Mordidas

-II-

Fue casualmente Rinalí quién, unos cuantos capítulos más adelante si nos situamos en el manga, volvió a notar el llanto del gólem. Estaban viajando a China, en tren, y Timcampy desistió de golpearse contra la puerta del compartimiento para acurrucarse en su regazo y sollozar quedamente.

La joven, que poseía un grado de inteligencia que dejaba muy atrás a Kanda, algo más adelante a Rabi y sólo un escalón más abajo a Allen, llegó a la misma conclusión que su más querido amigo de pelo blanco: Dedujo que el gólem amarillo estaba triste...Pero por motivos que conciernen al corazón y no a ningún virus que pudiera haber alterado su sistema inmunológico.

-Oh,Timmy, por favor , dime qué te pasa.-Susurró con una sonrisa tierna, mientras le acariciaba la zona entre las alas.

El mordedor gimió y comenzó a dar pequeños saltos sobre los muslos de Rinalí, llegando hasta el techo del vagón y rebotando desde la ventana que daba al paisaje hasta la enfrentada a esta misma, golpeando el vidrio que daba al pasillo en el que Allen enseñaba a Rabi, cómo abrir la cerradura de un Ford T, usando ingenio y un bolígrafo algo mascado. La joven les había pedido con anterioridad , muy cortésmente por cierto, que si iban a dedicarse a asuntos tan poco cristianos, no fuese delante de sus ojos, porque se vería obligada a incluir lo que viera en el próximo informe de la misión, el cual daría a parar a las manos de su hermano mayor, Komui Lee, a quien no le resultaría demasiado agradable averiguar que los Exorcistas dedican parte de su tiempo a hacer la reputación de la Religión Oscura, cada vez menos honorable. Para evitarlo, se verían restringidos de cierto indulto que poseían para cometer sus respectivos vicios , tachados como pecados más recurrentes: En Rabi, una montaña de revistas pornográficas, acumuladas dentro de su armario; en Allen...Gula. Una idéntica montaña de comida en cada ingesta diaria. La perspectiva de una dieta rigurosa, donde las Playboy y la triple ración de postre estuvieran vedadas, les había permitido sentirse cómodos en el pasillo , sentados el uno frente al otro en la alfombra roja.

El primero en enterarse , como siempre, fue Rabi. ¿De qué , exactamente? No, no de los sentimientos del gólem. Nos referimos al hecho de que el oficio de psicóloga le sentaba demasiado bien a la joven Lee, dedicada actualmente a escuchar los dilemas amorosos de Timcampy , acariciándolo y besándolo mientras el mismo relataba en código morse contra sus pechos, sus aventuras y desventuras para con…

-¿El Gólem de Kanda?-Leyó en voz alta Rinalí, algo sorprendida.

Timcampy secó su nariz con un pañuelo de seda que la niña china le ofreció, presurosa por las copiosas lágrimas, mientras decía que sí con más cabezazos.


N/A: Ésto tiene la intención de ser continuado. Los reviews me alientan. ;) Tim rulea.