Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

Un Acuerdo

Continuación...

Takao estaba intentando convencer a una paciente, cuando entró Kai a la habitación sin decir nada. Al igual que las otras veces, el joven de cabellos azules tenía cogido de una mano a la paciente, sentando en un taburete junto a la cama, estando la paciente tumbada en ésta. Lucky estaba tumbado en el suelo, mientras esperaba recibir órdenes de su amo.

Aunque Takao no podía ver a la chica, ésta era bajita, de piel blanquecina, con el cabello corto de color negro y los ojos de color azul–. Ariadne. ¿Por qué no te quieres operar? ¿Le tienes miedo a la operación?

–No. Es que yo nací ciega y me da miedo el mundo que pueda ver. Ese mundo que es tan desconocido para mí. Takao, tu caso es distinto al mío. Tú ya lo has conocido y sabes cómo es, pero yo no. Mi mundo ha sido siempre oscuridad.

–Ariadne, yo he tenido esa oportunidad de verlo antes y te diré que es un mundo maravilloso, con muchos colores diferentes y no sería tan peligroso para ti, porque ves los obstáculos que hay y puedes evitarlos. ¿Sabes? Tienes una oportunidad que no todas las personas tienen y yo creo que deberías aprovecharla –le explicaba con tranquilidad y voz sedosa– ¿sabes cuando sentí yo miedo?

–No. ¿Cuándo? –preguntó la chica.

–Cuando tuve el accidente y los médicos me dijeron que probablemente no volvería a ver. Viajé con un amigo y con mi perro–guía a un montón de países y siempre me decían que no podían operarme. Sentí miedo de quedarme ciego para el resto de mi vida –sonrió–. Cuando me dijeron aquí, en Rusia, que podían operarme. No me lo creía y... ya me han operado tres veces.

–¿Y puedes ver? –preguntó la chica sorprendida.

–Veo sólo bultos, siluetas con algo de claridad alrededor –le explicó–. Pero en dos operaciones más quizás consiga ver –sonrió–. Al menos si no consigo ver del todo, lo habré intentado y no me sentiré mal si eso sucede.

La chica después de pensar en lo que el joven de cabellos azules le había contado, tomó una decisión–. Takao. Sólo lo haré si me concedes dos cosas.

–¿Qué? –preguntó.

–Que me dejes reconocerte y que me acompañes el día de la operación hasta que me lleven al quirófano.

–Eso está hecho, iré a visitarte a la habitación cuando salgas del quirófano –le hizo saber el moreno de piel, sonriente. A continuación Kai vio cómo los dos se tocaban la cara para hacerse una idea de cómo eran.

–Takao –le llamó Kai sonriendo, mientras se acercaba y le daba un beso en la mejilla.

–Hola, Kai –sonrió–. Bueno Ariadne, en eso quedamos, ¿de acuerdo? –Le dijo levantándose de la silla–. Adiós –se despidió caminando ambos chicos hacia la puerta, junto al perro.

–De acuerdo –respondió ella sonriendo–. Adiós –contestó ella, escuchando después la puerta cerrarse.

Kai agarró de la cintura a Takao mientras lo guiaba por el pasillo– ¿Has dormido esta noche? –le preguntó Kai.

–Yo sí y muy a gustito mientras tenía un sueño precioso. ¿Tú no has podido dormir? –le preguntó Takao enarcando una ceja.

–No. Estuve pensando solamente en ti –contestó Kai sonriendo.

–Jajaja, ¿en serio? –preguntó el joven de cabellos azules feliz.

–Sí, en lo atractivo que eres. En la persona tan maravillosa que eres y en esos labios que adoro –sonrió viendo cómo Takao se sonrojaba.

–No me digas esas cosas, que no estoy acostumbrado y me da vergüenza –refirió Takao algo nervioso.

–Sólo te cuento el porqué no he podido casi dormir. Lo poco que he dormido, he soñado contigo.

–Jajaja, ¿de verdad?

–Sí –contestó dándole un beso en la mejilla–. Te invito esta tarde a que vayamos a una pastelería, pedimos lo que tú quieras y damos un paseo por ahí.

–¿Los dos solitos?

–Sí –afirmó deteniéndose ante la puerta de otra habitación.

–Me parece genial –contestó deteniendo su paso.

–Quedamos en la cafetería. En cuanto salgas ve hacia allí, ¿de acuerdo?

–De acuerdo.

&&&Kai&Takao&&&

Por la tarde los dos se fueron a un parque. Les dio hambre, así que se compraron un croissant y una palmera de chocolate.

–Kai, ¿me das un poco de tu palmera de chocolate? Un trocito pequeñito para probarla.

–Claro que sí –contestó Kai dándole un trozo de su palmera.

–Gracias está muy buena –comentó Takao–. Si quieres, puedes coger un poco de mi croissant para que lo pruebes.

–Sólo un poquito –le pidió el bicolor.

Se sentaron en el césped, apoyando sus espaldas en el tronco de un árbol. Se comieron el croissant y la palmera. Takao apoyó su cabeza en el hombro de Kai. Kai por su parte, tenía abrazado al joven de cabellos azules y los dos estaban cogidos de la mano, mientras Kai le describía cómo era ese parque.

–Empieza a hacer algo de frío –decía Takao mientras se acercaba más al bicolor. El bicolor lo abrazó completamente con sus brazos.

–Ya estamos casi en invierno –le informó el bicolor besándole la cabeza.

–En Japón el clima es más cálido que aquí –sonrió el joven de cabellos azules al sentir los labios de Kai besar su cabeza– ¿Tú no tienes frío?

–No, estoy acostumbrado al frío.

–Pues el aire viene muy frío –aclaró abrazándose más a Kai–. Tú estás muy calentito –decía poniendo su cabeza en el pecho del bicolor, escuchando los latidos de su corazón–. Jajaja.

–¿De qué te ríes? –preguntó Kai sonriéndole.

–Tu corazón te va a mil por hora.

–Eso es porque te tengo junto a mí –sonrió–. Tú también estás muy calentito, Takao. Y me gusta sentirte así de cerca.

–A mí también.

&&&Kai&Takao&&&

Después de irse del parque, siguieron dando un paseo, comprando de camino algodón de azúcar. Kai acompañó a Takao a su apartamento.

–¿Quieres sentarte? –le preguntó el joven de cabellos azules al bicolor, entrando al comedor.

–Yo... –dijo Kai mirando el reloj de pulsera–. Ya es un poco tarde, Takao. Mejor te veo mañana en el trabajo.

–¡Jo! Sólo un poquito más –pidió Takao abrazándolo.

–Me encantaría quedarme aquí contigo –dijo Kai dándole un beso en los labios–. Pero es mejor que me vaya o... –no le dio tiempo a terminar la frase, ya que fue interrumpido por el menor.

–O vendrá Rei –finalizó Takao, fijándose en esa silueta que tenía abrazado, mirando lo que debería de ser la cabeza del bicolor–. Sé que no os lleváis bien desde el principio. Que esté ciego, no significa que sea tonto Kai. Lo que no sé, es porqué no os caéis bien.

–Yo... supongo que es porque hay personas en el mundo que no congenian bien, ni siquiera en la manera de pensar. –Le explicó, sin revelar el verdadero motivo.

–Sí, me he dado cuenta de que no pensáis de la misma manera, pero podríais hacer un pequeño esfuerzo. ¿No?

–Sí, supongo que podríamos –contestó Kai al ver la cara de preocupación de Takao.

–¿Lo intentarás por mi? –le preguntó Takao.

–Por ti haría lo que fuese, Takao –agregó Kai dándole un beso, que estaba empezando de alguna manera a ser apasionado. En ese momento un cansado chino abría la puerta de su apartamento. Había visto el coche del bicolor abajo, así que subió las escaleras lo más rápido que pudo y abrió la puerta silenciosamente. Cuando entró, lo que vio le destrozó el corazón. Kai y Takao estaban abrazados, besándose. Miró al bicolor frunciendo el ceño lo más que pudo.

–¡Qué significa esto! –exigió saber Rei mientras miraba a Kai. Kai y Takao no tardaron en separarse del susto.

–Rei, yo... –intentó explicarse el joven de cabellos azules, pero Rei no le dejó.

–¿¡Qué te crees que le estás haciendo a Takao, Kai!? –preguntó el chino furioso al ver esa escena. –¡Fuera de aquí! ¡No te acerques a Takao! –le regañó.

–Rei, ya basta. Tranquilízate, Kai... –intentó hablar Takao, pero nuevamente el joven de cabellos azules fue interrumpido por el pelinegro.

–¡Kai se va inmediatamente de aquí o lo hecho a patadas! –gritó enfadado.

–Takao, será mejor que me vaya. Mañana te veré en el trabajo –le explicó el bicolor mientras miraba a un chino enfadado. No quería hacer ningún tipo de escena delante de Takao para que éste no se sintiera mal.

–De acuerdo –respondió Takao.

–¡Takao va a dejar de ir al hospital! –ordenó Rei, advirtiéndoselo al bicolor.

–No le hagas caso Kai, claro que voy a ir a trabajar –respondió Takao sin creerse lo que estaba escuchando por parte de su amigo.

–Tú no te mueves de aquí, Takao –advirtió Rei acercándose al bicolor, separándolo bruscamente del lado de Takao.

–¡Rei, no lo trates así! ¡Él no tiene la culpa...! –intentó explicar Takao al ver cómo una silueta se acercaba a otra y lo separaba de su lado con rapidez.

–Este imbécil te ha besado –decía Rei, agarrando a Kai del cuello.

–¡Rei, suéltale! ¡Yo he dejado que me besara! ¡No me estaba haciendo ningún daño! –explicó Takao empezándose a asustar y a preocuparse por la situación.

–¡Te advertí que lo dejaras en paz! –gritó Rei dándole un puñetazo en la cara al blanquecino de piel, haciendo que éste se quejase un poco por el golpe recibido.

–¡Rei! –Gritó Takao acercándose corriendo hacia ellos, poniéndose en medio de los dos siluetas que él veía– ¡Kai no me ha hecho nada malo! –repitió.

–¡Takao, quítate de en medio! –avisó Rei furioso.

–¡No! ¡Kai es mi novio y le quiero! –Confesó comenzando a llorar enfadado– ¡Así que déjale tranquilo! ¡No entiendo porqué le tratas así! ¡No entiendo porqué no os lleváis bien! ¡No quiero que me defiendas y que le pegues sin razón alguna! –se dio la vuelta hacia Kai. –Kai, ¿estás bien? –preguntó preocupado.

–Sí, no llores. Piensa que Rei sólo lo ha hecho porque pensaba que me estaba portando mal contigo. Además, él no sabía nada de lo nuestro –le explicó Kai, intentando tranquilizar a Takao en cuanto le vio llorar.

–Kai, mejor vete, te veo mañana –pidió Takao.

–Vale, adiós –le despidió comenzando a andar hacia la puerta de entrada para salir de allí.

–Adiós –le despidió con pesar. Escuchó cómo la puerta se cerraba, mientras no apartaba la vista de esa silueta que él distinguía como Rei–. Rei, iba a contártelo. Iba a confesarte que me he dado cuenta que soy homosexual y que no me ha sido fácil saber si estaba enamorado o no, por culpa de mi ceguera. Siento que te hayas dado cuenta de esta manera, sin habértelo contado yo antes –decía entre lágrimas.

–Takao, no llores –le pidió Rei comenzándose a arrepentir de lo que había hecho al ver a Takao llorar.

–¿Qué no llore? ¡Acabas de asustarme muchísimo con ese puñetazo que le has dado, Rei! ¡Snif… pensaba que ibas a hacer lo mismo conmigo! –decía entre sollozos.

–Nunca te pondría a ti una mano encima, Takao –decía con voz sedosa el pelinegro, limpiándole las lágrimas al menor con el dedo pulgar.

Takao le apartó la mano de una bofetada–. Me voy a mi habitación, quiero estar solo –le informó antes de comenzar a andar hacia su habitación, apoyándose en la pared para guiarse.

–Takao –le llamó, para ver cómo el joven de cabellos azules no le hablaba–. Takao, lo siento mucho, yo... siento haberte asustado así. No era mi intención hacerlo –le hizo saber el pelinegro, andando unos pasos para estar más cerca de él, pero guardándole la distancia.

–Snif... pues lo has hecho –comentó el joven de cabellos azules, parándose ante la puerta de su habitación.

–Perdóname –le repitió Rei arrepentido.

–Si estás enfadado conmigo porque soy homosexual, no lo pagues con Kai –dijo entrando en su habitación echándola con cerrojo.

–Takao –le llamó acercándose a la puerta de la habitación para sentir a Takao sollozar–. Lo siento –se disculpó en un susurro, totalmente arrepentido, acariciando la superficie de la puerta.

&&&Kai&Takao&&&

"Soy un estúpido, tenía que haber intentado contener mi rabia hacia Kai delante de Takao. Idiota, idiota", se reprochaba el pelinegro sentado en el suelo, frente a la puerta de la habitación de Takao. "Tenía que haberme declarado antes, quizás Takao hubiera estado conmigo en lugar de con ese idiota. Pobre Takao, lo he asustado sin querer por no contener mis celos delante de él. Ahora Takao estará muy enfadado conmigo por mi comportamiento. La vida ya le ha tratado bastante mal a raíz de su accidente y no es justo que yo le asuste así. No soporto verle triste o llorando. Eso me hace más daño que saber que está con Kai. Mañana le pediré de nuevo que me disculpe por ser tan imbécil. Ahora no quiero molestarle o se pondrá peor".

&&&Kai&Takao&&&

–¡Ay! –se quejó el bicolor mientras se echaba un poco de pomada en la mejilla para intentar bajarse la hinchazón frente al espejo del cuarto de baño de su apartamento. "Rei es idiota, asustó a Takao al comportarse así conmigo. Pobre Takao, debió de ser muy difícil esa situación para él porque no sabría que podía pasar. Me gustaría estar con él en estos momentos para tranquilizarlo y decirle que no ha pasado nada. Tengo que hablar con Rei y decirle que tenemos que intentar llevarnos mejor por el bien de Takao. Estaba tan preocupado porque yo y Rei no nos llevamos bien y me gustaría que no tuviera que preocuparse más por eso". Hizo una pequeña mueca de dolor. "Rei no tiene derecho a decidir por él si va o no a trabajar. Los celos lo tienen demasiado ciego y no le deja ver que si sigue así, Takao se marchará de su lado".

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente, Takao estaba listo para irse al hospital. Se estaba poniendo una chaqueta junto a la mesa. Rei lo contemplaba sentado en el sofá.

–Buenos días, Takao –le saludó Rei con voz sedosa, comprobando que efectivamente, Takao no le contestaba.

–¿Puedo hablar contigo? –pidió el chino.

–Tengo que irme a trabajar. ¿O me vas a pedir de nuevo que no vaya? –preguntó el joven de cabellos azules triste.

El pelinegro se levantó del sofá y se puso frente a él–. Tienes razón, lo que hice anoche estuvo muy mal. Lo sé y lo siento.

–Creo que no tienes que disculparte ante mí solamente, Rei –decía el joven de cabellos azules mirando esa silueta que estaba ante sus ojos.

–Llevas toda la razón del mundo, hablaré con Kai. ¿Te parece bien?

–Si es para disculparte, sí –contestó muy serio.

–Takao –le cogió de ambas manos–. Te prometo que voy a hablar con Kai. Le pediré perdón por lo de anoche e intentaré llevarme bien con él, ¿de acuerdo?

–Rei.

–¿Qué? –preguntó esperanzado de recibir el perdón del joven de cabellos azules.

–¿Estás enfadado conmigo por ser homosexual?

–En absoluto. No quiero que pienses que voy a dejar de ser tu amigo o cosas así. Te contaré un pequeño secreto. Yo también soy homosexual –le confesó sonriéndole.

–¿De verdad? –preguntó Takao sorprendido.

–Sí. No te he dicho nada todo este tiempo porque me daba miedo la reacción que pudieras tener. Así que sé cómo te sientes. ¿Me perdonas? No me gustaría perderte como amigo por una estupidez mía.

–Está bien, te perdono. Pero no vuelvas a asustarme así nunca, ¿de acuerdo? –preguntó Takao sonriéndole.

–De acuerdo –sonrió el chino, sintiéndose más relajado de obtener por fin el esperado perdón por parte del joven de cabellos azules.

&&&Kai&Takao&&&

Desde uno de los pasillos del hospital, Kai y sus amigos vieron cómo Takao entraba acompañado de Rei y Lucky a la cafetería.

–Hola, chicos –saludó Lorena acercándose a ellos, al entrar la primera en la cafetería.

–Hola, Lorena. ¿Has visto a Kai? –preguntó el joven de cabellos azules, tomando asiento en una de las sillas vacías de las mesas.

–Sí, por ahí viene –contestó ella viendo cómo el bicolor entraba por la puerta del establecimiento y se acercaba hacia ellos.

–¿Dónde está Randy? –preguntó Takao, mientras Rei permanecía de pie.

–Todavía no ha venido –le contestó ella, sentándose junto a su amigo.

–Buenos días –saludó Kai, cuando estuvo cerca de los demás.

Kinomiya se alegró al escuchar esa voz–. Hola, Kai. Rei ha venido hasta aquí para hablar contigo –le informó Takao sonriendo.

Kai miró unos segundos a Rei–. Yo también quiero hablar con él –miró al joven de cabellos azules–. Ahora vuelvo –le sonrió–. Rei ven conmigo –le pidió Kai.

–Ahora vuelvo, Takao –le avisó el pelinegro antes de seguir al bicolor, hasta meterse en una sala vacía.

–Te escucho –dijo Kai cruzándose de brazos.

–Sólo he venido a pedirte perdón por el puñetazo que te di ayer.

–Disculpas aceptadas. Ahora me gustaría hablar contigo acerca de Takao –contestó con rapidez.

–Dime.

–Creo que deberíamos tratarnos mejor, si no nos es posible, al menos intentémoslo delante de él para no preocuparlo.

–Estaba pensando en lo mismo que tú –bufó–. Te pido una cosa.

–¿Qué? –preguntó.

–Que al menos delante de mí, tengas la delicadeza de no besarlo, ni abrazarlo. Porque no lo soporto –le confesó.

–¿Y si él lo hace conmigo?

–Eso es distinto. Él no puede ver mi cara cuando veo que os besáis, pero tú sí. Así que te pido que no lo hagas al menos cuando yo esté delante. –agregó Rei comenzando a sentir celos de sólo imaginar la escena.

–Ya –contestó de forma afirmativa.

–Ya, no. Quiero escuchar cómo dices que sí –pidió el chino autoritario.

–Sí –agregó el bicolor.

–Bien, que no me entere nunca de que te pasas de listo con él o que le haces daño. Porque entonces, piérdete del mapa –le advirtió el pelinegro perdiendo la poco paciencia que tenía.

–No pienso hacerle daño. Sólo quiero hacerlo feliz, igual que lo estoy siendo yo en estos momentos por tenerle a mi lado –explicó.

–No me lo recuerdes –pidió el chino mordiéndose el labio inferior–. Me voy antes de perder la poca calma que me queda –explicó, saliendo fuera de la habitación seguido por Kai.

&&&Kai&Takao&&&

–Tardan un poco, ¿no creéis? –preguntó el joven de cabellos azules preocupado.

–Tranquilo, ya vienen por ahí –avisó Lorena, viendo que ambos chicos entraban en la cafetería.

–¿Están heridos? –preguntó para hacerse a la idea de si se habían peleado de nuevo.

–No –contestó Randy, quien había llegado hacía unos momentos– ¿Por qué lo preguntas? –le preguntó a Takao mirándole.

–Es que no se llevan muy bien que digamos –explicó brevemente.

–Shhh... Takao, ya vienen –avisó Lorena disimuladamente.

–Ya estamos aquí –avisó Rei–. Ya me voy, Takao –le informó.

–De acuerdo –contestó.

–Adiós –le despidió.

–Adiós Rei –contestaron casi todos los presentes excepto el bicolor, viendo que Rei se marchaba.

&&&Kai&Takao&&&

–Kai –le llamó Takao mientras comían en la cafetería al medio día.

–Dime –contestó el mayor.

–¿Qué has hablado con Rei? –preguntó curioso.

–Nada importante, únicamente se ha disculpado conmigo por lo de ayer y de ahora en adelante vamos a llevarnos mejor –resumió Kai antes de seguir comiendo su ensalada.

–¿En serio? –preguntó Takao sonriendo, pinchando sobre un trozo de carne para llevárselo a la boca.

–Sí –le contestó el bicolor.

–Gracias. No sabéis lo feliz que me hacéis los dos –agregó Takao soltando el tenedor encima del plato, buscando la mano de Kai en la mesa. Kai no tardó en coger la mano de Takao y en besarla.

–Me alegra mucho verte sonreír así. Estás muy guapo cuando sonríes y esa bata te queda muy bien, resalta el color de tu piel.

–Cuando consiga ver, ya te diré yo cómo te queda la tuya.

–El blanco me queda fatal, yo soy muy blanquito de piel y parezco un fantasma viviente. –Sonrió–. Al menos cuando era pequeño, me daba el sol en Japón. Me gustaba más vivir allí que aquí.

–¿Y por qué te fuiste? –preguntó el joven de cabellos azules.

–Por mi abuelo, no sé porqué, le entró desesperación por irse de allí. Según él, era por sus negocios. Me hubiese gustado haber seguido viviendo allí.

–Yo no puedo decir como es Rusia, porque no la he visto, pero seguro que también es bonita.

–Sí, es bonita. Pero es demasiado fría, aunque hay que reconocer que cuando nieva está preciosa –decía pinchando un poco de ensalada con su mano libre.

–¿Cuándo nieva? Yo nunca he visto la nieve, ¿de qué color es? –preguntó el joven de cabellos azules curioso.

–De color blanco. Ves los árboles llenos de nieve, las carreteras, las casas, todo –le explicaba Kai sonriendo mientras miraba la cara de asombro de Takao.

–¿Y cómo no os ahogáis si todo está cubierto por la nieve? –preguntó asombrado el joven de cabellos azules.

–Jajaja. Porque le echamos sal para que se derrita y no cuaje la nieve que cae del cielo en las carreteras. Al día siguiente de haber nevado, los niños salen de sus casas y juegan con la nieve. Se tiran bolas de nieves unos a otros, hacen muñecos de nieves, se tiran en trineos por ella.

–¡Es genial! –agregó emocionado imaginándoselo.

–Sí, es genial, pero también es muy peligrosa.

–¿Ah, sí? ¿Por qué? –preguntó, pinchando otro trozo de carne con el tenedor.

–Porque cuando se congela se crea hielo y resbala mucho. Tranquilo, la verás y te enseñaré a hacer un muñeco de nieve.

–Jajaja, estoy deseando de que verla junto a ti. Por cierto, ¿qué hacen Lorena y Randy? Sé que están en la mesa de al lado, pero no les escucho.

–Imagínatelo, han comido todo lo deprisa que han podido y se están besando como dos tortolitos –le describió Kai mirando hacia ellos, para regresar su vista a Takao.

–Qué envidia –susurró con una sonrisa, cuando sintió cómo Kai le besaba en los labios.

–A mí me tienes aquí –le recordó tras el beso.

–Ya lo sé. La envidia no es porque se estén besando –explicó Takao sonriéndole.

–¿Entonces? –preguntó el bicolor enarcando una ceja.

–Es porque ellos pueden verse, saben en todo momento dónde van, lo que el otro va a hacer. Y yo no.

–Te diré una cosa, a veces no hace falta ver para saber lo que la otra persona está pensando, sólo hace falta saber cosas sobre la otra persona.

–Sí, pero, es como en este momento. Yo quiero besarte y te daría quinientos besos si pudiera ver dónde están tus labios en este momento.

–Takao, un beso es cosa de dos –explicó Kai.

–Sí, pero me gustaría tanto empezar a besarte yo a ti en lugar de tú a mí. Así parece que eres tú el único que me quieres a mí y es como si yo no te quisiera.

–Takao –le llamó poniéndole ambas manos en las mejillas–. Da igual quien empiece primero a besar, lo importante es que nos queremos los dos y que nos correspondemos cuando nos besamos, ¿lo entiendes?

–Sí –sonrió– ¿Me das un besito pequeñito? –pidió.

–Te voy a dar todos los que quieras –respondió llenándole de besos, tanto en las mejillas, como en la boca.

&&&Kai&Takao&&&

Cuatro meses después, volvieron a operar a Takao. Él ya distinguía los colores, pero veía todo un poco borroso. Aunque distinguía claramente por la forma y el color lo que era una cama, lo que era una mesa y también a las personas como a sus amigos. Tenía que llevar puestas todavía las gafas oscuras, aunque él se las quitaba de vez en cuando para mirar un poco a su alrededor.

&&&Kai&Takao&&&

Un mes después...

–¿Lo ves? –Preguntó Kai–. Vas mejorando con cada operación –comentó el bicolor feliz caminando por las calles con el joven de cabellos azules.

–Sí, te queda muy bien ese abrigo rojo –contestó Takao fijándose en el color del abrigo–. Qué frío hace –se quejó.

–Yo te lo quito –informó Kai abrazándolo, mientras le frotaba el brazo, sin dejar de caminar.

–Éste parque es muy grande –anunció Takao mirando a su alrededor–. Aunque no puedo verlo con mucha claridad, pero creo que es precioso.

–¿Sabes lo que es precioso? –preguntó Kai mirando a Takao.

–¿Qué? –preguntó Takao devolviéndole la mirada.

–Tú eres precioso.

–Jajaja, no me digas eso, sabes que me da vergüenza –le recordó empezándose a sonrojar.

–Pues acostúmbrate, porque te lo voy a seguir diciendo el resto de mi vida.

–Te quiero, Kai –le dijo Takao abrazándose más a él.

–Y yo a ti –contestó el blanquecino de piel, besándole la sien mientras seguían caminando.

&&&Kai&Takao&&&

Voltaire estaba sentado en el despacho de su mansión rompiendo un montón de cartas.

–¡Malditas cartas, nunca se acaban! –se quejó furioso, rompiendo todas las cartas. Miró el remite para saber de dónde provenía la última carta–. Japón –leyó en voz alta–. Espero que no sea lo que pienso, o también irá a la basura –abrió el sobre con un abrecartas para sacar el papel y comenzar a leer lo que estaba escrito en ella–. Señor Voltaire, mediante la denuncia que fue puesta hace once años, esperamos que pague la deuda que debe o su empresa será embargada. Blablabla, blablabla, blablabla. –Dijo Voltaire intentando quitarle importancia a la carta. Arrugó la hoja en sus manos y la tiró a la papelera–. Maldito crío, incluso muerto me das problemas. –Se puso de pie y caminó hasta un armario con puertas acristaladas. Abrió la puerta y sacó una botella de brandy, sirviéndose en una copa–. Llamaré a Kai, tiene que quedarse con la empresa a como dé lugar. No pienso darle ni un mísero céntimo a la familia de ese crío. –Se decía a sí mismo, bebiendo un poco del líquido. Se sentó en el cómodo sillón de nuevo y cogió el teléfono inalámbrico de su mesa, marcando el número de móvil de Kai.

&&&Kai&Takao&&&

Takao y Kai se encontraban en el coche con la calefacción puesta.

–¿Estás más calentito? –preguntó Kai mirándole, con una mano cogida del menor.

–Sí, hace mucho frío. Mañana me compraré un abrigo más grueso –decía al tiempo en el que el móvil de Kai comenzó a sonar.

Sacó el móvil del bolsillo de su pantalón– ¿Diga? –contestó el bicolor.

–Kai, exijo verte de inmediato –exigió Voltaire al otro lado del teléfono.

–Ah –contestó Kai desanimado–. Hola abuelo. ¿Qué quieres ahora?

–Hablar contigo.

–Si es sobre la dichosa empresa, olvídalo.

–Kai. ¿Por qué no la quieres? Te aseguro que da muchos beneficios, además, ni siquiera tendrías que ocuparte de ella por ahora. Sólo tendrías que firmarme los documentos para que en un futuro sea tuya, nada más, Kai. Comprende que tu abuelo ya está viejo y que no sirve para estos trotes. Podrías seguir siendo médico, eso no te interferiría para nada –le explicó Voltaire.

Kai suspiró agobiado. –Abuelo... –alargó el nombre, ya que no sabía cómo explicarle a su abuelo que no le interesaba la maldita empresa.

–Venga. ¿Qué te cuesta hacerlo por mí, Kai? Sabes que nunca te he pedido nada en la vida salvo eso. No seas cruel con tu anciano abuelo.

–Me lo pensaré –le informó Kai para ver si su abuelo de una vez por todas se callaba.

–Eso me complace querido nieto. Por cierto, ¿cómo te va? No he sabido nada de ti durante meses. ¿Estás bien?

–Sí, ahora estoy de maravilla –le explicó mirando a Takao, el cual estaba abrazado así mismo para darse calor. Kai le puso la mano en la mejilla y Takao la agarró dándole un beso.

–¿Y cómo vas en los asuntos amorosos? –preguntó el viejo intentando sacar información.

–Bien –contestó el bicolor con simpleza.

–¿Eso quiere decir que ya tienes novia?

–Sí, tengo pareja –contestaba Kai mirando a Takao.

–¿Desde cuándo? –preguntó su abuelo.

–Desde hace meses.

–¿Por qué no me has dicho nada? –preguntó Voltaire.

–Porque he estado muy ocupado.

–Quiero conocerla.

–Pues no va a poder ser, así que hazte a la idea.

–¿Por qué? ¿Es que ella no quiere conocerme?

–Abuelo, déjalo ya, ¿vale? Tengo que dejarte.

–¿Esta ahí contigo?

Desvió la vista, hastiado–. Sí, abuelo –contestó cansado, ya que lo único que quería hacer era colgar el teléfono.

–Déjame que hable un poco con ella.

–Abuelo, ¿abuelo? ¿Sigues ahí? –preguntó alejándose el móvil–. Abuelo no te oigo.

–Kai, ¿qué pasa? No te oigo –explicó Voltaire.

–¿Abuelo? Creo que me ha colgado, así que colgaré –anunció colgando el móvil para respirar hondo.

–Kai. ¡Kai! Maldito móvil –se quejó el anciano colgando el teléfono–. Tengo que saber cómo es esa chica, quizás me ayude a que Kai se quede de una vez por todas con la empresa –decía sonriente para seguir bebiendo de su copa de brandy.

&&&Kai&Takao&&&

–¿Por qué has hecho eso? –le preguntó Takao a Kai, viendo que éste se acercaba más a él.

–Porque se estaba poniendo muy pesado. Mi abuelo no es una persona muy común, Takao. Es gruñón, inconformista, pesado, avaricioso y egocéntrico. Siempre terminamos discutiendo por todo.

–Vaya, no os tenéis mucho aprecio.

–Tampoco es eso, lo que pasa es que siempre quiere forzarme a hacer cosas que no me gustan. Siempre ha manejado mi vida a su antojo, porque no he tenido a mis padres conmigo. Él siempre se ha ocupado de mí y creo que se siente con derecho a decirme lo que debo o no debo hacer. Pero yo quiero convertirme en médico y no en un empresario como es su deseo. En lugar de ir a un colegio común desde pequeño, me mandaba a uno privado. No me dejaba salir de casa para jugar con otros niños, tampoco me dejaba entrar a la cocina para que me enseñaran a cocinar, decía que eso era de débiles.

–Yo no pienso que eso sea de débiles, a mí me encantaría aprender a cocinar. Rei me dijo una vez que en cuanto pudiera ver me enseñaría –explicó Takao–. A lo mejor tu abuelo piensa así, porque a él lo enseñaron a ser así desde pequeño.

–Puede ser, pero yo quiero controlar mi propia vida, no que me la controlen a mí, eso me hace sentir mal.

–Bueno, yo no he tenido muchas opciones. He tenido que dejar que me cocinen, que me ayudasen a vestirme, que me ayudasen a andar por las calles. Tampoco me gustaba eso, pero, entiendo que lo hiciesen al principio porque si no, hubiese estado perdido desde un principio. En mi caso, ha sido por mi ceguera. Y ahora que puedo ver un poco, echo de menos esos momentos en los que me sentía rodeados por todos, ayudándome a pasar los momentos más felices y tristes de mi vida. Es bueno tener a alguien que siempre dé su opinión para ayudarte a vivir tu vida, a no perderte en este mundo. –Aconsejaba el menor.

–Sí, en eso tienes razón, pero es que él no te intenta guiar, si no que te ordena las cosas y es de esas personas que o haces lo que te ordenan por las buenas o lo haces por las malas.

–Jo, con tu abuelo –agregó el joven de cabellos azules imaginándose lo estricto que debía de ser el abuelo de Kai.

–Además, hay cosas que no sabe de mí –explicó Kai cogiendo de la mano a Takao.

–¿Cómo cuales? –preguntó.

–Como que soy homosexual, como que estoy enamorado de ti, que llevamos meses juntos.

–¿Entonces no le has hablado de mí? –preguntó enarcando una ceja.

–Le acabo de decir hace un segundo que tengo pareja, pero no sabe que me gusta un chico –sonrió–. Conociéndole, no me gustaría pensar en la reacción que pueda tener.

–Pues creo que no deberías decirle a tu abuelo que estás conmigo.

–¿Por qué?

–Porque a lo mejor no le gusto, por ser chico.

–Takao, me da igual lo que pueda opinar mi abuelo sobre ti, yo voy a seguir sintiendo lo mismo por ti. Te voy a seguir llenando de besos, de caricias, de mimos… te voy a seguir consintiendo igual –le explicó para tranquilizarle.

Takao sonrió al escuchar eso– ¿Me abrazas? –preguntó.

–Claro que sí –contestó acercándose más a él, abrazándolo mientras le frotaba la espalda para quitarle el frío.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Gracias por sus reviews a:

Takaita Hiwatari: Ya has visto la reacción de Rei. Sigue siendo tan posesivo y celoso como siempre. No es para menos, creo que si la situación fuese al revés, Kai estaría igual. Dejo que tú saques tus propias conclusiones y que me digas lo que piensas.

Takao Hiwatari: Me alegra que te guste la forma que va tomando el fic. Y de que sigas leyendo mis capis aunque sea de tres en tres capis o así. Siento tener que subir cada tres días, pero si quiero que este fic se quede terminado antes de diciembre, tendrá que ser así. De todas formas te agradezco que lo sigas leyendo.

Quimera: Con está ya lleva cuatro operaciones nuestro lindo Takaito. Habrá que ver si la quinta es la definitiva o no. No puedo contestarte a la pregunta de cuándo tendrá Rei su oportunidad, porque la verdad aún no lo tengo escrito, pero que la tiene es seguro.

No olvidéis decirme vuestra opinión. Eso es todo por ahora, cuidaros y xao.