Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

¿Puedes Ver?

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

Takao estaba nervioso porque mañana sería la operación que decidiría si podría ver de nuevo o no. Kai estaba sentado a su lado, en el sofá de la casa de Takao. Le tenía cogido de la mano, viendo cómo el joven de cabellos azules a veces se mordía el labio y cómo jugaba con la mano de Kai.

–Takao, intenta tranquilizarte –le pidió Kai besándole la mano.

–Kai, es que, lo intentó, pero no puedo ¿Y si algo sale mal? No puedo dejar de pensar en eso. –Decía nervioso.

–Todo va a salir bien, ya lo verás. Mañana verás a Lorena, a Randy, a Rei, al doctor y comprobarás lo feo que soy –explicaba, viendo que Takao sonreía por escuchar eso último

–Tú no eres feo –afirmó el joven de cabellos azules.

–¿Y cómo lo sabes? –preguntó enarcando una ceja.

–No lo sé, pero te quiero y aunque fueras horrible, te seguiría queriendo igual –aseguró

–Jajaja, cuidado con lo que dices. A lo mejor te arrepientes de salir conmigo en cuanto me veas.

–Qué tonto eres –dijo acercándose a él, poniéndole ambas manos sobre unas mejillas borrosas, mientras le besaba en los labios, haciendo que Kai lo abrazase. –No me importa –lo siguió besando–. Te quiero y eso no va a cambiar –garantizó abrazándole– ¿Estarás conmigo mañana también?

–Claro que sí, es el día más importante de tu vida y no te voy a dejar solo.

–Gracias, no sabes lo que esto significa para mí.

–Pero me lo imagino –decía el bicolor acariciándole con una mano la cabeza.

–Um... me encanta cómo hueles, Kai –le hizo saber, dándole un beso en el cuello, haciendo que el bicolor se sonrojase por completo. Takao se apartó un poco, fijando su vista en la cara de Kai–. Kai, te veo la cara roja –sonrió–. Una de dos. O te da vergüenza que te haya besado ahí o mi vista está empeorando ya que solo veo borroso.

–No es que me haya dado vergüenza, es que me ha gustado –sonrió–. Y sí, supongo que estoy sonrojado, porque siento mis mejillas arder.

–Jajaja, qué emocionante.

–¿Qué emocionante? –preguntó el bicolor.

–Sí, no te imaginaba sonrojado por un beso –confesó.

–Oye, yo no soy de piedra. ¿Y cómo te pondrías tú si yo te besase en el cuello? ¿Eh?

–No lo sé –contestó el menor sonriéndole, levantando el cuello a la vez–. Inténtalo, haber que siento.

–Muy bien –agregó Kai acercándose a su cuello dándole un enorme beso.

–Jejeje, pues siento cosquillas.

–¿Ah, sí? –Preguntó sonriendo, dándole otro beso–. Con que cosquillas, ¿eh? –preguntó de nuevo dándole varios besos, haciendo que Takao echará el cuello cada vez más atrás.

–Jajaja, Kai para, jajaja, por favor. –Decía entre risas–. Me haces cosquillas. –Se abrazó al bicolor.

–No, no –negó el mayor siguiendo con lo que hacía. Takao se echó tan atrás, que terminó tumbado en el sofá. Kai se puso casi encima de él para seguir besándole el cuello.

–Kai, por favor, basta –pidió el joven de cabellos azules sin más fuerza para reírse.

–¡Eh! ¡Te ha dicho que lo dejes! –se quejó Rei, el cual acababa de llegar al apartamento, encontrándose con semejante escena.

–Rei –dijo Takao viendo cómo el bicolor se alejaba de él y se sentaba en el sofá–. Sólo estábamos jugando, nada más –le advirtió el menor, sentándose en el sofá mientras se sonrojaba–. No es para que te pongas así.

–Yo... –repuso el pelinegro intentando tranquilizarse mientras respiraba hondo–. Lo siento, pensaba que... da igual –le restó importancia, mirando con enfado al bicolor, frunciendo bastante el ceño para meterse en la cocina.

–Me voy –le avisó el bicolor al menor, viendo cómo Rei se había ido a la cocina–. Todo va a salir bien, ya lo verás –repitió dándole un gran beso–. Hasta mañana –le despidió, poniéndose de pie.

–Hasta mañana, te quiero –respondió.

–Yo también a ti –dijo agachándose, dándole un último beso antes de irse. Rei estaba parado en la puerta de la cocina de brazos cruzados, viendo cómo Kai se iba del comedor, seguramente para salir del apartamento. Lo fulminó con la mirada al escuchar cómo su niño le había dicho a ese bicolor que lo quería.

&&&Kai&Takao&&&

Takao se había metido en su habitación mientras se ponía a rezar. Y Rei lo observaba por la rejilla de la puerta.

–Mamá, papá, abuelo. Si estáis ahí, espero que me deis vuestra bendición para que todo salga bien mañana y que me ayudéis a que las cosas me salgan bien. Os echo de menos, pero sé que en el lugar en el que estáis, que es el cielo, estáis acompañados de Dios y que él os cuida y os protege. Por favor Dios. Cuida de Rei, Lorena, Randy, Kai, de mi familia y de mí también. Tengo fe en que todo saldrá bien. Sólo espero que no me dejes solo en un momento tan difícil como éste. Amén.

&&&Kai&Takao&&&

El pelinegro se fue al comedor para apagar la luz. Takao le demostraba cada día más, que era como un niño pequeño, con un gran corazón hacia los demás. Todo lo que hacía, lo hacía con ilusión y con esfuerzo.

"Me harías el chico más feliz del mundo si te olvidases de Kai, para estar conmigo, Takao", pensaba apagando la luz del comedor para irse a su habitación.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente, Rei salió más temprano de trabajar, ya que en invierno no había apenas gente en el restaurante. Se fue rápido al hospital. Cuando entró a la sala de espera, vio allí a Randy y a Lorena, sentados en las sillas que formaban una larga fila en forma horizontal.

–Hola, chicos. ¿Sabéis algo de Takao? –les preguntó.

–Aún no –respondió Randy sin soltar la mano de Lorena.

–¿Dónde está Kai? –preguntó el chino mirando a su alrededor.

–Ha ido un momento al servicio –respondió Lorena.

–Ah –agregó simplemente el chico de ojos color miel. Se sentó al lado de Randy mientras veía que por el pasillo, venía Kai. Frunció el ceño al verlo. No podía evitarlo, seguía odiando a Kai a pesar de que intentaba hacer el gran esfuerzo por no hacerlo delante de Takao. Le llenó de celos la escena que vio la otra vez. Ojalá que Takao le hubiese dicho; si Rei, estaba intentando meterme mano sin mi consentimiento. En lugar de decirle; sólo estábamos jugando, nada más, no te pongas así. Ese bicolor lo tenía harto. No paraba de pensar que había visto o más bien, sentido Takao en él, como para enamorarse de Kai y no de él.

–Hola –saludó Kai a Rei, el cual sólo le miró con el ceño fruncido–. De acuerdo –agregó al ver cómo el otro no estaba de humor. Así que decidió sentarse al lado de Lorena.

Dos horas después, sacaron en una camilla a Takao. Inmediatamente todos se levantaron y se fueron detrás de la camilla. Los enfermeros lo metieron en una habitación como hacían siempre detrás de cada operación. Kai le cogió de una mano, acariciándosela, mientras se sentaba en una silla. Antes de que Randy o Lorena pudieran imitar el gesto de él, Rei hizo exactamente lo mismo que Kai, pero en el lado contrario. Los dos se miraron como si se estuvieran clavando cuchillas mutuamente, para luego mirar a Takao y cambiar su expresión a una de ternura.

–A veces dan miedo –le susurró Lorena a Randy.

–Y que lo digas –contestó Randy, mientras los dos veían la escena desde el final de la cama.

Takao sintió cómo sus dos manos eran acariciadas–. Kai –le llamó el joven de cabellos azules, esperando a que su novio le contestara.

–Hola. ¿Cómo te encuentras? –preguntó con voz sedosa.

–Igual que siempre, me duelen los ojos. –Sonrió– ¿Qué hora es?

–Las nueve de la noche –contestó al ver el reloj de pared de la habitación.

–Hola, Takao –saludó Rei, sin dejar de acariciarle la mano.

–Hola, Rei. ¿Qué haces aquí? –preguntó desconcertado.

–¿No quieres que esté aquí? –le preguntó confuso.

–No, no es eso. Es que me extraña que estés aquí tan temprano por tu trabajo. Pero me alegra que estés aquí –sonrió.

–¿Y de nosotros qué? –preguntó Lorena para llamarle la atención al joven de cabellos azules.

–Hola, chicos –saludó con una sonrisa.

&&&Kai&Takao&&&

Randy y Lorena se marcharon por que tenían que trabajar al día siguiente. Mientras que Kai y Rei no le habían soltado de la mano al joven de cabellos azules.

–Kai. ¿Crees que todo saldrá bien? –preguntó algo inseguro.

–Claro que sí –aclaró besándole la mano–. Ya lo verás. Y te llevaré a todos esos sitios en los que hemos estado para que los veas. –añadió sonriéndole. Rei miraba la escena aburrido hasta que vio a Kai besar la mano de Takao. Todos sus sentidos se alarmaron y estaba a la defensiva. Kai sentía que Rei no dejaba de observarlo y eso le incomodaba mucho. No quería desatar algún tipo de pelea, así que decidió despedirse de Takao–. Takao, tengo que irme –le advirtió besándole la mano.

–¿Tan pronto? Quédate un poco más conmigo. Anda, por favor, no seas malo –le rogó como si fuese un niño pequeño, intentándole convencer.

–Lo siento, pero ya es tarde y ya sabes que mañana tengo que madrugar. Además, Rei va a estar contigo igual que todas las otras veces y te cuidará muy bien.

–Bueno, está bien –se conformó– ¿Me das un besito antes de irte? –preguntó sonriente a lo que Rei reaccionó y miró al bicolor con celos.

–Claro que sí –respondió Kai mirando hacia Rei, para luego mirar a Takao y darle un beso en la mano.

–Ahí no, Kai –sonrió el joven de cabellos azules–. Tú sabes dónde.

–Es que... Rei está aquí delante y me da vergüenza –inventó para que Rei no tuviera que ver cómo se besaban.

–Pero somos novios y a Rei no tiene que importarle. ¿Verdad, Rei? –preguntó, esperando que el chino le diese la razón.

–No, no me importa –aclaró el chino mirando a Kai con cara de "como lo beses, te mato". Manteniendo su tono sereno y tranquilo.

–¿Lo ves? –preguntó el joven de cabellos azules.

–Creo que es mejor en la mejilla, Takao –respondió Kai.

–Está bien –respondió fingiendo que estaba derrotado. Cuando Kai se acercó a darle el beso en la mejilla Takao lo abrazo, sintiendo los labios sedosos del blanquecino en su piel. Llevó sus manos hasta las mejillas de Kai. Para cuando Kai se fue a apartar lentamente de él, Takao lo besó en los labios, profundizando el beso con él. Rei sentía que iba a explotar de celos y de rabia al verlos besarse en sus propias narices.

Rei decidió que ese beso estaba durando demasiado–. Cof, cof –tosió de forma sonora para que de alguna manera se separasen de ese beso.

–Te quiero, Kai –le recordó.

–Yo también a ti –respondió separándose de Takao para echarle una última mirada antes de irse y luego mirar a Rei–. Hasta mañana.

–Hasta mañana –le despidió Takao entusiasmado. Rei ni siquiera le contestó. Únicamente vio que Kai salió de la habitación, cerrando la puerta al salir.

–Rei –le llamó el joven de cabellos azules.

–¿Qué?

–¿Estamos solos? –preguntó.

–Sí –aclaró.

–¿Por qué no te has despedido de Kai cuando se iba?

–Porque no estoy obligado a hacerlo –respondió el chico de ojos color miel con simpleza.

–Ya. No os lleváis bien –agregó Takao con seguridad en sus palabras.

–No es eso. Es que no estoy obligado a decirle hola y adiós cada vez que le veo. No porque ahora sea tú novio quiere decir que estoy obligado a hablar con él.

–Pero él al menos está poniendo de su parte para que os llevéis mejor.

–Y yo también pongo de mi parte. –aclaró–. Lo que pasa es que Kai ahora es tu novio y lo poco que hace lo consideras que lo hace muy grande.

–No es verdad. Rei tu eres mi amigo y te quiero como a un hermano. Y seguramente estás poniendo de tu parte, pero no me lo demuestras como lo hace él. –Rei sentía cómo el corazón se le iba destrozando con la palabra "amigo" y "hermano". A veces parece como si estuvieses celoso de Kai.

–No son celos, Takao –respondió Rei de manera que su voz no se subiera de tono. "Claro que lo son, estoy celoso, muy, muy celoso. No entiendo cómo puedes estar con un chico como ese", pensaba irritado.

–Si tú dices que no lo son, te creo. –Decidió cambiar el tema tras un breve silencio–. Me alegra muchísimo que estés aquí conmigo, Rei. Hoy podremos aprovechar para estar juntos un poco antes de las horas que solíamos estar –sonrió–. Así que cuéntame todo lo que te ha pasado en estos meses que apenas hemos podido hablar, que yo haré lo mismo.

–Está bien. Pero a las once a dormir. ¿De acuerdo? –le recordó como si fuese un padre que le aconsejaba a su hijo irse a dormir.

–Sí, señor –respondió el menor, poniéndose una mano en la frente. Saludando como un chico del ejército a su jefe cuando recibe una orden–. Jajaja.

–Jajaja. Eres de lo que no hay.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente por la mañana…

–¡Qué nervios! ¡Qué nervios! –decía Takao una y otra vez, esperando a que el médico y Kai llegasen para quitarle la venda y por fin salir de dudas.

–Oye, no te pongas nervioso, eso no es nada bueno –le recordó Rei intentando tranquilizarle.

–Es que no puedo tranquilizarme, Rei. Ya quiero saber si puedo o no puedo ver –dijo impaciente.

–Yo también estoy nervioso, pero todo va a salir bien –aseguró el chico de ojos color miel.

El médico entró junto a Kai a la habitación–. Hola, Takao. ¿Cómo vas? –preguntó el médico.

–Bien, gracias –respondió.

–¿Estás nervioso? –preguntó al ver su impaciencia.

–Mucho, para qué negarlo.

–Es normal. –le contestó, para después dirigirse a su acompañante–. Kai, puedes proceder a quitarle la venda. –Ordenó el médico.

–De acuerdo –contestó. Se acercó al joven de cabellos azules y empezó a desatarle el nudo de la venda. Una vez hecho esto, procedió a desenrollar la venda–. Tranquilo, todo va a salir bien –decía Kai para tranquilizarle. Takao sonrió al escucharle decir eso. Rei se mantenía bastante cerca, observando cada detalle. Kai puso la venda en la pequeña mesa. Le quitó las dos gasas de los parpados y las dejó también sobre la mesa.

–Muy bien, Takao –agregó el médico–. Mantén los ojos cerrados hasta que yo te diga.

–Está bien –contestó respirando hondo.

–Kai, ya sabes lo que hacer. –Le recordó el médico para ver como Kai se iba hacia la ventana y bajaba la persiana de manera que en la habitación hubiese luz, pero no mucha para que a las pupilas le diese tiempo a reaccionar–. Bien, ábrelos muy despacio, cuanto más despacio puedas hacerlo, mejor. –Aclaró, viendo que Kai se ponía junto a él.

–De acuerdo –contestó el menor.

Takao empezó a abrir los ojos lo más despacio que podía. Lo primero que vio al abrir los ojos fue unos pantalones que estaban a su lado. Subió la vista a la vez que abría los ojos más, para encontrarse con un chico alto, cabello bicolor grisáceo por delante, negro por detrás, con unas marcas azules en las mejillas y unos preciosos ojos de color carmesí.

–¿Ves menos borroso? –le preguntó un hombre que él reconocía como la voz del médico que le atendía al lado de ese chico. Fijándose en sus facciones, era más o menos de su estatura. Tenía el cabello y barba blanca, su piel era morena, sus ojos verdes. De unos cuarenta años de edad más o menos y vestía con una bata blanca.

–Takao –le llamó Kai, viendo que su cara era de preocupación.

–Yo... –dijo fijándose en que había un chico enfrente de la cama. Tenía el pelo desaliñado por delante, recogido en una coleta por detrás. La piel acanelada y color miel. Vestía con un abrigo rojo de cuello alto, pantalones de color negro–. Está oscuro –respondió Takao sonriendo, mirando a Kai de nuevo.

–¿Pero sigues viendo borroso? –preguntó el bicolor.

–Yo... creo que puedo ver –respondió sonriendo haciendo que los presentes sonrieran.

–Kai, sube un poco más la persiana –le indicó el médico.

–Ahora mismo –contestó Kai caminando de nuevo hacia la ventana, subiéndola un poco más. Takao se echó manos a la boca mientras sonreía lleno de felicidad, mirando la cama, el cuarto, sus manos, a los presentes.

–Puedo ver –susurró emocionado– ¡Puedo ver! ¡Os veo a vosotros! ¡La habitación! ¡Os veo perfectamente!

Rei se acercó hasta él con una sonrisa, abrazándolo.

–¡Puedo verte, Rei! –decía correspondiendo el abrazo.

–¡No sabes cuánto me alegro! ¡Te dije que lo conseguirías, Takao! –dicho esto, se separó un poco de él, mirándole con una sonrisa.

–¡Doctor, muchas gracias! –agradeció el menor a punto de llorar, extendiéndole la mano que fue cogida de inmediato.

–¡Enhorabuena, Takao! –Sonrió el mayor–. Intenta no llorar, porque después te dolerán los ojos.

–¡Ya lo sé, pero no puedo evitarlo, estoy muy feliz! –Comentó para soltar la mano del médico, mirar hacia Kai y abrirle los brazos– ¡Kai!

–¡Ven aquí! –dijo Kai sonriente, abrazándolo.

–¡Puedo verte! ¡Por fin puedo verte! ¡A ti y a los demás! ¡No puedo creérmelo!

–Pues créetelo, porque es verdad –respondió Kai para sentir cómo Takao se separaba un poco de él para darle un enorme beso en los labios.

–Eres muy guapo –aclaró el joven de cabellos azules, llorando.

–Tú también lo eres –contestó Kai sonriéndole a la vez que lo volvía a abrazar.

–Bueno chicos. Tendréis que dejar eso para después –dijo el médico sonriendo.

–Lo siento –se disculpó el menor. –Ha sido la emoción del momento.

–No importa, por algo sois pareja. Bueno, a lo que voy. Takao, tus ojos ahora serán muy sensibles a la luz del sol o a cualquier luz, así que en principio tendrás que llevar unas gafas de sol para que no te dañe la vista. En tres días podrás salir de aquí.

Mientras el médico le explicaba las cosas a Takao, Rei y Kai le tenían cogido de una mano cada uno. Takao tuvo que despedirse de Kai y Rei se quedó acompañándolo.

Horas más tarde, entraron Lorena y con Randy a la habitación. Tras comprobar que el joven de cabellos azules veía, le dieron su abrazo y la enhorabuena. Después Rei llamó a la familia de Takao para darles la noticia.

&&&Kai&Takao&&&

Un mes después...

Kai iba conduciendo el coche con Takao a su lado y el perro en la parte trasera del coche.

–¿Seguro que quieres hacerlo, Takao? –le preguntó el bicolor no muy convencido.

–Sí. De todas formas, tarde o temprano tendré que conocer a tu abuelo –aclaró mirando a Kai, viendo su cara de preocupación– ¿Por qué tienes esa cara? Kai, ya hablamos de ello el otro día.

–Lo sé, pero es que... si te molesta, dímelo.

–Lo haré, pero no quiero que te preocupes más. Además, él está deseando conocer a tu pareja.

–Sí, pero él espera ver a una chica en lugar de a un chico.

–Seguro que tu abuelo lo entiende. Él tuvo que estar enamorado alguna vez de tu abuela y sabe que el amor es lo más grande que hay –comentó, intentando tranquilizar al blanquecino de piel.

–¿Sabes? Tienes razón, ya casi estamos llegando –avisó Kai, divisando a lo lejos la mansión. Takao sólo miraba hacia los alrededores, pensando que la casa del abuelo de Kai estaba ahí mismo, ya que Kai no le había contando nada acerca de la mansión y de su fortuna.

–Que casas más bonitas hay aquí –dijo sonriendo–. Y que grandes son.

–Seguro que la de mi abuelo te gusta. También es grande –aclaró Kai, mirando un segundo a Takao para después seguir mirando la carretera.

–Allí podré quitarme las gafas, ¿no?

–Sí, dentro de la casa, sí –contestó.

–Qué bien –anunció sonriendo, viendo cómo el bicolor conducía hasta una gran verja negra enorme. Takao se fijó en que había una gran casa enfrente. Vio cómo un chico le abrió la verja a Kai para que pudiera pasar con el coche. Cuando vio a Kai parar el coche y bajarse, se sorprendió.

–Vamos, bájate –le anunció Kai cerrando la puerta del coche, para abrir la de atrás y que el perro pudiera salir. Takao abrió su puerta y se quedó maravillado al ver esa gran mansión.

–Kai.

–¿Qué?

–¿Falta mucho para la casa de tu abuelo? –preguntó Takao mirando a su alrededor.

–Jajaja, ya estamos en ella –le informó.

–¿Qué? –preguntó sorprendido–. Pero esto no es una casa, esto es una mansión –dijo con la boca abierta mirando cada detalle de la gran casa.

–Vamos dentro, a mi abuelo no le gusta esperar.

–Claro –respondió cogiendo la correa del perro mientras sentía cómo Kai le cogía de la mano. Cada paso que Takao daba con Kai hacia delante, se sorprendía más, todo le era tan familiar– .Yo no encajo aquí –susurró varias veces.

–¿Has dicho algo? –le preguntó Kai enarcándole una ceja.

–No, no es nada –finalizó viendo que Kai se paraba ante una gran puerta y tocaba el timbre.

Un hombre vestido con un traje negro le abrió la puerta–. Buenos días señorito Kai, pase por favor. Su abuelo le está esperando en su despacho.

–Está bien, gracias. Am... Takao.

–Dime –respondió, volviendo su vista a Kai.

–Lucky no puede pasar –le informó con pesar.

–Ah claro, lo entiendo. ¿Pero dónde lo dejo?

–Ricardo, quiero que le pongas al perro comida y agua. Y que lo lleves a la cochera y lo ates allí. –Le encargó dándole la correa del perro.

–Sí, señorito –respondió el sirviente cogiendo la correa del perro mientras hacía lo que Kai le había dicho.

Cuando Takao entró a la casa, se quedó alucinado. Esa mansión era tan enorme que hasta podría perderse en ella.

–Yo no encajo aquí –volvió a repetirse el menor inconscientemente, mientras miraba a su alrededor viendo a un montón de gente limpiando.

–Buenas tardes señorito Kai –le saludaban los sirvientes a medida que iban pasando por su lado.

–Buenas tardes –respondía él.

–¿Señorito Kai? –le preguntó Takao enarcando una ceja a lo que Kai le sonrió mientras subían las escaleras.

–Te lo explicaré después –respondió parándole frente a una puerta. Al ver el nerviosismo de Takao, le dio un beso en los labios para tranquilizarse. Takao vio como había un montón de puertas al lado de esa–. Creo que me ha sabido a poco –dijo Kai dándole un beso más profundo.

–Jejeje. ¿Estás nervioso? –le preguntó Takao.

–¿Tú no?

–Yo estoy asustadísimo –especificó el menor, agarrando muy fuerte a Kai de la mano.

–Bueno, creo que es el momento –dijo Kai dándole un último beso, tocando la puerta segundos después.

–Adelante –ordenó Voltaire al sentir que alguien tocaba la puerta.

–Tú quédate un momento aquí, dejaré la puerta abierta. –Aclaró el bicolor mientras veía cómo Takao asentía y éste veía cómo Kai cruzaba la puerta.

–Qué sorpresa, mi querido nieto –anunció Voltaire levantándose de la silla, dándole un abrazo.

–Hola, abuelo –saludó.

–¿La has traído? –preguntó impaciente.

–Lo he traído –afirmó.

–Jejeje, enséñame a la chica que va a ser mi nieta –dijo orgulloso.

–Abuelo, no es una chica, sino un chico. Mi pareja es un chico y los dos nos queremos muchísimo –especificó.

Voltaire frunció el ceño al escuchar esas palabras, intentando tranquilizarse– ¿Y lo has traído? –preguntó intentando guardar la compostura.

–Sí –confirmó Kai para mirar a Takao, el cual estaba algo asustado tras la puerta–. Sólo he venido a presentártelo y nos iremos –aclaró.

–Está bien, hazle pasar –le ordenó Voltaire mientras intentaba tranquilizarse.

Kai miró hacia la puerta con una sonrisa, viendo que él otro no se había marchado y que estaba muy pendiente a él–Takao, puedes pasar –le invitó a pasar ofreciéndole la mano, la cual fue cogida en el momento en que Takao entró en el despacho–. Te presento a mi abuelo, Voltaire.

Takao se encontró con un hombre de cabello largo grisáceo con un mechón blanco justo en medio. Su piel era morena y sus ojos negros. Su voz era ronca y áspera. Sus cejas eran bastantes pobladas y era un poco más alto que Kai. Vio que el anciano tenía cara de pocos amigos y que lo miraba fijamente–. Es un placer conocerle, señor –dijo extendiéndole la mano. Voltaire sólo le miró la mano con asco sin mover un solo músculo. Takao viendo que no le iba a estrechar la mano, la retiró. Ese hombre le estaba asustando, había algo en esa mirada que lo asustaba y mucho, pero no sabía porqué.

–Venga, vámonos Takao –le invitó el bicolor, al ver la reacción de su abuelo. Sería mejor no permanecer ahí por más tiempo.

–Adiós, señor –le despidió Takao viendo que Voltaire le miraba enfadado, antes de que Kai lo cogiese de la mano y lo sacase de la habitación.

&&&Kai&Takao&&&

–Creo que no le he caído bien a tu abuelo –comentó preocupado, siendo guiado por un largo pasillo sin saber hacia dónde se dirigían.

–No te preocupes, le caerás bien. Él es así de cortante con todo el mundo –aseguró Kai mientras le enseñaba todas las habitaciones de la mansión–. Es sólo que no esperaba que su único nieto fuera homosexual –agregó abriendo la puerta de su habitación–. Mira, éste era mi cuarto.

–¡Qué grande! –Exclamó el menor mirando la habitación–. Tienes una cama gigantesca –sonrió–. Qué digo. Todo aquí es gigantesco –agregó cruzándose de brazos mientras comenzaba a temblar, viendo la larga distancia que había entre los muebles de allí.

–¿Tienes frío? –le preguntó Kai.

–Un poco –contestó frotándose los brazos–. Y no lo entiendo, tengo la chaqueta y los abrigos puestos y estoy empezando a congelarme.

–Ven aquí –le pidió abrazándole y frotándole la espalda– ¿Sabes qué? Mejor vámonos de aquí. Puede que esta habitación sea muy fría para ti –decía cogiéndole de la cintura mientras caminaban hacia la puerta. Al salir de la habitación, el blanquecino de piel cerró la puerta tras de sí y ambos caminaban a lo largo del pasillo.

–Kai –le llamó su abuelo autoritario, en cuanto vio que su nieto iba agarrando la cintura de ese chico y que pretendían marcharse.

–¿Qué quieres? –preguntó, dándose la vuelta para mirarle sin soltar a Takao.

–Necesito hablar contigo.

–Pues será para otra ocasión, porque nos vamos ya.

–No, tiene que ser hoy –ordenó.

–Si es sobre la dichosa empresa, no me interesa, abuelo –respondió adelantándose a los acontecimientos.

–Kai, no sólo es de la empresa, vamos –especificó Voltaire, caminando hacia el despacho.

Miró al joven de cabellos azules–. Ahora vuelvo Takao, siéntate en el comedor. El fuego de la chimenea estará encendido –le hizo saber.

–¿Y dónde está eso? –le preguntó el menor.

Kai sonrió–. Espera, mejor te acompaño –caminaron por el pasillo, bajando las escaleras que daban a la puerta principal. Cruzaron varias puertas, dando por fin al comedor, dónde había varios sirvientes limpiando–. Cualquier cosa que os pida Takao dádsela, ¿de acuerdo? –le ordenó Kai a los sirvientes.

–Sí, señorito –respondieron los sirvientes casi al unísono.

Devolvió su atención a Takao, ofreciéndole asiento en un sillón muy cómodo, que estaba cerca de la chimenea–. Bien, ahora vuelvo. No mires el fuego y no te muevas de aquí.

–¿Bromeas? Con lo calentito que se está aquí, además, me perdería –confesó Takao sonriendo, viendo como Kai le daba un beso en la frente y se iba de allí.

&&&Kai&Takao&&&

–¿Qué quieres? –preguntó tan pronto entró al despacho.

–¿Cómo que qué quiero? ¿Qué significa esto Kai? Me traes a un chico en lugar de una chica, exijo saber que está pasando. –pidió de forma rotunda el anciano, apoyando ambos brazos sobre la mesa, permaneciendo sentando.

–¿Qué va a pasar? Que lo conocí, me enamoré de él y soy su novio –dijo sin más.

–Pero eso es imposible. Sois dos hombres, por favor –aclaró con sorna, dándole a demostrar la evidencia del asunto–. Ya sé lo que pasa aquí. –Dijo tras pensar unos segundos–. Es un actor que has contratado para que me trague ese cuento, ¿verdad?

–No, esto es real –contestó el bicolor con seriedad.

–¿Pero qué dirán los demás? –preguntó el anciano preocupado por el estatus social.

–Como si me importara. Lo único que me importa es que le quiero y él también me quiere. Sólo te pido que hagas el esfuerzo de conocerle, es un chico muy bueno y de gran corazón.

–No me apetece hacer eso –contestó desviando la mirada, recostándose en el sillón.

–Pues tendrás que hacerlo. Te guste o no te guste. Porque en un futuro será de la familia.

–No hablaras en serio. –Le devolvió la mirada al nieto, viendo seguridad en sus ojos–¡Esto es el colmo! –bramó.

–Si no quieres aceptar la realidad, muy bien –aclaró caminando hacia la puerta, abriéndola. Antes de salir de ahí, miró hacia su abuelo–. Me das pena –finalizó saliendo de allí. Voltaire se levantó de la silla y salió también del despacho para ver cómo su nieto bajaba muy deprisa las escaleras, así que decidió seguirlo.

&&&Kai&Takao&&&

Cuando Kai entró al comedor a paso bastante ligero, vio a Takao justo en el mismo sitio dónde lo había dejado. Éste estaba viendo cómo los sirvientes hacían su trabajo. Ese comedor era inmenso. Tenía varias lámparas de araña en el techo, una larguísima mesa con un montón de sillas tapizadas, una chimenea gigante, con unos sillones y sofás confortables alrededor. Los armarios eran extensos y de grandes proporciones, al igual que las ventanas y las cortinas. No le extrañaba que hubiese tanto trabajo por hacer. Debía de costar bastante tiempo arreglar una habitación de esas dimensiones y no es que el resto, fueran más pequeñas que esas.

–Ya estoy aquí, vámonos –le pidió con el ceño fruncido.

–Está bien –respondió poniéndose en pie, para coger de la mano a Kai–. Adiós –les dijo a los sirvientes.

–Adiós, joven –contestaron los sirvientes con educación, viendo cómo ambos jóvenes salían del comedor bastante deprisa.

–¡Kai! –gritó Voltaire desde las escaleras, haciendo que a Takao diese un respingo al escuchar esa voz tras él. Kai se detuvo y se dio la vuelta para mirar a su abuelo.

–¿¡Ahora qué demonios quieres!? –le preguntó enfadado.

–Yo... yo... –dijo Voltaire buscando una excusa para que su nieto no se fuera de allí, pero no se le ocurría ninguna.

–De acuerdo –contestó Kai abriendo la puerta principal de la casa para salir de allí. Pero se sorprendió al ver que estaba nevando y que había unos tres centímetros de grosor en el suelo–. Oh no –susurró cerrando los ojos y apretándolos.

–¿Qué es eso? –preguntó Takao, viendo algo caer del cielo.

–Está nevando –le informó el mayor, mirándole.

–¿Eso es nieve? ¡Qué bien! –decía emocionado el joven de cabellos azules, viendo la nieve caer desde el cielo.

Voltaire rulo la vista pensando en qué clase de tonto era ese chico para no saber que era la nieve–. Creo que tendréis que quedaros aquí. Os invito a cenar –agregó Voltaire con una sonrisa mirando a su nieto, viendo la cara de enfado de éste. Su sonrisa se esfumó al ver a ese niño que tenía a Kai agarrado de la mano–. Podríais quedaros a dormir –sugirió.

–Ni en sueños –fue la respuesta de Kai.

–Vamos Kai, no seas cabezota. Puedes tener un accidente de coche si te vas con este temporal.

–Prefiero dormir en el coche antes que dormir aquí –agregó.

–Vamos, no seas exagerado –decía su abuelo, bajando ahora las últimas escaleras.

–Kai, hace mucho frío –se quejó el joven de cabellos azules.

Se detuvo a pensar en la situación –Tienes razón –contestó Kai cerrando la puerta.

–¿Y el perro? ¿Estará bien? –preguntó el joven de cabellos azules acordándose de Lucky.

–¿Perro? –preguntó Voltaire mirando al joven de cabellos azules.

–Sí, tranquilo. Dónde está no le cae la nieve y estará calentito, además, tiene agua y comida –aclaró Kai, para que no se preocupase, mirándole.

–¡En esta casa no se permiten animales! –refunfuñó Voltaire, pero Takao ni siquiera le miraba, aunque si escuchaba sus palabras.

–Por eso no está dentro de la casa –especificó Kai mirando a su abuelo con el ceño fruncido, para después mirar al joven de cabellos azules y sonreírle–. Vamos a calentarnos.

–De acuerdo –respondió Takao sin saber muy bien cómo actuar ante tales acontecimientos.

&&&Kai&Takao&&&

Kai estaba sentado junto a Takao en el sofá, calentándose en el fuego, mientras estaban abrazados. Voltaire los observaba en silencio, desde una larga mesa, pero no podía escuchar lo que decían. No quería que Kai se encerrara en su habitación como solía hacer cuando estaba enfadado, quería tener vigilado a ese joven de cabellos azules. No podía verle los ojos por esas gafas oscuras que llevaba puestas.

–¿Se te ha pasado el enfado? –le preguntó Takao.

–Sí, ya me siento mejor. Pero en cuanto lo mire a la cara, sé que me volveré a enfadar.

–Kai, creo que tu abuelo no se ha tomado muy bien lo nuestro o el que yo esté aquí. No lo sé.

–Desde luego no se esperaba la noticia, pero me da igual, yo voy a seguir siempre a tu lado.

–Creo que lo mejor sería no besarnos y eso. Quizás le moleste.

–Takao, somos pareja. Estamos en el tiempo de besarnos y de abrazarnos, si no entiende eso es porque es idiota –agregó dándole un beso, mientras Takao le acariciaba la mejilla–. Está calentita –dijo Kai cogiéndole la mano y besándola.

–Pero Kai, entiende que esto ha sido un golpe duro para él. Tu abuelo esperaba una chica en lugar de a un chico. Me gustaría darle un poco de tiempo para que se acostumbre a mí. Casi se me olvida –dijo poniéndose una mano en la frente.

–¿El qué? –preguntó Kai enarcando una ceja.

–Si voy a estar aquí esta noche, me gustaría llamar a Rei para avisarle –dijo poniéndose de pie, sacando el móvil que Kai le había regalado–. Vaya –se quejó y miró hacia la ventana–. No tiene cobertura. Y no puedo salir fuera con la que está cayendo.

–Pues usa el fijo –añadió Kai levantándose–. Ven conmigo –le pidió.

&&&Kai&Takao&&&

La noche llegó. Takao ya había llamando a Rei para contarle lo que sucedía. A Rei no le sentó muy bien la noticia, pero tuvo que conformarse. Sólo esperaba que el bicolor no se pasase de listo con Takao.

La mesa estaba servida y ellos acababan de sentarse en la mesa. Voltaire veía cómo su nieto no paraba de mirar a Takao. El anciano presidía la mesa, Kai se sentaba a su izquierda y a su lado, Takao.

–¿Puedo quitarme las gafas? –le preguntó Takao a Kai.

–Sí, quítatelas –respondió Kai, viendo cómo Takao le hacía caso. Voltaire los miraba en silencio. Una sirvienta se acercó a servirle a los tres. Primero sirvió a Voltaire.

–Suficiente –dijo Voltaire sin más, empezando a comer.

El siguiente en empezar a servir fue a Takao–. Es suficiente, gracias –le avisó el joven de cabellos azules, a lo que Voltaire gruñó.

Kai le imitó las palabras a Takao. Sabía que a su abuelo no le gustaba que les dieran las gracias por nada a los sirvientes, pero eso Takao no lo sabía. Él lo hacía, porque era su costumbre.

–¿Y de dónde eres niño? –preguntó Voltaire con arrogancia mirando a Takao.

–Abuelo, su nombre es Takao –especificó Kai con calma pero empezando a fruncir el ceño.

–No pasa nada, Kai. –Le avisó al bicolor, para luego regresar su vista a Voltaire–. Soy de Japón, concretamente de Osaka, señor –respondió cogiendo el cuchillo y el tenedor con las manos.

–Ah. ¿Y qué edad tienes? –preguntó cortando la carne con el cuchillo.

–Veintiún años.

–¿Y de qué familia eres?

–No le entiendo –respondió empezando a cortar el filete de carne.

–Pregunto, que de que familia eres –volvió a repetir con obviedad.

–Mi familia son los Kinomiya –respondió el menor sin más.

–No los conozco. –Dijo Voltaire haciendo memoria– ¿Qué empresa tienen?

–No tienen empresa, señor –contestó echándose un trozo de carne a la boca.

–¿Propiedades? –preguntó enarcando una ceja

–Tampoco –respondió tan pronto se había tragado la carne.

–Abuelo –le llamó la atención Kai, sabiendo por donde iban las intenciones de Voltaire.

–Si no tienen propiedades, ni empresa. ¿Qué es lo que estás haciendo ahora? –preguntó con voz gruñona.

–Trabajo en el hospital con Kai –decía orgulloso de lo que hacía.

–Ah, así que eres médico. Como mi nieto –habló echándose un trozo de carne a la boca.

–Bueno, no exactamente. Mi trabajo es convencer a la gente invidente para que se opere e intente ver su situación de otra manera.

–¿Qué situación? ¿La de cómo hacerse menos daño al tropezar con una esquina? –comentó burlándose.

–Abuelo. Ya basta –advirtió Kai poniéndose de pie, alargando la frase.

–Kai, no pasa nada. –Decía el menor mirando al bicolor para luego regresar su vista al anciano–. No es esa situación, señor. Es la de no desanimarse por no poder ver, la de seguir haciendo su vida con normalidad –explicó.

–Jajaja, no me hagas reír –rió sonoramente–. Esa gente, ya no son personas.

–Ya he oído suficiente –aclaró Kai cogiendo a Takao de la mano–. Nos vamos.

–Vamos, no te enfades Kai y siéntate a comer –ordenó su abuelo, intentando no volver a reírse, por las palabras tan absurdas que había escuchado salir de la boca del joven de cabellos azules.

–Flora –llamó el bicolor a la sirvienta, mirándola.

–¿Sí, señorito? –preguntó la sirvienta.

–Llévanos la cena al otro comedor.

–Sí, señor –obedeció, haciendo una reverencia.

–Vámonos, Takao –le informó, llevándose a Takao de allí para meterse con él en otro comedor. Se sentaron en la mesa y empezaron a cenar mientras Takao lo tenía agarrado de la mano, sentado al lado uno del otro.

–Venga, no te enfades. Seguro que no lo ha hecho apropósito, sería sólo una broma –decía Takao intentando relajar un poco a Kai.

"No, no lo era", pensaba–. Ha sido una broma de muy mal gusto –comentó Kai enfadado.

–Kai, tu abuelo no sabe que yo fui invidente también –le recordó para restarle importancia al asunto, aunque realmente le había dolido escuchar esas palabras de una persona.

–Te juro que hay momentos en los que lo ahogaría con mis propias manos.

–No digas eso –dijo Takao acariciándole la mano con el dedo pulgar–. Es parte de tu familia y es tu único abuelo.

–Con uno como este, para que quiero más. Éste incluso me sobra –decía removiendo la comida.

–Ahora piensas así porque estás enfadado, pero piensa que él te quiere mucho. Lo que pasa es que el tendrá esa manera de ser. Kai intenta relajarte –le pidió.

–Lo intento, pero no puedo. No me gusta la forma en la que te ha tratado.

–No pasa nada. Yo ya lo he olvidado, de verdad.

–Eres tan bueno –dijo Kai mirándole.

–No lo soy. Sólo intento comprender a tu abuelo. Yo soy un desconocido para él y la soledad que él tiene en estos momentos debe de ser algo terrible.

–Supongo que sí –respondió.

&&&Kai&Takao&&&

Después de cenar tranquilamente. Kai les ordenó a los sirvientes que prepararan la habitación para Takao. Escogió la que estaba justo al lado de la suya. Se metieron los dos en la habitación de Kai, mientras el bicolor miraba en su armario.

–Estoy seguro de que tiene que estar por aquí –dijo buscando en el armario–. Aquí está –confirmó, sacando un pijama de color azul–. Toma –agregó dándoselo–. Puede que te esté un poco largo de mangas, pero te quedará bien.

–Gracias –agradeció el menor, aceptando el pijama.

–Ya sabes dónde está el cuarto de baño y si necesitas cualquier otra cosa, a la hora que sea, llámame –le recordó.

–De acuerdo, lo haré, buenas noches –le despidió el joven de cabellos azules, dándole un beso.

–Buenas noches –respondió, viendo cómo el menor salía de su habitación.

&&&Kai&Takao&&&

Takao tenía el pijama de Kai puesto. Llevaba media hora dando vueltas en la cama sin poder dormirse por culpa del frío. Miraba a su alrededor y veía una inmensa habitación. Veía sombras moverse en la pared y sentía como si alguien diera pequeños toques en los cristales de la ventana de su habitación.

"Takao, no eres un niño de cinco años para tener miedo. ¿Por qué me estoy congelando? La ventana está cerrada y hay dos mantas en la cama, además de las sábanas. Creo que voy a mirar a ver si hay más mantas en ese armario". Pensaba encendiendo la luz de la habitación, caminando hacia el armario, para después abrirlo. "Vaya, no hay ninguna", pensó mirando de arriba abajo. Cerró las puertas del armario y miró su reloj de muñeca "Son las doce de la noche. Quizás Kai esté despierto todavía. O puede que ya esté durmiendo y yo vaya a molestarlo. Ya sé lo que haré, abriré la puerta de su habitación y si está la luz apagada, regresaré aquí", pensaba apagando la luz de la habitación. Cerró la puerta de la habitación tras de sí. Caminó por el pasillo, abriendo sigilosamente la puerta de la habitación de Kai. Abrió una pequeña rendija comprobando que la luz estaba apagada. Iba a cerrarla de nuevo cuando...

–¿Takao? –Preguntó mirando hacia la puerta– ¿Eres tú?

–Sí, siento despertarte, pero tenía frío –confesó viendo que el bicolor había dado la luz–. Quería saber si tú sabías donde había otra manta. He mirado en el armario, pero no hay ninguna.

–Pues no sé. Aquí tampoco hay más –respondió.

–Kai. ¿Puedo dormir contigo? –preguntó el joven de cabellos azules al recordar esas sombras en su habitación y esos ruidos en los cristales en la ventana.

–Claro que sí –respondió haciendo a un lado las sábanas–. Vamos, entra –dijo sonriendo. Takao se acercó tímidamente a la cama y se sentó en ella, recostándose, dándole la espalda a Kai. Kai lo tapó muy bien con las sábanas y apagó la luz.

–Gracias, estoy helado –le hizo saber el menor, cuando sintió el pecho de Kai chocar con su espalda. Su mano, agarrando la suya y su cabeza, sobre la suya.

–Ya verás que pronto entras en calor –le anunció Kai dándole un beso en la mejilla–. Buenas noches.

–Buenas noches –respondió cerrando los ojos.

Kai sintió durante un rato el cuerpo de Takao temblar, para luego sentir cómo dejaba de hacerlo. Takao no tardó mucho en quedarse dormido en cuanto entró en calor y Kai por la cercanía y el calor que desprendía el cuerpo de Takao, también se quedó dormido.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Perdonadme si he cometido algún fallo, (siempre alguno se puede escapar).

Gracias por sus reviews a:

Traky

Águila Fanel

Takaita Hiwatari

Quimera

Buhonero

Senshi Hisaki Raiden

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