Capítulo 3. – No es de tu incumbencia

La voz detrás de Harry le resultaba muy familiar, pero a la vez tan distante...No podía recordar de quién era...

-No voltees – le ordenó la voz. – Permanece así mientras te explico lo que necesitas saber, Potter.

Harry cerró los ojos y apretón la mandíbula, pensativo. No se le ocurría que clase de persona podría estar en Privet Drive con una varita mágica, que él conociera.

-Yo le eché el maleficio a tu primo para que dijera la verdad a todo lo que le preguntaras. Tu sabes que no puedes realizar conjuros frente a estos muggles, te podrían haber expulsado. – Harry miró a los Dursley, que lo miraban con cara de querer matarlo. En ese momento la voz añadió: - Aún así, el chico no les ha mentido: existe un conjuro para que el que lo recibe diga la verdad, y efectivamente este niño – señaló a Dudley – ha dicho la verdad todo el tiempo. Es solo que Potter no ha hecho el conjuro correcto.

Harry seguía devanándose los sesos, intentando en vano averiguar quién era el que hablaba. Aún así no podía voltear: la voz se lo había prohibido y sentía la punta de una varita clavándose justo en su nuca.

-Ya que no puedo voltear...¿Puede decirme que hace aquí? – preguntó Harry incómodamente. Estaba decidido a hacer que el intruso confesara su identidad.

-He venido por asuntos importantes Potter, muy pocos de los cuales entenderías y ninguno de los cuales te incumben. – le dijo la voz, que era muy fría y cargada de odio.

Harry se detuvo en ese instante.Ya había odio eso antes, hacia muy poco. Y esa voz...

-Antes de que digas algo mas, Potter, déjame decirte que tu primo ha sido muy útil para obtener la información que yo necesitaba.

-¿Y cuál era esa información? – cuestionó Harry de mal modo.

-Cuida ese tono, mocoso, a mi no me hablaras de ese modo. Como ya te he dicho, lo que yo haga o deje de hacer no te incumbe en lo más mínimo, dejemos el interrogatorio sobre mi, si no te molesta.

-Claro, solo algo mas...¿Qué le ha pasado a mi primo? ¡Solo mírelo! Esta como...¡estúpido! – dijo Harry, intentando en vano encontrar una palabra para definir el nuevo estado de su primo.

-Él mismo ya te ha dicho que ha estado bebiendo. – le respondió secamente la voz.

-Pero ¿Qué ha bebido? Siempre bebe en exceso pero jamás ha estado así...¿Qué bebió esta vez?

-Oh, solo tres copas de Whisky de Fuego – contestó la voz irónicamente, como si lo que Dudley se había bebido fueran solo tres cucharadas de jugo de naranja. – Con Veritaserum. – agregó.

Esto último confesó todas las sospechas de Harry sobre quien podía ser la misteriosa voz.

-¡Usted! ¿Qué está haciendo aquí? – le preguntó.

-¡Ya te lo he dicho mil veces, Potter! – gritó Snape, furioso. – ¡A ti no te incumbe lo que yo haga!

-Me incumbe si usted le hace daño a mi primo. No se lo permitiré por ningún motivo. - Buscó la varita en sus bolsillos, pero en el momento en que iba a darse vuelta sintió que la varita de Snape se le clavaba con mas fuerza en la nuca.

-No seas necio, Potter. Enfrentarte conmigo solo provocaría que salgas herido. Solo cállate y escucha.

Cállate y escucha...Eso no era lo que Harry tenía en mente precisamente. Tomó la varita con toda la seguridad de la que era capaz, se dio vuelta rápidamente separándose de Snape, y exclamó Expelliarmus! al tiempo que Snape exclamaba Protego!. De la varita de Harry salió un chorro de luz roja, pero al llegar cerca de Snape rebotó en el escudo mágico que éste había invocado, y se dirigió a Harry. Le dio de lleno en el pecho, y lo expulsó hacia atrás, mientras su cara expresaba total desconcierto. Harry caía, caía y caía...Formando un perfecto semicírculo, cayó, y en su caída atravesó un arco del cual colgaba un viejo y raído velo negro. Un grito de ¡Sirius! resonó distante, al tiempo que Harry Potter caía de su cama en la habitación donde se había quedado dormido mirando al techo con la mirada perdida.