Segunda parte.
Draco estalló en ruidosas carcajadas, mientras que los ojos de Harry empezaron a ensancharse y su rostro a palidecer.
—¡Oh, por favor! —espetó Malfoy, levantando una mano para tomar el muérdago—. Honestamente, si ustedes esperan que yo…
—¡No, Malfoy, no lo hagas! —trató de advertirle Harry, pero el chico ya estaba agarrando la ramita. De inmediato retiró su mano, sacudiéndola y chillando. Volteó a ver a los Gryffindors.
—¿Qué demonios es eso? —aulló, todavía zarandeando su mano quemada. Harry soltó un juramento, enterrándose las manos en el cabello mientras se giraba hacia Ron y lo miraba con ojos desorbitados.
—¡R-Ron! ¿Es… eso es…? —Ron asintió lentamente mientras que Hermione observaba impotente—. ¡Oh, demonios!
—Seamus y yo estábamos comentando sobre lo irónico que era que todos caminaran de uno en uno al entrar y salir por la puerta. Creo que la mayoría lo reconoció de antemano —explicó endeblemente el pelirrojo.
—¡Mierda! —exclamó Harry—. ¡Mierda, mierda, maldición, demonios, diablos, MIERDA! —Hermione soltó una risita y Harry la fulminó con la mirada.
—¿Le importaría a alguien explicarme qué demonios está pasando? —preguntó Malfoy de mala manera. Harry lo ignoró, empujando sus manos hacia los lados, sólo para encontrar que no podían llegar demasiado lejos. Y entre más duro empujaba, más parecía que la pared invisible lo oprimía de regreso, hasta que sus brazos estuvieron casi completamente doblados a la altura de los codos. Dejó de empujar al instante, empalideciendo aún más. Escuchó a Malfoy jadear, y lo miró haciendo un gesto que era mezcla de asombro y terror cuando levantó sus propias manos para ver qué era lo que Harry estaba tocando—. ¡¿Qué-qué es esto?!
—Mis hermanos… —empezó a explicar Ron, pero se detuvo como si con esa información fuera suficiente para que lo entendiera. Y en realidad, así fue.
—¡Oh, maldición! —gimió Draco.
—Les mandaron a Harry y a Ron un regalo adelantado de Navidad —terminó de explicar Hermione—. Uno de sus últimos productos navideños. Es… tienes que besar a la persona con la que fuiste atrapado debajo de él. Eh, hasta donde sabemos, no hay otra manera de salir…
—También ustedes tendrán que hacerlo, Harry —dijo Ron, tratando de no demostrar su repugnancia—. Conociendo a Fred y George, realmente no habrá otra manera de salir.
—¡NO! —gritaron Harry y Draco al mismo tiempo. Malfoy retrocedió con dirección al marco de la puerta, pero se encontró extrañamente empujado de regreso hasta que sus pies quedaron casi tocando los de Harry. Desconcertado, observó por encima de su hombro, horrorizándose al darse cuenta de que estaba recargado contra… nada. O mejor dicho, contra algo que era, aparentemente, invisible.
—¡Detente! ¡Malfoy, deja de empujar! —chilló Harry, y el rubio se relajó un poco.
—¿Qué está pasando? —preguntó frenético.
—¡No lo sé! ¡Entre más empujas, más pequeño se… vuelve el espacio! ¡Así que deja de hacerlo!
El rubio dejó escapar un lánguido suspiro.
—Siento claustrofobia… —murmuró con los ojos muy abiertos mientras observaba a su alrededor buscando alguna manera de escapar.
—¿Qué…? ¡Malfoy, ni siquiera puedes ver lo que nos tiene atrapados!
—¡Pero puedo sentirlo! —replicó el rubio, y Harry rodó los ojos. Los dos chicos se quedaron en silencio por algunos minutos y con los brazos cruzados en posturas similares mientras trataban de averiguar qué hacer. Entonces, de repente, sintieron como si fueran empujados y ambos casi pierden el equilibrio, aterrizando uno contra el otro en un enredo de brazos—. ¿Qué fue eso? —preguntó rápidamente Draco, con pánico en la voz. Harry se enderezó, apoyándose en Malfoy, sólo para descubrir que estaban todavía más cerca. Cuando ambos se inclinaron contra su respectiva "pared", sus pies estaban ya pegados unos junto a otros, uno de Harry entre los dos de Draco y viceversa.
—Um, supongo que también hay un tipo de… tiempo límite —dijo Hermione, quien parecía estar luchando por no reírse.
—¡Esto no es gracioso, Hermione!
—Cierto, disculpen —dijo ella y de inmediato convirtió su cara en un gesto inexpresivo, pero sus ojos estaban chisporroteando con diversión. Harry pensó que ella y Ron parecían tan entretenidos como si fueran los espectadores de una película o algo así.
—Podrían tratar de ayudar; ¿saben? —les dijo enojado.
—No creo que haya nada que podamos hacer, compañero —contestó Ron.
—¡Bueno, piensen en algo! —demandó Malfoy. Todos se quedaron en silencio de nuevo, pero realmente no había nada que pudieran pensar en hacer. De repente, escucharon pasos y voces desde el corredor.
—¡Harry, Ron! ¿Siguen aquí, chicos? —les llamó Ginny, y enseguida apareció al otro lado de la esquina, acompañada por…
—Oh, gracias a Dios —suspiró Harry.
… Fred y George.
—¡Harry, olvidé decírtelo! Estos dos imbéciles escribieron hoy y dijeron que iban a venir a visitarnos esta noche por Navidad, ya que nosotros no íbamos a ir a casa. Me los encontré en la sala común mostrándoles toda su mercancía a los de primero y segundo año y… ¡Malfoy! —Ginny se detuvo justo afuera del salón, notando finalmente al rubio, y sus hermanos se acercaron hasta quedar detrás de ella—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Por qué no les preguntas a los gemelos Estupidez? —respondió hoscamente Malfoy, cruzándose de brazos y frunciendo el ceño.
—¡Harry, compañero! —chilló Fred, dándole al chico un golpe en la espalda antes de deslizar un brazo alrededor de sus hombros—. ¿Cómo está todo?
—Horrible —respondió el muchacho de ojos verdes, reaccionando tardíamente al abrazo de Fred—. Espera... ¿tú puedes tocarme?
—¿Y por qué no podría hacerlo?
—Oye, Fred, mira —interrumpió George, sonriendo ampliamente mientras señalaba hacia arriba. Ginny jadeó y Fred irrumpió en carcajadas al igual que Malfoy lo había hecho un momento antes.
—¡Ah, esto es graciosísimo! —gritó, riéndose tan fuerte que se dobló por la cintura.
—¡Fred, George, esto no es como para reírse! —exclamó Ron, y los gemelos levantaron la mirada percatándose apenas de la presencia de su hermano en el salón.
—¡Roncito! —saludó Fred, pasando a un lado de Harry para entrar a la habitación.
—¡Esto es serio, Fred, compórtate! —gruñó Ron, zafándose del abrazo de su hermano. Hermione les sonrió.
—Hola, Fred, hola, George —dijo feliz—. Tal vez ustedes nos puedan echar una mano con esto.
—Me temo que no —contestó George, también entrando al salón y dejando atrás a los chicos atrapados. Harry y Draco compartieron una confundida mirada, antes de ser empujados de pronto y quedar más pegados de lo que estaban.
—Ahh —dijo Harry nerviosamente, intentando respirar con calma y preguntándose si debía dejar de hacerlo por completo. Con cada aspiración sus pechos golpeaban el uno contra el otro, y estaba muy seguro de que podía oír el corazón del otro chico latiendo frenéticamente. Observó, casi hipnotizado, como las mejillas de Draco se volvían de un ligero color de rosa. La voz de Fred interrumpió sus pensamientos.
—Creo que hará eso sólo una vez más —estaba diciendo—, antes de detenerse. Claro, para entonces estarán tan juntos que de todas maneras no tendría espacio para seguirlos empujando. —Los demás le respondieron con miradas horrorizadas—. Ah, y los de afuera sí podemos caminar a través de la barrera. Solamente los dos atrapados son los que no pueden atravesarla. ¡Gin, entra!
La pelirroja se encogió de hombros ante Harry, y se deslizó a un lado de ellos, tomando asiento en el sofá junto a Ron.
—¿Les… les gustaría explicarme cómo funciona esto? —pidió Harry desesperadamente—. ¿Por qué no pueden ayudarnos?
—Porque sólo hay una manera de salir, y estoy completamente seguro de que saben cuál es —contestó George.
—Bueno, de todas maneras cuéntennos acerca del muérdago —solicitó Hermione, luciendo interesada.
—Es bastante simple, en realidad. Si les advertimos que tuvieran cuidado, fue por una razón; ¿saben? —dijo Fred.
—Claro, porque obviamente serían atrapados con la otra persona, sin importar quién fuera —añadió George.
—El único modo de salir del… eh, llamémosle campo de fuerza, es besándose.
—Si esperan demasiado, la "caja" dónde ustedes están se hará más y más pequeña.
—Y si tratan de resistir la barrera, el espacio se hará todavía más pequeño.
—Tampoco pueden quitar el muérdago para salir de su influencia. —Fred y George se miraron brevemente el uno al otro, antes de sonreír—. Ah, y hay una cosa más.
—Entre más larga es la espera… —Fred empezó a decir.
—Más largo es el tiempo que tiene que durar el beso —finalizó George, y un impactado silencio invadió el salón.
—¡Nosotros… pero… ah… pe-pero, Ron y Hermione…!
—No, Harry, acuérdate —dijo Hermione rápidamente—. Ron y yo nos besamos durante… bueno, durante un tiempo más o menos largo.
—¡Pero Seamus…!
—Besó a Dean de inmediato —dijo Ron—. No puso ninguna objeción al respecto; ¿o sí?
—Grandioso, estoy atrapado con el niño-de-la-Casa-de-los-maricas —murmuró Malfoy. Pero estaba notablemente incómodo, presionándose lo más lejos que podía contra su límite sin que la pared lo empujara de regreso.
—¡Piérdete, Malfoy! —espetó Harry.
—Ah, créeme que estaría encantado de hacerlo, Potter, pero en caso de que no te hayas dado cuenta —Draco señaló a su alrededor—, ¡no puedo!
—Bueno, aunque esto es muy divertido —los interrumpió George mientras se ponía de pie y se estiraba—, no vinimos hasta acá para ver a Harry besuquearse con Malfoy, así que creo que debemos permitirles continuar.
—Cierto —sonrió Fred, también incorporándose—. Por otro lado, en este punto tendrán que hacerlo por tanto tiempo, que cualquiera creerá que son recién casados.
Harry gimió, dejando caer la cabeza contra la barrera. Malfoy se puso aún más pálido, si era posible.
—Lo siento, compañero —dijo Ron, siguiendo a sus hermanos—. Pero realmente no quiero quedarme a observar. —Ginny y Hermione asintieron, brindándole a Harry sonrisas comprensivas mientras se deslizaban entre ellos y la puerta.
—¡No, esperen, no... no pueden dejarme aquí con él! —suplicó Harry. Draco lucía como si estuviera en agonía. Ron se encogió de hombros.
—Um... bueno, no te molestes en despertarme para contármelo —dijo Ron, sonriendo travieso—. Algo me hace creer que este beso será todavía menos emocionante que el del año pasado.
Con eso, los Weasley y Hermione desaparecieron por el pasillo, Harry mirándolos incrédulamente hasta que se perdieron de vista. Sus ojos continuaron clavados en el mismo punto durante algunos incómodos y silenciosos minutos, hasta que Malfoy suspiró pesadamente.
—Mira, Potter… —En ese momento, la pared decidió dar su empujón final, impidiendo que pudiera decir nada más. Ambos chicos soltaron un resoplido cuando sus pectorales golpearon el uno contra el otro, y Harry se apoyó contra el muro detrás de Malfoy mientras que las manos del rubio aterrizaban torpemente sobre las caderas de Harry. Espantados, sus ojos se encontraron y se abrieron enormemente.
Harry tenía problemas para respirar, y mientras se decía a sí mismo que era por la presión contra el pecho de Malfoy, no estaba exactamente seguro de que esa fuera la entera verdad. De pronto, aquel pequeño encierro estaba insoportablemente caliente, y sin que se diera cuenta, sus manos cayeron sobre los hombros de Malfoy. Nunca antes había estado tan íntimamente cerca de nadie, y la sola sensación de otro cuerpo tan ceñido al suyo estaba causando que reaccionara en maneras que lo hacían sentir mareado, excitado y confundido. Inhaló temblorosamente, con los ojos clavados en la mirada de mercurio de Malfoy, y en vano trató de mover sus caderas hacia atrás para evitar el contacto con las del otro chico.
Draco estaba respirando de modo rápido y jadeante, y sus manos apretaron la cintura de Harry cuando percibió que intentaba retroceder. Sin estar completamente seguro de lo que estaba haciendo o de qué era lo que estaba tratando de conseguir, jaló a Harry hacia él, y ambos chicos jadearon cuando sus caderas se acoplaron totalmente. Malfoy gimió, entrecerrando los ojos, y Harry recargó la cabeza en uno de los hombros del rubio.
—Malfoy —susurró sin aliento. El chico le respondió empujando a Harry lo más que pudo contra su mitad de pared, y sus brazos se cerraron completamente alrededor de su cintura. El mago de ojos verdes dejó caer su cabeza contra la pared otra vez, entornando los párpados mientras miraba a Draco. Lenta, casi nerviosamente, también rodeó su cuello con los brazos, y empujó ligeramente su cadera hacia él. Malfoy emitió un gruñido.
—Potter —respondió roncamente—. ¿Qué dices si terminamos con esto de una vez? —Antes de que pudiera cambiar de opinión, Harry asintió rápidamente y se inclinó suavemente para encontrarse con los labios de Draco.
Ese beso fue drásticamente diferente al que había compartido con Cho hacía un año en ese mismo y preciso lugar. Para empezar, no era húmedo gracias a que Draco no estaba llorando, y Harry se sintió inmensamente agradecido por ello. La sensación del cuerpo del rubio contra él era también muy diferente, debido a los duros y firmes ángulos de su pecho, además de las diferentes durezas que podía percibir oprimiéndose contra su cuerpo. Los labios de Malfoy eran sorprendentemente suaves, tanto, que causaron que Harry se preguntara vagamente si los suyos también estarían así. Y entonces, todos los pensamientos abandonaron su mente cuando Draco recorrió gentilmente con sus manos su cuerpo hacia arriba, provocando que jadeara un poco.
Draco tomó ventaja de eso, deslizando su lengua a lo largo del labio inferior de Harry antes de introducirla en su boca y encontrarse con la suya propia. En ese tema, Harry sí era un novato. Sus ojos se abrieron de golpe, aún cuando no se había dado cuenta que los había cerrado, y gimió, casi derritiéndose en los brazos del otro chico. Su beso se profundizó, sus bocas se devoraron mutuamente, y las manos de Draco acariciaron las mejillas de Harry.
Él fue quien dio por finalizado el beso, pero sólo porque necesitaba aire para respirar. Draco y él recargaron sus frentes la una contra la otra, aspirando profundamente.
Ninguno de los dos notó cuando el muérdago cayó con un suave golpe sobre el suelo.
—Respira por la nariz —le indicó Draco en un suave murmullo, y sintió a Harry asentir en respuesta. El chico de ojos verdes levantó una mano y se quitó las gafas, y de inmediato envolvió de nuevo el cuello de Draco con sus brazos y se inclinó para reanudar el beso.
En esa segunda ocasión hubo mucha más energía, ya que sus bocas se encontraron ávidamente y sus lenguas se envolvieron la una con la otra, succionándose con suavidad. De alguna manera, Draco logró llevar sus manos bajo la tela de la camiseta de Harry, y empezó a acariciar la tibia piel que encontró ahí. En respuesta, Harry envolvió con una pierna las rodillas de Draco, tratando de jalar lo más posible al otro chico hacia él. El problema fue que la barrera a su alrededor había desaparecido cuando el muérdago cayó, así que cuando Harry trató de recargarse de espaldas contra el ya inexistente muro, ya no había nada que lo sostuviera. Ambos chicos abrieron los ojos sorprendidos y separaron sus bocas cuando cayeron sobre el piso, aterrizando aún dentro del Salón de los Menesteres. Se quedaron impactados y jadeantes por algunos segundos, Draco encima de Harry y éste con la mitad de su camiseta levantada hasta su pecho, antes de que sus bocas se reencontraran otra vez.
Harry estaba arqueándose contra Draco cuando la realidad lo golpeó: ya eran libres y no necesitaban besarse más. A su cuerpo le llevó varios segundos entender eso después de que el brumosos pensamiento fuera procesado por su mente, y se petrificó antes de empujar a Draco lejos de él.
—¡¿Qué demo…?! Oh… cierto —murmuró el Slytherin. Dejó escapar un enorme suspiro y se colocó las manos sobre su estómago, mirando fijamente hacia el techo. Harry suspiró de igual modo, poniéndose sus gafas de manera torpe y distraída, antes de meter sus manos bajo su cabeza. Se quedaron así buen rato en un silencio sorpresivamente confortable; y al final, Harry se levantó del piso, sonrojándose cuando recordó que tenía que acomodarse la camiseta. Intentó peinarse un poco el rebelde cabello, pero desistió rápidamente, ignorando la penetrante mirada de Draco que seguía cada uno de sus movimientos.
—Bueno —dijo Harry, observando alrededor con nerviosismo—. Eh… Feliz Navidad, entonces, Mal… ¿Draco? Er, Malfoy. Feliz Navidad, Malfoy. —Caminó con velocidad hacia fuera de la habitación, deteniéndose levemente cuando escuchó la respuesta de Draco.
—Igualmente para ti, Potter —estaba diciendo el rubio. Harry se giró y lo miró a los ojos brevemente, curvando sus labios en una sonrisa apenas perceptible justo antes de abandonar el salón por completo.
Los días siguientes transcurrieron lenta y perezosamente, mientras los chicos hacían deberes en su cómoda sala común o participaban en peleas de bolas de nieve en el campo de quidditch. Ron, fiel a su palabra, había actuado casi como si el incidente completo con Malfoy no hubiera ocurrido jamás. Hermione, en cambio, parecía determinada a sonsacarle a Harry cada detalle de eso, y Ginny la apoyaba. Y a pesar de las afirmaciones de Ron, Harry estaba seguro de que había estado escuchando aunque fingía que no.
No era que Harry les hubiera contado la verdad exacta de lo que había pasado. De hecho, había inventado una historia completa acerca de cómo aquello había terminado en otra pelea entre los dos chicos. Había añadido aseveraciones de cómo su lengua había sido casi partida a la mitad, mientras que estaba seguro de que había desgarrado el labio superior de Malfoy gracias a la rudeza del beso. Fue una historia demasiado elaborada, dicha sin ser capaz de mirar a sus amigos a los ojos y sonrojándose de manera constante.
Esa era quizá la razón por la que Hermione lo había mirado incrédulamente durante todo el tiempo.
Harry no había hablado con Malfoy para nada desde aquella noche. Se habían visto a las horas de comida, pero se ignoraban descaradamente el uno al otro. Aún cuando se encontraban frente a frente en los pasillos, ni siquiera se dirigían una mirada. Harry estaba empezando a preguntarse si ya no volverían a pelearse nunca más. Entonces se cuestionaba cómo sería capaz de controlar cualquier reacción si se peleaban algún día, porque estaba casi convencido de que no podría soportar tener a ese cuerpo esbelto encima de él, rodando y…
De pronto se ruborizó, ignorando la mirada interrogativa de Ron. Era la víspera de Año Nuevo, así que estaban otra vez disfrutando de un banquete de celebración en el Gran Comedor. Por falta de otras cosas que hacer, el ED estaba organizando de nueva cuenta una fiesta en el Salón de los Menesteres esa noche. Harry había revisado cada centímetro de la habitación para asegurarse que de no hubiera muérdago colgando en ningún lado. Una vez satisfecho, empezó a mezclarse con la multitud.
Eran probablemente casi las once treinta cuando Harry comenzó a aburrirse. Se había retirado a uno de los sofás con una cerveza de mantequilla en la mano y sintiéndose extrañamente desanimado. Echando vistazos por todo el salón, se percató de las diferentes camarillas de amigos. En su mayoría, eran Ravenclaws junto a Ravenclaws, Hufflepuffs riéndose con Hufflepuffs, y Gryffindors charlando con…
Oh. Así que eso era.
Harry recorrió el lugar con la vista otra vez, y al estar seguro de que nadie le estaba poniendo atención, se escabulló por la puerta hacia el frío corredor. Sentía como si necesitara… no… como si quisiera hacer algo, pero para eso requería hacer primero un rápido desvío. Prácticamente corrió por el vestíbulo hacia la torre de Gryffindor, tomó el Mapa del Merodeador y se dirigió de nuevo al pasillo. Había esperado que su objetivo estuviera en algún lugar al cual pudiera llegar, así que estuvo aliviado cuando encontró el nombre de Draco Malfoy vagando cerca de la Torre de Astronomía.
Para cuando Harry había terminado de subir las numerosas escaleras, revisando de vez en cuando para cerciorarse de que Malfoy no se había ido, estaba seguro de que era casi medianoche. Jadeando en su prisa por llegar, se inclinó contra la pared fuera del salón donde estaba Malfoy, tratando de recuperar el aliento. Con lentitud, enderezó los hombros y golpeó ligeramente la puerta entreabierta, y se asomó a la habitación.
—¿Malfoy? —llamó en voz baja, buscando alrededor del salón a oscuras. Había varias velas flotando en el aire, proyectando una suave luz en el lugar. Harry localizó al Slytherin sentado en una de las ventanas abiertas, tenía las mejillas encendidas debido al frío viento que las golpeaba. Levantó la vista, luciendo levemente sorprendido de que hubiera alguien ahí.
—¿Potter? —preguntó con un dejo de recelo en la voz—. ¿Qué estás haciendo aquí? —Harry no tenía realmente una respuesta a esa pregunta, así que se balanceó torpemente bajo el marco de la puerta mientras se guardaba el Mapa del Merodeador en uno de sus bolsillos.
—Bueno… estaba aburrido —respondió el Gryffindor.
—¿Tú? ¿Aburrido? —Malfoy enarcó una ceja, sonando incrédulo—. No pensé que fuera posible que tú te pudieras aburrir, con los numerosos amigos que normalmente están rodeándote. No me digas que tu precioso ED no organizó algún tipo de fiesta esta noche —continuó sarcásticamente. Harry se sonrojó.
—En realidad sí lo hicieron, justamente de ahí es de dónde ven… —se detuvo de improviso cuando el rostro de Malfoy se ensombreció. Aparentemente no había sabido que en realidad había una fiesta en ese momento—. Eh… quiero decir… bueno, lo hicieron… Pero… pero me fui, porque estaba aburrido… Y-y decidí venir a buscarte.
—¿Quieres decir que no te tropezaste conmigo por accidente? —preguntó mustiamente el rubio.
—¡No! —insistió Harry—. Bueno… Supongo que quería… ver si tú querías venir. A la fiesta. Yo… puedes traer a Pansy… o a alguien más, eh... ¿Zabini? ¿Blaise? ¿Así es como se llama? —su voz fue disminuyendo hasta quedarse en silencio, observando la sonrisa divertida que aparecía en la cara de Malfoy.
—Blaise se fue a su casa para las fiestas, y Pansy no pondría un pie en un salón lleno de Gryffindors y Hufflepuffs aunque le pagaran por ello —dijo, todavía sonriendo—. Honestamente, no estás esperando que yo me crea que quieres que me una a tus amigos en esa fiesta. ¿Verdad?
—Pues…
—Tienes permitido entrar al aula; ¿sabes? No soy el dueño —dijo Malfoy tranquilamente, girándose de nuevo para mirar hacia los campos cubiertos de nieve. No había parado de nevar desde la cena, por lo que había un manto blanco e intacto brillando bajo la luz de la luna. Harry caminó cautelosamente hacia el rubio, recargándose en la ventana que quedaba a su lado. Se quedaron en silencio por un par de minutos, observando fijamente hacia la noche, y Harry se deleitó por una vez al relajarse hasta quedar en paz con el mundo, aunque era extraño que pudiera sentirse de ese modo al lado de Malfoy, de entre toda la gente.
—Este año no te entiendo, Malfoy —dijo al fin, mirando al rubio por el rabillo del ojo. Malfoy arqueó una ceja.
—¿Y lo has hecho los anteriores?
—Sí. Bueno, no, quizá no, pero entendía tu postura hacia conmigo. Sabía cómo actuarías ante mí, sabía cómo actuaría yo ante ti… Era una situación constante en mi vida, algo en lo que podía confiar de verdad, algo que sabía que nunca cambiaría. Aunque tal vez, nunca lo había pensado de esta manera. —Harry hizo una pausa, antes de continuar hablando con rapidez—. Estuviste ahí antes que Voldemort, antes que Ron y Hermione, antes que Sirius, Dumbledore y Remus. Fuiste la segunda persona del mundo mágico que conocí, y quizá si no me hubieras recordado tan dolorosamente a mi primo, las cosas habrían sido diferentes… Pero el hecho es que no lo fueron. Y de todas maneras te has colado en mi vida y te has convertido en parte importante de la misma. No me malinterpretes, eres un verdadero cabrón —dijo animadamente, encarando por fin al otro chico y percatándose de que Draco lo había estado observando todo el tiempo—. Pero de algún modo sabía que tú siempre estarías a mi alrededor, siendo el mismo estúpido cabrón que sueles ser. Sirius… Sirius murió, a Remus no lo veo mucho, y en Dumbledore ya casi ni confío. Hagrid todavía no regresa de con los gi… bueno, no ha regresado —suspiró Harry.
—Me conmueves Potter, de verdad, pero…
—Cállate, que no he terminado —espetó Harry. Respiró profundamente antes de seguir—. Y entonces este año… No sé qué pasó, o tal vez es porque tu padre se ha… ido durante todo el verano, pero has cambiado. Ya tengo a Ron y Hermione actuando de manera extraña hacia conmigo por causa de lo de Sirius, sin mencionar que pasan cada vez más y más tiempo juntos aunque no puedan admitir que se gustan; y cuando finalmente lo hagan, yo pasaré a ser el tercero en discordia… No esperaba que tú también cambiaras tu comportamiento hacia mí, y eso me ha asombrado. Y las peleas…bueno, en realidad las he disfrutado... ¡pero no es lo mismo! —El Gryffindor miró desesperadamente hacia su atenta audiencia—. ¡Tú ya no me odias! ¡Hace siglos que no llamas sangre sucia a Hermione, ahora solamente me provocas, más que nada, y no entiendo por qué lo haces! —Draco miró impasible a Harry por un minuto completo, antes de girarse hacia la ventana.
—No sé qué es lo que quieres decir con eso —dijo quedamente.
—¡Sólo dime por qué! —demandó Harry. Draco suspiró, apretando sus dedos alrededor del marco de la ventana y provocando que sus nudillos se pusieran blancos.
—¡No hay nada qué decir! Todavía te sigo odiando, no sé de dónde sacas que…
—¡No, no me odias!
—¡Mira Potter, si digo que te odio, es porque te odio! —rugió Malfoy, enfrentando al chico de nuevo.
—No —Harry negó obstinadamente con la cabeza—. Sé muy bien que no.
—¡BIEN! —explotó Draco, respirando pesadamente—. ¡Bien! ¿Qué es lo que quieres escuchar? ¿Quieres que te diga que en realidad nunca te he odiado? ¡¿Que sólo he estado… enojado durante todo este tiempo?! ¡¿Que odio que hayas elegido a Weasley en vez de a mí?! ¡¿Que odio que hayas hecho amistad con hijos de muggles estúpidos como Granger, y que te la pases vagando por ahí debido a tus múltiples aventuritas, sin que me prestes ningún tipo de atención?! ¡Nunca soy lo suficientemente bueno para ti! No importa lo que haga, tú no me miras de otra forma que no sea con esa… esa mirada de aborrecimiento, como si yo fuera un insecto al que quisieras aplastar para quitarme por fin de tu camino. En lo que sea, quidditch, amistades, clases, hasta familia, siempre pareces creer que lo que tú tienes es mejor que lo que yo tengo. —Malfoy hizo una pausa ahí, aún respirando fatigosamente mientras Harry lo miraba boquiabierto—. Odio esa parte de ti, esa parte que nunca, ni siquiera el primer día, se tomó su tiempo para entender si había más en mí de lo que habías asumido que había. Odio que haga lo que haga, tú siempre me considerarás inferior a ti. —Retiró su mirada, antes de decir suavemente: —Nunca te odié a ti.
Harry se había quedado sin palabras. Le llevó varios minutos organizar sus dispersos pensamientos, tratando de formar una respuesta coherente.
—Malfoy… tú… bueno, ¡¿qué era lo que se suponía que tenía que pensar?! —gritó finalmente, logrando que los ojos del otro chico se encontraran de nuevo con los suyos—. ¡Ciertamente, nunca intentaste demostrarme que había… más en ti! ¡El primer año, nos acusaste con McGonagall, en segundo fue todo el asunto ése del heredero de Slytherin, en tercero trataste de que despidieran a Hagrid, en cuarto inventaste todo tipo de ridículas historias sobre mí, y ni siquiera he empezado a mencionar toda la mierda que hiciste el año pasado! ¡Y todo esto no es ni la mitad de lo que has hecho! —Draco frunció el ceño, cruzándose de brazos.
—¿Y después de todo eso, esperas que me crea que me consideras importante en tu vida? —preguntó rotundamente.
—¡Sí! —dijo Harry con exasperación—. ¡Porque yo sabía que tú siempre serías así! ¡Sabía que nunca me declararías tu amor ni mucho menos! Eras la única cosa constante en mi vida de la que podía estar seguro nunca cambiaría… Aún si eras una cosa constantemente molesta —Draco sonrió presuntuoso.
—Fui un perfecto cabrón, ¿cierto?
—Sí —contestó Harry, sonriendo un poco—. ¿Ves? Y entonces, lo que ha pasado durante este año, y lo que sucede en este justo momento —gesticuló hacia ambos—, me ha dejado sin saber qué esperar ya de ti.
—Bueno… Yo estaba furioso contigo por haber hecho que encarcelaran a mi padre —empezó a explicar Draco—. Cuando escapó… no sé qué es lo que estaba esperando. Supongo que creí que vendría a casa y que las cosas serían como siempre —soltó una risa sardónica—. Sí, claro. Entonces, ha estado escondiéndose por casi cinco meses, y mi madre también está desaparecida, y en algún punto de todo eso me di cuenta de que… de que yo no quería vivir de esa forma —miró hacia Harry, entornando los ojos—. No soy estúpido, lo sabes. Soy el segundo lugar en la clase, apenas detrás de Granger…
—En realidad estás empatado con Terry Boot, según Hermione. —Draco lo fulminó con la mirada y él parpadeó, sonriendo—. Disculpa, continúa.
Draco suspiró.
—Bueno, empatado o no, estoy en el segundo puesto. Soy inteligente. El Señor Oscuro es un psicópata y un hipócrita… ¿sabías que él mismo es un mestizo? —Ante el asentimiento de Harry, continuó: —Tengo planes para cuando termine la escuela. Quiero tener un trabajo, un lugar para vivir, una espo… familia… No puedes tener nada de eso si eres un mortífago. Tendría que vivir en alguna alcantarilla, tratando de que nadie me encontrara. ¿Quién quiere vivir oculto? Y… el asunto con los hijos de muggles… Sigo creyendo que son un peligro para nuestra especie, y que no deberían ser admitidos en nuestro mundo, pero no estoy de acuerdo en ir y matarlos a todos. El hecho es, que el mundo mágico está volviéndose cada vez más pequeño, y los magos como Granger son, por mucho que me cueste admitirlo, una necesidad para que nuestra gente salga adelante.
—¿Cuándo te diste cuenta de eso? —preguntó Harry con curiosidad.
—En segundo, cuando mi padre estaba reprendiéndome por haber dejado que ella obtuviera calificaciones más altas que yo, y me percaté de que me había ganado porque realmente era buena en lo que estaba haciendo. No es que no la odiara aún más por eso; ¿sabes?
—¿Desde entonces?
—Sí.
Hubo más minutos de silencio, interrumpidos por los sonidos de ovaciones provenientes de todo el castillo. Muy lejos a la distancia, el cielo se iluminó una y otra vez por lo que Harry supuso serían fuegos artificiales.
—Creo que ha llegado el Año Nuevo —comentó Harry, riéndose un poco. Draco respondió con un "Mmm".
—Y... ¿tienes algún propósito para este año, Potter? —le preguntó.
—Nada en especial —respondió Harry—. Aunque creo que las cosas serán realmente diferentes a partir de hoy. No sé si pueda ser capaz de pelear contigo de nuevo.
—Espera un momento Potter, yo nunca dije que estaba cambiándome de bando o que me uniría a la Orden o a cualquier tontería de ésas sin sentido. Y ten por seguro que nosotros no seremos amigos, por ningún motivo.
—Correcto, Malfoy —contestó Harry, soltando una risita. Pero entonces pensó de nuevo en lo que el Slytherin acababa de decir—. ¡Espera! ¡¿Cómo sabes algo acerca de la Orden?! —le cuestionó, impactado. Draco parpadeó mientras sus mejillas se sonrojaban.
—Ah… bueno, puede que haya… eh… discutido algunas cosas con Dumbledore. —Ante la mirada atónita de Harry, añadió: —Hace mucho tiempo de eso, de hecho. —Harry continuó mirándolo fijo—. Por allá en octubre, ahora que lo pienso. Por supuesto, tuve que hablar primero con el profesor Snape. —La mandíbula de Harry había caído hasta el piso.
—¿Y nadie pensaba decírmelo a mí? —chilló. Draco se encogió de hombros.
—Supongo que no —respondió inocentemente. Harry suspiró con exasperación.
—Malfoy... ¿podemos empezar de nuevo? —le preguntó, y el rubio lo miró sin comprender.
—¿Qué quieres decir?
Harry levantó su mano hasta Draco, mirándolo a los ojos.
—Hola, me llamo Harry Potter —dijo simplemente.
Draco pestañeó, observándolo con recelo y bajando la mirada hasta su mano. Las imágenes relampaguearon en su mente, viejos recuerdos de cuando conoció a ese pequeño y asustadizo niño en la tienda de túnicas de Madame Malkin, de lo lastimado que se había sentido cuando su mano había sido rechazada, de años de celos, enojos y anhelos de algo que todavía no lograba comprender. Estaba bastante tentado a alejarse de ahí, así Potter sabría lo que se sentía. Pero…
Lentamente, levantó la suya y tocó la del otro chico, aferrándola cálida y firmemente.
—Draco Malfoy —dijo con lentitud, sonriendo apenas—. Es un placer conocerte.
Harry sonrió abiertamente, moviendo su mano de arriba abajo.
—Tengo el presentimiento de que nos llevaremos muy bien… Draco.
El rubio estalló en carcajadas, y Harry estaba casi seguro de que era la primera vez que lo había escuchado hacerlo. Era un sonido reconfortante y alegre, y provocó escalofríos por toda su espina dorsal.
—Oh vaya, eso sí que suena raro… —dijo Draco, sonriendo. Eso hizo que su cara completa se iluminara, y Harry sólo pudo mirarlo con arrobamiento—. Harry…
—Me gusta que me llames así —dijo Harry en un murmullo, todavía embelesado. La sonrisa de Draco se suavizó.
—Me gusta llamarte así —le respondió, y antes de que Harry pudiera decir nada más, Draco había acunado su rostro entre sus manos y lo estaba jalando hacia él. Sus labios se encontraron gentilmente al principio, antes de que Harry tomara la iniciativa y profundizara el beso, envolviendo con sus brazos la cintura del delgado chico mientras que sus lenguas se enredaban la una con la otra.
A su alrededor, la gente vitoreaba y festejaba la llegada del Año Nuevo, pero Harry y Draco eran ajenos a toda esa celebración, demasiado ocupados como estaban en explorarse el uno al otro.
Fin
De mi parte y de la autora, reciban ustedes nuestros mejores deseos de que el 2007 sea un año maravilloso y cargado de mucho slash Harry/Draco.
¡Feliz año nuevo!
