Caso nº 3
Las manos...
Las tres mujeres reían histéricamente, luego de que la mujer de pelo azul les contó de una aventura con su amado. Ahora ambas, la peliazul y la muchacha de pelo negro cortito esperaban algo de ella. Pero que podía darles. Tal vez aquella primera vez, que había reído tan nerviosamente…o aquella vez entre las cascadas. Todo parecía quedarse corto. Hasta que su mente voló a un recuerdo...no….no podía contar eso.
La mujer científica reía y exigía una historia por parte de ella.
Cerró los ojos por un momento y el aroma de las flores que la rodeaban penetró en ella.
Bueno, si tenía una historia loca y apasionada para contar y que más daba….si estaba muerta.
La muchacha y la mujer prestaron atención a los comentarios y fueron abriendo los ojos cada vez más……
"Te sentías sola. Tan sola, que era comprensible que la única oportunidad que tuvieses de recordarlo, sea de noche en la cama que ambos compartieron. Recuerdas con gracia las primeras veces, los dos tan asustados, pero tan entregados al fin.
Recuerdas la primera vez que insististe que se transforme, pero la tenia mucho miedo de lastimarte. Pero recuerdas a la perfección que no fue así.
Te acaricias los pezones y todo tu cuerpo te exige el placer. Sabes que nada mas tienes el placer de las fantasías y de tu cabeza, y eso te bastaba.
Cada ves que lo piensas en el tu sexo se hincha y se sensibiliza produciendo una ola indescriptible en tu cuerpo.
Así desnuda como estas abres la ventana y dejas pasar la luz de la luna, que acaricia tu cuerpo y hace que sea tan blanco y brillante.
Te has soltado el pelo y te revoloteas en la cama. Vas de una punta a otra, haciendo el amor con la noche. Estas inquietan y juegas con todo tu cuerpo.
Te duelen los pechos, de la hinchazón y sientes una adrenalina que sabes que costara sacarla. Te descargas cocinando, preparando toda la mañana y toda la tarde. Limpias toda la casa para descargar la energía sobrante, que sube desde tu pelvis y que arde como una hoguera.
Te levantas por la mañana y corriges cualquier desperfecto que pudiesen tus juegos haber ocasionado. Miras el sol que despierta a los animales más perezosos. Últimamente te gustan mas las noches, en donde sueltas tu loca poesía y comienzas a tener pereza de levantarte.
No es justo, piensas. Todos, felices y tu tan abandonada. Pero tienes a tu hijo, te corriges enseguida. Has planificado un gran futuro para el y ahora mismo esta estudiando en la sala que tienes a un costado. Te recuerda mucho a el.
Cada tanto permites que el extraterrestre se lo lleve a entrenar. No quieres que pierda su herencia. Tú tienes el orgullo de estar casada con alguien muy fuerte.
A veces te preguntas el costo de esto. Pero entiendes la bondad en su corazón. Entiendes que lo hace para protegerte. O por lómenos eso le dices a tu corazón para que no duela tanto.
El, lo ha venido a buscar. Y siempre tienes miedo. Te parece muy serio. Te da miedo que tu niño suplante a su padre. La figura que el tiene sobre tu esposo es algo confusa. Sientes una vana curiosidad de tocar su piel. Te preguntas si será dura. Las ves tan verdes, tan llenas de arrugas.
Y esas manos grandes que tiene, con agujas en sus puntas. Lo tomas del brazo y pese a lo que pensabas tiene la piel suave. Lo invitas a que se siente, sabes que no come, ya lo has invitado. Sabes que no es un "Hombre". Tu esposo te contó la historia. No puedes dejar de ver sus manos.
Te muerdes el labio inferior y una sensación de hormigueo sube por tu espalda. ¡Hay! que desdichada la pasión que se hace presente en momentos pocos oportunos… ¡Hay! que desdichada, te dices, apretando las manos y conteniendo el placer.
Pero por mas que aprietes las piernas, sabes que seguirá…sabes que la noche estallara.
Vas como puedes a buscar a tu hijo, pero te pones nerviosa al comprobar, que sientes su aliento en tu cuello. Lo mueves con placer, mientras el a lo lejos te mira con rareza. No lo resistes más y antes de llegar a su cuarto, vas al tuyo. Te acaricias por todos lados, respiras agitadamente y sientes como el fluido sale de ti con rapidez. Pronto lo ves en tu habitación, de brazos cruzados. Pensaste que te creía loca, pero en esos momentos que la lucidez se va, lo invitaste a tu lado y el extrañado se sentó. Debes asumir que lo besaste con plena racionalidad de lo que estabas haciendo.
Pero tu cuerpo ardía de fuego y pronto su boca se hizo menos asquerosa para la tuya. Y la larga lengua comenzó a moverse. Sabias que si abrías los ojos te encontrarías a los suyos, y por eso no lo hiciste. Te daba miedo, mirar con tanta pasión a un extraño y los ojos cerrados te daban la oportunidad de fantasear. Debes admitir que este momento lo soñaste y lo buscaste. Si no era el, era otro.
OH, pero que torpes son los ojos que se entreabrieron, que torpeza la de ellos, que te permitieron ver su ojos. Y no puedes dejar de ver sus manos, que poco a poco invitas a tu cuerpo.
Como el se muestra confundido, las tomas tu. Que placer te dan. Las guías, recorriendo todas tus latitudes. Y el pronto aprende el juego. Por un momento, tomas conciencia de tu hijo, pero rezas para que este dormido, y así parece.
Te retuerces, con espasmos en la cama, porque pronto descubre como tocarte. Como succionar tus pezones, que ya están muy sensibles a su lengua. Inconscientemente acomodas tus piernas alrededor de su cintura, y como no obtienes nada a cambio, solo raspas tus partes contra su ropa. Que placer te da, la sensación de una tela tan dura.
Y cuando haces que su mano baje, la sensación de volcán se incrementa y hace que pierdas noción del tiempo y el espacio. Su respiración contra la tuya es lo que mas te excita y lo que mas hace que tu garganta aullé…
Puedes ver con los ojos entreabiertos, como chupa tu néctar de sus uñas. Probando con pequeños lengüetazos primero y luego succionando los restos.
Parece que le gusta, tú ya sabes el gusto, pero pasas tu mano cerca de la suya. Y pruebas tu propio néctar, y es exactamente como recuerdas cada noche.
Te preguntabas si por estar con otra cambiaria su sabor, pero al parecer tú sexo no distingue.
Sus moviéndoos torpes, son remplazados por los de curiosidad el cuerpo humano. Te preguntas si tiene conciencia de lo que esta haciendo o solo piensa que es un juego.
Tú no puedes más y no sabes que hacer para terminar.
No sabes si el comprendió lo que tu pensaste, pero pronto introduce sus manos y juega dentro tuyo. ¿Podría leer la mente quizás? Te preguntas, en un aire a tu lujuria.
Piensas que lo hace de casualidad, que tal vez sea intuición.
La respiración sube y sube, haciendo sentir un calor a la garganta y transpirando tu néctar por toda la cama. Te da gracia saber que mañana tendrás el doble de trabajo.
¡OH, no, esa sensación, que te da cuando el hunde sus dedos con mayor profundidad. Sabes que ya no te queda mucho tiempo.
El juego, inocente al principio, ah sido aprendido y el te toca y acaricia por todos lados.
Mientras sus dedos juegan, tus pezones son succionados, y todo tu cuerpo es estimulado.
El volcán estalla. Gimes y te retuerces y el solo te observa con los mismos ojos. Como temiendo que algo te suceda, detuvo todos los juegos.
Retira su mano de ti, y tus recuestas tu cabeza en la almohada. Observas la cara del extraterrestre. Que ahora más bien, es terrestre para ti.
El solo se levanta y te saluda desde el marco de la habitación con la mano..."
La mujer peliazul, mira con los ojos desorbitados. No puede siquiera imaginar lo que le han contando.
La muchachita, desvía los ojos hacia abajo y puedes ver como se sonroja levemente.
La mujer de pelo azabache, tiene una gran sonrisa en la cara y cierra los ojos aspirando una vez más el perfume que las rodea.
La mujer científica ríe esquizofrénica, y ante la mirada de enojo, por parte de la narradora, se calma.
Y bueno, dice, por algo dios le dio manos y todas ríen frenéticamente.
Las manos, aquellas que solo tú probaste, aquellas que una noche de verano probaron tu néctar.
Aquellas que conocen tus secretos y que solo tú sabes de su existencia.
