hombre, era lo más lógico que era "otro más" en la larga lista de Seto kaiba

Era verano… pero para él, su corazón llovía, de pena…

¿Por qué no le dijo que no quería verlo más, sino tenía que despacharlo de esa forma?

No tenía culpa de no tener su status o no poderle concebirle hijos. No era una chica ni le gustaban tampoco. Si hubiese sido una mujer, le hubiera llenado de niños.

¿A qué aferrarse cuando nadie puede saberlo?

¿Con qué hombro apoyarse sin poder desahogarse?

Su orgullo tampoco dejaría contar la degradación que ha sido objeto por dos años…

"Irse", huir con el rabo entre las piernas. Eso era la única posibilidad que le quedaba.

Corría por las calles llorando, sin importarle con quien se estrellaba, necesitaba largarse a otro lugar. El dinero que tuvo con ese terrible trabajo le iba a ser suficiente para hacerlo.

Ya no quería saber de nada, de nadie.

No tenía cara para contarle a nadie, no soportaría las críticas y los "no debiste" de los demás.

Sin saber lo que depararía el futuro, partiría. Nadie, ni el mismo, sabían que dos criaturas estaban dentro de él y que en cierto modo, lo han hecho sobrevivir.

Una de ellas sería lo que se transformaría en su luz en medio de la oscuridad, en su esperanza…

La otra… es la que todos tenemos, es aquella bestia que escondemos y que sólo se alimenta de nuestro odio, de nuestros rencores… de las injusticias de la vida. Aquélla, que a veces puede incluso apañar el amor más grande y opacar al sol más hermoso; se incuba en nuestro interior para emerger cuando se pierden todas las partidas.

Por eso…

Mientras más paciencia se tiene…

Mientras más amemos a quien nos daña…

Cuando ésta se acaba…

Más grande es la bestia que sale para arrasar con todo a su paso…

Fin del flashback

Lo mejor para Joey fue irse de ese lugar, a pesar del tiempo que ha transcurrido, Kaiba le hacía mal. A lo mejor, ya celebraba secretamente con su amiga Mai la espera de un muchachito.

No sabía cuán equivocado estaba.

Y el ojiazul vislumbraba que el momento para volver al cachorro estaba cerca y que ya no estaba solo, las palabras de su asistente tricolor ni le entraban por los oídos, nuevamente la sensación de posesión con el rubio estaba en su pecho y la misma pregunta que se hacía desde antes que se fuera…

¿Qué me importa lo que haga ese idiota¡Que se case con quien le venga en gana!

- ¡Kaiba!... ¡KAIBA!

- ¡Qué! – gritó Seto sobresaltado.

- Es la tercera vez que te llamo y ni contestas – protestó Yami – no sé para qué llamas si después no pones atención.

- No grites. Tengo jaqueca, faraón de pacotilla – se excusó; mitad mentira, mitad verdad.

- Bueno, pero entonces quedamos en lo que hablamos y si veo a Mokuba, te aviso. Nos vemos el lunes. Adiós – fue cuando el egipcio colgó.

"¿Qué fue lo que dijo?"

Era lo que se preguntaba Kaiba, tratando de recordar en vano que es lo que le habían dicho.

Estaba tremendamente preocupado por su hermano porque no sabe dónde se había metido o a qué horas llegaría, eso le estaba provocando un palpitante dolor de cabeza. Se estiró hacia atrás en su silla y se masajeó las sienes, todo en un momento, hasta la jaqueca se le había olvidado. Lo que pasó fue que estaba muy concentrado pensando en… en…

Tonterías…

¿Por qué el pasado, que no admitía que le avergonzaba, nunca había dejado de azorarlo?

Antes muerto que buscar una respuesta…

Por otra parte, el observador Yami acababa de confirmar sus sospechas, no era necesario que alguien le dijese algo para ver que algo había ocurrido entre esos dos. Kaiba no se distrae con nada y voló a otra dimensión con sólo oír el nombre "Joey"; y éste, con un paseo por la cocina "bastante largo" para ser un vaso de agua.

¿Extraño?… extraño era que Bakura se disfrazara de conejito rosa. Esto era, casi chocante.

Inclusive, si su memoria iba un poco más lejos, una vez hablando por teléfono con su jefe, oyó unos gemidos de un hombre. Por supuesto, que nunca le murmuró ni media palabra, pero le extrañaba, ya que supuestamente sólo gustaba de señoritas y algunas, no tanto que digamos.

Aparte, había notado que más de alguna vez, el castaño estaba ocultando algo y también, encontrarse en varias ocasiones a su amigo rubio en las cercanías de KC "de casualidad" y en horas un poco inesperadas.

Y no digamos de la tierna frase que le dedicó Kaiba cuando le comentó sobre la nueva inversionista esa misma mañana:

"Es perfecta, pero una maldita fácil…"

Ya había entendido a que venía.

Conclusión: sólo tenía que juntar las piezas y ¡voilá!

Ahora la pregunta del año es cómo esos dos…


No escuchó los insistentes llamados de su hermano, no quería verlo en mucho rato; yéndose en la primera cosa que pilló, que fue la bicicleta del jardinero ¿Es que Seto no podía entender algo tan sencillo? No deseaba ser un economista o un abogado para seguir con la compañía, en su futuro no se veía en una oficina y en reuniones monótonas que hablaran de inversiones, balances financieros o revisando contratos.

Al parecer, se le había olvidado que era su hermano y no su padre; que ya no era un crío de cinco años que lloraba por todo. Ya era hora que empezara saber que es lo que haría de él, asumiendo que por mucho cariño que se tuvieran, los dos tenían vidas separadas.

Para él, eran las luces, música ensordecedora y los gritos de los fans pidiendo como locos sus canciones.

Que la gente vibrara, que cada tecla que apretara fuera exquisitamente aniquilador para quien lo oyera.

Entre otros motivos, no era que fuera un envidioso, pero estaba hasta la mismísima coronilla que siempre tenía que estar bajo la sombra de su hermano mayor y que no fuera catalogado más por la prensa como el niño caprichoso y mimado de la familia Kaiba.

Esa era la otra razón… quería ser Mokuba y no el "hermano de".

Quería brillar con resplandor propio, quería saber si era capaz de hacerlo. Aunque no tenía idea cómo lo haría si Seto poco menos le ponía las palabras en su boca y, a simple apariencia, el castaño no querría dejar esa costumbre por mucho tiempo. A los diez años estaba bien eso y se lo agradecería con todo el corazón por el resto de sus días, pero ahora a los catorce, era una completa desfachatez.

Le daba pena que el ojiazul haya sacrificado todo por su bienestar, eso es verdad. Sin embargo, ahora se da la gran vida de gigoló y nadie le criticaba nada ¿Qué cree, que eso es muy bonito?

Inhaló aire hondamente para luego exhalarlo. Necesitaba ayuda y urgente, sus amigos siempre sabían que es lo que debía hacer.

No sabía que el destino otra vez jugaría con él y en menos de veinticuatro horas, reencontró a esa persona que lo perturbaba, lleno de apasionante fuego y dulce amabilidad.

- ¡Mokuba!

Maldición. Lo que le faltaba. Lorent Regnier en persona.

Ya dijo por un demonio que se sentía mal… ¿no podía también pasar una paloma y ensuciarle la cabeza para coronar su día?

¿Cuáles eran las posibilidades tenía que el francés estuviera en la puerta de la casa de los Atemu Motou?

Ninguna. Pero el pelma ojirojizo estaba parado en frente suyo.

No en vano estuvo toda la noche pensando en él, recordando que era un hombre que ya estaba comprometido.

"Es casado, es casado, es casado, es casado, es casado"

Se repitió como mantra toda la noche, para desilusionarse. Sin embargo no pudo.

La sola evocación del moreno en su cabeza lo hacía sonrojar de sobremanera. Jamás se había sentido así. Ese aire parisino mezclado con el misterio y su amabilidad con lo oscuridad de sus vestimentas. Era realmente fascinante para un adolescente que estaba ávido por conocer muchas cosas.

Lorent era una de ellas. Sin embargo era prohibido.

¿Saben lo que significaba prohibido para un chico? Algo que mientras más difícil de probar, más delicioso es.

De plano, era vedado para él. El francés mínimo debería aventajarle diez años.

- Lorent¿qué tal? – trató de ser sonriente, pero no lo pudo evitar hacer una mueca de amargura.

Después de tanto reclamar, se dio cuenta que se había olvidado a lo que había venido, por lo que empezó a gimotear. Se moría de la vergüenza, prácticamente no podía evitar tener los ojos vidriosos ante él. Todos los motivos de su tristeza salieron a flote.

Una vida que no quiso.

Un hermano que no lo entiende.

Un sueño que tal vez sea irrealizable.

Y por supuesto… un amor imposible…

- ¿Pasa algo? – el ojirojizo presintió inmediatamente que no andaba algo bien con el chibi – Mokuba, si quieres yo puedo…

Como odiaba esas palabras, eso cuando uno estaba a punto, era un "ponte a llorar" seguro. Con más razón, si lo hacía alguien especial. Querría salir corriendo de ahí.

Aquella burbuja de cristal que era él mismo se rompió.

Se lanzó a los brazos de Lorent y lloró desconsoladamente. Necesitaba esos brazos fuertes y que no lo soltaran más, necesitaba un apoyo y desde la noche anterior, nadie se lo había dado tan certeramente como él.

Aún así, se aferró al moreno como si fuera su salvavidas en el mar de confusiones que tenía en la cabeza, necesitaba la guía que creía que había perdido.

El ojirojizo sintió esa necesidad también, pero esta era de protección. Su manera de ser hacía que todos se apoyaran de él, su seguridad y su madurez eran un imán para esas cosas, y Moki se ganó desde que lo vio, un cariño fraternal, el chiquillo era un encanto. Con eso, se ganó su afecto.

- Desahógate todo lo que quieras, Mokuba… yo estaré contigo…

Mentira. El no estará con él, estará con su mujer. Eso lo hizo despertar y se soltó de sus brazos.

- Gracias… ya estoy bien… - decía un poco entrecortado, secándose las lágrimas – estoy dando un espectáculo en la vía pública.

- Que no te importe el qué dirán – reprendió suavemente – ¡ellos no te darán ni la felicidad ni te tenderán una mano cuando lo necesites!

- Tienes razón, Lorent… pero me da vergüenza – sacó coquetamente la lengua.

- Mejor entremos.

- ¿Entremos? – preguntó el menor extrañado - ¿no me digas que vienes a ver a Yami?

- Así es. Me invitaron a la casa de los Atemu – Mokuba rodó por ojos, el ojirojizo siempre tan formal.

- ¿Cómo lo conoces?

- Entre él y yo negociamos para nuestros "jefes". La chica que viste anoche es mi jefa y mi amiga.

¿Amiga?

¿Oyó "amiga"?

Esto era demasiado genial para ser verdad.

¡Yupi!

Con eso, su ánimo estaba mucho más en alto.

Al fin le había tocado algo más que bueno en el día, eso significaba que Lorent estaba solito; en el amor la edad era lo de menos, ya le tenía la vista echada, y como un buen Kaiba, no estaría completamente satisfecho hasta que ese chico fuera suyo. Así era o dejaría de llamarse Mokuba ¡Yahooooo!

Entraron a la casa, y Mokuba no esperó que una cabellera rubia se asomara, por lo que en cuanto lo vio, casi lo botó por, prácticamente, tirársele encima. Más de alguna vez había deseado que Seto fuera un poquito como Joey, que al menos sonriera. Y para el de ojos melados fue la mejor noticia del día volver a ver al chico que había extrañado tanto, era como su hermanito. Sin duda, fue un momento muy emotivo.

- ¡Joey!

- Hola Moki, cuánto has crecido – le revolvió los cabellos.

- Tú te ves igual, pero siento que no eres el mismo, rubio bobo.

- Pues no… Mokuba, déjame decirte que… me casé – se dirigió la mirada hacia la morena.

- Hola, yo soy Mei, mucho gusto.

- ¡¡¡TE CASASTE!!! – el pequeño ojivioleta los miró a los dos completamente incrédulo.

- Así es chibi, Joey Wheeler ahora es un hombre de familia – puso cara de un hombre completamente responsable.

- ¿Te casaste con ella? – la indicó – pero si yo a ella la vi anoche… ¿tú eras la mujer que defendió Lorent en la fiesta, verdad?

- Ehhh, sí, yo era – "ay no, este niño está hablando de más", pensó urgida.

- ¿Qué fiesta? – preguntó el rubio mirando a la ojiazul.

- La fiesta de anoche, en la mansión – oops, no tenía ni idea que acababa de meter la pata.

- Ah… la de la mansión Kaiba – casi fulminó con la mirada a Mei, a quien sintió la corriente por la espalda – claro, mi linda esposa está haciendo negocios con el bastardo de tu hermano… y hablando de él¿qué cuenta el amargado? – lógicamente preguntó por Seto, como quien no quería la cosa.

- Bueno, yo…

Ante todos los presentes, contó la discusión que tuvo con el castaño, omitiendo la bofeteada. Si lo supieran, hasta Yugi lo iría a quemar vivo. Hasta el final de la visita el tema de conversación fue el "maldito Seto Kaiba". No había que ser adivino para saber quien fue el que le echó más cizaña.

Mei no estuvo muy concentrada en la conversación, sólo miraba a Joey, quien la observaba de cuanto en cuando con una faz indescifrable, salvo el "esto lo hablaremos apenas lleguemos al hotel".

Ella tendría que darle más de una explicación.


En el auto, en el que ahora conducía Lorent se podía respirar la tensión. Joey estaba demasiado furioso porque la morena no le había dicho nada acerca que su nuevo socio sería el mismísimo bastardo ricachón, se "suponía" que eran amigos y no habían secretos entre ellos. Bueno, se suponía…

La llegada al hotel y la subida al ascensor sería lo mismo, tensión. Ni los comentarios esporádicos del ojirojizo alivianaban un poco el pesado ambiente, decidiendo que lo mejor era dejar la "pareja" a solas.

- No te lo dije, porque sabía que te pondrías así, Joey… - fue el primera arremetida por parte de ella apenas llegaron a la habitación – no creo que estés preparado para volver a verlo, los negocios son los negocios y yo necesito a KC para…

- ¡Calla! – la interrumpió – Mei, sé que tu empresa es importante, pero lo que me enoja no es con quien hagas tus negocios, hazlo con quien se te dé la gana. Lo que me enoja fue que me lo hayas ocultado.

- Realmente lo siento, no fue mi intención haberte molestado, pensé que era lo mejor – habló francamente – pensé que si supieras que haces negocios con el maldito ricachón, te pondría mal.

- Hiciste mal, más rápido descubren a un mentiroso que a un ladrón¿ya ves? – la miró fijamente – la confianza tiene una sola vida, si se pierde, es muy difícil recuperarla. Y no quiero desconfiar en ti, sobre todo por lo que has hecho por Joyce y mí – enfocó la mirada hacia su hija, que estaba en sus brazos.

- Está bien, de ahora en adelante, prometo no ocultarte nada acerca del bastardo ricacho ese… pero si se quiere pasar de listo¿puedo arruinarle su carita bonita?

- Claro, si quieres te ayudo – sonrió Joey cómplicemente – yo también estoy ansioso de patearle su trasero… ¿Y que voy a patearle si ni tiene? – Mei estalló en un ataque de risa.

Joey había comprobado por él mismo que el gran genio tenía el complejo de que su humanidad no era de un tamaño aceptable, por lo que ésa era la razón por la que siempre usaba largas gabardinas y chaquetas, para taparse la parte que menos le gustaba de su cuerpo. Y el orgullo de Kaiba jamás haría que se sometiera a una cirugía plástica, según lo que decía, él "no era de silicona".

- Joey, hablando seriamente, te digo que no se volverá a repetir, solamente quise hacerlo para no hacerte sentir mal… - puso cara de niña que le habían pillado en una travesura.

- Está bien, pero si se repite, no seré tan bueno.

- ¡Tú malo!, jajajajajaja – soltó la morena una carcajada – antes se acaba el mundo… tú pecas de bueno, Joey – le acarició la mejilla - ¿verdad, pequeña bribona? – se refería a la bebita quien le sonreía, probablemente asintiendo que su padre era un sol de persona.

Sin embargo, en el interior del rubio habían muchas dudas sembradas desde hace algún tiempo. Más de alguna vez ha visto a Lorent y ella cuchicheando de "algo", llamadas a horas inimaginables, entre otras cosas. Había gato encerrado… mejor dicho una "gata" que guardaba muchos secretos.

Odiaba desconfiar en la gente. La política del grupo "happy faces" era siempre tener fe en las personas.

Pero de que olía algo raro aquí, olía podrido.

Una cosa es que ayudara a él y a Joyce… ¿pero qué tan desinteresada sería esa ayuda? Nada es gratis en la vida y Mei algún día le pasaría la factura.

Lo que no sabía que ese día llegaría muy pronto…

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Domingo, el día que todos descansan y lo esperan, pero es el más aburrido de la semana. Sobre todo si es en la noche, aunque los tres jóvenes y una bebé sabrían sobrellevarlo. En una cama matrimonial, estaban los tres acostados viendo una película liviana y comiendo un paquete gigante de rosetas de maíz. Joyce estaba en el pecho de su papá, quedándose lentamente dormida.

- Mei¿podrías pasarme las rosetas? Joey y tú se las han comido casi todas.

- Tenemos hambre, Lorent¿cierto, rubiecito bonito?

- Cierto. Aunque si seguimos así, nuestra chinita será una pelota – se mofó.

- ¡Joey! – se hizo la molesta – ojala engordara un poco, tengo menos carne que un vegetariano – por debajo de las sábanas mira sus pequeños atributos y se lamentó con un suspiro, al tiempo que Joey se reía de lo lindo.

- Niños, dejen mirar la película.

- Ya llegó papá Lorent a poner orden – siguió el Joey con la jugarreta, tirándole una roseta, siendo imitado por la ojiazul.

- Ustedes no crecen¿qué ejemplo le darán a Joyce? – que la miraron que estaba completamente dormida, por lo que la que el rubio la fue a recostar en su cuna.

- ¿Te han dicho que eres demasiado serio? – le señalo Joey con una sonrisa al volver – relájate un poco, Lorent.

Eso fue lo que al ojirojizo lo flechó a primera vista del rubio, su radiante sonrisa. Joey era el único quien le sacaba un poco de su seriedad. Sus ojos melados y su actitud espontánea fueron los que finalmente lo enamoraron de ese chico que ha sufrido tanto. El se comprometió que sacaría de la tristeza a Joey y que él se quedaría con alguien valiosísimo que Seto Kaiba no supo apreciar.

- Lo sé – le devolvió gentilmente la sonrisa – no puedo evitarlo.

El ojirojizo miraba a Joey en forma muy fija, tratando de transmitir todos sus sentimientos con la mirada, pero todavía sentía la barrera en su corazón.

Quedaba un largo camino por recorrer y él estaba dispuesto a estar junto a Joey.

El rubio miraba esos ojos marrones rojizos. Exóticos, pero bonitos. Sin embargo, no quería ver el trasfondo que tenía su mirada. El se hundiría únicamente en lo profundo de los tormentosos mares azules, aunque se considerara idiota por el resto de sus días.

Si supiera que es lo que Lorent pensaba…

- Pero de vez en cuando… - lanzó una roseta que rebotó en la cabeza rubia – puedo cambiar un poco.

-Contraataque – Joey se tiró encima del ojirojizo y comenzaron juguetear, con lo que luego se agregó Mei, resignada a que no verían la película.

Tres amigos, que tal vez lo serían por el resto de su vida.

Muchas veces habían terminado en estas divertidas jugarretas. Esto se debía a que habían vivido muchas cosas juntas con lo que habían construido algo más fuerte que la amistad.

Ellos eran una familia.

Era cierto que habían muchas cosas ocultas entre ellos, pero soñaban que algún día pudieran vivir transparentemente, sin que tener que fingirle al otro que todo estaba bien.

- Lorent, no… ¡me haces cosquillas! – exclamó Joey, quien ya no podía aguantar la risa.

- ¡Suelta a mi marido! – chilló Mei, fingiendo ser una esposa celosa, haciéndole cosquillas a su amigo.

- ¡No griten tanto que van a despertar a Joyce!

Almohadones, sábanas y rosetas de maíz repartidas por toda la habitación evidenciaba la niñería de aquellos muchachos, pero ellos estaban completamente felices. Momentos gratos como éste les hacía olvidar las dificultades.

Les encantaba estar así.

Sin previo aviso, fue la televisión quien interrumpió el juego abruptamente, anunciando algo tan bulliciosamente, que no pudieron seguir jugando, una noticia que les congelaría hasta el alma…

- Creo que es un extra – dijo la ojiazul.

- ¿A las diez de la noche? – cuestionó Joey.

- Puede ser… debe ser algo importante – apuntó el moreno.

El noticiero dio la fatídica noticia:

"Interrumpimos la programación habitual debido que hace veinte minutos atrás, un carro bomba estalló en las instalaciones de la prestigiosa empresa tecnológica de Kaiba Corporation, causando un gran alboroto a sus alrededores. Se presume que hay doce heridos y siete muertos, en los que posiblemente se encontraría el presidente de la compañía, el atractivo multimillonario, Seto Kaiba…

Según fuentes no oficiales, el magnate siempre pasaba los domingos en la noche por algunos documentos, por lo que haría concluir que esto fue todo premeditado. Se ha dicho que podría haber sido hecho por alguien enemigo a la empresa, por lo que la policía ya se encuentra investigando al respecto. En este preciso instante, el equipo de rescate se está encargando del rescate de los heridos y los cuerpos.

Eso es todo lo que sabe por ahora, en cualquier momento, comunicaremos otra información…"

Tres pares de ojos se quedaron impactados por la noticia, no podían creer lo que estaba pasando. No les entraba aire por los pulmones, estaban demasiado consternados; sabían que podía significar lo que habían dicho hace un instante.

Seto Kaiba podría estar muerto.

Lorent inmediatamente cambió los canales para ver que todos transmitían exactamente lo mismo, "la presunta muerte del genio". Quería saber si se confirmaba la noticia o se negaba, pero nadie tenía la información precisa.

Mei comenzó a temblar de miedo, sabía perfectamente quien era el autor y que estos tipos hablaban completamente en serio. Rogaba en silencio que el empresario no estuviera muerto.

Y a Joey… simplemente le corrieron las lágrimas por sus mejillas. Estaba furioso por todo lo que le había hecho, pero aún así lo amaba; y ahora podría estar muerto, "¡muerto!". Sintió que todo el peso se le iba a los pies y que la angustia apretaba su pecho.

Seto…

Ya no estaría aquí.

Seto…

No podía asumirlo en su mente ni mucho menos en su corazón.

Las palabras no le salían de su boca, pero su alma gritó con todas sus fuerzas…

¡¡¡¡¡SETOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!


Capítulo de transición necesario, con un final explosivo… ehhhhhhh… ////// se me olvidó decir algo… ¿Les conté que el fic sería un poquito "ex-tre-mo"? El próximo capítulo se llamará "Reencuentro forzado". A lo mejor este reencuentro entre Joey y Seto será en el propio funeral del CEO TT (veo que la mitad de ustedes me apuntan con un arma), no me maten, si no, no sabrán que habrá en el próximo capítulo xDDDDDDDDDDD. Para todos, la pregunta¿qué será de Kaiba?

En cuanto a Moki tiene mucha razón y no cede ante las de Kaiba, que creo que también son válidas; pero así es la adolescencia. Al menos se le alegró el panorama que su francés favorito no era casado nn Creo que habrá un tiempo que no sabremos más sobre este par.

Otra cosa¿es mi idea o he hecho un Yami demasiado suspicaz? ¬¬' Aunque creo que si es el rey de juegos no es porque era un completo idiota ni tampoco solamente en base al corazón de las cartas, ustedes juzgarán.

Hasta pronto y se me cuidan.

Shabi-chan.

Ahora vamos a contestar los reviews:

Elen-Ses: Jejejeje, bueno… pero sabes la razón xDDDDDDDD Empecemos por Lorent y Moki, creo que Seto y Joey de partida son más disparejos que los primeros ¿no crees? El problema entre esta parejita la va a armar Lorent, puesto que ya tiene los ojos puestos en otro lado, de ahí lo iremos resolviendo. Lo de Tris y Duke, ejem… quería experimentar una pareja que en mi vida la he visto, pero que pretendo hacerla creíble; aunque no sé si Duke está en buenas manos, el mujeriego dominado… mmm, qué interesante ver. La cara de Kaiba es un hecho que quedará en la historia, creyó que Joey lo esperaría por los siglos de los siglos; no se sabe que le dolió más pero de que le dolió, le dolió. Se nota Elen que no has visto la saga de Oricalcos… antes de esa saga, Mai era mi personaje femenino favorito (eso sí, de pareja ideal para Joey, ehhh… nop), eso sí te llevarás una gran sorpresa la faceta que le quiero dar a Mai, un poco OOC… en fin. Los recuerdos tristes continúan y ya verás que le pasará a Seto cuando se dé cuenta de sus verdaderos sentimientos. Besitos y nos vemos en msn.

Andromeda no Sainto: Si te pareció loca el capítulo anterior, creo que ahora dirás que soy maniática, lista para que me lleven al siquiátrico xD Aunque aún no se ha visto para donde quiere ir el fic, pero con el tiempo irá tomando forma, ya lo verás. Ya empezó el sufrimiento del gato, menudo lío en que está metido. Besitos.

angellight23: Que alguna vez le toque también al gato, de que sufrirá bastante, lo hará… Joey también sufrirá mucho, y que en apariencia, será el que más la pasará mal. Pero al final de cuenta, verás que no era tan así la cosa jejejeje. Si Joey era terriblemente celoso con respecto a Serenity, cómo lo va a ser con su propia hija. Besitos.

Kerkira HiwAtem: Jajajaja… tengo que advertirte que Mei es una mujer que sólo dice la verdad o tiene unas mentiras de alto calibre. De mentiras blancas, nada. Dime que Duke no tiene apariencia de mujeriego, me cuesta verlo detrás de un chico, salvo que sea Joey y Tris (y éste no tanto, tampoco). Y la china, cuando empiece con su venganza, no se salvará nadie, absolutamente nadie… ni ella misma. Besitos.