Este relato esta basado en la novela de JK Rowling, Harry Potter. Desde ahí he partido para integrar a un par de personajes propios y crear esta historia con intención de alimentar mi imaginación y volverme parte, aunque fuese ambigua y perturbadamente, de este fascinante mundo. No busco ningún crédito al escribir esta historia. Cualquier coincidencia con otro fanfiction es pura casualidad puesto que ya no soy consciente de lo que mi mente delira. No me hago responsable de las consecuencias que esta historia pueda llegar a traerles a sus frágiles mentes.

Espero no causarles pesadillas...

He estado intentando empezar a cerrar las cosas porque, justamente eso, es lo que más me cuesta... parece que esta historia no quiere terminar nunca ¬¬. Espero poder lograrlo y así poder por fin descansar mi vena angst... aunque sea por un par de meses. n.n

Desde ya, gracias por leer,

Nyna

LA ALIADA

14

El despertar

—Harry? —preguntó una voz amiga, haciendo resbalar su cabeza de su mano.

—Perdón... qué me decías?

—Qué deberías descansar... Volviste a pasar toda la noche en el hospital, no? —le preguntó Ron sentado junto a él en la mesa de Gryffindor durante la cena.

—Sí, es que... quiero ir ahora porque durante el verano tendré que volver a Privet Drive y no la podré ver.

—Te entendemos, pero estas agotado, tienes que descanar... —dijo Hermione con algo de congoja. El estado de Harry se había deteriorando con el pasar de los días: casi ni comía y no dormía, y siempre se encontraba con la cabeza en otra parte—. Y... cómo esta? —preguntó encogidamente.

—Como... muerta en vida —dijo en voz sombría y ojos neblinosos—. Esta como en trance, en shock... Balbucea cosas... Por lo menos ya no se convulsiona cada vez que la tocan —estas palabras fueron mortificantes. Hubo un momento de silencio antes de que alguno volviera a hablar.

—Saben algo de... lo que le pasó? —preguntó titubeante el pelirrojo.

Harry no quiso volver a recordar las imágenes de aquel sueño... pero lo hizo. La vio nuevamente atada a aquella mesa mientras era violada, la expresión de su rostro, la sangre escurrirse por sus manos, sus inagotables sollozos...

—No —dijo firmemente—, nada, ni como escapó. No encontraron nada en la mansión, era obvio que sabían que irían —explicó casi con el mismo tono monótono con el que se lo habían dicho a él una y otra vez, dejándolos mudos.

No le había dicho a nadie lo que había soñado, era como si él también se hubiera sentido participe en la violación... pero no iba a decir nada, él no había estado ahí, el no había visto nada, él no iba a admitir jamás la excitación que en aquel momento había sentido bajo la piel de Voldemort. No pudiendo aguantar más el silencio que reinaba entre los tres, se levantó de su lugar—. No tengo hambre, nos vemos luego... —y emprendió el trayecto hasta la salida del salón.

Iba mirando el piso por el desolado pasillo, sin prestar atención a nada a su alrededor, ni a los vertiginosos pasos que se acercaban hacia él.

—Potter... —dijo una voz ahogada detrás de él. Se volteó y vio al rubio de cara indefinida mirándolo fijamente— Has... has visto a Nyna?

—Sí... —dijo éste, ambiguo volviendo a mirar el piso.

—Y... está bien? —inquirió en un susurro— C-cómo está?

—Ella... ella está mal —tragó en seco.

—Y se pondrá bien?

—No lo sé...

La mirada de Draco se volvió turbia y abatida, pero antes que el resto de sus emociones emanaran, se dio media vuelta.

—Draco... —dijo haciéndolo detenerse— Sabes algo de...?

—No lo suficiente como para haberla ayudado en su momento —dijo todavía de espaldas a él, para luego partir esta vez con pasos decididos.

Dentro del corazón de Harry se despertó un nuevo sentimiento que nunca había sentido hacia Malfoy: entendimiento. Draco debía de estar sintiendo cercanamente lo que él sentía. Ninguno de los pocos estudiantes que sabían que Nyna estaba en San Mungo entendía la gravedad del hecho de que lo estuviera; además el estado de Nyna era desconocido para todos excepto Dumbledore, algunos miembros de la Orden y Harry. Dumbledore había preferido mantenerlo en secreto ya que no se sabía si habría más mortífagos infiltrados en Hogwarts. Para la mayoría de los alumnos ella se había cambiado de colegio o vuelto a su país.

Harry pasaba casi todas las noches en San Mungo, esperando a que reaccionara, a que lo reconociera. Cada noche, a las ocho, se dirigía al despacho del director, de donde se digeriría al hospital a través de un traslador que ahí guardaban por precaución. Allí Harry permanecía junto a su cama hasta casi el amanecer.

—Nyna... —repetía acariciando su pálida mejilla con la yema de los dedos. La joven miraba el blanco techo de la habitación sin estímulo alguno. Gracias a las pociones por fin sus ataques se habían detenido, pero ahora su estado de conciencia era dudoso. Casi cuatro meses en ese estado. Sus heridas se habían cerrado pero las cicatrices habían quedado, cubriendo cada parte de su blanco cuerpo; intentaron curarlas pero fue inútil. Su largo cabello rubio había sido rapado. En su rostro ya no se descifraba sentir alguno—. Si tan solo... despertaras... Si pudieras demostrarme que sigues conmigo podría volver a respirar sin sentir este dolor de mi pecho... —se acercó y besó levemente sus labios entreabiertos, y pudo verla parpadear y un leve cambio en sus facciones. Ante esto se la quedo viendo un largo rato. Había parpadeado antes pero nunca antes de esa manera, como... como tratando de despertar... No... era imposible, era todo una ilusión de su mente. Su rostro seguía igual de vacío como siempre. Apoyó sus brazos en el costado de la cama, tomando entre sus manos la de Nyna, y dejó descansar su cabeza sobre ellos, tratando de sentir su calor, su aroma, bajo el de las múltiples pociones que ya se habían impregnado en su piel. Sus ojos se fueron lentamente cerrando con la luz del atardecer que entraba de la ventana del cuarto, hasta sumergirlo en dulces sueños en los que Nyna lo abrazaba por detrás y repetía:

"Estoy aquí... "

Una y otra vez, una y mil veces más, cada vez más dolorosas, cada vez más sangrientas, aparecían las imágenes en su mente. Como superpuestas a la realidad se colaban ante sus ojos. Una y una vez veía la muerte, la desesperación y la agonía con la que cada tajo había sido realizado. En sus oídos se escuchaba sollozos y gritos. Sus sueños eran vivir en carne estas imágenes; verse cara a cara con aquellas almas que ahora descansaban bajo tierra; sentir el poder resbalársele de los dedos para aniquilar el alma de otra; ver en todos aquellos ojos el mismo sentimiento: Miedo, momentos antes de que Lord Voldemort terminara con sus vidas...

Sentía la vida pasársele por los ojos, incapaz de reaccionar, de definir en donde se hallaba. Las drogas habían logrado apartarla de ese inframundo, pero no la habían aislado totalmente de él. Por lo menos ya podía sentir su propia piel y reaccionar de vez en cuando, aunque fuera por una fracción de segundo, aunque sus sentidos siguieran entumecidos.

En ese momento sintió algo. Un leve calor sobre sus labios, y vio un reflejo de luz que la hizo parpadear.

Lentes. La luz se había incrementado a través de sus anteojos. Tardó en que las imágenes encajaran en su cordura y pudieran hacerla comprender lo que la rodeaba. Su mente se aclaró. Vio el blanco techo del cuarto y el destello de una luz anaranjada desde su costado. Sintió una brisa sobre su mano izquierda, una respiración. Torció su rostro para ver al durmiente joven de cabellos azabache a su lado.

—Harry... —susurró. Las lágrimas empezaron a caer de sus ojos, sin razón alguna. Intentó recordar... recordar lo ultimo que en su mente quedaba... De repente en sus oídos resonó una melodía, una que recordaba con mucha claridad, y comenzó a tararearla— Nanananaaa nana... nananana nana... —sintió cosquillas en todo su cuerpo, estaba como suspendida en el aire, dando vueltas junto a él. Se abrazaron y ella dejó caer su cabeza sobre su hombro, mientras seguían danzando al compás de la melodía... — Nananananana... nana nana, naaaa nana... I won't go... I won't sleep… I can't breath… until you're resting here with me…

Que bello sueño estaba teniendo. Parecía tan real, era casi como escucharla cantar... escuchar otra vez su voz... Entreabrió sus ojos, esperando a que en cualquier momento el dulce cantar se detuviera, pero no fue así. Los abrió completamente, sin mover otro músculo de su cuerpo, por ese cierto deseo de seguir soñando. Allí estaba. Era ella tarareando, como en un ronroneo... Era ella, no era un sueño...

Lentamente levantó su adormecido rostro y vio sus labios moviéndose al sonar de su voz, en sus ojos un leve brillo, y en sus mejillas uno de sus hoyuelos pronunciados. Miraba nuevamente hacia el cielo raso, pero al notar su mirada, se volteó y detuvo su cantar. Pudo ver que el brillo de sus ojos eran lágrimas, y que dentro de ellos se albergaba una oscuridad que nunca habían tenido antes. Lo miraba sin expresión en su rostro, tranquilamente, recorriéndolo con los ojos. Sintió los ojos inundársele y derramar silenciosas lágrimas.

—Ny-na... —dijo ahogadamente, tratando de palparla con las manos para comprobar que no fuese un sueño. Ella permaneció callada y sin estímulo ante la mano que acariciaba su mejilla cortada, pero pudo ver las repentinas lágrimas que se posaron en sus turbios ojos verdes y se derramaron sobre una de las heridas de su pecho.

—Perdóname... —articuló con labios fríos mirándolo fijo a los ojos, sintiendo volver al inflamundo. Un destello verde se albergó en sus pupilas al recorrer la cicatriz de rayo de la frente de Harry.

Esas imágenes la seguían persiguiendo. Durante su estadía en la conciencia las volvía a ver, tan claras, tan lucidas. Eternamente grabados en sus oídos iban a estar los gritos y lamentos, y aquella diabólica carcajada que cada vez sonaba más y más fuerte, casi como si estuviera a escasos centímetros de ella. Se tapó las orejas con las manos y cerró los ojos con fuerza y empezó a tararear cada vez más alto mientras se sacudía para adelante y para atrás.

—Nyna! —gritó desesperado. La contuvo alrededor de sus brazos susurrándole—Tranquila, estoy aquí... estas a salvo... —sintió como lentamente iba deteniéndose, pero seguía tarareando trastornadamente.

Fue sacando sus manos de los costados de su cabeza para bajarlas hasta la cintura de Harry. Lo abrazó y dejó caer su agotada cabeza sobre su pecho mojado de sudor frío. Respiró hondo y sintió todo irse una vez más. Olió su fragancia, olió su miedo y a la vez su felicidad... Sintió su corazón latir bajo los tiesos músculos de su pecho. Rozó con sus fríos labios su cuello para luego besarlo débilmente una y otra vez, causándole escalofríos, mientras iba subiendo hasta sus labios, pero antes de besarlo en ellos dijo— Nunca me dejes... —y se hundió en su boca derramando las ultimas lágrimas de sus ojos omisos.

Si no te tuviera caería en agonía, mi mundo moriría...

Harry besó sus helados labios con fervor, dejando escapar toda la frustración y el dolor. La besó desesperadamente, como en tantos sueños vio que lo hacía, acariciando su rostro, queriendo que en ese momento el tiempo se detuviera. Sus labios se separaron, albergados con un sentimiento que hacía mucho no sentían. Sus brazos se soltaron perezosamente de su espalda y Nyna cayó nuevamente en su lecho, sin dejar de verlo con ojos nebulosos. Harry se acurrucó a su lado y la tomó de las manos mientras que con su dedo gordo acariciaba tiernamente el dorso de su mano.

—Estas bien? —le preguntó en un susurro con miedo a despertar de aquel sueño.

—Ahora sí... —susurró con el mismo deseo oculto. Se quedaron mirándose, sin hablar, solamente tomados de las manos uno junto al otro. Ambos sabían que de seguro el efecto de la poción se iría pronto, no querrían provocar a que eso pasara más rápido. Se acercó más a ella para poder abrazarla y ambos se quedaron dormidos.

La oscuridad de aquel cementerio era horrenda, el frío se le colaba en los huesos a pesar de la gruesa capa en la que la envolvían. Lentamente se fue acercando a una lápida de mármol que resplandecía a la luz de la luna, viendo, a aproximadamente dos metros de ella, dos siluetas. Sintió detener a su escolta y vio claramente a ambas siluetas en la penumbra y dijo en voz fría y aguda:

Mata al otro...

Avada Kedavra!

—NOOO! —gritó irguiéndose sobre la cama.

—Qué pasa? —preguntó conmocionado el moreno.

—Nada... nada —contestó tratando de respirar—. Fue... una pesadilla... nada más —se escucharon pasos acercarse del otro lado de la puerta.

—Está todo...? Oh, por Merlín! —exclamó la enfermera al ver sentada a Nyna sobre la cama—. Tenía razón! Esa poción era la correcta... Cómo te encuentras? —preguntó algo emocionada pero Nyna permaneció callada mirando hacia la pared como cuando había despertado sin ni siquiera voltear ante la nueva interlocutora, tratando de acomodar las cosas en su cabeza.

—Está bien... pero creo que es mejor que le den más de esa poción —comentó Harry algo atontado por el sueño.

—Voy a llamar al curador primero... —y desapareció tras la puerta. Harry miró a Nyna: Estaba completamente rígida, sentada exactamente como se había despertado. Se incorporó y la abrazó tratando de tranquilizarla. Debía de haber soñado algo relacionado con aquella noche.

—Estas bien, verdad?

—Si... —dijo algo ambigua, haciéndola tranquilizar el sonido de su voz. "Él está bien... esta aquí conmigo...", se dijo. Se destensó y se volvió a acurrucar sobre el lecho al tiempo que Harry hacía lo mismo. Se tocó el rostro con una temblante mano para luego tocar su cuero cabelludo al descubierto—. Y... mi cabello? —preguntó perpleja.

—Te... te lo tuvieron que rapar —explicó lentamente para no sobresaltarla—. Las fuertes pociones que te suministraron causaron que gran parte de él se cayera y optaron por ello... Pero no te preocupes, pueden hacer que te crezca... —decía mientras la chica se recorría la pelada con las manos desesperadamente, para luego colocarlas sobre sus ojos, como ocultando lágrimas futuras.

—No quiero... más pociones de las que ya me dan... —dijo ahogadamente—. Ya... crecerá.

—Para mí sigues igual de hermosa —y acarició su rostro con cariño. Nyna ahora empezó a tocarse el pecho. Estaba lleno de bultos y pozos. Se bajó levemente la camisola y vio el sinfín de tajadas que la recorrían por brazos y pecho. Bajó las sábanas y las vio también en sus piernas. No pudo reprimir los sollozos que surgieron en su garganta.

—Sigues pensando... que soy... hermosa? —preguntó errante respirando con dificultad. Él la tomó del mentón y la besó violentamente, tomándola de las manos.

—Eres lo más hermoso que he visto en mi vida.

—No te merezco... —pronunció entre sollozos—. Merecía haber muerto...

—No, no... no digas eso —la besó—. Tú mereces ser feliz más que nadie —y volvió a besarla.

—Te iba a matar, Harry... —dijo quedamente.

—Pero no lo hiciste.

Nyna empezó a respirar erráticamente y a temblar. Él la abrazó y justo en ese momento entraron la enfermera y el curador.

—Apártate —le dijo cortante el hombre. Harry se levantó, dejando al curador lugar para suministrarle la poción en la boca. Ella se tensó pero rápidamente empezó a tranquilizarse y se quedó dormida—. Te dijo qué le pasó? —le preguntó al ver los ojos ceder finalmente.

—No quise tocar el tema —evadió mordaz.

—Entiendo, pero la próxima vez que este consciente debemos averiguar que fue exactamente lo que le hicieron para encontrar una cura, entendiste?

—Sí, entendí.

El curador tocó la frente de Nyna para comprobar su temperatura, para luego marcharse sin emitir palabra alguna.

Miró a la pálida chica dormida, una vez más, y no pudo evitar el volver a escuchar sus palabras en su mente: "No quiero... más pociones de las que ya me dan..."

No podía imaginarse por lo que estaba pasando... Saturada de emociones y pociones... Se volvió acurrucar a su lado y la abrazó, tan fuerte como pudo, soñando que volvía a escuchar su voz y a ver su sonrisa una vez más...

Casi pudo estudiar para los exámenes de fin de año. Casi pudo dormir. Casi pudo seguir yendo al hospital para visitarla. Casi no aprueba, pero lo hizo; con una nota un poco más baja que la de los años pasados, pero al fin y al cabo aceptable. Solo le quedaba una semana antes de tener que volver a la casa de los Dursley, así que la pasó casi toda en el hospital.

Nyna por su lado no pudo dar los exámenes a causa de su estado, a pesar de que se encontraba mucho mejor. Ya no tenía esas constantes recaídas y se la notaba un poco menos demacrada. Su pelo seguía sin crecer puesto a que le seguían administrando las mismas pociones que causaban su caída. Todavía nadie se había atrevido a preguntarle que le sucedía en verdad, ni ella a contarlo.

Ese día, el último en Hogwarts, los tres jóvenes recorrieron el castillo y sus alrededores para despedirse de ellos. En ocho horas el expreso de Hogwarts lo dejaría en King's Cross, lejos de Hogwarts, de sus amigos, lejos del mundo mágico... Lejos de Nyna.

Odiaba tener que ser tan cortante con sus amigos, pero quería ir a verla. Ellos se ofrecieron a acompañarlo y también a visitarla.

—No tienen que venir... en serio.

—Esta bien, Harry —le dijo Ron —, queremos acompañarte.

—En serio, —agregó su amiga— nunca tuvimos la oportunidad de conocerla... y creo que deberíamos hacerlo.

—Gracias chicos —dijo sonriendo para luego abrazarlos.

En su cuarto la pudieron encontrar sentada imperturbablemente en la cama, desayunando.

—Hola Nynita —dijo el moreno sonriente dejando pasar a sus amigos detrás de él —, te traje visitas.

—Ya veo, hola —dijo con cara indefinida.

—Ho-la —contestó el pelirrojo con un cierto escalofrío ante su mirada.

—Hola, Nyna —respondió la castaña algo tiesa también.

—No te importa que los haya traído, verdad? —preguntó Harry.

—No —siseó negando con la cabeza mientras untaba mermelada en una tostada con mano algo torpe.

—Quieres que te ayude? —le preguntó el pelirrojo amablemente.

—No, esta bien —contestó sonriendo levemente—. Ya que no pudo usar magia por el momento quiero aprender... He olvidado la sencillez de las cosas —agregó algo cabizbaja.

Harry se sentó a los pies de su cama mientras que ambos chicos permanecían parados ante la ausencia de sillas en el cuarto.

—Herm, has aparecer un par de sillas... —propuso Ron.

—No puedo, tonto —le dijo la chica apoyada contra la pared, obviando que ya lo había pensado—. En esta ala del hospital está prohibido hacer magia...

—Así es, —corroboró la joven calva— nada de nada... —y tomó un sorbo de su café.

—Oh... ya veo —dijo sentándose en el piso.

Todos se quedaron callado, mientras contemplaban a la joven engullir las tostadas calmadamente, como si estuviera ya acostumbrada a ser observada. Tomó otro sorbo y volvió a morder la tostada. Trago y preguntó:

—Cómo les fue en sus exámenes?

—Muy bien —contestó la castaña mientras que ambos chicos decían al unísono:

—Bien.

—Que raro... —dijo embozando una sonrisa antes de volver a tomar un sorbo de su taza— Que lastima que no los pude dar...

—Dumbledore dijo que podías darlos el año entrante... —le contestó Hermione, tratando de sacar tema antes de que el silencio del cuarto volviera—... así que no debes preocuparte...

—Los daré este año—contestó firme causando un par de miradas pasmadas.

—Antes de que empecemos? —preguntó sacando los ojos el pelirrojo con solo imaginarse tal disparate.

—Aham —afirmó totalmente convencida.

—Y... cómo piensas hacer? —le preguntó Harry suspicaz.

—Cuando me mejore lo haré —contestó simplemente y volvió a morder su tostada.

El silencio volvió a inundar el cuarto, mientras lo único que se escuchaba eran los sorbidos y crujidos del pan.

—Y alguien preguntó por mí en el colegio? —inquirió una vez terminado de comer.

—Algunos... pero todos creen que te mudaste o algo... —dijo el pelirrojo titubeante ante los lúgubres ojos de la chica que se clavaron en él.

—Draco sabe —dijo Harry casi sin pensar, causando que las miradas de sus dos amigos se posaran en él.

—No me extraña... aunque creo que le gustaría poder venir a visitarme... —comentó la chica distante—. Y hoy... es el último día, verdad?

—Sí... —dijo el moreno, estirándose para tomarla de la mano— pero voy a ver que hago para poder venir —y sonrió haciendo que el rostro inmutable de la chica también lo hiciera.

—No creo, pero igual gracias... —y le apretó la mano—. Harry, necesito hablar con vos... a solas.

Los tres jóvenes intercambiaron miradas.

—Esta bien, no hay problema, Nyna —dijo Hermione—. Vamos, Ron —y el chico se levantó precipitadamente.

—Gracias por la visita... nos vemos —dijo Nyna algo espeluznante.

—D-de nada —contestó Ron—. Te esperamos afuera, Harry.

—De acuerdo —dijo éste mientras la puerta se cerraba dejándolos a él y a Nyna solos.

—Harry... —comenzó en voz queda— nunca hablamos...

—Si siempre hablamos —siseó acariciando el dorso de su mano.

—Pero nunca de lo que me pasó... —dijo deteniendo su mimar.

—Pensé que... preferías no hablar de ello... —y soltó su mano. Otra vez sentía aquel temor de tocarla.

—Pero no cuando tu también lo sientes en tu interior... Lo viste, verdad? —clavó sus sombrías orbes en sus esmeraldas—. Puedo verlo en tus ojos... Pude verlo en sus ojos... —y acercó su mano para tocarlo, pero él se apartó.

—No me toques... por favor... —susurró volteando la mirada.

—Te doy... repulsión, verdad?

—No —y se volteó para ver las lágrimas silenciosas que se resbalaban por su rostro—. Claro que no... es que... yo...

—No quieres... saber cual es la causa de mis pesadillas? De mis ataques? —preguntó ambigua— No te preguntas el significado de cada una de estas marcas? —y trazó con una de sus uñas una cicatriz de su brazo.

Harry tomó su mano deteniendo ese movimiento, pero fue incapaz de contestar. Claro que quería saberlo, aunque también temía a hacerlo. Sin duda Voldemort le había hecho algo peor que violarla aquella noche, y no era un presentimiento, lo sabía, lo sentía.

—Tienes miedo de preguntar... Te entiendo. Yo tampoco me creo segura de querer saber lo que sé. Que contradictorio, verdad?... Ésta —dijo volviendo a tocar la cicatriz que hasta hacía unos segundos había recorrido. Se quedó callada un momento, con los ojos cerrados, para luego continuar—... es de aquella noche en el cementerio... detrás de aquella lápida... cuando el corazón de Cedric Diggory dejó de latir.

El silencio pareció pesar más que todos los pesares que había agobiado su mente en todo ese tiempo.

—Q-qué... dijiste? —inquirió casi tartamudeante.

—Y ésta —dijo señalándose ahora una del pecho— es de Dorcas Meadowes... su destino solo fue uno de entre tantos otros de esa patética Orden del Fénix... Y ésta---

—Detente —siseo casi sin aire, perturbado, mirándola con ojos desorbitados—. Ya no sigas...

—Y a que no adivinas a quienes pertenece ésta? —preguntó sombría y fría, tan fría... Bajó su mano hasta la cicatriz en forma de rayo sobre su pecho izquierdo, y la acarició y recorrió con sus uñas a ras de la piel de sus dedos—. Te acordas, Harry? Te acordas de esa noche?

—BATAS! —gritó a punto de estallar.

Hubo un silencio sepulcral que se extendía un par de minutos hasta que la tenue voz de Nyna, ahora más cálida, volvió a surgir.

—A veces... —susurró— te amo tanto que duele mil veces más que todas estas cicatrices... —hincó sus brazos alrededor de sus piernas y ocultó su rostro entre ellas. Los leves sollozos inundaron los oídos de Harry, que permanecía mirando la ventana, temeroso de lo que podría encontrar si volvía a mirar a los ojos a Nyna. Finalmente se volteó y la pudo ver hecha un ovillo, mientras que el llanto ahogada sus gimoteos. Se acercó y la abrazó.

—Es mi culpa... esto es todo culpa mía... —murmuraba quedamente, mientras la chica levantaba sus ojos carmesí cubierto de lágrimas.

—Y mía... Debía haberme dejado matar antes de que me volviera... lo que sea que soy ahora...

—No, no digas eso...

—Pero no es tu culpa —dijo tomándolo dulcemente con ambas manos del rostro, estremeciéndolo con su frialdad—. No te culpes por lo que me pasó, por lo que le pasó a mi padre, por lo que le pasó a Cedric... o a nadie. Nosotros no podemos cambiar lo que sucede en nuestras vidas sólo lo que nosotros hacemos, y vos hiciste todo lo que pudiste por ayudarme...

—¡No! —gritó apartando sus manos— No fue así... dejé que te llevara... dejé que te--

—ÉL fue —objetó con fuerza—, vos no fuiste...

—PERO YO NO LO SENTÍ ASÍ! —exclamó trastornado. Había guardado tanto ese dolor en su pecho que lo había carcomido por dentro—. Yo debía... debí haber hecho algo...

Ella no dijo nada, simplemente se le quedó observando, clavando su mirada en lo profundo de su alma para descubrir y sentir su dolor. Acercó suavemente su mano hasta su rígido rostro y lo ablandó bajo su tacto.

—Siempre te crees el culpable del dolor de todos los que te rodean empezando por vos mismo? —indagó en tono sombrío.

—Yo sé que si aquella noche hubiera muerto nada de esto hubiera sucedido... Ni a ti, ni a Sirius, ni a nadie... —murmuró apartando la mirada.

—Sabes que si te pasa algo a vos yo me muero? —en ese momento volvió su rostro para ver las nacientes lágrimas en sus rojizos ojos— Si es que todavía estoy aquí es por vos, porque sabía que te culparías como lo estas haciendo ahora mismo. Nosotros construimos nuestro futuro, Harry, pero no podemos alterar su dirección, nuestro designio. No importa cuanto te culpes, o a él inclusive, nada iba a cambiar mi designio...

—No hables así, por favor —siseó con congoja—, no hables como si te hubieras merecido lo que te pasó...

—Eso ya no importa, Harry. No importa si lo merecía o no, ya sucedió.

En ese momento la puerta de la habitación se abrió.

—Es hora de su medicina, señorita Garcia —le dijo el sanador cargando un frasco con un viciado líquido.

—Puede dejarme despedir... Solo serán cinco minutos —suplicó Nyna.

—Mmm, de acuerdo. Pero solo cinco minutos, Nyna —dijo el hombre cerrando la puerta detrás de él.

—A veces siento como si me estuvieran confundiendo con alguien más cuando me llaman por mi nombre... Como si aquella persona que creen que soy ya no existiera... —murmuró Nyna por lo bajo en una triste sonrisa.

Harry se acercó más a ella, para que su cabeza pudiera descansar contra su pecho. Sintió su respiración acariciarle la piel; sintió las cicatrices debajo del pijama mientras acariciaba su espalda; sintió como el alma se le partía ante aquella despedida... sintió miedo de no volver a verla.

—Te amo —susurró Harry bajando su cabeza. Nyna comenzó a sollozar sin parar mientras se aferraba con fuerza a sus prendas.

Permanecieron así mas o menos esos minúsculos cinco minutos, hasta que el sanador regresó.

—Creo... que debo ir yéndome... —le dijo Harry algo aturdido todavía, mientras se volvía a sentar en su lecho, limpiando el rastro que las lágrimas dejaron en su rostro—. Nos veremos muy pronto y haré lo posible por venir durante el verano...

—Lo sé —contestó dulcemente.

—No quiero que te preocupes por mí, preocúpate por mejorarte pronto... —Nyna se acercó y ahogó su discurso en un cálido abrazo, como queriendo que nunca se volviera a apartar de ella. Acarició su espalda suavemente y besó su cuello para luego besar sus labios.

—Igualmente, amor —susurró a su oído—. Pensaré en vos cada día hasta volver a verte.

—Sabes que yo también...

—Te amo.

Finalmente Harry se apartó de ella, pero no sin antes declararle una última mirada desde el umbral de la puerta, hasta que el sanador se acercó y la cerró. Harry desapareció en el iluminado corredor con dirección a la recepción en donde lo esperaban sus amigos. El Expreso de Hogwarts saldría en menos de tres horas...

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:NoTe DeLLa ScRiTToRa:

Música: Dido – Here with me, y también es la del capítulo 2; es que me olvidé de ponerlo, pero espero que se hayan dado cuenta que era la misma. P

Este cap va dedicado a todos a los que siempre se los dedico; te kiero mi Damita! n.n

Ya falta poco! Pronto por fin podré dormir en paz! V.V, necesito terminar con esto antes de terminar el colegio che!

Gracias a todos mis lectores por sus reviews y por haber elegido mi historia. Bueh, ya saben, dejen más reviews! P

Grazie per leyere! n.n … y nos veremos cuando nuestros designios se vuelvan a cruzar...

Nyna