El usurpador
El ministro de magia seguía mirando a Jimmy con la mezcla de lástima y condescendencia que los magos de sangre limpia reservaban para dirigirse a los muggles, al menos aquellos que no eran mortífagos. Se oyó un zumbido y todos se volvieron para ver llegar a dos aurores más. Estaban pálidos y nerviosos, puesto que se bajaron de sus escobas antes incluso de que éstas se detuvieran por completo. Al ministro le faltó tiempo para coger la suya y salir pitando cuando le anunciaron la aparición de una marca tenebrosa sobre la mansión de una de las familias más influyentes en el mundo de los magos, amén de una de las más generosas proveedoras de fondos a su campaña electoral.
Con el ministro se marcharon la mayoría de los aurores y desmemorizadores, de manera que en la casa sólo se quedaron la chica del pelo fucsia y el tal Dawlish . Habían envuelto el cuerpo de Cagney en una burbuja de aislamiento y le estaban trasladando a través de la chimenea al depósito de cadáveres de San Mungo. El resto de sus compañeros ya no eran más que pequeños puntos oscuros en el cielo vespertino.
Un nuevo punto apareció no muy lejos de donde habían desaparecido los otros. Fue creciendo poco a poco a medida que se acercaba hacia ellos. Se trataba de una lechuza parda que llevaba entre sus patas un sobre negro. Serena tendió instintivamente el brazo izquierdo para que el animal se posara sobre el mismo, pero éste se limitó a dejar caer su carga para seguir su camino. Jimmy cogió el sobre del suelo y lo abrió. Dentro había un trozo de pergamino. Al sacarlo, algo cayó al suelo.
Un mechón rubio.
Serena lo recogió con dedos temblorosos. No había duda de a quién pertenecía.
- Es el rescate - dijo Jimmy, mostrando el pergamino - Quieren la varita de Harry.
El usurpador atrajo a Serena hacia sí, mientras Sirius volvía a convertirse en humano y Natalie posaba su mano en el hombro de Jimmy en un gesto de consuelo.
- Es imposible. - dijo Sirius, negando con la cabeza - Harry necesita esa varita para enfrentarse en igualdad de condiciones a Voldemort. Si la entrega, estamos perdidos.
Jimmy y Serena permanecieron en silencio, pensativos. El falso Snape, por su parte, soltó a Serena y se lanzó contra Sirius, dándole un fuerte empujón en el pecho.
- Para tí es muy fácil¿verdad? - gritó - No es la vida de tu hija la que está en juego. ¿Qué es la vida de una niña comparada con la varita del hijo de James Potter?
- Ya basta, Severus. - murmuró Serena - No es momento para discusiones.
Se volvió hacia Sirius.
- No sé muy bien cuál es la importancia de esa varita, Sirius, pero para mí mi hija es mucho más importante. Lo mismo le pasa a él con su hermana.
Jimmy asintió con la cabeza. Miró a Sirius con seriedad.
- A lo mejor hay alguna manera de cargarse a ese tío sin necesidad de la varita. O a lo mejor se le ocurre una manera de engañarlo, o algo. Como mínimo deja que sea él quien lo decida.- agachó la cabeza, y la voz le tembló al continuar - Es mi hermana, tío. Se supone que debía cuidar de ella.
Sirius aceptó la derrota.
- Está bien. Hablaré con él. Serena, me pondré en contacto contigo en cuanto él haya tomado su decisión.
Y con un ¡plin!, desapareció.
-o O o-
Ellaine se incorporó ligeramente, mientras su cerebro trabajaba a toda velocidad tratando de comprender qué narices estaba ocurriendo. Amy seguía sonriendo relajada y tranquila, y la chica no pudo evitar compararla con la muñequita diabólica del despacho del psicólogo. El hombre, sin embargo, parecía mucho más inquieto. Se notaba que quería mucho a la niña, pero estaba claro que no le hacía ninguna gracia que estuviera allí, y con razón.
El suelo y las paredes de la celda eran de piedra, resbaladizas por el musgo y la humedad. La fría brisa marina entraba por la ventana, colándose entre los barrotes de hierro oxidado y las hojas de una extraña hiedra que se las había apañado para trepar hasta allí desde el exterior. La única luz que les iluminaba era la que pasaba a través de las rejas de la puerta, que por cierto, cada vez se hacía más intensa.
La puerta se abrió, dando paso a dos tipos encapuchados y enmascarados, armados con varitas. Se colocaron a ambos lados de la misma, sin dejar de apuntarles, para dar paso a un tipo con aspecto todavía más siniestro. Nada más cruzar el umbral, una antorcha se prendió fuego sola, iluminando la habitación y haciendo que los tres cautivos entornaran los ojos, deslumbrados.
Ellaine buscaba desesperada algún atisbo de realidad cotidiana en lo que estaba viendo, pero era inútil. Los esbirros parecían salidos de un cómic de Frank Miller, y el jefe le resultaba muy familiar, como si ya lo hubiera visto antes. Tardó unos segundos en reconocerlo: era el malo de Conan a medio transformar.
- Buenas noches, Severus. ¿No te alegras de tener tanta compañía?.
El aludido se había puesto en pie, interponiéndose entre el Señor Tenebroso y las niñas. Al hablar, sin embargo, lo hizo en un tono ponzoñoso totalmente inapropiado para un hombre en su situación.
- Muy mal tienen que ir las cosas para que el Señor Tenebroso tenga que rebajarse hasta el punto de tener que secuestrar a dos niñas para conseguir sus objetivos - observó Snape.
Voldemort se limitó a sonreír ante el comentario.
- Verás, Severus... Tu mujer, mejor dicho, tu ex mujer nos ha estado dando algunos problemillas últimamente. Tuvo la desfachatez de colarse en Hogwarts y llevarse la varita de Harry Potter que tanto nos había costado conseguir. - le miró con aire fingidamente apesadumbrado - Eso me molestó. Y aunque tu sustituto está trabajando para volver a ganarse su confianza, pensé que no estaría de más mostrarle a lo que se expone al apoyar al bando equivocado.
Con un mínimo gesto de su muñeca, Severus Snape salió disparado contra una de las paredes. Voldemort avanzó hacia las niñas y se agachó frente a Amy. Ellaine, sin saber muy bien por qué, se encontró rodeando a la niña con los brazos y arrastrándola lejos de él.
- Suéltala - ordenó Voldemort.
Ellaine se encontró con que sus brazos dejaban ir a la pequeña sin que su cerebro hubiera dado la orden. Voldemort alargó una mano hacia Amy, mientras que con la otra sacaba la varita de su túnica.
- Veamos... ¿Qué crees que podemos enviar a tu madre para decidirla a cooperar?. Tu pelo le ha hecho saber que te tenemos, ahora debe comprender que lo que no tenemos es paciencia... - dirigió la varita hacia su rostro - ¿Un ojo, tal vez¿O una oreja?
Los dos dementores las estaban pasando moradas tratando de contener a Snape. La inmovilidad a la que había sido forzada Ellaine, sin embargo, le permitió notar una vibración familiar que iba aumentando de intensidad. Miró a Amy, cuya expresión estaba entre las lágrimas y la rabieta. El pelo se le estaba moviendo solo.
Todo pasó en un momento. Voldemort agarró a la niña por el brazo, para soltarla un segundo más tarde con un alarido. El aire se llenó de olor a carne quemada. Las capuchas de los mortífagos habían saltado hacia atrás, dejando al descubierto sendas crestas fucsias. Ellaine recuperó la movilidad y se apresuró en echar atrás a la pequeña.
- Maldito hechizo protector... - murmuró Voldemort, retrocediendo con gesto dolorido.
A pesar de estar medio estrangulado por los mortífagos, Snape se relajó, aliviado. Después de lo que le había pasado con Harry, estaba claro que Voldemort no iba a tentar a la suerte. Era un hechizo muy antiguo, y lo habían hecho entre los dos antes de que Serena perdiera los poderes.
Voldemort escondió su mano herida y se volvió hacia Snape.
- Tienes suerte de que te necesite entero, porque si no, sería tu oreja la que iría en el siguiente sobre. - pareció recordar algo, y ladeó la cabeza mientras una sonrisa cruel iluminaba su rostro - Hablando de sobres... acabamos de recibir una lechuza de tu sustituto. Parece ser que tuvo algunos problemas para conseguir separar a tu mujer de ese ... amiguito de Potter ... como se llamaba... ah, sí... Sirius Black... se les ha visto juntos muy a menudo, últimamente...
El cuerpo de Snape se tensó de nuevo, y su mirada se endureció.
- ¿Qué? - preguntó, sin poder contenerse.
- Oh, pero tranquilízate. Como te iba diciendo, tu sustituto ha conseguido apartarla de tan nefasta compañía. Gracias a la inestimable ayuda de los inútiles del Ministerio de Magia, se ha creído no sé qué historia de maldiciones imperius y filtros amorosos... Aunque el hecho de que mataran a su elfina doméstica parece haber ayudado. - se encogió de hombros y miró a uno de los mortífagos - Un buen movimiento, Macnair. No sé por qué, pero se ve que la consideraba familia, así que con su desaparición y la de su hija, aceptó con los brazos abiertos el retorno de su marido.
- Cagney... ¿muerta?
- Oh, sí... Y espera, que aún viene lo mejor. Me encargó que te felicitara, se ve que besa de maravilla. - se hechó a reír - Quién hubiera dicho que con tu aspecto ibas a ser tan afortunado. Le diré que trate de averiguar que tal se le da lo demás... Tendrá que apresurarse, porque tiene órdenes de matarla en cuanto recuperemos la varita.
-o O o-
El falso Snape y Serena entraron de nuevo en la casa, tras despedir a los aurores.
- Si tienes hambre, creo que hay puré de verduras de ayer en la nevera. Yo voy a ducharme. - dijo ella, subiendo lentamente por las escaleras.
- ¿Y por qué te llevas el paraguas? - preguntó él, sorprendido.
Serena se detuvo un momento y se volvió.
- Es evidente¿no?. Por si les da por volver... ¿O te crees que tú solo tienes más poder que un elfo?
Él se quedó frente a las escaleras hasta que oyó cerrarse la puerta de la habitación.
- ¿Eh?
-o O o-
Dos horas después de la desagradable visita, Amy consiguió conciliar el sueño en el camastro de la celda. Ellaine le arregló la manta, y apartó los rizos de su rostro. Sonrió. Parecía un angelito.
Se volvió hacia la esquina opuesta de la celda. Sentado en el suelo, con la espalda contra las paredes y la cabeza hundida entre las manos, estaba Snape. La luna iluminando la viva imagen de la desesperación.
Se le acercó.
- Esto... - empezó a decir, tocándole el antebrazo con el dedo índice - Disculpe, pero... ¿podría explicarme de que va todo esto?
Su interlocutor ni se molestó en levantar la cabeza para responder.
- Discúlpeme, señorita. Pero creo que me llevaría más tiempo del que nos queda de vida...
- Lo único que quería preguntarle es lo de su "sustituto". ¿Cómo puede ser que otra persona pueda hacerse pasar por usted?
- Magia.
Qué tío más poco comunicativo, pensó Ellaine.
- ¿Se refiere a la poción multijugos? - siguió ella, impertérrita, decidida a tener conversación la última noche de su vida. - Tengo entendido que ya comprobaron que no era eso.
Snape levantó la cabeza y la miró intrigado.
- Usted es muggle. ¿Cómo sabe de la existencia de la poción multijugos?
- Harry Potter y sus amigos... los habían expulsado de Hogwarts... Hermione mencionó algo de haberla preparado en segundo curso...
- Así que fueron ellos¿eh?. - entornó los ojos - ... lo sabía.
- Pero dicen que comprobaron que no era eso.
Snape sacudió con la cabeza.
- Es una variación de la poción, pero en pastillas. La desarrollaron los mortífagos, por eso nadie más sabe que existen. Duran tres veces más, y son mucho más fáciles de tomar y de esconder.
- Oh. Qué pena que no tengan efectos secundarios. - suspiró Ellaine, rodeando las piernas con los brazos y apoyando la barbilla en las rodillas - Como que les salgan brazos de más u orejas en la planta de los pies...
Snape se irguió de repente, como un suricato.
- Los tiene. Lo había olvidado, los tiene.
- ¿Y cuáles son?
- Para conseguir que la transformación dure más, se estrecha la relación entre los cuerpos del original y la copia... El único inconveniente de las pastillas es que, cualquier cambio en el cuerpo del original mientras dura el efecto de las mismas, se refleja a la vez en el de la copia...
- O sea, que si yo ahora le pegara un puñetazo en un ojo, se le pondría morado a usted... y a su copia.
- Y nos dolería a los dos. Por eso me afeitan cada mañana y me alimentan bien. Si hubiera alguna forma de aprovechar eso para enviar un mensaje... Pero no se me ocurre cómo... porque si él se da cuenta, Serena está perdida...
Ellaine suspiró y volvió el rostro hacia la ventana, pensativa. Podía verse la luna llena entre los barrotes, iluminando las hojas de la hiedra.
-o O o-
El falso Snape sonrió complacido por las nuevas instrucciones que acababa de recibir. Hizo arder el pergamino entre sus dedos y lo tiró al fregadero.
Cuando llegó a la habitación, oyó pararse la ducha. Se quitó la camisa, observando divertido el reflejo de su cuerpo en el espejo del armario. En el mismo vio abrirse la puerta del baño, y apareció Serena. En camisa de pijama. Y nada más.
Serena parecía sorprendida, como si no esperara encontrarle allí. Luego sonrió. Dejó caer la ropa que llevaba en las manos y se le acercó, mirándole a los ojos a través del espejo.
Unas manos pequeñas y frías iniciaron un recorrido por su espalda, subiendo desde los riñones hasta los hombros. Allí, la mano derecha fue sustituida por los labios de la joven, que empezaron a recorrer el camino hacia el cuello. El mortífago empezó a temer que iba a acabar antes de empezar.
Notó un soplo de aire caliente entre la oreja y la nuca.
- Pareces tenso, Severus... Creo que será mejor que te dé un masaje para relajar esos hombros... Túmbate...
-o O o-
Ginny se quitó la capa y metió la cabeza entre las llamas verdes. Unos segundos más tarde vió aparecer la cocina de la madriguera. Su madre le servía un plato de guiso a Sirius Black, que parecía estar discutiendo en voz baja con su padre. Ambos estaban muy serios.
- Mamá.
- ¡Giiiiinny, cariño! - exclamó su madre, desplazándose hasta la chimenea en un tiempo récord - ¿Estás bien¿Comes suficiente? Te veo más delgada... no estarás enferma¿verdad?
Ginny retrocedió un poco al encontrarse un plato de guiso bajo a sus narices.
- Mamá, mamá, estoy bien, de verdad ... Acabo de cenar, gracias... En realidad sólo es por el permiso para ir a Hogsmeade, la primera visita es dentro de dos semanas, y todavía no me habéis enviado la autorización...
El rostro de su madre se ensombreció.
- Ah, es por eso... Lo siento, cariño, pero tu padre y yo hemos decidido que es mejor que no vayas.
- ¿Qué?
- Mira, ya es suficientemente duro tenerte lejos de casa dadas las circunstancias, pero al menos sabemos que en Hogwarts estás segura. Pero Hogsmeade... tal y como están las cosas, es demasiado peligroso. Lo siento.
- Pero... pero... Draco y yo... - tres palabras de más. Ginny abrió mucho los ojos y se tapó la boca con las manos.
- ¿Draco y tú? - repitió su madre, anonadada. - ¿DRACO MALFOY Y TÚ?
El rey de Roma estaba sentado en el sillón de Snape, con los pies sobre la mesa y las manos tras la nuca, esperando a que Ginny acabara de hablar con su familia. Aunque las chimeneas de las salas comunes estaban habilitadas para eso, todas estaban "pinchadas", y como la casa de Ginny parecía un punto de reunión de la Orden del Fénix... Draco utilizaba sus influencias - y su llave - para conseguir llamadas confidenciales desde el despacho del director.
Dada su posición, le resultó difícil reaccionar cuando oyó gritar su nombre a pleno pulmón a través de la chimenea. Vio a Ginny sacar la cabeza de la chimenea, aterrada, y retroceder sobre sus manos y sus pies, como una especie de cangrejo, hasta que su espalda chocó contra la pared opuesta.
Se cayó de la silla cuando la mitad de los cuerpos del señor y la señora Weasley emergieron por la chimenea, con las varitas en ristre y un brillo homicida en sus ojos.
- ¡TÚÚÚÚÚ! - gritaron al unísono, mientras Draco se apresuraba a buscar refugio entre las patas de la mesa.
- ¡Espera mamá¡Es importante! - suplicó Ginny - ¡Creemos que podemos demostrar que Severus Snape es en realidad un impostor!
El señor Weasley desvió la mirada hacia su hija, sin dejar de apuntar a Draco. Ginny suspiró aliviada al ver que iban a escucharla.
- Creemos que está usando multijugos en comprimidos - sacó las pastillas que habían encontrado la noche anterior - Al parecer duran mucho más que la poción...
- Eso no explica por qué aparece su nombre en el mapa de Harry.- objetó su padre - Ese trasto saca la información del Registro de Magos, no puede fallar nunca.
- Por eso queríamos ir a Hogsmeade, señor - terció Draco, incorporándose ligeramente bajo la mesa. - Hace poco oí que mi padre mencionaba algo acerca del padre de Snape, de que el Señor Tenebroso quería ponerse en contacto con él. Es un muggle. Mató a su mujer y estaba en la cárcel. Poco después del encuentro, el hombre se fugó sin que los muggles pudieran explicarse cómo.
- ¿Y qué pinta el padre de Snape en todo esto? - preguntó la señora Weasley
Draco reunió suficiente valor como para sentarse sobre sus rodillas.
- Creo que tal vez lo liberasen a cambio de adoptar al mortífago que iba a sustituir a Snape. Bastaría que el elegido fuera huérfano para que el apellido se actualizara automáticamente en el Registro de Magos, sin que nadie lo supiera. Entonces sólo quedaría cambiar el nombre, que también puede hacerse sin intervención de terceros, y no hay ninguna ley que prohíba que dos personas se llamen igual...
El señor Weasley miró fijamente al rubio, buscando el más mínimo indicio de mentira. Draco le sostuvo la mirada.
- Ginny. Dame una de ésas pastillas.
- Cariño¿estás seguro...?
El señor Weasley retrocedió por la chimenea, seguido de su esposa. Draco y Ginny avanzaron, a gatas, hasta ser ellos los que sacaban la cabeza por la chimenea de la Madriguera. Sirius estaba dándole al guiso con fruición, y apenas levantó la cabeza cuando el señor Weasley le quitó el vaso de agua.
Un segundo más tarde, el vaso era sostenido por una copia exacta de Severus Snape, ante la mirada atónita de la señora Weasley. El lugar que un segundo antes ocupaba Sirius estaba vacío y un cuenco rodaba por el suelo en dirección a la chimenea.
- Querido - dijo la señora Weasley, poniendo la mano sobre el brazo de su marido - Se que eres tú, pero me temo que esta noche vas a dormir en el sofá.
-o O o-
El masaje ya había alcanzado la altura de los lumbares, y el mortífago ya hacía tiempo que se había relajado... en su mayoría. Las manos de Serena empezaron un nuevo recorrido desde los hombros, bajando por los brazos, hasta las muñecas. Le pareció oír un "clic" y se preguntó qué sorpresa le aguardaba a continuación.
- Y ahora que ya te has relajado, querido...
Para cuando el mortífago se dio cuenta del súbito endurecimiento del tono de voz, ya era demasiado tarde.
- Donde. Está. Mi marido.
-o O o-
Ellaine sostenía con una mano el plato lleno de hojas de hiedra machacadas, y con la otra la rama que había utilizado como pincel. Frente a ella, su obra maestra: un gran "NO SOY YO" lila brillante en la espalda de Severus Snape.
- Así que este tipo de hiedra no es conocida por los humanos¿verdad?. Es una pena, el color es bonito... iría bien para tatuajes temporales...
-o O o-
Sirius se apareció en el rellano de la escalera, y se dirigió a la carrera a la habitación principal, abriéndola con el hombro por delante.
Se detuvo en seco ante la escena: Serena, en camisa de pijama. Y nada más. Sentada sobre las manos esposadas del falso Snape, echándole la cabeza hacia atrás por el pelo con una mano, mientras con la otra mantenía el filo de Spellbreaker apoyado contra la garganta.
-o O o-
(Se quita el sudor de la frente) Jo, cómo ha costado éste... Pero¡ya está!... Espero que os haya gustado el regalo de Reyes, porque ha sido dificilísimo de escribir. Por cierto, espero que hayáis tenido unas felices fiestas... con muchos dulces y regalos...
Muchas gracias por los reviews:
Wilbur: el ritmo sigue siendo endemoniado, espero que no te haya parecido otra avalancha de información (aunque, ahora que lo pienso, lo es)...
Randa1: muy acertado el análisis de la situación de Serena... efectivamente el golpe era lo que le había afectado. Si no llega a ser por Snape y Ellaine...
Khaly: me alegro de que los exámenes hayan ido bien... pronto me tocará a mí (y no veas lo mal que los llevo). Respecto a lo de las Mary Sues... supongo que es inevitable, y como yo también le tengo cariño a Serena... pues me limito a avisar.
Nimph: Gràcies pels ànims! Me alegro de que releyeras "Luna Nueva"... yo distingo los libros que me gustan de los que no por la cantidad de veces que los releo... Espero que el capítulo no te haya decepcionado, sigue con la tónica...
EyvieHP : el regalo ha tenido que ser para Reyes y no para Navidad, pero espero que te haya gustado. Y el nuevo trabajo va muy bien de momento, gracias... el horario hace más incómodo estudiar y escribir, pero... ¡qué le vamos a hacer!
sevysnapy : muchas gracias, me alegro de que te guste las historias. De todas maneras me esforzaré en no pasar tanto tiempo sin actualizar como la otra vez.
Nabiki: me encanta cuando los reviews son tan emocionados, pero lo más divertido es poder ir viendo la evolución de las reacciones a lo que escribes con el tiempo. En tu caso, ví el review del capítulo 5 y me dije... "le daré un par de horas, a ver que le parece el resto". Me alegro de que te gustara...
A big fan : Al final no pudo ser Año Nuevo (tomé las uvas en casa con 38ºC de fiebre - una epidemia de gripe, al parecer). Pero Reyes está bien¿no?
