MISIÓN: IMPOSIBLE
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Capítulo II. Resistiendo a la tentación.
Al día siguiente, desde muy temprano el Akabeko se encontraba a rebosar de gente. Cuando los cuatro amigos entraron, pasaron junto a una misteriosa anciana envuelta en una capa color arena, casi mimetizada con las paredes.
-¿Qué van a ordenar? –preguntó Tsubame con una alegre sonrisa, dirigiéndose principalmente a Yahiko, una vez que se hubieron acomodado en la única mesa disponible.
El samurai le sonrió también a su chica, animándose interiormente. Cómo me gusta esta niña, pensó entusiasmado, pero no demostró nada porque iba acompañado de Sano, Yutaro y Chou y ellos tendían a ser demasiado burlones.
-Lo de siempre Tsubame –pidió el luchador escupiendo la brizna que llevaba en la boca. Se notaban bastante contentos.
-Claro, en un momento señor Sanosuke.
La chica se dirigió a la mesa contigua, para preguntarle a la señora qué ordenaría, ya que llevaba rato sentada casi sin respirar.
-¿Qué desea ordenar, abuela?
-De momento nada, pequeña. Yo te llamaré –repuso la señora con tono dulce pero voz un poco rasposa.
Cuando Tsubame, un poco contrariada, fue a la cocina ya con la orden de sus amigos, la mujer bajó la cabeza y un brillo cruzó por sus ojos verdes.
¡Ni siquiera Tsubame me reconoció! Muy bien, no por nada fui Okashira de los Oniwabanshuu se dijo Misao a sí misma muy satisfecha, riendo para sus adentros. Ahora verán esos tontos.
Disimuladamente, se acercó a la estera que separaba su mesa de la de junto, aguzando su fino sentido del oído. Podía escucharse perfectamente toda la conversación de Yahiko, Yutaro, Sanosuke y Chou, sin embargo no decían nada que interesara a la chica.
Después de un rato, cuando pensaba que su táctica había sido sólo tiempo perdido ya que los chicos estaban a punto de terminar de comer, escuchó lo que quería:
-¿Y cómo van con ese asunto de ayer? –preguntó Chou con intención, mirando a Yahiko. -¿Aún eres "el rey de tus dominios"?
-Por supuesto –respondió el aludido muy seguro de sí mismo-. Ya les dije ayer que yo sí puedo hacerlo.
Tras un momento de burla por el comentario anterior, esta vez fue Sanosuke quien habló:
-Pero bueno, de todas maneras eres el que más podría ganar. La ves todos los días, seguramente te sería fácil cortarle la trenza.
Misao abrió mucho los ojos, sorprendida. "Cortarle la trenza"... ¿se estarían refiriendo a la suya?. ¿Qué demonios están tramando estos tontos? Se acercó aún más a las voces.
-No es tan fácil Tori-atama, ella pasa mucho tiempo aquí en el Akabeko, casi no la veo en el Dojo.
-¿Y qué me dices de la noche? –inquirió Chou-. Si quisieras, cualquier noche entras y lo haces rápido.
Misao estaba en shock, poco a poco descubría las intenciones de los cuatro tontos.
-Pues... tampoco –respondió Yahiko-, es demasiado inquieta para dormir y en una de esas me descubre... no quisieran estar en mi pellejo si eso pasa.
Todos asintieron, mientras Misao se enfurecía lentamente. No le estaba gustando todo este asunto que se traían entre manos, aunque tampoco quería ser tan paranoica porque quizá hablaban de Kaoru (No, no puede ser, ella duerme con su esposo...).
-¿Y si lo haces cuando se esté bañando? –esta vez era Yutaro quien hablaba, Misao cada vez entendía menos el por qué lo hacían pero de lo que sí estaba segura era que se referían a ella, y luchaba por controlarse y no golpearlos a todos de una buena vez. ¿Cómo se les ocurría siquiera espiarla mientras se bañaba? Ella, que se conservaba pura para su Aoshi-sama...
-¿Y verla desnuda? –replicó Yahiko con voz alarmada-. Ni loco, prefiero quedar ciego...
-¡GOLPE DEL PÁJARO ENDEMONIADO!
Del techo del restaurante salieron volando dos hombres (un Gallo y una Escoba) y dos chicos (un Camarón y un Ojos de Gato), en tanto una furibunda chica arrojaba espuma por la boca y había quedado con el puño levantado. ¿Cómo se atreven a burlarse de mí de esta manera?. ¡Son unos estúpidos!
Tsubame, que se había acercado para llevar la cuenta de la mesa de sus amigos, se quedó muda al ver a la que creía "venerable" anciana golpearlos y maldecir frente a toda la clientela que observaba atónita, pataleando de enojo.
-Oh, no puede ser –musitó Tae junto a ellas, cubriendo la boca con su mano-. Se fueron sin pagar... De Sanosuke ya es costumbre, pero los demás... Creo que tendré que abrirle una cuenta, abuela.
-¿QUÉ? –reaccionó Misao, desprendiéndose de su disfraz. Lo único que le faltaba era terminar pagando la innombrable cantidad que ellos habían tragado-. ¡Soy yo, Tae!
-¡Ah! –suspiró la dueña aliviada y sonriéndole a su empleada-. En ese caso, lo descontaré de tu cuenta, Misao.
Tsubame cerró los ojos, compadeciéndose de su amiga que se volvía piedra y quedaba hecha añicos en el suelo, lamentándose con frases como "no es mi día, hoy no es mi día".
oOoOoOo
-Fue buena ésa que le jugamos a la Chica Comadreja –reía Sanosuke cuando caminaban al centro de la ciudad-. Eso le pasa por intentar espiar nuestras conversaciones.
-Pero sí te sobrepasaste en la última, Yahiko –acotó Yutaro, tan gentil como siempre-. Misao se enojó mucho por tu comentario.
-Bien merecido lo tiene –sonrió el samurai con malicia-. Además, ¿quién quisiera ver a una chica con cuerpo de niño en el baño?
-Tienes toda la razón, Camarón –suspiró el rubio de cabellos parados-. Para ver a una chica desnuda, yo preferiría a la doctora...
Antes de darse cuenta siquiera, recibió un fuerte golpe de Sanosuke en la cabeza. El Gallo lo miraba con los ojos encendidos y una venita latiendo en su sien.
-¡Ni te atrevas a meterte con Megumi, Houki! –le advirtió Sagara levantando el puño, mientras era contenido por Yahiko.
-¿Quieres pelea, Tori? –rezongó el rubio, provocándolo a pesar de estar sujeto por el castaño-. De todas maneras, Takani ni siquiera te toma en cuenta...
Sanosuke se escapó de los brazos de Yahiko y se abalanzó sobre el rubio, hasta que se escuchó la voz de Yutaro por sobre los insultos de ambos:
-Ya basta. Estoy harto de sus peleas infantiles.
Ambos hombres se calmaron, aunque se dirigían miradas asesinas. Después de eso, los cuatro se despidieron y se dirigieron cada uno a sus asuntos.
oOoOoOo
-¿Lo ves, Tori-atama? –reprochó Megumi con tono cansino, resoplando exasperada-. Te dije que debías venir ayer, pero tú nunca haces caso. Esto es una rehabilitación, y si no eres constante podrías volver a romperte algo. Tonto.
Sanosuke frunció el ceño y le hizo una mueca de digusto, pero no dijo nada. Sabía que Kitsune-onna tenía razón, pero no le daban muchas ganas de ir a verla últimamente. Y no porque no quisiera encontrarla (cada día le gustaba más), sino porque después de la apuesta, visitarla se le hacía demasiado tentador...
Sentados sobre bancos y con la mano de Sano en una pequeña mesa, la doctora revisaba minuciosamente al joven. Se había colocado una tela sobre la boca, como cuando operaba, y respiraba ruidosamente, para desconcierto de él. Además de eso, tenía los ojos inusualmente brillantes y las mejillas ligeramente encendidas.
Esas inspiraciones y los jadeos amortiguados comenzaban a intranquilizarlo. No entendía por qué tenía que ponerse a respirar de un modo tan sensual, despertándole esas sensaciones. En su mente, al observarla la veía con menos ropa (por el momento no había tiempo para culpas ni reproches, esos siempre venían después), y esos ligeros sonidos eran sustituidos por frases mucho más provocativas...
Mordiéndose el labio, y sintiendo que no iba a resistir si esa revisión continuaba (tenía las manos tan cálidas y suaves), le preguntó con voz un poco ronca:
-¿Pero qué te pasa, Kitsune-onna?
-¿Qué me pasa de qué? –correspondió ella un tanto a la defensiva (pero también con voz ronca... pensó al borde del desmayo Sano), levantando su rostro hacia el de él.
-¿Por qué te comportas de esa manera tan... (provocadora) extraña?
-Por si no lo has notado, mi inteligente amigo, estoy muy resfriada... de hecho creo que tengo temperatura –concluyó la doctora en voz baja, pasándose una mano por la frente y regresando a su trabajo.
Oh no, no me digas eso… ¿por qué tiene que pasarme esto hoy? Se preguntó Sano a sí mismo, escondiendo un hilito de sangre que escapaba de su nariz...
Ya en la noche, recostado sobre su futón y recordando la cita que tuviera con Megumi, Sanosuke se contenía para no bajar la mano hasta su entrepierna. Le resultaba irresistible la imagen de Takani con fiebre y esa voz que deliciosa suspiraba y jadeaba para él, aunada a sus ojos centelleantes y su piel que quemaba...
Se volvió sobre su costado, refunfuñando. Iba a ser una noche MUY larga.
oOoOoOo
Terminando el entrenamiento, Yutaro recogía sus cosas para irse a su casa. Aunque ahora vivía solo (en compañía de Maho, la señora que lo atendía) no le desagradaba estar en su mansión, la tranquilidad siempre le había gustado mucho. Cuando estaba llegando a la puerta del Dojo, escuchó la voz de Kaoru que lo llamaba:
-¡Yutaro, espera!
El chico se volvió y sonrió a su sensei, que lo alcanzaba aún vestida con hakama y la cinta blanca de entrenamiento.
-Mira Yutaro, se me había olvidado darte esto... –Kaoru revolvió en su gi, hasta que sacó un sobre rosa adornado con su nombre escrito con una perfecta caligrafía. Se lo tendió al castaño-. Una chica lo trajo hace rato, me pidió que te lo diera.
-Ah... gracias, Kaoru –Yutaro observó el sobre, un poco incómodo. Ya se estaba hartando de esas cartas-. Creo que me voy, que pase buena noche.
-Hasta mañana, Yutaro –se despidió Kaoru, dándole una palmada en el hombro (ahora lo veía para arriba, Tsukayama era mucho más alto que ella)-. Qué galán nos resultaste ¿verdad? No las puedes culpar, realmente eres simpático.
El chico se sonrojó e inclinó la cabeza con rapidez, saliendo a toda prisa de ahí.
Al anochecer, se encontraba sentado en un cómodo sofá occidental, mirando las estrellas por la ventana. Tenía entre sus manos la carta que le diera Kaoru en la tarde, pero no pensaba en Tsubaki Sakura (la chica que la había enviado) ni en lo que le decía con dulces palabras, él sólo rememoraba la frase de su sensei, acompañada con la palmada en su hombro: "realmente eres simpático". Sintiendo el calor subir por sus orejas, se reprochó mentalmente por seguir dándole vueltas a ese asunto, pero sin poder evitarlo.
oOoOoOo
-Ya tengo que entrar, Yahiko –habló Tsubame con su voz cantarina, sonriéndole al samurai-. Prometí a la señorita Tae que hoy yo me encargaría de servir la cena.
-Un momento más, Tsubame –pidió el moreno observándola fijamente. La noche le confería a sus ojos castaños un reflejo especial, y su cabello brillaba a pesar de la oscuridad-. Es que ayer no te vi, y quizá mañana tampoco pueda venir a saludarte.
-¿Pero no vendrás a comer como todos los días? –interrogó la chica con dulzura.
-No, creo que mañana no vendré –repuso Yahiko pensativo. Ya no se reunirían en el Akabeko, no hasta que Misao dejara de seguirlos e intentar averiguar la apuesta.
Tsubame no dijo nada, únicamente desvió la vista... cuando el samurai iba a preguntarle qué le sucedía, ella inesperadamente besó su mejilla, lo que provocó un delicioso escalofrío al muchacho.
-¿Y eso?
-Eso es por la flor –respondió ella apretando en su mano el tallo de una hermosa rosa-. Y también para mañana, ya que no te voy a ver. Hasta mañana Yahiko.
Y sin darle tiempo para decir nada más, le sonrió con un ligero rubor en el rostro y entró a su casa, dejando a su enamorado de una pieza, todavía percibiendo en la piel sus tersos labios, y su delicado olor.
Ya en el Dojo, Myojin no conseguía conciliar el sueño. A pesar de que había intentado no ir a ver a Tsubame porque eso siempre lo dejaba como atontado (es de hombres aceptarlo, se convenció con un movimiento afirmativo), ahora no sabía si había hecho bien o mal en ceder a sus impulsos. Claro que había sido fabuloso el beso que ella le diera (nunca antes lo había hecho), lo malo era que no lograría dormir tranquilo mientras siguiera pensando en eso...
-¡Ah! Mi Tsubame... –musitó en la soledad de su cuarto, con ganas.
oOoOoOo
-Hasta mañana, Saito –se despidió Chou con la mano, sin voltear a ver a su jefe. Últimamente estaba de un humor de perros, y cuando eso sucedía lo ideal era largarse para no recibir los regaños de siempre.
-No te he dicho que te puedes ir –comentó el lobo distraído, revisando unos papeles.
-Es que tengo una cita, jefe –replicó con una sonrisa de medio lado el rubio, volviendo la cabeza para verlo-. Como tú sabes, le resulto irresistible a las mujeres...
-Sí, sí, como sea... –resopló el policía sin verlo, encendiendo un cigarro-. Ellas no tienen la culpa de ser ciegas. Hasta mañana, Houki-atama.
El aludido sólo lo miró con ojos de rendija, exasperado. Para Saito era muy natural ser de lengua afilada, así que... ¡Ja! Ya le gustaría aunque sea una de mis noches, se dijo con una sonrisa de autosuficiencia, mientras caminaba a la posada donde ya tenía una habitación fija.
Silbando en la oscuridad, escuchó una voz sumamente conocida:
-¡Sawagejou! Hoy no vendrás a visitarnos?
-Lo siento, Nobuko –contestó desde donde estaba, sin acercarse-. Mañana tengo que levantarme muy temprano, no creo poder acompañarlas. Además, estoy sin un quinto.
Un grupo de chicas estaban reunidas afuera de una prestigiosa casa de té, sumamente frecuentada por hombres ricos y extranjeros. Todas vestían espléndidos kimonos y se les veía muy bien arregladas, además de que muchas eran también hermosas al natural. Varias de ellas hicieron pucheros al escucharlo, otras se veían indignadas.
-¡No seas tonto, Sawagejou! –volvió a hablar Nobuko, yendo a donde él estaba-. Nosotras nunca te hemos cobrado...
-Es en serio. Otro día vengo, de verdad –prometió Chou con una sonrisa comprometida, zafándose con delicadeza de ellas que comenzaban a rodearlo y a protestar porque se iba sin hacerles caso.
Ya en la posada, y tendido en el futón completamente desnudo (nunca había podido dormir vestido), resoplaba ante las imágenes de esas preciosas boquitas pidiéndole que se quedara. Pero no podía, estaba la apuesta con sus amigos y se comía su cabeza antes que perder ante unos mocosos (sí, Tori-atama incluido). Sin embargo, en su mente aún apreciaba los embriagantes aromas de sus perfumes...
oOoOoOo
Al medio día, los cuatro se notaban ojerosos y cansados. Se habían reunido en la casa de Sanosuke para platicar un rato, pero lo único que querían era dormir un poco. Con los brazos cruzados, miraban fijamente el dinero sobre la mesa, sentados todos en círculo. Uno de ellos ya había perdido, y ahora sólo quedaban tres.
-¿Cómo pudiste darte por vencido en dos días?
-No puedo creer que no duraras más que eso...
-Jajaja, siempre supe que serías el primero, se te nota en la cara lo pervertido.
-¡Ya cállense! Antes de burlarse de mí, tienen que escuchar qué fue lo que pasó...
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¿Qué tal eh? Mil años después (gomen ne!) pero aquí está la actualización. Escribirla fue más fácil que pensarlo, ojalá que les guste.
Saludos a todos los que siguen la historia, pero muy en especial a quienes me dejar review:
Yuki-ona, Gabyhyatt, Okashira Janet (jaja, me presionaste hasta que lo lograste, ne? xD), Lyneth y Ayann (Seinfeld por siempre!). Besos a ustedes niñas, muchas felicidades.
DISCLAIMER: Rurouni Kenshin y todo lo relacionado son propiedad de Nobuhiro Watsuki.
