Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

Operación

Continuación...

Takao se fue con Rei al hospital. Hoy era el gran día. Desde la tarde anterior no había comido nada y estaba hambriento y muy nervioso. Rei veía cómo Takao estaba nervioso mientras estaban sentados en la sala de espera.

–Tranquilo, no te pongas nervioso. Todo va a salir muy bien, ya lo verás–. Intentaba tranquilizarle el pelinegro.

–Rei, no puedo evitarlo.

De unas de las puertas salió una enfermera con un papel en la mano–. Takao Kinomiya –le nombró.

–Soy yo –contestó poniéndose de pie, esperando a que alguien le guiara.

La chica se acercó a él–. Está bien –llevó la palma de su mano hasta la espalda del chico, mientras cogía una de sus manos para guiarlo. Vio que el pelinegro que lo acompañaba se puso de pie–. Lo siento joven, pero usted no puede pasar –advirtió amablemente.

–¿Qué? –preguntó Takao empezando a ponerse más nervioso.

–Tranquilo, Takao. –Le tranquilizó Rei mientras le daba un fuerte abrazo–. Intentaré salir antes del trabajo si me dan permiso, ¿de acuerdo? Ya verás, cuando estés en la habitación, yo estaré contigo, ¿de acuerdo?

–De acuerdo –contestó con una sonrisa, mientras con una mano correspondía el abrazo.

–Me llevo a Lucky para que no se pase el día solo mientras a ti te operan –le explicó cogiendo la correa de la mano de Takao.

–Está bien –contestó.

–Bien, vamos –le dijo la enfermera. Comenzó a caminar junto a él hasta la puerta, para llevarlo con el anestesista.

&&&Kai&Takao&&&

Kai estaba ayudando como siempre al médico que lo supervisaba en las prácticas, pero estaba muy inquieto.

–¿Qué te pasa, Kai? Te veo algo preocupado –comentó el médico, firmando unos documentos en su mesa.

–Es que hoy operan a un amigo. –Le explicó mientras metía unas hojas en distintas carpetas y las guardaba en un armario que estaba frente a la mesa.

–Te gustaría estar con él en estos momentos, ¿verdad? –le preguntó comprensivo.

–Bueno... sí, pero supongo que los del quirófano me echarían a patadas –comentó con una diminuta sonrisa–. Es que es su primera operación y seguro que estará nervioso. Lo ha estado durante toda la semana así que hoy estará peor.

–¿Te gustaría acompañarlo hasta el quirófano? –preguntó echando la última firma para mirarle.

–Claro, pero no puedo estar en dos sitios a la vez. –le contestó mirándole.

–Pues ve con él. –añadió, acomodándose en su asiento.

–¿En serio? –preguntó caminando hacia el asiento libre, para sentarse frente a él.

–Claro, yo te doy permiso. Seguro que estará con el anestesista. –Tecleó el ordenador. –¿Cómo se llama tu amigo? –preguntó.

–Takao Kinomiya.

–Aquí está. Segunda planta, sala cinco. Según su ficha médica, todavía no es la hora acordada de la operación. Faltan unos minutos, así que probablemente esté en la sala de espera, todavía.

Kai sonrió–. Enseguida vuelvo, muchas gracias –agradeció echando a correr para dirigirse al lugar dónde le había indicado el médico. Tocó la puerta y el anestesista abrió la puerta–. Perdón, está aquí. ¿Takao Kinomiya?

–Sí, acabamos de ponerle la anestesia y esperamos a que le haga efecto para poderlo meter en quirófano. –Contestó el anestesista.

–¿Puedo pasar a verle? Por favor.

–Claro chico. Tu tutor acaba de llamarme. Así que ya me ha explicado unas cuantas cosas –le decía, viendo cómo el bicolor entraba en la habitación.

Takao estaba tumbado en una camilla, esperando a que esa cosa que le habían puesto le hiciera efecto pero estaba tan nervioso que...

–Hola, Takao –le saludó Kai mientras le cogía de la mano con delicadeza.

–Kai –sonrió– ¿Qué haces aquí?

–He venido a verte –contestó, tomando asiento en un taburete que estaba al lado de la camilla, quedando a un lado del menor.

–Kai, tengo miedo. ¿Y si no me duermo y ellos no se dan cuenta? –preguntó apretando la mano de Kai.

–Tranquilo, han hecho millones de operaciones y saben cuando una persona duerme o cuando no.

–¿Estoy muy nervioso? –preguntó mordiéndose el labio inferior.

–Creo que es normal, pero tranquilo, toda va a salir bien. –aclaró mientras comenzaba a acariciarle la mejilla con la mano libre.

–Kai, ¿te quedarás conmigo hasta que me duerma? Por favor –le pidió.

–Claro, para eso he venido. Quería estar contigo antes de que te llevaran al quirófano. Y cuando despiertes, estaré contigo.

El anestesista se acercó a Kai por la espalda e interrumpió la conversación de ambos jóvenes–. Oye, chico. ¿Te importa quedarte con él un momento? Tengo que ir a por unos papeles al coche.

–No, no me importa. Me quedaré con él –contestó mirando al anestesista.

–Gracias, enseguida vuelvo –aclaró, mientras salía de la habitación dejando a Kai y a Takao solos.

–Kai, me está entrando sueño –confesó el menor.

–Duérmete, no te preocupes.

–¿Y si me duermo demasiado rápido y me despierto en mitad de la operación y...?

–Takao, tranquilo. Toda va a salir bien. Te lo prometo.

–¿Sabes? Tu voz me da mucha seguridad –decía mientras cerraba los ojos y sentía las caricias de Kai en la mejilla derecha. Kai notaba cómo la mano agarrada de Takao iba perdiendo fuerza.

–¿Y eso por qué? –preguntó curioso.

Sonrió–. No lo sé, pero me gusta. –Comentó de forma torpe por el sueño. Kai sentía cómo Takao ahora dejaba la mano muerta.

–Takao. –Le llamó, pero no recibió respuesta–. Takao. –le volvió a llamar para cerciorarse de que Takao no le había escuchado. Kai escuchaba cómo la respiración de Takao era tranquila. Le besó la mano y éste no reaccionó. Se acercó para contemplarlo de cerca. Miró sus labios acercándose más y más hasta casi rozarlos. Sin pensarlo más, le dio un tierno beso. Se alejó poco a poco para contemplar a Takao. Takao sonrió. Al parecer estaba soñando algo que le hacía feliz–. Todo saldrá bien –le susurró mientras le volvía a besar la mano y la mantenía agarrada.

–Ya estoy aquí –avisó el anestesista entrando en la habitación– ¿Sabes si se ha dormido ya? –preguntó el hombre observando cómo Kai le tenía la mano cogida a Takao.

–Sí. Prácticamente, ahora mismo. Le prometí que lo acompañaría hasta dónde me dejaran –avisó el bicolor.

–Bueno, está bien –sonrió el anestesista mientras cogía la camilla con Takao y salía de la habitación.

Y así lo hizo. Kai lo acompañó, sujetándolo de la mano hasta la entrada del quirófano. Después regresó a sus prácticas.

&&&Kai&Takao&&&

Cinco de la tarde…

–Oye, Kai. ¿Vas a quedarte aquí? –preguntó Lorena caminando con sus amigos por los pasillos del hospital.

–Sí. Iré a la sala de espera y me quedaré allí hasta que lo pasen a la habitación y despierte.

–Nosotros vamos contigo –dijo Randy.

–¿Estás preocupado? –le preguntó Lorena a Kai.

–Sí, lo estoy. –Contestó tomando un pasillo hacia la derecha, para buscar la sala.

–Pobre Kai –comentó ella–. No te preocupes, estaremos contigo hasta que despierte de la anestesia, ¿verdad Randy?

–Claro, cuenta con ello. También somos sus amigos y nos preocupamos por él. –Fue la respuesta del otro chico.

A las ocho de la tarde, Takao salió del quirófano. Lo llevaron a una habitación mientras que Kai y sus amigos lo siguieron. A las diez y media de la noche, Takao comenzó a moverse.

–Takao –le llamó Lorena.

–Mmm... –se quejó intentando reconocer la voz de esa persona mientras despertaba de la anestesia.

–A lo mejor sigue dormido –decía Kai cogiéndole la mano, sentado desde un taburete, mientras los otros dos permanecían de pie junto a la cama.

–Kai... ¿todavía no ha venido el anestesista? –preguntó pensando que seguía en la misma habitación de antes.

–Takao –le llamó la chica–. A las ocho de la tarde saliste del quirófano –le comentó ella.

–Lorena... Hola –le saludó al reconocer la voz.

–Hola –saludó ella mientras le daba un beso en la mejilla.

–¿Cómo te encuentras? –preguntó Randy.

–No sé. Me duele el brazo izquierdo y algo me aprieta detrás de la cabeza.

–Eso es porque te han vendado los ojos y lo del brazo es porque tienes puesto el suero – le explicó Kai.

–¿Cuánto tiempo lleváis aquí? –preguntó Takao desconcertado.

–En la habitación, sólo dos horas y media –contestó Lorena–. Pero en la sala de espera llevamos desde las cinco de la tarde.

–Lo siento, por haberos hecho esperar tanto. –se disculpó.

–Tranquilo, para eso están los amigos –contestó Randy.

–¿Dónde está Rei? –preguntó al no escuchar su voz.

–No lo sé. No le he visto en todo el día –comentó Kai. No le mentía, pero aun así, sentía que quizá el menor al escuchar esa respuesta se decepcionaría de que su otro amigo no estuviese ahí para él.

–¿Qué hora es? –preguntó el joven de cabellos azules.

–Son las once menos cuarto –contestó Randy mirando su reloj de muñeca.

–Tranquilo, seguro que viene enseguida –le animó el bicolor.

–Bueno Takao, yo ya tengo que irme –dijo Lorena–. Mañana vendré para visitarte.

Takao sonrió–. Vale –contestó.

–Yo me voy también, vendré a verte mañana –le avisó Randy.

–Está bien. Tened cuidado.

–Lo tendremos –respondió Lorena mientras le daba un beso en la mejilla–. Buenas noches a los dos –se despidió dándole otro beso a Kai en la mejilla. Randy se quedó esperando el suyo, pero no lo recibió. Salieron de la habitación y se marcharon al aparcamiento.

Ahora solos de nuevo, Takao se atrevió a contarle algo a Kai–. Oye, Kai.

–¿Qué?

–He tenido un sueño.

–¿Qué has soñado? –preguntó tranquilamente.

–La verdad es que no me acuerdo mucho, pero recuerdo que todo estaba oscuro y vi una luz. Me acerqué a ella y la toqué. Al tocarla se convirtió en una figura, como si fuera la de una persona. No recuerdo lo que me decía, pero me tranquilizaba mucho su voz.

–¿Y qué pasó?

–Creo que me llamaba y me decía algo, pero como no lograba oírle se acercó a mí y sentí algo cálido en mis labios. Es un sueño muy raro, pero lo más raro es que me gustó cuando sentí esa calidez. No sé, parecía tan real y me hizo sentir bien. Aunque no sé qué significa. ¿Tú qué crees?

–No lo sé –le contestó sonrojándose al recordar ese beso. Ya que probablemente ese sueño raro, se había creado en el momento en el que Kai le intentaba tranquilizar y le besó.

La puerta se abrió dando paso al pelinegro, el cual se detuvo unos segundos para ver la escena. Takao en la cama y el bicolor, sentando en un taburete a su lado–. Takao –le llamó acercándose hasta la cama.

–Hola, Rei –sonrió al escuchar la voz de su amigo.

–Hola. ¿Cómo te encuentras? –preguntó preocupado.

–No sé, supongo que bien. Aunque me duele el brazo y los ojos un poco. Kai ya me ha explicado porqué me duele el brazo –sonrió– ¿Cómo está Lucky?

–Está bien –le contestó cogiéndole de la mano–. Le he echado comida y agua antes de venir aquí –se fijó en que el bicolor tenía cogida la otra mano del joven de cabellos azules y se le quedó mirando de forma recelosa.

–Oye, Kai. ¿Cuánto tiempo crees que tendré que quedarme aquí? –preguntó Takao.

–Pues hasta que te recuperes y no sientas mareos y puedas empezar a comer.

–Oye, Takao. ¿Te importa presentarnos? –comentó Rei mientras no apartaba la vista del bicolor.

–Ups, lo siento. Rei éste es Kai, Kai éste es Rei.

–Hola –saludó Kai con la cabeza, por la forma en que el pelinegro le miraba, dudaba que le quisiera si quiera estrechar la mano.

–Hola –contestó el otro mientras le mandaba una mirada amenazante.

Tras ese saludo, Kai prefirió seguir hablando con Takao–. De todas formas el médico vendrá mañana para ver cómo está todo y ya te contará todos los detalles. Es importante que no abras los ojos hasta mañana. ¿Lo intentarás? –siguió explicándole, mientras le miraba.

–Claro –sonrió–. Haré lo que pueda. Gracias por todo.

–No me las des –sonrió.

–Cof, cof –tosió el chico de ojos color miel para llamar la atención del bicolor la cuál consiguió–. Kai, ¿puedes venir conmigo un momento? –preguntó soltando la mano de Takao.

–Claro –contestó soltando la mano de Takao mientras se ponía de pie.

–Enseguida volvemos –aclaró Rei al menor.

–Vale –sonrió Takao.

Ambos salieron de la habitación cerrando la puerta tras ellos, para meterse en una sala que estaba vacía.

–Tú dirás –dijo Kai cruzándose de brazos.

–No quiero que lo mires así –le aclaró.

–¿Así cómo? –preguntó confundido.

–No te hagas el tonto, Kai.

Reflexionó unos segundos sobre lo que sucedía ahí–. Ah, espera ¿quieres decir de la misma forma que tú lo miras?

–Sí. Como yo lo miro. Iré al grano, no te quiero cerca de él, así que aléjate.

–Vale. Mi respuesta es no. ¿Te parece claro a ti? –preguntó tajante.

–No me gustas, Kai –siseó.

–¿Y qué te hace pensar que tú a mi me caes genial?

–Márchate –le pidió señalándole la puerta con el dedo índice.

–Esto es un hospital y por si se te ha olvidado, trabajo aquí. Dime. ¿Qué es lo que te molesta? ¿Qué sea su amigo?

–Sí y mucho –concretó frunciendo el ceño.

–Pues no pienso dejar de serlo sólo porque tú me lo dices. Que te quede muy claro. Takao es mi amigo.

–También es el mío y no le convienes. –sentenció.

–¿Acaso me conoces? Porque yo podría decir lo mismo de ti.

Silenció unos segundos, antes de meterse las manos en los bolsillos de la chaqueta que llevaba puesta– ¿Desde cuándo?

–¿Desde cuándo qué?

–¿Desde cuándo sois amigos?

–No te importa.

–Claro que me importa. Me importa mucho porque no creo que sólo lo consideres como tu amigo.

–Mira quien fue a hablar –comentó desviando la mirada unos segundos.

–Tú ni siquiera lo conoces y estoy seguro de que le harás daño.

–Claro, seguro que tú eres un santo.

Cerró los ojos, al igual que los puños para intentar serenarse de alguna forma. –Mira, estás acabando con mi paciencia. Lárgate –pidió.

–Lárgate tú –le ordenó.

–Si vuelvo a ver que le pones una mano encima, te juro que te arrepentirás –le dijo, señalándole con el dedo índice.

–¿Es una amenaza? Porque si es así, no me importa. Voy a seguir estando con él y no lo pienso dejar solo y menos ahora que es cuando más me necesita.

–¿Qué te necesita? ¡Ja! Al único que necesita a su lado es a mí.

–Pregúntaselo entonces.

–¿Qué? No hace falta, yo sé su respuesta y sé que sólo me necesita a mí.

–No eres su único amigo si eso es lo que pretendes. Y tienes miedo de que no seas el único para él, ya que lamentablemente no lo eres. –Comentó el bicolor. Dicho esto, empezó a caminar hacia la habitación en la que se encontraba Takao.

–Un momento, no hemos terminado de hablar –decía persiguiéndolo intentando contener su rabia pero sin levantar la voz ya que Takao podría escucharle.

–Como si fuéramos a terminar algún día –contestó segundos antes de entrar en la habitación–. Ya estamos aquí, Takao –le avisó Kai sentándose a su lado.

–Qué bien, porque me sentía algo solo sin los dos.

–¿Sin los dos? –preguntó Rei entrando a la habitación.

–Sí –sonrió. –Los hospitales no sé que tienen, pero no me gustan. Pero si estoy con mis amigos, esa sensación se me olvida.

–Takao –le nombró Kai llamando la atención del joven de cabellos azules–. Ya es tarde y será mejor que me vaya para dejarte descansar.

–¿Te vas ya? –preguntó un poco desilusionado.

–Sí, además mañana tengo que trabajar. Pero tranquilo, mañana vendré con los chicos, ¿de acuerdo?

–De acuerdo –contestó.

–Además, no estás solo. Rei se queda contigo. Buenas noches. –le despidió poniéndose en pie.

–Buenas noches. –respondió con una sonrisa.

Cuando la vista de Rei y de Kai se cruzó, desviaron la mirada hacia otro lado. Simplemente Kai miró a Takao antes de irse para después salir por la puerta.

Rei le cogió de la mano y se sentó en el mismo asiento en el que Kai había estado minutos antes–. Tranquilo Takao, descansa.

–Gracias Rei por quedarte conmigo.

–No me lo agradezcas y descansa –le pidió.

–¿Y tú?

–Tranquilo, yo dormiré en un sillón que hay aquí. Pero yo dormiré cuando tú lo hagas.

–¿Seguro? No me gustaría que pasases la noche despierto y que por mi culpa mañana en el trabajo estés cansado. –Sonrió.

–Jajaja... te prometo que me dormiré, cuando tú lo hayas hecho.

–Está bien, entonces buenas noches.

–Buenas noches –le despidió, quedándose junto a la cama. Hasta que no escuchase respirar al joven de cabellos azules con profundidad y tranquilidad, no se movería de su lado.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente, Takao despertó temprano. Rei y él hablaron acerca de cómo habían pasado la noche cada uno.

En la habitación había un cuarto de baño en el que Rei estaba metido. Dos camas, un teléfono, tres mesitas, dos sillones y una ventana que iluminaba toda la habitación.

–Takao –le llamó Lorena en tono cantarín entrando en la habitación seguida por los chicos con un ramo de flores.

–Hola, Lorena –sonrió al escuchar la voz de su amiga.

–¿Cómo te encuentras? –preguntó Randy.

–Me duelen los ojos un poco.

–¿Cómo has pasado la noche? –preguntó Kai.

–Bien, gracias –contestó.

–Te hemos traído una cosita que esperamos que te guste –decía Lorena mientras le daba un beso en la mejilla.

–Flores –contestó Takao emocionado.

–¿Cómo lo has sa...? –iba a preguntar Randy cuando fue interrumpido por el joven de cabellos azules.

–Por el olor –contestó– ¿Son margaritas?

–Sí –contestó Randy dándole el ramo en las manos para que las oliera.

–Chicos, ¿de qué color son? –preguntó, empezándolas a oler de más cerca.

–Son blancas –contestó Kai.

–Muchas gracias, me gustan las flores. ¿Podríais echarlas en agua? –pidió el joven de cabellos azules.

–Claro que sí –contestó la chica mientras cogía un pequeño jarrón que había en la habitación para llenarlo de agua.

Rei que hasta ahora había estado metido en el baño, se preguntaba con quien hablaba el joven de cabellos azules–. Takao. ¿Con quién hablas? –preguntó, al tiempo que veía a unos desconocidos en la habitación.

–Con mis amigos –contestó sonriente–. Me han traído flores. Rei, estos son Randy y Lorena. Chicos este es mi mejor amigo, Rei. A Kai ya lo conoces.

–Encantado –comentó estrechando la mano de los dos.

–Encantado/a –dijeron cada uno en su caso.

–Oye, Takao –le llamó el bicolor para captar su atención– ¿Adivina qué?

–No sé.

–Dentro de media hora vendré con el médico.

–¿De verdad? Jajaja, qué bien.

–Sí, nosotros no podremos venir hasta las cinco, pero le preguntaremos a Kai por ti, ¿vale? –le hizo saber Lorena.

–Vale –respondió el joven de cabellos azules.

–Tenemos que irnos ya. O los médicos se enfadaran si llegamos tarde –comentó Randy.

–Tranquilos, lo entiendo. Además no me quedo solo, Rei estará conmigo.

–Bueno, hasta luego –se despidió Lorena mientras se acercaba a Takao y le daba un beso en la mejilla–. Pórtate bien.

–Sí, mamá –contestó con una gran sonrisa.

–Hasta luego amigo –continuó Randy dándole un pequeño apretón en la mano.

–Hasta dentro de media hora –decía Kai mientras imitaba el gesto de Randy pero eso a Rei le molestó mucho.

–Tranquilos –comentó Rei mientras le cogía de la mano–. Yo le cuidaré –agregó mientras miraba a Kai fijamente esperando a que se fuera.

Los tres caminaron hacia la puerta y salieron de la habitación, cerrando uno de ellos la puerta tras de sí. Empezaron a caminar todo recto por el pasillo.

–Vaya Kai, no exagerabas, Rei es muy... muy... –la chica intentaba encontrar la palabra adecuada para terminar la frase.

–¿Celoso? –preguntó Kai.

–Sí. O por lo menos lo aparenta muy bien.

–Lo es, sólo lo quiere para él. Pero conmigo se equivoca. Takao es el único que me podría alejar de su lado y nadie más.

–Lorena –le llamó Randy.

–¿Qué? –contestó ella.

–¿Puedo hablar contigo después de las prácticas? No tardaremos mucho.

–Claro –respondió.

–Bien, te esperaré en la cafetería.

–De acuerdo. –contestó como si nada.

Kai se quedó mirando a su amigo. Ahora que lo pensaba, Randy siempre hacía el payaso, pero últimamente estaba muy serio. Algo le ocurría y al parecer estaba relacionado con Lorena. Ya le preguntaría acerca de sus dudas cuando estuvieran un rato a solas. Por el momento debían darse prisa o llegarían todos tarde a sus prácticas y eso no era nada bueno.

&&&Kai&Takao&&&

Pasó media hora y Kai llegó a la habitación con el médico.

–Hola, Takao. ¿Cómo te encuentras? –preguntó el médico.

–Bien, señor –respondió.

–¿Estás mareado? –preguntó poniéndose a un lado de él.

–No –respondió girando un poco la cabeza hacia un lado. Como intentando seguir la voz de alguna forma.

–¿Tienes algún tipo de molestia?

–Bueno, me duelen un poco los ojos, pero supongo que es normal.

–Kai, quítale la venda. Vamos a echarle un vistazo –pidió el médico.

–De acuerdo –dicho esto, el bicolor se puso a un lado de la cama. Comenzó a quitarle la venda con cuidado de no pegarle un pequeño tirón de algún cabello. Cuando se la quitó, dejó la venda encima de la mesita. Se dio cuenta de que Rei estaba muy pendiente de sus movimientos. Siguió con su tarea restándole importancia a ese detalle. Le quitó dos pequeñas gasas que tenía sobre los párpados para impedir que Takao abriese los ojos–. Takao, puedes abrir los ojos –le informó mientras se apartaba hacia un lado para que el médico le mirase.

–Takao, dime si notas algo, ¿de acuerdo? –preguntó el médico.

–De acuerdo –contestó.

El médico sacó una pequeña linterna en forma de bolígrafo del bolsillo de su bata. Apretó el botón y le alumbró en uno de los ojos– ¿Notas algo?

–No.

El médico le alumbró al otro ojo– ¿Y ahora?

–No.

–Kai, quiero que veas esto –le llamó el médico y Kai no tardó en acercarse más. Después de ver lo que el médico quería que viese, sonrió.

–Bueno Takao, tenemos una noticia buena y otra mala. ¿Cuál quieres escuchar primero? –preguntó el hombre.

–¡Ay, Dios! –exclamó nervioso.

–Tranquilo. No es tan mala –aclaró Kai para tranquilizarlo.

–Primero la mala –se atrevió a decir el joven de cabellos azules.

–La mala noticia es que tendrás que quedarte dos días más aquí en el hospital. Kai puedes volver a ponerle la venda y las gasas. –Explicaba el médico.

–Vale –respondió, cogiendo entonces las gasas. –Takao, cierra los ojos y dame tus manos. –Takao extendió sus manos hacia delante. Kai cogió una de sus manos y se las puso sobre la gasa que él acababa de poner encima del párpado–. Sujétatela aquí, no te aprietes, ¿vale?

–Vale –respondió.

Kai puso la gasa sobre el otro párpado, cogió la mano de Takao e hizo lo mismo de antes–. Voy a ponerte la venda –avisó mientras cogía una limpia para empezar en enrollarse alrededor con cuidado de no apretarle, ni de liarle las manos–. Ya puedes quitar tus manos. –Takao de inmediato lo hizo– ¿Te aprieta? –preguntó, dando una vuelta más.

–No, está bien. ¿Cuál es la buena noticia?

–Que tus pupilas empiezan a reaccionar a la luz.

–¿Qué luz? Yo no visto nada.

–Es normal, es la primera operación de cinco. Poco a poco con las operaciones irás notando cómo al cerrar los ojos verás un poco de claridad e irás distinguiendo formas y sombras también. –Le explicó el médico.

–¿Cuándo será la próxima operación? –preguntó Rei que hasta ahora había estado callado.

El médico ahora miró a Rei–. Eso no lo sé con certeza, sólo puedo decirte que depende de la recuperación que tengan sus ojos. Suele ser en un mes o quizás antes. –Le contestó al pelinegro, guardándose el artefacto de nuevo en su bolsillo.

–Entiendo –contestó Rei.

–Doctor –le nombró Takao.

–¿Qué? –preguntó.

–¿Pueden quitarme el suero? Es que me duele mucho el brazo. –Se quejó.

–Todavía no, Takao. Pero ésta noche puede que lo hagamos.

–Vale –sonrió.

–Bueno Takao, vendré mañana para ver cómo estás, ¿de acuerdo?

–De acuerdo, gracias señor.

–De nada, adiós –se despidió con una sonrisa.

–Adiós –contestó el joven de cabellos azules.

–Vamos, Kai –dijo el médico, al ver cómo el bicolor se quedaba mirando a Takao.

–Ya voy –le contestó al médico–. Adiós Takao, te veo después –agregó con una sonrisa.

–Vale, adiós –sonrió.

–Adiós –volvió a repetir Kai, yéndose tras el médico, cerrando la puerta tras de sí.

Cuando Takao escuchó que la puerta se cerraba al escuchar un pequeño golpe, decidió hablarle a su amigo–. Rei –lo llamó efusivo.

–Dime –contestó acercándose a él y cogiéndolo de la mano.

–¿Lo has oído? Mis pupilas reaccionan, aunque no sé muy bien lo que quiere decir, pero es una buena noticia, ¿verdad? –preguntó sonriendo.

–Sí que lo es, Takao –sonrió para después silenciar unos segundos–. Por cierto, Takao.

–¿Qué?

–¿Desde cuándo Kai es tu amigo?

–Pues... lo conocimos el día que me dijeron que me podía operar. El médico también es mi amigo.

–Ya –contestó no creyéndole– ¿Y a Lorena y a Randy? –preguntó sentándose a un lado de la cama.

–Ah, ellos son amigos de Kai. Son todos muy buenos conmigo.

–Takao, siempre voy a todos lados contigo y nunca nos hemos separado. ¿Verdad?

–Verdad –contestó con firmeza aunque sospechaba que Rei descubriría la verdad en unos momentos.

–¿En qué momento los has conocido a los tres si yo he estado todo el tiempo contigo?

–Yo... –silenció unos segundos, no sabía que excusa ponerle, después de todo si se detenía a pensar unos segundos, Rei tenía razón.

–Has salido. ¿Verdad? –le preguntó al ver que era la única opción que quedaba.

–Sí –contestó al saber que ya no podría seguir ocultándole la verdad por más tiempo.

–¿Cuándo? –exigió saber.

–El día que estabas buscando trabajo. Rei, no te dije nada porque sé que te molesta que salga solo por ahí. Lo siento mucho, de verdad. Es que estaba solo y aburrido en el piso. –Takao sintió cómo Rei le soltó la mano.

–Takao, sabes perfectamente que no me gusta que salgas solo y menos si es un sitio que no conoces. ¿Y si algo malo te hubiera pasado? –preguntó el pelinegro preocupado.

–Rei, tengo a Lucky para que me guíe.

–Sí, pero Lucky no puede ayudarte si te atracan o si tienes un accidente.

–Sabes que me lleva por los sitios más seguros.

–Sí, pero no hace milagros, Takao. –le intentaba hacer ver.

–Perdóname. Ya no recordaba que mi sitio es estar encerrado en un piso –contestó el joven de cabellos azules con tristeza y resignación.

–Yo... tampoco he dicho eso –estaba enfadado por su comportamiento, pero tampoco le gustaría ver a Takao encerrado de por vida como un canario en su jaula.

–¿Tan malo es dar un paseo para intentar hacer mi vida como otra persona? –le preguntó sintiéndose frustrado.

–No es malo, Takao. Es sólo que me preocupa que algo te pase y yo no esté a tu lado para protegerte.

–Rei, los chicos me protegen –le avisó mientras buscaba la mano de Rei sobre la cama, encontrándose con sus dedos. Ascendió desde la mano hasta el brazo, para después llegar al hombro. Siguió subiendo por el cuello hasta la mejilla–. Son mis amigos y noto cómo se preocupan por mí al igual que lo haces tú. Son importantes para mí al igual que lo eres tú. Rei, estoy muy contento de tenerlos como mis amigos porque hasta ahora tú eras mi único amigo. Nunca había hecho amigos al llegar a una ciudad desconocida para mí, entre otras cosas porque nuestros viajes han sido relámpagos y supongo que me ilusioné porque querían saber cómo soy y conocerme. –Suspiró–. Si quieres, les diré que no puedo salir del piso. Siento haberte mentido, sólo quería ahorrarte el disgusto, pero la mentira siempre sale a la luz. ¿Podrás perdonarme? –preguntó dándole una pequeña caricia en la mejilla.

Rei lo miró fijamente y sus ojos se llenaron de ternura al escuchar esas palabras. Después de todo, realmente el joven de cabellos azules estaba arrepentido de haberle mentido así–. Ven aquí –dijo mientras lo abrazaba–. Perdóname tú a mí. Es sólo que si te pasara algo no me lo perdonaría jamás, ¿lo entiendes?

–Sí –contestó correspondiéndole el abrazo.

–No sé qué haría sin ti, Takao.

Continuará…

&&&Kai&Takao&&&

Muajajaja... aquí estoy de nuevo. Espero que os haya gustado el capi de hoy. Muchas gracias a todos por seguir leyendo esta historia. Intentaré subir más seguido.

Gracias por sus reviews a:

Takaita Hiwatari: Bueno Takaita, tu momento ha llegado. Takao ha recibido su primer beso, aunque él no estuviera en sus cinco sentidos (me refiero despierto) ya ves que ha sido la operación y Kai no lo ha dejado solo en casi ningún momento. Si se fue por la noche es porque Rei se iba a quedar a cuidarlo y no quería discutir con él. Ya verás cuando se entere de que Kai le ha dado su primer beso a Takao, jajaja. Por cierto, si habrá más Flash Back pero no sé cuántos. Espero que te haya gustado el capi. Nos leemos.

Nataly: Hola Nataly, la verdad es que a Kai le ha dado muy fuerte con Takao pero es normal. Creo que el FFNet ha vuelto a dejarte con el review sin terminar. Me alegra mucho que te guste la historia. No pares de decir lo que piensas.

Nancy–Hiwatari–17: Ya se ha dignado a darle un besito. Con Takao dormido de esa manera, no podría notarlo. Pero él está tan feliz porque ha conseguido darle un beso.

Quimera: Me alegra que te guste la actualización. Rei lo va a pasar un poco mal pero también se llevará su momento de gloria. Intentaré no hacerlo sufrir mucho...jejeje. Me alegra que te gustase el principio de mi historia "Zafiro".

Senshi Hisaki Raiden: Gracias por tu review, la verdad no es que tenga mucho tiempo pero me quitan Internet en diciembre y ya que me pidieron escribir esas historias pues lo estoy haciendo. Sólo espero que de verdad os guste a ti y a los que lo lean porque me está costando mucho trabajo hacerlos. Bueno a Kai si que le ha dado muy fuerte y bueno, ya ves que Rei no lo piensa alejar de su lado así como así.

Águila Fanel: Me alegra que te guste mi historia. No puedo decirte nada sobre lo que me escribiste, porque si no te desvelaría más de una cosa y la verdad es que es muy pronto para hacerlo.

Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.