Pareja: Kai&Takao
Advertencia: Lemon
"Pensamientos"
–Diálogos.
AMOR CIEGO
–Kaily Hiwatari–
¿Cita?
Continuación...
Takao llevaba toda la mañana nervioso en su apartamento y para Rei, eso no pasó desapercibido.
–Takao. ¿Por qué estás tan nervioso? –le preguntó el joven de ojos color miel.
–No sé a qué te refieres –le contestó intentando disimular su nerviosismo, ese del que al parecer su amigo pelinegro ya sospechaba.
–Takao, te conozco desde siempre y sé cuando estás nervioso y cuando no. Y ahora lo estás –afirmó esperando una respuesta.
–Es que... –tendría que inventar una buena excusa–. Sólo falta una semana para la operación y… de pensar que es una operación delicada y que dura tantas horas me pone los nervios de punta. Y tú sólo podrás hacerme compañía unas horas –comentó con tristeza.
Rei le cogió de la mano–. No te preocupes por eso, estaré todo el tiempo que pueda contigo. Te lo prometo –apretó un poco su agarré para demostrarle a su amigo que no estaba solo.
–Gracias Rei.
–No me las des. Y ahora tengo que irme ó llegaré tarde a mi primer día de trabajo. Y eso creo que no causaría buena impresión –comentó soltándole de la mano muy a su pesar.
–Rei –lo llamó con una sonrisa mientras esperaba sentir la voz de su amigo.
–¿Sí?
–Buena suerte.
–Gracias –le contestó poniéndose en pie–. Adiós Takao.
–Adiós –le despidió el joven de cabellos azules. Escuchó entonces unos pasos alejarse y a continuación, el ruido de la puerta al abrirse y al cerrarse. Con ayuda de su perro se fue a su habitación y se sentó en la silla que estaba frente a un escritorio. Buscó entonces la radio, palmeando toda la mesa. Una vez que la encontró, la encendió.
–Bien radioyentes son las dos y media de la tarde, para la gente que nos escucha en estos momentos ahí va una canción...–era la voz inconfundible del presentador de esa cadena de radio.
–Todavía falta mucho, Lucky. Creo que voy a ducharme otra vez, por lo menos haré tiempo –se puso de pie y estiró las manos hasta tocar la pared de la habitación. Fue entonces cuando dejó que sus manos le guiasen hasta la esquina. No por ello se detuvo, cerca debía de estar el armario. Pronto dio con algo que sobresalía y tenía tiradores. Era el armario. Abrió las puertas y cogió un pantalón y una camisa de la percha. Abrió los cajones y cogió unos bóxers y unos calcetines. Con todo eso en la mano, se fue al cuarto de baño que estaba justo al lado de su habitación de la misma forma que solía moverse siempre que Lucky no le acompañaba y era nada más y nada menos que guiarse tocando las paredes.
Se quitó la camisa que llevaba puesta y la dejó encima de una cesta y no dentro ya que la ropa estaba limpia, después de todo, esa iba a ser la segunda vez que se duchaba en el día. Fue a bajarse los pantalones pero recordó que tenía el busca de Kai dentro de uno de los bolsillos. Lo sacó y lo cogió entre sus manos para buscar el botón.
–¿Dónde está? –Se preguntaba mientras lo buscaba– ¡Ah! Está aquí –lo pulsó. El busca no tardó en emitir su típico sonido–. Bien –salió del baño y dejó el busca sobre el escritorio–. No me gustaría que se estropease con el vapor del agua –dicho esto se fue al cuarto de baño para terminar de desnudarse y poder de nuevo ducharse.
&&&Kai&Takao&&&
En el hospital, los tres jóvenes estaban sentados en una mesa de la cafetería.
–Oye, Kai. ¿Por qué vas tan arreglado hoy? –preguntó Randy, al haber visto las ropas del otro antes de que se pusiera la bata encima.
–Yo no voy arreglado –contestó mirando hacia otro lado –Voy como siempre –afirmó.
–Randy tiene razón –Lorena se acercó a él y comenzó a respirar profundamente– ¿Te has puesto colonia?
–Siempre me la pongo –contestó el bicolor mirándola, ella al parecer se había dado cuenta de lo evidente.
–Pues nunca lo había notado –confesó la chica– ¿No será que tienes una cita? –preguntó fijándose en la reacción del bicolor.
Kai agachó la cabeza y se sonrojó–. No –contestó. En ese momento el móvil de Kai pitó. ¿Um? –sacó el móvil con curiosidad de su bolsillo para mirarlo. Una sonrisa se apoderó de sus labios. Sin más metió de nuevo el móvil en el bolsillo trasero de su pantalón.
–¿Quién era? –preguntó Randy.
–Una persona –contestó.
–¡Dios, qué miedo! ¡Kai está sonriendo! –casi gritó la chica, más que nada para hacer rabiar al bicolor.
–Ja, ja, ja. Muy graciosa Lorena –sabía porqué su amiga había hecho eso–. Yo suelo reírme.
–Muy pocas veces –afirmó Randy.
–Pero lo hago.
–Sí, cuando algo te hace feliz o cuando ves que le pego a Randy una paliza –agregó Lorena.
–Oye, eso no es... –iba a quejarse Randy cuando vio cómo su amiga le miraba de soslayo.
–¿Ibas a decir algo? –preguntó la chica con cara de pocos amigos.
–¡No, no! ¡Qué va, que va! –contestó agitando las manos de un lado a otro.
–Eso pensaba –apartó la vista de Randy para mirar a Kai–. Venga, Kai. No seas malo y dinos quien era ¿Qué te ha hecho tan feliz?
–Lorena, son cosas personales y no se lo voy a contar ni a ti, ni a nadie –concluyó el joven de ojos color carmesí.
&&&Kai&Takao&&&
En el piso de Takao...
–Son las cuatro y media de la tarde –decía la chica por la radio–. Gracias por... –Takao apagó la radio.
–No, gracias a ti por decirme la hora. Vamos Lucky –el perro se acercó de la misma forma que siempre hacía a su dueño para darle la correa–. A ver, piensa Takao –se decía en voz alta a sí mismo– ¿Llevas las llaves? –se tocó el bolsillo del pantalón– Sí. ¿Llevas el busca de Kai? –Se tocó el otro bolsillo–. También. Voy vestido, tengo las gafas puestas, mmm... ¿Qué se me olvida? Bueno ya me acordaré. Vámonos Lucky. No me gustaría hacer esperar a Kai –decía mientras el perro lo conducía hasta la puerta de la salida y salían de allí.
A las cinco de la tarde, Takao llegó al parque y tras haberle preguntado a una persona si estaba en el parque al que pretendía ir, se sentó en un banco a esperar. No pasó mucho rato antes de que Takao escuchase la voz del bicolor.
–Hola, Takao –le saludó feliz de ver que había podido al final ir a la cita.
–Hola –respondió de la misma manera.
–¿Llevas mucho rato esperándome? –preguntó observándole de arriba abajo.
–No, que va. Acabo de llegar... por cierto. ¿Tú quién eres? –le preguntó. Kai al escuchar esas palabras se sintió confundido y un poco desanimado.
–¿No reconoces mi voz? –le preguntó preocupado.
–Jajaja, lo siento Kai. Era una broma. ¿Te has enfadado?
Suspiró aliviado–. No, tranquilo. ¿Nos vamos?
–Claro –se puso de pie–. Lucky, sigue a Kai –cuando sintió cómo la correa se tensaba, comenzó a andar–. Oye, Kai.
–Dime –contestó mirándole, mientras caminaba a su par.
–¿Puedes hacerme un favor?
–Claro.
–¿Puedes indicarme si hay escaleras o cosas así por dónde camino?
–Claro que sí.
–Gracias. ¿A dónde vamos? –preguntó curioso.
–Primero al aparcamiento del hospital para coger mi coche. Después al supermercado y al centro comercial.
–Ah, vale –respondió. Caminaron un rato hasta llegar al aparcamiento.
–Bien ya hemos llegado al aparcamiento –le avisó.
–Dime, ¿qué coche tienes? Digo, si quieres decírmelo.
–Un Brabus Mercedes–Benz C V8 sports coupe color rojo.
–Ah –no tenía ni idea de que coche se trataba, pero si que recordó algo–. Oye, quizá no sea buena idea que me monte en el coche.
–¿Por qué? ¿Es que te mareas?
–No, es que no quiero que mi perro te lo manche o te llene los asientos de pelos.
–A mi me da igual, además no creo que suelte tanto pelo –contestó mirando el perro–¿Dónde quieres sentarte? ¿Delante o detrás?
–Prefiero detrás –sonrió–. Así estaré con el perro.
–Está bien –abrió la puerta–. La puerta está abierta –le avisó. Ayudó a Takao a entrar en el coche–. Te pondré el cinturón –avisó mientras comenzaba a ponérselo.
–Umm –expresó el chico de ojos color rojo zafiros al percibir un aroma exquisito.
–¿Qué pasa? –preguntó el bicolor mirándole desde esa posición.
–Am… nada –sonrió.
–Bueno, ya está. Al perro no le puedo poner un cinturón, pero tranquilo, no corro mucho –advirtió Kai.
–Está bien –Takao escuchó una puerta cerrarse. Después otra abrirse, el ruido de un motor arrancándose y sintió un poco de movimiento en el coche.
–Takao –lo llamó mirando de vez en cuando por el espejo interior.
–¿Qué?
–¿Habías viajado antes en coche?
–Sí. He viajado en coche, en tren, en avión y en barco. En lo que más en avión ¿Y tú?
–En coche, en avión y en tren. En barco creo que no y si he viajado alguna vez no lo recuerdo. ¿Cómo es viajar en barco? –preguntó curioso.
–Pues es como si intentaras ponerte de pie en una superficie que se mueve. Sientes cómo estás parado y tu cuerpo se mueve hacia los lados. Es mareante –afirmó– ¿Cómo es conducir un coche?
–Está bien, pero supongo que también es muy mareante cuando no encuentras aparcamiento o hay mucho tráfico –así estuvieron hablando hasta que llegaron al supermercado. Kai encontró aparcamiento sin ningún problema. Estacionó el coche y ayudó al joven de cabellos azules a bajarse.
–Gracias.
–No me las des. Vamos a entrar.
–¿Crees que me dejaran entrar con el perro?
–No creo que tengan problema –afirmo Kai.
Efectivamente no tuvo problema en entrar con el perro en el supermercado. Kai compró todo lo necesario. Después de eso fueron andando hasta el centro comercial que estaba a unos diez minutos de allí. Kai supuso que el aparcamiento del centro comercial debía de estar lleno y dejó el coche en el supermercado.
–Ya hemos llegado, Takao –le avisó, observando cómo en la puerta había un policía.
–Lo siento joven, pero no se permite la entrada de animales en éste centro –advirtió claramente el policía mientras miraba el animal.
Aunque no podía verle, Takao sabía que se estaba refiriendo a él–. Ah, de acuerdo. Bueno Kai, te esperaré aquí –en su voz se notaba la desilusión.
–Oiga señor, mi amigo es invidente y necesita... comprarse ropa –excusó el joven de ojos color carmesí con lo que Takao enarcó una ceja–. Por favor haga una excepción y déjelo pasar con el perro. Es su guía.
–Lo siento joven, pero si dejo entrar a un solo animal aunque sea un perro–guía me despiden –aclaró el policía.
–Kai, de verdad no importa. Me quedaré aquí a esperarte hasta que salgas–. La verdad es que quería pasar, pero no metería en un lío a su nuevo amigo.
El bicolor pudo notar que realmente el joven de cabellos azules no sentía lo que decía. Su cara era de total decepción–. Pero a ti te hacía ilusión entrar.
–Sí. Pero si no se puede, no se puede –se dio por vencido con una media sonrisa.
Kai agachó la cabeza, intentando buscar alguna respuesta a ese problema y se quedó por unos segundos mirando al perro–. Señor, ¿puede hacerme un favor? –le preguntó al policía.
–Si está en mi mano, sí –contesto el policía.
–¿Puede cuidar del perro? –preguntó quitándole la correa de las manos con suavidad al joven de cabellos azules. Amarró al perro en uno de los pósters que estaba a la sombra y frente al policía.
–Claro, eso no es problema –contestó el policía.
–Pero, Kai... –intentó hablar el moreno de piel.
–No te preocupes, yo seré tu guía –le aclaró, pasándole una mano por la cintura, acercándose a Takao bastante a su cuerpo–. Agárrate a mí.
–Vale –contestó algo sonrojado mientras ponía su mano alrededor de la cintura de Kai. –Señor –pronunció Takao esperando que alguien le contestase.
–Dime, muchacho –contestó el policía, observándole con los brazos cruzados.
–Gracias por cuidar a mi perro –agradeció con una gran sonrisa.
–De nada, muchacho –contestó amablemente el policía.
–¿Nos vamos, Takao? –preguntó el bicolor.
–Sí –afirmó con una sonrisa.
–Está bien, camina recto.
&&&Kai&Takao&&&
Con ayuda de Kai, Takao comenzó a caminar por el centro comercial.
–Dime, Kai. ¿Cómo es un centro comercial?
–¿Nunca has estado en ninguno? –preguntó sorprendido.
–No –contestó un poco apenado.
–Pues es como juntar varias tiendas en un solo sitio; supermercado, tiendas de ropa, salas de videojuegos, restaurantes, cine.
–¡Qué guay, debe de ser enorme!
–Sí que lo es –contestó Kai mirando a su alrededor.
–¿Y a cuál de todos esos sitios vamos a ir? –preguntó entusiasmado mientras se abrazaba más a Kai.
–A la tienda de ropa –contestó sonrojándose al sentir cómo Takao se aferró más a él mientras miraba hacia el frente–. No te asustes, ahora hay una rampa hacia abajo –avisó mientras bajaba despacio por ella– ¿Voy muy deprisa para ti?
–No.
–Dime, ¿prefieres las escaleras mecánicas o el ascensor? –se detuvo en su caminar y miró hacia ambos lados para luego fijar su vista en el joven de cabellos azules.
–¿También hay ascensor y escaleras cómo se llamen? –preguntó sorprendido.
–Jajaja, escaleras mecánicas –aclaró.
–¿Qué es eso? Nunca lo he escuchado antes.
–Pues son unas escaleras que están en continuo movimiento.
–¿Y para qué sirven?
–Para subir a la gente a otros pisos. Consiste en poner los pies sobre un peldaño de esa escalera y te lleva hasta el otro piso, sin que tengas que subir por ella andando. Pero tienes que tener cuidado con ellas, porque si pones el pie en el filo de ella o no levantas el pie al salir de ellas, puedes caerte. No sé si me entiendes, se me dan fatal las explicaciones –confesó.
–Mnn…creo que te entiendo.
–¿Has subido alguna vez en ascensor?
–Sí, en eso sí. Ojalá que yo pudiera subir por esas escaleras –susurró eso último.
–¿Y quien dice que no puedas?
–Bueno, ¿y si pongo el pie fuera?
–Si quieres podemos probar. Hay más gente esperando en el ascensor y no hay nadie en las escaleras mecánicas –le explicaba mientras miraba a ambos lados.
–Pero, ¿y si me caigo? No sé, te haré pasar vergüenza y eso.
–No me importa, además no voy a dejar que te caigas. Tú sólo haz lo que yo te diga y agárrate más a mí.
–Vale –se aferró más al ruso.
–Bien, vamos a caminar hacia la derecha. Ahora recto... párate. Estamos justo enfrente –advirtió Kai–. Ahora quiero que con tu pie derecho eches un paso hacia delante y que lo sigas con el otro cuando yo te diga. Notarás cómo tu pie izquierdo se va quedando más bajo que el derecho. No te asustes si te echas un poco hacia atrás yo no te soltaré ¿de acuerdo?
–De acuerdo.
–Bien –miró hacia las escaleras esperando el momento exacto para que Takao no fuera a pisar en falso y caerse– ¡Ahora! –le avisó. Takao echó un pie hacia delante e inmediatamente echó el otro, notando cómo uno se quedaba más bajo que el otro.
–Jajaja, ¡qué guay! ¡Estoy subiendo, Kai!
–Jajaja. Escúchame esto es importante. Cuando notes que tus piernas están al mismo nivel y yo te dé la señal, da un paso grande hacia delante con tu pie derecho.
–Vale –respondió animado. El joven de cabellos azules sintió cómo sus pies se estaban poniendo al mismo nivel y sólo esperaba la señal de Kai, el cual estaba muy atento a las escaleras.
–¡Ahora! –le avisó. Takao hizo lo que le mandó el bicolor y salieron de las escaleras mecánicas.
–¿Lo ves? Ya estamos en el piso de arriba, sanos y salvos.
–¡Ha sido genial! ¿Igual que se sube se puede bajar? –preguntó emocionado.
–Sí, pero para bajar es mejor el ascensor. Así que bajaremos por el.
–Está bien –respondió con una gran sonrisa. Mientras, esperaba a que Kai le guiara– ¿A qué hora cierra este centro?
–A las diez de la noche –contestó contemplándole. Fijándose en esa sonrisa tan sincera. –¿Vamos?
Fue la pregunta que le hizo al ruso salir de sus pensamientos–. Sí.
–Está bien, vamos recto –le indicó–. Ahora a la izquierda.
&&&Kai&Takao&&&
Tras las indicaciones de Kai llegaron finalmente a la tienda.
–Kai.
–¿Qué? –preguntó mirándole.
–Me imagino que no podrás ver ropa si yo estoy agarrado a ti. ¿Por qué no hacemos una cosa? –propuso el moreno de piel.
–¿Qué?
–Si hay un asiento, me llevas hasta el. Me sentaré y te esperaré, así podrás ver con más detenimiento la ropa. Además, supongo que tendrás que probártela y no voy a entrar contigo al probador. ¿No? Jajaja.
–Jajaja. Vale, no tardaré mucho sólo voy a probarme una camisa que vi la semana pasada.
–No importa si tardas más, tomate el tiempo que necesites –le decía mientras era guiado hasta un asiento, dónde tomó asiento.
–Ahora vuelvo –le avisó. Caminó hasta uno de los percheros de esa tienda, más concreta a uno que tenía camisas colgadas. Buscó su talla, cogió la camisa y se la probó en el probador.
Mientras Kai estaba en el probador, a Takao se le acercó una mujer–. Perdona, ¿pero podrías decirme cómo me queda este vestido? –le preguntó mientras daba varias vueltas levantándose el cabello con la mano. Takao ni se inmutó, lo cual molestó a la mujer– ¡Oye chico! ¿Qué te pasa? ¡No me ignores! –le reclamó mientras le daba un pequeño golpe en la mano.
–¿Hablaba conmigo? –le preguntó a la chica.
–¡Claro que es a ti! ¡Oye, si no te gusta cómo me queda el vestido dímelo, no tienes porqué ignorarme de esa manera!
–Oye, yo... –intentaba explicarse.
–¡No me vengas con excusas! ¡Tengo unos pechos grandes y un culo perfecto!
–Señorita... –aunque intentaba decirle que no podía verla, la otra no le dejaba explicarse.
–¡Tendrías que estar ciego para no ver mi estupenda figura! –seguía hablando desenfrenadamente.
–Amm...–agregó, levantando su dedo índice como pidiendo así la palabra.
–¡Claro, seguro que eres gay, porque no se te ha caído la baba en cuanto me has visto!
–¿Eh? No... –de nuevo la mujer le interrumpía.
–¡Dios con lo guapo que eres y el cuerpazo que tienes, tenías que ser gay! –exclamaba la chica mientras cruzaba sus brazos. Kai en ese momento salió del vestidor y vio que una chica le estaba armando un pequeño escándalo a Takao, así que sin perder tiempo se dirigió hacia ellos rápidamente.
–¿Qué es lo que pasa? –preguntó interrumpiendo a la chica y esperando una respuesta de Takao.
–¿¡Es tu amigo o tu novio!? ¡Claro, seguro que es tu pareja, ¿verdad?! –decía mirando a Kai.
–¡Oye! –gritó Takao, poniéndose en pie– ¡Déjame explicarte! ¡Estoy seguro de que tienes una figura perfecta, pero soy invidente! ¡¿De acuerdo?! ¡Así que perdona si no sabía que me estabas hablando a mí! ¡Gracias por decir que soy guapo y que tengo buen cuerpo porque eres la primera chica que me lo dice y no! ¡No soy gay! –le explicaba atropelladamente.
Ante eso, la chica silenció unos segundos–. Upps, vaya. ¿Por qué no me lo has dicho antes? –intentó excusarse por su gran sermón y más al ver a la cantidad de gente que había reunido a su alrededor sin ningún motivo.
–Porque no me dejabas. –aclaró intentando serenar su tono.
–Oye, lo siento mucho. ¿Vale? Te lo digo de verdad. –se disculpó la chica.
Takao suspiró–. Ya no importa –le intentó restar importancia, aunque le había molestado todo eso– ¿Nos vamos, Kai?
–Claro –contestó mientras lo abrazaba por la cintura y le guiaba hasta el mostrador para pagar. Una vez que salieron de la tienda, Kai notaba que el joven de cabellos azules estaba algo triste.
–Oye, Kai. Lo siento –se disculpó algo afligido sin dejar de caminar con el otro.
–¿Por qué?
–Por haber formado ese numerito en la tienda. Seguro que toda la gente nos miró y te sentiste avergonzado de que te acompañase a esa tienda –suspiró.
–Takao, en primer lugar, tú no has formado ningún numerito. Ha sido esa maniática obsesionada con su cuerpo. En segundo lugar, no creas que nos ha mirado tanta gente. Sólo estábamos nosotros, la maniática y la dependienta –mintió para tranquilizarle–. Y en tercer lugar, yo nunca me avergonzaría de ti.
–Gracias. Si te digo la verdad, no es la primera vez que me pasan cosas así. Y siento no ser de ayuda para otra gente.
–Izquierda –indicó el Kai mientas lo escuchaba.
–Te parecerá una tontería pero tenía miedo hace un momento. Porque tú puedes ver la reacción de esa chica y puedes ver si está llorando, si se está riendo o si te va a dar una bofetada. Y tú a diferencia de mi puedes apartarte, pero yo no. Mi mundo no es nada fácil, Kai. Sólo está lleno de oscuridad y nada más, ni siquiera un rayito de luz. ¿Sabes? de niño quería ser médico, pero no cualquier médico, sino medico oftalmólogo. Poder ayudar a las personas invidentes, como en un futuro lo harás tú. ¡Ja! Qué ironía. Ahora resulta que el que necesita ayuda soy yo. Me gustaría trabajar como lo hacen los demás, casarme… tener una familia. –finalizó.
–Pero todo eso una persona invidente también puede tenerlo –contestó mirando tanto a Takao como al camino que debían de seguir.
–Puede que si Kai, pero es realmente difícil. A ningún ciego le gusta ser una molestia para nadie –suspiró.
Kai silenció unos segundos. La verdad es que no sabía que podía decirle en unos momentos así para animarle– ¿Te gustan las hamburguesas? –preguntó para animar al joven de cabellos azules.
–Mm…sí.
–Pues te invito a una –miró al moreno de piel para saber cuál sería su reacción, si le había animado con lo dicho o no.
Takao se dio una palmada en la frente–. Ya sabía que se me olvidaba algo. Otra vez no tengo dinero –se recriminó ante ello en voz alta.
–Bueno eso no es problema, te he dicho que te invitaba a una, de lo que quieras y la bebida que quieras. Aquí las hacen bastante buenas. Además, están un piso más arriba así que si quieres podemos subir por las escaleras mecánicas. ¿Qué me dices?
El joven de cabellos azules sonrió más animado–. Vale.
&&&Kai&Takao&&&
Subieron por las escaleras mecánicas. Entraron a la hamburguesería e hicieron su pedido.
¿Nos las comemos aquí? ¿O prefieres otro sitio? –preguntó el bicolor.
–Prefiero ir con Lucky, no sé si estará bien –contestó Takao algo preocupado por el perro.
–Vale. Recogeremos a Lucky, iremos a por el coche y después a un parque. ¿Qué te parece? –preguntó mientras cogía la bolsa con el pedido.
–Genial –sonrió.
Bajaron al piso de abajo. Salieron a la calle y recogieron al perro. Fueron a por el coche que estaba en el supermercado y se dirigieron a otro parque. Bajaron del coche y se sentaron en el césped, a la sombra de un árbol, enfrente de una gran fuente.
–Toma, aquí tienes –el joven de cabellos azules abrió las manos, esperando a coger las cosas–. Tu hamburguesa y tu coca cola –anunció mientras se la ponía en las manos.
–Gracias. –Takao flexionó sus rodillas y puso entre ellas su bebida. Comenzó a desenvolver su hamburguesa cuidadosamente, mientras que Kai lo contemplaba. Cuando el joven de cabellos azules notó que la hamburguesa estaba bien desenvuelta le dio un pequeño bocado–. Mmn... –No tuvo más remedio que decir al saborear una hamburguesa tan rica –Está buenísima.
–Te lo dije –comentó mientras comenzaba a comer el también–. Takao, sólo por curiosidad. Pensaba que las personas invidentes llevabais un bastón para guiaros mejor.
–Sí y lo llevamos o eso creo, porque no los veo, pero Rei me lo ha dicho.
–¿Cómo es que no lo llevas?
–Es que se me perdió cuando viajé por última vez. Creo que fue en Estados Unidos. Me lo dejé olvidado en la habitación en la que estaba hospedado y como nos vinimos aquí, pues no he tenido tiempo de comprarme otro. Además no sé ni dónde comprarlo.
–Bueno, quizá dentro de unos meses ya no te haga falta –anunciaba Kai mientras bebía un poco de su bebida.
–Posiblemente –comentó el joven de cabellos azules mientras seguía comiéndose su hamburguesa.
–Oye. ¿Cómo se llama tu hermano?
–Hitoshi –Takao recapacitó en la pregunta de Kai– ¿Cómo sabes que tengo un hermano?
–Porque yo fui quien anotó tus datos –le recordó Kai.
–Es verdad. Qué buena cabeza tienes, al contrario que la mía, jajaja, Hitoshi es tres años mayor que yo, está casado y va a ser padre dentro de poco –contó emocionado.
–¿Y qué va a ser? ¿Niño o niña?
–Un niño, pero todavía no saben que nombre ponerle. ¿Sabes? Estoy deseando de cogerlo entre mis brazos y si es posible y todo sale bien, poder verlo –sonrió– ¿Y tú tienes hermanos/as?
–No. Mi madre murió al darme a luz y mi padre murió cuando tenía seis años.
–Ups. Lo siento, Kai.
–Tranquilo, no importa. ¿Y qué hay de tus padres?
–Pues también están muertos.
–Lo siento.
–Y yo también. No sabes la falta que me han hecho durante todos estos años. Por suerte para mi, aún me quedan mi hermano, mi cuñada y Rei, mi mejor amigo. Él es quien ha cuidado de mí, desde la muerte de mis padres. Desde que yo tenía catorce años y también es quien ha viajado conmigo por todos esos lugares.
–Le aprecias mucho, ¿verdad?
–Apreciarle es poco, le quiero como a un hermano. Prácticamente nos hemos criado juntos y hemos vivido los momentos más duros juntos –sonrió–. Le debo mucho.
–Entiendo –contestó Kai mientras otra pregunta rondaba en su cabeza–. Oye, ¿es cierto lo que le dijiste a la psicópata esa?
–¿Psicópata? ¿Te refieres a la chica de la tienda?
–Sí, o a la histérica, cómo prefieras llamarla –sonrió.
–Jajaja, ¿a qué te refieres?
– ¿De verdad es la primera chica que te dice que eres guapo y...? –fue interrumpido por el menor.
–Sí –contestó sonrojándose–. Debo de ser una especie de ogro o algo así. Jajaja, pero sí. Es verdad. Nunca se me ha acercado ninguna chica. Al principio pensaba que era porque era feo, después por mis ojos. Tienen que ser horribles –concretó–. Por eso llevo estas gafas y tras pensarlo con detenimiento he llegado a una conclusión de la que estoy completamente seguro.
–¿Cuál? –preguntó Kai intrigado.
–Que moriré soltero y sin saber lo que es amar a alguien o lo que es un beso.
–En primer lugar no eres guapo, eres guapísimo. En segundo lugar, tus ojos no son horribles, son preciosos. Y en tercer lugar… ¿nunca te han besado? –preguntó cayendo en la cuenta de lo que le había dicho el menor.
–No y es decepcionante, porque tengo veintiún años y no sé lo que es eso. Te parecerá una tontería, pero para mí es muy importante. Hasta los niños de trece años ya tienen novia. Y yo ni siquiera sé lo que es tener una.
–¿Nunca has salido con alguien?
–Aparte de mi cuñada, no he estado en mi vida con ninguna chica –sonrió– ¿Tú tienes novia?
–No, pero cuando tenía catorce años, una chica me sorprendió un día cuando se me lanzó y me dio un beso en los labios. Me pidió que saliera con ella, pero a mí no me gustaba, así que le dije que no.
–Bueno al menos te han besado –comentó Takao mientras buscaba el refresco de sus piernas, intentando buscar la pajita. Una vez que la encontró la dirigió hasta su boca con ayuda de su mano y comenzó a beber despacio.
–¿Qué piensas que sentirías si alguien te besará? –preguntó Kai.
–No lo sé, supongo que estaría nervioso y me daría miedo –confesó el menor.
–¿Miedo?
–Sí. No miedo de ese beso, sino de la persona que me lo da y de enamorarme de esa persona. Dicen que se sufre mucho cuando uno se enamora. –habló para darle un mordisco a su hamburguesa provocando que un poco de Ketchup se le quedase en la comisura del labio.
–Takao –le llamó para llamarle la atención.
–¿Qué? –contestó.
–Tienes un poco de kétchup en los labios –se señaló el mismo el sitio por inercia, aunque sabía que el menor no lo vería.
–Oh, vaya. Jeje, que vergüenza –comentó sonrojándose un poco– ¿Puedes quitármelo tu? Es que tengo las dos manos ocupadas –dijo mientras alzaba ambas manos un poco hacia arriba mostrándole la hamburguesa y el vaso con la bebida.
–Claro –se acercó hacia él lentamente mientras no apartaba su mirada de esa boca para intentar besarle en los labios. Estaba a punto de hacerlo, pero lo que Takao le había dicho momentos antes lo hizo detenerse. Así que con su dedo pulgar le quitó el kétchup haciéndolo rozar por los labios de Takao para luego llevarse el dedo a su boca y chuparlo–. Ya está –avisó.
–Gracias. ¿Por cierto que pañuelo has usado? Era muy suave.
–Uno de los que he comprado en el súper. –inventó.
&&&Kai&Takao&&&
Estuvieron hablando durante toda la tarde hasta que llegaron las ocho de la tarde.
–Jajaja. Por cierto ¿Qué hora es? –preguntó el joven de cabellos azules.
–Las ocho de la tarde –contestó Kai mientras miraba su reloj.
–Bueno, tengo que irme ya. Me lo he pasado muy bien esta tarde –agregó mientras se ponía de pie.
–Y yo –reconoció poniéndose de pie también.
–Lo siento, creo que te he entretenido demasiado.
–No ha sido así, además, me gusta estar contigo –le hizo saber al menor.
–¿En serio? A mí también me ha gustado mucho estar contigo –se tocó el bolsillo sacando el busca–. Toma, casi se me olvida devolvértelo.
–Si quieres puedes quedártelo, por si salimos otro día. ¿Te gustaría volver a salir conmigo por ahí?
–Claro –contestó emocionado.
–¿De verdad? –le preguntó el bicolor no creyéndose la respuesta de antes.
–De verdad –sonrió.
Salieron del parque y se montaron en el coche. Kai dejó a Takao en el parque de siempre para que el perro le guiara hasta su casa.
–Adiós, Kai. –le despidió.
–Adiós, no lo olvides. Pasado mañana, aquí a la misma hora de hoy.
–No lo olvidaré. "No podría olvidarlo". Pensó esto último con una gran sonrisa mientras comenzaba a caminar, alejándose de Kai.
&&&Kai&Takao&&&
Takao acababa de llegar a su habitación. El perro se tumbó al lado de la cama, dónde su dueño le había soltado la correa.
–¿Sabes, Lucky? Hoy me lo he pasado genial. –Decía mientras se tumbaba en la cama y cruzaba los brazos por detrás de su nuca–. Deberías de haber estado en el centro comercial, me he divertido tanto cuando he subido con él las escaleras mecánicas. Pero me asusté un poco cuando esa chica se puso a hablarme como loca. Kai estaba ahí para salvarme, jajaja. Olía tan bien. Creo que llevaba colonia. Me ha gustado mucho pasar la tarde con él. Me gustó sentirlo cerca de mi cuando subía esas escaleras y me ha guiado por todo el centro comercial. No sé, con él me siento protegido. ¿Sabes lo que me ha dicho? Que tengo unos ojos preciosos. ¿Puedes creértelo, Lucky? Y no se ha burlado de mí o se ha reído cuando le he dicho que nadie me ha besado nunca. Creo que ésta noche no podré dormir pensando en el día de hoy.
&&&Kai&Takao&&&
Kai acababa de llegar a su casa. Lo primero que hizo fue poner el contestador para ver si tenía mensajes, mientras dejaba las bolsas en el comedor y entraba a su cuarto para quitarse la camisa y dejarla allí.
–Hola, soy Kai. Deja tus mensajes después de la señal –finalizó el mensaje, para dejar emitir un sonido largo.
–Hola, Kai. Soy Lorena. ¿Dónde te has metido? Te he estado llamando pero no me contestabas. Bueno no era para nada importante, sólo era para que me dijeras cómo te ha ido con tu cita. Porque estoy segura de que tenías una cita importante con alguien. Mañana hablaremos. Un beso. Adiós. –El contestador emitió de nuevo ese sonido tan largo, que aclaraba que el mensaje había finalizado. Kai salió de la habitación, cogió las bolsas de la compra y se dirigió a la cocina.
–Kai, exijo verte pasado mañana a las ocho de la tarde aquí en la mansión para hablar de unos asuntos contigo. Ya estás avisado. –Kai salió de la cocina y puso atención al mensaje–. Si no vienes, irán en tu busca, así que tú mismo. Vienes por las buenas o por las malas, jovencito. Adiós. –Se despidió, para después escuchar el largo sonido del contestador.
–No hay más mensajes –anuncio la voz del contestador.
–Perfecto –comentó con el ceño fruncido y con desgano mientras se dirigía a la cocina y comenzaba a colocar todas las cosas en su sitio– ¿Para qué querrá verme el viejo ahora? –se preguntaba mientras cogía varios alimentos y los metía dentro de la nevera. Cogió un bote de kétchup y lo metió en la nevera. No tardó mucho en llegarle un pensamiento a la cabeza–. Takao –le nombró con una enorme sonrisa mientras recordaba ese día.
&&&Kai&Takao&&&
Un cansado Rei entraba a su casa, encontrándose a un Takao sentado en el sofá, con la radio puesta y cantando.
–Vamos Lucky, canta conmigo –dijo animando al perro.
Y eso es lo que quiero, besos.
Que todas las mañanas me despierten de esos,
que sea por la tarde y siga habiendo besos.
Y luego por la noche hoy me den más besos pa cenar (X2)
–Hola, Takao –le saludó el pelinegro con una gran sonrisa al ver al joven de cabellos azules tan feliz.
El menor dio un pequeño respingo por el susto–. Hola Rei, no me había dado cuenta de que habías llegado. –Dejó de cantar y levantándose del sofá caminó hasta dónde estaba la radio para apagarla.
–Jajaja, oye se te ve muy feliz hoy. –Comentaba mientras se sentaba en el sofá.
–¿Tú crees? No, lo que pasa es que me encanta escuchar el Canto del Loco. ¿Cómo te ha ido hoy? –preguntó sentándose en el sofá junto al pelinegro.
–Genial, pero estoy muy cansado. ¿Has cenado ya?
–Sí. Estaba deliciosa, como siempre. –Respondió refiriéndose a la comida que su amigo le dejaba siempre hecha.
–Oye, Takao –le llamó mirándole de arriba abajo–. Creí que llevabas puesta la camisa roja y blanca en lugar del azul cielo.
–Ah, sí. Es que me he vuelto a bañar. –Comentó nervioso–. El aburrimiento, jejeje –rió nervioso.
–No habrás salido por ahí tú solo, ¿verdad? –quería asegurarse de ello.
–No, que va –contestó de lo más tranquilo.
–Eso está bien, porque si salieras tú sólo por ahí, ya sabes lo que pasaría. ¿Verdad? –preguntó, fijándose en las reacciones de Takao.
–Sí, te enfadarías muchísimo.
–Exacto –lo miró de nuevo– ¿No me ocultas nada? –le preguntó sabiendo que algo le ocultaba.
–No, bueno sí –respondió el menor rascándose la cabeza.
–¿Qué es? –pidió saber.
–Que... me gustaría que preparases esa tarta de fresa que tanto me gusta. –Juntó sus manos–. Por favor, por favor.
–Claro que sí –respondió poniéndole la mano sobre la espalda.
–Bien, gracias Rei –contestó agradecido, con más ánimo en su voz. Llevó la mano más atrás de su hombro para notar el brazo del otro. Lo siguió hasta llegar al hombro del pelinegro. Una vez hecho esto, abrazo al joven de ojos color miel–. Eres un gran amigo.
–Lo sé –contestó con algo de tristeza–. Lo sé –repitió mientras abrazaba más fuerte a Takao. "Me quedaría así por siempre, Takao". Pensó mientras cerraba los ojos para sentir el calor que despedía ese cuerpo abrazado a él.
Continuará...
&&&Kai&Takao&&&
Muajajaja ya estoy de vuelta con otro capítulo. (Si vuestra pesadilla está aquí). Como habéis comprobado, ha sido una cita que seguro no os imaginabais. (¿Qué esperáis el chico es ciego y no ve ciertas cosas?) ¿Para qué querrá el viejo ver a su nieto? Algo huele mal aquí.
Gracias por vuestros reviews a:
Senshi Hisaki Raiden: Gracias por tu review y no, no te estás volviendo loca. Lo que pasa es que al subir la historia a la página principal se me borraron los reviews que hasta ahora me habíais dejado todas. Pero tranquila porque están guardados en una carpeta de mi ordenador (supuse que se borrarían por eso tomé esa precaución). Bueno cómo ves Rei no sabe nada de la "cita" que ha tenido Takao. Y tienes razón cuando dices que trabaja media jornada, pero ya se las ingeniará para pasar el mayor tiempo posible con Takao. Tendrás que esperar al próximo capi para saber lo que pasa. Hasta pronto.
Takaita Hiwatari: Bueno bambina, como ya has podido comprobar Kai no ha besado a Takao.
Kai: Tenía mis razones.
Kaily: Díselas a Takaita porque ella y yo esperábamos vuestro primer beso.
Takao: Eso ¿Qué te ha pasado?
Kai: No quería que te asustases y te alejaras de mi (dice mirando a Takao) No al menos en nuestra primera cita. (Sonrisa maliciosa)
Takao: Ohh, que tierno eres, Kai.
Kaily: Porque no ves sus ojos. Juraría que tiene una pizca de pasión por rasgarte la ropa ahora mismo. Hala, dejamos a estos dos que ellos se entiendan. Bueno por lo menos han ido agarraditos de la cintura casi todo el tiempo. Gracias por tu review Takaita, espero que te haya gustado la historia y que me des tu opinión. Xao.
Águila Fanel: Gracias por tu review. Espero que te haya gustado este capítulo que más largo que los otros tres que escribí. ¿Así que tú eres de la pareja Kai&Takao? Me alegra que lo aclares ya que hay gente que le gusta el Rei&Takao. Espero que te haya gustado este capítulo y que no dejes de decirme lo que piensas. Hasta pronto.
Quimera: Gracias por tu review. Te aclaro tu duda diciéndote que Rei y Takao se han criado prácticamente juntos (eran vecinos) y lo empezó a cuidar cuando los padres de Takao murieron. Es decir cuando Takao tenía catorce años y Rei quince ya que se llevan un año. Eso no lo he dicho en estos capítulos porque no lo escribo hasta más adelante. Otra cosa, te entiendo perfectamente con el problema que tienes a la hora de dejar reviews. A mí no me dejaba subir este fic a la página principal y sólo me dejaba en mi profile. Cuando quieras quedamos y ponemos una bomba nuclear a la página, jajaja. Xao.
Ari–yuna: Gracias por tu review. No importa que tu review haya sido el último en enviarse, lo importante para mi es haberlo recibido, me sube mucho el ánimo. Bueno cómo ya puedes ver, Kai tiene el mismo problema que Rei tiene. No quiere asustar a Takao. Aunque Rei es muy astuto y no tardará mucho en enterarse que algo está ocurriendo a sus espaldas e intentará meterse un poquito por medio. Ya veremos cómo lo hace. Hasta pronto.
Bueno espero que no olvidéis dejar vuestros reviews si leéis esta historia con vuestros comentarios. Este fic lo hice por petición de Takaita Hiwatari, si a alguien le gusta mi manera de escribir o mi forma de expresarme, estoy abierta a más peticiones que me hagáis sobre las parejas que queráis. Yo escribiré el fic, sin ningún problema. Sólo tendríais que decirme si es un one–shot o una historia por capítulos. Dicho esto me despido. Muajajaja, volveré. Xao.
