LA ALIADA
7
Secretos irrevelables
"Si no te tuviera caería en agonía, mi mundo moriría..."
Despertó en la luminosa enfermería, y como tantas otras veces, no se sentía nada bien. Un frío sepulcral en la espina recorrió cada milímetro de su piel. Su cabeza había dejado de girar, pero todavía la sentía comprimida sobre su mullida almohada.
–Por Merlín, pequeño–le dijo Madame Pomfrey con alivio en su mirar–pensé que nunca despertarías... ya llevabas dos días. De no ser porque te encontraron justo a tiempo no sé que te hubiera pasado... –su voz de apagó repentinamente.
Estaba abombado, pero pronto recordó lo último que le había pasado antes de desvanecerse:
"Nyna... ella... estaba llorando, junto a mí... me abrazaba... me decía que..."
–Eh-- –un fuerte dolor lo ahogó. No podía emitir palabra alguna. Sentía como si tuviera un snitch en la nuez que al forzar sus cuerdas vocales aleteara en su faringe, rasgando su piel.
–No hables, tienes las cuerdas vocales dilatas de regurgitar–y pudo sentir aquel horrendo gusto que le subía desde el estómago–. Tuve que hacerte un lavaje de estómago, espero que esto te enseñe a tener más cuidado con lo que ingieres... ¡Nunca había visto un envenenamiento por sobre dosis de soufflé de calabaza como este! Debió de estar podrido... muy podrido, o alguien te quiso envenenar, corazón.
–En-- –trató susurrando, pero le dolía mucho, sentía la carne rozar en su garganta, pero tenía que saber–dó... n... de... s.. t... a Ny... na?
–Nyna? Ahh, te refieres a la chica nueva. No lo sé... Qué? Me parezco a Filch? Ahora descansa y deja de preocuparte. Si para la tarde te sientes mejor creo que dejaré a tus amigos pasar a verte, ya me tienen harta con sus constantes visitas... A ellos si les vas a podes preguntar lo que quieras... pero creo que–y le abrió la boca para verle la garganta–dentro de 5 horas recién. Toma esto, no hay nada mejor que melaza de ninfas silvestres en estos casos–y su varita se convirtió en una cucharadota que tenía hasta desbordar un liquido espeso de color amarillento, que vació en la boca de Harry, ahogándolo.
Después de una necesitada siesta, sintió que sus cuerdas vocales le permitían por lo menos susurrar y su temperatura y dolor de cabeza ya eran soportables, ¡y como para no tener dolor de cabeza! No se debió haber tomado la poción, de suerte no más tenía aquellos dolores, de no haber sido por Nyna, él hubiera... ¿Pero qué había sucedido? Si ella lo hubiera traído a la enfermería Madame Pomfrey le hubiera dicho algo, pero no fue así; y encima ese invento del soufflé... definitivamente Nyna había vuelto a mentir e huir, sin delatar su identidad.
Sentía a cada momento su voz susurrándole... varias veces se despertó sobresaltado pensado que todavía estaba junto a él. A pesar del hecho de que él se hubiera hecho pasar por Draco, ella lo había ayudado, lo había protegido... Todo era tan incoherente: ¿Cómo alguien que supuestamente te odia con cada fibra de su ser puede cambiar de un momento a otro?
¿Y qué sentía él? Era un sentimiento abrumador, amor entre mezclado con odio, pero ciertamente la querría porque simplemente no podía dejar de pensar en ella y de meterse en apuros por ese mismo sentir que lo obligaba a hacer cosas como casi envenenarse...
Le gustaba, y mucho... Querría a aquella dulce joven que le había brindado su cariño, su corazón, y que hasta aquella noche, parecía haber desaparecido.
Ahora sabía porque se comportaba de esa manera: su madre. Seguramente ella le había llenado la cabeza en contra de él, ¿pero por qué? Además, Harry sabía muy bien que Nyna no era de doblegarse fácilmente por cualquier cosa, ¿pero qué era tan importante como para que lo tratase como basura a pesar de quererlo? Sabía que no era por lo de Sirius, ya que ella ignoraba quien era su padre... y todavía era posible esta hipótesis. Mientras más iba descubriendo de ella, más dudas iban apareciendo.
"Si tú estas confundido, imagínate ella...", le dijo una voz en su cabeza.
Y recordó lo que Nyna había dicho la otra noche: "...esos malditos sangre sucia..."
No podía evitar sentirse indignado por aquello. ¿Qué podrían haberle hecho los muggles a su familia para que los odiara tanto? Sintió un horrible dolor en su estómago, ¿y sí Nyna no era tan diferente de su madre como había pensado? No... ella nunca sería incapaz de hacer algo como lo que su madre había hecho, pero después de todo, todavía no la conocía en verdad...
De tanto pensar en toda la situación le empezó a doler la cabeza de nuevo. Trató de dormir, pero fue inútil, seguía escuchando los sollozos de Nyna dentro de su cabeza... Odiaba tanto todo aquello, odia sentir esa impotencia, ese pesar en su estómago que le tiraba el ánimo al suelo.
Alrededor de las 7 de la tarde, Hermione y Ron lo fueron a visitar. Se sentía mucho mejor y podía hablar, aunque no les contó gran cosa: Hermione se la pasó, histérica, retándolo.
–¡¿Cómo te tomaste la poción!–fue lo primero que le dijo una vez que Madame Pomfrey se había alejado.
–Baja la voz, Herm, o nos va a oír...
–Si, Ron, como si ese invento del "envenenamiento por soufflé de calabaza" fuera completamente creíble–dijo exasperada.
–Bueno... pero por lo menos... me salve... de un castigo–susurró con voz áspera.
–Piensas que nadie se va a dar cuenta de que es todo una gran patraña? Todos van a pensar que te quisieron envenenar, y más Dumbledore–Harry se imaginaba que muy pronto iba a ser acompañado por alguien que probase cada alimento antes de que este los ingiriera, pero tan rápido se le ocurrió intentó borrarlo de su mente. ¿Y si se cumplía? ¬¬
–Silencio!–gritó la enfermera desde el otro extremo del ala–O sino tendrán que irse... –advirtió amenazadoramente.
–Perdone... -dijo Ron algo rojo.
–Estas completamente loco, lo sabes? Pudiste haber... –se detuvo. No podía decir esa palabra, ni siquiera en su mente.
–Muerto?–preguntó como si nada–Fue un riesgo... que corrí...
–Cómo puedes ser tan egoísta? No pensaste en nada más que en ti cuando tomaste aquélla decisión suicida, no?
–Pues no-admitió en tono tenaz volteando para no ver la a la cara.
–Esto no lo puedes arreglar con un "perdón"–dijo como pretendiendo que lo había oído–Harry..., por favor no vuelvas a hacer algo tan estúpido como aquello–su amiga parecía verdaderamente preocupada dentro de aquellos severos ojos marrones.
–Lo sé... "perdón"-dijo con mucho énfasis en aquella palabra.
–Bueno, ya esta. Cambiemos de tema, qué averiguaste de Nyna?–dijo Ron tratando de cambiar la atmósfera tensa que se había creado.
Harry les volvió a relatar la historia, ahora sin interrupciones histéricas como "Increíble que puedas contárnoslo como si hubieras ido a caminar por ahí" o "Espero que lo hayas disfrutado mucho"; Harry no pudo evitar encontrar algo de celos en la mirada de Hermione, o tal vez era sólo que todavía seguía enojada por TODO el asunto.
–Y... han visto... a Nyna?–les preguntó el morocho en voz más ronca que nunca.
–Si... la vimos –admitió Ron, ya que Hermione parecía haber hecho oídos sordos a la pregunta.
–Y cómo estaba?
–Estaba... no lo sé, rara.
–Rara?–inquirió levantando una ceja.
–Si... como desconectada del mundo, algo perdida en su interior.
–Ah... –dijo volviendo a pensar en la otra noche.
El silencio bañó la enfermería. Hermione no emitía sonido alguno, así que Ron cambió rápidamente de tema nuevamente.
–Y por cierto, Harry, te felicito por lo de Malfoy–le dijo Ron guiñando un ojo con una sonrisa.
–Así que fuiste tú!-le dijo Hermione con aspecto de estar a punto de volver a regañarlo–Te... felicito–y embozó una sonrisa.
–Gra...gracias, Herm–dijo más pausadamente de lo que en realidad podía hablar–. Pero... es cierto. Casi lo había... olvidado, el armario.
–Exacto–y volvió a embozar una sonrisa-Un golpe maestro, si me permites decir.
–Cuentéenme... que pasó–Harry sabía que lo único que podría hacerlo reír en aquel momento era escuchar su "golpe maestro" en acción. -
–Bueno, a primera hora del otro día notaron que Malfoy no estaba en su habitación así que lo empezaron a buscar por todo el pasillo como locos hasta que escucharon los gritos amortiguados del armario de planta baja. Tu embrujo fue increíble, ningún profesor fue capaz de abrirlo! Y Dumbledore, que habría sido el único capaz, no estaba, así que ahí se quedo hasta las 8:12 de aquella mañana... -dijo como si aquel numero hubiera marcado un antes y un después en su vida, y él y Hermione empezaron a reír como locos-... Y apareció en pleno pasillo en calzoncillos! n.n
La risa de Harry le hizo toser fuertemente y convulsionarse un poco, con lo cual Pomfrey se asomó por sobre su libro para controlarlos.
–Estaba totalmente rojo! Nunca lo había ponerse de aquel color... integro! Cómo deseé haber tenido una cámara en aquel momento. Pero bueh... Después, como era de esperarse, se la pasó refunfuñando y amenazando en dejar desnudo al valiente que se atreviera a volver a nombrar el tema, ya que todavía no ha podido averiguar quien lo hizo.
–Por lo menos... algo que planeé... salió bien-dijo Harry satisfecho de sí mismo.
–Si, algo–le recordó Hermione.
Harry estuvo medio mes más en la enfermería; no podía parar de devolver lo que fuera que ingiriera. Estaba muy débil y tenían que aplicarle un ungüento de suero para que su cuerpo no sucumbiera. Una semana antes de Navidad por fin pudo empezar a comer. Su voz casi había vuelto por completo, ya estaba harto de oír esa horrible voz ronca y ahogada. Estaba listo para volver a clases, con un par de kilos menos, pero como nuevo.
Como era de esperarse, intentó hablar con Nyna pero era demasiado tarde: se había ido con su madre para pasar las fiestas.
Tuvo que soportar las ganas de inundarla de cartas inquisidoras... tenía tantas preguntas que hacerle, pero dentro de su corazón sabía que ella no iba contestar. No importaba lo que hubiera dicho o hecho, había algo, más grande que ellos dos que los separaba... y odia el darse cuenta que una de ellas era el mismísimo orgullo de ambos. "Pues eso se va a acabar, o por lo menos de mi parte", se dijo. Ya estaba harto de ocultar sus sentimientos N/A: como si los hubiera ocultado muy bien de todos modos iba hablar con ella de frente, por lo menos para sacarlo de su pecho y para ver su reacción, quién dice que capaz era la solución, y no importaba si las cosas se ponían feas, no podrían estar peores.
Pasó Navidad, casi como cualquier otro día. Parecía increíble que habían pasado 6 años desde la primera vez que había entrado por las enormes puertas de Hogwarts, era tan irreal como la mismísima realidad. Ese año los únicos que se quedaron en el castillo habían sido Harry, Hermione y todos los Weasley Detalle Omiso: con la expulsión de Umbrige, y bajo varias amenazas de la señora Weasley, los gemelos reingresaron al colegio para terminar el sexto año, en contra de su voluntad claro esta. Esto no significó el cierre su negocio de chascos: habían contratado a un par de empleados y ganaban gallones mientras seguían experimentando con los valiente que se atrevían en el colegio.
Fueron unas fiestas agradables, hasta se permitió reía un par de veces, pero no reiteradas veces. Su humor era terrible... además las fiestas últimamente lo venían deprimiendo mucho. Tenía demasiados pesares en su atareada mente como para siquiera festejar... Deseaba tener una verdadera razón por la cual levantarse el primero de enero... Y la encontró, justo sobre su regazo al despertar aquella fría mañana: una carta. Una carta con letra temblorosa y errática, pero familiar.
Quiero decirte lo que siento:
Cuanto te quiero, cuanto deseo estar en tus brazos, cuanto anhelo tus besos y tus carisias, cuanto deseo que me protejas y me cuides, cuanto deseo mirarte sin miedo, cuanto deseo compartir mi dolor, cuanto quiero nunca separarme de ti... Pero no puedo; no importa cuanto lo intente, cuanto lo desee, cuanto llore, cuanto sufra...
Nuestras vidas están marcadas, como los senderos de mis lágrimas en mi rostro, y no importa que haga o hagas, las cosas no van a cambiar... Quisiera volver a nacer, quisiera no vivir en este tiempo y ni este mundo; quisiera empezar de nuevo y ser libre de amarte como mi alma pide a gritos... y llora en agonía.
NG
Leyó y leyó una y otra vez hasta que se la supo de memoria... Ella lo querría... en verdad lo querría. Sintió un nudo terrible formársele en la garganta. ¿Por qué sus vidas estaban marcadas? ¿Qué querría decir? ¿Por qué no podían estar juntos? Sintió como con aquella carta la confusión y el dolor de Nyna se le trasmitía directo al corazón, dejándolo divago y distante. Inútiles fueron los intentos de sus amigos por averiguar que le había sucedido aquella mañana.
Pocos días más tarde, los estudiantes volvieron de sus vacaciones, con excepción de Nyna... Los días pasaron, y le siguieron las semanas... ¿Y si no volvía? ¿Y si su madre la había cambiado de colegio? O aún peor, ¿y si había vuelto a Argentina?
Harry estaba más que nunca encerrado en su interior, siguió asistiendo a clases ya que se tenía que poner al día. Sus notas subieron (excepto la de Pociones, obviamente), pero no sus ánimos. Querría concentrarse en otra cosa... pero fue inútil. Casi no comía, lo cual preocupó mucho a sus amigos. Soñaba con Nyna... soñaba que la miraba dormir, observaba su rostro, pero rápidamente su sueño terminaba por una horrible puntada en su cicatriz. Otro problema que también lo atormentaba por las noches. Voldemort. Quien sabía que estuviese planeando, pero fuera lo que fuera, estaba más feliz que nunca.
Obviamente las clases de Oclumancia no iban muy bien si esto seguía pasando; a pesar de que intentara practicar, nunca podía vaciar su cabeza de todos sus pensamientos. A Dumbledore no lo había vuelto a ver. "Tal vez él fue el que se encargó de que Nyna se fuera del colegio", pensó, pero todo era hipotético y ya no sabía que considerar verdad y que mentira.
Intentó averiguar algo sobre la repentina desaparición de Nyna, pero simplemente parecía habérsela tragado la tierra. Draco, también preocupado, lo amenazó para que dejara de indagar sobre ella, con lo que Harry contestó: "Si no quieres quedar completamente pelado aléjate de mí", y el joven rubio palideció y se fue. Los ojos fríos de Harry no mentían, así que Draco no quiso arriesgarse a que lo intentara.
Llegó febrero, derritiendo la nieve que bañaba el castillo y los bosques de los alrededores. La vida seguía igual que siempre, sin idas ni venidas para Harry. Trató de olvidar el tema de Nyna y pensar más en su futuro, ¿pero en que futuro podía pensar? Últimamente venía sintiendo que los ánimos de Voldemort iban cada vez mejorando más. ¿Habría encontrado la forma de aniquilarlo? ¿Habría encontrado la manera de entrar en Hogwarts? En esos momentos no sabía en que era peor pensar... que no lo hizo.
–Bien, Potter. Creo que tu obsesión por Garcia por fin te ha abandonado y te ha dejado practicar–le contestó su profesor de Pociones con voz fría. "Abandonado...", pensó.
–Sí, profesor–le dijo distante.
–Vamos, por favor. No habrás creído que la ibas a conquistar?–continuó ponzoñoso.
Harry no contestó.
–Pero Draco se te adelantó...En esos momentos es cuando uno se da cuenta de la fuerza de voluntad de la gente.
–Qué quiere decir?–le inquirió con renovado coraje.
–Que tu luchaste, era un caso perdido, pero lo hiciste. Pero no sé de que hablo tanto si ahora pareces una niña de 12 años a la cual la abandonó su noviecito...
–Usted no sabe nada ni de mí ni de...
–Legeremens!–gritó desenfundado su varita.
Snape aprovechó el momento de distracción para atacar a Harry. Entró en su mente... vio aquel verano en Privet Drive. La vio a Nyna, sus salidas..., vio el beso, todo! "No, no, no...Eso no!", pero no pudo detenerlo, ya era demasiado tarde.
–Vaya, vaya. Ahora entiendo–dijo su profesor embozando una sonrisa mientras Harry caía al suelo sobre sus manos–. Con razón te tenía tan embobado...
–No tenía derecho a ver eso–dijo recobrando el aliento.
–Claro que lo tengo. Por si no sabias la madre de esa chica atacó a tu madre, no me extrañaría que su hija intentara algo contigo también, y ciertamente lo que vi no ayudó a invalidar mi hipótesis.
–Para su información ya estaba enterado de eso, pero creo que Dumbledore no se molestó en ni siquiera decírselo a usted.
–Habrá tenido sus razones en tal caso-contestó con tono frío y firme–. Pero no creo que eso importe ya que esta chica parece haber abandonado el colegio...
"No la echaron...", le dijo una voz en su mente, levantándole un poco el ánimo.
–Bueno Potter, suficiente por hoy–tomó asiento y se inclinó sobre sus pergaminos como de costumbre.
–Usted debe de saber mucho más de lo que aparenta, señor–no se iba a marchar tan fácilmente, no esta vez.
–Qué estas insinuando?–contestó levantando levemente su mirada por sobre sus escritos.
–Es decir, usted era tan allegado a Mara Garcia... no me extrañaría el pensar de que usted sabe exactamente porque Nyna se marchó–y lo fulminó con la mirada.
Snape permaneció callado unos segundos antes de contestar.
–Veo que has estado haciendo la tarea pero eso no te da ningún derecho a acusarme de nada–dijo mirándolo fijamente.
–Estoy más que seguro que usted sabe...
–No sé nada, y si lo supiera no se lo diría a un chiquillo insolente como... –Harry alzó su varita y gritó:
–Legeremens!
Entró en la desprotegida mente de Snape. Una vez más sintió pavor de haberse metido en la mente de Snape y terminar arrepintiéndose de haberlo hecho por resto de lo que quedaba de colegio, aunque ahora ni siquiera sabía si se volvería a cruzar Snape por los pasillos del colegio. Sabía que de seguro cualquier información vital debía de estar reposando en un pensadero (bajo llave), pero tenía la esperanza de encontrar algo, por más insignificante que pareciera, que lo ayudara a comprender. Estaba desesperado.
Empezó a navegar en un montón de recuerdo sin importancia, clases y cenas; tenía que apurarse antes de que Snape contrarrestara los efectos del hechizo, hasta que por fin lo encontró, aquel recuerdo que lo dejo sin dormir. Vio a Mara, joven y hermosa, tal y como Nyna, en una oscura mazmorra. Tenía una capucha negra; vio a su alrededor y vio que todos los demás presentes también se encontraban encapuchados...
–SUFICIENTE!–digo lanzando un resplandor azul contra el cuerpo de Harry.
–Qué fue eso?-preguntó el chico casi sin aliento.
–NO ES DE TU INCUMBENCIA! AHORA VETE, LARGO DE AQUÍ!
–Pero...
–LARGO!–la reacción de Snape parecía más de pánico que de represaría; Harry había descubierto algo grande... pero que era exactamente?
Harry recogió sus cosas y huyó del despacho lo más rápido que pudo. Mientras iba corriendo hasta llegar a la Torre de Gryffindor las imágenes empezaron a encajar en su cabeza.
"No, no puede ser cierto... es sólo otra hipótesis tan probable como el resto.", pero algo dentro de él le decía que no lo era. "No puede ser... Mara es una mortífaga."
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
:NoTe DeLLa ScRiTToRa:
Hola a Todos/as! Va quedando mejor de lo que me acordaba...
Quiero dedicarle este capítulo a las chicas de la Orden Sirusiana(Jacky, Gige, Gaby, Grise, Meli, Mechu, me olvide de alguien?Oo), o Serle, o como sea que nos vayamos a llamar de ahora en más... A mi amiga Flor, a Noe y a Vero, y al resto que me soportan día a día... Al clan Riddle, que algunas me leen (x no decir q son casi las únicas Devi y Liz) ya que este fic no tiene slash, n.n, pero de eso no se preocupen... YA PRÓXIMAMENTE LO VAN A TENER!
También a aquella alma vagabunda que encontró mi fic y lo empezó a leer: Gracias!
Sigo editando lo más rápido que puedo! X.x, que falta mucho por venir...
DeJeN ReVieWs!
Grazie per leyere! n.n
