Pairings: SxJ, YYxY y otras.

Disclaimer: Yo no poseo a los personajes de Yu-Gi-Oh, pertenecen a sus creadores y respectivos socios comerciales. Las organizaciones aquí utilizadas pertenecen a sí mismas y sólo serán utilizadas para este fic con fines de entretención, sin ser usadas para menoscabarlas.

Warning: Es un fic yaoi (chicoxchico), así que si no te gusta este género, será mejor que huyas. Lemon. Sadomasoquismo. Mpreg. Contenido hetero. Violencia. En algunos casos, AU y personajes OOC.

CAMPAÑA: Me sumo a la campaña liderada por nuestra amiga Katrinna, no permitamos que el PLAGIO se lleve nuestro trabajo. Que sea este pequeño aviso lo único que plagiemos porque entre más luchemos, más saldremos adelante. ALZA LA VOZ, NO TE QUEDES CALLADO ANTE EL PLAGIO.

MENTIRAS AL ACECHO

By Darling Kitty

Capítulo VI: Fantasmas

- ¡NO, NO Y MIL VECES NO! – Joey fue categórico – ¿es que acaso te volviste loca?- No. Pero te pido por lo que más quieras que me ayudes – solicitó la morena.

- ¿Sabes lo que me estás pidiendo, flaca? – preguntó indignado – ¡me estás diciendo que robe!

Mei levantó una ceja. Bueno, bueno, desde el punto de vista de Seto, se veía de esa manera, aunque no era eso exactamente. Ahora podía ver la inocencia del rubio en toda su extensión; impulsivo y bocazas, pero incapaz de hacerle daño a alguien. A pesar de ello, tenía que convencerlo de cualquier forma, era su única salvación.

De algo le tendrían todos esos años en que le enseñaron que si quería llegar lejos en el mundo era a través de la manipulación.

- Joey… escúchame… KC no es lo que era antes. Tiene una crisis tan grande que la quiebra no es algo que pueda decirse que es lejano – sus ojos melados quedaron abiertos como platos – además el atentado hizo que mucha gente renunciara a sus empleos por miedo a que les pasara algo. Seto Kaiba está metido en un buen lío, cualquiera día de éstos puede pasarle algo.

- ¡A mí no me interesa! – replicó con cierta indiferencia.

- Creo que sí… cuando dije que pueda pasarle algo no me refería a su empresa solamente – Mei volvió a captar la atención de la mirada castaña – ¿ves? No te engañes. Si Kaiba no sobrevive con su empresa, yo me voy a ir a la bancarrota con él. Joey, ayúdame, por favor…

Esa voz tan suplicante…

Joey casi picaba el anzuelo.

Llegó el día en que la china iba a pasarle factura por todo lo que había hecho por él. Ella pedía que le retribuyeran la mano que ella le dio cuando estuvieron en los Estados Unidos, y el rubio se sentía que no podía decirle que no. Sería muy desagradecido de su parte no hacerlo.

Pero sí lo hacía… ¡Seto lo odiaría por el resto de su vida!

Entre el amor de su vida y la que lo salvó del abismo… ¿Qué iba a escoger?

Seto no le había dado más que sinsabores y una preciosa hija, que por cierto, no hubiera llegado al mundo si no hubiese sido por Mei.

- No puedo. No es correcto – el rubio prefirió sus principios – sé que estoy siendo desagradecido contigo pero no puedo, lo siento – fue sincero y firme.

- Joey... sé que lo que a veces nuestra princesa pide cosas impensables – ese fue Lorent, que intervino en la conversación – aunque yo sé lo importante que es para ella.

- Lorent, óyete… y yo te tenía por una persona sensata – Joey se sostenía la cabeza – además¿por qué yo? – reclamó con fiereza – hay personas mucho más capaces para hacer tu "encarguito", empezando por ustedes mismos.

- Tenemos nuestras razones, pero ni Lorent ni yo podemos, porque a pesar de todo, Kaiba confía en ti.

- Claro, seguramente después de lo que pase, Seto continuaría confiando en mí.

- No se te olvide que hablas con una mujer que siempre piensa en todo. Kaiba va a pensar que soy "yo" quien te maneja; la que quedará mal con él seré yo, no tú. Joey, no me des la respuesta ahora mismo, piénsalo.

- No sé porqué… tengo la sensación que ustedes andan metidos en algo más turbio que agua de cañería. No cambiaré de parecer, la respuesta es NO. Permiso, iré a ver a Joyce – después de esto, el rubio desapareció.

Lorent quería salir también para alcanzar a Joey, pero Mei lo detuvo. Lo que menos necesitaba el rubio era acoso, y aunque las intenciones del ojirojizo eran buenas, no obtendría un buen resultado.

- Esa es la otra razón por la cual no quería que le echaras el ojo, en este momento estamos hasta el cuello con sentimentalismos ¿Por qué? Porque encontramos el rubiecito más encantador y honrado del mundo. Otro hubiera aceptado sin titubear.

- Yo también me opongo a que lo hagas – Lorent fue enfático.

- ¡Qué! – quedó boquiabierta – tú no puedes hacerme esto.

- No le podemos hacer esto – se lamentó el ojirojizo – Joey es demasiado bueno para meterse dentro de este mundo de víboras, nosotros ya estamos corrompidos, Mei. No se lo hagas a él.

- Lorent… Lorent…por si te dio amnesia, te recuerdo que fue "tuya" la idea – le repuso – si se te ocurre otra mejor, dámela, porque a mí tampoco ésta me gusta mucho. Sabes amigo, lo que creo que a ti te da más miedo es que Joey estará cerca de Kaiba¿verdad?

- ¡No desvíes el tema! Y has lo que quieras. Después no me digas que no te lo advertí. Todavía estás a tiempo para arrepentirte.

Lorent se fue del despacho de la china hacia su habitación. Se reprendía a sí mismo, porque él fue el de la idea, planeándola mucho tiempo antes de conocer a Joey. En ésa época, sólo pensaba en atrapar a Gozaburo, contagiado con las ganas de hacer bien su trabajo y el cariño que le empezó a tener a su amiga.

Recuerda sus palabras, dos años atrás…

- Mei… ese tipo ha humillado a tantas personas, que cualquier amante frustrada aceptaría feliz con tal de ver a Kaiba a sus pies…

Cuánto lo lamentaba, cuánto se arrepentía de dejar en manos de Joey una suerte tan desafortunada, después de haberla pasado tan mal. Memora que se sorprendió bastante al saber que Seto Kaiba tuvo "un" amante y que huyó de improviso a Nueva York; como si el destino se los hubiera entregado en bandeja de plata.

Fue precisamente en la capital del mundo cuando lo vio por primera vez.

Quedó absorbido con su mirada tan dulce, su sonrisa tan brillante y esa presencia tan avasalladora. Nunca había sentido su cuerpo estremecerse de esa forma por unos simples ojos parpadeándose de ese modo, inocentemente seductores.

De ese instante, se dio cuenta que Joey era alguien sorprendentemente especial. No necesito que le hablara para darse cuenta que él estaba fuera de órbita.

Y si fue así con sólo verlo; conocerlo fue una experiencia casi religiosa. Esa fuerza interna que tenía para salir adelante era digna de admiración, esa loca rebeldía para decir lo que pensaba y oponerse a Mei sin ningún tapujo era excepcional.

Con melancolía se acuerda que fue el primero en saber que Joey iba a tener un hijo, casi cayéndose de espaldas literalmente. Siente que lo que le harían sería una traición a la fe que Joey ha puesto en ellos.

Joey…

Daría lo que no tiene por borrarle la tristeza de sus ojos y ser, junto a Joyce, una familia. A ella la ha querido como si fuera su hija, sin importarle que fuera el fruto del amor del rubio hacia otro hombre.

Mei estaba en lo cierto, su plan implicaba una gran cercanía con Seto Kaiba… ¿Qué pasaría si el ojiazul se daba cuenta de la maravillosa persona que es Joey y se reencontraban definitivamente? Aparte Joey estaba decidido en contarle la verdad sobre su hija, no se imaginaba a Kaiba como un ser poco posesivo con lo suyo. Si se enteraba que Joyce era suya, haría lo imposible por retenerla a su lado, sin dejarle la posibilidad a otro a quien llamarle padre.

Tenía miedo, temor por perder algo que nunca había tenido, aunque lo amara profundamente.

Presentía que cosas muy malas pasarían si el rubio accedía y que perdería la posibilidad de estar junto a él…

- ¿Se puede? – preguntó Joey al abrir un poco la puerta – necesito hablar con alguien…

- Adelante… siempre eres bienvenido. Toma asiento.

- ¿Todos los franceses son igual de "educaditos"? – se ríe ante el trato protocolar que siempre ofrece Lorent al tiempo que se sentaba en su cama.

- No, pero me criaron así. Creo que no se me quitará nunca – acompaña a Joey en la risa – ¿qué es lo que te aqueja, mon bon ami (mi buen amigo)¿Es por Mei?

- Creo que coincides conmigo de que está insoportable¿verdad? – el ojirojizo asintió – sé que no está bien lo están a punto de hacer, pero si no hago lo que me pide, me sentiría en deuda con ella… Lorent, cuando te dije que eras sensato, no fue por decirlo, sino porque realmente es una de tus grandes cualidades – el moreno estuvo a poco de sonrojarse – ¿qué harías tú en mi lugar?

Lorent se dedicó a observar esas orbes castañas tan deliciosas y tan llenas de esperanzas de encontrar una respuesta en él. Si seguía así, la amistad con la china o su misión se irían al bote de la basura.

Se acercó a Joey, tomándole el rostro con ambas manos y le miró fija e intensamente para decirle un sabio consejo, que sólo nacería cuando se ha dedicado a la persona amada.

- Joey… Mei está pasando por un momento muy difícil en su vida, a mí no me corresponde contarte lo que realmente le pasa, estoy seguro que te lo dirá algún día; por eso te insistí, sé lo importante que es para ella que tú aceptes. Como amigos, es nuestro deber apoyarla en todo, pero si tú crees que va en contra de tus principios, decide libremente y sin presiones lo que crees que es correcto. Por mi parte, si dices que no, nuestra amistad quedará igual como antes.

El de ojos melados sonrió, Lorent era un amigo de verdad. Pensó que le diría que le siguiera al pie de la letra lo que la china le había solicitado. Sin embargo, fue todo lo contrario, él le dio la independencia para decidirlo; había acertado al juzgar al moreno, era dueño de una lucidez impresionante

- Gracias, Lorent – besó su mejilla – sabía que podía contar contigo. Iré a comer algo, me muero de hambre¿me acompañas?

- Seguro.

Estaba flotando, adoraba ese tipo de conversaciones con Joey, le daban ilusiones de que un día no muy lejano, se transformarían en pláticas de pareja. Quizás podría plantearse la posibilidad de declararse, el rubio es tan despistado, que no lo ha visto como hombre sencillamente porque no se había puesto en la situación. Quién sabe.

En cuanto a la propuesta, espera que Joey no cometiera un error.

Sabía que decidiera lo que decidiera, la vida de todos cambiaría drásticamente…


Todo estaba en marcha para que Seto supiera que se vengaría por la humillación de haberle quitado su propia empresa y por haberlo derrotado en el mundo virtual. Había costado bastante para que volviera al mundo real con su cuerpo, pero lo había logrado. El castaño al día siguiente se daría cuenta que "más sabe el diablo por viejo que por diablo".

Interrumpió sus pensamientos cuando alguien tocaba la puerta. No era necesario que se anunciara, lo estaba esperando.

- Ya era hora que llegaras, no te pago para que pierdas el tiempo – un hombre fornido abrió la puerta, pasando a la oficina – dime todo lo que has averiguado – habló como de costumbre, al grano.

- Es como si se la hubiese tragado la tierra, señor – a pesar de su contextura, la penetrante mirada del mayor intimidó al rubio – no se sabe casi nada… la última vez que la vieron fue en Beijing hace ya once años, pero fue poco tiempo después que desapareció. De ahí, se perdió completamente el rastro.

- ¿Beijing? – miró el ojiazul con sorpresa, manteniendo la seriedad – maldito inútil¿crees tú que fui a Beijing a un viaje de placer?

- No, señor – la conocida mirada gélida se clavó en el y comenzó a sudar helado - ¿usted tuvo mejores resultados? – se aventuró a consultar.

El incomodo silencio reinó por un instante aquel lugar.

Gozaburo apoyó sus puños fuertemente encima de la mesa. Aquel comentario le desagradó completamente.

- Parece que no te ha quedado claro que te pago para que el que pregunte sea solamente "yo" – su voz era punzante, eso no era lo que quería oír. Respuestas, sólo respuestas.

- Pero, señor Kaiba, la búsqueda se empezó muy tarde y…

- ¡Nada!, seis días más o te devolveré al basurero de donde te saqué¿entendido? Klosky, supongo que no querrás volver a las prisiones de Moscú, me han dicho que son muy… acogedoras – ironizó con su sonrisa característica – ahora vuelves a China, y si es necesario preguntarle a cada uno de los mil millones de chinos dónde se encuentra, lo harás… con o sin vida…

- Sí, señor – sólo hizo una reverencia antes de irse. No sabe cómo encontraría a alguien perdido tanto tiempo en tan poco. China era sólo una referencia, ella podía estar en cualquier parte del mundo.

Pero para su jefe, era demasiado importante.

El que también estaba presionado era Gozaburo. Tendría que buscarla donde fuera hasta por debajo del mar si era necesario, si ella decía que él mató a Kazuo y encontraba los motivos, era su fin.

Por eso, estaba desesperado. Y Klosky no le podía estar dilatando más.

Apenas le dio la espalda, pescó un cuchillo de su colección y se lo lanzó, dándole certeramente en la cabeza.

El ruso murió al instante, Grazziani lo vio caer como quien ve caer un objeto cualquiera.

- Deshazte de él – ordenó el mayor.

- Sí, signore – afirmó el pelirrojo, mandando un par para que lo llevara, volviendo a conversar con Gozaburo – discúlpeme por mi falta de respeto, pero tantas molestias por una chiquilla lo considero absurdo.

- Grazziani… – sonrió burlescamente – te falta tanto por aprender en la vida… ¿sabes cuál es el peor defecto de una mujer?

- ¿Son… habladoras?

- No… su naturaleza no las hizo para ser inteligentes. Desgraciadamente salen especimenes de vez en cuando, y ella es más inteligente de lo que debería…

- ¿Inteligentes?

- ¿No crees que tienen demasiado desarrollado el don de hacerse las víctimas como para que también tengan materia gris?

- Tal vez – se rió el ojiceleste – y hablando de mujeres inteligentes… quería informarle que una empresaria de aproximadamente de veinte años quiere invertir en KC y… es china…

- Averigua todo acerca de ella. En una de ésas… te lo encargo.

- Sí, signore. Si me disculpa, me retiro – se reverenció ante el hombre canoso y se fue.

Sabía que aún está en este mundo, ella no iba morir sin enfrentarse a él…

Debía admitir que esa mocosa tenía una insistencia que no se le había visto ni a su hijastro, por supuesto, los motivos le sobraban.

No en vano sentía el pavor de que todo su imperio se derrumbaría…


La hora de la velada había llegado y a las seis y media de la tarde habían comenzado los invitados a llegar. Los primeros en hacerlo fueron los hermanos Kaiba, Mai Valentine y el matrimonio Atemu, a quienes lógicamente les tomaban fotos a más no poder. Yugi era el único sonrojado, ya que nunca se pudo habituar a ser el centro de atención.

Quien no estaba muy al pendiente era Seto, quien se encontraba tenso desde que había recibido la dichosa invitación. Algo le decía que todo esto iba a parar en mal puerto, y eso que no era muy amigo de seguir los presentimientos. Aunque también su juicio le dictaba que nadie que se quisiera regodear con los más poderosos, mandaba una invitación anónima.

Sin embargo, el glamour del lugar era demasiado despampanante para que lo encargara un simple patán…

El hotel que era un castillo estilo gótico, estaba arreglado con candelabros medievales, decorado con tonos pasteles y la tenue iluminación dorada hacía sentir como se viajaba en el tiempo, amplios ventanales en donde se podía ver selectos vitrales pintados que impedía contemplar la preciosa noche que los acompañaba. Aunque tal vez no era tan lamentable, si se miraba al techo del salón, se podía ver el cielo maravillosamente estrellado producto de hologramas muy bien programados.

Antes de pasar al salón principal, se bajaba una por la escalinata de piedra finamente tallada en piedra, lo que podía hacer ver a cualquiera que bajara por ella, una regia panorámica del lugar.

Categóricamente, era un lugar magnifico para una velada romántica. Lástima que no estaba para esos fines…

- Vaya, al parecer que el tipo que organizó esto, no escatimó en gastos – rompió el hielo Mai, mirando a todos lados – creo que hay alguien con el ego más grande que tú, cariño – el CEO prefirió pasarlo por alto, no estaba para los escándalos.

- Hermano¿tú sabes quién hizo todo esto? – preguntó Mokuba – muchos de los que estuvieron en la última fiesta de la mansión, están aquí.

- Ni idea – contestó mal humorado - ¿Atemu?

- Tampoco sé nada, aunque todo esto se me hace mala espina.

- Pensé que era el único, faraón.

- ¿La esposa de Joey no tendrá algo que ver con esto de casualidad? – concluyó Yugi.

- No, amor, no me imagino a Mei haciendo este tipo de cosas.

- Esa será una antipática de lo peor, pero…

Fue ahí cuando murió la frase del ojiazul. Ni en un atisbo de irracionalidad, habría podido vislumbrar en el pasado que a cierto rubio le asentara tan bien el frac, la mezcla entre la elegancia y ese toque insolente innato en él era una combinación tremendamente explosiva a sus sentidos. Irónicamente, el cachorro bajaba gatunamente la escalinata, como si tuviera el objetivo de seducirlo.

Y no es que Kaiba se quejara, Joey estaba lográndolo con facilidad, haciéndolo sentir de repente que el lugar se estaba haciendo más caluroso y encerrado.

Cuando las miradas de ambos se cruzaron, las neuronas de Seto hicieron cortocircuito, trasladándose hacia otra dimensión.

"Lo único que le falta a este necio es el babero", pensó Yami al mirar la cara del ojiazul. Debía reconocerlo, Joey se veía muy bien.

Y hablando de babosos, el pequeño Kaiba andaba a parejitas de su hermano mayor, mirando cómo al desgraciado de Lorent Regnier le encantaba hacer resaltar sus carismáticos ojos rubíes a quien se estaba por delante.

Solamente el ojiazul pudo volver a la normalidad cuando se dio cuenta que la señora Wheeler andaba de la mano con su esposo. Los flashes no se hicieron esperar, en ese momento fue la sensación la revelación del secreto matrimonio entre el rubio duelista y la morena empresaria. El CEO sintió que se le estrujaban las tripas cuando vio que Mei y Joey se rozaban los labios.

- La pareja perfecta… – Seto gruñó en un sarcasmo – Einstein y Miss simpatía.

- Seto… – protestó Mokuba. Su hermano estaba extraño, sabía que había tomado como hobby molestar a Joey.

- "…" – el castaño optó por dirigir su mirada a otro lado, no quería saber nada más de ellos.

Sin embargo, el chibi podría inferir que lo que siente su hermano por el de ojos melados iba más allá de un simple juego, ya era demasiada atención para que Kaiba dijera que para él, Wheeler era un simple mortal. Aunque aún no podría decir en qué dirección iban exactamente, "amor" no era lo que podría apreciar en Seto hacia su amigo precisamente.

- Hola – alguien susurró campante en el oído de Mokuba.

- ¡Lorent!, hola – "que no me sonroje, que no me sonroje". El chico en un par de segundos cayó en la histeria.

- Estás nervioso¿cierto? – al pobre chibi casi le dio un paro cardiaco en el lugar – pobrecito, estos lugares te incomodan. Pero si quieres ser artista, tienes que acostumbrarte, los periodistas son muy buenos acosando.

- S-Sí – ésa fue falsa alarma, casi se murió del susto.

- Las chicas son las peores, cuando se enloquecen por un hombre, son capaces de cualquier cosa – le dijo revolviéndole los cabellos fraternalmente.

Mokuba pensó que no se lavaría el pelo hasta dejárselo como Bob Marley aunque Seto lo amenazara con romper su teclado favorito.

Mientras tanto, afuera…

- Maldición, otra vez llegué tarde. Pegasus va a matarme.

Murmuró el nuevo presidente de Ilusiones Industriales, Duke Deblin. Desde que Pegasus encontró una pareja, decidió retirarse para disfrutar más de la vida, dejándole a cargo al socio que contaba con su mayor confianza. La directiva lo aceptó y desde ese momento, el ojiverde había llevado con éxito los negocios del peliplateado.

Por lo tanto, no sería raro que también lo invitaran a la fiesta. Pero el desvergonzado éste estaba muy entretenido con una chica y por eso andaba algo atrasado.

Entró lo más disimuladamente que pudo, distrayéndose cuando vio un cabeza de chorlito conocido, lo que le extrañó en demasía.

- ¡¿Joey Wheeler por estos lados?!

- Duke¿qué tal? – saludó contento, al fin una cara amiga que no tuviera nada que ver con Kaiba – prueba esto, esta sabroso – le mostró algo para que se lo comiera.

- Tú y Tristan son iguales, piensan sólo en la comida… – miró al cielo resignado –…oye, a todo esto¿qué haces aquí?

- Acompaño a mi esposa…

- Es cierto, ya me había llegado el cuento. Te casaste y no le avisaste a nadie, picarón – le miró maliciosamente – me contaron que una china… uy, amigo, esas mujeres son exquisitas, qué afortunado eres…

- Seguramente lo dices porque ya te metiste con la mitad… - bromeó el rubio divertido.

- Ay, qué celoso… tú sabes que las mujeres de mis amigos ni las miro – fue tajante.

- Y hablando de la reina de Roma, es la que se asoma – comentó Joey mirando a su esposa que venía a buscarlo.

- Hola, mi amor – le dio un pequeño beso en los labios, el ojiverde estaba completamente estupefacto, agrandando sus pupilas al máximo.

- ¿Mei… no t-te habías casado con Lorent? – preguntó casi tartamudeando.

- Yo te había dicho que me había casado, pero no te dije con quien. Tú fuiste quien sacó las conclusiones solito, Deblin – charló triunfalmente.

- ¿Ustedes se conocen? – preguntó el rubio con recelo a la morena.

- Sí, Deblin y yo nos conocimos cuando tuve que hacer unos negocios en Las Vegas, hace algunos años…

- Bueno cachorrito, te dejo – dijo Duke con una sonrisa falsa, estaba notablemente afectado.

- ¡¿A quién le dices cachorrito?! – cuestionó molesto.

- A ti, bobo. Cuéntale a tu esposa qué te pasó por perder un duelo. Nos vemos al rato, ya me conocen… "lugares que ir, corazones que romper y dados que jugar". Permiso y felicitaciones a la pareja – se retiró.

- Nos vemos y gracias Duke…

- Imbécil… – musitó Mei al ver que el ojiverde había tomado una considerable distancia.

- Oye, dale al menos una oportunidad. Realmente se puso triste – replicó el rubio – ¿no viste que se retiró más rápido que un rayo? Ni pudo simular.

- Sí, mi querido esposo… tan real como tu ignorancia acerca de lo que pasó entre Deblin y yo…

- Bueno yo…

- Tendrías que apoyarme, si pasaste por algo parecido…

- Pero qué dura saliste, mujer…

- ¿Interrumpo una discusión… "matrimonial"?

Mei y Joey miraron al tercero que los interrumpía, no sin antes con una nota mental de "ay, no… lo que faltaba" por parte de ambos. El propio Seto Kaiba, que viste y calza ante ellos. A ninguno le gustó mucho la presencia del ojiazul, sobretodo a la morena, que de por sí, ya estaba con los nervios de punta para que viniera el niño berrinchudo del grupo a caldear más las cosas.

- No, Kaiba, tú nunca interrumpes. Y si interrumpes, lo pasas de largo, así que¿qué te preocupa ahora? – le dijo Joey relajadamente disgustado.

- Vaya, Wheeler, tan educado. Confirmas el dicho "aunque el perro se vista de seda, perro se queda"…

- ¡Kaiba! – regaño Joey, amenazando con arrojarse encima del castaño.

- Tranquilos, caballeros… estamos en una fiesta, no le podemos hacer un desaire a nuestro fantasmal invitado – advirtió Mei, quien cada vez estaba más convencida que Lorent no tenía posibilidades, había visto nítidamente aquellos ojos azules que estaban perdidos por el rubio cuando bajaron por el salón.

Pero sabía lo soso que era Seto para reconocer sus verdaderos sentimientos, esperando que no fuera demasiado tarde cuando lo hiciera.

- Tiene razón… ya me he rebajado demasiado con éste – Kaiba no se refería solamente a lo de ese momento, sino asimismo, a su seudo relación, dándose muy bien a entender.

- Entonces lárgate y no fastidies – la paciencia del de los ojos melados no daba para más.

- Quería hablar con tu esposa, pero creo que llegué en mal momento… después será. A todo esto, se ve muy bien, señora Wheeler…

Aparte de enojado, Joey se encontraba más celoso que nunca, era el colmo de los colmos que el bastardo ricachón coqueteara con "su" esposa. Un volcán a punto de hacer erupción era una analogía excepcional para describirlo.

- Gracias – sonrió – pero le contaré un secreto… una mujer al lado de Joey, tiene que arreglarse mucho si no quiere que se lo quiten, con un hombre tan cotizado, me tengo que cuidar.

- Sí, Mei siempre me dice que hay "buitres" rondándome – le siguió la corriente – y a ésos, los conozco de memoria¿verdad, Kaiba? – lo miró fijamente para que se diera cuenta quien era el "buitre".

Seto iba a contestar algo, sin embargo, unas luces se prendieron, dejando fuertemente iluminado el salón. Todos quedaron perdidos con esto, mirando a cualquier lado por si se hallaba una señal de lo que estaba pasando.

De pronto, se eleva un escenario, siguiendo con la línea de mezclar lo tecnológico con lo medieval, quien se encuentra un pelirrojo de ojos celestes esperando el momento para tomar la palabra, mirando con una sonrisa a sus invitados. Se tomaba relajadamente el tiempo necesario para el gran momento.

- Mi amor¿sabes quién es? A él no lo conozco.

- Ni yo tampoco, Yugi. Aunque creo que no es el loco egocéntrico que organizó todo esto…

- No me gusta para nada esto.

- A mí tampoco, pero como siempre, saldremos de ésta – el tricolor toma el rostro de su esposo y lo besa perezosamente en los labios.

Eso fue justamente antes que Carlo Grazziani tomara la palabra, buscando a Seto Kaiba con los ojos. No quería perderse los pormenores de su rostro cuando viera a su padrastro vivito y coleando.

Al mismo tiempo, Mei tomó la mano de su esposo y se la apretó fuerte, casi temblorosa. La chica inclusive pensó en algún momento que se iba a desmayar, la adrenalina en su cuerpo era casi irresistible. Vería a ese mal nacido que mató a su padre.

Ya no había marcha atrás.

- Benvenuto, signori e signore (Bienvenidos, señoras y señores), tengo el placer de presentarles a un hombre que cambió el concepto de empresa y negocios, dándole un nuevo énfasis y sobrepasando todo límite conocido. Fue varios años catedrático de la Universidad de Tokio y, por mucho tiempo, presidente de una de las mayores compañías del mundo… con ustedes, uno de los grandes…

Todos prácticamente, por instinto, aguantaron la respiración, siendo un postre para Grazziani, quien gozaba como nadie el momento. No había nada como la tortura sicológica.

Así que sin dudar, dijo lo que le quedaba.

- Gozaburo Kaiba…

Para todos fue un choque muy grande, nadie sabía de él desde que supuestamente su mente había quedado atrapada en un mundo virtual. Los que no eran tan cercanos al Kaiba mayor, cuchicheaban sin salir de su asombro.

Yugi y Yami se miraron aterrados, sin entender lo que estaba pasando; estaban totalmente sorprendidos de ver a ese viejo desquiciado. Mai, como no había participado en el mundo virtual, no comprendía absolutamente nada, sólo se limitaba a observar a su alrededor.

Mokuba sintió ganas de llorar, aferrándose fuertemente a Lorent, quien no lo rechazó a sabiendas que el chico sentía una angustia inmensa. Sin embargo, sus ojos rojizos se condujeron hacia la persona que tenía que atrapar; tenía conocimiento que tenía que ser él que tuviera la sangre fría para proceder.

Joey más que miedoso, estaba preocupado por lo que implicaría a su Seto. Recordó efímeramente las marcas que el castaño tenía en su cuerpo, nunca le preguntó quien se las había propinado, pero estaba seguro que había sido su padrastro. También sentía impotencia, estaba tan cerca y no poder abrazarlo, hacerle sentir que tenía todo su apoyo.

Mei no podía modular nada. Los ojos estaban cristalinos recordando escalofriantemente cómo había muerto su padre y luego como ese viejo decrépito le apuntaba a ella con un arma en la cabeza.

El rostro de Seto no mostraba ningún gesto, sólo miraba con odio al hombre que subía al escenario. Eso sí, sus puños estaban enérgicamente apretados, no le daría el gusto de verlo caer. Aunque por dentro estaba hecho pedazos, otra vez tendría que desenterrar ese pasado que mil veces había tratado dejar atrás para construir un futuro para él y para su hermanito.

Al parecer, su deseo jamás se cumpliría. Lo que no sabía era que, para que su pasado quedara definitivamente atrás, tendría que armarlo de nuevo.

- Vaya, no pensé que causaría tanta conmoción – dijo Gozaburo con una sonrisa sobreactuada – mis pobres hijos ni se la pueden creer, pobrecitos…

- Sinvergüenza… – el primero que pudo dirigir un comentario fue el faraón que apenas podía controlar su ira.

- Se preguntarán que hago aquí después de desaparecer tanto tiempo… - continuó hablando el mayor – mi retiro se produjo después de que mi hijo Seto me "quitó" la empresa. Para mí – con fingida tristeza – mi dolor más grande no fue que la haya perdido, sino que mi "hijo", a quien le había dado todo mi amor, me hubiera pagado de esa forma. No lo pude resistir.

Los murmullos no se hicieron esperar, todos los ojos iba directo hacia el castaño, lo más probable era que sería al día siguiente la portada de la revista de chismes y la primera plana de los periódicos.

- Vi con orgullo como ha crecido, como ha hecho de la Kaiba Corporation una empresa mundialmente conocida. Sin embargo, he visto que ha entrado en crisis, y como tu padre, debo ayudarle. Un padre siempre perdona a sus hijos, así que el legado de nuestra familia perdurará por siempre.

¡Mentira! Todo era una mentira. Si no quería ponerlo en su lugar era porque tenía la suficiente clase para no alimentar las habladurías, no caería a su nivel.

Pero había alguien dentro de la gente que no opinaba lo mismo que él.

Alguien que tenía las suficientes agallas como para gritarle sus cuatro verdades, y cuando se trataba de su dragón, ni siquiera vacilaría.

- ¡No es cierto, viejo farsante! – gritó Joey, centrando toda su atención en él – si quisieras "tanto" a tu hijo, no lo dejarías en evidencia delante de todos y justo vuelves en el peor momento… quizás ayudarlo signifique que te quedes con todos los frutos de tu hijastro, aprovechándote del pánico… ¿nos crees tontos? No tienes ni la cara de bondadoso. Si aparentas, al menos hazlo bien; porque tu hijo sí tiene dignidad para no contestarte como se debe. Y yo lo haría si no hubiesen damas presentes.

Seto miró al rubio con la vehemencia que lo defendía, lo que le provocó incomodidad, no se sabía cómo reaccionar. Se debatía entre la felicidad y la vergüenza, aunque no podía dejar de lado esa revoltura en su corazón.

Tampoco sabía qué era correcto… ¿Qué era lo que debía sentir?

Por todos los dioses, decir que estaba confundido era poco. Hasta para Seto Kaiba, todo esto era demasiado.

Y si los periodistas estaban locos de alegría por el menudo reportaje que tenían en el bolsillo, esto sería la noticia del año. Para nadie era desconocido que Seto Kaiba y Joseph Wheeler no podían hablarse sin ofenderse, más de alguna ocasión, se los vio discutir en televisión.

Al mismo tiempo, Gozaburo ardía, sus planes no habían salido como lo esperaba, no se imaginaba que dentro de la "so-cia-li-té" hubiera un impetuoso bocón. O mejor dicho, que un arrabalero se mezclara con la alta sociedad; nadie con alcurnia se atrevería a hacer ese escándalo.

El hombre de edad ya conocía eso de que la gente con dinero se volvía más altanera con los que están por debajo suyo, pero con los de mayor nivel, corrían despavoridos apenas sentían la amenaza.

Ya habría tiempo de encargarse de Wheeler. Lo primero era lo primero…

Seto…

A pesar de ello, la intervención de rubio hizo que la conferencia se aguara y todo quedara en nada, terminando en un escándalo tácito.

- Señores – tomó la palabra Gozaburo – lo que dijo el señor… Wheeler me tiene sin cuidado – Joey se encontraba serio – que piense lo que quiera… total, mi conciencia está muy tranquila… Por lo demás,

esto recién está empezando. Disfruten la velada.

Así la fiesta pudo seguir "normal", siendo los únicos temas de conversación el regreso del gran Kaiba y su altercado con Joey Wheeler. Lorent y Mokuba se dirigieron rápidamente donde estaban Seto, Joey y Mei. El pequeño al divisar a su hermano mayor, lo abrazó fuertemente, los dos tenían que estar unidos.

- Hermano, tengo miedo…

- Tranquilo, Mokuba. Te prometo que ese viejo ya no hará nada en contra de nosotros – le sonrió para transmitirle tranquilidad aunque él supiera que no era cierto.

El rubio se percató que desde que Gozaburo había aparecido, Mei no había hablado media palabra. Al verla, la apreció que estaba muy pálida, lo que le preocupó mucho.

- Mei – la llamó - ¿estás bien, flaca?

- Ahhh… - se asustó al estar concentrada, al punto de sentir la voz de Joey, se sintió desubicada – lo siento, cariño, me siento un poco mal, eso es todo.

- Joey, es mejor que vayamos a casa, Mei está más blanca que un papel – solicitó el ojirojizo y añadió en un tono un poco delatador – fuiste muy valiente, Joey. No muchos se atreven lo que tú hiciste. Eres único¿lo sabías? – el rubio enrojeció ante la pregunta de Lorent.

A ninguno de los Kaiba les gustó la "atención" del francés hacia el joven, más a Seto, que la encontró que era demasiada. Sentía unas ganas de tener un encuentro con la soledad para ordenar su mente. Mandó a Mokuba que lo esperara con Yugi y el faraón, mientras él se iría "por ahí" un rato.

- ¿Vamos? – preguntó Lorent.

- Papi, ya me siento mejor – le dijo la ojiazul – sabía que esto pasaría, es natural que la primera reacción fuera ésta. No te preocupes.

- Princesa…

- En serio, Lorent – observó que le faltaba el rubio – oye¿no has visto a Joey? Estaba con nosotros hace un segundo.

- Sí, Kaiba y Mokuba también estaban con nosotros…

Los dos se miraron, concluyendo rápidamente…

No había que ser un genio para saber que había sido de Joey.


Lindo panorama tenía su amigo, quería llevárselo al barrio rojo para tirarse a prostitutas y él…

El quería que el ojiverde fuera su ramera, pagándole lo que fuera con tal que se metiera en su cama…

Es que aparte no se atrevía a decirle las tres palabras que resumirían perfectamente su estado civil. Es que antes se pegaría un tiro en la nuca o se tiraría al mar amarrado en cadenas.

Decir que se tiene casi veinte años estando "solo, virgen y necesitado" no era muy motivador. Su pensamiento asquerosamente machista le decía que una mujer lo podría reconocer sin problemas, pero para un hombre era casi un pecado.

Es que de sólo mirar su alrededor es para sentirse depresivo… Joey casado, Yami y Yugi vivían aún una paradisíaca luna de miel, Duke levantaba una piedra y salían diez mujeres, Tea era la sensación de los chicos de Broadway… ¡Hasta el frígido de Kaiba tenía más vida sexual que él!

O para peor… se imaginaba que el pequeño Mokuba tuviera más experiencia que él…

¡Diablos!

Tristan sabía que no era tan atractivo como los demás, a pesar de que aparentaba lo contrario. No era que tuviera envidia, aunque se sentiera un poco a la sombra de sus amigos; ya sea porque su participación en los duelos se limitaba a ser un porrista o que siempre las chicas se derretían por Yami, Kaiba o Joey.

Para rematarla, había comenzado con duditas existenciales…

Oh, sí… nadie sabía que Tristan Taylor tenía problemas de orientación sexual. Es que a él SIEMPRE le habían gustado las mujeres, e inclusive, era demasiado evidente para todos que estaba perdidamente enamorado de la hermana de Joey, la tierna Serenity. El punto es que no tuvo ni la más puta idea cuando se empezó a fijar en su "rival" de amores, y rival entre comillas, el tal Duke Deblin se enloquecía con cualquier cosa que tuviera falda.

Es que había que darle la razón a las chicas que caían una y otra vez con él. Es que el tipo era como tener una cita con el dentista, desde que lo saludabas hasta que te despedías te quedabas con la boca abierta de par en par. Unos ojos verdes tan vivos que te hacían temblar las rodillas y con ese look tan exótico que te hacía volar la imaginación a puntos casi esquizofrénicos. Sin comentarios con respecto a su coquetería, el tipo no se sabía si era shamán o le hacía a la brujería, pero cuando te hablaba, te dejaba sin voluntad, completamente a la merced de sus deseos.

Sin embargo, el tipo era un declarado trisexual… hetero, mujeriego y lesbiano.

O sea, por donde se lo miraba, le gustaban las mujeres. Que tuvieran la delantera de Pamela Anderson, la cintura de Gwyneth Paltrow y la cola de Jennifer López. En consecuencia, le bajó tremenda depresión al pobre Tristan cuando se enteró que Duke finalmente alguien le ganó y era una "china cochina", que si se pusiera a barrer, uno se confundiría fácilmente pensando que es la escoba quien estaba barriendo y no al revés; y con un carácter que podría obligar a Deblin sin chistar a que saltara por las calles de Domino con un tutú rosa.

Aunque la posición de su amigo tampoco la envidiaba. Descubrió que la "chica sacarina" de verdad estaba casada con uno de sus mejores amigos, Joey Wheeler. Y ahí sí que no. Duke era un rompecorazones de lo peor, pero las mujeres de los amigos eran hombres para él.

Así que por eso, después de la conferencia, lo llamó y habían terminado en el barrio rojo de Domino.

¿Cómo le diría que le estaban empezando a gustar los hombres?

- Oye, daditos… ¿por qué no decides entrar de una vez por todas?

- Ehhh… esh queh todaaaaaaas son taaaaaan lindaaaaaaaash – sin contar que el tipo no andaba con unas "copitas de más" a cuestas, sino que toda una botella de sake y apenas podía mover los pies.

Duke ni esperó la reaparición de Gozaburo, estaba tan dolido porque había dejado partir a la china que llamó a su amigo del alma y se bebió todo lo que le pusieron en frente en el primer bar que pillaron.

Y ahí estaba el estúpido de Tristan para reconfortarlo, el amigo del alma que no quería nada salvo devorárselo a besos.

Para empeorar su sensacional vida, el tipo se estaba apoyando en él, de una forma, ejem… quedando algo pegaditos. La tentación de aprovecharse del tipo eran mayúsculas y ya comenzaba a sudar por resistirse a tirársele encima.

No sabía que conocería en aquel lugar tan corrompido al que sería el amor de su vida, de la mano de la persona que menos esperó.

La coincidencia, casualidad o destino… ni idea…

¿Qué importaba? Cuando el amor llegaba, llegaba…

Aquel chico pasaba en la soledad como que nada en la vida, la vanidad característica de él lo hacía mirar sólo por la vereda del frente. Hasta Duke, que por muy bebido que estuviera, lo reconoció inmediatamente.

- Oyeeeeep… ¿eshe nooo esh…?

El castaño casi se cayó con el ojiverde y todo, creyó que nunca más volvería a ver a ese sujeto, quien les miraba sorprendido. Tristan claramente leyó un "mierda" en los labios del tipo, que cruzó velozmente la calle para meterlos en un callejón.

- ¿Se puede saber qué están haciendo aquí? – preguntó bruscamente.

- ¿Quéh creeeeees que hachemos en un barrio rojo, idiotah?... ¿Rezhar?

Duke inmediatamente recibió una patada en el estómago, retorciéndose en el piso. Por muy ebrio que estuviera, el golpe le dolió. Tal vez no recordaría lo que le pasó a la mañana siguiente, pero el dolor en su zona abdominal no se lo quitaría nadie.

- Hey¡no le hagas eso! – se iba a abalanzar al individuo, pero paró en seco al ver una navaja.

- No le pegué por gracioso. Este imbécil es una lacra, le pegué por lo que hizo a mi hermana – luego miró

al joven excéntrico – pobre de que te vuelvas a acercar a ella, que la próxima vez que le hagas sufrir, juro que yo mismo te dejaré eunuco¿te quedó claro? – Duke asintió con pavor.

Tris se sorprendió por lo que acaba de confesar… ¿una hermana? Si EL tenía una hermana, Kaiba tendría mil y un problemas. Ni la resaca excusaría a Duke para que le dijese todo el listado de mujeres que había echado a la bolsa e irse de lengua con cierto CEO.

- Ah, otra cosa… si quieren publicar que me vieron van a pensarlo dos veces antes de hacerlo. Si llego a saber que le contaron a alguien, yo se la cortaré a tu amigo y a ti… y a ti…

Tristan retrocedió los mismos pasos que ese sujeto avanzaba hasta que tropezó en una pared. El corazón le latía rápidamente, quién sabía lo que le iban a hacer. Empezó a rogar para que no le hicieran daño.

- P-Por favor… – pidió el moreno – n-no m-me hagas na-nada…

Imprevistamente vio su mirada… ¿desde cuando esos ojos azules lucían tan saltones? Una mano traviesa empezó a buscar el punto más sensible de Tristan, quien al contacto, gimió erizándose de pies a cabeza. Era la primera vez que alguien, que no fuera él mismo, lo masturbaba.

Para ser encima del pantalón, ese tipo se manejaba en el "asunto". Masajeando lenta y tortuosamente, observando cada gesto y saboreando cada ruidito que le ofrecía el moreno, quien a pesar que no lo deseaba, estaba disfrutando mucho el momento, olvidándose por completo del que yacía tirado en el suelo.

Aquel ojiazul no supo que le atraía tanto el chico que le estaba haciendo ver estrellitas, pero desde que lo vio, algo le pasó y no pudo superarlo con el paso de los años, a pesar que tenía bastante "experiencia". Así que este momento se sentía en la gloria, no podía darle nombre a lo que sentía, pero lo estaba pasando de maravilla. Además él mismo estaba excitadísimo, sabía que esas actitudes sólo correspondían a alguien que era…

Virgen…

- Dé… ja… me – balbuceó el moreno entre jadeos.

El tipo, encontrando que ya no le faltaba mucho para romperse, lo dejó en paz. Tristan se sintió aliviado que esto no había pasado a mayores, no quería que su "debut" fuera producto de una violación. A pesar de su postura de machote, era un romanticón sin remedio que añoraba que su primera vez fuera con alguien fabulosamente especial.

Pero la tranquilidad no le duró mucho.

- Ya sabes… si dices algo… terminaré con lo que empecé, quieras o no – le dio un pequeño beso en los labios – cuídate, monito…

Suspiró cuando el misterioso tipo se fue, tenía unos deseos de llorar como si fuera un crío de ocho años.

¿Y cómo no? Con el corazón en la mano, una erección del porte del Titanic y un amigo durmiendo como un angelito no era un escenario muy alentador que digamos.

- ¿Por qué sólo a me pasan estas cosas?...


No lo podía creer… su padrastro estaba de vuelta…

Estaba completamente solo en uno de los pasillos escondidos del castillo, apoyando su espalda a una pared. Lo necesitaba. No quería que nadie lo viera en ese estado tan resignado, sobretodo Mokuba, quien de seguro estaría muy angustiado con él.

No era para menos, lo había dejado mal delante de todos, diciendo que fue un hijo desagradecido y que lo había estafado después de todo lo que le había dado ¡Ja! Eso nunca podría haberse llamado relación de padre-hijo, más bien era de maestro-aprendiz. Uno muy cruel, por cierto. Lo odiaba con toda su alma, lo adoptó para satisfacer su maldad, desde dejarlo sin comer hasta ir a los golpes. Mal nacido, sólo cosechó lo que había sembrado.

¡Demonios!

¿Es que acaso nunca su pasado quedaría atrás y enterrado?

Había hecho de todo para dar vuelta la página, inclusive destruyó Alcatraz para que el imperio de Gozaburo se fuera al olvido, pero al parecer, no había dado resultados.

Además tenía claras intenciones de quedarse nuevamente con la KC.

Qué bien, justo en el peor momento, apareciera el padre comprensivo a ayudar al hijo con la empresa, a pesar de todo lo que le había hecho; "un padre siempre perdonaba a sus hijos", le había dicho a la prensa. Ahora cuéntele una de vaqueros porque era la mayor sandez que había escuchado en toda su vida.

De pronto, se había quedado en una pieza…

Tal vez… fue Gozaburo quien planteó lo del atentado como excusa que lo traía de regreso a Domino.

Se lo había imaginado, ese loco desequilibrado era capaz de cualquier cosa. Sin embargo, no creyó que fuera posible. Eso significaba que todos estaban en peligro, el corazón se le encogió de la angustia de pensar que a Mokuba le pudieran hacer algo; para Seto era casi como un cartel en la cara de que ese chico era "su debilidad", si le pasaba cualquier cosa, sabía que podría matar.

No importaba, no importaba lo que pasaría, él simplemente daría la pelea. Si quería la corporación, Seto le pondría cara, no le quitaría lo que todos estos años había construido con esfuerzo y sudor. Ya le había ganado dos veces y podría fácilmente con una tercera.

Trataba de autoconvencerse que eso sería así. Pero presentía que esta vez no sería llegar y ganarle en un duelo, bien claro le había dicho la última vez; "Seto, jamás te podrás escapar de mí", era lógico que iría a planear algo para arremeter de nuevo en su contra.

Y la hizo en grande.

Por supuesto, nadie lo defendió. Excepto él.

No sabía si el hecho le producía una cierta satisfacción o rabia. Es que lo único que quería es que Wheeler tomara un avión y se devolviera por donde vino. Le incomodó que lo haya defendido ante Gozaburo, sin importarle los retos de su mujer o que mañana sería la comidilla de todo el mundo.

El perro no había cambiado en lo absoluto, seguía siendo el mismo impulsivo que defendía todo lo que creía con una fe que no dejaba pasar desapercibido.

Sin embargo, hubiera preferido que se quedara bien calladito, peor se sentía que el perro saltara a ladrar. El no necesitaba que lo defendiera un sabueso.

- Kaiba…

Fantástico, esto era lo único que le faltaba, el mismo Joseph Wheeler en frente suyo.

- "…" – no le quiso responder nada, no quería dejar al engendro de hija que tiene huérfana antes de tiempo.

- Sé que la estás pasando mal…

- Haber, perro – lo interrumpió – vete con tu lástima a otra parte.

- No seas tonto, Kaiba. A pesar de lo que pasó entre nosotros, veo que tampoco quieres hablar de eso – le aclaró ante la mirada molesta de Seto – pero necesitas ayuda, estúpido…

- ¿Cómo me acabas de ayudar hace poco? – lo observó con el ceño fruncido – me ayudaste tanto que agrandaste el escándalo, me dejaste en ridículo. Gracias, Wheeler por arruinarme más la velada – sonó irónico.

- Yo no lo hice con esa intención – repuso ofendido, había salido en su defensa bienintencionadamente, aunque al parecer, al CEO le había parecido todo lo contrario.

- Ah… tengo que reconocer que de ti no puedo esperar mucho, después de todo eres un perro – le dirigió una mirada de desdén – los de tu especie abren mejor "las piernas" que la boca.

En ese momento, Joey se rompió…

Y no precisamente en llanto, sino la paciencia que hacía mucho tiempo le estaba teniendo al ojiazul; tenía rabia, tenía pena y unas ganas de llorar hasta que quedara seco. Pero había una fuerza superior, esa bestia que guardaba hacía años en su corazón había despertado para darle la lección de su vida a Seto Kaiba.

Las consideraciones de su "amor" se habían terminado. En el año que había pasado ni siquiera había cambiado un poco la cortesía dedicada a su persona. La sorna y el odio dedicados a él ya no daban para más.

El rubio no aguantaba más.

Y si tendría que venderle el alma al diablo para que su demonio personal escarmentara, lo haría.

Ni porque fuera el padre de Joyce tendría contemplación. No quisiera decirle a su hija cuando creciera que él era de ese tipo de masoquistas que se dejaba arrastrar como culebras por el piso con tal que su "amor" les correspondiera.

Joey Wheeler tenía orgullo y se lo demostraría.

Ya no era el chico que tenía que trabajar como negro para vivir como blanco. Ahora era el "igual" a ese ricachón. Sin contar con el as que tenía su esposa bajo su manga.

- Tan imbécil, Kaiba… - se reía con incredulidad – miras a todos por debajo, siendo que un día fuiste un huérfano pobretón con un hermano, abandonados a su suerte. Y ahora te las das de gran señor.

- ¡¡¡CALLATE!!! – le gritó iracundo – tú no sabes nada…

- Sí que sé muchas cosas… sé que la vida da muchas vueltas y las cosas caen por su propio peso. No porque eres el señor presidente de una compañía, no te va a pasar. Vas a ver que va a hacer este tipo que abre bien las piernas. Porque, aunque no te guste, no te puedes quejar que las abro bien… - sonrió con seducción casual – digo… si me aguantaste dos años, eso es todo un récord para ti, mi estimado ricachón – un gruñido del castaño le dio toda la razón – si ahora me disculpas, tengo una familia que atender.

- Andate, nadie te tiene atado aquí.

- Perfecto – dijo Joey con una sonrisa, desconcertando a Kaiba – pero ya lo sabes, "las cosas caen por su propio peso" – después de eso pasó por su lado y se fue.

Para Seto fue bastante raro los últimos gestos del rubio. Esa sonrisa mordaz y esa frase con dobles intenciones no eran propias del perro; éste según lo recordaba, era demasiado ingenuo para hacer ese tipo de cosas. Seguramente la señora Wheeler tendría mucho que ver en este cambio.

Sin embargo, la frase no debía pasar por alto.

Joey tenía demasiada confianza. Si estuviera él solo, quizás pensaría que serían únicamente fanfarronadas.

Pero a su lado tenía gente que hablaba de todo menos pedanterías.

Tenía una angustia en el pecho.

Estaba seguro de que el perro hablaba en serio…


Mei y Lorent estaban en completo silencio en la entrada esperando al rubio…

¿Qué más hablar si el maldito lunático de Gozaburo lo había dicho todo? Aclarando que no es lo que dijo explícitamente, sino que implícitamente. Si la forma de señalarle al mundo que quiere estar al lado de su hijo era incriminándole que era malagradecido y un embaucador, qué quedaría para los demás.

A ella, lo más probable que le esperarían las penas del infierno…

- ¿Dónde se habrá metido Joey? – preguntó el ojirojizo preocupado – desde la conferencia que no lo vemos – miraba a todos lados por si el de ojos melados se aparecía.

- Lorent, no estoy con ganas de ser la niñera de Joey, creo que está bastante grandecito para cuidarse solo – protestó de mala gana – además apostaría mi valiosa cabeza que está con el idiota de Seto, es "ob-vio" – señalando como si fuera lo más evidente del mundo.

- Cuidado con las confianzas, princesa. No es bueno que lo trates de "Seto", alguien te podría oír y podría pensar cualquier cosa – le aconsejó.

- ¿Yo la amante de ese frígido? – lo dijo asombrada – antes lo sería de Joey… desgraciadamente le gustan los hombres y yo delirio por unos ojos verdes, pero dime que el chico no está como quiere – agregó.

- No digas esas cosas – le contestó con un leve rubor en las mejillas – lo más importante es que él esté bien.

- Lo sé, en todo caso, no creo que Gozaburo lo mire como blanco todavía. Para él, es otro más del universo; el muertito será todo lo que tú quieras, pero se sabe cuidar la imagen y no ha matado a nadie por matar.

- ¡Qué caritativo es San Gozaburo! – ironizó el ojirojizo.

- No te pongas en el plan de imbécil, que a ti no te queda.

No era muy común en él que lo hiciera, pero cuando se trataba de Joey, Lorent no escatimaba para expresar sus sentimientos. Aparte de que estaba celoso, lo estaba, Seto Kaiba le caía como patada en el hígado.

- Lorent, ahí viene Joey – le indicó la morena - ¿es mi idea o algo no está bien?

Como buen instinto femenino, fue muy correcta en su pregunta. El rubio no estaba bien.

Otra vez se sentía destrozado y desilusionado, no importaba lo que hiciera; para Seto, él siempre sería un excelente revolcón que se había trasformado en un estorbo. Tenía que ganarle aunque fuera una maldita vez en su vida, tenía que demostrarle a ese ricachón que era capaz.

El problema es que no sería la primera vez y, en cada ocasión, había quedado mal parado en el intento.

"Ganar a Joey Wheeler no es motivo de celebración…"

Recordó claramente las punzantes palabras de su dragón, quien después de un duelo, se las había tirado mientras él estaba arrodillado y totalmente derrotado frente a él.

¿Cómo lo vería más de un simple prostituto si no le demostraba que no había llegado donde había llegado sólo porque Mei o Yami lo protegiesen?

No era brillante como ellos, pero sí era una persona llena de ganas y esfuerzo, valorando cada cosa que se había ganado.

No quiso… sin embargo, quería hacerle probar de una vez por todas a Seto que él sabía muchas cosas más que simplemente abrir las piernas. Tal vez no se ganaría su amor pero sí el buen trato que a toda persona le correspondería.

- ¿Te pasa algo? – indagó Lorent – no tienes buena cara.

- No te preocupes, estoy mejor que nunca – respondió con su clásica sonrisa socarrona.

- No nos engañas – lo contradijo la ojiazul – se te nota en los ojos que Kaiba te "la" hizo por enésima vez.

- Pues sí – habló con total relajo – pero en fin… Lo que tengo que hacer es ponerle punto final a esto…

- ¿Lo dices en serio?

- Sí, Lorent… Mei… – mirándola a los ojos – cambié de opinión, acepto.

- ¿Aceptas qué? – preguntó sin entender exactamente.

- Acepto tu proposición… pasado mañana quiero ver a Seto Kaiba retorcerse como el gusano que es…

Mei y Lorent se miraron con susto y asombro al mismo tiempo.

Joey era menos tonto de lo que se podría pensar. Utilizaría muy bien el encargo que le dio la chica.

Muy bien.

La bestia de Joseph Wheeler al fin saldría a relucir y se desparramaría a todos lados…


¡Holitas! Qué feliz ando o salí al fin de vacaciones, así que creo que actualizaré más pronto. Además el séptimo es más cortito que éste, ya está todo listo para que empiece lo mejor.

¿Comments? No hay mucho que comentar… apareció el malo, que es MUY malo jajajajaja. Joey trató de ser el héroe de la noche, pero le salió el tiro por la culata, Seto volvió a despreciarlo, significando que acepte la propuesta de Mei. El próximo capi verán cuando se concrete "ese favor", el gato se va a querer morir xDDD.

¿Y qué les pareció el amorcito de Tris?... Un poquito patudo el chiquillo, pero en fin n.n No se sabe quien está peor, si Tristan o Duke, uffff…

Les deseo un feliz año 2007 atrasado con mucho más yaoi xDDDDDDD.

Se los desea cariñosamente…

Shabi-chan.

Ahora vamos a los revis:

Kerkira HiwAtem: Así es, Gozaburo no estaba muerto, andaba de parranda xD y ya empezó a hacer sufrir a Se-chan, aunque el muy agradecido siempre tiene a "alguien" que lo defienda. Me alegra que te haya gustado la parte narrativa, siempre temí que fuera muy pesada. En cuanto a Moki, no sólo lo dejarán soñar sino que su objeto de deseo tampoco lo dejará respirar en paz.

angellight23: Sí, es el hobby de Gozaburo arruinar la vida de todos, en fin u.u' Creo que si para uno es difícil asumir que amas al tipo que encuentras más estúpido, cómo lo sería para alguien de las características de Seto Kaiba… un eterno debate interno. Qué emoción, espero que al final sigas diciendo que este fic es una bendición jejejeje.

Ginny -Flor de Cerezo-: Yo opino que la gente piensa que les llega la felicidad cuando ellos reciben lo que creen que es "eso" su felicidad, cuando lo que necesitan es otra cosa. El problema se produce cuando las dos chocan en una mente tan obtusa como la de Seto Kaiba en esto de las emociones. Además, como tú dices, su IQ elevado ya ve que el matrimonio Wheeler no es tan perfecto como las apariencias lo dicen, lo que lo traerá más confundido todavía. La bebita tendrá su parte especial, cuando conozca a su padre Seto… ¿Qué pasará entre esos dos? Sólo la autora lo sabe xD.

Elen-Ses: Al fin… si no, se unirían todos a lincharme. Al menos nadie se quejará que el encuentro tuvo mucho contacto xD Pero el estúpido de Seto tenía que molestar a Joey; la diferencia es que el rubiecito tiene abogada jejeje Moki insistirá en su carrera y tendrá de su parte a la única persona que tiene el mismo carácter monstruoso que su hermano para convencerlo. Me alegro que a mi betita le agrade la introspectiva del bastardo ricachón, asegurándole que de ahora en adelante sufrirá muchísimo. Mujer boba, soy desvelada de nacimiento, así que no te preocupes xD. Además gracias a ti, he crecido mucho como escritora, soy yo la que debo agradecer por tu paciencia y amistad. Besitos.