Positivo

Para cuando Álex y Alan llegaron a "La tumba", la situación había empeorado bastante. Serena se había apropiado de la botella de tequila y entre trago y trago iba narrando los últimos meses de su desgraciada vida sentimental a la tropa de moteros grandes y barbudos que poblaban el local, sentada sobre la barra, balanceándose peligrosamente y guiñando los ojos, irritados por el humo.

Sin embargo Bill, el dueño, parecía mucho más tranquilo. Serena había conseguido atraer la atención de la mayoría de los presentes y aparte de su relato arrastrado y amargo no se oía más que algún que otro ¡snif!. Los clientes seguían bebiendo, incluso más, sólo que ahora pedían las bebidas con gestos silenciosos.

Sirius avanzó hacia ellos nada más verlos cruzar el umbral.

- Intenté bajarla de la barra pero se negó. Luego unos tíos le preguntaron que qué había ocurrido, y, en fin, en eso estamos... por suerte no ha hablado de magia.

Álex se acercó tranquilamente a la barra y le puso la mano en el hombro a Serena, que se volvió hacia él. Tras unos segundos de escudriñarle el rostro inclinando la cabeza de un lado a otro, lo reconoció.

- ¡Álex! - sollozó, abrazándolo - Ese cabrón ha intentado matarme...

Él le dió unas palmaditas de consuelo en la espalda mientras con un gesto le indicaba a Alan que le quitara la botella. Serena la soltó sin protestar. Un momento más tarde resbalaba entre los brazos de Álex, inconsciente.

Alan frunció el entrecejo.

- Nunca la había visto tan borracha como ahora. No creo que sea buena idea llevarla a casa.

- Creo que lo mejor será llevarla a San Mungo - sugirió Sirius - No tiene buen aspecto.


Cuando Serena abrió los ojos en uno de los boxes de urgencias de San Mungo, eran las seis de la mañana. Estaba incorporándose en la camilla para preguntar qué diablos hacía allí, cuando vio entrar por la puerta a un medimago pequeñito, calvo y muy, muy enfadado.

- ¿Quién de ustedes es el padre?

El tiempo pareció detenerse mientras el triunvirato de acompañantes procesaba la pregunta. Sirius fue el primero en reaccionar.

- Creo... creo que se ha equivocado de box...

- Box 5, coma etílico¿no? - dijo el medimago, mirando sus notas. Acto seguido se volvió hacia la camilla entornando los ojos. Serena había quedado paralizada a medio incorporar. - Debería avergonzarse, señora. Estoy seguro de que sabe perfectamente que no debe tomar bebidas alcohólicas en su estado.

- ¿... qué estado? - preguntó Serena, dejándose caer de nuevo en la camilla, desconcertada.

- Ya lleva tres meses. Es imposible que no se haya dado cuenta.

Pasaron unos segundos. Finalmente, Serena cerró los ojos al comprender.

- Estaba divorciándome del padre. - dijo, cubriéndose la cara con los brazos - Con el follón, ni me di cuenta de las faltas.

- Bueno, les hemos limpiado el sistema sanguíneo a los dos. - informó el medimago, un poco más calmado. - Descanse un poco, desayune y en una hora podrá irse.

- Gracias.

El medimago cerró la puerta al salir y el box quedó en silencio por unos instantes.

- No lo entiendo - dijo Alan - ¿De qué narices hablaba?

Sirius y Álex le miraron, incrédulos.

- ¿... qué?


Diario personal de Ellaine Staunton

3 de Septiembre

18:47

Una podría pensar que presenciar una manifestación de trescientos cuarenta y tres enanos de cerámica en una plaza es lo más raro que puede pasarle a uno en el transcurso de un día cualquiera. Pero por lo visto me equivocaba. Ahora estoy en casa de la cría vuelcamuebles del despacho del psicólogo, acompañada por una especie de gremlin crecido (aunque ella afirma ser un 'elfo doméstico'), mientras esperamos a que llegue su madre porque por lo visto hay ¿dementores? o algo así en la calle. Al parecer yo no puedo verlos porque soy una ¿muggle?, pero por desgracia eso no me libra de sufrir los efectos de su compañía. Lo único bueno es que prácticamente me han obligado a tomar chocolate desde que llegamos.

Le he enviado un SMS a Jimmy para avisarle de que me quedaré hasta que se dispersen o algún mago pueda acompañarme a casa. Y ahora voy a recapitular todo lo ocurrido hoy, a ver si me aclaro las ideas.

Tras ver la manifestación de la plaza, nos fuimos a la escuela. Cuando llegamos nos encontramos a Black, junto la puerta, esperándonos con un palo entre los dientes y moviendo la cola. Yo creía que quería jugar, pero no: dejó el palo a los pies de Harry, guiñó un ojo (sí, lo juro) y se largó corriendo.

Las clases fueron particularmente aburridas - todo presentaciones de asignaturas - y fue un alivio que llegara la hora del recreo. Salimos al patio. Hacía un día estupendo, el sol brillaba y hacía un calorcillo agradable para ser las diez de la mañana.

Estaba comentando algo de clase con Harry, no recuerdo qué, cuando de repente empezó a hacer frío. El sol seguía brillando, no había viento ni nada, pero empezamos a sacar vaho al hablar. Se me erizaron los pelos de la nuca y empecé a encontrarme mal.

- Los muertos están enfadados - susurró Jimmy tétricamente. Mantenía el tipo y la sonrisa, pero no se me escapó el ligero temblor de su voz.

El frío se hizo tan intenso que el suelo empezó a humear. Poco a poco dejaron de oírse gritos y risas, y el patio se quedó en un silencio extraño hasta que los niños de primaria empezaron a llorar. El timbre sonó de nuevo, aunque de manera diferente. La voz de la directora sonó por los altavoces.

- Esto no es un simulacro. Repito, esto no es un simulacro. Evacuad inmediatamente el patio. Dementores.

De repente el caos que parecía la escuela se organizó. Muchos estudiantes sacaron de sus bolsillos lo que parecían gafas de natación, y se las pusieron. Unos se dirigieron al patio de los de primaria y empezaron a llevar a los críos a los edificios. Otros, en cambio, sacaron tirachinas de aspecto bastante profesional y los apuntaron al descampado vacío con los que limitaban las zonas de recreo.

Aunque yo no lo veía, ellos parecían tener un objetivo bastante claro.

- Vamos - dijo Jimmy, mientras me agarraba por el brazo - Esto no me gusta nada.

Empezamos a dirigirnos al edificio principal. Cada vez hacía más frío, y se formaba una neblina que se espesaba por momentos.

- ¡ESPERAD! - oí gritar a Harry - ¡VAIS DIRECTOS HACIA ELLOS!

Todo se volvió oscuridad, y de repente me encontré reviviendo un recuerdo ya casi olvidado. Ya no estaba en el patio de la escuela, sino en un bosque. Jamás he vuelto a pasar tanto miedo en mi vida como entonces. Tenía ocho años, y, persiguiendo a una especie de conejo particularmente raro, me perdí. Tardaron dos días en encontrarme, y lo que vi allí en teoría no existe. Cuatro pares de ojos, rojos y del tamaño de pelotas de tenis me observaban muy de cerca. Entonces me desperté.

Un ciervo plateado semitransparente estaba dando vueltas a nuestro alrededor y no hacía tanto frío. Jimmy estaba serio, había entrado en modo hermano protector. Una chica con el pelo pincho teñido de blanco se nos acercó corriendo. Llevaba puestas las gafas de natación y sostenía un tirachinas. Lucía una riñonera naranja butano llena de canicas, al parecer su munición.

- Seguidme - dijo, mientras ayudaba a mi hermano a incorporarme. Cogió un puñado de canicas y empezó a dispararlas como si estuviera abriéndonos el paso hasta el edificio.

Harry y sus amigos nos seguían de cerca, con el ciervo dando vueltas a su alrededor y atacando cosas invisibles con los cuernos. Entreví unos cuantos bichos plateados más protegiendo a la mayoría de los novatos. Los alumnos que parecían defender las verjas empezaron a replegarse hacia el edificio, sin dejar de apuntar al aire.

Una vez estuvimos todos dentro, cerraron la puerta principal. Me hicieron sentarme en una silla, y la chica de pelo pincho sacó un chocolate caliente de la máquina de café, alegando que me sentaría bien. Así fue, porque con el primer sorbo ya empecé a entrar en calor y a sentirme mucho mejor.

Jimmy salió del modo hermano protector para entrar en el modo embelesado por una tía con aspecto de vampiro guay.

La chica levantó la cabeza y miró a Harry.

- Tú eres Harry Potter¿no?.

Harry asintió con la cabeza. La chica sonrió y le tendió la mano. Jimmy refunfuñó por lo bajo "pero que les dará" o algo por el estilo, ligeramente celoso.

- Encantada de conocerte. Me llamo Natalie Creevey.

- ¿Creevey? Eres hermana de ...

- Si ... Colin y Dennis...

- Lamento mucho lo de Colin ... era un chico estupendo.

- Murió para salvarnos - dijo Natalie, con tristeza pero con orgullo. - Sólo él y Dennis son magos, el resto de la familia somos muggles. Aunque Dennis también estuvo muy bien.

Señaló con la cabeza a un chico pequeñito, de unos doce o trece años. Desde allí sólo le veíamos el perfil derecho. Le faltaba parte de la oreja y tenía una cicatriz bastante profunda que iba desde la sien hasta la mandíbula. Me hizo pensar en los guardiamarinas de las novelas de Patrick O'Brien. De hecho, ahora que lo pienso, parecía Jack Aubrey.

- La directora me ha dicho que os llevara a su despacho, tenemos bastante que explicaros.

Estaba claro que sólo se dirigía a Harry y a sus amigos, y la verdad es que me sentí bastante molesta. Yo también quería explicaciones y parecía que no iba a tenerlas por el momento.

- ¿Y NOSOTROS QUÉ? - saltamos Jimmy y yo, al unísono.

Aunque nacimos el mismo día, no nos parecemos en nada. Sin embargo, tenemos una peculiaridad bastante extraña y es que si nos pican lo suficiente cuando estamos juntos nos rebotamos a la vez y de algún modo coordinamos nuestras respuestas como si fuéramos una sola persona. La unión de nuestras fuerzas suele ser difícil de enfrentar, como han comprobado nuestros padres en más de una ocasión.

- ¡TENEMOS DERECHO A SABER QUÉ NARICES ERA ESO¡ESTÁBAMOS ALLÍ FUERA IGUAL QUE ELLOS!

Los demás nos miraron desconcertados y se echaron a reír. El amigo pelirrojo de Harry, Ron, comentó que alguna vez había visto hacer lo mismo a dos de sus hermanos.

Pero la protesta resultó efectiva, y Natalie nos dejó ir con ellos. Por el camino empezó a explicarnos lo básico:

1. Todos los que no tenemos nada de magia somos muggles.

2. Harry y la mayoría de los novatos de este año son magos. Vienen de otro colegio, llamado Hogwarts, al cual no se les dejó asistir por tener uno o ambos padres muggles. Pueden hacer magia con los palitos que llevan, que de hecho son varitas mágicas en toda regla.

3. El mundo de los magos está en guerra, porque al parecer un mago llamado Lord Voldemort o algo así, quiere el poder absoluto y considera que los muggles son una raza inferior. Sus seguidores se hacen llamar mortífagos y por lo que entendí la asociación parece funcionar como el Ku Klux Klan. Solo que van a por todo aquel que no tenga magia o tenga ascendientes que no la tenga, independientemente de su sexo, religión o raza.

4. La mayor parte de los estudiantes de Stonewall son muggles o squibs (creo que tienen magia, pero muy poca), los cuales tienen parientes magos. Por lo visto el colegio es atacado con frecuencia, sobretodo el último año. De allí que la evacuación estuviera tan bien organizada.

5. Lo que atacó en el recreo era un grupo de espectros o algo parecido, conocidos como dementores. Por lo visto tenemos suerte de no verlos, porque son muy feos, y se alimentan de la alegría de la gente. Te hacen revivir tus peores recuerdos, y para acabar de fastidiarte, en cuanto estás tan hecho polvo que ya no te tienes en pie te besan y te chupan el alma por la boca.

Lo último no me hubiera importado no saberlo, la verdad.

En cuanto llegamos al despacho de la directora, las explicaciones se hicieron algo más complejas. Por lo visto la directora también era maga, y empezó a explicarles algo de un meteorito y los cristales de las gafas de natación y las canicas y no se qué de una espada llamada Spellbreaker. Lo cierto es que no presté demasiada atención porque todavía estaba aceptando los cinco hechos anteriores.

El caso es que acabamos las clases al mediodía. Jimmy había vuelto al modo embelesado y decidió quedarse por la tarde para que le explicaran lo de los tirachinas otra vez. Natalie no parecía tener inconveniente en armar a mi hermano, lo cual me preocupó, pero como nos había salvado el pellejo - o el alma, más bien - no protesté.

El problema era que yo tenía que volver a casa porque me tocaba la semana de tareas domésticas. Normalmente hubiera vuelto sola sin problemas, pero Natalie insistió en que esperara un rato hasta que encontrara a alguien que pudiera acompañarme. Al final me encontré volviendo con la niña de ayer, que se llama Amy, y con Black, que resultó no ser un perro, sino un señor llamado Sirius Black, mago para más señas. Por lo visto tenía que ir de perro por la vida porque estaba acusado de un crimen que no había cometido. El caso es que Amy, el señor convertido en perro y yo volvimos a casa. Pero cuando estábamos junto a la casa de la niña empezó a hacer frío otra vez, y Sirius nos hizo entrar, llamó a una tal Cagney que resultó ser el gremlin crecido y bastante mandón, le dió ordenes de cuidar de nosotros hasta que la madre de Amy volviera, hizo ¡pin! y desapareció.

Total, que llamé a la abuela, que ni se había dado cuenta de que era hora de comer, y le dije que volvería más tarde. La tal Cagney nos hizo la comida (tres platos y postre, casi reviento) y luego me pasé la tarde tomando chocolate de verdad y té imaginario con Amy hasta que finalmente le entró el sueño (era té imaginario desteinado), hice los deberes y ...

(El resto de la página está quemada)


Serena se sintió morir al ver la marca tenebrosa flotando sobre su casa.
Bueno, he vuelto... je... tras cuatro añitos (dios)... supongo que más vale tarde que nunca. Responderé a los reviews del capítulo anterior el martes o así (espero que alguien siga vivo después de tanto tiempo) en mi LJ, el enlace está en el profile. No respondo aquí porque me puede llevar horas y ya voy con retraso en la entrega.

Juro solemnemente que acabaré el fic y que el próximo capítulo será dentro de dos domingos (29 de octubre). La verdad es que no sé si esto interesará a nadie después de tanto tiempo, pero si lo leéis y os gusta (o no), cae de rodillas, suplicante reviews, por dios!