Esta es una traducción de la fic escrita por Flora Fairfield una gran escritora brasilera que lamentablemente murió hace más o menos un año. Fue con esta historia que empecé a leer fan fics y por eso es tan importante para mí…
Espero que les guste tanto como a mí…Diviértanse
Capitulo 3- Tenemos todo el tiempo del mundo.
"We have all the time in the world
Time enough for life to unfold
all the precious things love has in store
We have all the love in the world
If that's all we have you will find we need nothing more
Every step of the way will find us
With the cares of the world far behind us
We have all the time in the world
Just for love nothing more nothing less only love
Every step of the way will find us
With the cares of the world far behind us
We have all the time in the world
Just for love nothing more nothing less only love"
(We have all the time in the world - cantada por Louis Armstrong)
22 de diciembre
Draco miro su reflejo en el espejo. Estaba cansado, pero decidido. Su padre estaba loco. No podía quedarse allí y arruinar su vida, o peor, perderla, solo por seguir a un hombre maniático. Como si el, Draco Malfoy, fuera a dejarse poner un estúpido tatuaje en el brazo y dejar que otro hombre aún más idiota, o mejor, una criatura porque eso ni era humano, ¡decirle lo que debía hacer! Como su padre podía creer eso era el misterio. El debía conocer el hijo que crió. Pensando lo bien, a el nunca le preocupo eso. Apenas asumió que Draco seguiría sus pasos y listo. Nunca le pregunto, nunca le ofreció otras opciones. Draco, sin embargo, tenía otros planes.
Poco le importaba lo que podía pasar en Inglaterra; no le importaba si Voldemort finalmente derrotaba a Potter. Sería una buena lección para el perfecto niño que sobrevivió. Pero el no se quedaría cerca para verlo. Desde que había salido de Hogwarts, Draco estaba trabajando con su padre. Lucius no estaba siendo cuidadoso con sus negocios, demasiado preocupado con todas las cosas relacionadas al Lord. Había algo grande siendo preparado. Draco lo podía sentir. El día anterior, Lucius se había quedado fuera hasta tarde y llegó inquieto, ansioso, excitado con algo. Algo definitivamente estaba sucediendo. Pero a Draco no le interesaba. Solo le agradecía a Voldemort por mantener a su padre ocupado el tiempo necesario para que pudiera desviar dinero de los negocios familiares. Ya había acumulado una pequeña fortuna. Suficiente para huir y quedarse lejos mientras que la pesadilla acababa. Eventualmente, un lado debía ser derrotado. Ahí, podría volver, si quisiese. Pero probablemente eso no iría a pasar. Allí no había nadie que le importará lo suficiente.
Enjuagándose las manos y la cara, Draco salió del baño, pasando por el armario, considerablemente vacío. Ya había separado todo lo que se llevaría. Las maletas estaban listas sobre la cama. Perdido en sus propios pensamientos, entro al cuarto y fue directo a la mesa de noche, donde estaba su reloj. Todo estaba casi listo. Ya casi era la hora. Ahora, lo que tenía que hacer era llamar a los elfos domésticos para que cargaran su equipaje, ponerse la chaqueta e irse. Estaría libre. Su papá no estaba en la casa. Probablemente solo volvería en la noche. Draco tenía que aprovechar esa oportunidad. Volteándose, busco con la mirada su varita que debía estar sobre la mesa, entre las dos poltronas altas y negras cerca de la ventana. Sin embargo, no la encontró. Buscando rápidamente por el cuarto con los ojos, comenzó a preocuparse al no verla en ningún sitio.
- ¿Buscas esto?- escucho una voz familiar preguntarle. No sabía de quien era la voz, pero la conocía de algún sitio. Draco se volteó preocupado. Ante el estaba un hombre extremadamente parecido con su padre. En realidad, Draco pensó que era el. Pero luego de una observación más cuidadosa noto que el hombre era un poco más joven. Este sostenía su varita jugando con ella entre sus dedos, girándola despreocupadamente con una sonrisa arrogante en los labios. Sintiendo la rabia empezar a nacer en su pecho al constatar la presencia de un extraño en su cuarto, y sin lograr explicar la extraña semejanza con su padre, Draco respondió sin esconder su rabia.
- ¿Quién eres? – Le pregunto - ¿Cómo diablos entraste? – Completo en su usual tono arrogante.
- ¡Dios! Había olvidado como eras de prepotente- le dijo el hombre con una voz cansada, la sonrisa desapareciendo del rostro. – Esto va a ser más difícil de lo que pensé.
- ¿Esto que? ¿De que se trata? Estoy seguro de que nunca te había visto en mi vida, ¿cómo puedes decir que te acuerdas de mi?- Draco le dijo controlándose. La última cosa que necesitaba era tener que lidiar con ese hombre en ese momento. Y no podía pedir ayuda, ya que bastaría una sola mirada a su equipaje listo para que cualquier 'amigo' de su padre descubriera lo que pretendía hacer.
-¿Estas seguro – respondió el hombre lentamente, bajando los brazos y acercándose a Draco – de que no me conoces? – el hombre estaba ahora a pocos pasos. Draco podía ver sus ojos grisáceos llenos de rabia, unos ojos tan parecidos a los suyos, era casi como mirarse al espejo. No. No 'casi'. Era más que eso. Era como ver su propio reflejo. Draco estaba mirando dentro de sus propios ojos.
Asustado, de forma inconsciente dio un paso hacia tras. No podía ser verdad. Debía estar imaginando cosas, si era eso.
- ¿Quién eres?- pregunto de nuevo, esa vez en un susurro, la voz quebrada, toda la autoridad desapareciendo.
-Tu ya sabes quien soy- respondió el hombre con firmeza, halando un cordón que traía alrededor del cuello. En el cordón había una pequeña ampolleta que balanceo en el aire, sosteniéndola para que el otro la viera. Draco ya había escuchado hablar sobre esos dispositivo, pero nunca había visto un viratiempo antes. Eran cosas raras y controladas. – Pero, si todo sale como lo planeado, nunca voy a existir. Ahora, todo lo que debes hacer es escucharme con atención, porque toda tu vida depende de eso.
- ¿Mi vida?- Draco pregunto recuperando el tono irónico - ¡Lo dudo mucho! ¡Mi vida ya esta planeada!
- ¡Niño tonto!- el otro dijo con desprecio en la voz- No puedo creer que un día fui tu. ¡Y pensar que creía que las personas estaban equivocadas al odiarme! ¡Me merecí todo lo que paso!
- ¿De que estas hablando? – Draco pregunto, nuevamente inseguro. Aun intentaba organizar sus pensamientos. Nada de eso podía ser verdad, ¿o si? Seguramente era alguna broma de mal gusto. Lo único que le impedía recoger sus maletas y huir de ahí era que el extraño aun tenía su varita.
- Estoy hablando de tu futuro. De NUESTRO futuro. ¿Acaso no quieres saber lo que paso, niño?
-¡No soy un niño!
- Si, lo eres. Y lo peor es que lo vamos a descubrir demasiado tarde.
- ¿Nosotros?- de nuevo el tono irónico.
- ¡NOSOTROS!- el otro dijo, levantando la voz y había tanta rabia en esa simple palabra que la sonrisa engreída se borro inmediatamente del rostro de Draco. - ¡Nosotros! Tu y yo porque, caso no lo hayas notado, yo SOY tu. O mejor, soy lo que serás dentro de algunos años. Soy tu después de que descubras que hay más en la vida que tus estúpidas concepciones; que hay más en la vida que tus propias necesidades.
-¿Hay más en MI vida que MIS propias necesidades? ¡Creo que no! – Draco lo interrumpió sin esconder el sarcasmo – Y estas aquí para decirme eso, esa es la prueba que necesitaba para saber que todo esto es una mentira. ¡Yo nunca diría algo así! ¡NUNCA! – Y después de una pausa - ¿QUIÉN ERES?
- Ya te respondí esa pregunta.
- No, no me has contestado nada. ¡Mientes! ¿Quién eres? ¿Quién te mando? ¿Por acaso el imbecil de Dumbledore cree que con esta pequeña farsa va a ser que lo ayude? ¿Crees que no se que ese viejo tonto piensa que me puedo unir al 'lado de la luz'? ¿Es eso lo que quieres? – Draco le pregunto sin lograr controlarse. La situación entera irritándolo bastante. - ¿Quién eres?
El hombre no le respondió de inmediato. Como evaluando la paciencia de Draco, simplemente se quedo parado por un instante, la expresión más cansada del mundo. Por fin, se volteo y camino hacia la ventana, dejándose caer en una de las poltronas. Draco estaba a punto de explotar cuando finalmente el otro abrió la boca, la voz tan cansada como su expresión.
-¿Pruebas? ¿Quieres pruebas de que soy tú? Esta bien. – El continuo sin dar espacio a interrupciones – se todo sobre ti. Cada pensamiento, cada idea, cada acción, cada sentimiento, por más oscuro y detestable que sea.
- No estoy interesado...- Draco intento pararlo.
- ¡Cállate! – el hombre grito, la rabia brillando nuevamente en sus ojos.- Me vas a oír por bien o por mal. Y, créelo, tengo todo el tiempo del mundo. – Completo, sosteniendo el viratiempo – La pregunta es: ¿tú lo tienes?
Ante esa pregunta, Draco sintió un escalofrío. Tiempo era todo lo que no tenía en ese momento. Si su padre llegase cuando el aun estaba en casa, había pocas probabilidades de que logrará salir. Mejor quedarse callado y fingir escuchar para poder coger su varita y huir.
Tomando el silencio del chico como un permiso, el hombre continúo:
- Se todo sobre ti- repitió –Se que, luego de tu graduación, le contaste a tu padre los planes de Pansy de huir para no casarse con Crabbe como su familia quería. Lo hiciste para ganarse su confianza, ¿cierto? Ella confió en ti y la traicionaste.- el hombre le dijo sin emoción – ¿Y porque era importante tener la confianza de tu padre? Para que el dejara sus negocios en tus manos y pudieras, entonces, desviar dinero. ¿Quieres que describa la estrategia que usaste para hacerlo, niño?
Draco se asusto. Nadie debía saber esas cosas. Nadie excepto el mismo.
- Usaste un banco muggle para que no pudieran rastrear el dinero a través de Gringotes. Le hiciste creer a tu padre que algunas inversiones estaban generando prejuicios cuando, en realidad, te estabas quedando con las ganancias. Ah, claro, plantaste suficientes pruebas para que el contador fuera incriminado si descubrían tu plan. – a esa altura, Draco ya estaba más que pálido. El no había creído que ese hombre de verdad viniera del futuro. Pero ¿como explicar esas cosas?- ¿Quieres que continúes?- le pregunto el hombre, levantándose y mirándolo, los ojos brillando- ¿Quieres que te diga como, cuando eras pequeño, acostumbrabas pasar horas detrás de una de las empleadas porque ella te trataba más como un hijo que tu madre? ¿Qué cuando quebraste un jarrón en la oficina de tu padre sin querer con tu escoba, no dudaste en inculparla? Todo para que tu padre no se decepcionara de ti, ¿no es cierto? Hasta que finalmente descubriste que eso no importaba por que el no te amaba. ¡Y nunca lo iba hacer! ¿Quieres que te diga como te hizo sentir eso? ¿Cómo lo darías todo por una mirada de afecto de su parte? ¿O de tu madre, quizás? ¿Será que ella va a notar tu ausencia? ¡Lo dudo!
-¡BASTA! ¡No te quiero oír más!- exclamo Draco, tapándose los oídos. No podía soportarlo.
-¡Eso! ¡Actúa como el niño mimado que eres! ¿A quien le va importar? ¡Es fácil que nadie te importe cuando nadie lo hizo por ti!
-¡Eso no es verdad!
- ¿No? ¿Estas seguro? – el hombre le pregunto sarcástico.
- ¿Por qué estas aquí? - Draco le pregunto, esquivando la respuesta.
- ¿Entonces ahora me crees?
Draco lo pensó por un segundo. Aquello no podía ser mentira. Aquel hombre sabia cosas que el nunca le había contado a nadie. Tenía su voz, el mismo tono sarcástico, la misma sonrisa arrogante, los mismos ojos grisáceos. ¿Cuáles eran las probabilidades? No, ese hombre le estaba diciendo la verdad. Y probablemente tenía un muy buen motivo para estar ahí.
-Te creo.- le respondió por fin- Ahora, ¿Qué quieres de mí?
- Quiero que desistas de tus planes para huir. Hay algo más importante que debes hacer.
- ¿Más importante? ¿Más importante que salvar mi propia piel? ¡Estas loco!
- ¿por qué será que esa respuesta no me sorprende?
- ¡Es bueno saber que el sentido de humor no cambio con el tiempo! Ahora hablando serio, ¿qué quieres de mí? No puede ser lo que me dijiste porque claramente las cosas no salieron mal. Quiero decir, estas aquí, entonces obviamente no morí y, al juzgar por tu ropa, el dinero no es el problema. Entonces, dime, de verdad, ¿qué quieres?
- Te lo acabo de decir – el hombre respondió, con visible impaciencia- Y, antes de que empieces de nuevo, tienes razón, las cosas no salieron mal. Huí y me quede con el dinero, viví escondido hasta que la guerra termino.
-¿Guerra?
- Si, eso mismo. GUERRA. Los peores cuatro años que la comunidad mágica vivió. Pero al final dio cierto. Potter derroto a Voldemort...
- Déjame adivinar: ¿todos vivieron felices para siempre? – Draco lo interrumpió con ironía.
- Lejos de eso. Muy lejos.
-¿Qué quieres decir con eso?
- Bueno, para comenzar, todos van a odiarte y a repudiarte por no haber luchado en la Guerra. Gracias a eso, el apellido de nuestra familia va ser uno de los más despreciados.
- ¿Y ya no lo es?
-Si, pero si lucharas eso podría cambiar.
-¿Salvar nuestro apellido? ¿Es eso lo que quieres que haga? Lo siento mucho pero prefiero vivir despreciado que morir en la gloria. Slytherin, ¿Lo recuerdas? ¡No Griffindor! Estas hablando con la persona equivocada.
- Eso era lo que solía pensar también. Obviamente.
-¿y porque ya no? ¡Dios! ¿Qué me hicieron? ¿Lobotomía?
-No fue necesario y, no, no estoy aquí porque debas salvar el nombre de nuestra familia. Es a una persona la que debes salvar. Alguien que esta en las mazmorras ahora.
-¿Quién? – Draco pregunto desconfiado.
-Virginia Weasley.
-¿Weasley? ¿Una Weasley? – Estaba ultrajado- ¿Quieres que me arriesgue, que arriesgue todo lo que he planeado por una Weasley?
- Nunca te fijaste en ella, ¿cierto? Se que no.
- ¿Por qué lo haría? Es solo una Weasley.
-¿No quieres saber lo que le sucedió? ¿Cómo tu padre la mantuvo prisionera aquí durante cuatro años? ¿Te puedes imaginar lo que el y sus 'amiguitos' le hicieron?
-No me importo lo que le podía suceder a Pansy.- Draco respondió sin emoción- que teóricamente debía ser mi amiga. ¿Por qué debería importarme lo que le pase a una Weasley?
Draco tardo un segundo para entender que había pasado después de que termino de hablar. En un instante, estaba hablando lo poco que le importaba y, al siguiente, estaba contra la pared, el labio partido donde el hombre lo había golpeado, ojos furiosos mirándolo de cerca.
- ¡Imbecil!- mascullo el hombre. ¡Pequeño imbecil! ¿Será que no lo puedes entender? Todo lo que he hecho los últimos cinco años de mi vida es imaginar la forma de arreglarlo todo y lo que oigo de ti es que 'ella es solo una Weasley'. Te mataría con mis propias manos si no fuera algo estúpido. ¡Pero, créeme, ganas no me faltan! – Draco aun estaba contra la pared, siendo presionado con una fuerza impresionante. No sabía que tenía tanta pasión. Eso lo confundió. El no podía enamorarse de una Weasley, ¿podía? -No ves la oportunidad que te estoy ofreciendo. ¿Cómo podrías? Eres solo un niño mimado, patético, estúpido y tonto. No ves la oportunidad de cambiar tu vida aunque te golpee de frente. ¡Ni siquiera se porque lo intente! Debí volver antes, impedir que papá la secuestrara, ¡pero no! ¡Tenía que salvarte también! El mayor error de mi vida, con seguridad. ¿Cómo podía hacerte entender en minutos lo que me llevo años aprender? – el hombre le pregunto, soltándolo finalmente y volteándose. El chico cayó al suelo, tosiendo, esperando que su respiración volviera a normalizarse. Realmente se había asustado.
- Siempre supe que había sido un joven tonto, pero, créelo, es doloroso tener una prueba tan evidente. ¿Y sabes cual es la parte más triste? Es en la que te digo que voy a salvarla independiente de cualquier cosa. Y, con eso, te aseguro que ella no va estar sentada en una plaza de Roma, solitaria en una tarde de invierno para que la encuentres. ¡Nunca vas a conocerla! Nunca vas a entender lo que es amar a alguien. Si, eso mismo. UNA WEASLEY. Me enamore de una Weasley. Y cuando finalmente se lo iba a decir, la encontré muerta. MUERTA. Ella se suicido porque no podía vivir con todo lo que mi padre, nuestro padre, le hizo. Nunca vas a conocer el amor. Nunca vas a entender el dolor y el desespero. Ni la alegría o la felicidad. ¡Simplemente vas a seguir con tu patética vida como si nada hubiera pasado!
-¿Por qué? – Draco finalmente logro murmurar en una voz débil.- ¿Por qué vas a salvarla, si como dices, nunca voy a encontrarla?- el hombre dejo escapar una carcajada amarga antes de responder.
- Es lo más difícil de entender, ¿no? Se que te parecía gracioso, como Granger y Weasley darían sus vidas por Potter en un instante. No lo entiendes. Solo lo entenderás después de ella. Fue con ella que aprendiste a importarte con alguien a demás de ti. No es patético. No es gracioso. Es maravilloso. No me importa si nosotros dos vamos a dividir el resto de una miserable vida. Lo único que me interesa es que ella tenga una oportunidad. Que pueda ser feliz. Aunque eso signifique que ella se vaya directamente para los brazos del imbecil de Potter, se case con el y tengan diez hijos. Desde que ELLA sea feliz, NO me importa más nada.
Draco se quedo en silencio ante la última frase. Era cierto que siempre se había burlado de la increíble devoción entre el Trío Maravilla. Siempre se burlaba de cualquier clase de amor y nunca, ni por un momento, había imaginado que podía amar. No de esa forma, por lo menos, tan apasionado, tan completamente. Y definitivamente no una Weasley. ¿Será que ese sentimiento era así tan maravilloso? ¿Será que valía la pena?
Mirando hacia arriba ya que aun estaba en el piso, se vio a si mismo, dieciocho años más viejo, algunos cabellos blancos entre los rubios, líneas de expresión marcando su rostro, los mismos ojos grises penetrantes y, en el momento, absolutamente cansados. Había muchísimo más en esos ojos que en los suyos. Dieciocho años más. Un amor. Más lagrimas. Ante el, estaba un hombre. Un hombre en el que nunca esperaría volverse. El no podía ni imaginarse todas las cosas responsables de semejante cambio. Probablemente no habían sido bonitas o tranquilas. Draco no quería cambiar. Quería seguir su vida como lo había planeado sin importarse con nada además de si mismo. Eso lo hacía todo más fácil. ¿Pero será que era posible?
- Muy bien- el hombre dijo por fin, la voz firme y controlada – Al final de cuentas, es tu elección. Toma.- le dijo, arrojando su varita sobre la cama – Tómala y huye como la primera vez. No te preocupes. Lucius no te va a encontrar. Eres lo suficientemente estúpido como para no ver que sería contra mi propio bien inducirte a hacer algo que nos perjudicaría en el futuro, pero sin duda astuto lo bastante como para engañar a Voldemort y a tu padre. Y, mientras sigues con tu patética existencia, yo voy a salvar al amor de nuestra vida. –y salió del cuarto, dejando a Draco solo de nuevo.
'El amor de nuestra vida' se repitió. ¿Cómo era posible? ¿Qué tenía de especial esa chica como para conquistarlo al punto de querer arriesgar todo para salvarla? Draco no podía dejar de imaginarlo. Contra todo su sentido de auto preservación, estaba curioso. ¿Qué debía hacer? ¿Reunir sus cosas e irse como lo había planeado? ¿Abandonar todo e ir a salvarla? ¿Quedarse sentado en su cuarto, esperando que su padre llegara y, con seguridad, matarlo al ver las maletas listas? Ninguna opción parecía particularmente tentadora. Sin embargo, era Draco Malfoy, debía hacer alguna cosa. Mirando la puerta por donde el hombre había salido, tomo una decisión.
Se levanto, cogió su varita y murmuro un hechizo para sanar el corte en su labio. Después, con otro hechizo, prendió la chimenea. Agarrando un poco de polvo de-flu, lo arrojo al fuego y convoco un elfo domestico, ordenándole que se llevara sus maletas hacia uno de los carruajes de la mansión. Sin esperar que el elfo volviera, dio media vuelta y salió tras el hombre. ¿Quien le podía decir que no podría salvar a la chica y después huir con el dinero? El era, Draco Malfoy, al final.
Aun no creía mucho que podría enamorarse de ella en el instante en que la viera, pero estaba demasiado curioso para irse sin descubrir como era. Y, después, podría irse igual, y ganando, al mismo tiempo, la gratitud de algunas personas importantes si de verdad Voldemort era derrotado. Aquella pequeña aventura, parecía más lucrativa que al principio.
Con esos pensamientos 'altruistas' en mente, Draco Malfoy acelero, siguiendo el corredor que llevaba hacia las mazmorras. En poco tiempo, vio al hombre después de una curva, caminando despacio como si tuviera miedo de perderse.
- ¿olvidaste el camino? – le pregunto arrogante, haciendo que el otro se volteara. Había sorpresa en sus ojos, pero no lo demostró.
-Hace mucho que no entro a esta casa. Dieciocho años para ser exacto.
- Bueno, talvez pueda ayudar.- Draco respondió aun arrogante.- Vamos- dijo, recomenzando a caminar.
-Espera.- el otro lo interrumpió, sosteniéndolo por el brazo.
- Ya estoy aquí, ¿no? ¿No es lo que querías? – Draco le pregunto enojado.- ¿O tienes algún otro sermón para mí?
-No. Ningún sermón- el hombre respondió – Solo esto.- completo, sacando un sobre de su bolsillo y entregándoselo a Draco.
-¿qué es esto?
-Es para ella. Guárdalo y, cuando me haya ido, prométeme que se lo entregaras a Virginia.
- Esta bien.- Draco respondió sonriendo.- Considera que esta en tus propia manos.- murmuro, recomenzando a caminar.
-Que gracioso.- respondió el otro siguiéndolo.
Fue una caminada extraña por los corredores de la mansión. Los dos lado a lado, en silencio, cada uno perdido en sus propios pensamientos. Y eran completamente diferentes así como ellos eran personas diferentes. Eran el mismo hombre, el mismo Draco Malfoy y, aun así, eran dos extraños. Dieciocho años hacen mucha diferencia. Toda.
- Aquí estamos.- dijo Draco cuando finalmente terminaron de bajar la escalera de piedra y pisaban el frío suelo de las mazmorras.- Debí traer mi chaqueta.- completo al sentir el aire helado del sitio.
-Te ofrecería el mío, pero Virginia lo puede necesitar.
- ¡Dios! ¡Que romántico!
-¿Te puedes callar?
-Ok, Romeo. No digo nada más. Ahora, ¿sabes donde esta? ¿Las mazmorras no son exactamente pequeñas y cómodas?
- No, no se, pero no debe ser tan difícil de descubrir. ¿Dónde escondería papá una prisionera como ella?
-Lejos lo suficiente para que nadie la encuentre, pero cerca lo bastante para que el llegue fácilmente.
- Fue lo que pensé.
- Porque será que eso no me sorprende, al final, ¡SOMOS LA MISMA PERSONA!
- ¿Será que te puedes guardar tus brillantes comentarios? Esto es serio.
- ¿Quieres encontrarla solo, Romeo?
-¡Dios! Eres irritante. No me admira que no tuviera amigos.
- ¡Tu no querías amigos! ¡Yo no quiero amigos!
- Bien. Mejor dejamos los insultos. Volviendo al problema, por lo que recuerdo, papá tenía un pasadizo secreto muy bien escondido en su oficina que iba a un sitio alejado de las mazmorras, ¿cierto?
- Cierto ¿crees que es haya donde la tiene?
- ¿Tienes una mejor idea?
- Vamos. No esta cerca. – Draco respondió comenzando a caminar. El conocía muy bien ese lugar. Cada pasadizo, cada corredor. Llegar allá no sería un problema. Lo que le preocupaba era la posibilidad de que Lucius llegara mientras ellos estaban en las mazmorras. Ese sería un error mortal. No tenían mucho tiempo.
Aproximadamente treinta minutos y muchas curvas después, comenzaron a oír una voz femenina gritando. A medida que caminaban, la voz se volvía más nítida. Eran gritos de socorro.
- Bueno, por lo menos ahora sabemos que estamos en el sitio correcto.- Draco murmuro mientras el otro aceleraba la marcha. Draco paro un instante, observando al hombre alejarse, el cual unos quince pasos después paro frente una de las puerta. "Ella debe estar allí" pensó Draco. Aquella era su última oportunidad de irse. Ya había ayudado demasiado, hecho más de lo que debía. Si su padre lo descubría estaba perdido. Por un segundo, titubeo. Falto poco para que diera media vuelta y abandonase todo, pero, contemplando la expresión impaciente del hombre, su propia expresión, desistió de huir. Por más frustrado y asombrado que estuviera, Draco simplemente no lograba ignorar todo lo que había escuchado. La curiosidad lo consumía. No solo eso. Tenía miedo. Miedo de que al abandonarlos en las mazmorras, estuviera destruyendo su futuro. ¿El y una Weasley? Era difícil de creer. Casi imposible, pero necesitaba descubrirlo.
Comenzando, finalmente, a caminar, Draco se acerco al otro hombre.
-¿Por qué no abres la puerta?- le pregunto con impaciencia en la voz. Al otro lado, la chica paro de gritar al escucharlo- ¿Tienes miedo? – completo arrogante extendiendo la mano. Las puertas estaban hechizadas de forma que solo el y su padre podían abrirlas. Ni siquiera su madre podía. Intentando no pensar en eso, Draco empujo la puerta.
Con un baque y un chillido, estaba ante la oscuridad de la celda. No había ventanas ni ninguna luz. Solo el suelo frío y el aire helado. Por un instante, revisó el sitio con los ojos buscando un destello de rojo. Sin embargo, no vio nada. Ni un suspiro. Weasley estaba ahí. Ellos lo sabían. Habían oído sus gritos hacia un segundo. Ahora, no en tanto, la celda estaba silenciosa. Mirando hacia el lado, noto que el hombre tampoco entendía. Con una expresión resignada, Draco dio un paso hacia delante, entrando en la oscuridad.
-Weas...- comenzó, pero fue súbitamente interrumpido. Por segunda vez en ese día, Draco tardo para entender que había sucedido. Un momento estaba de pie, en dirección a la puerta, llamando a la chica y, al siguiente, estaba en el piso, con la cabeza adolorida por el golpe, el peso de una persona sobre su cuerpo. Atontado, pasaron algunos segundos antes de que notara que la chica estaba buscando en sus bolsillos.
-¿Qué, Weasley? – Pregunto mezquinamente mientras intentaba zafarse - ¿Buscando cambio? No sabía que estabas tan desesperada por dinero... – estaba intentando irritarla, hacerla perder la concentración, pero eso no paso. La chica parecía saber muy bien lo que hacia. Draco era más fuerte que ella, pero, al haber crecido con seis hermano, su habilidad para mantenerlo preso al piso no era sorprendente. Y además, el no quería lastimarla. Un momento después, sin embargo, se canso de ser caballero y la empujo con fuerza hacia tras. Weasley dejo escapar un grito bajo cuando sus costillas golpearon el suelo, pero, antes que Draco pudiera hacer algo, ella se levanto apuntándole con alguna cosa.
- Por el momento hay cosas más importantes que el dinero, Malfoy- susurro cansada. Fue ahí que el entendió. Ella había estado buscando la varita. Y obviamente la había encontrado. -¡Me vas a sacar de aquí!
- ¡En serio, Weasley!, ¿Lo juras? ¿Para que crees que baje? ¿A conversar o a jugar un poquito de ajedrez? – le contesto irónico, como si fuera la cosa más obvia del mundo. Ella pareció dudar por un segundo, ante esa respuesta, pero no bajo la varita, ni suavizo su mirada. Observándola cuidadosamente, Draco no pudo dejar de admirarla. Ella no sabia donde estaba, no sabia cuales eran sus intenciones o las de el hombre parado en la puerta, no sabia si seguiría viva en el próximo minuto, pero aun así no daba señales de ceder, ni de desistir. Su cabello rojizo desordenado, cayendo libremente por su rostro, temblaba levemente y sus mejillas estaban rojas por la pequeña lucha. Sus ojos, entre tanto, tenían un brillo impresionante, una fuerza, valor. Ella era linda. Por lo menos ahora entendía porque se había enamorado de ella en el futuro. No que el se fuera a enamorar de ella de nuevo, no, de ninguna manera. Un Malfoy no puede amar una Weasley. Eso era contra las leyes del universo.
-¡Malfoy!- dijo su apellido como si fuera un insulto - ¡Estoy hablando en serio!
-¡Yo también! ¡Mi padre te trajo aquí, no yo! Vinimos a ayudar.
-¿Por qué debería creerte? Por todo lo que se, eres un mortífago igualito a tu padre.
- Nunca- mascullo, la rabia evidente en los ojos – me compares con el. ¡Nunca, Weasley, nunca! ¡Te quieres quedar, esta bien! ¡Las probabilidades de que logres escapar sin mi ayuda, aun con la varita, son inexistentes! Pero, si quieres hacerlo, vete- completo, moviéndose para que el camino hacia la puerta quedara libre.
La chica miro vacilante la salida, donde el hombre permanecía observando la escena silenciosamente. Cuando noto que la mirada de ella se posaba en el, dio un paso hacia el frente, entrando también a la celda. No era posible ver sus facciones, por lo que Weasley no noto las semejanzas entre el y Draco. Talvez fuera mejor así. Entre menos preguntas, más rápido saldrían.
- Virginia- le dijo suavemente. Era extraño para Draco oír su propia voz usando ese ton. No sabía que era capaz de tanta delicadeza – El chico dice la verdad. Te vas a perder en las mazmorras si intentas irte sola. Fueron hechas con ese objetivo.
-¿Quién eres? – pregunto, soltando un poco la varita. Era obvio que el hombre había captado su atención. ¿Me conoces?
-Si, Virginia, te conozco.- y respondiendo la pregunta que estaba en la mente de la joven.- No, no me conoces. Aun no. Yo le avise al chico que estabas aquí y lo convencí de que viniera a ayudarte. No te asustes. No dejaría que nadie te lastimara.- le dijo. Aun en la oscuridad, Draco sabía que la mirada de el estaban totalmente dirigida a ella con una clara expresión de adoración. No podía dejar de sentirse un poco enojado por eso. ¿El? ¿Adorando a alguien? ¡Que absurdo!
Lentamente, el hombre comenzó acercarse a la joven. Draco tuvo miedo de que ella efectivamente usara la varita. Sin embargo no lo hizo. Apenas se quedo parada, mirando de forma indagadora. Cuando el estaba lo suficientemente cerca para que ella pudiera verlo aun en la oscuridad, sonrió.
-Tus ojos...- murmuro ella, pero no pudo terminar la frase.
-¡Dios!- exclamo el hombre - ¡Como fui de ciego! Yo creía que la tristeza te hacía más bonita... ¡si lo hubiera sabido!...- la sonrisa de ella desapareció lentamente, siendo sustituida por una expresión de duda.
- Sinceramente- Draco interrumpió antes de que ella preguntara alguna cosa – Me decepcionas, Romeo. Esa escena me da ganas de vomitar. ¿Será que nos podemos ir antes de que mi padre llegue y dañe la fiesta?
- Creo que es un poco tarde para eso, Draco.- una voz fría venía de la puerta. – Y, si me permites decir, hijo, eres tu el que me decepciona- Lucius estaba parado, en la salida de la celda, impidiéndoles escapar. Estaba impecable: el cabello, la ropa, la voz controlada, la varita en mano. Draco intento evaluar sus posibilidades. Vio al hombre colocarse frente a Weasley para protegerla, pero, a parte de eso no hizo ningún otro movimiento. Draco estaba desarmado. Un paso en falso y estarían muertos antes de que pudieran hacer alguna cosa.
-Padre- comenzó a hablar, intentando ganar tiempo, pero fue interrumpido.
-¡Callado! No quiero oír. No quiero disculpas. Esta muy claro lo que esta pasando aquí. No tienes nada que explicar, hijo- lo dijo con asco.- Pero, sin duda, Hay mucho por lo que debes ser castigado.– Sin dejar ver ninguna emoción, le apunto la varita a Draco.- ¡Crucio!
En un segundo, toda la conciencia de lo que estaba sucediendo a su alrededor salió de la mente del chico. Había dolor, solamente dolor. Draco nunca antes había sido sometido a la maldición Cruciatus. No tenía idea de cómo era, como era sentir su cuerpo ser perforado por millares de cuchillos, como su cabeza parecía querer explotar, como podía sentir cada una de sus extremidades ser arrancadas y colocadas solo para arrancarlas de nuevo, como parecía que cada hueso era quebrado y retorcido, como la muerte parecía la ultima esperanza, la única salida. Fueron los instantes más largos de su vida. Era claro que cualquier persona sometida a ese sufrimiento mucho tiempo enloquecería. Sería simplemente imposible tolerar tanto dolor, tanto desespero.
Entre tanto, todo paro: el dolor lacerante en el pecho, la sensación de ser aplastado, golpeado. No obstante, su cuerpo aun estaba adolorido. No había marcas visibles, pero si el recuerdo de la tortura. Intentando controlarse, volver a su estado normal, Draco levanto la cabeza. Una mano estaba apoyada sobre su hombro y escucho a lo lejos una voz que preguntaba como estaba. Concentrándose, reconoció la mano pequeña de Weasley intentando ayudarle a levantarse.
En contra de todos sus instintos, acepto la ayuda. No estaba en condiciones de levantarse solo y necesitaban salir de ahí. Una vez de pie, Draco observo la celda, intentando entender que había pasado, porque su padre había parado la tortura. Mirando más allá de Weasley que estaba a su lado, con una involuntaria mirada de preocupación observándolo, vio lo que estaba sucediendo. Su padre y el hombre estaban luchando. No con varitas o hechizos, sino con los puños. Estaban en el piso, el cabello de su padre despeinado, los labios del otro sangrando. Dos varitas caídas, cerca de los dos. Dando algunos pasos vacilantes en dirección a ellos, Draco uso toda la concentración que le quedaba para agacharse y recoger las armas. Después, volvió a donde estaba Weasley empuñando la varita sin saber que hacer, seguramente con miedo de lanzar un hechizo y acertar al hombre equivocado.
-Vamonos- susurro el, halándola.
-¡No podemos! – Respondió ella inmediatamente – No podemos abandonarlo...
-¡Si podemos! – Draco le dijo fríamente y, después de un segundo, de forma más suave y mirándola incisivamente – El quería que escaparas de forma segura. Ahora ni más un pero. Nos vamos.- completo, tomándola por el brazo y halándola con fuerza hacia la puerta.
Desde el lado de afuera de la celda, aun oían el ruido de la lucha, pero Draco no paro ni un instante. Arrastrando a la joven por los corredores, después de un tiempo dejaron de oír cualquier cosa que no fueran sus propios pasos sobre la piedra. Draco no disminuyo la velocidad o dudo. No sabía quien vencería la lucha. Podría ser su padre y no quería estar cerca si eso sucedía. Por esa razón, siguió arrastrando a la chica sin fijarse en la fuerza que estaba usando hasta que finalmente llegaron a las escalas que los sacaban de las mazmorras. Colocándola ante el para que no se atrasara ni decidiera volver por culpa de sus instintos griffindors, comenzaron a subir las escalas.
Cuando, finalmente, llegaron a la casa, Weasley respiro aliviada.
-Aun no escapamos- el interrumpió secamente sus pensamientos, tomándola nuevamente del brazo y halándola a través de los corredores hacia la puerta principal. En el lado de afuera, el carruaje que había mandado que prepararan lo estaba esperando. Sin mirar atrás, sin vacilar, Draco bajo los escalones de la entrada de la mansión, abrió la puerta del carruaje y empujo a la chica hacia dentro, entrando luego. Solo después de quitarle su varita de las manos a la joven y murmurar el destino (era un vehículo encantado que no necesitaba de conductor) respiro aliviado. Sentía que no respiraba bien desde que su padre le había lanzado la maldición. Permitiéndose unos segundos de descanso, Draco apoyo la cabeza en la silla y cerro los ojos. Podía sentir que ella lo observaba atentamente, pero decidió ignorarla. Después lidiaría con ella, merecía unos minutos de paz antes de que empezara la tempestad. Entonces, durante todo el tiempo entre la Mansión y la Madriguera permanecieron en silencio.
Cuando finalmente pararon en frente de la puerta de la casa de los Weasleys, Draco dudo. No quería entrar, pero sabía que había explicaciones para dar. Mirando a la chica que ya abría la puerta y notando su mirada indagadora, el le hizo una seña con la cabeza y la siguió. Sería divertido ver a los Weasleys y a Potter agradecerle por alguna cosa. Se había tomado el trabajo, podía, por lo menos disfrutar las ganancias.
Desde el momento en que la puerta de la casa fue abierta, Draco se sintió en el medio de un huracán. Sus padres, los seis hermanos, más Potter y Granger, todos queriendo abrazarla al mismo tiempo, haciendo miles de preguntas, llorando. Fue ahí que noto que estaba realmente en el fondo del pozo. La escena toda, el sentimentalismo barato, las lagrimas, le daban nauseas. Y todo eso porque ella había pasado una noche lejos.
Justamente cuando creyó que las cosas no podían volverse peores, los integrantes de la familia, que antes estaban demasiado felices para percibir cualquier cosa, comenzaron, uno a uno, a notar su presencia en la sala. Obviamente, el hecho de que el la haya traído a su casa no era, para ellos, indicio de que Draco, por lo menos una vez en su vida, solo había intentado ayudar. Al contrario. El debía ser el culpable de todo. Controlándose para no explotar y decir lo que no debía, al final el era minoría. Draco comenzó a explicar lo que había sucedido: como un hombre (omitió la parte del viaje en el tiempo) le había avisado que la chica estaba en las mazmorras de la mansión y lo había convencido de ayudar. Weasley lo miro de una manera extraña y el estaba seguro que ella sabia que esa no era toda la verdad, pero se quedo callada. Sin dar mayores detalles sobre la identidad del hombre, Draco narro lo que sucedió en la celda y la fuga de los dos. Por fin, y después de que la chica confirmo la historia, los Weasleys se calmaron un poco y el Sr. Weasley fue a contactar al Ministerio que había montado un equipo de búsqueda. Probablemente la mansión sería invadida por aurores y Lucius iría preso. A Draco no le importaba. Todo lo que necesitaba estaba en el carruaje y, en la primera oportunidad que tuviera, se iría.
Recibiendo las miradas más extrañas posibles por parte del Trío y del resto de la familia, con excepción de la chica, que parecía estar simplemente mirando la pared. Draco se sentó en uno de los viejos sofás de la sala y espero hasta que vinieran con noticias de su padre. El quería saber por lo menos que estaba pasando. No necesito esperar mucho, el Sr. Weasley entro a la sala, diciendo que había acabado de hablar con el jefe del equipo que había invadido la mansión. Los aurores habían encontrado dos cuerpos en las mazmorras: El de Lucius y el de un hombre no identificado. Uno había matado al otro.
La noticia de su propia muerte tuvo un efecto raro en Draco. No podía dejar de sentirse mal recordando aquel hombre, en lo que el se debía volver. Lo que haya sido, estaba ya acabado. Draco ya no sabía lo que el futuro le reservaba. Recordó las palabras de su yo futuro: "si todo sale bien, yo nunca voy a existir". El tenía razón. Draco nunca podría volverse ese hombre. Su vida estaba cambiando, ya había cambiado. Cualquier cosa ahora era su decisión y ese pensamiento era asustador.
La chica también parecía sentir alguna cosa por causa de esa muerte. Probablemente culpándose por haberlo abandonado, al final de cuentas, era una Grinffindor.
Sin lograr continuar dentro de aquella casa, aguantando todas las miradas indagadoras, incisivas, penetrantes, Draco se levanto y comenzó a caminar hacia la puerta. Fue entonces que se acordó. Volteándose de nuevo, cogió el sobre de su bolsillo y extendió la mano hacia la chica:
- El me pidió que te lo entregara – y, sin dirigirle la palabra a nadie en particular – Voy a estar afuera. Necesito un poco de aire.
Sin ninguna otra palabra, abrió la puerta y piso el pórtico. Mirando el carruaje, Draco pensó en entrar en el e irse. ¡Como le gustaría desaparecer! Pero ya no estaba seguro de poder hacerlo. Antes, podía simplemente ignorar todo, fingir no saber las cosas horribles que su padre hacia. Ahora, sin embargo, lo había sentido. La tortura no era agradable. Ni el miedo, Involuntariamente, pensó en la chica e intento imaginar todo lo que hubiera tenido que soportar si ellos no la liberaban. Al pensar en eso, la idea del suicidio parecía buena.
Bajando las escalas, contorneo el carruaje y se apoyo en el, cerca de la puerta, intentando decidir que hacer. Sabía que huir no sería lo correcto, pero no sabia si tenía el valor suficiente para quedarse y luchar.
Dentro de la casa, Ginny ignoro las preguntas silenciosas de todos mientras tomaba el sobre, murmuraba una disculpa y subía las escalas hacia su cuarto. La noticia de la muerte del hombre la había afectado. Claro que se sentía culpable, pero no era solo eso. Algo en la forma como el la miraba, en su tono de voz, la intrigaba profundamente. Quería saber quien era, y sabía que no conseguiría ninguna respuesta a través de Malfoy. Sentándose en el borde de la cama, Ginny abrió el sobre curiosa. Esa era la oportunidad de descubrir lo que había pasado.
El contenido cayó en la cama, había dos cartas y un anillo. Examinándola cuidadosamente, no tuvo dudas de que era un anillo de compromiso, lo que la dejo aun más curiosa. Cogiendo las dos cartas, casi deja escapar un grito de sorpresa, pues, en una de ellas, Ginny reconoció su caligrafía firme y clara escribiendo las letras del nombre: Draco Malfoy. No recordaba haberle escrito algo a el. Nunca. Abrió, la carta rápidamente y, a medida que iba leyendo, se convencía de que aquello solo podía ser una falsificación muy bien hecha: era una carta de suicidio. Ella obviamente nunca había escrito algo así. Nunca siquiera había pensado en eso. Cuando llego al fin, no en tanto, estaba asustada. Quien había escrito eso sabía que había sido secuestrada por Lucius. Sin entender nada, Ginny abrió la otra carta. No conocía la caligrafía, pero esa estaba, dirigida hacia ella:
"Mi dulce Virginia" leyó sin saber quien podía llamarla así.
"Hay tantas cosas que debo contarte, tanto que explicar que no se bien por donde empezar. Debes tener miles de preguntas bailando en tu mente y no se si podré responderlas toda. Ni siquiera se si me creerás. Espero que si, mi amor, porque todo lo que hice, lo hice por ti"
"Te encontré una tarde en Roma. Se que nunca has ido, querida. Pero iras. O mejor, irías si yo no volviera a cambiar todo. Ahora, no se que va a pasar. Dentro de doce años, te conocí. Para ti futuro. Para mi pasado. ¡Estabas tan linda! ¡Tan perfecta! No pude impedirme enamorarme. No se si lo haría si pudiera, pues fue el amor, o el amor por ti, que me volvió finalmente humano. Nunca antes había amado, nunca había entendido antes. Pero gracias a ti, todo se volvió claro."
"Durante un año, fuimos amigos. Eras poeta. Una excelente. Y yo estaba perdidamente enamorado. A pesar de eso no me declare. Talvez hubiese imaginado lo que pasaría, o quizás solo fue miedo. La verdad no fui capaz. Eras demasiado perfecta y yo, completamente inadecuado. Había una tristeza constante en tus ojos, una tristeza que te daba un aire de otro mundo, una belleza penetrante y profunda. Solo supe el porque de ella muy tarde. Ya lo debes saber, si leíste la otra carta. Yo te encontré, amor. Sentí como la vida me abandonaba al mismo tiempo que te abandonaba. Cuando leí tu carta y supe que podía haberte salvado desde el principio, sentí como si un puñal atravesara mi corazón."
"Fue el día que me iba a declarar, el día en que compre el anillo. Es tuyo, Virginia. Cuando lo vi, supe que debía ser tuyo. No pude colocarlo en tu dedo, pero ahora se que esta donde debería. Guárdalo. Úsalo. Recuerda. Es un monumento a la vida que nunca será."
"Cuando moriste, casi me mato también. Lo habría hecho si no fuera un cobarde. Bueno, creo que fue una buena cosa que haya dejado de pensar en la muerte y empezado a poner todas mis fuerzas en encontrar una manera de arreglar todo. No se porque la idea de volver al pasado no se me ocurrió inmediatamente. Es tan obvio, ¿no? La oportunidad que todos queremos. Se que es como intentar hacer trampa en un juego de cartas con el diablo. Pero no me importa. Prefiero morir intentándolo."
"Después que decidí lo que debía hacer, aun tenía que escoger un momento para volver. Debí haber vuelto antes e impedido que te secuestraran. Por favor, discúlpame por eso. Te habría ahorrado ese sufrimiento, lo se, pero había otra cosa que necesitaba hacer: necesitaba intentar salvarme. En el fondo, talvez continué siendo el mismo egoísta de siempre, pero tenía el tiempo en mis manos, no pude resistir. Tenía que intentarlo.
"Hace cinco años que moriste. Gaste prácticamente todos mis recursos para conseguir el viratiempo. Cosa rara y controlada. Pero no me importa. Si todo sale bien, eso no va hacer ninguna diferencia. Abandone mi vida en Italia y volví a Inglaterra. Estoy sentado en el escritorio de mi cuarto por primera vez en dieciocho años. Ya casi es la hora."
"Lo que necesito decirte antes de irme es que te amo. Se que nunca te lo dije antes. Debí hacerlo. Te extrañe cada minuto de estos cinco años y vivir sin ti es una tortura. No estoy volviendo para que podamos estar juntos. No, se como era a los dieciocho. Me odiarías. Solo quiero que tengas una oportunidad. Y que yo también la tenga. Y si eso significa que podamos tenerla juntos, entonces solo puedo sonreír."
"Prométeme algo, promete que vas a pensar en la idea con cariño. Mira ese niño tonto y arrogante que soy y piensa en lo que podría ser. El hombre que soy hoy esta dentro de el. Toda la capacidad de cambiar esta dentro del Draco que conoces. Y, tú, Virginia, tienes todo lo necesario para producir esos cambios. Yo te necesito. El no lo sabe aun, pero te necesita más que cualquier otra cosa en la vida".
"Otras dos cosas me gustaría pedirte. Espero que no sea demasiado: prométeme que en doce años, el día 27 de enero, vas a ver el anochecer en Roma, en la Plaza del Capitolio. Va ser el anochecer más bonito de tu vida. Te lo aseguro. Y prométeme un beso. El beso que nunca paso. Apenas uno. Es todo lo que te pido".
"Ahora debo irme. Te amo. Eres el amor de mi vida no importa lo que el chico pueda pensar ahora. Tuyo, Draco Malfoy"
Cuando termino de leer la carta, Ginny estaba chocada. Asustada. Emocionada. Nunca había imaginado que podía despertar en alguien tamaña devoción. Mirando por la ventana, vio a Draco Malfoy apoyado en el carruaje, pensando. Ella no podía imaginarlo escribiendo esa carta. De ninguna forma. Y aun así, ni por un segundo, dudo de la autenticidad de esas palabras. Un amor tan grande no podía ser inventado.
Con un suspiro, Ginny cogió el anillo y se lo puso. Después, salió del cuarto, bajo las escaleras y se dirigió a la puerta, sin hablar con nadie. Sabía lo que debía hacer.
Draco contemplo la puesta del sol sin realmente verla, perdido en sus propios pensamientos. No noto una pequeña figura de cabellos rojizos salir de la casa, contornear el carruaje y colocarse a su lado. Solo la vio cuando ella finalmente hablo:
- Se quien era, Malfoy.-
- Yo también, Weasley. ¿Cuál es la gran novedad? – respondió secamente, sin mirarla.
-¿Sabes lo que escribió en la carta?
- No, no caí tan bajo como para leer correspondencia ajena.
- No fue lo que quise decir...
-Olvídalo, Weasley.- le dijo, volteándose hacia ella – Mira, no se que escribió en la maldita carta, pero lo que haya sido, entiéndelo: no me importa. No me siento de la misma manera. No soy una ovejita perdida que necesita salvación, ¿ok?
-Malfoy, nunca te compararía con una ovejita perdida.
- Bueno, muy bien. Ahora, me puedes dejar en paz por un momento, tengo sitios que visitar.
-¿Pensando en huir?- le pregunto con un poco de sorpresa en la voz.
-¿qué? ¿No creíste que me iba a quedar esperando que tus hermanos me coman vivo?
-No... Quiero decir, no se que pensé.
-Escucha, Weasley, no necesitas agradecerme. Estoy comenzando a arrepentirme de haberte salvado. Todo lo que quiero es un poco de paz. ¿Sería posible?
- ¡No, no sería!- ella respondió, empezando a irritarse – Un poco de educación estaría bien.
-Desiste- le respondió el con una carcajada. –No soy el precioso de Potter. Ya te dije: no me interesa lo que estaba en la maldita carta. No es verdad. En este momento, todo lo que siento es una inmensa rabia de mi mismo por haber abandonado todo para salvar a una niñita tonta.
-Malfoy...
-¡No! No quiero tus ininterrupciones, ni tus sermones, ni tus agradecimientos. Solo quiero que te vayas. No necesitas fingir. Se que me odias. ¡Estoy solo como siempre! ¡Déjame en paz! – le dijo casi gritando. Sin embargo ella no se fue, al contrario.
Weasley lo miro cuidadosamente. Una mirada llena de comprensión. Dio dos pasos hacia delante, coloco las manos alrededor de su cuello y lo abrazo. Draco se sintió raro. Nunca lo habían abrazado así, desinteresadamente, sin motivo. Debía haberla alejado, pero no pudo. Todo lo que hizo fue cerrar los ojos, dejándose llevar por el momento.
-Irte o quedarte – ella le susurro al oído – Es tu decisión. Pero te garantizo que si decides quedarte, nunca más vas a estar solo.
- ¿Al final que fue lo que escribí en esa carta?- le pregunto. No con rabia o arrogancia. Solo sorpresa y curiosidad.
-Talvez un día te lo muestre. Cuando estés listo. – ella sonrió contra su hombro. En seguida, alejo la cabeza un poco mirándolo – Ahora, tengo que cumplir una promesa y, si decides irte, esta puede ser mi ultima oportunidad, por eso, espero que no te importe. –antes que Draco pudiese decir alguna cosa, ella se coloco en la punta de los pies y lo beso. Un beso leve, dulce, inocente. Las manos de el se cerraron involuntariamente alrededor de su cintura mientras respondía el beso.
Un segundo después, ella se alejo. El la soltó, intentando sonreír de forma arrogante, pero no pudo. En lugar de eso la vio sonriéndole traviesa.
-¿Te veo adentro? – le pregunto, levantando una de las cejas y, sin esperar una respuesta, se volteo y entro a la casa. Draco se quedo viendo el vacío mucho tiempo después de que ella entro. Sabía que ya no podría irse. No que estuviera enamorado de ella. ¡Por Dios! ¿El y una Weasley? Nunca. Pero había algo en ella que lo dejaba curioso, excitado y con miedo. No podía simplemente huir sin descubrir que era. Sabía que ella lo asombraría donde fuese. Entonces, con un suspiro resignado y con pasos indecisos, finalmente la siguió.
