Pareja: Kai&Takao

Advertencia: Lemon

"Pensamientos"

–Diálogos.

AMOR CIEGO

–Kaily Hiwatari–

Ganarme Su Confianza

Continuación…

&&&Kai&Takao&&&

A la mañana siguiente, Takao abrió los ojos al sentir cómo le acariciaban la mejilla.

–Takao –le llamó el bicolor en un tono suave–. Despierta, dormilón –le susurró sonriéndole.

–Sólo cinco minutos más –pidió Takao acomodando la cabeza en la almohada.

–Takao, son las once de la mañana –aclaró el bicolor.

–¡Ah! –Gritó sentándose de golpe en la cama– ¡Llego tarde! –Dijo llevándose las manos a la cabeza para mirar a Kai– ¡Llegamos tarde! –le informó exaltado viendo como Kai le tapaba la boca.

–Tranquilo, hoy no vamos a ir a trabajar –le avisó quitándole la mano de la boca.

–¿Por qué?

–Porque ha estado nevando toda la noche y las carreteras están cortadas. Además, Lorena me ha llamado porque el director de nuestras prácticas le ha llamado y le ha dicho que hoy no era necesario que fuéramos a trabajar. Así que tenemos el día libre –le explicó.

–Ah –suspiró–. Qué susto me he dado.

–¿Sabes lo que vamos a hacer hoy? –le preguntó Kai.

–¿Qué? –preguntó enarcando una ceja.

–Vamos a abrigarnos muy bien y vamos a jugar con la nieve.

–¿De verdad? –preguntó el joven de cabellos azules mientras un brillo especial aparecía en sus ojos.

–Sí. Y después nos tomaremos un chocolate bien caliente para entrar en calor. Pero antes hay que bajar abajo para desayunar.

–Pues vamos –pidió Takao cogiéndolo de la mano, tirando de él.

–Jajaja, será mejor que te vistas primero –decía siendo sacado de la cama por el joven de cabellos azules.

El menor se miró y fue entonces cuando cayó en la cuenta de que estaba en pijama. –Vale –respondió soltándole de la mano–. No tardo nada, espérame aquí –aclaró con una sonrisa, saliendo de la habitación, para irse a la habitación que la noche antes le habían asignado.

&&&Kai&Takao&&&

En cuanto Takao se vistió, entró a la habitación de Kai y bajaron a desayunar. Voltaire por suerte no había bajado a desayunar, así que ellos lo hicieron tranquilamente. Takao se puso las gafas oscuras. Kai le dio unos guantes y una bufanda que tenía guardados en el cajón de su habitación. Fueron a buscar a Lucky y se lo llevaron con ellos para que el perro también jugase en el jardín.

&&&Kai&Takao&&&

–La nieve es muy bonita y es muy profunda –decía el joven de cabellos azules al ver como sus pies se hundían en ella–. Y está muy fría –aclaró.

–Coge un poco de nieve en tus manos.

–¿Para qué? –preguntó sin comprenderle.

–Para que se calienten –contestó.

–¿Qué? Pero si está muy fría, se me congelarán las manos –agregó Takao mirando la nieve.

–No lo harán –aseguró Kai, cogiendo un puñado en sus manos, para comenzar a restregárselas.

–Kai, se te van a congelar las manos –añadió.

–Puede que al principio sí, pero después entran en calor. Además… –dijo arrodillándose–. Si vamos a hacer un muñeco de nieve, tendrás que tocar la nieve –aclaró haciendo un pegote de nieve en el suelo– ¿Me ayudas? –preguntó, esperando a el joven de cabellos azules se decidiese.

–Claro. Aunque no sé muy bien cómo –contestó Takao arrodillándose en el suelo junto al bicolor.

&&&Kai&Takao&&&

Una hora después, Kai y Takao habían hecho un muñeco de nieve.

–Tenías razón, mis manos están calientes –aseguró el menor.

–Te lo dije. Vamos a hacer un ángel en el suelo.

–¿Cómo se hace? –preguntó el joven de cabellos azules enarcando una ceja.

–Así –contestó tumbándose en el suelo boca arriba. Juntó sus piernas y sus manos estaban pegadas al lateral de sus piernas. Empezó a separar las piernas y los brazos, para luego volver a dejarlo todo como al principio. Takao lo imitó haciendo varios ángeles en el suelo. Después jugaron a tirar bolas de nieve al tronco de un árbol desde la distancia. No lo hacían entre ellos porque Kai no quería que por un mal lanzamiento suyo, a Takao le entrase nieve en el ojo. El perro olisqueaba todo el lugar y saltaba por encima de la nieve.

&&&Kai&Takao&&&

Voltaire estaba observado cada movimiento de ellos desde la ventana de su despacho. No entendía que había visto Kai en ese niño. Por culpa de ese crío, Kai se había enfadado con él. Se quedó mirando la imagen que tenía ante sus ojos. Ese niño le había tirado una bola de nieve a Kai en la espalda y salió corriendo como un tonto mientras que Kai lo seguía. No entendía porqué su nieto no le tiraba una bola a ese crío, sabiendo la buena puntería que tenía su nieto. Y encima tenía que ver cómo abrazaba a ese chico, cómo lo tumbaba en el suelo y cómo le hacía cosquillas. ¡Eso era incorregible! ¡Un Hiwatari no se comportaba así! Después reprendería a su nieto por tal acto. Lo que vio a continuación le hizo cerrar la cortina de la ventana. Tendría que hablar con su nieto y muy seriamente por su extraño comportamiento y lo más importante, tenía que hacer que ese crío se fuera de su lado.

&&&Kai&Takao&&&

–Jajaja –reía Takao tumbado en el suelo–. Más cosquillas no, Kai –le rogó.

–Ahora te aguantas y si no haberlo pensado mejor antes de tirarme esa bola de nieve –le explicó Kai sonriendo mientras estaba sobre él, haciéndole más cosquillas a su novio, viendo cómo éste se reía.

–Jajaja. Por favor no sigas, que me muero de la risa –decía moviéndose hacia los lados.

–Sólo si me prometes no volverlo a hacer.

–Jajaja, te lo prometo –decía ya sin fuerzas para seguir hablando.

–Vale –respondió parando de hacerle cosquillas.

Se incorporó para sentarse en el suelo– ¡Jo! Con lo divertido que era –se quejó el joven de cabellos azules tan pronto recuperó el aire para hablar.

–¿Te parece divertido tirarle una bola de nieve a tu novio en la espalda? –le preguntó el bicolor acercándose a él.

–Sí, muy divertido –contestó Takao sonriendo para después darle un beso.

–Pues sigue tirándomelas si eso te hace feliz, pero después no vengas a suplicarme que no te haga cosquillas, porque te las haré –aseguró Kai dándole otro beso.

–Creo que correré ese riesgo –le hizo saber antes de abrazarlo.

&&&Kai&Takao&&&

Takao y Kai entraron a la mansión riéndose a más no poder. Estaban agarrados de la mano, con la ropa llena de nieve. Incluso llegaron a poner el suelo por dónde pisaban, perdido de ella. Voltaire los tenía justo enfrente mientras los miraba seriamente.

–¿A qué viene tanta diversión si puede saberse? –preguntó Voltaire.

–Ah, eres tú –afirmó el bicolor con pocas ganas–. Hola, abuelo –le saludó.

–Hola –saludó Voltaire sin más.

–Hola, señor –saludó el joven de cabellos azules sonriéndole.

–Hmp –fue todo lo que dijo Voltaire, dándose la vuelta para entrar al comedor–. Kai, la comida está lista, no me hagas esperar.

–Oye –dijo Kai a punto de meterse en otra pelea por haber ignorado adrede a Takao.

–Kai –le llamó el menor, apretándole la mano– Tranquilo, ¿vale? No pasa nada.

Respiró profundo para intentar tranquilizarse–. Está bien –fue lo único que dijo.

&&&Kai&Takao&&&

En la mesa, los dos jóvenes no paraban de mirarse y de reírse. Voltaire miraba la escena furioso. Al igual que la otra vez, el presidía la mesa, pero a su lado izquierdo se encontraba Takao y no Kai como debería de ser. Habían intercambiado sus puestos en la mesa y no sabía de quien habría sido la idea, pero le asqueaba.

–Kai, ¿qué te hace tanta gracia? –preguntó Voltaire, intentando llamar la atención de su nieto.

–Nada en especial –contestó mirando a Takao, sin dejar de remover la sopa.

–¿Te lo estás pasando bien, Kai? –le preguntó Voltaire.

–Sí y mucho –contestó sin tan siquiera mirarle, centrando su atención en Takao.

–Podrías mirarme cuando te hablo. Él no te está hablando ni siquiera. No sé porqué requiere tanta atención –agregó el anciano celoso.

–Abuelo –dijo Kai empezándose a enfadar.

–Kai –le llamó Takao y él enseguida entendió que no quería que se enfadase con su abuelo.

El anciano probó la sopa. –Kai, querido nieto. Pásame la sal, ¿quieres?

–Dámela a mí, yo se la paso –pidió el menor, soltando la cuchara en el plato–. Tú estás muy lejos –El anciano vio a Takao cogiendo el pequeño salero de la mano de Kai para dársela a él–. Aquí tiene, señor –le dijo con una sonrisa.

Le miró con asco–. Ya no la quiero –añadió Voltaire, viendo que al joven de cabellos azules se le borraba la sonrisa.

–Ya está bien –susurró Kai poniéndose en pie.

–Kai –le llamó Takao.

–No, Takao –dijo Kai mirándole para después mirar a su abuelo–. ¿Querías la sal verdad? –preguntó cogiendo el salero en su mano, desenroscando la tapadera. Se acercó hasta el plato de sopa de su abuelo y vertió todo el contenido del salero en ella–. Pues toma sal –añadió poniendo el salero vacío con un golpe en la mesa.

–Vamos no te enfades, Kai –agregó Voltaire, enfadándose por ese acto.

–¡Que se te meta bien en la cabeza, porque no voy a repetírtelo nunca más! ¡Takao es mi novio te guste o no te guste! ¡Por mí como si te tiras por un puente y te matas en el acto, no me importa, pero a mi novio lo tratas con el respeto que se merece! –Sentenció– ¡Desde que ha llegado él a ésta mansión no has parado de pasar de él como si no fuese nadie!

Takao miraba la situación asustado. Kai estaba realmente enfadado y su abuelo aunque permanecía sentando y callado, tenía cara de pocos amigos–. Yo mejor os dejo solos, estaré fuera –avisó Takao saliendo del comedor para irse a la entrada de la calle.

–El chico es listo, sabe cuando estorba –añadió Voltaire con simpleza.

–Abuelo, te lo advierto –siseó–. Vuelve a tratar a Takao así delante de mí y te juro que no volverás a verme el pelo en tu vida.

–Vamos Kai, entiéndeme –habló poniéndose en pie–. Te presentas aquí con ese chico que ni siquiera trabaja en una empresa y que dudo que sea rico.

–Eso es lo que te importa, ¿verdad? ¡El maldito dinero! –Se pasó las manos por el cabello, pensando en la situación–. Si Takao fuese rico seguro que besarías por donde pisara. Eres patético, ¿lo sabías? –le recriminó.

–Cuidado jovencito –siseó mirándole seriamente–. Un respeto a tu abuelo –ordenó de forma gruñona.

–Te respetaré cuando tú hagas lo mismo conmigo. Mientras tanto espera sentado a que eso ocurra porque no será jamás. O tratas mejor a Takao o ya sabes lo que pasará. –Advirtió.

–Kai, no es para que te pongas así –habló el anciano intentando restarle importancia al asunto.

–¡Me pongo como me da la gana! ¡Ya estoy harto de que me digas lo que tengo que hacer, todo para tu simple conveniencia! –gritó enfadado.

–Yo sólo lo hago por tu bien –aclaró con voz refunfuñona.

–¿¡Por mi bien!? –Preguntó incrédulo –¡Ja! No me hagas reír. –Siseó–. Sólo lo haces por ti, porque es lo que te conviene. En serio que dudo que alguna vez quisieras a tu mujer y a tu propio hijo.

–¡Claro que si los quise, y más de lo que te imaginas! –aclaró levantando su tono de voz.

–¡Pues permíteme que lo dude!

–¿Qué has visto en ese chico? –preguntó sin comprenderlo.

–Lo que yo haya visto en él, no es asunto tuyo –añadió apoyando las manos sobre la mesa.

–Me importa porque en un futuro tendrá parte de nuestra fortuna –le recordó.

El bicolor se separó de la mesa y comenzó a andar de un lado para otro–. Otra vez sale a relucir el maldito dinero. ¿Sabes qué? –Le dijo mirándole a los ojos–. No quiero ese asqueroso dinero, te lo regalo –añadió.

–Eso es imposible. Ese dinero te pertenece por herencia. –bramó.

–¡Pues entonces si me pertenece por herencia, déjame en paz y no te metas en mi vida! –gritó llevándose una mano a la frente.

El anciano veía cómo Kai daba pequeños paseos, sin apartar su mano de la frente–. Kai, sabes que te quiero...–no le dio tiempo a terminar la frase antes de ser interrumpido por el bicolor.

–Jajaja, eso tiene gracia –dijo cruzándose de brazos–. Tú sólo te quieres a ti mismo –añadió–. Mírame y préstame mucha atención –se acercó hasta su abuelo, apoyando las manos sobre la mesa–. Como vuelvas a hablarle mal a Takao, o a contestarle de mala gana o simplemente intentes hacer como que no existe, despídete de mí. –Sentenció dándose media vuelta, para empezar a caminar.

–Kai...

–¡Cállate y olvídate de mí hasta que no le pidas disculpas a Takao, porque no pienso dirigirte la palabra! –le informó acercándose hasta la puerta del comedor.

–¿Es una amenaza querido nieto? –preguntó Voltaire con altanería.

–Tómatelo como quieras –siseó abriendo la puerta. No tardó más tiempo en salir de allí, dejando a un muy furioso Voltaire golpeando la mesa por no haber podido salirse con la suya.

&&&Kai&Takao&&&

Takao estaba sentado en el escalón de la puerta de entrada, con las rodillas flexionadas y con los brazos rodeando sus piernas.

"Creo que el abuelo de Kai no me traga mucho. Yo sólo intento ser amable con él, pero no me deja ni siquiera que le pase el salero". Pensaba mientras era observado por Kai, viendo la cara de tristeza de Takao. Se sentó a su lado mientras rodeaba con su mano la cintura del joven de cabellos azules.

–¿Estás bien? –le preguntó Kai aunque era evidente que no lo estaba.

–Claro –contestó el joven de cabellos azules mirando la nieve.

–Te pido perdón en nombre de mi abuelo, es un cabezota.

–Ya no importa Kai, tampoco espero mejor trato de él.

–No digas eso. Algún día te verá con otros ojos –le animó.

–No lo creo. No sé porqué no le caigo bien. Yo sólo quiero conocerle y que él me conozca a mí, nada más. Y encima estabais discutiendo por mí.

–Tampoco era una discusión, así es la forma en la que nos solemos hablar entre nosotros. Los dos somos igual de cabezotas –aclaró sonriendo viendo que el joven de cabellos azules seguía con su cara de tristeza–. Venga, no me gusta verte así, Takao. ¿Dónde está el chico feliz y sonriente del que me enamoré?

–Está aquí, es solamente que ahora está un poco triste –añadió, sintiendo cómo Kai le besaba en la cabeza.

–¿Sabes qué? Eres bueno para convencer a la gente, así que confío plenamente en que convencerás también a mi abuelo. Llegará un día en que no te dejará ni respirar por lo mucho que te quiere.

–¿Sabes qué? –preguntó Takao sonriendo–. Tienes razón, intentaré ganarme la confianza de tu abuelo –decía un poco más animado.

–Así me gusta –sonrió–. Y ahora vamos a terminar de comer, tengo hambre.

–Yo también –se quejó el joven de cabellos azules.

&&&Kai&Takao&&&

Pasaron seis horas. Takao y Kai estaban de pie, mirando por la ventana del comedor cómo nevaba.

Voltaire entraba en el comedor y se quedó mirándoles. Estaba deseando que parase de nevar y que se descongelase la nieve para ver cómo ese joven de cabellos azules se iba de allí con su asqueroso chucho.

–Mira cuanta nieve, Kai –anunció Takao ilusionado al ver cuando nieve caía del cielo.

–Sí, está nevando mucho –contempló.

–Cof, cof –tosió Voltaire haciendo que los dos se girasen para verlo–. Niño, me gustaría hablar contigo a solas –dijo mirando a Takao.

–Claro, señor –contestó separándose de la ventana.

–Bien –aclaró Voltaire mirando a Kai–. Si no te importa Kai, déjanos solos.

Kai miró a Takao–. Estaré en mi habitación, ¿de acuerdo? –le avisó.

–Vale –respondió el menor, viendo cómo Kai salía de allí cerrando la puerta.

–¿Te importa quitarte las gafas? No me gusta que la gente las lleve puesta mientras le estoy hablando.

–Ah, claro que no –contestó quitándoselas.

–¿Cómo era tu nombre? Estoy muy desmemoriado –decía mirando las cortinas de la ventana como si encontrase algo interesante en ellas.

–Takao, señor –contestó.

–Takao. Verás Takao, entiendo que no hemos empezado bien y te pido disculpas por ello –terminó diciendo la frase, para ahora dedicarle una mirada.

–Oh, no hace falta que se disculpe conmigo señor, entiendo que esperaba una chica en lugar de a un chico. Ha debido ser un golpe duro para usted.

–Lo ha sido, sin lugar a dudas. –Comentó–. Kai ha sido siempre un chico muy admirado por las chicas, por eso esperaba una chica como su pareja. –explicó Voltaire acercándose más a Takao mirándole a los ojos fijamente. Al mirarlo de cerca se sorprendió, pero no lo reflejó en su rostro y siguió con la misma cara seria de siempre. Comenzó a rodearlo, mirándole de arriba abajo.

–¿Ocurre algo, señor? –preguntó al estar bajo su punto de mira.

"Se parece tanto a ese crío". No, Takao –sonrió–. Me haría muy feliz si ésta noche cenásemos los tres juntos en el comedor, sin ninguna discusión. Os recibiré a los dos con los brazos abiertos.

–Pues cenaremos con usted, señor –respondió Takao más animado con una sonrisa.

–Bien, eso es todo, puedes marcharte –le informó haciéndole un ademán con la mano.

–De acuerdo señor, hasta luego –le despidió sonriendo mientras abría la puerta y la cerraba tras de sí, yéndose corriendo a la habitación de Kai.

"No puede ser, se parece tanto a ese crío, pero eso es imposible. Yo vi cómo lo atropellaban, nadie podía haberse salvado de ese golpe. Ese niñato pobre estaba muerto. Y bien muerto. Nunca volvería a acercarse a mi Kai, nunca más. La gente pobre no sirve para nada en esta vida, salvo para estorbar." Pensaba Voltaire ahora que estaba solo en el comedor.

&&&KaiTakao&&&

–Y después me ha dicho que quería que cenásemos sin discusiones –le contaba Takao abrazándose a Kai, lleno de alegría.

–Te lo dije. Te dije que terminaría aceptándote –anunció Kai correspondiéndole el abrazo.

–¡Estoy muy feliz! Voy a hacer todo lo posible para que tu abuelo me vea con buenos ojos.

–Sé que lo harás.

&&&Kai&Takao&&&

La cena fue muy tranquila, Voltaire se comportó delante de ellos. No hubo ningún tipo de discusión.

–La cena estaba deliciosa –añadió Takao.

–Me alegra de que te haya gustado, Takao –respondió Voltaire.

–Con su permiso, me voy a mi habitación, para dormir –comentó poniéndose en pie.

–Está bien –fue la contestación tranquila del anciano.

–Buenas noches, señor –se despidió sonriéndole.

–Buenas noches, que descanses –añadió Voltaire viendo cómo Takao se marchaba de allí dejando a Kai y a él, solos.

–Abuelo –le nombró Kai poniéndose de pie, acercándose a él.

–Dime –contestó mirándole.

–Gracias, no sabes lo que esto significa para mí. Eres el mejor –agregó sonriéndole–. Buenas noches.

–Buenas noches –le sonrió, viendo cómo su nieto se iba de allí. Hacía tanto tiempo que su nieto no le decía que era el mejor, que cuando se lo dijo sintió cómo su corazón brincaba de alegría y de orgullo por tener un nieto como Kai.

&&&Kai&Takao&&&

Takao escuchó cómo tocaban la puerta de su habitación. Dejó de deshacer la cama y abrió la puerta. Vio a Kai con la mano recargada en la pared y con el pijama puesto.

–Yo... solamente venía a decirte que cualquier cosa que necesites, ya sabes –agregó el joven de ojos color carmesí.

–Sí, lo sé –contestó.

–¿Ésta noche no tienes frío? –preguntó esperando la respuesta afirmativa del menor.

–No sé, creo que un poco. ¿Y tú? –le preguntó Takao sonriéndole.

–Sí, lo tengo. Anoche dormí muy calentito, abrazado a ti –añadió.

–Yo también –respondió el menor cogiendo a Kai de la mano, mientras lo metía en su habitación y volvían a pasar la noche juntos.

&&&Kai&Takao&&&

Rei estaba sentado en el sofá con la tele encendida, pero sin verla. No dejaba de pensar en Takao ni un solo momento. En si Kai lo estaba respetando o no. Si supiera dónde estaba Takao en esos momentos, iría a por él para que Takao pasase esa noche con él. Se levantó y se fue al cuarto de Takao. Se acercó a la cama y tocó la colcha con la palma de su mano. Abrió el armario y sacó una camisa del joven de cabellos azules, aspirando su aroma.

–Te echo de menos, Takao. Echo de menos tu risa, echo de menos tu voz. Los celos me están matando por no poder verte –se dijo así mismo, dejando la camisa de nuevo en el armario, cerrando la puerta del mismo.

Apagó la luz de la habitación y cerró la puerta tras de sí. Caminó de nuevo hasta el sofá para intentar ponerle atención a la tele sin mucho éxito. Aunque Takao le había llamado para explicarle la situación, de ayer y hoy, no podía evitar el hecho de sentirse inquieto. En el fondo comprendía que con la nieve, Takao no podría irse de dónde estaba, si ni siquiera él mismo había podido conseguir ir a trabajar con ese tiempo. Pero no le gustaba estar separado de él.

&&&Kai&Takao&&&

Al día siguiente salió el sol con fuerza. La nieve empezó a descongelarse poco a poco. Las máquinas quitanieves habían despejado las carreteras y Kai decidió irse de la mansión para que no le pillase de nuevo otra nevada, aunque el viejo Voltaire estaba siendo en esos instantes agradable, él quería estar en su propia casa.

En la casa de su abuelo, Kai se sentía vigilado. Lo cierto es que razón no le faltaba, ya que Voltaire dejaba sus negocios a un lado para vigilar los movimientos de su nieto y de ese niño. Lo único que sentía de todo esto, era que no estaría junto a su chico de cabellos azules si volvía a nevar y éste no le pediría que durmiera con él.

Voltaire estaba feliz de haber visto a su nieto sonreír, pero no quería admitir que era gracias a que ahora era feliz con Takao. Únicamente lo veía sonreír sin más. Se alegraba de que ese joven de cabellos azules se hubiese marchando de la mansión. Aunque a él le hubiese gustado que Kai se hubiese quedado.

&&&Kai&Takao&&&

–Bueno, ya me voy. ¿Estás seguro de que no quieres pasar? –le preguntó Takao al bicolor dentro del portal del edificio.

–No. Tengo que hacer cosas en mi casa. Recuerda lo que te he dicho, ¿vale? –le recordó Kai.

–Vale –respondió. Le dio un beso–. Hasta mañana –le despidió el menor.

–Hasta mañana –le respondió, mirando después al perro–. Adiós, Lucky –le acarició la cabeza. Le dio un último beso al joven de cabellos azules y se marchó de allí.

Takao subió las escaleras y abrió la puerta de su apartamento con la llave.

–¿Takao? ¿Eres tú? –preguntó Rei al escuchar el ruido que emitía el pomo de la puerta al girarla.

–Sí, soy yo –respondió entrando al comedor–. Hola, Rei –le saludó.

–Hola, Takao –le saludó el chino caminando hacia él para darle un abrazo–. Me alegro de verte.

–Yo también a ti –respondió correspondiéndole el abrazo.

–Te he echado mucho de menos –aseguró.

–Jeje, solamente he estado fuera dos días.

–A mi me ha parecido una eternidad –aclaró para luego separarse– ¿Cómo estás? ¿Estás bien? ¿Te han tratado bien?

–Sí, bueno. Al principio el abuelo de Kai no se tomó muy bien la noticia, pero parece que ya lo está asimilando –le explicó quitándose la chaqueta.

–Ajá –contestó al ver que Takao no había dado la respuesta que él esperaba saber–. Y dime, ¿cómo te trató Kai?

–¿A qué te refieres? –preguntó Takao enarcando una ceja para caminar hasta el sofá y sentarse en él.

El pelinegro se sentó junto a él–. Que si se ha portado bien contigo –repitió.

–Ah, eso. Sí, Kai es muy bueno conmigo. Jajaja, nos hemos divertido un montón –dijo sonriendo al recordar cuando jugaban en la nieve.

–¿Qué os habéis divertido? Takao. ¿Se ha aprovechado de ti? –preguntó Rei preocupado.

–¿Qué? No sé a qué te refieres –preguntó el menor borrando su sonrisa, fijándose en la expresión de los ojos de Rei. El pelinegro estaba muy serio.

–¿Te... has...? –intentó preguntarle Rei, sintiendo cómo le costaba trabajo tragar saliva.

–¿Qué? –le preguntó esperando a que Rei terminase su pregunta. Y Rei tenía miedo de la respuesta que Takao le fuese a dar–. Cuéntamelo todo, Takao. Quiero saber todo lo que habéis hecho tú y Kai.

–Ah, pues, hemos jugado con la nieve... –Takao siguió contándole todo lo que había hecho con Kai–. Jajaja, bueno y más cosas –agregó poniéndose de pie.

–¿Qué cosas? –preguntó cogiéndolo del brazo para que el joven de cabellos azules no se fuera.

–Eso es un secreto –respondió sonriente.

–Para nosotros no hay secretos –aclaró Rei, sentándole de nuevo en el sofá.

–Supongo que son cosas de pareja, Rei. Son cosas íntimas, no te lo puedo contar.

–Takao, no le diré nada a nadie –contestó apretándole el brazo a Takao inconscientemente mientras pensaba que ese Kai se había aprovechado del joven de cabellos azules.

–¡Auch! –se quejó–. Rei suéltame, me estás haciendo daño –le pidió.

–Takao, necesito saberlo –repitió apretándole más el brazo.

–¡Ay! –se volvió a quejar–. Rei, ¿¡pero qué te pasa!? ¡Me estás haciendo daño y me estás asustando! –le informó.

–Yo... –se dio cuenta de lo que estaba haciendo–. Lo siento –se disculpó soltándole el brazo, viendo cómo Takao se pasaba la mano contraria por la zona afectada.

–Me has hecho daño. ¿Qué te ha pasado? Te comportas muy extraño. ¿Por qué quieres saber lo que hacemos Kai y yo cuando estamos solos? Si no te conociera, juraría que estás celoso –comentó mirándose el brazo.

–Lo estoy –contestó el joven de ojos color miel, mirándole, viendo como Takao dejaba de mirarse el brazo para mirarlo a él.

–¿Qué? –preguntó sorprendido.

–Lo que has oído –le confirmó.

–Pero... ¿de quién? –preguntó sin comprenderlo.

–De Kai –contestó.

–¿Por qué? No lo entiendo.

–Porque él puede tenerte y yo no –aclaró.

–Eso no tiene mucho sentido. Rei, ahora mismo estoy aquí, contigo.

–Takao –suspiró al ver que Takao no se daba cuenta de la situación. Hasta ese punto era el menor de inocente–. Estoy enamorado de ti –le explicó.

–Es una broma. ¿Verdad? –preguntó estudiando los rasgos de Rei.

–No, no lo es. Me gustas muchísimo, Takao –le aclaró, mirándole.

–Pero... ¿desde cuándo? –preguntó el menor sorprendido por la noticia.

–Creo que desde que era un crío ya me llamabas mucho la atención, pero, creo que fue cuando empecé a cuidar de ti.

–Yo... no lo sabía –contestó poniéndose una mano en la frente– ¡Dios, que estúpido he sido! Y encima te he estado hablando siempre de Kai, contándote adónde íbamos y todas esas cosas. Ahora entiendo muchas cosas. Kai lo sabe, ¿verdad? –le preguntó esperando la respuesta afirmativa del pelinegro.

–Sí, lo sabe –contestó sin dejar de mirar al joven de cabellos azules.

–Claro, ahora entiendo porqué no os lleváis bien. ¿Por qué no me lo dijiste antes?

–Porque tenía miedo de que me echaras de tu vida.

–Yo nunca haría eso –respondió Takao. Analizó la situación en la que se encontraba. Vivía con el joven de ojos color miel, éste estaba enamorado de él desde hacía tiempo y ahora él salía con Kai. Y encima Rei, se ponía celoso cuando lo veía con Kai–. Rei, tengo novio y lo sabes –era la forma de decirle que no podía corresponderle.

–Sí, he intento respetar eso, pero no puedo evitar sentir celos de él. Es difícil para mí ver como besas a otro chico.

–Rei, lo siento mucho. No sabía que eso te estaba haciendo daño, perdóname –se disculpó.

–No pasa nada. Ahora me siento mejor, ya que sabes lo que siento hacia ti –sonrió–. Creo que voy a preparar la cena. ¿Sigues interesado en aprender a cocinar? –preguntó sonriéndole como si nada hubiese sucedido.

–Claro que sí –afirmó sonriéndole.

&&&Kai&Takao&&&

Siete meses después...

Voltaire había invitado a su nieto para que comieran en la mansión. Kai y Takao llegaron sobre el medio día. Comieron tranquilamente aunque Voltaire estaba enfadado porque pensaba que Kai ya había dejado a Takao en ese tiempo. Y que lo de su nieto era únicamente un simple capricho.

Takao escuchó a su perro ladrar–. Voy a ver qué le pasa a Lucky.

–Está bien, no tardes –le pidió Kai con una sonrisa. Takao dejó solos a Voltaire y a Kai mientras seguían comiendo.

Takao salió al jardín y vio a su perro amarrado como siempre en el palo que estaba cerca de la cochera, pero con la excepción de que le ladraba a unos cuantos pájaros que revoloteaban alrededor de algo.

–¿Qué será eso? –se preguntó. Fue caminando hacia los pájaros. Lo que vio lo hizo ponerse un poco triste. Un pájaro tenía un ala rota y no podía volar–. Pobrecito, ¿te has caído de algún árbol? –preguntó mirando a su alrededor, viendo una gran árbol a su lado–. Seguro que te has caído de ahí –dijo intentando cogerlo, pero el pájaro se alejaba dando pequeños saltitos–. Estate quieto, no te voy a hacer daño –aclaró persiguiendo al pájaro que intentaba escapar de Takao–. Espera un momento –le pidió cogiéndolo con cuidado, sintiendo cómo el pájaro le dio un pequeño picotazo en la mano– ¡Ay! No hagas eso –se quejó cogiéndolo con la otra mano del cuello para que no pudiera moverse. –Seguro que ahí arriba estaba tu nido –anunció acariciándole con un dedo la cabeza al pájaro haciendo que éste cerrase los ojos– Te vas a curar, ya verás.

–Takao, ¿qué estás haciendo? ¿Por qué hablas solo? –le pregunto Voltaire con ira en sus ojos haciendo que Takao lo mirase un poco asustado.

"Yo no encajo aquí", pensaba cada vez que miraba a Voltaire a los ojos. "No quiero que me mire, me da miedo".

–¿Y bien? Te estábamos esperando. ¿Qué es lo que tienes en las manos? –le preguntó curioso.

–Ah –dijo saliendo de su trance–. Es un pajarito –comentó mirando al pájaro con una sonrisa, para luego acariciarle la cabeza con el dedo índice.

–Suelta a ese estúpido pájaro.

–Señor, no es estúpido. Además es muy bonito y el pobre tiene un ala rota y no puede volar –comentó.

–Pues deja que se muera –contestó Voltaire simplemente.

–Pero... es tan pequeño e inofensivo.

–No me desobedezcas y deshazte de ese estúpido pajarraco antes de que se me acabe la paciencia –aclaró.

–¿Paciencia? Señor, usted no tiene paciencia.

–Claro que la tengo. Siete meses he tenido de paciencia contigo. –aclaró.

–¿Qué? –preguntó el joven de cabellos azules sin entender las palabras del viejo.

–Sí, Takao. No creas que porque eres el amante de mi nieto voy a seguir consintiéndote en todo lo que pidas por esa boca.

–¿Amante? Yo... no sé qué quiere decir –preguntó confundido.

–¿Por qué estás con Kai? ¿Eh?

–Porqué va a ser –contestó con naturalidad–. Porque es mi novio y porque le quiero.

–Por favor, sé sincero y dime la verdad –pidió.

–Pero si es la verdad –contestó intentando hacer que Voltaire se diera cuenta de que verdaderamente quería a Kai.

–Haz el favor de soltar ese maldito pájaro ahora mismo, para matarlo –le ordenó al ver cómo seguía sujetando al pájaro en las manos como un idiota.

–¡No quiero y usted no es nadie para obligarme a hacerlo! ¿¡Pero qué le pasa!? –Preguntó enfadado– ¡Sólo una persona sin corazón querría matar a este pájaro! ¡Eso es de personas crueles, usted es un hombre cruel! –gritó mirándole entre triste y enfadado. A Voltaire esas palabras le hicieron viajar al pasado en su mente– ¿Y si no me quiere porque finge?

–Yo... no me hagas caso Takao. Lo que pasa es que llevo un día muy duro –inventó recordando las palabras que una vez le dijo Kai sobre no volver a hablarle nunca más.

–Pues no debería de pagarlo con los demás –aclaró.

–Lo sé, te pido mis más sinceras disculpas.

–Takao. ¿Dónde estás? –preguntó Kai dentro de la casa.

–No le digas nada a mi nieto. ¿De acuerdo Takao? Solamente ha sido un pequeño lapsus. –aclaró Voltaire intentando convencer al joven de cabellos azules.

–¡Estoy aquí, con Lucky! –le contestó el joven de cabellos azules al bicolor.

El blanquecino de piel salió al jardín– Ah –dijo simplemente mirando a Takao y a Voltaire, notando el ambiente algo extraño– ¿Pasa algo? –preguntó acercándose hasta el menor.

–Claro que no –se apresuró a decir Voltaire– ¿Verdad Takao? –preguntó, esperando que el otro le siguiese la corriente.

–Claro –respondió para mirar después al pájaro.

–¿Y ese pajarito? –acarició Kai acariciándole la cabeza con el dedo índice.

–Lo he encontrado tirado en el suelo. Quiero curarle, tiene un ala rota. ¿Crees que se podrá curar?

–Bueno, yo soy médico de la vista, no soy veterinario. Pero sé quien nos puede ayudar.

–¿Kyouju? –le preguntó el joven de cabellos azules.

–Exacto –le sonrió–. Abuelo, gracias por todo. Pero nos tenemos que ir ya, hemos quedado con unos amigos.

–Oh, entiendo –le disculpó Voltaire.

–Adiós –le despidió su nieto.

–Adiós Kai, adiós Takao. Ojalá que ese pajarillo pueda recuperarse de su ala rota. ¿Verdad Takao? –le preguntó Voltaire mirándole desafiante.

–Claro, estoy seguro de que es fuerte y lo hará –le respondió mientras desamarraba al perro con una mano y se iba hacia el coche.

–Desconsiderado tu chico –anunció Voltaire sonriendo–. No sé a despedido de mi –dijo mirando a Kai.

–Se le habrá olvidado, pero ya lo hago yo por él. –añadió el bicolor pensando en la forma tan distinta de actuar que tenía el menor.

&&&Kai&Takao&&&

–Takao. ¿Ha pasado algo que yo deba saber? –le preguntó Kai, viendo la cara de tristeza de Takao, mientras que el conducía el coche.

–No, tranquilo –respondió el joven de cabellos azules desanimado.

–Pues por tu cara no lo diría.

–Es que estoy cansado, es solamente eso.

–Alegra esa carita de ángel que tienes. Kyouju ha dicho que cuidará del pájaro y que su ala en veinte días estará totalmente curada. ¿No te alegra saber eso? –le preguntó esperando su respuesta.

–Sí –contestó pensativo. Kai se salió del asfalto de la carretera y detuvo el coche– ¿Qué haces? –Le preguntó el menor al ver que había parado el coche– ¿Por qué has parado? –le preguntó, viendo cómo Kai se sentaba de lado en su asiento y le miraba.

–Quiero que me digas que te pasa y porqué tienes esta cara.

–¿Qué cara? –preguntó sin entenderle.

–Esa cara de tristeza que tienes. ¿Qué te pasa? ¿Qué es lo que te preocupa?

–Es solamente cansancio –anunció mientras se miraba los pantalones como si viese en ellos algo interesante, sintiendo cómo Kai le ponía su mano en la mejilla.

–¿Es por el trabajo?

–No, me encanta mi trabajo –contestó.

–¿Es porque salimos todos los días por ahí y sales agotado de tanto viajar?

–No, me gusta viajar. Veo muchas cosas interesantes y bonitas –añadió.

–¿Estás cansado de mí? –preguntó temeroso de la respuesta.

–No –respondió mirándole rápidamente.

–Quizás es porque te obligo a hacer cosas que a lo mejor tú no quieres hacer.

–No, Kai –negó Takao cogiendo su mano que aún estaba sobre su mejilla para acariciarla y besarla–. Me gusta estar contigo, no es por ti, de verdad. Yo te quiero mucho y tú lo sabes, nunca me cansaría de ti –dijo entrelazando esa mano que tenía cogida con la de Kai.

–¿Entonces cual es el problema? –le preguntó el bicolor preocupado.

"No quiero que se vuelva a pelear con su abuelo por mi culpa", pensaba el joven de cabellos azules mientras veía la preocupación en los ojos de Kai–. Es que quería darte una sorpresa, preparándote un plato especial, pero me falta mucha práctica todavía.

–¿Por eso estabas así? –suspiró aliviado–. Takao, es un detalle precioso por tu parte –dijo sonriéndole–. Pero no importa que no puedas dármelo todavía, yo esperaré impaciente a que tú me prepares lo que quieras, ¿vale?

–Vale –contestó dándole un sonoro beso en los labios.

Continuará...

&&&Kai&Takao&&&

Gracias por sus reviews a:

Quimera: Jejeje, me alegra no librarme de tus comentarios, lo digo en serio amiga. Bueno, ya ves que Voltaire no se traga a Takao y que Rei ya se le ha declarado al joven de cabellos azules, veremos a ver qué pasa.

Takaita Hiwatari: Me alegro que te vaya gustando la historia hermana, y más siendo de tu pareja favorita. Sé que muchas preguntas rondaran por tu cabecita, así que dime tus dudas que yo te las contestaré encantada.

Onnakitsune: ¿Fics de yu yu hakusho de hiei ykurama? Nunca los había escuchado antes. ¿Cómo se llaman las series? Ahora que lo dices, ¿tú tienes fics escritos? No me sorprende que no supieras que yo y Takaita somos hermanas, muy poca gente lo sabe. Me alegra que te guste el fic.

Buhonero: Gracias por los ánimos, he de decirte que el fic yo ya lo tengo acabado, solamente me falta subir los capis poco a poco, para que a la gente le dé tiempo de leerlos también. Con lo de que escribo muy bien, no creas, me cuesta mucho, pero lo intento hacer lo mejor posible.

Traky: Es cierto que tengo que tener mucha paciencia y tiempo para escribir los fics (en total tengo siete) y me falta únicamente uno por acabar no yaoi. Los demás están todos acabados, pero me faltan subir los capis. Si me quedara más tiempo con vosotros, seguiría escribiendo historias, porque la verdad me gusta mucho escribir y tengo mucha imaginación, eso es cierto.

Espero que os haya gustado. Eso es todo por ahora, cuidaos mucho, xao.