La rebelión de los enanos

Cuando se reunieron en el parque después del primer día de clase en Stonewall, tanto Harry como Ron y Hermione estaban completamente traumatizados.

Tardaron un poco en saber qué decir, pero eran muchas las cosas a contar. Harry quiso saber cómo les impidieron entrar en el tren de Hogwarts.

- Muy sencillo - explicó Hermione - Llegó una cuadrilla de magos de Ministerio. Se colocaron al lado de las puertas de cada vagón. Otro se plantó delante nuestro, sacó una lista y nos dijo que fuéramos entrando a medida que dijera nuestros nombres. La lista estaba por orden alfabético, así que nos fuimos dando cuenta de que se saltaba nombres y eso nos escamó. Cada vez se notaba más que los que quedábamos todavía en el andén éramos muggles o medio muggles.

- Por eso no me subí cuando me llamaron - comentó Ron - Menos mal que mi madre no puso ninguna pega.

- Creo que estaba todavía más enfadada que nosotros. - dijo Hermione, riéndose. - De hecho, cuando el de la lista terminó de leer los nombres y las puertas de los vagones se cerraron, ya era totalmente evidente lo que ocurría. El tipo dijo que como los de origen muggle éramos bastante pocos, y los hechizos que protegían a Hogwarts se habían venido debilitando desde la muerte de Dumbledore, el director en funciones había decidido que no fuéramos al colegio para evitar posibles ataques.

- Así que mi madre lanzó contra él - continuó Ron, entre carcajadas - y a le dio a entender a paraguazos  lo que opinaba acerca de esa política. Hicieron falta seis para reducirla, y, bueno, ya conoces a mi madre... ninguno de ellos salió bien parado.

A pesar de que ambos trataban de tomarse a risa lo ocurrido, Harry no dejó de notar que tanto uno como otra parecían bastante afectados, especialmente Hermione. Se dio cuenta más que nada por la actitud de Ron hacia ella. Continuamente parecía tratar de darle ánimos.

El siguiente tema de conversación fue Stonewall. A pesar de que su fama como peor escuela secundaria de toda Gran Bretaña le precedía, y de que el recibimiento que se había brindado a los nuevos había sido aterrador, los tres coincidieron en que podía haber sido peor.

- Poco antes de ir a Hogwarts – comentó Harry – Dudley me aseguró que a los nuevos les hundían la cabeza en el váter.

- Pues parece que Dudley lo creía a pies juntillas – dijo Ron – Porque no le hemos visto el pelo en todo el día.

- Menos mal, porque no hubiera podido soportar tener que sentarme a su lado en clase...

- Oh, no te preocupes – Ron sonrió traviesamente – Fred y George me dieron todo un cargamento de sus "inventos", específicamente diseñados para tu primo. No se atreverá a meterse contigo ahora.

Los dos se volvieron hacia Hermione, que parecía estar en otro mundo. Era evidente que sus peores pesadillas se habían cumplido: ambos sabían que ella hubiera preferido la muerte antes que ser expulsada de Hogwarts.

Así que pasaron a hablar de la guerra, y de Voldemort. No era un tema agradable, pero pronto sacaron a Hermione de su mutismo. Pasaron horas discutiendo lo que podían hacer pero era inviable. Desterrados del mundo mágico, casi sin información acerca de lo que ocurría y con escasas posibilidades de poder actuar al respecto,Harry les relató su conversación con Sirius, acabando de desanimarles por completo.

- Y encima con el maldito Snape de director de Hogwarts. – gruñó Ron - Tenía que haber sido MacGonagall, pero como tuvo que unirse a los aurores... No entiendo en qué diablos está pensando el Ministerio. ¿Es que no se dan cuenta de que era, es y siempre será un maldito mago tenebroso?

- No creo que la mayoría de los miembros del Ministerio tengan una ideología muy diferente a la de Lord Voldemort. – murmuró Hermione – Nunca han ascendido a tu padre debido a su aprecio hacia los muggles. Le quitan importancia a las desapariciones y muertes misteriosas, a menos que sean las de miembros de la comunidad mágica. De hecho ni siquiera las mencionan. En el fondo muchos de ellos son como Voldemort, pero guardan mejor las apariencias. – suspiró – Es como el ascenso de Hitler al poder. Deberían haber enseñado historia muggle en Hogwarts.

Después de que sus amigos volvieran a las suyas con sus trasladores portátiles – todo un bombazo comercial en el mundo mágico, según afirmaba el padre de Ron - , Harry tenía la sensación de que las cosas no podían ir peor. Cuando entró en casa, sus tíos estaban discutiendo lo que podían hacer para no tener que llevar a Dudley a Stonewall. Este último lloriqueaba y pataleaba continuamente para asegurarse de que sus padres no dejaban de examinar cualquier posible opción. Pero no parecían encontrar una salida aceptable.

- ¡No pienso llevar a mi pequeñín a un lugar como ése! – chillaba tía Petunia, con el rostro tan congestionado y arrugado por la histeria que a Harry le recordó los dibujos de las arpías de sus antiguos libros de texto.- ¿Has visto la pinta que tenía la gentuza que estudia allí?

El "pequeñín" de diecisiete años, metro ochenta de alto y un metro de ancho, soltó un potente bramido. Harry contuvo la risa tras la puerta del comedor.

- Maldita sea, Petunia... – respondía el tío Vernon, gritando por encima de los sollozos de su hijo, y con la vena del cuello abultándole el doble de lo habitual. – En ningún colegio privado quieren admitirlo. Dicen que si ha conseguido que le expulsen de Smeltings, es imposible que dure más de tres días en cualquier otro colegio. Incluso alguno que otro insinuó que mirara en los reformatorios.

Harry se escabulló hacia su habitación antes de que se dieran cuanta de su presencia y lo culparan a él de todo.

Nada más entrar en su cuarto y cerrar la puerta, dejó de oír a sus parientes, cuyas voces  fueron rápidamente sustituidas por las de los vecinos, que se colaban por la ventana abierta. Oyó de fondo los ladridos de Hocicos.

- ¡Maldita sea, Jimmy, no empieces otra vez con las mismas! – Harry identificó rápidamente la voz como la de Ellaine Staunton. Parecía muy enfadada.

- Tengo que hacerlo, Ellaine – replicó su hermano, tratando claramente de contener la risa. – Es nuestro deber. Hemos de liberarlos del pesado yugo que los oprime.

- ¡Jimmy!.¡No es para tomárselo a risa!. ¡Por semejante estupidez te expones a pasar la noche en comisaría!.Papá y mamá no están aquí, y no creo que la abuela sea de mucha ayuda. No tengo ganas de ir a pagarte la fianza a las cuatro de la madrugada.

- Lo siento, hermanita. Pero tendrás que noquearme para impedir que cumpla con mi deber.

- Jimmy no me tientes...

- Si no tienes nada más que añadir, me marcho. Buenas noches, hermanita.

La puerta de la casa se abrió y Harry vio salir una sombra oscura. Se oyó como un chasquido.

- Aquí Delta Papa Cero Dos. Estoy a veinte minutos del punto de encuentro. Llegaré en diez.

Jimmy se dirigió hacia el garaje de la casa, y en escasos segundos salió del mismo montado en una ruidosa motocicleta, seguido por Hocicos, que debía estar tan intrigado como el propio Harry.

Levantó la mirada hacia la habitación de Ellaine, cuya puerta acababa de abrirse. Su vecina entró rápidamente y empezó a pasear de un lado a otro como un tigre enjaulado. Atacó un par de veces a su almohadón. Harry no había encendido aún las luces de su habitación, así que podía observar tranquilamente sin ser visto. Las paredes del cuarto de la chica estaban cubiertas de dibujos. Parecían reproducciones de arte antiguo, algunas de ellas bastante buenas. Pudo reconocer jeroglíficos egipcios y mayas, así como copias de máscaras funerarias y una vasija de cerámica con dibujos griegos. Estaba claro que esa chica era una obsesa de la arqueología.

Ella parecía muy preocupada. Se tumbó sobre la cama con un libro y puso a su lado el teléfono. Continuamente se limpiaba las gafas.

Harry estuvo observándola un largo rato, mientras se preguntaba cuál era la tan peligrosa misión de su hermano. Finalmente se dio cuenta de que no iba a obtener respuestas observando a Ellaine, y empezaba a parecerse peligrosamente a un vulgar voyeur. Así que se cambió la ropa a tientas y se acostó.

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A la mañana siguiente, nada más levantarse, Harry se asomó de nuevo para saber cómo había terminado todo. La ventana de Ellaine continuaba abierta, y el teléfono y el libro continuaban sobre la misma. La colcha estaba ligeramente arrugada, de modo que ella no había llegado a acostarse.

Intrigado, se vistió a toda velocidad, salió de su habitación sin hacer ruido, y bajó las escaleras mientras Tio Vernon y tía Petunia estaban entretenidos en su típica discusión matinal de "déjame entrar en el baño". Se hizo dos tostadas, las untó de mantequilla... Abrió la puerta y salió al jardín sin apartar la vista del número dos. Llegaba ya a la puerta de hierro del jardín cuando un súbito y doloroso golpe en la espinilla le hizo escupir la tostada que llevaba en la boca y soltar la otra para tratar de calmar el dolor, mientras saltaba a la pata coja, y la mochila se le resbalaba por el brazo, y las gafas por la nariz.

Tardó unos segundo en controlarlo todo, aunque el hecho de caerse de espaldas al suelo facilitó las cosas. Ya no tenía que tratar de mantener el equilibrio. Finalmente pudo colocarse bien las gafas para estudiar la situación.

Se había golpeado la espinilla con uno de los leños que los Dursley tenían amontonados contra la pared de la casa para hacer creer a los vecinos que usaban la chimenea. Farsa difícil de mantener puesto que los troncos ya estaban podridos y cubiertos de verdín tras largos años de reposar a la intemperie.

Pero inexplicablemente el leño en cuestión no estaba en el montón, sino flotando frente a la verja de la entrada. Un análisis más exhaustivo le demostró que el tronco no flotaba, sino que estaba sostenido por cuatro enanos de cerámica, que parecían usarlo como ariete contra la puerta del jardín.

Harry se sintió un poco confuso, y se volvió a su izquierda. Encima de una piedra particularmente grande vio a otro enano. Por norma general, ese enano estaba colocado en la otra punta del jardín, y fumaba tranquilamente de su pipa sin hacer nada. Pero en esos momentos sostenía un megáfono hecho de aluminio. Harry se giró lentamente para ver a quién se dirigía.

Frente a la piedra se hallaban todos los demás enanos, excepción hecha de los cuatro del tronco. Habitualmente se encontraban repartidos por todo el jardín, unos como si cavaran el suelo, otros llevando carretillas... Pero en ese mismo instante estaban todos en formación, sosteniendo pancartas que rezaban eslóganes que iban desde "Libertad para los Enanos" hasta "Frodo vive" o "Gandalf al poder". A pesar de su gran experiencia en hechos extraños y fenómenos mágicos, Harry tuvo que admitir que ésa era probablemente la cosa más desconcertante que había visto en su vida. Pero el día no había hecho nada más que empezar...

Tras un breve periodo de meditación acerca de las rarezas del género humano en su variante no mágica, finalmente se levantó, rodeó el tronco y salió. Lanzó una última mirada a su jardín, y sonrió mientras imaginaba la poca gracia que le haría a Tía Petunia todo aquel despliegue.

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Ellaine abrió la puerta de su casa para recoger la leche, como cada mañana. Se encontró a Harry frente a la misma, con el dedo a punto de pulsar el timbre.

- Oh.Buenos días, Harry – dijo con voz cansada. Tenia los ojos enmarcados en unas mágníficas y oscuras ojeras, que parecían aún más grandes con la alta graduación de sus gafas. – Pasa.

Harry entró en la casa, mientras Ellaine trataba de coger las botellas sin romper ninguna. Hocicos le salió al paso. A pesar de ser un perro, era capaz de expresar muy bien la estupefacción. Harry se pregunto si sabía algo acerca de lo ocurrido en el jardín de su casa.

Entró en la cocina y se encontró a Jimmy, que remojaba sus tostadas en el café sin apartar la vista del periódico.

- Hola.

Jimmy levantó la vista por encima del Daily Telegraph y lo miró. Parecía fresco como una lechuga, y esbozaba una gran sonrisa de oreja a oreja.

- Buenos días, Harry. Hace un dia estupendo, ¿no crees?. ¿Que tal estás?

- Algo desconcertado, si he de serte sincero.

- ¿Ah, sí? –su sonrisa se ensanchó - ¿Y eso?

Harry procedió a contarle su encuentro matutino con la manifestación de enanos. Fue algo frustrante, porque el chico ni se inmutó al oírlo. Ellaine ya se había sentado a la mesa y se preparaba sus cereales, pero tampoco dió muestras de sorprenderse demasiado. De vez en cuando la pilló lanzándole miradas de "ya hablaremos" a su hermano.

Intrigado, Harry les preguntó si podía usar el baño. Nada más entrar en el mismo, cerró la puerta y apoyó el oido contra la misma.

- Jimmy, ¿tú eres tonto o qué? – susurró enfadada Ellaine. – ¿Se puede saber por qué entraste en el jardín de los vecinos?

- No pude evitarlo. Era una tentación demasiado grande...

- Mira, que te dediques a hacer ... eso ... por la ciudad, tiene un pase. Al fin y al cabo, si no te pillan no pasa nada. ¡Pero en la casa de al lado!. ¡Si llegan a verte los Dursley!

- Pero no me vieron...

- ¡Pero podían haberte visto!.Me juego lo que quieras a que te hubieran denunciado. ¡Parece mentira que tengas tan poco sentido común!

- Bueno, hermanita, cálmate. No tenemos prevista ninguna otra acción a gran escala hasta dentro de unos meses. Lo de aquí al lado no es nada... ¡Espera a que lleguemos a la ciudad!

Harry consideró que ya llevaba demasiado tiempo escuchando, así que tiró de la cadena y salió del baño como si nada.

- ¿Listo? – preguntó Jimmy – Pues andando, que llegamos tarde.

Siguieron un camino ligeramente distinto al del día anterior. En la calle había un monumental atasco. Al principio, los conductores parecían muy enfadados, pero a medida que se acercaban a la ciudad el ambiente parecía más distendido. Finalmente vieron el motivo de todo ese caos. Era un camión, que estaba detenido sin motivo aparente en la entrada de una de las calles más concurridas. Frente al mismo había un corrillo de gente señalando algo en el suelo.

Los tres se colaron hasta llegar en primera fila. Incluso Ellaine se rió.

En el asfalto, perfectamente colocados, habia una multitud de enanos de porcelana formando las palabras:

DERECHOS

ENANOS

Jimmy sonrió con orgullo. Se alejaron de la muchedumbre, que parecía bastante divertida con la broma.

- ¿Os importa si damos un pequeño rodeo? – preguntó Jimmy – Quiero enseñaros algo.

Ellaine no dijo nada, pero Harry asintió intrigado. ¿Era posible superar todo aquello?

La respuesta no tardó en llegar. De hecho, sólo el tiempo que les llevó llegar hasta la plaza del Ayuntamiento.

Era una plaza enorme, pero en aquel momento no cabía un alfiler. Cientos de enanos estaban repartidos en toda su extensión, aguantando pancartas. Aquello era como la manifestación del jardín de casa de los Dursley, pero a lo bestia. Un grupo de bobbies observaba todo aquello desde una de las entradas a la plaza, con los sombreros en la mano, mientras se rascaban la cabeza como preguntándose cómo disolverla. Estaba claro que ni las cargas, ni los chorros de agua ni las pelotas de goma eran útiles para el caso.

- Seguro que no hay tantos como en Sarreburgo – comentó Ellaine.

- Doscientos más, hermanita. Con ésta entramos en el Guiness.

Jimmy apoyó la mano en el hombro de Harry y señaló hacia el balcón del Ayuntamiento. Una pancarta enorme, hecha de sábanas, colgaba del mismo.

"Lucharemos por vuestra libertad, ahora y siempre. FLEJ-SB"

- ¿Te interesaría luchar por nuestra causa, Harry?¿Estarías dispuesto a unirte al Frente de Liberación de los Enanos de Jardín, Sección Británica?

- ... – Harry notó cómo una gotita de sudor se deslizaba lentamente por su sien.

¿Quién dijo que los muggles no estaban suficientemente locos?

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Bien, antes que nada, quiero disculparme por el retraso. De veras que lo siento, pero he tenido turno de diez días en la oficina y ha sido particularmente movidito. Tanto es así que el último día me puse enferma. Confío en que la espera os haya valido la pena, y que os lo hayáis pasado tan bien leyéndolo como yo escribiéndolo.

Antes de pasar a los reviews del capítulo anterior, quiero dar las gracias a todos lo que habéis continuado dejando reviews en "Luna Nueva", especialmente a PiRRa, que fue la que dejó el último hasta el momento, ayer mismo. No ha sido inútil, muy al contrario, me animó para esforzarme más en éste. Gracias.

En fin, respecto al capítulo anterior, mi agradecimiento a:

Liza (bueno, "Luna Nueva" sigue vivo en este fic... Espera y veras), snmh, Indecisa, Rinoa, Ghiret (todavía no he tenido tiempo para mirarme tu fic, en cuanto pueda lo haré), Spacey (gracias por la información respecto a los enanos, y suerte en tu examen), Polgara, LeslieDali (es que el psico de Stonewall ya está muy quemado. Olvidó todo lo que estudió), Wilbur (¡snif! Me han quitado TV3 para ponerme TeleCalviá. Ya no puedo ver Stargate... odio a mi ayuntamiento), al que ha conseguido dejar un review sin nombre, Dardos, Sybill (enseguida me pongo con tu fic, gracias por tu apoyo en el mío), Hermi12, Yadhwiga, y Nimph (me leí el último de Blanco y Negro, lo que no recuerdo es si te dejé review... luego lo miro).