Mordidas IV

La última vez que narramos las peripecias de nuestros héroes, Timcampy estaba demasiado cerca de Rinalí, al menos criterio del joven chino torturado por su maestro, de lo cual a penas se percataba nuestro albino protagonista. Para horror, desde luego.

Allen Walker no salía de su estupor por ello. Cuando llegó la hora de ir a dormir, sus ojos se mantuvieron abiertos como platos, apuntando hacia Rinalí sin ninguna discreción, mientras que sus manos movían los dedos a la manera de las cucarachitas a medio morir por el insecticida. De todos modos, ella no se daba cuenta, ocupada como estaba en satisfacer a su nuevo objeto de cariño. Su casi-novia había pasado toda el día, la tarde y gran parte de la noche, pendiente de las necesidades afectivas de su gólem.

-Abre, Timy.- Dijo en más de una ocasión, para llevar a la boca dentada del mordedor, una uva, una cucharada de sopa, un trozo de pastel de queso. Ahora, con el mismo tono de voz que usaba con Allen cuando lo trataba tras un accidente, le decía:

-Buenas noches, amigo mío.-Y le dio un beso en lo que vendría a ser la mejilla. Un beso. ¡Un beso! El corazón del más joven Exorcista se heló de pronto, para luego llenarse de un aura negra, venenosa. ¡Un beso¡A su gólem! Rinalí jamás lo había besado a él… ¿Pero a su gólem sí¿Qué clase de Dios permite algo así? Allen se sintió a todas luces, ultrajado.

Creyó que esa situación no podía empeorar…Hasta que vió a Rinalí buscar entre su ropa de dormir, con el gólem amarillo reptando en la muñeca. Había algo muy lascivo en el brillo de sus ojitos dorados, dirigidos indudablemente al escote, diminuto pero existente, de la prenda. Sólo Allen, que conocía a Timcampy desde hacía tanto, lo notaba, a su parecer.

-¿Seguro que no te importa si duerme conmigo hoy?-Le preguntó la chica, ya ataviada con su camisón blanco, acomodada en la cama recién armada, del compartimiento. Por cierto, cuando se cambió de ropa, Allen y Rabi esperaron afuera, pero el gólem se quedó adentro. Sepa Dios haciendo qué. ¿Rinalí no podía cambiarse sola? Allen temblaba de rabia.

-No hay… Ningún… Problema.-Declaró sin aire, entrecortadamente, apretando los puños en su frazada.

-Gracias. ¿Lo ves, Timmy? Él dice que todo está bien.-Le canturreó al redondel amarillo, con una amplia sonrisa. El gólem saltó hacia el hombro de Rinalí, y cuando ella subió la sábana, se metió adentro y se perdió allí como si nada, Allen lo contempló con la boca abierta y los ojos llorosos. Una vez que apagaron las luces, le preguntó al fin, con suavidad a Rabi:

-¿Cómo es eso de que los gólems pueden juntarse con humanos?¿Es posible?-Tuvo que hacer un esfuerzo para no arrojarse a los pies de su cama para rogarle una respuesta, de preferencia negativa.

El heredero del clan Bookman, le miró algo extrañado. Luego parpadeó varias veces, meditativo , antes de chasquear los dedos y meter las manos en las revueltas cobijas retorcidas sobre su vientre.


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