Serena levantó la vista del libro nada más oír los suaves ronquidos de Amy. Las noticias de las nueve ya hacía rato que habían empezado, y eran el mejor remedio para los problemas de sueño de su hija. Amy dormía tranquilamente, con la cabeza apoyada en su regazo. Su madre sonrió y acarició con suavidad los rizos de la pequeña, que se movió un poco. Serena la dejó en paz, aún no estaba lo suficientemente dormida como para trasladarla a la cama sin despertarla.
Volvió al libro. Se lo había comprado en España cuando fue a visitar a sus parientes muggles. Aunque el autor tenía sus libros publicados en inglés, se lo había comprado en castellano para repasar sus conocimientos y poder enseñarle a Amy. Se sumergió de nuevo en la caza de Vísperas, hasta que la voz del presentador le hizo volver súbitamente a la realidad.
- "... imágenes espectaculares obtenidas durante la rueda de prensa de la presentación de la nueva gira de 'Magia muggle'."
Serena miró horrorizada la pantalla del televisor. Se odiaba a sí misma por el follón que se había montado, aunque lo de reventar el vaso con los dedos no había sido voluntario. Al desviar la vista, sus ojos se clavaron en una esquina de la pantalla. Una de las puertas de la sala. Él estaba allí, observándolo todo. Y sonreía cuando la Barbie se le acercó con la verruga en la nariz. La besó y salieron.
Como si un rayo la partiera por la mitad.
Para cuando volvió en sí, en la pantalla estaban Eric Idle, vestido por la parte de arriba de militar y con un tutú rosa, y Michael Palin de obispo, en pleno coqueteo. Sacudió la cabeza. No estaba como para que los Monty Phyton la desconcertaran aún más.
Con mucho cuidado, levantó la cabeza de Amy de sus rodillas, se puso en pie y la llevó en brazos a su dormitorio. Acto seguido fue a la cocina y empezó a beber agua como si llevara tres meses atravesando a pie el Kalahari.
Dos litros de agua más tarde, llamaron a la puerta. Tron gruñó ligeramente cuando tras la misma apareció un enorme perro negro.
Serena sólo conocía a un perro que llamara a las puertas, así que le dejó pasar. Cuando el perro se convirtió en hombre, al pastor alemán casi le dio un ataque.
Sirius estaba sin aliento y bastante desconcertado.
- Disculpa. Antes de venir estuve persiguiendo a una motocicleta, y acabé en un lugar donde una pandilla de adolescentes planeaban cómo trasladar cientos de enanos de cerámica a la plaza del ayuntamiento. ¿Por qué los muggles hacen cosas tan extrañas?
- Vaya, veo que has conocido al Frente de Liberación de los Enanos de Jardín. Creo que será mejor que mañana lleve a Amy al colegio a pie...
Sirius la miró igual de desconcertado que antes.
- Cuanto más conozco a los muggles, menos los entiendo.
Serena sonrió ligeramente.
- Bueno, ¿y qué trae al peor enemigo de mi exmarido a mi casa?
- Verás, mi lógica me lleva a la conclusión que la exmujer de mi enemigo es mi amiga. ¿Me equivoco?
- Bueno, no conozco las premisas, pero la conclusión creo que es válida en este caso particular.
- ¿Perdón?
- Que sí, que tienes razón. ¿En qué puedo ayudarte?
- Errmm... creo que sería mejor que habláramos en otro sitio. – respondió Sirius, bajando la voz - Es muy probable que el ministerio de magia haya puesto hechizos de escucha en tu casa.
- Pues deben aburrirse bastante, la verdad. De todas formas, tenía ganas de salir un poco. Conozco un sitio donde les será muy difícil oír algo.
Serena cogió su gabardina, y fue en busca de Cagney, la elfina que había heredado. Estaba planchando.
- Oye, Cagney. Voy a salir, no creo que llegue muy tarde. Te quedas al mando. Y, por favor, para de trabajar un ratito, que me dejas sin nada que hacer cuando me aburro.
Cagney miró a Sirius con la cara que ponen las madres cuando les presentas a un novio que no les acaba de satisfacer. Sirius, que iba sin afeitar y con el pelo largo y sucio, era un claro ejemplo.
- No, no es un ligue, Cagney. Vamos a hablar de negocios.
** ** **
Ginny salió agotada de la enfermería. Desde que habían añadido asignaturas optativas para preparar los estudios superiores de Medimagia, no había parado de estudiar. La señora Pomfrey estaba encantada con ella, y ya llevaba un año haciendo prácticas extras en la enfermería.
Cruzaba el patio en dirección al edificio principal cuando notó que algo invisible agarraba su mano. Se habría asustado de no llevar tanto tiempo saliendo con un chico adicto a las capas de invisibilidad.
- Empezaba a pensar que no terminarías nunca... – susurró una voz arrastrada.
- Hoy han empezado las clases de vuelo de los de primero. – explicó Ginny - Llevo media tarde curando esguinces de todo tipo.
- Demasiado estudiar y trabajar hacen de Ginny una aburrida.
- Pues a ti no te vendría mal estudiar un poco más – repuso ella, pellizcando el brazo de su captor. – Que todos los profesores te hagan la pelota no significa que vayas a saber más.
- Oh, es maravilloso... Todos dicen: Muy bien, señor Malfoy, excelente, señor Malfoy, cómo se nota que viene usted de una buena familia, señor Malfoy... Esto es el paraíso.
- Draco.
- ¿Qué?
- Deja de decir tonterías y vamos al edificio, que estoy muerta de hambre.
- ¡Qué prosaica eres!.Yo aquí describiendo las maravillas de tener a todo el claustro de profesores de Hogwarts besando el suelo que piso, y tú vas y me desprecias por un plato de albóndigas.
- Draco, tengo tanta hambre que me comería a un señor crudo. Así que más te vale acelerar, porque tú eres el que me queda más cerca...
- Vale, antropófaga. Tú ganas. Vamos al comedor.
- Sabia decisión, Draco san.
** ** **
La cara de Sirius Black era un poema cuando entró en el pub al que Serena le había guiado. Era un bareto de mala muerte, oscuro y lleno de humo. "La tumba", un nombre irónico para un lugar donde había tanto ruido que parecía imposible cruzar dos palabras.
- ¿QUÉ ES ESO? – preguntó Sirius, señalando los altavoces.
- ¿QUÉ?
Sirius volvió a señalar los altavoces y le dirigió a Serena un gesto de interrogación. Serena bajó la mirada al suelo mientras escuchaba la música, y al momento volvió a mirarle.
- SEPULTURA.
- ¿QUÉ? – repuso Sirius, desconcertado.
- DIGO QUE EL GRUPO SE LLAMA SEPULTURA.
- MUY ADECUADO. OYE, EL MINISTERIO DE MAGIA NO NOS OIRÁ, PERO TAMPOCO NOSOTROS...
Serena le señaló que la siguiera. Cruzaron la puerta y bajaron por unas escaleras hasta llegar a una sala llena de billares. Sonaba la misma música, pero a un volumen algo más bajo.
Serena colgó las gabardinas en un perchero y cogió dos tacos.
- ¿Sabes jugar a bola ocho? – preguntó, mientras le tendía el más largo a Sirius, que negó con la cabeza.
- Pues hoy aprenderás.
Tras una breve explicación, y unos cuantos consejos sobre la forma de coger el taco, tanto por parte de Serena como de los demás jugadores de las mesas vecinas, empezaron la partida.
- ¿Bueno, qué era eso tan ultra secreto de lo que tenías que hablarme? – inquirió Serena, mientras calculaba la trayectoria.
- En realidad, se trata de una proposición.
- ¿Indecente? – preguntó ella, golpeando con suavidad la bola blanca.
- Bueno, depende de el lado por el que se mire. A mí me parece una obligación moral, pero a tu exmarido le sentará como una patada en el trasero.
La bola blanca golpeó a la bola doce, que lentamente se dirigió a la banda, hasta caer en la tronera. Serena sonrió.
- Te escucho. – dijo, mientras se inclinaba de nuevo sobre la mesa para una bola fácil.
- ¿Sabes que Snape ha impedido la entrada de todos los medio muggles en Hogwarts?
A Serena le resbaló el taco, que dio contra la mesa y lanzó por los aires la bola blanca. Sirius tuvo los reflejos suficientes como para cogerla antes de que le diera en la calva a un hombre que iba vestido como un Ángel del Infierno.
- ¿QUÉ? – rugió ella, blandiendo el taco como si fuera una lanza.
- Y tiene la varita de Harry. Te necesito para recuperarla, pues tengo entendido que tienes alguna experiencia en el latrocinio.
Serena lanzó su taco sobre la mesa, apoyó las manos sobre la misma y agachó la cabeza como pensativa.
- En el legal y en el ilegal. – confirmó, mientras le dirigía una mirada ya decidida - ¿Alguna idea de dónde la guarda?
- En tus tiempos en Hogwarts había un armario donde guardaban las varitas ... creo que fuiste prefecta, así que sabrás donde está.
** ** **
Draco y Ginny estaban a punto de entrar en el edificio cuando oyeron un ruido extraño, como la puerta de un coche al abrirse.
Draco se volvió hacia el patio, que continuaba desierto. De repente, notó un codazo en las costillas.
- ¡Eh! – exclamó volviéndose hacia Ginny.
- Shhh – respondió ella, mientras señalaba hacia arriba, a un coche muggle viejísimo que flotaba a veinte metros por encima del patio. Draco se apresuró a cubrirla con la capa.
Se acercaron al coche. Una larga cuerda colgaba de unas de las puertas, y vieron como dos siluetas se deslizaban por la misma hacia el suelo.
** ** **
Sirius soltó la cuerda a medio metro del suelo, y de un salto se plantó en el patio. Observó a Serena, que bajaba algo más lentamente. Cuando finalmente llegó al suelo, se apretó con fuerza la mano derecha. Sirius la miró extrañado.
- Caray, estás un poco desentrenada, ¿no?.
Serena le mostró la mano vendada, que había adquirido un ligero tono rojizo.
- He tenido un pequeño accidente esta mañana, y parece que se me ha vuelto a abrir la herida.
- Ah, sí... Espectacular, lo del vaso. Lo he visto en las noticias.
- No, si el día que salgo yo haciendo el ridículo por la tele me ven hasta los perros...
- Oye, no es mi intención molestar, pero no creo que nuestra posición ahora mismo sea lo suficientemente segura como para comentar la programación televisiva...
Serena asintió con la cabeza, y apuntó con un pequeño mando a distancia de su llavero hacia el coche.
- Más te vale que esto funcione, Mundungus Fletcher... – susurró, mientras apretaba el botón.
El coche parpadeó un par de veces antes de volverse invisible del todo.
Echaron a correr hacia el edificio principal, seguidos de cerca por un Slytherin y una Gryffindor. Cruzaron la puerta como una exhalación, giraron a la derecha y atravesaron la pared.
En el pasadizo redujeron la marcha.
- Ahora estamos seguros. – dijo Serena. – Este pasadizo es para los prefectos, y se quedarán en el comedor hasta que todos acaben de cenar.
- ¿A dónde vamos? – preguntó Sirius.
- A la sala de los Trofeos. El armario está allí.
** ** **
Severus Snape salió del comedor para cerrar la puertas de la entrada. Un súbito brillo junto a una de las paredes atrajo su atención. Se acercó lentamente hacia la misma. Parecía un manojo de llaves. Las cogió y las examinó detenidamente. Le resultaban familiares. Se quedó un momento paralizado, y tras murmurar unos epítetos muy poco cariñosos acerca de su exmujer, se lanzó contra la pared.
** ** **
Sirius y Serena estaban frente al armario de las varitas. Al parecer habían reforzado el hechizo de protección.
- ¿Abracadabra? – sugirió Serena.
Ningún efecto.
- ¿Klaatu barada niktú?
Nada.
- ¿Preguna mekoides retorum satis dee?
Sirius se volvió hacia Serena.
- Oye, ¿tú de dónde demonios sacas esos nombres de hechizos tan absurdos?
- Mmm... Ali babá y los cuarenta ladrones, El ejército de las tinieblas y Una bruja novata.
- Películas, ¿no?.
- Por probar...
- Así no vamos a conseguir nada. Debe haber alguna forma... – murmuró Sirius, pensativo.
- Recuerdo cuando le robamos a Lockhart un pastel de manzana... – empezó a decir Serena.
- ¡No es momento de batallitas! – exclamó Sirius.
- No me entiendes. Creo que hay una posibilidad... ¿Puedes separar el armario de la pared lo suficiente como para que pueda pasar?
- Claro.
El armario avanzó un metro. Serena estudió un rato la parte trasera.
- Verás. Como te decía Lockhart tenía un surtido de ricos pasteles que le enviaban continuamente todas las hermanas de su mamá. Siempre alardeaba de ellos pero nunca quiso compartirlos con los Gryffindor... Era un Slytherin despreciable. – continuó ella, mientras rebuscaba en su mochila.
- Abrevia, haz el favor.
- Bueno, los tenía en su baúl, bajo tres candados y unos cuantos hechizos, algunos de ellos bastante dolorosos. Pero no se le ocurrió que las puertas no lo son todo... – sacó unas tenazas y se las mostró a Sirius con aire triunfal. Este le devolvió una mirada de incomprensión, al menos hasta que ella empezó a usarlo con los clavos que sujetaban la pared de atrás del armario.
- Así que ... – Serena estiró suavemente la tabla, mostrando unos estantes, encima de uno de los cuales había una pequeña cajita alargada. - ... lo desfondamos.
Sirius cogió la cajita y la abrió. Allí estaba la varita.
- Voilà. – murmuró Serena.
** ** **
Snape avanzaba por el pasillo a la velocidad que le permitía el no saber a dónde se había dirigido su exmujer. Por desgracia, nada más doblar la esquina se la encontró, acompañada de Sirius Black. El muy desgraciado seguí teniendo unos reflejos mucho mejores que él.
- ¡Impedimenta!
** ** **
Sirius agarró a Serena por el brazo. La chica parecía dudar entre abrazar a Snape o pegarle una patada en las parte nobles, y por mucho que le gustara la segunda opción, no tenían tiempo para eso.
Corrió sin rumbo definido por el pasillo, tomando las bifurcaciones que mejor le parecieron, hasta que vio un tapiz. Lo cruzaron.
Estaban en el almacén de las escobas. Tiró de la chica, pero parecía haberse convertido en una estatua.
- ¡Vamos! ¡Coge una! – le gritó.
Serena sacudió la cabeza.
- ¡No!
Sirius, que ya se había subido a una, la miró desesperado. ¿Se había vuelto tonta, o qué?. Entonces, la figura de Snape surgió de la pared, justo detrás de ella.
- ¡Tú! – gritó. Serena se volvió hacia él.
- ¡Ava...
- ¡Expelliarmus! –exclamó una voz de chica. Un rayo surgió de la nada, y Snape salió volando, hasta chocar contra una de las paredes. Una cajita se le cayó del bolsillo, abriéndose al golpear con el suelo, que se llenó de pequeñas píldoras verdes.
Sirius se cargó a Serena a hombros, salió corriendo de la habitación, se subió a la escoba y levantó el vuelo.
Ginny y Draco salieron justo después, vieron cómo reaparecía el coche, cómo entraban en el mismo, y cómo volvía a desaparecer.
- Será mejor que volvamos antes de que Snape pueda asociarnos a esto – sugirió Draco.
- Será en mi caso, porque a ti te hace la pelota más que nunca... – corrigió Ginny.
** ** **
¡Trinnng!
- ¿Sí...?
- ¿Alex?
- Sí.
- Alex, soy Bill, de "La tumba". Tengo aquí a vuestro arlequín, se ha bebido tres tequilas, se ha subido a la barra y está cantando en otro idioma... Tendríais que venir a buscarla.
- ¿Como suena lo que canta?
- Apocalíptico.
- No es mucha ayuda...
Se oyó una pequeña discusión al otro lado de la línea. Una nueva voz sonó por el auricular.
- Oye, soy Sirius. Serena está cantando algo que suena así como "Jairrate mish" y está muy mal. Sería mejor que vinierais. A mí no me hace caso.¿Por cierto, que significa?
- ¿Heirate mich?. Cásate conmigo. ¿Ha vuelto a tener algún problema con la amante de su ex?.
- No exactamente. Snape acaba de intentar matarla.
- Vamos enseguida.
** ** **
A la mañana siguiente, mientras Harry tenía su encuentro con los enanos rebelados, Draco y Ginny se reunieron en la biblioteca.
- Será mejor que te des prisa, Draco, porque ayer acabé sin cenar. Si tardas demasiado te comeré.
- Tomo nota. ¿Te acuerdas de que sospechaba de que Snape no era Snape?
- Sí. Pero luego Harry lo comprobó con el mapa del merodeador y ya sabes que ése no falla. Era Snape.
- Corrección: se llamaba Severus Snape. Pero el auténtico Severus Snape no necesitaría tantas píldoras de éstas para nada.
- ¿Que son? – preguntó Ginny, intrigada.
- Te lo explico después de desayunar. ¿Cuándo tenemos la primera visita a Hogsmeade?.
- Dentro de dos semanas.
- Excelente. ¿Te apetecería venir conmigo al callejón Diagon?. Puedo conseguir un traslador portátil para ti también.
- ¿Y quebrantar las normas?.- la cara de Ginny se iluminó de felicidad - ¡Me encantaría!.Pero, ¿a dónde vamos?.
- Al Registro de Magos, para comprobar mi teoría. Jo, qué listo soy.¡En una noche!
- Oye, ¿tú no tienes abuela, verdad?.
** ** ** **
Hooooooooooolaaaaaaa!!!!
¿Cuánto tiempo, no?. Por fin conseguí unos cuantos huequecitos para acabar de una vez este capítulo. Está siendo el año más condenadamente movido que he tenido nunca. ¡No tengo tiempo ni de respirar!. En fin, espero que os haya gustado, porque yo me sentía desentrenadísima...
Muchas gracias a tod@s por los reviews: Liza, Wilbur (¡ya puedo ver TV3 – pero la vida es dura y como no puedo ver la tele mientras duermo...), Snmh, PIRRa, Selene, Nimph (aaaargh! volví a olvidarme de tu review – juro solemnemente que ahora voy y lo pongo), Kandra (ahora todos tienen sus varitas), Cris, Rinoa,Christine Daae, Sybill (recibí tu e-mail, ahora me paso por "La misión"), Dardos (espero haber respondido a alguna de tus preguntas), Spacey, Liza (la misma?), Kami-chan, Ucchan, LeslieDali (el boceto está muy bien, muchas gracias), Francia (gracias, tanto por los reviews como por los e-mails.Me alegro de que te gustara), Hatsue (moltes gràcies.Intentaré no fer-te sofrir tant).
