Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

Celos

Continuación...

Como lo prometieron, los chicos fueron a ver a Takao cada tarde, hasta el mismo día en el que le iban a dar el alta.

–Bueno, chicos –dijo Takao cogiendo la correa del perro–. Ya tengo que irme, espero volver a escucharos pronto. –Les decía junto a la puerta de la habitación.

–Claro que sí –dijo Lorena dándole un abrazo–. Además, tienes que volver a venir dentro de unos días, así que te esperaremos, ¿vale?

Sonrió–. Vale. –respondió.

–Cuídate, Takao –decía Randy.

–Lo haré, jajaja o al menos lo intentaré.

–Takao, si puedes salir para dar una vuelta, ya sabes lo que tienes que hacer para avisarnos –le recordó el bicolor.

–Tranquilo, lo haré.

Rei entró a la habitación ya que había ido a hablar con el médico para ver qué día tenían que volver.

–Ya estoy aquí, Takao –le avisó para llamar su atención.

–Vale, hasta pronto chicos –les despidió con una gran sonrisa–. Vamos Lucky, sigue a Rei. –El perro comenzó a andar mientras iba detrás de Rei.

El pelinegro hizo una breve pausa delante de Randy y Lorena–Adiós chicos y gracias por cuidar de Takao –se despidió de ellos mientras los miraba.

–No ha sido nada –comentó Lorena.

–También es nuestro amigo y lo queremos mucho –decía Randy.

–Bueno, adiós –se despidió hablando con ellos dos, pasando totalmente de la presencia de Kai–. Vamos, Takao –le avisó.

–Claro, adiós a todos –se volvió a despedir el joven de cabellos azules, comenzando a andar.

–Adiós –fue la contestación unísona de todos.

Rei y Takao salieron de la habitación. Kai se quedó mirando la puerta por donde habían salido.

"Todavía no te habías ido y ya te echaba de menos", pensó Kai.

–¿Piensas quedarte mirando la puerta mucho tiempo? –preguntó Lorena.

–No –respondió el bicolor saliendo de sus pensamientos.

–Lorena –le llamó Randy–. Necesito hablar contigo. El otro día no lo hicimos porque tu madre se iba de viaje. –Le recordó.

–¿Tiene que ser ahora? ¿No puedes esperar, Randy? –le preguntó enarcando una ceja.

–No, es importante –respondió un poco serio.

–Yo me voy, si queréis podéis hablar en esta habitación –explicó Kai, mirando a su alrededor–. Total, está vacía y nadie os molestará. Os espero en la cafetería. –les hizo saber mientras salía de ésta, cerrando la puerta.

–Vale, te escucho –le informó la chica cruzándose de brazos.

–Lorena. ¿Por qué te comportas así conmigo?

–No te entiendo.

–A Kai y a Takao les dices cuanto les quieres, les abrazas, les das besos. Pero a mí no. ¿Por qué? ¿He hecho algo que te molestase?

–No –respondió restándole importancia al asunto– ¿Es que estás celoso? –preguntó dándose la vuelta mientras sonreía y comenzaba a tocar una pequeña medalla que le regaló su madre.

–Sí, lo estoy, para que te lo voy a negar. ¿Es que no me consideras tu amigo?

–Más o menos –respondió sin mirarle.

–¿Más o menos? ¿Eso qué quiere decir? Mira, sé que la mayoría del tiempo parezco idiota, porque crees que no entiendo la mayoría de las cosas. Puede que sea un poco lento para entender algunas cosas. –Reconoció–. Pero para otras, soy muy rápido –finalizó cruzándose de brazos, mirando al suelo con un poco de tristeza.

Lorena se dio la vuelta y lo miró–. Es que no sé si puedo considerarte como mi amigo por más tiempo.

–Pues si no quieres ser mi amiga, sólo tenías que habérmelo dicho antes. ¿Tanto te avergüenzas de mí? Porque no tenía ni idea. –agregó simplemente.

–Randy, no lo entiendes. Me estás malinterpretando –decía acercándose a él mientras le ponía ambas manos en las mejillas y hacia que la mirase mientras ella sonreía.

–¿Qué te hace tan feliz? –preguntó el chico al ver la sonrisa de la chica.

–Que estés celoso por mí –concretó.

–Eso da igual –contestó él, intentando desviar la mirada hacia otro lado.

–¿Sabes? Es justo lo que quería –decía feliz.

–¿Qué? –preguntó volviéndola a mirar.

–Randy, me gustaría que me consideraras como algo más que tu amiga –confesó, dándole un beso en los labios que fue correspondido tan pronto como el chico reaccionó–. Siento el mal rato que te he hecho pasar. ¿Me perdonas? –preguntó algo preocupada.

–Sólo si me das otro beso –le pidió, atreviéndose a cogerla de la cintura.

–Eso está hecho –contestó acortando la distancia entre ellos, dándose de nuevo otro beso.

&&&Kai&Takao&&&

Kai estaba sentado en una de las mesas de la cafetería, esperando a sus amigos.

"¿Por qué tardarán tanto? Parece que deben de estar hablando de algo importante. Y pensar que si no fuese por ese estúpido de Rei podría estar ahora mismo con Takao. Sentí la gloria cuando besé sus labios. Hubiera sido tan feliz si hubiese estado despierto y me hubiese correspondido. Espero tener algún día la suficiente fuerza para decirle todo lo que siento por él, antes de que se me adelante ese idiota de Rei. Odio cuando me mira de esa manera, es como si quisiera matarme con sus propias manos y lo que me dijo no me hace pensar otra cosa. Será tonto. Si piensa que me va a asustar está muy equivocado. Voy a luchar por el amor de Takao hasta el final. Y si él decide no tenerme a su lado, intentaré seguir siendo su amigo si él me deja. Todavía no tengo nada con él y ya pienso que lo tengo. Estoy tan celoso de que viva con Rei. Como me gustaría estar en su puesto para seguir viéndole. Sólo con verlo ya me conformo. Con saber que está bien. Es tan dulce y tan inocente. Nunca he conocido a nadie como Takao. Me llena la vida de felicidad con sólo mirarlo a los ojos. Me haría tan feliz que volviera a ver algún día… así estoy seguro de que esos ojos brillarían por ver de nuevo las cosas que les ha sido arrebatadas por ese accidente. Habiendo miles de millones de personas malas en este mundo, tuvo que tener él esa mala suerte. Disfrutaba tanto cuando acarició los animales de Kyouju y cuando subió las escaleras mecánicas del centro comercial que parecía un niño pequeño que no sabe nada acerca de la vida. Pero en realidad es un precioso ángel con una sonrisa perfecta que por desgracia ha sufrido mucho."

&&&Kai&Takao&&&

–Qué bien, ya estoy en casa –anunció el menor con poco entusiasmo en su voz mientras se sentaba en el sofá.

–No pareces muy contento –observó Rei.

–Es que si estoy aquí no puedo escuchar a mis amigos y eso me pone un poco triste. –Aclaró, acariciando la cabeza del perro.

–Sí, pero me tienes a mí –sonrió.

–Tienes razón, lo que pasa es que nos conocemos desde niños y sé todos tus secretos y tú sabes los míos. Y me gustaría compartir esas cosas con más gente.

–Entiendo. Oye, son buena gente –se refirió a Lorena y Randy, mientras se sentaba a su lado.

–Sí que lo son y son muy divertidos. Lorena es muy cariñosa, Randy es una persona confiable y Kai me lleva a conocer sitios nuevos.

–Kai –le nombró apretando los puños y desviando la mirada hacia el suelo.

–Sí, Kai –volvió a nombrarle sonriendo.

–¿Has ido a conocer sitios con él solo? –preguntó interesado.

–Sí, porque los chicos normalmente tienen cosas que hacer y no pueden salir con nosotros.

–Seguro –contestó no creyéndoselo.

–¿Sabes? El otro día cogí un pequeño conejito en mis manos –le contaba lleno de ilusión, indicándole al pelinegro el tamaño del animal con sus manos–. Jajaja, era peludito y también le di el biberón a una pequeña cabrita que el amigo de Kai tiene. Lo acaricié, tenía el cabello muy corto y suave. El mío era de color blanco. Jajaja comía con mucha prisa. Y no te lo vas a creer.

–¿Qué?

–Toqué a un caballo y le di de comer. Me dejó las manos llenas de babas. Tuve que ir al río y lavármelas allí. Kai decía que el agua era muy limpia y cristalina.

–Takao –dijo llamándole la atención.

–¿Qué? –preguntó con una sonrisa.

–¿Te diviertes mucho con Kai? –se atrevió a preguntarle, aunque por la cara de felicidad que reflejaba el joven de cabellos azules debía de ser así.

–Sí –sonrió–. Me lleva a muchos sitios diferentes. –Le contestó, echándose después a reír–. Jajaja.

–¿De qué te ríes?

–Deberías de haber estado allí cuando el caballo me dejó la mano llena de babas. Kai y yo nos reímos un montón. –Rei estaba muy pendiente de Takao, escuchando lo que le contaba hasta que escuchó el nombre de Kai. Ese nombre le hacía enfadarse. Estaba celoso de Kai. Había pasado todos esos días con Takao sin que él se hubiera dado cuenta. No podía retener a Takao sin salir de ahí, pero tampoco quería que el bicolor se adelantase y se declarase antes que él. Y menos que intentara besarlo. ¡Eso si que no! Antes le daría un puñetazo para defender lo que es suyo– ¿Qué me dices Rei?

–¿Eh? –preguntó el chico de ojos color miel saliendo de sus pensamientos.

–No me escuchabas –decía desanimado.

–No es eso, es que me he distraído un poco. Eso es todo. ¿Qué me decías?

–Que voy a decirle a mis amigos dónde vivo para que vengan a buscarme y así no andar solo por la calle. ¿Te parece bien?

–Claro que sí –contestó inconscientemente.

–El próximo día que vaya al hospital se lo diré a todos.

–¿A todos?

–Claro. Estaría mal que se lo dijera sólo a uno de ellos.

–Ah, es verdad. ¿Por qué no vienes conmigo a la cocina mientras preparo algo de comer y la cena para esta noche? Así podremos seguir hablando. –Le dijo poniéndose en pie.

–Vale –contestó el menor poniéndose de pie, mientras se dirigía despacio a la cocina con cuidado de no pillar ningún obstáculo mientras apoyaba una de sus manos a la pared y se guiaba con el tacto hacia la cocina.

&&&Kai&Takao&&&

Mientras tanto en el hospital...

Kai aún seguía esperando a sus amigos en la cafetería con los brazos cruzados.

–¿Por qué tardaran tanto? –se preguntó a sí mismo en voz alta.

–No hables solo o la gente pensará que estás loco –agregó Lorena pasando por detrás de él para coger una silla y sentarse a su lado. La chica tenía una sonrisa imborrable en la cara.

–Menos mal –se quejó Kai al ver como sus amigos, tomaban asiento junto a él.

–Oye, no hemos tardado tanto –contestó Randy con una sonrisa.

–¿Por qué estáis tan sonrientes? –preguntó desconcertado–. Ah, ya. Os habéis declarado el uno al otro –finalizó de lo más tranquilo viendo cómo los dos se quedaban paralizados.

–¿Pero cómo...? –iba a preguntar Lorena pero no le dio tiempo a finalizar la frase.

–Se os notaba a leguas a los dos y sobre todo a ti, Randy –sonrió–. Enhorabuena parejita.

–Gracias –contestó Randy, cogiendo de la mano a Lorena.

–Y nosotros que queríamos darte una sorpresa. Desde luego, eres especial –finalizó Lorena.

–Gracias por el cumplido. ¿Nos vamos ya? –preguntó el bicolor sonriendo.

–Claro –contestó Randy.

&&&Kai&Takao&&&

Cuando Kai llegó a su casa, puso el contestador para ver los mensajes que tenía.

–Hola, soy Kai, deja tu mensaje después de la señal –decía la grabadora tras un largo pitido.

–Kai me gustaría que esta noche vinieras a cenar aquí a la mansión. Te prometo no tocar ningún tema que no quieras. Sólo quiero saber cómo te las apañas tú solo. Te esperaré aquí. –silenció unos segundos para después continuar–. Si no vienes irán a buscarte –finalizó la voz de Voltaire para luego escucharse un pitido, dando a entender con eso que el mensaje había terminado.

–No podía seguir siendo amable hasta el final –se dijo a sí mismo rodando los ojos mientras se sentaba en el sofá y cogía el teléfono poniéndoselo sobre las rodillas. Comenzó a marcar el nº de su abuelo.

–Mansión de los Hiwatari. ¿Quién es? –preguntaba el mayordomo a cargo del teléfono.

–Hola Roberto. Soy Kai. ¿Mi abuelo está ahí?

–Sí, señorito Kai. El señor Hiwatari está en el salón.

–¿Puedes avisarle?

–Claro señorito. Enseguida le paso con él –le informó el sirviente mientras caminaba con el teléfono inalámbrico hacia el salón.

–Señor Hiwatari, el señorito Kai está al teléfono, desea hablar con usted.

–Está bien –contestó cogiendo el teléfono–. Puedes retirarte, Roberto –ordenó haciendo un ademán con la mano indicándole que se fuera–. Kai.

–Hola, abuelo.

–Qué sorpresa, no esperaba que llamases a la mansión. ¿Ha ocurrido algo?

–¿Pero qué dices? Si has sido tú quien me ha dejado un mensaje. Bueno da igual.- le restó importancia–. Te llamaba para decirte que no puedo ir a cenar está noche allí.

–¿Sigues enfadado? –se atrevió a preguntar.

–No, abuelo. Es que me duele un poco la cabeza y quiero acostarme cuanto antes.

–Entiendo. Si hoy no puedes lo dejaremos para mañana –habló cortante–. Espero que vengas, quiero saber qué tal te desenvuelves tú solo. Cómo te van las prácticas y eso.

–Ajá –contestó incrédulo ante esas palabras–. Bueno, iré mañana –le informó derrotado. "Sino, no me dejará tranquilo", pensaba.

–Bien. Adiós.

–Adiós –finalizó el bicolor colgando el teléfono y poniéndolo en su sitio–. Y yo que pensaba que me iba a librar –se dijo a sí mismo levantándose del sofá para encender la tele y quedarse viéndola.

&&&Kai&Takao&&&

Takao estaba deshaciendo su cama para acostarse. Cogió la almohada entre sus manos y le dio varios golpes para dejarla otra vez en su sitio. Después se metió dentro de la cama, buscando las sábanas para comenzar a taparse con ellas. Se tumbó de lado sin apoyar la cabeza todavía.

–A ver... me he cepillado los dientes, me he puesto el pijama, le he dado las buenas noches a Rei, he apagado la luz. ¿Qué se me olvida? –se preguntaba mientras comenzaba a apontocar la cabeza en la almohada notando que algo al lado de la oreja se le clavaba–. Lo sabía –comentó quitándose las gafas de sol, poniéndolas sobre la mesita –Ahora sí, puedo acostarme –se dijo cerrando los ojos.

Rei lo observaba por la rendija de la puerta ya que estaba medio abierta. Nunca se cansaba de ver cómo Takao intentaba recordar lo que había hecho antes de que se quedara dormido para no olvidarse de nada. Sonrió cuando vio a Takao abrazando la almohada. Se retiró de ahí con mucho sigilo.

Takao era un chico tan simpático y lleno de ternura… Pero cuando se enfadaba era muy cabezota y a eso nadie le ganaba. Al joven de cabellos azules no le gustaba ser una molestia para nadie, por eso Rei se mantenía al margen de algunas cosas. Por ejemplo ahora mismo, cuando a Takao se le había olvidado quitarse las gafas. Si en ese momento él hubiera llegado y le hubiera dicho que se le había olvidado quitarte las gafas, Takao se hubiera enfadado porque no quería sentirse un inútil. Quería hacer una cosa tan simple como darse cuenta de que se las había dejado puestas, sin que nadie se lo dijera. Estaba orgulloso de su niño. No quería depender de nadie si estaba en su mano.

Con esos pensamientos, Rei apagó todas las luces que estaban encendidas por la casa, después de haber comprobado que todo estaba cerrado y el gas apagado. Se metió en su habitación, se puso el pijama y se metió en la cama. Apagó la luz y se tumbó en la cama quedándose dormido casi al instante debido al cansancio de tanto trabajo en la cocina.

&&&Kai&Takao&&&

Kai estaba en su balcón de su apartamento, mirando hacia abajo. Eran las diez de la noche y todavía había bastante gente en la calle. Debía ser porque era verano y la gente disfrutaba paseando por las noches porque no hacía tanto calor. Miró a un par de chiquillos que correteaban por la calle de enfrente y cómo una chica le regañaba a uno de ellos para que no corriera tanto por que se podía caer. Kai siguió viendo cómo el pequeño jugaba con el otro chico y cómo éste tropezó cayéndose al suelo. La chica se acercó corriendo y lo levantó mientras le miraba las rodillas y las manos comprobando que no se había hecho nada.

–No corras tanto –le regañó la mujer al niño.

–Vale –respondió el niño para alejarse de la chica y echar a correr de nuevo con una sonrisa en el rostro.

Flash Back

Kai estaba jugando con su nuevo amigo en el jardín de su casa. Jugaban al pilla pilla. Su amigo estaba huyendo de él para no ser atrapado.

–¡Te voy a coger! –aseguró Kai, intentando correr más rápido para poder atraparlo.

–¡Te equivocas, yo corro más que tú! –Dijo el chico mientras rodeaba el árbol que había trepado tantas veces para entrar y salir de ahí, mientras que corría mirando hacia Kai–. ¡No me atraparás! –aseguró. Para descuido del niño había una pequeña piedra en el suelo. Como no miraba hacia el frente y corría muy deprisa, se tropezó, cayendo al suelo de inmediato.

–¿Estás bien? –preguntó el pequeño bicolor preocupado, mientras se agachaba para ver si su amigo estaba bien.

–¡Ay! Me duele la rodilla –se quejó el niño sentándose en el suelo, llevando su mano hasta la rodilla, tocándosela con la punta de sus dedos. De inmediato hizo una mueca de dolor.

–Déjame verla –pidió Kai mientras le levantaba el pantalón a la altura de la rodilla comprobando que le salía sangre de una pequeña herida–. Tienes sangre, ven conmigo. ¿Puedes levantarte?

–Creo que sí –contestó el otro poniéndose de pie con dificultad.

–Deja que te ayude –se ofreció Kai mientras le cogía el brazo y se lo pasaba por el cuello–. Apóyate en mí.

–Vale –respondió su amigo.

Caminaron por el jardín, metiéndose por la puerta principal de la mansión. El chico miró a su alrededor dándose cuenta de que un sirviente abría la puerta principal de esa gran casa.

–Por favor, ayúdame a curarlo –le pidió el chico de ojos color carmesí al sirviente mientras caminaban hacia el cuarto de baño.

–Claro que sí, señorito –respondió el sirviente acompañando a los niños al cuarto de baño. El sirviente le lavó la herida, se la desinfectó y le puso una tirita.

–Gracias –dijo el chico con una sonrisa.

–No hay de qué –respondió el sirviente.

–Jajaja, qué bien que no te has hecho casi nada. –Anunció el bicolor al ver que únicamente se había tratado de un rasguño. Voltaire al sentir la risa de su nieto se acercó para verlo. Hacía tiempo que no sentía a su nieto reír y quería saber porqué se reía. Kai salió del cuarto de baño con su amigo–. Intenta apoyar el pie en el suelo. –Decía mientras el chico se apoyaba en él.

–Duele –se quejó el chico.

–Kai, ¿qué significa esto? –preguntó Voltaire al ver a su nieto ayudando a un pobretón de la calle.

–Hola, abuelo. Mi amigo se ha caído mientas jugábamos al pilla pilla.

–¿Amigo? ¿Mientras jugabais? Él no tendría que estar dentro de una propiedad privada y tú tendrías que estar haciendo los deberes. –aclaró.

–Ya los he hecho. –le aseguró–. Y yo he invitado a mi amigo para que venga todos los días –decía el bicolor para que su abuelo no tuviese de que preocuparse.

–Kai –le llamó mirando a su nieto para luego mirar al chico con cara de asco–. Él no puede ser tu amigo –sonrió–. Míralo. Sólo es un pobre diablo muerto de hambre. No es bueno que un chico de tu gran categoría se junte con un chico problemático como éste.

–Señor, yo no soy problemático –comentó el niño con cara de tristeza.

–Mírate bien, tú no encajas en esta gran mansión. De hecho, no encajas en ningún lugar.

–Eso no es verdad, abuelo –interrumpió su nieto– ¿Por qué dices eso?

–Vete de aquí y no te acerques más a esta mansión, ni a mi nieto. ¿Me has entendido niño? –preguntó Voltaire dándole una orden al chico.

–Sí, señor –contestó el niño soltándose del agarre de Kai mientras comenzaba a caminar cómo podía con la rodilla.

–¡No, espera! –decía el bicolor dándole alcance–. Yo te ayudo.

–¡No lo hagas! –Ordenó su abuelo–. Te contagiará sus pulgas. –siseó.

–Me da igual –contestó Kai ayudándolo a salir de ahí, caminando hasta el jardín.

–Será mejor que no vuelva por aquí –anunció el niño pobre con algo de tristeza.

–No le hagas caso a mi abuelo. Es muy raro. Yo no pienso que seas problemático, ni que me vayas a contagiar tus pulgas –contó convencido.

–Pero él sí –respondió con desánimo–. Sólo soy un pobretón como ha dicho tu abuelo.

–Eso da igual –le restó importancia.

–¡Pero mírame! –le pidió deteniéndose en su caminar y soltándose del agarre de Kai–. Estoy vestido con ropa sucia, vieja y rota. No encajo en ningún lugar.

–Pero sí en mi corazón. Y puede que vayas vestido cómo tú dices, pero a mí eso me da igual. Yo elegí ser tu amigo por la persona que hay en ti. No por lástima. Eso es lo único que debe importar. No se elige a los amigos por sus condiciones sociales, sino por lo que tienen en su interior. Mi madre me lo decía cuando era pequeño y yo pienso igual que ella. Mi abuelo es tan superficial que no se da cuenta de eso –le informó el bicolor mientras lo volvía a coger para ayudarlo a andar.

–Gracias por pensar así –respondió el chico con una sonrisa.

Fin Flash Back

Kai se metió dentro del apartamento, cerrando la puerta corredera de cristal de la terraza. Se fue a su habitación, apagó la luz que estaba al lado de la mesita de noche y se metió en la cama que ya estaba desecha. Se tumbó en ella, para un rato después quedarse dormido.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Muajajaja, ya estoy aquí con otro capi más. Estad pendiente de las actualizaciones porque si puedo actualizaré muy seguido en todos mis fics.

Gracias por sus reviese a:

Takaita Hiwatari: Hola. Ahí está otro de los Flash Back que tanto esperabas, me alegra que te gustase el capi anterior. Cómo ya ves no sólo Rei está celoso de Kai, también es al revés, normal, Takao es un chico kawai.

Senshi Hisaki Raiden: Me alegra que te gusten mis otros dos fic, al igual que este. Gracias por tu apoyo. Tienes razón, no sé cómo lo hago pero Takao es la ternura andante y es como un niño pequeñito que le cuenta a Rei cuando acarició a los animalitos con mucha ilusión.

Quimera: Jejeje, bueno permiso lo que se dice permiso el bicolor no le dio nadie para que besará a Takao, pero para él era la ocasión perfecta al igual que fue para Rei cuando lo intentó besar la vez que dormía. Pero qué mala suerte para él que Takao se despertara.

Nancy– Hiwatari–17: Bueno como ya habrás leído, Randy y Lorena ya son una parejita feliz. Solamente falta que el bicolor confiese lo que siente a Takao. Eso si el pelinegro no se le adelanta.

Nataly: Sí, el bicolor se le adelantó a Rei, jejeje. Y también le hizo competencia a un tomate rojo cuando Takao le contó su sueño. Espero que este capi también te haya gustado.

Takao Hiwatari: Jejeje, me alegra que te guste la historia y que te diera risa lo de la chica de la tienda (la pobre se lo tenía muy creído). Espero que sigas mis actualizaciones y si puedes me dices lo que piensas sobre la historia.

Onnakitsune: Me alegra mucho que digas que te gusta mi historia y que estás pendiente de mis actualizaciones. Espero que este capi, también te haya gustado y me des tu opinión. No sé si esté será un buen fic o no, pero si te gusta sigue leyéndolo.

Espero que si alguien lee esta historia no olvide dejarme sus comentarios. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.