Capítulo 7. – Indeciso y Confundido
Así, las cosas transcurrieron en una paz y armonía totales. Los Dursley y Harry convivían como nunca antes, y se llevaban muy bien.
A las 12 del mediodía, tía Petunia sirvió un almuerzo compuesto por muchas cosas que le gustaban a Harry, y que jamás comía en Privet Drive. Como es de esperar en un caso como éste, Harry estaba radiante de felicidad. Comió su almuerzo charlando animadamente con su familia, sin prestar atención a las constantes miradas nerviosas de tía Petunia hacia el reloj de pared de la cocina. En cuatro horas llegarían Hermione y sus padres. Por un lado, quería que esto sucediera, pero por otro lado...Justo en ese momento en que Harry tenía un verdadero hogar con una verdadera familia donde parecían quererlo...Volver a irse le parecía algo muy triste. Ya tendría tiempo de ir a Hogwarts, todo un año...Y en cuanto a la Madriguera...
Y en ese momento se le ocurrió. Los Dursley lo querían, al parecer, tanto como a Dudley. ¿Era posible que no aceptaran la beca para ninguno de los dos? Tal vez las malas condiciones del internado hubieran sido lo correcto para Harry mientras lo odiaban, pero ahora...¿aceptarían enviar a Harry a un lugar donde no lo tratarían bien o no habría cuidados suficientes (según Hermione y sus padres dirían)? Eso no estaba tan mal...Después de todo, los Dursley podrían llevarlo a King's Cross el 1º de Septiembre y el podría quedarse en Little Whinging hasta esa fecha...Y entonces recapacitó, y entendió que no podía abandonar a sus amigos. Hermione se presentaría con sus padres para llevarlos a La Madriguera...Y Ron los esperaba a ambos...Y la señora Weasley pensaría que las cosas estaban mal...Entonces abandonó todo deseo de quedarse en Privet Drive, pensando que no sabía cuanto duraría la amabilidad de los Dursley, y decidido a disfrutarla el tiempo que le quedaba.
Así fue como Harry y los Dursley fueron por un helado, pasearon por el parque bromeando alegremente, vieron televisión en la sala todos juntos (Harry solía ser excluido en el noventa y nueve por ciento de los casos de esta actividad) y comieron una deliciosa tarta de melaza hecha por Petunia, que Harry siempre comía en Hogwarts, aunque no lo comentó. A las tres y media, la familia se encontraba en la sala conversando sobre un programa de televisión que acababan de ver. En ese momento, tía Petunia hizo una de sus miradas rápidas al reloj de la cocina, y al ver la hora, sobresaltada, dijo:
-¡Miren la hora! ¡Vamos a cambiarnos! – y acto seguido los tres Dursley se levantaron rápidamente (Dudley algo desanimado) y subieron la escalera. Como Harry ya se había cambiado por la mañana con su ropa especial, se quedó donde estaba.
-¡Te preparé unos bollos para que comas, Harry! – le exclamó tía Petunia a éste desde su habitación. – Hay una bandeja para ti y una para Dudley. Sé amable y no comas el pastel de crema y fresas que hay sobre la heladera, ya que es para el té que ofreceremos a nuestros visitantes...
Harry se levantó lentamente de su sitio, fue a la cocina, y tomó un bollo de una de las bandejas que había arriba de la mesa. Volvió a su sillón, y se quedó mirando televisión.
Diez minutos más tarde, los cuatro Dursley bajaron a la sala otra vez. Harry los observó, echándoles cumplidos a los tres por sus soberbias vestiduras . Tía Petunia llevaba un vestido color Lila muy claro, una especie de lavanda que le quedaba muy bien. Tío Vernon llevaba, al igual que Dudley, un esmoquin, aunque ninguno de los dos eran tan arreglados como los que habían usado para la cena con los Mason hacía cuatro veranos. Aún así, sus trajes eran muy elegantes y formales. Al parecer querían demostrar lo educados y correctos que eran.
Tía Petunia se fue a la cocina, donde comenzó a preparar las cosas para el té. Dudley se paró junto a la puerta, dispuesto a pedir sus abrigos a los señores Granger (cuyo apellido en realidad no sabían los Dursley) y colgarlos en el perchero tras él. Tío Vernon acomodaba los sillones en torno a la pequeña mesa ratona, para que cuando los visitantes llegaran pudieran sentarse a conversar cómodamente bebiendo el té.
Harry, sentado en el mismo sillón todo el tiempo, pensaba. Haría lo que fuera para impedir que los Dursley dieran la beca a Dudley. Luego pensó que era lo que podría hacer, ya que era infinitamente mucho mas probable que los Dursley le permitieran la beca a su hijo antes que a Harry.
Eran las cuatro menos siete, y Harry se devanaba los sesos buscando una solución. « Faltan siete minutos y no sé que hacer » se decía a si mismo. Seis minutos :« ¿Qué puedo hacer, por dios? ». Cinco minutos: « Alguien ayúdeme, ¡por favor! ». Cuatro minutos...Tres...Dos: « ¡Hermione ayúdame por favor! » pensó desesperado. Y cuando faltaba un minuto, recordó que su amiga no le había fallado nunca, y sus planes tampoco lo habían hecho.
Cuatro en punto.
¡Todos listos! – exclamó tío Vernon. El sonido de un coche al estacionar frente a la casa, el de cuatro puertas que se abrían y luego se cerraban, y los pasos de tres personas por el jardín delantero, se oyeron en la sala de los Dursley con un silencio tenso y expectante.
Tocaron la puerta, y tío Vernon abrió.
