Actos punzantes.

VII.

Draco sintió algún extraño movimiento bajo su cuerpo. El cuerpo le pesaba horrores al tiempo que notaba un fuerte dolor de cabeza. Abrió los ojos lentamente, mientras empezaba a escuchar aquella ruidosa música que aun invadía la habitación. Bajó la mirada. Y estuvo a punto de gritar desesperado… ¡Se había dormido casi encima de una sangre sucia! Con un gesto hosco la empujó fuertemente tirándola del sofá, de forma que la chica se deslizó hasta el suelo mientras se despertaba.

-¿Qué ha pasado estúpido? ¿Por qué me tiras…? –Murmuró entre sueños. Y poco después volvió a cerrar los ojos sin saber apenas donde estaba.

Draco se levantó malhumorado del sofá, estaba horrible. Y la cabeza le dolía muchísimo. Cogió la varita de la dormida castaña para quitar el hechizo de la música que no cesaba de marearle en aquellos momentos. Dejó a Hermione durmiendo en el suelo para dirigirse hacia la cocina. Se preparó un vaso de leche mientras intentaba recordar los sucesos de la noche anterior. Extrañas imágenes comenzaron a resurgir en su mente. Cuando su padre le dio la horrible noticia, cuando los dos jóvenes comenzaron a cenar, cuando ambos bailaban. Y finalmente cuando él la besaba apasionadamente tumbado en el sofá. Draco notó como un enigmático agujero parecía formarse en su estómago, sintió algunas nauseas… así que dejó el vaso de leche tal como estaba. Se dio una fría ducha para luego dirigirse hacia su habitación.

Aun estaba totalmente consternado por los difusos recuerdos. Y lo único que deseaba era que todo hubiese sido un simple sueño.

Hermione despertó algunas horas después, en el suelo. Alzó los ojos sorprendida por encontrarse allí. Lentamente de estiró intentando que aquel punzante dolor se alejase de su cabeza, más no lo consiguió. Al igual que Draco había hecho horas después; la castaña se dispuso a desayunar al tiempo que imágenes acudían a su confusa mente. Sí, se había besado con Draco la noche anterior. Es más, le había dejado que tocase minimamente su entrepierna. Y sintió que quería morirse en aquel mismo instante. Morirse para siempre. Que la atacasen los mortífagos o cualquier otra desgracia pero… que él la tocase… ¡No!

Dejó de desayunar y se dirigió rápidamente hacia su habitación. Se tumbó en la cama consternada mientras continuaba sintiendo aquel horrible dolor de cabeza.

No fue hasta varias horas después cuando cierto rubio irrumpió en su habitación.

-¡Lárgate! –Gritó la castaña malhumorada, recordando algunos sucesos de la noche anterior.

Él suspiró mientras sus fríos ojos se clavaban en ella como agujas metálicas. Ladeó la cabeza, omitiendo las palabras de Hermione, y se sentó a un lado de la cama, justo a unos centímetros de ella.

-¿Qué quieres ahora, eh? –Preguntó la chica molesta, abrazándose a su almohada.

-Pienso hacerte un hechizo desmemorizador. –Contestó él, como si aquello fuese lo más normal.

-¿Estás enfermo? –Le contrarió ella, arqueando una ceja, desconfiada.

-No. –Sonrió falsamente. –Seguramente anoche me hiciste un conjuro amoroso o algo por el estilo… -Musitó egocéntrico. –Sé que no te puedes resistir a mis encantos pero, querida sangre sucia comprenderás que no puedo dejar que te hagas ilusiones en tu pequeñísima mente. –Él tocó con un dedo su cabeza, de forma que ella apartó su mano con un rápido movimiento, casi instantáneo.

-¡Yo no te hice nada! ¡Estúpido…! Fuiste tú quien te echaste sobre mí. –Murmuró ella.

Él negó lentamente con la cabeza, como si estuviese hablando con una niña de apenas cinco años; haciendo esfuerzos para que ella comprendiese la situación.

-Créeme, Granger; no te besaría ni aunque en ello fuese mi vida. –Afirmó con descaro. –He oído que hay muchos cerdos en granjas próximas a éste lugar…

-¡Ah! –Ella sonrió falsamente. -¿Así que ahora eres zoofílico…?

Draco enarcó una ceja, molesto.

-Te explicaré claramente lo que he querido decir, ya que observo que tú celebro no capta las ironías. –Suspiró, molesto. –Te he comparado con varios cerdos de graja, aludiendo que preferiría estar con alguno de esos animales que contigo.

-Sí, lo cual afirma mi teoría: Te van los animales. –Hermione sonrió con sorna. Le encantaba molestar a Draco por algún extraño modo. -¿Los prefieres mamíferos…? ¡Oh, espera, espera! ¿Acuáticos o terrestres…? Digo, por simple curiosidad…

Draco sintió que iba a estallar de rabia. ¿Por qué demonios tenía que ser tan simplemente insoportable? Nadie, en su sano juicio, tendría la suficiente paciencia como para pasar más de dos horas seguidas al lado de cierta castaña. Suspiró de nuevo, mientras sacaba una varita de su bolsillo.

-Bien. –La miró fijamente. –Dejémonos de tonterías. La cuestión es que necesito hacerte un hechizo para que olvides todo lo que ocurrió anoche. –Sonrió falsamente. –Y si tengo suerte puede que me salga mal… Y tenga que internarte en San Mungo como le pasó al profesor Lockart. –Añadió, sarcástico; mientras se imaginaba a la castaña en una camilla, atada de brazos y piernas.

El rubio sonrió imaginando todo aquello. Ella vestida con un pijama de hospital, sobre la camilla; sin poder moverse. Pero de pronto aquel pensamiento se tornó algo extraño: Era él quien estaba frente a la castaña muchacha atada, en ropa interior, con ojos brillantes. Él la tenía toda a su disposición, atada de brazos y piernas… Y el anterior pijama de hospital de cierta chica de pronto cambió su forma tornándose en unas ligas blancas que…

-¡Vale, se acabó! –Exclamó de pronto él, asustando a Hermione que no había comprendido nada.

Draco alzó la varita decidido, más justo en ese momento Hermione lo atacó tirándole el almohadón que tenía entre las manos; aunque sabía que no era la mejor forma de defenderse ante un mortífago.

-¡Ahhh! ¡Idiota… me has dado con la cremallera del almohadón en el ojo! –Se quejó Draco.

Él se mantuvo unos instantes en silencio, tapándose el ojo, con la mano, donde ella le había golpeado. Hermione sonrió durante unos segundos, pensando que aquello era una simple broma de Malfoy. Más, poco a poco, se fue acercando hacia él dubitativa, reflexionando en el hecho de que quizá si le había dañado. Se posó a su lado de rodillas, encima de la cama.

-¿Estás bien? –Musitó, algo contrariada.

Él no contestó. Un extraño silencio inundó la habitación.

-Malfoy… si quieres te lo curo con un hechiz…

La voz de Hermione se interrumpió de pronto; pues en ese mismo instante él se abalanzó sobre ella tumbándola sobre la cama, posándose sobre ella bruscamente.

-¿Qué haces…? ¡Aparta! –Se quejó la castaña; sabiendo ahora que sus primas sospechas de que mentía eran ciertas.

-No tengo porqué hacerlo. –Musitó él sonriente. Cogió las muñecas de la chica posándolas sobre la almohada a ambos lados, impidiendo que ella se moviese. –No te estás comportando como debes. –Bajó la mirada, posando sus ojos en aquellos tiernos labios rosados. Porque, a pesar de que la odiaba… reconocía que sus labios tenían una textura terriblemente esponjosa que incitaba sus instintos.

-¡Suéltame! –Chilló ella de nuevo, intentando mover su cuerpo. Más Draco tenía el suyo encima, presionando el de la castaña, por lo cual ella no pudo accionar ni un solo movimiento. Cuando sitió cierto bulto en la zona del pantalón del rubio… cerró los ojos respirando con dificultad, pues aquello presionaba justo sobre su intimidad.

Draco se mantuvo en silencio unos instantes, mientras ella cerraba los ojos. Delineó su rostro con la mirada como un tigre buscando su próxima presa. Sentía que, por alguna extraña razón, al sentir la intimidad de ella tan cerca de la suya, notó que las piernas le temblaban levemente algo que, normalmente, no solía ocurrirle a un perfecto Malfoy.

Estuvo a punto de apartarse de su cuerpo pero, entonces, pensó con más exactitud: Era un hombre. Y todos los hombres tienen pequeñas debilidades, osease, las mujeres. La tentación más difícil de evitar. Estaba solo en la casa, con una sangre sucia, por lo cual no vería a mujeres decentes en mucho tiempo; hasta que consiguiese que todo aquel asunto quedase solucionado. Estaba claro que aquella sangre sucia no era su tipo pero… ¿Qué más daba si se desahogaba con ella por momentos? Sólo hasta que encontrase a una de su clase, a una que lo mereciese… No tenía nada de malo aquello… ¿No? Es más, el rostro de Hermione con los ojos cerrados le tentaba de una forma inusual. Ella era toda provocación y él no podía negarse a sus instintos naturales.

-Bésame. –Le ordenó Draco con voz ronca, mientras olía el delicioso aroma que desprendía el cuello de Hermione.

Ella abrió los ojos de golpe, asimilando la palabra que él acababa de murmurar. Y ahora sí que no había bebido. Además la castaña notaba como la temperatura iba subiendo al sentir la intimidad del rubio tan cerca de la suya, produciéndole un extraño hormigueo que recorría incesante todo su cuerpo. Observó el rostro de Draco… ¡Dios, si existiese un hombre con la personalidad de Harry pero con las facciones de aquel excitante rubio! Con esos ojos tan… ¿perfectos? ¿Mecánicos? ¿Tentadores? Y esos finos labios rojizos que besaban de una forma tan extraordinaria. Junto con aquellos gestos hoscos u egocéntricos que, en el fondo, de alguna enigmática manera, gustaban a Hermione.

-Bésame Ya. –Repitió él impaciente, mientras comenzaba a agachar la cabeza acercándose hacia sus labios. Varios mechones de rubio cabello se deslizaron por su frente con una elegancia fuera de sí.

Lentamente sintió los suaves labios de la castaña se abrían solo para él. Solo para dejarle paso. Con delicadeza notó el sabor de estos, comenzando a besarla lentamente, para que luego aquel incontrolado beso se tornase mucho más salvaje. Incluso ella notaba que él le había daño, cuando mordía su labio inferior, succionándolo e, igualmente, le agradaba aquella faceta tan pasional del rubio.

Las manos de Draco se perdieron lentamente, escurriéndose entre la ropa de la chica; despojándosela casi a mordiscos; anhelante por sentir aquella tersa piel que se escondía en su interior.

-No. –Musitó la chica, levantándose bruscamente. -¡Estás loco, Draco Malfoy! –Chilló, mientras se ponía la camiseta en su sitio. –Se te ha ido la cabeza… -Y tras aquello salió rápidamente de la habitación.

Draco no pudo evitar quedarse allí unos instantes, en silencio. Verdaderamente… quizá si se había vuelto loco; debía de estar lo suficientemente desesperado como para desear acostarse con una simple sangre sucia, algo, desde luego, poco usual en su carismática persona. Suspiró molesto: Molesto porque ella misma se había dado cuenta de su desesperación por sentir el tacto de la piel. Molesto porque había caído en una tentación imperdonable. Molesto porque se sentía fuera de sí, fuera de control… Como si ya no fuese autoritario.

Mientras tanto Hermione se había quedado pensativa en su habitación, intentando aclarar sus propios pensamientos. Sin embargo, reflexionar sobre los extraños sucesos de los últimos días conseguía sacarla de quicio, así que decidió hacer lo primero que se le ocurriese en aquel momento: Fue entonces cuando su mano se inclinó, temblorosa, sobre el pomo de su mesita de noche. Lentamente abrió el cajón, dejando a la vista el diario de Narcisa, la madre de Draco, que un día atrás había encontrado al fondo del armario.

Con suma delicadeza sacó aquel cuaderno de allí. Lo ojeó curiosa durante unos eternos instantes. Poco después sopló sobre él provocando que pequeñas motas de polvo comenzasen a revolotear por la habitación. Tosió. Verdaderamente no estaba segura de que lo que iba a hacer estuviese bien, pero a pesar de que tenía una gran moral no podía evitar que aquello le tentase. Jamás había sabido apenas nada de aquella extraña mujer…

Sin poder evitarlo abrió el cuaderno de golpe, mientras cerraba los ojos con fuerza. Cuando los abrió se encontró con delicadas letras que parecían haber trazado el amarillento papel con un máximo detalle. La castaña tosió una vez más, mientras comenzaba a leer la primera página del misterioso diario:

El dolor pesa cada día más. El tiempo parece haberse congelado en lo alto de los nevados árboles del jardín. Encerrada en casa, mientras Lucius se encarga de sus negocios y Draco asiste a la escuela, siento como mi vida se va esfumando sin control alguno. Y no puedo hacer nada por detenerlo.

Tengo miedo. Sí, siempre he sido así… temerosa, cobarde. Me hubiese gustado tener las suficientes agallas como para saber luchar por mi verdadero amor. Quizá… Siempre existe un quizá… Cada día que pasa me pregunto que hubiese pasado si me hubiese casado con él. Desde luego mi vida sería muy distinta en estos momentos. Seguiría estando en casa, pero seguramente anhelaría el momento en el que mi marido apareciese por la casa, mirando con euforia el movimiento de las manillas del reloj.

Sin embargo, nada de eso tengo en estos momentos. La vida me consume, y a veces me pregunto si no estaré muerta ya. Él… siempre él en mis pensamientos: Por la noche, por el día… ¿Puede alguien soportar tanto dolor? ¿Puede alguien ser feliz a sabiendas de que su amor fue despedazado por las circunstancias? ¿Puede alguien vivir al lado de una persona a la cual no ama?

Hermione cerró el diario de golpe.

Siento la tardanza en actualizar, como siempre. Pero bueno, por esas personas que no lo entienden demasiado bien según he visto en éstos meses… Tengo una vida: Me gusta salir, debo estudiar, también descansar, etc, etc. Por ello, esto es un hobbie… Y es lógico que sólo escriba cuando me apetece, cuando me siento inspirada… Espero lo puedan comprender; además, eso no quiere decir en absoluto que abandone la web ni nada por el estilo.

Éste no es un buen capítulo, la verdad… Pero creo que es en éste punto de la historia cuando todo comienza a gustarme. Espero, igualmente, lo disfruten como puedan. Cien mil gracias por los Reviews, les ando agradecidísima por ello, no esperaba recibir tantos.

Muchísimos besos. Pronto actualizo.