Este relato esta basado en la novela de JK Rowling, Harry Potter. Desde ahí he partido para integrar personajes propios y crear esta historia con intención de alimentar mi imaginación y volverme parte (aunque fuese ambigua) de este fascinante mundo. No busco ningún crédito al escribir esta historia. Cualquier coincidencia con otro fanfiction es pura casualidad puesto que ya no soy consciente de lo que mi mente delira.
AVISO: En este capítulo hay una violación. No es tan gráfica como la anterior, pero es más fuerte sin duda. La he marcado para quien no se anime a leerla. Perdonen por el repentino vuelco oscuro que tuvo todo... hasta yo misma me sorprendo de lo que soy capaz de escribir. Espero no haberles causado pesadillas. P
Gracias por leer,
Nyna
LA ALIADA
12
Sangre, encierro y óxido
—Cruciatus —vociferó Mara, y su hija cayó de rodillas al piso, pero lentamente se fue irguiendo. La cara de extrañeza de Mara fue la más expresiva que Nyna había visto jamás, y ésta ultima embozó una sonrisa de satisfacción.
—Vamos, mamá... Después de dieciséis años sometiéndome a este maleficio no crearas que no he llegado a acostumbrarme...
—Eso es imposible —siseó irrefutablemente— Hay algo raro en vos... —y la observó minuciosamente mientras Nyna ya no podía contener su sonrisa, y soltó una leve risita.
—Parece que tu querido tío no te ha dicho...
—De qué hablas? —preguntó indignada.
—Basta. Mara, sal de aquí —ordenó Voldemort con cólera en su voz.
—Pero, señor...
—He dicho que...
—Te quedes a ver el segundo acto —interrumpió osadamente la joven rubia—. Fue una lastima que te perdieras el primero pero ahora ya nada importa porque hoy, después de toda una vida de mentiras, vamos a ser francos con los temas de la "familia" —contestó sin titubeos en su voz.
—De qué hablas, mocosa? —la agarró del cuello fuertemente y en aquel momento pudo ver por primera vez el rojizo color de los antes cafés ojos de su hija— ¿Qué diablos...?
—Accio varita —y la varita de Mara se escapó de sus atónicos dedos y terminó en los de Nyna. Le apuntó directo al corazón y ordenó—. Soltame, sabes de lo que soy capaz... —e inmediatamente soltó su cuello y retrocedió un par de pasos sin dejar de mirar ni en segundo sus ojos caoba.
—Vamos, hacelo. Véngate. A que no te atreves... —la desafió apaciguadamente Mara.
—Las cosas han cambiado, madre, y te recomendaría que no te confiaras tanto.
—Nada ha cambiado, Nyna. Sigues pensando que eres fuerte y que puedes con todo y con todos cuando en realidad por dentro sigues siento la misma niña débil y estúpida. Tu confianza en vos misma te va a destruir.
—Cómo te destruyó a vos enamorándote de Sirius Black? —preguntó la chica con ímpetu.
—Así es. ¡Y mira la ironía! ¡A vos te pasó lo mismo con su ahijado! —gritó mordaz.
—Si... ¡pero vos tampoco tuviste el coraje para matarlo! A pesar de odiarlo tanto... dejaste que otra persona hiciera el trabajo sucio y preferiste enfocar tu odio en mí... ¡E hiciste de mi vida una mierda! —vociferó furiosamente—. Toda mi vida eso he sido, una mierda, un cero a la izquierda para vos, y te encargaste de recordármelo cada maldito día. ¡Hubiera preferido nunca haber nacido! —sus ojos empezaban a turbarse. Si estas van a ser mis ultimas horas voy sacar todo de mi pecho, pensó.
—¡Vos no sabes lo que es sufrir! Eres una maldita mal agradecida... —de la varita en manos de Nyna empezaron a chispear unas luces de color verde.
—¡Y vos una maldita manipuladora! —gritó derramando lágrimas de sus ojos—. Es por tu culpa que Él...
—Cruciatus! —y la varita cayó de su mano.
—Mi señor... —susurró Mara mientras Nyna se contorsionaba de dolor en el piso de madera boca abajo.
—Vete, y llévate tu varita —le ordenó aventándosela. Ella obedeció y salió del salón; no se atrevería a contradecirlo dos veces.
Voldemort empezó a caminar alrededor del cuerpo ahora inerte de Nyna mientras respiraba con dificultad contra el suelo de madera.
—Admiro tu valor, en serio —dijo con decoro—. Nadie ha sido capaz nunca de hacer lo que tu hiciste... —se arrodilló y la tomó por los cabellos, acercándola hasta su rostro—. Lastima que serás la primera y la última —y la soltó, haciéndola golpear el piso nuevamente.
—Ma-máteme... —rogó recobrando un poco el aliento.
—No, claro que no —contestó con una media sonrisa—. No te lo voy a dejar tan fácil. Levántate.
—Quiero que me mate... ahora —sollozó debajo de sus enmarañados cabellos rubios.
—Ya no eres dueña de elegir lo que te sucederá, ahora levántate —pero la joven seguía tirada boca abajo sobre el piso, sin moverse—. ¡He dicho que te levantaras! —y le profirió un puntapié en el estómago.
Sintió el aire abandonar sus pulmones y la repentina presión en su pecho. Con piernas temblorosas trató de ponerse de pie, pero luego de dos Cruciatus, le fue imposible. Se tambaleó y cayó sobre el regazo del Lord.
Se volvió de piedra al sentir aquel aroma característico del hombre. Todavía se levantaba en el medio de la noche con aquella esencia enterrada en sus fosas nasales, trayéndole aquellas imágenes... El volver a sentir su calor, a la vez le daba frío.
En ese momento el Lord posó su mano en la espalda estremecida por su tacto, para ir subiendo hasta ubicarla en su hombro y apartarla de él.
—Camina —le ordenó apuntándole su rojiza mirada a los turbios ojos caoba.
Lentamente fueron caminando hasta la cocina. Una puertezuela de madera contra el piso del pasillo se levantó, mostrando lo que parecían ser un par de peldaños de cemento en su principio para luego dejar lugar a la oscuridad. Ascendía del interior un olor a ultratumba mezclado con oxido. Era el sótano. Nada de lo que pudiera haber abajo podría ser bueno.
Bajaron lentamente los escalones ante el paso torpe de Nyna. Voldemort la seguía por detrás, hasta que por fin llegaron al firme piso de cemento. La penumbra impedía reconocer cualquier cosa, y el único haz de luz que entraba era el del piso superior. Justo en el momento de haber pensado aquello, la puerta del sótano cayó dejándolos en las tinieblas. Sintió debatirse por caer o mantenerse de pie hasta que encontró el barandal de la escalera y se sostuvo de él; Voldemort se había desvanecido de sus cercanías, pero pronto escuchó su voz acompañada por la tan temida luz.
—Lumos —y Nyna pudo contemplar el piso, en donde había clavado su mirada con temor al encontrarse con el rostro del hombre, aunque lo que vio fue igual de espeluznante. El suelo de cemento estaba tintado en manchones color rojo, los causantes de aquel viciado olor. Luego levantó la mirada para contemplar a su amo y vio la mesa de madera con cadenas junto a él, también enrojecida. El resto de la habitación se le volvió borrosa del terror y la falta de luz—. Este es nuestro cuarto de castigos —explicó encendiendo una lámpara sobre la mesa—. Aquí es donde disciplinamos a los insubordinados... Y hablando de ellos... Cómo se encuentra tu querido profesor de pociones? —y sus ojos rojos centellaron de furia.
—Bien, gracias por preguntar —contestó con ímpetu, tratando de endurecer su rostro.
—Era de imaginarse que él fuera el primero al que recorrerías...
—Tal vez... pero de haber sido así, creo ni siquiera me hubiera dejado volver a Hogwarts... —y aquella espeluznante sonrisa volvió a aparecer en sus labios.
—Querida niña... Todavía no te has dado cuenta? —empezó a acercarse hacía ella, arrastrando su larga túnica negra.
—D-de qué?
—De lo tonta que en verdad has sido... —pronunció a escasos centímetros de su rostro—. Pensabas que te dejaría volver a Hogwarts, y encima con parte de mi poder, sin tener idea de lo que sucedía?
—... —respiraba con agitadamente ante la cercanía del Lord.
—Sí... Todo fue parte de mi plan... —dijo apoyando su mano cerca de la de ella en el barandal, mientras la acorralaba con su cuerpo—. Desde el primer momento en que te vi supe que nunca lograrías matarlo, ni siquiera traerlo ante mí. Eres débil. Inestable. Pero quién sabía... a veces hasta yo mismo me sorprendo de lo que los magos son capaces de hacer por poder, pero contigo no me equivoqué. Tu madre tiene razón...
—Y por qué... me dio sus poderes?
—Para poder controlarte mejor, desde luego, aunque no fue necesario. Hiciste todo tal y cual lo preví. Desde tu traición, hasta tu entrega... —se acercó hasta que pudo sentir el miedo escurrírsele por los poros— y todo con la intención de llegar a este punto...
—Q-qué punto? —preguntó tratando de recuperar su voz.
—En el que te tengo a ti y a Harry Potter comiendo de mi mano —dijo sonriente acercando su boca a su oído—. Y la mejor parte es que yo también saqué provecho de todo esto... —y la lamió, introduciendo su lengua. Nyna sintió como las fuerzas la abandonan. Algún hechizo de relajación de seguro, pero a pesar de eso seguía sintiendo todo lo que le sucedía: desde la mordida en su lóbulo que profirió un chorro de sangre que se escurrió hasta su cuello, hasta las fuertes garras que le apresaron las muñecas y la arrastraron hasta los grilletes de la mesa ensangrentada.
La tiró sobre la mesa, golpeándole la cabeza una vez más, y la fue esposando de pies y manos. Sintió la espalda humedecérsele por la todavía fresca sangre de la superficie de la tabla. Una vez inmovilizada, el Lord se detuvo a observarla. Como amaba hacer eso. Amaba dejarla en la espera del dolor, en la incertidumbre del trauma, mientras su retorcida mente especulaba sobre la forma en la que aplicaría estos sobre su indefenso cuerpo. Meditó un momento y luego se volteó y fue a uno de los anaqueles que había contra la pared, ambientados bajo la penumbra. Un ruido de metales revolviéndose llenó los oídos de la joven, mientras unas silenciosas lágrimas caían por su mejilla y se mezclaban con la sangre: un manjar que más tarde saborearía el Lord.
El incesante ruido paró. Se volvió hacia ella y pudo ver el filo de una daga en sus finas manos. Voldemort se sacó delicadamente la túnica y la dejó en uno de los percheros del costado del anaquel, dejándolo en una camisa negra que arremangó por los codos. En sus oídos, el silencio se volvió un silbido hasta que su fría voz volvió a llenarlos.
—Que pena —dijo jugando con el puñal entre sus blancas manos y acercándose a la mesa— que él no pueda presenciar este momento con nosotros —y empezó a trazar el recorrido de sus lágrimas sobre su rostro con el cuchillo—. O tal vez... eso se podría arreglar —e inclinó su cabeza para invadir la boca de la joven con su lengua, soltando ésta más sollozos ahogados
Harry permanecía inconsciente sobre la mesa de la enfermería. Pero dentro de aquel atontamiento se despabiló al escuchar a unas voces cuchichear cerca de él. Ya casi por instinto y por experiencia anteriores, se hizo el dormido e intentó escuchar lo que las voces decían.
—No pude hacer nada, Albus —decía la voz de Snape, sin lugar a duda, justo al borde de su cama—. Ella es más poderosa que yo, no iba a poder convencerla de que viniera conmigo.
—Lo sé, Severius —era Dumbledore, debía de estar junto él—. Pero si ella hubiera escapado sabía que tarde o temprano esto sucedería y no iba a poder vivir con ello; fue su decisión.
—Pero debí haber hecho algo —dijo quedamente.
—Pero de haberlo hecho, tal vez también tú estarías con ella ahora. Lo hizo por el bien de todos.
—No lo merecía, era muy joven...
El corazón le dio un vuelco. Las imágenes de lo que había sucedido hasta hacía un par de minutos parecían golpearlo como mil Cruciatus.
—Dónde esta Nyna? —inquirió somnoliento, levantándose de la cama de un envión y causándoles un gran sobresalto a los dos hombres que yacían a los pies de su cama, pero nadie pareció quererle contestar— DÓNDE ESTA! —repitió gritando.
—Tranquilízate, Harry —le dijo su director—, ya no hay nada que podamos hacer... Es muy tarde.
—Muy tarde?—se puso de pie, tambaleando débilmente— Dónde esta?
—Voldemort la tiene —contestó su profesor arrebatadamente.
—Entonces tenemos que encontrarla! —exclamó reprimiendo un gemido, poniéndose frente a su director y profesor, pero estos no movieron músculo alguno.
—Es inútil. No tenemos idea de donde es que está y tal vez ya este...
—No! Ella no esta muerta... sé que no lo esta.
—Perdona, Harry, pero no hay nada que podamos hacer al respecto...
—NO! —bramó con todas sus fuerzas— Usted... ustedes sabían! —acusó despiadadamente, apuntándolos con el dedo—. Sabían lo que sucedía... lo que iba a pasarle a Nyna!
—No todo —dijo Snape saliendo de su silencio sepulcral— Ella me había contado algo... por saber que de mi estado de mortífago, pero no lo suficiente como para ayudarla.
—Pero sabían que ella corría peligro... E igual la dejaron ir!
—Fue su decisión, no pudimos hacer nada —siseó Snape.
—CLARO QUE PODÍAN! —la cólera lo invadía, o era más bien... la impotencia—. Ahora ella... —y unas lágrimas se deslizaron por su mejilla, mientras pateaba con fuerza la pata de la cama— No... no voy a dejar que esto vuelva a suceder... Todavía hay tiempo... Esta viva, lo sé...
—Pero no tenemos modo de encontrarla, Harry. Voldemort se encargó de eso.
No podía creerlo... sencillamente no era posible. La había perdido, para siempre. Esta vez no volvería. Nunca sabría que era lo que en realidad ella sentía por él, y él ya no podría aguantar más su amor por ella. No podía ser verdad, no podía... Empujó su cama hacía un costado, haciéndola golpear contra una mesita llena de pociones medicinales que se rompieron y echaron humo de diferentes colores. Querría gritar, querría desgarrarse la piel, arrancase el corazón para dejar de sentir.
—Qué sucede! —entró gritando Madame Pomfrey, pero Harry seguía destrozando francos y pociones.
—Relaxo! —le gritó Snape, mientras este sentía cada músculo de su cuerpo sucumbir a la inercia y caer al frío suelo de mosaico. Lo levantaron de allí y lo volvieron a depositar en la cama. La enfermera empezó a revolver los restos de los frascos hasta que encontró una cápsula. Se la introdujo en la boca entreabierta, y con un poco de agua, se la hizo tragar. Las tres figuras de alrededor de su cama se fueron nublando hasta quedar en la oscuridad. Se sintió suspendido en la nada, pero su mente seguía tan acelerada como hasta hacía unos segundos, a pesar de que cada vez fuera más difícil hacerlo a causa de la píldora somnífera. Sus oídos se ensordecieron, pero luego lentamente empezó a escuchar algo en el fondo de su mente. Era un sollozo ahogado. Lentamente empezó incrementarse, junto con su visión. Veía a una persona esposada contra una mesa de madera. Una chica, sollozaba. Pronto también pudo oler el ambiente que lo rodeaba. Olía a oxido y encierro. El se encontraba justo sobre aquella chica que seguía sollozando, sin paz, pero su cara seguía siendo borrosa.
...VIOLANCIÓN...
Una de sus manos se apoyó sobre el vientre frío de la joven, y con el cuchillo que llevaba en la otra, cortó y volvió harapos la remera que la cubría, debelándola en ropa interior. Luego, lo deslizó por su rostro y atrapó en el filo unas lágrimas, para después inclinarse y besar sus fríos labios a causa de su desnudez. Besó tiernamente sus labios, mordiendo el inferior, para luego introducir su lengua en su boca, mientras sus manos masajeaban sus pechos. Su mano izquierda fue bajando lentamente por su cintura y se introdujo dentro de los pantalones. Gimió ante la fuerte excitación que empezaba a nacer en su pelvis, mientras esta rozaba contra el cuerpo inmóvil sobre el que estaba. Su mano se escabulló dentro de su ropa interior y empezó a masajearla, mientras trataba de despegarse para respirar de la boca que besaba sin descanso. La chica seguía sollozando, pero esto en vez de perturbarlo, lo excitaba más y más. Incapaz de aguantar más, bajó el pantalón de la chica y su ropa interior, para luego hacer lo mismo con la suya, dejando al descubierto su latente erección. Se volvió a inclina, y se metió de una en su interior, soltando un leve gemido algo ronco. Besó otra vez sus labios, pero esta vez los mordió sin miedo a hacerlos sangrar, y el gusto metálico invadió su boca. El cuerpo que yacía bajo él se retorcía. Volvió a envestirla, y ambos gimieron enérgicamente, aunque en el caso de la joven fue más un aullido. Otra vez volvió a hacerlo, y otra, y otra; el tiempo pareció detenérsele hasta que por fin se vino dentro de ella. Cayó sobre su pecho mientras recuperaba el aliento, recorriéndola con sus manos temblorosos por el éxtasis.
...FIN DE LA VIOLACIÓN...
—De... ten... te... por... fa... vor —gimoteó ahogadamente la joven, todavía entre sollozos.
Esa voz.
La mente de Harry se esforzaba por entender... Esa voz... Se enderezó y bajo él pudo contemplar ahora bien claro a aquella joven: cubierta de sangre por los tajos de su pecho, y con su cara, también manchada de sangre, en un mar de lágrimas enturbiándole los ojos cafés, pudo ver a Nyna. El horror se apoderó de su ser.
"Te gustó?", escuchó una voz fría decir en su cabeza, mientras su mano recorría con una de sus uñas los curcos de las cortadas en el pecho de Nyna. "No lo niegues... Lo disfrutaste casi más que yo... Me alegro de que hayas podido sacarte las ganas con ella, porque dudó de que vuelvas a hacerlo alguna vez", levantó su mano derecha con el puñal cerca del rostro para poder reflejar en su ensangrentado filo unos ojos carmesí, mirándolo diabólicamente. En ese instante su cicatriz empezó a dolerle hasta el punto de pensaba que se podría abrir. "Qué sucede?", preguntó jocosa la voz, haciéndolo contorsionarse más en su lecho. "Te mojaste?", y pudo ver el reflejo de sus afilados dientes crear una amplia y endemoniada sonrisa, que fue acompaña por su risa.
Todo se oscureció.
En sus oídos aquella risa diabólica seguía retumbando, mientras en su nariz el olor a sangre, encierro y óxido no lo abandonaban. Pronto vio un neblinoso directo zarandeándolo, pero sus oídos seguían apagados al alboroto que había a su alrededor, pero no a aquella carcajada que seguía retumbando en cada uno de sus sentidos.
—Hhhhaaaaarrrrrryyyyyy —le escuchó decir como en cámara lenta, al tiempo que volvía en sí y se daba cuenta de que él mismo era el que se estaba riendo, y calló súbitamente. Se quedó petrificado, con la mirada perdida en el rostro de Dumbledore. Luego, unas silenciosas lágrimas empezaron a caer por su rostro, mientras se dejaba caer en el regazo de lo más cercano a un padre había tenido.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
:NoTe DeLLa ScRiTToRa:
Bueno, qué más puedo decir después de semejante capítulo? Que malvada soy...
Gracias a todos por sus reviews y ánimos, y esperen que falta poco para el desenlace.
Grazie per leyere! n.n … y ya saben, dejen reviews
