Pairings: SxJ, YYxY y otras.
Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Las organizaciones aquí utilizadas pertenecen a sí mismas y sólo serán utilizadas para este fic con fines de entretención, sin ser usadas para menoscabarlas.
Warning: Es un fic yaoi (chicoxchico), así que si no te gusta este género, será mejor que huyas. Lemon. Sadomasoquismo. Mpreg. Contenido hetero. Violencia. En algunos casos, AU y personajes OOC.
CAMPAÑA: Me sumo a la campaña liderada por nuestra amiga Katrinna, no permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo. Que sea este pequeño aviso lo único que plagiemos porque entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.
MENTIRAS AL ACECHO
By Darling Kitty
Capítulo V: Il padrino in Domino
Malditas mujeres, no podían andar por la vida si no estaban con todos sus accesorios, hasta en los funerales tenían que estar equipadas. Una cartera no haría mucha la diferencia, ni los familiares se van a preocupar de ellos, con suerte y se darían cuenta que les dieron el pésame.
Los pequeños detalles hacían que las mujeres se portaran como tales.
Joey gruñó.
Fue ahí cuando lo vio bajarse de su automóvil…
De pronto, una punzada tan fuerte en el pecho haciendo que se estremeciera hasta la punta de los pies, como si fuera a pasar algo muy malo.
Intentó pensar cualquier otra cosa, pero esa sensación no lo dejaba en paz.
No supo cómo ni por qué, sólo sintió la necesidad apremiante de estar con él, como si el CEO lo llamara a gritos. Se dispuso a correr en un mero impulso, viendo el vehículo que acechaba al ojiazul a gran velocidad.
Hizo lo que tenía que hacer, se lanzó para salvarlo sin medir las consecuencias.
Pudo protegerlo, aunque no obstó a que el castaño se golpeara fuertemente en la cabeza, perdiendo éste la conciencia. El rubio se asustó mucho, tratando suavemente de despertarlo con pequeñas palmaditas en la cara, tratando de no evidenciar la desesperación que lo inundaba.
- Kaiba… Kaiba…
No lo llamó Seto. Desde el principio supo que las cosas habían cambiado entre ellos y que los tratos muy familiares ya no correspondían. Además ése era el primer paso para poder dar vuelta la página definitivamente.
Las cosas se calmaron cuando el ojiazul comenzó a abrir los ojos, pestañando como si estuviera desubicado, Joey notó que no comprendía nada de lo que estaba pasando. Ni él mismo lo podía hacer cabalmente, estaba más pendiente de lo que expresarían esos ojos azules.
- Kaiba… ¿estás bien?
Con la voz de Wheeler, despertó un poco de su confusión, enfocando su vista hacia él…
Más de un año sin verse, y ahora estaban cara a cara. Ni en la imaginación más remota, pudieron sospechar que se reencontrarían en esta situación. Estaban tan cerca, que podían mezclar sus alientos, electrizando sus cuerpos al punto de olvidar la razón por la cual estaban en esa comprometedora posición.
A su pesar, su corazón latía muy acelerado por la persona que estaba debajo de él e intuía que estaba corriendo un grave peligro. Todavía no se hacía concientemente la pregunta si seguía enamorado de aquel desgraciado, ahora lo más importante era que estuviera bien.
Joey se percató que se había roto la cabeza, notando que un hilillo de sangre que corría por sus cabellos castaños. Sacó un pañuelo del bolsillo y se lo puso en la zona afectada, por lo que Kaiba no pudo evitar una mueca de dolor al hacer contacto.
- Tranquilo – le aconsejó mientras presionaba la herida – hay que verte ese golpe en la cabeza.
Seto no protestó. La voz que oía era apaciguadora pero a la vez cargada de una intensidad que lo dejó estático.
¿Era en realidad el mismo Joey Wheeler?
A pesar que sabría que vendría, en su interior creía que no tendría las agallas, es que después de muchas cosas; sin agregar que la última vez que se vieron no fue precisamente lo que se dijera una "visita diplomática".
Grandioso, ahora estaba encima suyo… Ya su vida era bastante complicada para que viniera el cachorro dorado a enredársela más. Por primera vez en su vida, el castaño atinó a quedarse callado observando meticulosamente al de ojos melados, que pese a todo, no pudo advertir que éste lo estaba evitando en lo posible.
Sin embargo, y fuera de todo pronóstico, cuando castaños y azules se reflejaron, todo se detuvo…
No pudieron posponer más lo que ninguno se atrevía a encarar…
Seto Kaiba aunque gritara o pataleara a los siete vientos, sus ojos eran abejas en busca de los mieles de Wheeler. Una atracción enloquecedora casi rallando en lo irracional, por la que no pocas veces se había preguntado qué era lo que tenía ese chucho para que se le olvidara hasta dónde tenía la cabeza.
En tanto, Joey no pudo huir del destino y se topó con los ojos del bastardo ricachón, cayendo redondito como el perro fiel que era. Algo que se había prometido que no pasaría, pero la sensación exquisitamente burbujeante que tenía en su estómago ocasionaba que le importara un soberano pepino si estaba haciendo el papelón de su vida.
Mágico…
Era la palabra casi exacta para definir aquella aura envolvente en la que estaban sometidos, la mano de Joey, que curaba a Kaiba, se movía por la pura inercia. Había algo entre ellos, algo que el orgullo y la obstinación no lo dejaba salir libremente, aunque éste estuviera reprimido se sentía aún más palpitante dentro de sus corazones.
La fuerte punzada en el vientre del rubio rompió la atmósfera, tratándose de poner de pie en el acto. A esas alturas, la gente empezó a llegar para ver que era lo que le había sucedido al CEO.
- ¿Puedes levantarte? – cuestionó el rubio.
- Creo – fue escueta su respuesta, tratándose de parar aunque todavía se sentía un poco mareado. Gruñó de mala gana al verse obligado en apoyarse en el de ojos melados.
- ¡Joey¡Joey! – gritó Mokuba, quien se hizo espacio entre la gente para ver a su hermano – ¿Seto está bien, verdad?
- Sí, chibi, hasta está protestando – le contestó con una sonrisa, pasándole a Seto para que se descansara en el faraón que también llegó para saber qué le había pasado a su jefe.
- ¿Kaiba, podrías colaborar? – protestó Yami, al ver que el castaño no se movía mucho – no por ser tan flaco, eres más liviano.
- Pues nadie te mandó a ser de poste, faraón…
- Jódete, sabes que igual te ayudaré, sacerdote.
Kaiba no estaba muy propicio a caminar porque estaba concentrar en observar de reojo a Joey al tiempo que éste se acomodaba las ropas. A pesar que no habían cambiado mucho su peinado o sus facciones, le encontraba distinto; quizás era ese aire paternal que había iluminado su rostro, o tal vez eran esos cinco o seis kilos que había subido, que por cierto, le sentaban bastante bien. O a lo mejor era el negro que no había visto que se le sentaba tan de maravilla ya que no le gustaba ese color para vestir.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por un grito histérico…
- ¡JOEY! – ésa fue Mei, buscando a su esposo al saber de lo que le había pasado – ¿estás bien? – se calmó en cuanto lo vio.
- Sí, yo estoy bien, mi vida – le respondió en un tono insinuador, ella no entendió nada hasta que vio a los hermanos Kaiba. Tenía que seguirle la corriente.
- Mi amor – ella lo abrazó – que bueno… pensé que te había pasado algo… - le soltó con espontaneidad, para acariciarle luego su rostro.
Seto Kaiba era el espectador en primera fila de esa linda muestra de cariño, tan linda que le estaba dando asco de lo empalagoso que era. Su rostro estaba inmóvil pero sus músculos estaban tiesos de la rabia. Sentía que su sangre en cualquier instante estallaría hirviendo a todos lados. Lo que más lo encolerizaba era el hecho que parecían el matrimonio amoroso y perfecto que cualquiera soñaría tener.
Oh sí, eran el uno para el otro…
Y para coronar su "mal día"…
- Mi amorcito… creo que hacen una preciosa pareja¿no te parece?
Esa fue Mai, que recién había llegado a su lado. Supo que su comentario no contenía sorna alguna, pero le molestó a más no poder. Ya le estaba doliendo la mandíbula de tanto apretarse los dientes, mas no le quedaba otra que soportar.
Es que era eso… aparecía Joey Wheeler y su vida se transformaba en un desastre…
Se sentía de lujo… más perfecto no podía estar…
Tuvo que pasar una hora antes que siguiera todo como estaba programado. Los guardaespaldas y la policía reunían antecedentes para ver quienes habían sido los responsables del atropello frustrado del castaño, como del mismo modo, veían si la lesión de Seto era de consideración o no. Para variar, el chico se hizo que era de roble y que no se iba a ningún hospital a revisarse. Más de alguno de los familiares de las víctimas cuchicheó que el muy amargado del CEO se merecía todo lo que estaba ocurriendo por ser un desgraciado, culpando de forma natural por su dolor, de lo que les había pasado a las personas que habían fallecido.
Por supuesto, Mei y Joey se quedaron al lado de Yami en una posición distante, quienes observaron con pesar el dolor que había en el lugar. La despedida ofrecida por el propio presidente de la corporación fue bastante emotiva, a pesar de su voz plana y estoica; inclusive el rubio soltó un par de lágrimas, contagiado del sufrimiento y del llanto de las personas que se habían congregado en aquel lugar.
El otro motivo es que se sentía nostálgico, la razón era más que obvia, lo había vuelto a ver y eso de lo que le había dicho Lorent de que se estaba haciendo una tormenta en un vasito de agua, era una enorme mentira. La había hecho de oro¡Seto estaba más presente que nunca en su patético corazón! Continuaba aflojándole las canillas, ya sea por sus firmes pies o su ridícula chasquilla.
Y entre dolores propios y ajenos terminó el entierro, comenzando a dispersarse la gente, Mei insistió que quería darles el pésame pero él no se sentía muy bien para conversar con alguien. Sin embargo, como es él quien propone y Seto Kaiba dispone, éste no pretendía que las cosas se quedarán así como así.
Cuando Joey vio que el CEO caminaba hacia él, tragó saliva; de ésta, ni loco se escaparía. Bueno, esto tarde o temprano se veía venir¿no?
- Wheeler…
Ahí está el rey del mundo mirando con prepotencia a su súbdito ¿Y qué le diría?
"¿Qué tal, mi buen 'amigo' Kaiba? Supe que te andas tirando a mi mejor amiga, Mai… Felicidades por la boda… ¿puedo ser el padrino?"
O mejor ésta…
"Kaiba, ahora que nos dio por ser 'derechitos' y andamos con preciosas chicas, podemos salir los cuatro¿qué te parece?"
- Kaiba¿qué tal? – de su sarta de ideas satíricas, prefirió decir solamente eso.
- No creas que es de mi gusto hacer esto, pero te debo la vida y te estoy agradecido por eso… - no había cambiado en nada, directo al grano.
- De nada, sabes que lo hubiera hecho por cualquiera, aunque sea más beneficioso para la humanidad que desaparecieran…
- Creo que la gente que compra mis productos y Mokuba no dirían lo mismo…
- Mira ricachón, no me importan tus millones y gracias a tu hermano, vemos que "muy" en el fondo tienes un corazón. Quiero decirte, en primer lugar, que estoy harto de estas peleas absurdas…
- Empecemos por otra más… "razonable"… como felicitarte con tu matrimonio. Sabes, Wheeler, si hay que admirarte por algo, sería por tu condenada suerte – lo miró con envidia – ¿Qué hiciste¿Le moviste la cola como el perro faldero que eres?
- Claro que sí – una tercera voz se interpuso entre ambos – no sé cual es el motivo por el cual se quiere entrometer a nuestra vida privada, Kaiba. Eso sí, déjeme decirle que mi esposo, de noche, sabe mover muy bien su "cola", entre "otras cosas" – Mei habló de modo insinuante – puede comprobarlo, ya tenemos una hija y, quién sabe, podríamos darle un "hermanito" a Joyce muy pronto… ¿le quedó claro o quiere más de-ta-lles? – su tono cambió drásticamente a uno enfadado.
Si con la escenita conmovedora del abrazo se había sentido furioso, en ese preciso instante, habían despertado sus instintos asesinos. Esa mujer lo había puesto en evidencia. Juraría que cuando los Wheeler se quedaran solos, tendrían un ataque de risa a expensas suyas, sobretodo el perro. De sólo imaginarse a ellos dos en todas las posiciones habidas y por haber, y ella gritando mientras estaba con lo que según él, LE pertenecía, que le bajaban unas ganas de aprovechar el cementerio para enterrar a Mei Tzeng Li ahí mismo.
Joey se sonrojó furiosamente, la cara de Seto era de fábula, ni pudo simular la furia. Supuso que era por lo gráfica que había resultado la china y lo doblegó delante, del que, consideraba "un tipo de cuarta categoría". Uy, antes admitiría abiertamente que cree en el corazón de las cartas que reconocer que ella era mejor que el señor sarcasmo.
Justo antes que esos dos estaban por sacarse el pellejo, apareció la rubia prometida del CEO, quien estaba eufórica por saludar a su amigo.
- ¡Joey Wheeler! – chilló emocionada – maldito, no he sabido de ti en un año – le pega codazos cómplicemente – ni te culparía, veo que andabas muy "ocupadito"… ¡qué pedazo de semental saliste!
- Mai, no digas eso – murmuró con un rubor hasta las orejas.
- No te me hagas – la rubia se le acercó para susurrarle en el oído – ahora estás tímido, pero apuesto que, cuando estas en la cama con la chinita, sacas el "tigre" que tienes, jajajajajaja.
- Este no es el lugar para estas cosas. Contrólate, Mai – igualmente estaba divertido por las ocurrencias de la rubia.
- Está bien… ahora dime cuándo conoceré a la preciosura de tu hija…
- Joey, vamos – ordenó Mei – creo que es mejor que converses otro día con Mai, estoy muy agotada. Siempre serán bienvenidos en nuestra casa para visitarnos. Además deben comprobar que "nuestra hija" es un primor¿cierto querido?
- Claro, mi cielo – respondió Joey, sin poder acostumbrarse a los apodos amorosos de y hacia la morena – Joyce nos espera – acordándose que ya echaba de menos a su bebita.
- Adiós, Mai; adiós, Kaiba, espero que le haya quedado claro lo que le dije – la señora Wheeler se despidió de ambos muy agresivamente.
- Cuídate mucho, Mai, prometo llamarte – se fue sin siquiera despedirse de Seto, quien no lo pasó desapercibido.
Apenas se subieron al automóvil, Mei y Joey retomaron la plática. A primera vista, la chica no se le había quitado el enojo con el CEO. Fue más poderosa su curiosidad, por lo que el rubio indagó en lo que le pasaba a su amiga.
- Parece que matarás a alguien, flaca…
- Es que no me gustó para nada que Kaiba te anduviera tratando como la peor basura del mundo – la ojiazul tenía una cara, que mejor ni hablar – tenía que ponerlo en su sitio.
- Nah, estoy tan acostumbrado, que ni me importa – le explicó con tristeza.
- Mentira. A nadie le gusta que lo traten mal, mucho menos la persona que uno ama.
- No quiero hablar de eso… – zanjó el tema hasta ahí y lo cambió radicalmente – flaca, dime qué te pareció Mai.
- Simpática, pero a mí me parece que es la típica barbie de malibú…
- ¡Qué mala eres! Jajajajaja…
- Te estás riendo igual… Joey eres el amigo del año… - Mei consideraba que si ese chico tenía una virtud era cambiarle el ánimo en un dos por tres.
Amigos como él, ya no se encontraban tan fácilmente…
Mientras tanto, Seto y Mai observaban como la pareja se alejaba del lugar, el ojiazul no pasó de largo la mano del rubio en la cintura de su esposa. Estaba que perdía la cordura por la endemoniada fijación que tenía con ellos. Valentine malentendió la situación y pensó que Mei estaba suspicaz con respecto a Joey y ella; pobre rubiecito, se notaba quien llevaba los "pantalones" en la relación.
- Qué carácter… ¿la viste? parecía una gata celosa – pronunció la rubia al ver al matrimonio retirarse – aunque debería pasarme el número de su cirujano plástico, su liposucción es de lujo; aunque se olvidó de sus… - lanzó un sarcasmo, mirándose el busto de forma pésimamente disimulado.
Seto suspiró y contó hasta diez para que se le pasaran las ganas de matarla. Un comentario estúpido que nunca faltaba; reconocía que Mai tenía neuronas pero que se le salían algunos comentarios bastante fuera de lugar, ni él, que era hombre se había fijado en sus se…
"…"
¡Un momento!…
El genio se dio cuenta que las cosas no calzaban. Se suponía que esa mujer estaba en lactancia, pero no tenía pechos ni para alimentar un gusano escuálido. Ya se había fijado en la fiesta que con el embarazo no había subido ni medio gramo, en cambio, sí encontró que Joey tenía algunos kilos de más desde que lo había visto por última vez.
Tal vez lo último era una simple casualidad, que por cierto, no dejaba de contrariarlo. Con el burdo comentario de Valentine, acababa de encontrar que el matrimonio Wheeler tenía cosas extrañas.
Ni siquiera el tarado del faraón se había enterado que su "amigo del alma" había contraído nupcias y que tenía una hija. Recuerda que casi se cayó de la silla cuando el propio castaño se lo contó.
El rubio tenía virtudes, y ser discreto no era una de ellas… si se casara, invitaría a medio Domino City…
Raro, raro, raro….
Claro… era extraño que en poco más de un año consiguiera esposa, una hija y mucho dinero, partiendo a quién sabe donde solamente con lo puesto.
Tenía que relajarse un poco, con calma siempre las ideas fluían en él solas.
Quizás se estaba imaginando cosas más de la cuenta…
Es que con ese idiota…
Camino a casa, Kaiba no habló ni media palabra. Se retorcía de la ira, maldiciendo el día en que el rubio se cruzó en su camino. Todo con ese mequetrefe en el medio, le resultaban mal las cosas. Creyó que el problema "Joseph Wheeler" se iba a ir cuando lo expulsó de su vida en la forma que lo hizo.
Lo que no pudo captar con precisión era que esa peste estaba muy lejos de irse…
Ni tampoco pudo prever que la peor humillación de su vida estaba apunto de comenzar…
Había anochecido, y después de un día agotador y un baño reparador, su cuerpo le pedía descanso; aunque su mente temía el momento de dormir, a solas y en el absoluto silencio, todo volvería a darle vueltas para terminar desvelándose en su monótona vida. Finalmente, en pijama, se recostó tirándose a la cama. Mirando al techo y con los brazos y las piernas abiertas, comenzó su larga reflexión.
A veces no le gustaba esto de tener la cabeza tan "activa", eso le había ocasionado más de una vez que diera con el amanecer sin que se diera cuenta. Pero necesitaba como nunca pensar, para buscar la respuesta que no ha encontrado por más que había buscado. Ese maldito arder cuando se topaba con ese perro, parecía que cuando se encontraba con él, todo dentro de su cuerpo se revolvía como los desordenados cabellos que ese perdedor tenía.
Ninguna de las mujeres con las que había estado, lo había hecho sentir de esa manera. Por eso era siempre cómodo estar con ellas, podía dejarlas cuando se le viniera en gana. Pero con Wheeler, con mucho esfuerzo lo pudo botar después de dos años.
¡Dos años!
Para los parámetros de Seto Kaiba, dos años le llegaban a ser prácticamente escandaloso, pero cuando lo necesitaba, cuando lo besaba, cuando lo marcaba como suyo entre gemidos… todo ese tabú que sentía hacia ese rubio, se iba al traste. No se cansaba de tocarlo…
Adictivamente físico…
Eso era. Una avasalladora pasión que hasta una sencilla caricia, lo hacía prender hasta lo más recóndito, no hallándose satisfecho hasta fundirse con él.
En la preparatoria, vio sin importarle demasiado, que le iban más los hombres que las mujeres, estas últimas criaturas las estimaba muy frágiles para su recio carácter. Pero cuando conoció ese remolino rubio de casi metro ochenta, hubo un crack en su interior, algo que ni en la actualidad se había podido explicar.
Es que desde el principio, lo ha encontrado un estúpido sin remedio, aunque no podía evitar que sus ojos se desviaran solitos al banco del perro Wheeler.
Y de un desvío de ojitos, pasó a una correlativa ronda de fantasías, algo que fue exorbitantemente desconcertante.
Lo poco que sabía del sexo, lo había aprendido en el orfanato. La educación, en ese aspecto con su padrastro fue inexistente, asumiendo que sentir carnalmente era también una debilidad que no se dejaría permitir excepto cuando lo fuera estrictamente conveniente.
En consecuencia, lo que Joey le provocaba le era nuevo y nada agradable. Las trató de reprimir sin poder obtener resultados positivos, eran demasiado deliciosas las imágenes en donde embestía a ese cuerpo tan candente y rebelde que le gritaba que lo requería tanto como a él.
"Seto, Seto…"
Sus pantalones se volvían estrechos con la sola representación de sus gemidos. Luego de ese momento, se reprochaba a sí mismo por andar perdiendo el tiempo en algo que no valía la pena.
Sin embargo, en vez de cesar, se hicieron aún más reiterados…
Pensó que terminaría perdiendo la razón por imaginárselo en todas las posiciones posibles, evocándolas en el minuto menos apropiado, perdiendo totalmente el control sobre sus emociones.
Odiaba eso. Odiaba a Wheeler, que por su culpa, se permitía esos impíos pensamientos.
Odiaba que fuera condenadamente atractivo.
Es que no podía decir que no lo era, eso hacía más difícil que pudiera esfumar todas esas sandeces que se le paseaban por la cabeza. Ese toque anglosajón que se fusionaba con sus ojos castaños acentuadamente rasgados, hacía que cualquiera se devolviera a mirarlo con atención. Y para su desgracia, él tampoco parecía ser la excepción.
Aunque lo que más abominaba era esa propiedad que sentía sobre el rubio y tener que morderse la lengua para no reclamarlo. No sabía que le daba más repulsión, la vergüenza de sentirse atraído a los encantos del duelista de cuarta o sentirse que tenía más derechos que ningún otro sin tenerlos realmente.
No quería detenerse a meditar qué era eso, como vino, ya se le quitaría. Si para algo había servido el entrenamiento que le dio Gozaburo durante años, era esencialmente para controlar las "distracciones" que se suscitaran en el camino.
Pero sus reflejos le estaban rompiendo esos esquemas preestablecidos. Siempre su vista se permitía una tregua, observándolo detrás de su escudo, que era su inseparable laptop. Para peor, cada vez eran más comunes esos jueguitos de "yo te miro cuando no me miras y tú me miras cuando hago que no te veo", alimentando esa desquiciada fascinación que lo estaba empezando a preocupar.
Es que si tuviera un poquito de sesos, sería inclusive aceptable. Pero no, el tonto era tan impulsivo que en vez de querer eliminarlo de la faz de la tierra, lo excitaba a rabiar. Hasta le era más estimulante someterse a una pelea sin motivo con ese tarado que poderle ganar al maldito faraón.
No supo en esa oportunidad que pronto probaría lo que sería la "verdadera" gloria…
Lo recordaba… en su cama, cerrando levemente sus ojos, lo rememoraba…
Un día, por cosas del destino, se quedaron completamente a solas. Seto, con lo distraído que andaba no se dio cuenta que en las duchas se había quedado solo con el que se había convertido últimamente en el objeto de su deseo. Al descubrir ese detalle, ya era demasiado tarde, el humo etéreo le daba una visión más apetecible del cuerpo de Joey, quien se enjuagaba relajadamente sin ver que los ojos lujuriosos del ricachón estaban al acecho de su perruna presa.
Era el mismo caso que se encontrara hipnotizado o idiotizado, la cosa es que no podía frenarse, lo que observaba en la realidad era mil veces mejor de lo que le habían mostrado alguna de sus enfermizas fantasías, estaba temblando y no era por el frío.
Pero… ¡por Ra, era el perro de Wheeler!
Era su desesperado intento por resistirse a esa pasión que Kaiba encontraba que era animal, falto completamente de lógica. Sin embargo, su propio cuerpo era el que le ordenaba que no se moviera, que diera rienda suelta a ese fuego que estaba atrapado en sus entrañas.
Era más que un deseo, era una exigencia que su propia piel le hacía para no estallar por dentro.
Quería de una vez por todas saciarse del capricho que le estaba nublando la razón.
Mas, Seto Kaiba sentía la odiada incertidumbre, el chico podría tener un coeficiente intelectual impresionante, pero en la parte afectiva, era el peor de los retrasados. No tenía idea de cómo abordar esta situación sin quedar como el hazmerreír del perro.
Por ese entonces, Joey había notado que era el blanco de las miradas el CEO. También lo sentía, esa sensación que consideró en un principio masoquista, pero sus pies estaban locos para dirigirse a ese chico…
Seto lo vio venir, adquiriendo la misma actitud de siempre, hasta que se inundó en aquellos ojos deseosos de quemar a su destinatario, que era él mismo.
Su mente estrecha no lo aguantó más…
Y se dejó incendiar por completo.
Ninguno recordó quien empezó. Un roce simple, que le dio a entender al rubio que era el primer beso del castaño, sonriendo con confianza. La inocencia del genio en ese plano, le daba cierto orgullo infantil y un cosquilleo en el estómago por tener el privilegio de que era él quien consiguiera revelar un secreto tan íntimo de ese ricachón. Se intimidó por el hecho de entender que tendría que ser él quien llevaría las riendas del asunto, eso era exageradamente complicado de sobrellevar, por la forma de ser de Kaiba y porque de experiencia sólo le aventajaba en alguno que otro beso, nada en lo sexual.
Pese a ese problema, ese sentimiento aún no identificado por ese gato era demasiado fuerte como para dejarse vencer por ese impedimento. Ni como tampoco que su corazón latiera como loco desbocado.
Fue en ese instante cuando Seto Kaiba conoció la palabra "instinto" y dejarse llevar por él, sintiendo explotar su libido. Tomó a Joey y lo arrinconó, tocando erráticamente su cuerpo, logrando apagar en parte su deseo. Tomó su piel por la boca y descubrió que devorárselo lentamente le era más sabroso. Como de la misma manera, ese bobo hacía algo bien por la vida y lo besaba como los dioses, sentía que todo su cuerpo se tensaba.
La fiebre hizo que a ninguno de los dos les importara que perderían la inocencia con su enemigo; las ansias de recorrerse mutuamente y restregarse contra la piel sudorosa del otro era más fuerte que el inmenso orgullo que tenían a cuestas.
Seto, como en todo lo que hacía, asimiló rápido, explorando y experimentando con delirio sus puntos erógenos. Aprendieron juntos que era llegar al éxtasis entre gemidos por los que no se podían distinguir quien eran los de quien, lo que importaba en ese instante era sentir… sólo sentir…
Los dos pensaron que era un revolcón para sacarse las ganas recíprocas que se tenían. Pero se equivocaron, esto era el inicio de algo, aunque ninguno lo quiso admitir…
Sobretodo el ojiazul, que "después de" sintió repulsión de sí mismo, en qué demonios pensaba cuando se había acostado con Wheeler; caer más bajo, imposible. Ni imaginarse la cara cuando se daba cuenta que lo embriagado al recordar cuando estaba dentro de ese cuerpo tan presto al placer.
Evitó dirigirle la palabra por un par de meses, hasta que el encaprichamiento fue más que su férrea voluntad. Fue a buscarlo y él, con gusto, lo recibió; a la próxima lo buscó Joey, él no se opuso en lo absoluto.
Un acuerdo que satisfacía plenamente a las partes, como asimismo, a ninguno le "convenía" que los demás lo supieran ¿Para qué? Si no habían sentimientos comprometidos, salvo ese tremendo magnetismo que lo sacaba de sus cabales.
Sus besos. Sus caricias. Su cuerpo. Sus gemidos. Sus estremecimientos.
Llegó a definir a Joseph Wheeler como su único y gran placer culpable.
Estar en la cama con el perro fue tal, que llegó a comprarse un departamento en el lado más discreto de la ciudad para supuestamente "concentrarse" en sus proyectos. Su aparente frigidez le hacía creer a cualquiera, incluyendo al inocente Mokuba sus mentiras, detestando al rubio a quien le imputaba todo el tiempo que podría dedicarle a su hermano, que por supuesto se olvidaba apenas lo veía para caer a los bajos instintos que lo llevaban a la cúspide del cielo.
Aunque, en sus últimos meses de la preparatoria, nació una inquietud. Sabía perfectamente que tenía dos grandes tareas en la vida con respecto a su empresa: producir y preservarla. Esto último era lo que más le preocupaba, algún día tendría que dejarle la empresa a alguien para que continuara la obra de Kaiba Corporation si él hacía falta.
No iba a estar trabajando como negro toda su vida para que un aprovechado cualquiera tomara los frutos de lo que él había logrado con tanto esfuerzo. Tenía que ser alguien de la familia o de confianza, pero como no confiaba en nadie, tenía que quedarse con la primera.
Sin embargo, le dolía reconocer que ya había observado que a Mokuba el puesto le quedaría grande. Por lo tanto, lo sensato sería entonces, que tuviera descendencia y que se casara con alguien que fuera de su nivel.
Obviamente, "él" no era más que un tonto con el que atracaba cuando se le diera la gana.
¿Quedarse con Wheeler? Ni de broma… por favor, cómo iría con él a un evento social o a una comida con unos inversionistas, si el tipejo éste no sabía ni usar bien un tenedor ni hablar como la gente; viviría de vergüenza en vergüenza. Ni hablar que sería un fracaso como el padre del futuro presidente de KC, ese niño terminaría siendo más consentido que el propio Noah.
O sea, un rotundo NO.
Así que empezó a buscarse una digna candidata, era "libre" para eso. Varias mujeres comenzaron a pasearse del brazo de uno de los solteros más codiciados del planeta, causando sensación en la prensa rosa. Cuando veía que le faltaba algo, la desechaba; total, la lista era muy larga y era su deber hallar la madre de su futuro heredero.
Sus problemas con Joey empezaron al tiempo de sus salidas, cuando lo presionó para hacer pública la relación. Menos mal que era lo suficientemente bonachón para no amenazarlo y para volver al poco tiempo, después de prometer que no se molestara en buscarlo.
Los continuos celos y reclamos hicieron darle mala espina de lo que podría estarle pasando, pero no les hizo el menor caso, puesto que no quería ver más allá. Además, ellos dos no eran "nada" para que se anduviera preocupando.
Aparte de las peleas y berrinches que le hacía el perrito, esa relación funcionaba de lo mejor, no había que llevarlo a comer o regalarle rosas, amaestradito como él solo. No podía evitar, mientras trabajaba en su oficina, comparar y concluir que ese rubio sí que sabía hacerlo erizar de pies a cabeza como nadie.
Hasta esa noche, una revelación entre jadeos y gemidos tan ardientes, que el impulsivo Joey susurró sin pensar al oído de Seto, que no lo tomó en cuenta en el momento mismo.
"Seto… ámame… ámame…"
Sólo cuando el rubio dormía en sus brazos, se percató del calibre de esas palabras. El tema que había tratado de hacerle el quite, le había llegado la hora para ponerle cara.
El muy estúpido se había enamorado de él…
¿Amor? Eso era para perder el tiempo, el único amor que conocía era el de Mokuba. Los demás eran condicionados a su dinero, a su fama o su atractivo. Era triste, sin embargo, nadie se fijaría en él si no tuviera esas "cualidades". Estaba muy conciente que no era una persona fácil y era por eso mismo, para que nadie le pasara gato por liebre.
Optó por cortar el "problema" de raíz y botarlo como lo había hecho con todas. Porque, por su parte, también tenía sus dificultades con respecto a Wheeler, su dependencia con él lo estaba considerando excesiva a su gusto, y no tan sólo en la física, se estaba instalando en lo emocional. Andaba de un humor que era capaz de matar cuando no lo veía, requiriéndolo como si fuera el propio oxígeno.
Y esa vez, fue peor, porque supo por su hermano que Joey se había enfermado, al parecer de anemia porque se mareaba hasta sentado. Aprovechó esos días para tomar distancia y para comenzar a flirtear con una amiga de Joey, la tal Mai.
Fue cuando todo acabó.
Durante aquel año, no se había arrepentido nunca de su decisión, sin importar que pensara en él casi todos los días. Pero, ni modo, había aprendido que si en la vida quería triunfar, tenía que dejar de lado los "placeres banales" cuando éstos le complicaran en sus objetivos. Y eso hizo.
Le había probado otra vez a su orgullo que era superior, que él seguía sus horizontes a pesar del los posibles desvíos en el camino. Que no se detendría por nada aunque se acabara el mundo, así había conseguido ser lo que era y no vendría un don nadie a truncarle lo que había forjado. A medida que crecía, comenzó a proyectar su futuro minuciosamente, y más por un deber que por un anhelo, Seto programó que debía tener una familia.
Que si algún día se casara, pues debía haberlo con una preciosa e inteligente científica de renombre o una bella y hábil dama en las finanzas. Realmente nunca había una que cumpliera exactamente con esos cánones peculiares.
No era cualquiera, por lo tanto, no podía casarse con cualquiera.
Mai Valentine, no era su ideal de mujer, poseía una forma de comentar que daban ganas de ahorcarla y en el único lugar en donde se podían llevar decentemente, era en la cama. No desconocía sus virtudes de ser una bella muñeca; muy perspicaz, no en vano era la mejor duelista entre las mujeres del mundo; y era dueña de un impetuoso carácter. Sin contar que tenía una considerable fortuna a su haber.
Pero…
Cuando conoció a Mei Tzeng Li, vio que ella era lo que justamente necesitaba para favorecerse a él y su imperio. Tenía todo, absolutamente todo para ser la digna esposa de un magnate de su categoría.
Sutilmente bella, sin llegar a ser exuberante, tenía la capacidad de llamar la atención de cualquiera gracias a la soberbia presencia que ella ostentaba. Era de aquellas personas que por su naturaleza, les era imposible pasar desapercibidas ante los demás.
Ni que decir de la inteligencia, una simpatía mezclada con una dosis de cinismo podía serle incluso entretenida. El sarcasmo elegante y maquiavélico para derribar al que se le cruzara por el camino no la hacía ver como la clásica damisela en apuros. Y los puntos extra, en cuatro años pudo armar una multinacional que le hace ganar dinero hasta para tirar a la calle.
Tenían muchos puntos en común… fríos, directos y calculadores; defendían con furor lo que querían, luchando sin temor, ya que ellos creían fehacientemente que no se equivocaban. Hasta en los defectos eran casi idénticos, eran horrorosamente perfeccionistas, manipuladores y petulantes.
Con alguien así a su lado, conquistaría el mundo…
Sin embargo, nada es perfecto para Seto. En todas las cosas de su vida tenían que haber un "pero".
Para él, ni el hecho que fuera casada ni tuviera una hija le era algo imposible. En cuanto al matrimonio, para eso, servía algo que se llamaba "divorcio"; y la niña sería un estorbo, no un problema, eso podía ser manejado.
El "pero" era él…
De todos los hombres, ella se tuvo que casar con Joseph Wheeler, la única cosa que no estuvo ni por si acaso en sus planes. Había llegado a la conclusión, con recelo, que el atajo que le había puesto hacía un año no era suficiente para detener su maldita influencia. No quería verlo ni en pintura y ahora se lo tendría que encontrar cada cinco minutos.
Estaba convencido que ese tonto había nacido para arruinarle la existencia…
¿Por qué en casi todo lo que hacía, estaba "él" de por medio?
Ni su necedad pudo hacer que conciliara el sueño sino cuando, su memoria perdida y, en ocasiones, nostálgica, le dejó volver a escuchar esa voz incandescente y cargada de una profundidad que lograba estremecerlo por completo, no importando el tiempo que había transcurrido…
Y que inconscientemente, se lamentaba porque probablemente, no la escucharía más…
Amame…
Había pasado una semana y media desde el incidente del cementerio, y al parecer, las cosas habían vuelto a ser como antes, al menos la relación que tenían él con su hermano mayor antes de la mayor discusión que habían tenido desde que él tenía memoria.
Esa tarde, después de un "persuasivo" consejo de su francés favorito, había vuelto a la mansión a regañadientes, no se la perdonaría jamás a Seto de lo que le había hecho. Pero cuando llegó, vio al ojiazul muy angustiado, dejando hasta su orgullo de lado para que lo perdonara, dándole mil y una disculpas. Vio en el rostro de su hermano un sincero arrepentimiento, por lo que le dijo que estaba a prueba y que no quería hablar más del asunto por ese día. Así que fue a acostarse.
Cuando hubo ese terrible atentado en KC, casi se murió del dolor; por lo que apenas supo que estaba vivo, resolvió que debía hacer una tregua. A pesar de todo, eran hermanos y para eso estaban, para apoyarse el uno al otro. No abandonaría justamente ahora a la persona que daría su vida por él.
Pero había pasado el tiempo y, entre tanto revuelo, todo quedó como si no hubiera pasado nada. Mokuba creía que era momento de retomar el tema, Seto tenía que comprender que no había sido hecho para los negocios. Sin embargo, ya estaba al tanto de cómo había reaccionado cuando le dijo la verdad.
¿Qué haría? Lorent siempre tenía un sabio consejo para él. Pero no lo había visto desde que estuvo en la casa de Yugi y Yami.
Lo extrañaba a montones…
Lorent… tan guapo, tan bello, tan agradable, tan maduro…
Con esos ojos tan candentes, recorriéndolo seductoramente con la mirada y con un dedo revoltoso, acariciaba su rostro para quedarse traveseando con sus labios virginales, que se los estaba mordiendo por los nervios. El ojirojizo capta sus nervios y para tranquilizarlo, junta su nariz con la suya para comenzar un jugueteo, que lo único que había conseguido el muy desgraciado era ponerlo como la gelatina. Maldito, Lorent Regnier, por qué tenía que ser tan encantadoramente perfecto, hasta para acercarse a su boca ansiosa. Estaban tan cerca para palpar sus labios, tan cerquita que…
- ¡CHIBI!
- Ahhh – casi llegó al techo del susto - ¡Tristan!
- Oye, te he llamado cinco veces y andabas en la luna – le regañó el mayor – a lo mejor, estás enamorado y no nos has dicho nada – indagó con un tono malicioso.
- "…" – estaba hecho un semáforo, por lo que se ganó las burlas de Tristan.
- Miren… jajajajaja, el pequeño Moki se nos enamoró… ¿Y quién es el desafortunado? – Mokuba casi lo iba a fulminar con los ojos – jajajajaja, no lo digo por ti, pero imagínate al "cuñadito" que le tocaría, jajajaja… el pobre tendría que tomar un seguro de vida antes de conocer a Kaiba, jajajajajajaja…
- Sí, que simpático – el pelinegro desvió el rostro en señal de disgusto.
- Deja ya eso, Tristan – le dice Yugi – lo más importante es saber qué si finalmente Kaiba te dio su autorización o no… Mokuba, este sábado, vendrá alguien de un sello discográfico exclusivamente a vernos…
- ¿¿¿EN SERIO???
- Tristan, no grites, que todos oímos – el chibi lo reprendió, para hablar con el tricolor – Yugi, yo no tengo la suerte tuya, de que tienes un marido que está contigo en las duras y en las maduras; ni la tuya, Tris, en que puedes hacer lo que quieras… chicos, sé que es difícil de entender pero no quiero que mi hermano sólo me dé permiso, sino que me apoye y que esté orgulloso con lo que he escogido… - ésa era la realidad.
- Sí, claro y todavía crees que Santa Claus vendrá a dejarte regalos en Navidad – ironizó el más alto – apuesto que nos odia por haber puesto en mal camino a su hermanito – el pelinegro abrió los ojos, Tristan le había dado en el clavo.
- Mokuba… si quieres yo hablaré con Kaiba y me haré responsable de ti…
- ¿De veras? – al fin vio una esperanza. Tal como le había dicho su amorcito "confía en tus amigos", por lo que casi botó al tricolor del abrazo.
- Gracias, Yugi…
Lo que no sabía el pequeño tricolor, es que con ese concierto empezaría la mayor prueba a su matrimonio, ahora sabría si en su corazón y en el de Yami existía verdadero amor o estaban destinados al descalabro definitivo.
Contaba con el apoyo de su marido, pero no tenía idea que él no estaba de acuerdo con su carrera musical, ya que pasarían mucho tiempo separados. Yugi desconocía el temor de su pareja de que, por la separación y este mundo tan distinto y centellante, se encontraría a otra persona para amar. No notaba esa ligera incomodidad en el cuerpo del faraón y que estaba en una posición más seria de la habitual cuando le hablaba de la música, intentando cambiar sutilmente la conversación a cualquier otro lado.
El problema más grave es que Yami nunca sería capaz de decírselo con tal de hacer feliz a su hikari, los sueños de él eran suyos; aunque presintiera que ese sueño terminaría por destruir su idílica relación. La sonrisa de su luz era lo que lo llenaba; era un tipo duro, sí, pero desde un principio se dejo hacer y deshacer por los deseos de su Yugi, que era tan bueno que merecía toda la alegría y más.
Sin darse cuenta, estaban ante un problema de comunicación, que si no se arreglaba a tiempo, terminaría separando a dos personas que se amaban demasiado. Lo cual era una pena para ellos, los unía un corazón noble y bienintencionado. Si bien el de Yugi era apacible y dulce al punto de mitigar el corazón más fiero; el de Yami era violento y arrojado, sin medir precio ni consecuencias cuando se trataba de sus seres queridos, pero podía mantener esa lucidez tan reflexiva y lógica como lo podría ser cierto ojiazul.
En este caso, tal vez el amor no sería suficiente para ellos…
Hacía más calor que nunca, haciendo el ambiente extrañamente pesado y tenebroso. A lo lejos, en un aeropuerto privado de Domino, estaba aterrizando un majestuoso jet particular. Dentro de él volvía alguien que para el sujeto común y corriente era uno de los magnates que hacía bastante tiempo se había hecho humo; para la mafia y la policía más especializada, era el "padrino" del crimen organizado.
En la pista de aterrizaje, lo estaba esperando su mano derecha, Carlo Graziani, un tipo de más o menos veinticuatro o veinticinco años, de cabello rojo furioso y unos ojos celestes que escondían maldad en su máxima expresión. Este estaba mirando al avión que ya estaba bajando sus ruedas para llegar a destino definitivamente.
Al pararse por completo, se abrió la compuerta, saliendo de allí hombres de negro, acomodando todo para que saliera el gran señor con todo su esplendor.
El pelirrojo caminó directamente para encontrarse con su jefe…
Se notaba que el hombre era un experimentado en esas cosas, apenas había puesto un pie afuera, se notaba un gigantesco porte que llamaba a la sumisión absoluta. Era de aquellos cincuentones que iba de vuelta cuando los demás estaban recién en la partida, cuyo lema era tener siempre un plan B. Así había llegado donde había llegado.
Un traje verde estilo chino y unos pantalones negros y sueltos eran su sencillo atuendo. Miraba con esos ojos castaños tan pequeños por todos lados, reconociendo el lugar que había dejado por haber padecido hace cuatro años.
En su vida sólo había conocido éxitos, hasta que conoció a ese crío huérfano que a mala hora se le ocurrió adoptar y que terminó traicionándolo, cambiando su negocio por completo de armas a unas pendejadas de videojuegos.
- Signore (señor), bienvenido – saludó el ojiceleste con un marcado sonsonete italiano.
- Grazziani… ¿cómo ha ido todo? – preguntó mientras caminaban hacia la salida, seguido por muchos matones.
- Todo bien, está todo preparado para su reaparición… los medios de comunicación están avisados y las invitaciones ya han sido entregadas.
- Perfecto… ¿la mansión en la que habitaré…? – interrogó antes de subirse a su limosina.
- Signore, me ofende – hizo un falso respingo – de antemano le digo que todo eso fue arreglado personalmente por su servidor.
- Grazziani, si no fueras tan eficiente, no te tendría a mi lado – aclaró en tono neutro.
- Molto grazie (muchas gracias) por su confianza en mí…
Carlo era muy joven, por decirlo de alguna manera, para ser la mano derecha de aquel que se burla de la Interpool como quien se burlara de un chico de su mismo salón. Era del clásico prototipo de persona que, con tal de agraciar a su jefe, era capaz de negar a su madre y matar a su padre; con una obstinación solamente comparable al mismo Seto Kaiba; y con claras metas y ambiciones en su vida.
- A todo esto quisiera preguntarle cómo le fue en Beijing – retomó la conversación al partir del vehículo.
- No quiero hablar de eso… el último rastro de esa mocosa fue que la vieron en ese lugar. Es como si se la hubiera tragado la tierra…
- Pero eso fue hace diez años... tal vez, la bambina (chica) se encuentre hoy mismo en Domino – dedujo el pelirrojo.
- Es que si no viene con el regalo de saludo que le dimos a Seto, esa niñata debe estar muerta. Aunque lo dudo…
- Yo también… se habla mucho de una nueva inversionista de Kaiba – Carlo se calló para dar suspenso – y es china…
- Averigua todo sobre ella, obvio que no iba a decir a la primera quien es…
- Sí, signore…
- Otra cosa… ¿qué me dices de las finanzas de KC?
- Pésimas, no habían afrontado una peor crisis desde que la fundó su padre… las cosas ya andaban mal, pero con nuestro "regalito", la empresa está al borde de la catástrofe… -sonrió maléficamente.
- ¿Ves, Grazziani? Por eso digo que como la filosofía oriental, no hay ninguna… las cosas suceden en el momento justo, ni antes ni después…
- Así lo veo, signore Kaiba.
- Tengo que volver justo en este instante para darle una mano a mi "querido" hijastro. El amor a los hijos se manifiesta cuando se les da educación, disciplina y azotes – sonrió mirando el paisaje – es tiempo que las cosas vuelvan a su estado natural.
- Usted sabe que cuenta conmigo…
Cree el muy estúpido que lo engaña, los tipos aduladores como él están plagados en el planeta. Esa es la máxima razón por la cual se deben dejar los sentimientos de lado, vaticinaba que en cuanto se confiara, el adefesio éste le apuñalaría por la espalda. Por lo tanto, lo utilizaría el mayor tiempo posible y se desharía de él como todos.
Lo que importaba era que recuperaría su empresa. No lo había hecho porque la única persona que tenía las armas para impedírselo estaba desaparecida en el mapa. Al final concluyó que saldría de su escondite, él tenía intenciones de emerger como el empresario que era.
Bueno, sus dos grandes molestias… no sería tan malo matar dos pájaros de un tiro…
Ella comprenderá que nunca debió haber nacido…
Y Seto tenía que aprender que lo que se le hace a Gozaburo Kaiba se pagaba caro…
Negocios por aquí, reuniones por allá… ese había sido el resumen en la semana y media que había pasado Mei Tzeng Li. Como también el mayor nerviosismo a medida que pasaban los días; estaba tan histérica, que hasta la pequeña Joyce procuraba por llorar menos en presencia de la china. A veces, ni ella misma se soportaba. El pobre ojirojizo fue quien se llevó la peor parte, a ese hombre le terminarían haciendo un monumento de oro por la paciencia que había tenido con su amiga.
Es que estaba demasiado alterada. Aquel que todos juraban que había muerto estaba a punto de volver.
Iba a comenzar el juego en serio.
Lo otro que la preocupaba en extremo era la proposición que le haría a Joey. Ya era hora de que se enterara en parte de sus planes, de "cobrarle" el favor de salvarlo, por decirlo de alguna forma. En los meses que lo había conocido, se dio cuenta que era una persona demasiado ingenuo para ser corrompido por el mundo fraudulento de los negocios. Se estaba arrepintiendo sinceramente de utilizar al rubio como una pieza en lo que planeaba, sin embargo, no se le ocurría otra idea mejor para levantar sospechas de quien era en realidad.
No era el momento para sacarse la careta de la cara.
Sabía quien había sido el que mató a su padre, pero no los motivos exactos por los cuales fue asesinado. Antes de actuar, tenía que armar ese tremendo rompecabezas.
Quedaban piezas en el aire y el actual presidente de la KC era uno de ellos…
Otra de las medidas que tomó con urgencia fue mudarse de un hotel a establecerse en una mansión casi tan grande como la tenía Kaiba. Obviamente, Joey reclamó que se conformaba con un hogar más sencillo, no obstante, Lorent le convenció que necesitaban estar seguros por todos los altercados que habían ocurrido durante el último tiempo.
Mientras tanto, el rubio se estaba comenzando a aburrir de tanto sedentarismo, estaba acostumbrado a ganarse el pan que se echaba a la boca. Mei y Lorent lo habían cuidado como una muñeca de porcelana desde que tenía cuatro meses de embarazo, pasando gran parte de su período de gestación en cama. Mucha pena le daba por dejar de lado un poco de lado a Joyce pero pronto se iría a estudiar o trabajar, necesitaba realizarse como persona; desde pequeño aprendió que la frase "el trabajo dignifica al hombre" no era un simple cliché.
Lo que no sabría es que pronto le ofrecerían un trabajo, que decir que lo dejaría con la boca abierta era poco…
- Amo Wheeler – el respetuoso mayordomo le llamó – ha llegado esto para la señora.
- ¿Un sobre?
- Más bien una invitación, el mensajero no me quiso decir para qué era… me dijo que la señora sabría perfectamente a lo que se refería.
- Sí, Mei es una cajita de sorpresas – recibió el dichoso sobre – muchas gracias, Jun. Puede retirarse.
- Sí, señor.
Ya solo, miró lo que tenía en las manos con recelo – veamos con qué me vas a sorprender ahora, flaca.
Fue a ver a su esposa, que estaba viendo algunos contratos de sus negocios. Quién sabe, creía que andaba en "sus días", con el ánimo que andaba, era para tratarla de susurros si no quería que lo dejaran sordo de un grito.
- Permiso¿se puede, flaca? – dijo casi escondido de la puerta.
- ¿Qué te pasa? – le preguntó mirando la pantalla de su computador – no seas tonto, ni que te fuera a comer – gruñó de mala gana.
- Flaquita, te trajeron esto – le sonrió urgido y le pasó el sobre.
- ¿Y esto?
- Dijeron que tú sabrías que era…
- ¿Qué se creen¿Qué tengo una pelota de cristal y veo el futuro?
- Mei, cálmate un poco y ve lo que hay – Joey probó un poco de suerte, y como casi siempre, le funcionó. La ojiazul se tranquilizó un poco.
- Está bien… veamos…
Abrió el sobre sin muchas expectativas hasta que vio una invitación exquisitamente decorada. Supuso que no la convidarían a cualquier cosa si había tanta preparación. Así que se dispuso a leer el contenido de aquella:
"La vida nos llena de sorpresas, asegurándole que mañana a las siete de la tarde en el Domino Palace Hotel, en donde se llevará una que se le quedará en la retina para siempre… He invitado a todos los grandes del mundo de los negocios a esta conferencia a todos los medios de comunicación para que comprueben que todavía tengo fuerza entre ustedes. No tomen esto como un truco, que perderán la velada de sus vidas. Estoy agradecido de antemano por su asistencia en gala…
Atentamente,
Un hombre de ambición…"
Mei quedó algo atontada por el mensaje¿sería lo que pensaba…? Claro, la invitación tenía una presentación elegante e impecable; y lo escrito, dejaba en total incógnita la identidad del anfitrión. No había que tener una gran inteligencia para saber que "el muertito", como lo apodaban Lorent y ella, estaba listo para aparecer.
No tuvo tiempo de pensar más, su celular sonó…
- Hola, niñito mimado¿puedes decirme qué es esto? – indagó sulfurada a su contacto, hasta Joey se sobresaltó.
- Vaya preciosa… ¡qué radioactiva andas!
- Cállate y haz algo útil por la vida, diciéndome qué diablos mandaste…
- Te dije que este señor quería volver a lo grande y ya verás mañana todo lo que tiene preparado… es mejor que Seto se prepare para lo que le va a venir, aunque hubiera sido mejor que se hubiera muerto en el atentado…
- No lo digas ni en broma, tarado… ¿vas a ir?
- No creo… pero lo veré todo por televisión… Oye, cambiando de tema¿ya hablaste con tu maridito sobre tu plan?
La ojiazul miró que el pobre tenía la "duda" en la cara. Le llegaba a dar pena que se enterara.
- No.
- Entonces, vete preparando… esto empieza ya. Ya debo irme, nos estamos comunicando, adiós, linda… – colgó sin esperar respuesta de la china.
No tenía otra alternativa, ya había estado arrancando por casi doce años de ese sujeto, pero no podría escaparse por siempre sin tener la conciencia. Y si quería recuperar su vida, debía derrotar al que le había destruido la vida.
Gozaburo Kaiba.
Mei estaba con la vista perdida y el estómago apretado. Recién con lo que le había dicho su contacto, le había tomado el real peso de las cosas, la persona que había matado a su padre, estaba en Domino. Estaba rígida, con un miedo que le calaba los huesos y jadeando entrecortadamente. Sus ojos estaban casi llorosos y las mandíbulas le temblaban. Ni todos los años de preparación le estaban sirviendo para tranquilizar lo que estaba sintiendo.
De repente, fijó su vista en Joey…
- Flaca¿estás bien? – el rubio estaba preocupado – me estás asustando… ¿dime qué pasó?
Lo sentía por él, pero no había encontrado otra alternativa, Joey debía ayudarla sí o sí. Después de todo, Joyce también era una Kaiba y eso lo metía en este embrollo hasta el cuello.
- Joey…
- Por favor, habla de una vez.
- ¿Tú quieres un trabajo?
- ¿A qué viene eso? – comentó confundido – no tiene nada que ver con esto…
- Responde… – ordenó la ojiazul.
- Aunque no entiendo… sí, ya estoy aburrido de estar sin hacer nada en la ca…
- Perfecto, Joey – lo interrumpió.
- ¿Perfecto para qué? – seguía sin entender.
- Tengo que hacerte una propuesta de trabajo, imposible de rechazar…
Espero que no se hayan aburrido con la parte de Kaiba, que fue muy narrativa y larga, aunque necesaria para entender el soberano lío que tiene en la cabeza. El es de esos que siempre se enfrentan al "yo debo" con el "yo quiero o yo deseo", casi siempre terminando de elegir el primero u.u' Quiero darles los sentimientos algo más profundo y no sólo basarme en el aspecto físico del asunto.
Moki, pobrecito… no lo dejan ni tocar ni tener fantasías en paz (agradecimientos a Randa por la idea -), que aumentarán de peso a medida que transcurra la historia º¬º Para las fanáticas del francés, que no lo vieron en este cap, aparecerá en gloria y majestad en el próximo v Y la historia de Tris, comenzaría juntamente ahora, encontrándose con una "gran" sorpresa.
Nos vemos en el próximo capítulo con "Fantasmas"… (ni que fuera Halloween xDDDDD)
Se me cuidan mucho y besitos…
Shabi-chan.
Ahora paso a contestar los reviews…
Elen-Ses: Mi niña, hierva mala nunca muere y Seto todavía le quedan mil años… Negra suerte le ha tocado pero terminar con Joey arriba suyo, vale la pena¿no? Jajajajajajajaja. Hablando en serio, el gato está en graves problemas y esto es el principio de todas las pruebas que la vida le irá poniendo. Y Joey, no sé de qué valió la pena arrancarse tanto si ahora está encima de su amor y con encuentro de película. Finalmente… ¡Oye!... tú eres la niña más linda y simpática, sin ti, este fic no sería lo que es, siempre te estoy muy agradecida por el apoyo que me has dado. Muchas gracias.
Kerkira HiwAtem: Es que es un gato, y como tal, tiene siete vidas xD pero eso no evitará que él sufra montones porque de que lo pasará mal, lo pasará MUY mal. Todavía queda un rato para que Seto conozca a Joyce, eso tomará su tiempo. Y pobre faraón, soportar a Kaiba no debe ser para nada fácil jejejejejeje, con ese jefe se necesiten que te paguen muy bien para aguantarlo, aunque tiene al chico lindo de la serie, Yugi es un bálsamo.
Angel of friendship: No soy mexicana, por eso no entendía ni jota xP pero me siento sumamente emocionada por lo que pusiste, espero que en el trancurso del fic, no cambies de opinión. Y pobrecilla, que se me esté cortando las venas con una galletita (yo me la comería xDDD), ya tienes aquí un capi mucho más largo que el anterior.
Andromeda no Sainto: Por lo menos ya te viste la cara del bastardo con el matrimonio juntísimo, pero la escuincla todavía le falta un poco, ya te debes haber dado cuenta que hay algunos asuntos que resolver. Y este Anthony es todo un diplomático jajajajaja.
