Cuando Harry volvió de casa de los Staunton, se las tuvo que ver con una histérica tía Petunia, que se puso a gritarle como una banshee hambrienta por haber ensuciado las sábanas. Consideró innecesario indicar la inestimable ayuda de Dudley en tan desgraciado accidente.
Así que tuvo que volver a hacer la colada. Terminó bastante tarde, pero nada más encerrarse en el silencio y la calma de su habitación perdió el sueño.
Su mente voló hacia Hogwarts, donde seguramente ya habría terminado el banquete de principio de curso. Ron y Hermione estarían durmiendo repletos de buena comida, en las acogedoras camas con dosel de la torre Griffindor. El estómago le rugió con crudeza y recordó que no había cenado. Por desgracia la única comida que le quedaba era el pastel de cumpleaños de Hagrid, y podría perder dientes en el intento de comérselo.
Hedwig había ido a cazar, de modo que se sentía bastante solo. Se asomó a la ventana y miró a la casa de al lado.
En ese mismo instante, la puerta de la casa se abrió silenciosamente y dio paso a un enorme perro negro.
- ¡Hocicos! – susurró Harry.
El perro levantó las orejas y se volvió hacia él, agitando la cola. Harry salió de su habitación y se deslizó por la casa. Se encontraron en el jardín delantero.
- Sirius, no sabes las ganas que tenía de verte...
El perro hizo una mueca que recordaba a una sonrisa triste. Con la cabeza le hizo una indicación para que le siguiera. Juntos, chico y perro se dirigieron a un parque cercano y se refugiaron en una casita de madera.
- ¿Cómo te encuentras, Harry? – preguntó Sirius, tras convertirse de nuevo en humano.
Harry apoyó la espalda contra la pared y le miró fijamente.
- Esto es horrible. – se limitó a decir.
Sirius hizo un gesto de asentimiento, sin dejar de mirarle con preocupación.
- No podía imaginar una tortura peor que pasar todo un año con los Dursley. Y la escuela... Dios, ni te imaginas la fama que tiene la secundaria Stonewall... Y aún así no es nada comparado con lo que está ocurriendo al otro lado... ¿Cómo está el tema Voldemort?
El semblante de Sirius se ensombreció más aún.
- Odio ser portador de malas noticias, pero como seguramente hubiera dicho Dumbledore, es mejor decirte la verdad. El poder de Voldemort ha subido como la espuma. La codicia, o el miedo, o ambas cosas, han hecho que muchos, sobre todo aquellos que conocían el horror de oponerse a él, hayan pasado a su lado. La muerte de Albus ha destruido la moral de aquellos que aún aguantan, y las muertes de aurores y muggles...
- Vale, vale – exclamó Harry, llevándose las manos a la cabeza. – Me hago una idea. Y yo aquí, sin poder hacer nada...
- En Hogwarts tampoco van muy bien las cosas. Severus Snape ha expulsado a todos los medio muggles del colegio.
- ¿Qué? – exclamó Harry - ¿Cuándo?
- Hoy mismo. Les han impedido subirse al expreso.
- ¡Ese desgraciado! – exclamó Harry – Ron, Hermione y yo sospechábamos que la muerte de Dumbledore no había sido natural... Estuvimos investigándola, y todo parecía conducir a las mazmorras... a él. Me pilló husmeando en su laboratorio privado... por eso me expulsó.
- Sí – repuso Sirius – Su comportamiento cambió mucho tras la muerte del director... Todos creíamos que estaba sinceramente enamorado de esa chica, y ya ves... Pero resulta difícil creer que hubiera engañado a Dumbledore. Parecía ingenuo, pero no lo era. Ni pizca. Hay algo que no me cuadra, Harry.
- ¿Defiendes a Snape? – preguntó Harry, horrorizado.
- No, en absoluto. Puede verse claramente de qué lado está. Lo que no me cuadra es que por muy astuto que sea, no hubiera podido liquidar a Dumbledore tan limpiamente.
- ¿Entonces, quién?
Sirius miró al suelo.
- No lo sé.
Harry dejó caer la cabeza con fuerza contra la pared.
- Mierda.
** ** **
A las siete de la mañana siguiente, Harry estaba muerto de sueño, aunque no le importaba. Poder hablar con alguien de lo que le preocupaba era de agradecer tras ese largo verano. Se sentó en la cama y empezó a vestirse, cuando de pronto un grito procedente de la casa de al lado lo sobresaltó. El grito se repitió, más corto, con cierto ritmo hasta que Harry comprendió que era una canción. Se asomó a la ventana y vio que Jimmy Staunton hacía lo mismo, mientras se desperezaba cantando. La letra sonaba así como ¡puto!, repetido muchas veces, y luego algo indistinguible.
Cuando salió de la habitación se dio de bruces con su tío Vernon, que, malhumorado como todas las mañanas, aunque esa más, amenazaba con denunciar al gamberro de al lado.
- Hippies, Petunia – gritaba mientras esperaba en la puerta del baño a que su mujer saliera – Haraganes... ¿Has visto las pintas que lleva?. ¿Y el tatuaje?. Si por mí fuera los enviaba directos a San Bruto...
Harry consiguió escabullirse por las escaleras sin ser visto, no fuera cosa que tío Vernon le culpara de los gustos musicales del vecino, desayunó rápidamente y salió de la casa.
Ellaine, la regordeta hermana de Jimmy, estaba en ese mismo momento recogiendo las botellas de leche de la puerta, mientras hablaba con Hocicos.
- ¿Ves? Es la única manera de que se despierte de buen humor... Y esta vez sólo era Molotov, si le llego a poner Rammstein ya estaría en la puerta de Stonewall esperando al bedel. – se quedó pensativa un instante – Dios, estoy hablando con un perro...
Y entró en la casa. Hocicos vio a Harry y ladró alegremente. La chica sacó la cabeza de nuevo y sonrió.
- Ah, Harry... ¿Ya estás listo? Pasa, nosotros estamos desayunando. Enseguida salimos.
** ** **
Diez minutos más tarde, se encaminaron hacia la escuela. La secundaria Stonewall estaba en otro barrio, no muy alejado pero sí muy diferente a la zona residencial en la que vivían.
Harry nunca salido de su barrio caminando, y menos a una hora tan temprana de la mañana. Afortunadamente parecía que sus dos acompañantes habían realizado algunas salidas de reconocimiento y tenían bastante claro el camino a seguir.
Nada más salir de Privet Drive, se zambulleron en ajetreadas callejuelas, en las que la gente iba y venía, los camiones descargaban comestibles y mercancías, las tiendas se abrían y el olor del pan recién hecho lo inundaba todo. La frenética pero silenciosa actividad acabó de despertarles.
Harry observaba sorprendido el despertar de la ciudad. Personajes más pintorescos fueron a unirse al movimiento. Las estatuas humanas empezaban a maquillarse, los músicos callejeros afinaban sus instrumentos: hombres maduros con largas barbas y traqueteadas guitarras, o cuartetos de cuerda formados por estudiantes universitarios que necesitaban ingresos extra para pagarse los estudios.
Él se hubiera quedado toda la mañana observando todo aquello. La sensación era muy parecida a la que tuvo cuando entró por primera vez en el callejón Diagon. Pero por desgracia, fueron alejándose, y se dirigieron a las afueras, a la zona industrial.
El paisaje allí era mucho más triste: grandes bloques de cemento, grises y apagados. Muros rematados con cristales rotos, llenos de grafittis, y de fondo el continuo rumor de las fábricas.
Poco a poco, otros estudiantes fueron apareciendo, y las cosas volvieron a cambiar. Lo único que parecían tener en común los estudiantes era el uniforme gris. Parecía mentira cómo las personas podían parecer tan diferentes llevando las mismas ropas. A Harry le empezó a dar la sensación de que los magos no eran tan extravagantes, en cuanto vio el desfile de peinados: desde crestas, acompañadas de multitud de piercings, hasta rastas, pasando por las cuidadas medias melenas, rockers engominados... La fauna humana era mucho más variada y menos hostil de lo que esperaba. Si exceptuaban al grupo de cabezas rapadas que los apartó a empellones para adelantarlos. Se retrasaron un poco mientras trataban de impedir que Jimmy se les echara encima.
Stonewall apareció nada más doblar una esquina. Tres enormes edificios cúbicos rodeados en todo su perímetro de verjas. No estaba claro si eran para impedir que los alumnos salieran o que los que no lo eran entraran.
- ¡Dios! ¡Parece la cárcel de Dartmoor! – exclamó Jimmy - ¡Qué guay!
Harry miró sorprendido a Ellaine, que le devolvió la mirada mientras se encogía de hombros.
- Sobre gustos no hay nada escrito... - replicó, mientras se ponían en fila para cruzar la barrera.
Un hombre ya mayor, a todas luces el bedel, aguantaba la barrera con una mano mientras que con la otra sujetaba la correa de un enorme pittbull. El perro parecía bastante peligroso, incluso con el bozal puesto. Se dirigieron hacia el hombre, cuya cara, dicho sea de paso, era enormemente parecida a la de su mascota.
- Disculpe... -empezó a decir Harry.
- Educados, ¿eh? - gruñó el hombre, interrumpiéndole. - Novatos de pacotilla... Edificio central, sala de espera del final de pasillo. ¡Y como me toquéis las narices, os echaré al perro! ¡Eh, tú! - exclamó de repente - ¡Deja al perro!
Harry y Ellaine se volvieron hacia el animal, que había dejado de gruñir súbitamente. Jimmy estaba arrodillado frente a él, tratando de hipnotizarlo en plan Cocodrilo Dundee.
Entre los dos lo agarraron y salieron por piernas. No aflojaron el paso hasta que hubieron entrado en el edificio.
- ¡Bastardoo! ¡Qué le has hecho a mi perro!
Se volvieron justo para ver a la bestia jugueteando alegremente con unos alumnos que acababan de entrar, agitando su cola cortada.
- Primer problema - resopló Ellaine. Recorrían el largo pasillo apresuradamente y se detuvieron nada más poner los pies en la sala de espera.
Era una habitación grande, pero estaba abarrotada de gente de todas las edades y en diferentes grados de pánico, mirando hacia las ventanas. Parecía mentira que tanta gente pudiera estar tan silenciosa. Lo único que se oía eran unos gritos apagados desde fuera.
- ¡Pringaoooos! ¡Novatoooooos! ¡Buuuuuuh!
Un estremecimiento generalizado recorrió la habitación. Jimmy entró en ese mismo instante.
- ¡Caray! ¡Cuánta peña!
Los demás nuevos se volvieron hacia los recién llegados. Miraron a Ellaine, que se preguntó si no serían refugiados de Kosovo, y a Jimmy, que se volvió hacia la puerta preguntándose si había algún monstruo a su espalda para justificar el miedo que parecía causarles. Finalmente, todos los ojos se clavaron en Harry, que de golpe y porrazo se sentía como en casa.
- ¡Harry!
De entre la muchedumbre surgió una chica de pelo castaño y rizado, seguida por un chico muy alto y pelirrojo. Los dos abrazaron efusivamente a Harry. Segundos más tarde, se oyó un ¡Harry Potter! generalizado y todos los nuevos les siguieron ante la sorpresa de los dos hermanos.
Jimmy se inclinó ligeramente hacia su hermana. Ninguno de ellos apartaba la vista del pelotón de fans de su vecino.
- ¿Es un cantante, o algo parecido?
- Ni idea.
Toda la gente se puso a hablar a la vez, de manera que casi no podía entenderse lo que decían. Lo poco que les llegaba eran cosas como "el que no debe ser nombrado", "tú-ya-sabes-quién" y similares.
Una voz dulce y algo aflautada empezó a distinguirse por encima del barullo.
- ¡Chicos! ¡chicos! ¡Silencio por favor! ¡Eh, prestad atención!
Nadie pareció oírla, hasta que un potentísimo silbido les atravesó los tímpanos y se incrustó en sus bulbos raquídeos.
Todos se volvieron hacia la puerta, para encontrarse a una joven profesora que todavía tenía los dedos en la boca.
- Muchísimas gracias. Bienvenidos a Stonewall.
Chof. Chof.
Dos bolas de barro impactaron contra una de las ventanas.
- ¡Buuuh! ¡Novatos, preparaos!
La profesora continuó hablando como si nada mientras el fango se deslizaba suavemente en el cristal.
- Veo que este año tenemos una gran cantidad de alumnos nuevos. Nunca habíamos tenido tantos... normalmente los padres prefieren enviarlos a colegios privados, no sé por qué...
- ¡Os vais a cagaaaar!
Los ojos de todos los nuevos excepto dos aumentaron ligeramente de tamaño, más asustados de lo que ya estaban si cabía.
- Yo tampoco - dijo Jimmy, con absoluta sinceridad.
- Siempre había pensado que eras un poco masoca - susurró Ellaine.
- Creo que la mayoría de vosotros venís de Hogwarts... es una vergüenza que no os dijeran antes que no po- que cerraban el colegio justo el día antes de empezar el curso. Espero que podamos ayudaros a integraros...
- ¡no sabéis la que os esperaaaaaa!
La chica cruzó con paso firme la habitación y abrió la ventana de par en par.
- ¡YA ES SUFICIENTE! -gritó - ¡ASÍ NO HAY QUIEN DÉ UN DISCURSO DE BIENVENIDA EN CONDICIONES! ¡ESPERAOS UN POCO!
Las caras de terror de los nuevos se convirtieron en un auténtico poema. Cuando se volvió otra vez hacia ellos, retrocedieron un paso.
- Vaya, parece que el ambiente para el discurso se ha echado a perder - lanzó una rápida mirada a su alrededor, reprimiendo con gran esfuerzo la risa - así que será mejor que empiece a distribuiros. Mi nombre es Emily Reed, y soy la directora de Stonewall. Mi despacho está en el piso de arriba, estaré a vuestra disposición para lo que necesitéis. Y ahora, ¡manos a la obra!.
** ** **
La directora acompañó al pelotón de alumnos nuevos a otro de los edificios. Los demás estudiantes estaban en los patios, y les dirigieron torvas miradas hasta que cruzaron la puerta de entrada. Jimmy y Ellaine, que iban los últimos, oyeron fuertes carcajadas provenientes del exterior nada más cerrarse la misma.
- Me parece que eso ha sido la primera novatada - comentó Jimmy, divertido - Es increíble lo efectiva que ha sido... míralos.
Ellaine observó a los chicos que tenían delante. Le dieron un poco de lástima. Caminaban apiñados, dirigiéndose miradas de tal preocupación que costaba creer que sólo fueran debidas a la terrorífica bienvenida.
- ¿No te parecen un poco raros? - dijo, bajando la voz mientras se volvía hacia su hermano - Reconozco que el recibimiento ha sido espectacular, pero... no sé. Están demasiado asustados, como si fueran refugiados de guerra o algo así. Parece que lo de antes hubiera sido la gota que colmaba el vaso...
- Tía, muy normales no parecen, desde luego. Parece que no hubieran pisado una escuela secundaria en su vida. Deben venir de algún colegio pijo.
Poco a poco, y no sin dificultad, la directora hizo entrar a los alumnos en sus correspondientes clases. Los chicos entraban en las aulas como si fueran jaulas repletas de leones. Empezó por los más pequeños, que curiosamente eran los que estaban más tranquilos. Para cuando llegaron a las aulas de último curso, el grupo se había reducido muchísimo.
La directora se detuvo de nuevo y miró la lista que llevaba en la mano.
- A ver... último curso de preparación para los grade A de ciencias: Hermione Granger, Neville Longbottom y James Staunton. Al final del pasillo a la derecha.
Los tres avanzaron silenciosamente por el pasillo.
- Grade A de letras: Harry Potter, Ellaine Staunton y Ron Weasley. - continuó la directora - Seguidme.
Dio media vuelta y empezó subir por unas escaleras.
- He visto a Dennis Creevey en la sala de espera, pero no a Colin... - empezó a decir Harry.
Ron lo agarró por el brazo y lo detuvo en un rellano.
- Lo mataron a mediados de verano - susurró Ron, en cuanto consideró que la directora y la otra chica estaban suficientemente lejos. - Si su familia no hubiera sido muggle, le habrían dado una medalla. Consiguió evitar que les hicieran daño. Al pobre lo...
Una chica de pelo corto, teñido de blanco y peinado a lo pincho, y un piercing en la ceja se cruzó con ellos en el rellano, llevando un proyector de diapositivas. Se detuvo y los miró sorprendida durante unos segundos, como si sus caras le resultaran familiares. Sin mediar palabra, apartó la mirada y continuó bajando.
- ¿La conoces? - preguntó Ron cuando la chica se perdió de vista.
- No... ¿y tú?
- ¿Bromeas?. No hubiera olvidado a alguien con esa pinta en mi vida.
- ¡EH, VOSOTROS!
Los dos levantaron la cabeza y vieron la de la directora en el hueco de las escaleras, dos pisos más arriba.
- ¿QUÉ DEMONIOS HACÉIS? ¿PRETENDÉIS LLEGAR TARDE EL PRIMER DÍA DE CLASE? ¡SUBID AHORA MISMO!
