Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

Un Día Inolvidable

Continuación...

Dos días después...

Kai y Takao habían vuelto a salir juntos. Esta vez habían ido a una fuente de considerable tamaño que se decía, era famosa por cumplir los deseos de la gente. Se encontraba situada dentro de un pabellón de forma circular, hecho de mármol con varias columnas del mismo material rodeándola, por las cuales habían varias plantas trepadoras a lo largo de ellas. La cúpula era bastante alta. Dentro del pabellón también había algunos bancos dentro pegados casi a la pared, por si alguien quería sentarse y admirar la fuente.

–¿Qué es lo que tengo que hacer, Kai? –preguntó Takao curioso.

–Tienes que pedir un deseo y tirar una moneda hacia atrás. Si se mete en el agua tu deseo se cumplirá y si no se mete en el agua, pues imagínatelo. –Kai cogió a Takao de ambas manos y lo puso de espaldas a la fuente–. Así está bien –avisó mientras miraba la trayectoria.

–Vale –respondió Takao mientras sacaba una moneda de su bolsillo. Pidió un deseo y la lanzó hacia atrás– ¿Y? ¿Se ha metido?

–Sí –contestó Kai al ver que la moneda se había metido–. Tu deseo se hará realidad.

–¡Genial! –gritó emocionado.

–Takao, aquí cerca hay un chico que tiene animales, ¿te gustaría ir y tocarlos?

–¿Qué animales tiene? –preguntó curioso.

–Un caballo, conejitos, un corderito, una vaca, patos y un perro –contaba mientras enumeraba con los dedos y hacía memoria.

–Guau –anunció sorprendido– ¿Cómo es que tiene tantos?

–Porque es veterinario. Dime, ¿te gustaría ir?

–Claro. Lucky, sigue a Kai –le pidió a su perro, el cual inmediatamente echó a andar.

Bajaron por un sendero, ya que estaban en mitad del campo, hasta llegar a la casa de ese chico y una vez frente a la puerta, la tocaron.

–Ya voy –decía una voz que provenía del interior de la casa–. Un momento –avisó mientras abría la puerta para encontrarse con Kai y un desconocido junto con un perro. –Hola, Kai –saludó un chico con el cabello color castaño, de baja estatura y gafas encima de la cabeza.

–Hola, Kyouju. ¿Cómo estás?

–Bien, pasad por favor. ¿En qué os puedo ayudar? –les invitó haciéndose a un lado.

–Quería saber si podrías hacerme un favor a mí y a mi amigo. Takao, te presento a Kyouju.

–Encantado –anunció Takao estirando la mano.

–Igualmente –le respondió Kyouju mientras le estrechaba la mano– ¿De qué se trata? –miró a Kai.

–Verás, quería saber si podrías dejar a Takao tocar algunos de tus animales. Los que sean más inofensivos.

–Claro, por supuesto. Seguidme. –Decía mientras avanzaba por el pasillo para salir al jardín–. Hace unos días unas de mis cabras tuvo crías. Pensaba darles el biberón ahora mismo. –Lo siguieron hasta el jardín y se sentaron en unas sillas que había en éste. Kai amarró al perro de Takao en una valla que había detrás de ellos. Lo hizo por seguridad para que otros animales al verlo no se asustaran.

–Enseguida vuelvo. Voy a por ellos –avisó Kyouju, marchándose hasta dónde tenía encerrados a los animales, acercándose a un establo que estaba de distancia con el jardín a unos metros.

–Oye, Kai.

–Dime.

–¿Hay flores en este jardín?

Kai miró a su alrededor–. Sí. Hay muchas margaritas, amapolas, violetas y dientes de león. –Describió– ¿Por qué?

–Porque huele muy bien –aclaró mientras inspiraba un poco de aire–. Huele tan bien. El aire es tan puro. –reconoció.

–Eso es porque estamos casi al lado de las montañas, más abajo hay un río de aguas cristalinas y estamos rodeados de grandes pinos y de flores.

–Qué bien. Ojalá pudiera verlo. La vista tiene que ser preciosa desde aquí. –sonrió intentando imaginárselo.

–Takao.

–¿Qué?

–Te propongo una cosa. Si todo sale bien y estoy seguro de que será así, te prometo que todos los sitios a los que hemos ido juntos volveremos a ir para que los veas.

–¿De verdad? ¿Harías eso por mí? –preguntó.

–Haría lo que fuese por ti –comentó mientras se le quedaba mirando fijamente.

–Gracias, Kai. –Respondió en un tono sereno. Un ruido sacó a los dos de su conversación, llamando la atención de Takao– ¿Qué ha sido eso? –preguntó al escuchar ese ruido tan extraño para él.

–Son los corderitos, Kyouju los trae cogidos en brazos –le explicó Kai mientras veía la escena.

–¿De qué color son? –preguntó entusiasmado.

–Uno es blanco y otro negro –tras decir esto se puso de pie para coger uno de los corderos que el joven de cabellos castaños llevaba en brazos, quedándose con el blanco.

–Gracias, Kai –agradeció Kyouju al bicolor por haber cogido uno de los corderos–. Bien estos son los corderitos. Takao –lo llamó– ¿Te gustaría darle el biberón a uno de los corderos?

–Bueno, si me ayudáis un poco y no es peligroso. ¿Por qué no? –agregó sonriente.

–Claro. Kai, dale el que tienes tú en los brazos. Es más tranquilo que éste que tengo yo. –Aseguró–. Y ayúdale. –Le pidió, poniéndole mientras tanto un biberón en la mano al joven de cabellos azules.

–Vale, Kyouju –respondió el bicolor mientras se ponía enfrente de Takao con el corderito el cual no paraba de balar.

–Takao, vas a acariciarlo –advirtió Kai mientras le cogía de la mano que le quedaba libre y se la colocaba en el lomo del animal–. Tranquilo, yo te sujeto al animal para que no se vaya.

–¿Cuál de los dos estoy acariciando? –preguntó con una enorme sonrisa.

–El blanco –le contestó.

–Jajaja. Qué emocionante. –Con ayuda de Kai, Takao le dio el biberón al corderito. Sintió cómo el pequeño animal daba grandes tirones hacia delante mientras mamaba del biberón. Después Kyouju le dio un pequeño conejito poniéndoselo en las manos–. Que peludito –comentó Takao al sentir algo peludo entre sus manos. Kai se levantó y desamarró a Lucky para dárselo a Takao. Caminaron un poco por un sendero hasta llegar hasta un pequeño establo que estaba rodeado por una valla. Al lado de las vallas se encontraba un caballo blanco. Allí el joven de cabellos azules le dio de comer un poco de avena.

–¿Te gustaría subir al caballo? –pregunto Kai.

–Me gustaría, pero creo que eso sería demasiado peligroso –comentó mientras acariciaba al animal a lo largo de su hocico.

–Pues ya tengo algo más para la lista –anunció mientras empezaba a acariciar al caballo en la misma zona que el menor y supervisaba que el animal no fuera a morder al joven de cabellos azules en la mano.

–Jajaja, que cosquillas –comentó cuando sintió que el caballo le lamía la mano–. Como sigas así me dejarás lleno de babas, jajaja. –Apartó la mano–. Lo siento amigo pero creo que no tengo más –sintió que su mano estaba mojada–. Eres un baboso, ¿lo sabías?

–Jajaja –sonrió Kai al ver la mano de Takao llena de babas.

–Kai.

–Dime.

–Gracias, para mí está siendo un día inolvidable –agradeció sinceramente y con una gran sonrisa.

–Para mí también –decía Kai con la mirada puesta en esa sonrisa. Cada día que la veía, le hacía sentir más feliz.

Después de haber acariciado los animales, fueron al río, dónde se sentaron un poco en la orilla mientras tocaban el agua. Después volvieron a la casa de Kyouju y se despidieron de él dándole las gracias. Después de eso regresaron a la ciudad para dejar a Takao en el parque de siempre, junto a los bancos.

–Ojalá no tuviera que irme tan pronto Takao, pero tengo ese compromiso –le contaba Kai con un poco de pena al tener que irse de su lado.

–Tranquilo, no pasa nada. Por lo menos hemos estado juntos y yo me lo he pasado realmente bien. Has hecho que me relajara muchísimo con lo nervioso que estaba de pensar en la operación.

–Yo también me lo he pasado muy bien.

–Bueno creo que será mejor irme y así no te entretengo más. Hasta pronto –se despidió mientras caminaba, antes de darse la vuelta para marcharse.

–Hasta pronto, Takao. –Contestó. Se quedó ahí parado, de pie, en mitad del parque, viendo cómo el menor se marchaba. Y aunque no era su deseo, tendría que dejarle marchar– ¡Iré a visitarte el día de la operación! –le recordó poniéndose ambas manos a ambos lados de la boca para que lo escuchase.

Se detuvo en su caminar al escuchar la voz del bicolor y girando el cuello contestó–¡Genial, te esperaré! –dicho esto siguió con su camino.

&&&Kai&Takao&&&

Kai caminó hasta el aparcamiento en el que había dejado el coche. Lo arrancó y se fue hacia la mansión Hiwatari. Cuando llegó, uno de los porteros le abrió la puerta. Sin muchas ganas, aparcó el coche y entró dentro de la mansión. Uno de los sirvientes le informó de que su abuelo estaba en el despacho esperándolo, así que sin dar más vueltas subió las escaleras y tocó en la puerta del despacho.

El despacho por dentro era bastante grande. Constaba de un escritorio con un flexo sobre ésta. Dos sillones giratorios, uno frente al otro. Una enorme ventana tras el sillón de Voltaire y a lo largo de las paredes habían muchas estanterías llenas de libro, como si fuese una gran biblioteca que rodeaba el lugar. También había unos sofás en la habitación, uno frente al otro con una mesita de por medio

–Adelante –indicó el viejo Voltaire. Kai abrió la puerta encontrándose a su abuelo con cierto papeleo en la mesa–. Oh, ya has llegado. Mi querido nieto –comentó mientras se iba poniendo de pie –¿No vas a saludar a tu abuelo? –preguntó al ver cómo Kai por su parte estaba de pie junto a la puerta de brazos cruzados intentando serenarse–. Vamos, dame un abrazo –le animaba, abriendo los brazos de par en par.

–Déjate de estúpidas farsas y dime que es lo que quieres. –Habló tajante mientras se sentaba en la silla que estaba detrás del anciano–. No me has hecho venir sólo para decirme que me echas de menos, lo cual dudo mucho –decía Kai muy seguro de sus palabras.

–Tienes razón. –Aclaró Voltaire mientras se sentaba en su sillón–. Bien, querido nieto. Te he hecho que vinieras para hablar sobre ciertos asuntos.

–Sobre la empresa. ¿Verdad? –Se precipitó a decir, mirando hacia otro lado–. Olvídalo, no me interesa.

–Pero quiero que te empieces a ocupar de ella.

–Véndela o haz lo que quieras con ella, pero a mí no me interesa esa empresa. Yo en un futuro seré médico y no empresario. Te lo he dicho un millón de veces.

–¡Ja! ¿Quieres que de verdad piense que a ti te gusta ayudar a esas personas ciegas?

–Sí. Es lo que me gusta hacer. –Contestó, mirándole con el ceño fruncido.

–Jajaja –rió de forma sonora– ¿De verdad? No seas hipócrita. Tu estudiaste eso no porque realmente te gustase, sino por ese estúpido amiguito tuyo que murió hace tantos años en ese accidente. –Kai se enfureció tanto que se puso de pie y golpeó la mesa con ambas manos.

–¡No vuelvas a hablar así de él, tú no lo conocías, no sabías cómo era! –Le advirtió sin llegar a gritarle, aunque ni el mismo supo cómo se había podido controlar.

–No me hacía falta conocerlo. –Apoyó ambas manos sobre la mesa, cruzándolas–. Sólo de ver cómo vestía, con esos sucios harapos –puso cara de asco–. Me daba asco de verlo jugar contigo. Tan sólo era un pobretón que no le importaba a nadie.

–¡A mí me importa! –Gritó, volviendo a golpear la mesa de nuevo– ¡Si nos hubiésemos quedado en Japón yo hubiera ido a su entierro! –le aclaró con rabia.

–¡Como si yo en ese tiempo te hubiese permitido asistir a su entierro! ¡Dudo que lo tuviera, ese pobretón está muerto y eso ya no tiene arreglo! –Suavizó su tono–. Gracias a Dios ya no quedan restos de él. –Kai sintió cómo la sangre le hervía tras escuchar eso. Sin pensárselo dos veces, cogió la lámpara que estaba sobre el escritorio y la lanzó con fuerza contra el suelo, para luego salir del despacho azotando la puerta con un sonoro golpe.

–Jajaja –reía Voltaire. Se puso de pie y salió él también del despacho. Se asomó por la barandilla de las escaleras, buscando a su nieto– ¿Te quedas a cenar? –preguntó, viendo cómo su nieto bajaba las escaleras bastante deprisa con su ceño fruncido.

Kai se detuvo con los puños cerrados una vez que las bajó y se dio la vuelta para mirar a su abuelo que estaba en el piso de arriba.

–¡No vuelvas a llamarme! ¡Nunca! –enfatizó, echando a caminar con pasos ligeros hacia la puerta principal para salir de allí cuanto antes. Se metió en el coche y apoyó sus manos en el volante para poner encima de éstas, su cabeza. Intentaría relajarse de alguna forma. "Estúpido viejo, siempre hace que me salga de mis casillas. ¿Es que nunca me va a dejar en paz? Me marché de esta mansión para que no me molestase más y cada maldito mes hace que venga para hablar de la maldita empresa. Que ganas tengo de que me deje vivir mi vida, sin que me moleste más". Tocaron la ventanilla de la puerta del coche. Kai le dio al botón de la ventanilla para bajar el cristal sin mirar quien era, ya que sabía perfectamente de quien se trataba– ¿Y ahora qué demonios quieres de mí? –preguntó intentando tranquilizarse para que en su tono no se notara que seguía enfadado.

–Vamos, Kai. Yo sólo te he hecho venir para hablar de negocios, no para discutir –aclaró, viendo la posición que había adoptado su nieto dentro del coche.

–Me da igual cuantas veces me llames o me hagas venir. La respuesta siempre va a ser la misma. No quiero esa empresa. Dásela o véndesela a uno de tus sobrinos. Piénsalo, ganarás mucho dinero si la vendes. –Adoptó una posición normal, apoyando su espalda en el asiento del coche.

–Kai, estás enfadado y no piensas con claridad las cosas. Quédate a cenar. Quiero saber cómo te va en las prácticas y cómo te las apañas tú solo en tu casa.

–Me va bien, gracias por preguntar –arrancó el coche–. Ahora si me disculpas, tengo que tender la ropa o se arrugará. –Aclaró, quitando el freno de estacionamiento y metiendo la marcha–. Adiós –se despidió cerrando la ventanilla y pisando el acelerador del coche, dejando a un Voltaire un poco preocupado.

Disfrutaba haciendo enfadar a su nieto, pero no le gustaba verlo triste. Eso le destrozaba el corazón. Quería ver a su nieto igual que antes de que perdiera a ese amigo suyo. Antes tenía un nieto sonriente, feliz, cariñoso, juguetón. Y desde que pasó ese accidente, Kai se fue volviendo solitario, amargado, infeliz. Se paraba un momento a pensarlo y no había vuelto a ver a Kai sonreír desde aquello. Ni siquiera una sonrisa diminuta.

&&&Kai&Takao&&&

Kai no tardó mucho en llegar a su casa. Entró en ella, tiró las llaves encima de la mesa y se fue directo a su habitación. Se tumbó en la cama y se puso a recordar.

Flash Back

Once años antes…

Kai se encontraba haciendo los deberes en el jardín. Se sentía muy solo después de la muerte de sus padres y no deseaba hablar con nadie. Escuchó un ruido en la parte trasera del jardín. No le hizo caso y prosiguió con lo que hacía, ya que pensó que a lo mejor ese ruido lo había provocado un gato. Después de pensarlo un poco, ¿y si no era un gato? ¿Y si era un ladrón? La curiosidad le mataba, así que con pasos sigilosos fue a la parte trasera del jardín.

"Parece que no hay nada", pensó mientras miraba a su alrededor. De repente algo llamó su atención. Vio cómo las ramas de unos arbustos se movían. Frente a él se encontraba un árbol muy grande y viejo, un muro de piedra tras éste y esos matorrales, al lado del árbol. "¿Y si es un gato grande?", pensó asustado. "No Kai, recuerda las palabras del abuelo. Un Hiwatari no le tiene miedo a nada". Con pasos sigilosos y decididos se acercó hasta los matorrales. Sin pensárselo más, se abalanzó sobre el arbusto pensando que era un gato– ¡Ya te tengo! –dijo al tocar algo grande. Kai se fijó en lo que estaba cogiendo. No era un animal, era un niño–. Oye, ¿no sabes que esto es propiedad privada? ¿Qué haces aquí? ¿Quién eres? –Miró hacia arriba– ¿Cómo has saltado el muro? ¿Eres un ladrón?

–¡Suéltame! –pidió el niño, ya que Kai lo tenía sujeto de las muñecas y estaba sentado encima de él.

–Te soltaré si me respondes esas preguntas.

–¡Suéltame! –repitió.

–Eres un intruso.

–¡No, no lo soy! ¡Sólo estoy buscando lo que es mío! –Decía mirando la copa del árbol –sonrió–. Ahí está –Kai se quedó observando al niño mientras enarcaba una ceja en señal de asombro. Vestía una camisa blanca la cual estaba sucia de tierra al igual que su cara. Sus pantalones tenían varios rotos en las rodillas y sus zapatillas eran viejas y gastadas–. Quítate de encima –le volvió a repetir. Kai se quitó de encima y observó cómo el niño tan pronto se puso de pie, empezó a trepar el árbol.

–¿Estás loco? Te vas a caer –para asombro de Kai, el niño subió hasta la copa del árbol con facilidad–. Bájate de ahí, es peligroso –le advirtió Kai mientras seguía con la mirada cada movimiento de ese niño. El chico no tuvo el más mínimo problema en coger lo que andaba buscando.

–¡Cuidado ahí abajo! –advirtió antes de dejar el objeto que tenía en las manos.

–¿Una pelota? –Preguntó al ver cómo una pelota botaba hacia los lados, nada más caer en el suelo– ¿Te has subido al árbol para coger una pelota? –volvió a preguntar un incrédulo bicolor.

–Siempre lo hago –comentó el niño como si nada mientras bajaba del árbol.

–¿Por eso has saltado el muro? ¿Por una pelota? –insistió.

–Sí –contestó el chico con una gran sonrisa, asegurándose de que sus pies iban tocando las ramas del árbol mientras descendía.

–Está sucia –observó Kai mirando la pelota que ya casi se detenía a su lado–. Y muy vieja –el chico saltó del árbol cayendo al suelo de pie. Se acercó hasta Kai y se agachó para coger la pelota. Después de eso, el chico se quedó mirando a Kai mientras se frotaba la nariz con el dedo índice–. Oye, eres muy raro –comentó Kai.

–Mira quién habla –contestó el otro mientras miraba a su alrededor buscando una salida.

–¿Por qué dices eso? –preguntó el chico de ojos color carmesí.

–¿Por qué lo dices tú? –preguntó el chico enarcando un ceja.

–Por cómo vas vestido. Tienes mal gusto. –Aseguró mientras lo miraba– ¿Por qué piensas que soy raro? –se le ocurrió preguntarle, viendo cómo el otro se miraba a sí mismo las ropas.

–Por esas marcas azules que tienes en la cara. Aunque si las miras bien, son bonitas –sonrió–. Por cierto, no es mal gusto, sino que no tengo más ropa que ésta. –Comentó simplemente el chico.

–Ah –contestó simplemente. ¿Acaso era eso posible?– ¿De verdad crees que son bonitas? –Preguntó Kai refiriéndose a sus marcas.

–Sí, me gustan mucho –aclaró extendiendo su mano para tocarla.

El bicolor se apartó al ver las manos tan sucias que el otro tenía. Notó cómo el otro lo miró confundido. No comprendiendo porqué había hecho eso–. Puedes tocarlas si te lavas las manos –le explicó el bicolor mientras lo miraba.

–¿Me dejarías de verdad? –preguntó el otro incrédulo.

–Sí, sígueme –le animó Kai. Unos pasos más adelante había una manguera.

El niño dejó el balón en el suelo. Se lavó ahí las manos y la cara– ¿Puedo tocarlas? –preguntó mirando a blanquecino de piel.

–Sí –contestó, viendo cómo las manos del otro aún estaban mojadas.

El chico no esperó más y comenzó a acariciar la mejilla de Kai–. Tienes una piel muy suave –comentó mientras sonreía.

–Tus manos también lo son. ¿Cómo te llamas?

–Es un secreto. ¿Y tú?

–Si tú no me lo dices, yo tampoco lo haré –contestó el chico de ojos color carmesí.

–Me voy –avisó el otro sin más, recogiendo el balón del suelo.

–Oye, ¿podrías venir mañana y jugar conmigo? Mi abuelo no me deja salir y no tengo amigos, ¿quieres ser mi amigo?

–Claro –contestó extendiéndole la mano –Amigos.

Kai le estrechó la mano–. Amigos. ¿Vendrás mañana? –volvió a preguntarle, ya que no estaba seguro a que le había dicho que si. Si a lo de ser amigos o a que si vendría mañana.

–Todos los días –contestó dándole la pelota a Kai mientras él trepaba de nuevo al árbol, llegando a la cima del muro de un pequeño salto–. Pásamela –pidió extendiendo los brazos. Kai no tardó en lanzársela hacia arriba, no muy fuerte para no tirar a su nuevo amigo.

Fin Flash Back

Kai puso su brazo sobre la cabeza. "Ojalá estuvieras vivo", pensaba mientras unas lágrimas caían de sus ojos.

&&&Kai&Takao&&&

Rei estaba a punto de llegar a casa. Realmente hoy había sido un día muy agitado para él. Estaba muy cansado y apenas tenía ganas de cenar. Pero sabía también que cuando viera a su niño, se sentiría animado. Subió las escaleras, metió la llave en la cerradura y pasó dentro, cerrando la puerta tras de sí.

–Takao, ya estoy aquí –avisó Rei esperando la contestación de Takao, la cual no recibió– ¿Takao? –preguntó al no obtener respuesta. Se acercó al comedor y lo que vio lo enterneció por completo. Su niño estaba en el sofá, dormido. Su flequillo le caía en la frente juguetonamente, mientras tenía una de las manos apontocada en su mejilla, dormido de lado, aunque no tenía las piernas sobre el sofá. Rei sonrió al verle en esa postura. ¿Cómo se había quedado dormido así? Rei cogió con mucho cuidado las piernas de Takao y las puso en el sofá con cuidado de no despertarlo. Acto seguido se arrodilló y le acarició la frente para quitarle el flequillo de ahí. No podía evitarlo, tenía que besarlo, tenía que probar esos labios ahora que estaba dormido. Fue acercándose lentamente a su boca. Con su mano le dio una pequeña caricia en la mejilla a la vez que se iba acercando más a él, ya estaba cerca de probarlos. Podía sentir perfectamente cómo su respiración chocaba contra la suya.

–¿Rei? ¿Eres tú? –preguntó abriendo los ojos mientras ponía atención, comprobando algún ruido.

Rei todavía sentía que el aliento de Takao chocaba con sus labios así que se alejó de él–. Sí, soy yo –contestó nada más ponerse de pie frente a él.

–Lo siento, me he quedado dormido –se disculpó sentándose en el sofá.

–No importa. ¿Has cenado ya?

–No. Prefería esperarte para cenar juntos –comentó restregándose uno de los ojos.

–Gracias por esperarme. Voy a calentar la comida y a poner la mesa.

–Vale, me muero de hambre –comentó mientras sonreía con algo de vergüenza.

–Sí, yo también –decía mientras se alejaba poco a poco de él e iba a la cocina. "Ésta vez he estado tan cerca. ¿Te besaré algún día, Takao? Dios mío. Te amo tanto que por ti haría cualquier cosa."

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Muajajaja, ya estoy de nuevo aquí. Me esperé un tiempo para subir mis demás fic con este. Vaya con Voltaire hace enfurecer a mi Kai. Maldito viejo, jajaja.

Gracias por sus review a:

Takaita Hiwatari: Me alegra que te gustara el capi anterior. Bueno en este capi ya has visto que tampoco ha habido beso. Pero tranquila que todo llega a su tiempo, jejeje. Siento hacerte sufrir de esa manera, pero te daré una pequeña pista... ya no falta tanto para que eso suceda. Takaita sólo me queda decirte felicidades por tus fics porque cada día están mejor.

Senshi Hisaki Raiden: Bueno Senshi, cómo ya has visto Rei casi se sale con la suya y besa a Takao. Te aviso de que acepté tu petición y voy a escribir un Rei/Takao. Aunque creo que tendrás que esperar bastante para que lo empiece a actualizar ya que tengo muchos otros fics que no están acabados y también un Yuriy/Takao que me pidió Quimera. Paciencia, todo llegará y yo te avisaré cuando lo haya actualizado. Te agradecería si me dieras tu opinión del capi.

Ari–Yuna: Hola Ari, ya sé que a los perros guías los dejan pasar a todos sitios, pero ese policía era idiota (confirmado). Te diré una cosa. Por petición de Senshi voy a escribir un Rei/Takao y ahí sí, no habrá Kai por ningún lado, jajaja. Así que ya lo sabes, te avisaré por si no te das cuenta. Pero tendrás que esperar bastante para la actualización.

Nataly: Bueno Nataly, como ya tendrás más que comprobado Kai y Rei están más que enamorados por Takao. Tu review creo que se cortó, ¿o no? Bueno no importa, por lo menos sé que te va gustando la historia. Eso me alegra.

Quimera: Quimera, únicamente tengo que decirte dos cosas: una, cómo tú has dicho no hay muchas parejas del Yuriy/Takao así que ya que me lo pides con tanta amabilidad acepto tu reto. ¿Qué te parece? Aún no he empezado a escribirlo porque estoy empezando con otro de Rei/Takao que me pidió Senshi y estoy por terminar uno de mis fic. "Entre la espada y la pared". Pero tranquila, que en cuanto actualice yo misma te enviaré un correo diciéndotelo. Dos, espero que este capi te haya gustado y que me des tu opinión.

Kailena Hiwatari: Me alegra mucho que te gusten mis actualizaciones y mi forma de escribir. Creo que no debo de enseñarte a escribir, en todo caso sería al revés, ya que tú me pareces una excelente escritora. Tus historias me gustan en especial "Una cita en Rusia". Espero que sigas mi historia y que no dejes de decirme lo que piensas, ¿vale?

Espero que no olvidéis comentar si leéis esta historia. Los recibiré con los brazos abiertos. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.