1 de Septiembre
( ... )
La verdad es que para tener la voz de pito que tiene, la directora cuando grita suelta unos rugidos...
Harry y el chico pelirrojo (Ron, creo que se llama) se habían retrasado y estaban en un rellano bastante más abajo. Cuando oyeron el grito subieron a toda velocidad.
El piso en el que nos habíamos detenido tenía un pasillo más corto. Había tres puertas: el baño de los chicos, el de las chicas, y la del fondo del pasillo, que era la de nuestra clase. La directora giró sigilosamente el pomo y la abrió.
Aquello parecía la Primera Guerra Mundial. Los alumnos se habían dividido en dos bandos, y atrincherados tras los pupitres volcados se lanzaban todo lo que tenían a mano: desde gomas hasta mochilas. Aunque al parecer el armamento más apreciado eran los trozos de tiza y los borradores. Incluso alguien había conseguido lanzar un avioncito de papel que en esos momentos había cruzado la clase y planeaba silenciosamente sobre el bando de la izquierda como un bombardero. Unos cuantos alumnos, en cuanto lo vieron volar sobre sus cabezas, abrieron fuego contra él como si de antiaéreos se trataran. El avión cayó en picado y fue pisoteado por varios alumnos sedientos de sangre.
Me volví hacia la directora. Se estaba llevando los dedos a la boca, de modo que Harry, Ron y yo apretamos los nuestros contra los oídos.
La batalla cesó en el acto, aunque por desgracia algunos proyectiles aún no habían llegado al final de su trayectoria y un chico despistado acabó con todo el hombro blanco a causa de un borrador perdido.
La señora Reed lanzó una mirada hacia la tarima, donde se encontraban dos chicas subidas sobre la mesa del profesor, todavía con tizas en la mano.
- ¿Y el profesor? – preguntó, sobresaltada. Por la cara que ponía parecía temer que se lo hubieran comido.
- Aún no ha llegado ... – dijo una de las chicas de la mesa.
- La-lamento muchísimo llegar tarde, señora directora – tartamudeó alguien desde el pasillo.
Los cuatro nos volvimos, para encontrarnos a un chico muy joven, prácticamente recién salido de la universidad. Se parecía un montón al que hacía de arqueólogo en Stargate-SG1. La directora lo observó unos segundos, como si evaluara el tiempo que le iba a durar. La valoración no pareció resultar demasiado positiva. Yo por mi parte de di un mes antes de pedir la baja por depresión.
- Bueno, adelante. – acabó diciendo ella – Mucha suerte, y ánimo...
El profesor sonrió tímidamente y cruzó la puerta. Con franqueza, pensé que en cuanto viera el espectáculo saldría corriendo y no pararía hasta llegar a la Bretaña francesa. Entonces fue cuando nos sorprendió a todos.
- ¡Esto es magnífico! – exclamó, nada más ver las trincheras – Están perfectamente diseñadas, me recuerdan a las fotografías de las nuestras en Francia frente a las tropas alemanas durante la Guerra de 14... Dios mío, ¿se os ha ocurrido a vosotros solos?. Creo que vais a ser una clase estupenda...
De todas las reacciones que cabía esperar, ninguna se acercaba ni remotamente a ésa. Lo más curioso era que, a juzgar por el brillo de su mirada, el hombre era absolutamente sincero, y estaba entusiasmado.
Ante la mirada atónita de la clase, el profesor empezó a caminar entre los pupitres volcados.
- Supongamos que éstas eran las trincheras de los alemanes, -dijo señalando a la izquierda, - y éstas las nuestras.
Y dicho esto, empezó a explicar que si aquí ponían los puestos de observación, que si aquí estaría la primera línea. Incluso simuló un lanzamiento de granada.
Tras semejante muestra de capacidad de adaptación, nadie puso pegas cuando, una vez terminadas las explicaciones, pidió que por favor colocaran los pupitres en su sitio para empezar la clase.
Los tres nuevos tuvimos que esperar a que todo el mundo tomara posiciones antes de elegir pupitre. Como es natural, nos tocó sentarnos juntos, en la primera fila, frente a la mesa del profesor.
Y así empezó el día. Tras las clases de Historia y Lengua, tuvimos el primer descanso. Que yo no pude aprovechar, porque nada más sonar el timbre, una chica entró en clase y habló con el profesor de Lengua, que luego se dirigió a mí.
- Eres Ellaine Staunton, ¿verdad?. El psicopedagogo quiere hablar contigo. – dijo. Me temo que debió notárseme la cara de susto, porque luego añadió : - Tranquila, no es nada malo. Creo que tu expediente es bastante brillante, así que tal vez quiera meterte en algún curso avanzado de Historia. Esta chica te acompañará a su despacho.
Asentí, e hice lo que me decían.
No es que sea una empollona, pero lo cierto es que me gusta estudiar. Cada persona tiene sus aficiones y la mía es ésta. Mi asignatura preferida es la Historia, y mi ambición ser arqueóloga. No en plan Indiana Jones, por supuesto. Lo que más me gusta es investigar. Y parece una tontería, pero los conocimientos de cualquier asignatura, incluidas las matemáticas – aunque gracias a Dios que me libré de ellas por fin – sirven para algo. Afortunadamente aquí no tenemos la visión absurda de los empollones de las teleseries americanas. En mi otro colegio era bastante respetada, sobre todo porque dejaba copiar mis ejercicios y chivaba si podía durante los exámenes. No era muy popular, pero nadie se metía conmigo.
Bueno, basta de rollos.
El caso es que seguí a la otra chica hasta el edificio central, subimos dos pisos y entramos en una pequeña sala de espera. La chica me dijo que esperara allí, y así lo hice.
En la salita sólo había otra persona: una niña de unos seis añitos, rubia, con los ojos muy azules. Los pies le colgaban de la silla y miraba a la puerta del despacho del psico como si fuera la del infierno.
Me dio un poco de pena, así que me acerqué a ella.
- ¿Estás bien? – le pregunté. – Pareces muy asustada...
Ella asintió con la cabeza, pero no me miró.
- Los psicos no suelen castigar a nadie, no te preocupes ... – continué.
- Él no, pero mi mamá se va a enfadar mucho y me va a dejar sin tele y sin dulces una semana. – dijo, empezando a hacer pucheros. - Otra vez.
- Bah, no debe ser tan terrible... – señalé yo. – A ver, ¿qué has hecho?.
- Pues...
En ese mismo momento, para mi frustración, se abrió la puerta del despacho, y apareció un chico de unos veinticinco años, pelo castaño y gafas, con un ligero aire a Clark Kent. Sonrió benévolamente y miró a la niña.
- Tú debes ser Amanda O'Neal, ¿verdad?. Creo que has tenido un problema en la primera clase... Pasa, por favor.
- Me llamo Amy. – afirmó la niña, deslizándose de la silla y dirigiéndose hacia él. Entró en el despacho algo insegura, y la puerta se cerró tras ellos.
Transcurrieron unos minutos de absoluta calma, y luego...
Las luces de los fluorescentes empezaron a parpadear. El suelo empezó a temblar. No voy a hacerme la valiente: estaba acojonada. Del despacho empezó a oírse un tum-tum-tum, que cada vez sonaba más rápido.
- ¡ESE SEÑOR NO ERA MI PAPÁ! – gritó la niña.
- Ya sé que tu querías mucho a tú padrastro, Amy, pero las personas no son perfectas... Tienes que aceptarlo... No puedes ponerle una cresta fucsia a tus compañeros sólo por eso. – el psico no gritaba, pero tenía que hablar muy alto para poder hacerse oír por encima del tum-tum-tum.
Hay ocasiones en que la curiosidad vence al miedo. Ésta fue una de ellas. Sé que espiar está mal, pero... ¿esa niña le había puesto una cresta fucsia a un compañero?. Aquello sonaba a reposición de los Monty Phyton. No pude soportar quedarme sin saber que pasaba, así que abrí ligeramente la puerta hasta poder ver algo.
Si alguien llega a leer algún día este diario, me encerrarán de por vida en el manicomio. Pero juro que lo que vi es verdad.
Los dos estaban sentados en el despacho, la niña delante de la mesa, y el psico detrás. Todo normal hasta ahí. Sólo que todos los muebles estaban dando saltos. Ése era el ruido. El psico mantenía la calma, como si lo que viera fuera lo más normal del mundo.
- ¿A ver, qué te dijo Joey? – preguntó el psico.
- Dijo que mi papá siempre había sido malo, y que era de esperar que mi mamá lo dejara...
El psico se llevó una mano a la cara.
- Dios, otro mago... Por qué no acepté el puesto en Durham... – recuperó la compostura y continuó – Amy, por favor, has de entender que seguramente Severus Snape sólo os utilizó para acabar de ganarse la confianza del mundo mágico ...
- ¡LE DIGO QUE ESE SEÑOR NO ES MI PAPÁ! – gritó Amy, poniéndose roja.
¡ZUUUM!. La estantería de mi derecha giró sobre su eje, quedando boca abajo. El psico, como si nada.
- Amy, acéptalo, sí lo es.
¡ZUUUM!. Otra.
- ¡NO LO ES!
- Sí lo es.
¡ZUUUM! Y con ésa, la tercera.
La niña se echó a llorar. Rápidamente, el psico retiró de la mesa todo aquello que se pudiera romper, un segundo antes de que ésta y las dos sillas que faltaban quedaran patas arriba.
En ese momento se abrió otra puerta, y apareció la directora. Se sacó un palito de la manga y exclamó:
- ¡Finitem incantatem!
En un plisplas, todo volvió a la posición inicial.
- Lo siento muchísimo, Mike. Es un caso un poco complicado, y la madre iba a llevarla a un psicomago. Menos mal que tu hermano es mago, a cualquier otro le hubiera dado un infarto. ¿Alguien más ha visto algo?. Voy a tener que desmemorizarlo.
No estaba dispuesta a olvidarme de eso, así que antes de que el psico pudiera responder, cerré la puerta sin hacer ruido, me lancé sobre una silla y me hice la dormida. Pronto me sacudieron el hombro, y en una magnífica interpretación, murmuré:
- ¡Oh!. ¿Me he quedado dormida?.Lo siento, ayer me acosté muy tarde. Disculpe.
Mi pequeña actuación pareció convencer a la directora, que no sacó ningún neuralizador ni nada parecido. Cogió a Amy de la mano y ambas se fueron.
El psico me llamó a su despacho. Me ofreció entrar en un grupo de refuerzo para preparar el ingreso en Cambridge. Yo acepté encantada, y al salir me encontré a la amiga de Harry, ¿Hermione?, esperando pacientemente en la salita. Supongo que estaría por el mismo motivo que yo. Esta chica sí que tiene pinta de empollona.
Cuando volví a la clase, ya había empezado Filosofía. El profe estaba explicando el mito de la caverna de Platón. Continuamos con Historia del Arte, y la última fue Latín. Fue la única clase en la que Harry y Ron levantaron el brazo, parecían dominar esa lengua muerta como si fuera su lengua materna.
Por fin terminó nuestro primer día, y todos nos dirigimos a la salida. Como supuse en cuanto vi a Amy, el tercer edificio era el de primaria. Había un batallón de padres recogiendo a los más pequeños.
Automáticamente busqué crestas fucsias entre los chavales. No fue difícil. La víctima estaba llorando a moco tendido en brazos de su madre, una señora de aspecto bondadoso, que trataba de consolarlo. Una chica morena de pelo rizado, que me resultaba extrañamente familiar, cruzó por delante de ambos. Pareció quedarse petrificada al ver la cresta, y se llevó las manos a la cabeza. Pude ver que llevaba la mano derecha vendada. Se acercó hacia la señora y empezó a deshacerse en disculpas.
En ese momento llegaron Harry y Ron acompañados de Hermione, y salimos de Stonewall. Cruzamos la barrera, y un contenedor de basura pasó frente a nosotros a toda velocidad. La tapa se abrió, y Jimmy surgió de su interior, levantado los brazos y gritando.
- ¡Yu-juuuuu!
El contenedor chocó contra un montón de cajas de cartón, volcó, y mi hermano cayó sobre las mismas. Se levantó de un salto y vino corriendo hacia nosotros con una sonrisa de oreja a oreja.
- ¿Lo habéis visto? ¡Qué pasada! ¡Es mejor que el puenting!
Se sacudió las mondas de naranja y las cáscaras de plátano del uniforme.
- ¿Qué? ¿Vamos a casa?
Volvimos a Privet Drive. Harry y sus amigos se quedaron charlando en el parque, y Jimmy y yo volvimos a casa. La abuela aún no había llegado. Preparamos la cena y empezamos a ver el telediario. Estaba a punto de terminar, cuando el presentador dijo:
"Y ahora, unas imágenes espectaculares obtenidas durante la rueda de prensa de la presentación de la nueva gira de 'Magia Muggle'"
Jimmy dejó el tenedor en el plato y miró fijamente la pantalla.
"La rueda de prensa transcurrió con toda normalidad durante la primera media hora" decía la voz en off del presentador. Las imágenes mostraban una rueda de prensa normal y corriente. La cámara fue enfocando uno a uno a los miembros del grupo, que iban respondiendo a las preguntas, hasta que se detuvo en una chica.
- ¡Anda! – exclamé – A esta chica la he visto yo hoy en el colegio... Creo que conozco a su hija...
"Ahora observen la reacción de Serena Greenwood"
El presentador dejó de hablar y una voz débil y afectada empezó a oírse mientras la cámara enfocaba a la chica morena y a una chica rubia, guapísima, que estaba de pie entre los periodistas.
"- ... De veras que lo siento muchísimo, Serena..." – decía la rubiales – " Hubiéramos querido decírtelo antes, pero como te fuiste de viaje..."
La tal Serena empezó a ponerse roja, exceptuando los labios, que estaban blancos de tanto apretarlos.
"- Salíamos juntos antes de que él te conociera, nos peleamos, y él, por despecho, empezó a salir contigo. Pero seguía enamorado de mí..."
La voz de la chica sonaba tan falsa como una moneda de siete peniques, y era evidente que estaba ahí para fastidiar. Serena Greenwood, por su parte, parecía tan enfadada que si yo hubiera sido la rubiales hubiera ido corriendo a una comisaría a pedir protección. Sostenía en la mano derecha un vaso de agua del que acababa de beber, y estoy segura de que se lo hubiera tirado a la cabeza. Pero se oyó un chasquido, y el vaso le reventó entre los dedos de sujetarlo con tanta fuerza. Se le clavaron los cristales en la mano, sangre por todo, y varios de sus compañeros la arrastraron con esfuerzo hasta sacarla de la sala, mientras un chico con coleta se encaraba con la rubia, a la que de repente, y como por arte de magia, le apareció una horrible verruga en la punta de la nariz.
Volvió a aparecer el presentador de las noticias en la pantalla.
"- Cualquiera se mete con esa chica... Con estas imágenes terminan las noticias de las nueve. Los dejamos ahora con la reposición del Monty Phyton's Flying Circus. Muchas gracias por su atención y buenas noches."
23.30 h.
Maldición, Jimmy ha vuelto a las andadas. No podía dormir, y bajé a la cocina a tomar un vaso de leche. Ahí me lo encontré, vestido de camuflaje, con la cara pintada de negro y hablando por el walkie-talkie. Intenté convencerle de que no saliera, pero no hubo forma. Ahora voy a tener que pasarme toda la noche pendiente del teléfono por si lo detienen.
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Holaaaa! Por fin se me ocurre algo... siento el retraso del segundo capítulo, se me fue completamente la inspiración y no sabía como demonios continuar. Por suerte ahora ya se me van ocurriendo algunas cosas y tengo material para una temporadilla.
Muchas gracias a todas por los reviews:
Ghiret, Rinoa (aquí tienes a Amy, espero que te alegre), Hermi12, caila-c, Sybill, Sakura-Corazón, Dardos, Nimph (Ron no se quiso subir al tren si no venía Hermione, y Neville es de familia mágica, pero vista su capacidad hasta el momento, como si no lo fuera. Seamus y Dean, sencillamente se me olvidaron - ¿no había uno irlandés? Pues ése estudia en el equivalente a Stonewall en Dublín), Phoenix G. Fawkes (ciertamente, preguntas mucho... tendrás que confiar en mí. ; P) y May Potter (no exageres... pero gracias).
