Capítulo 4: "Sintiendo la soledad"
La tarde era algo fría cuando llegó a su casa. El viento soplaba fuertemente y las flores que se encontraban en el árbol sagrado volaron cayendo sobre ella.
Sus ojos se dirigieron al cielo buscando una razón para aquello que le había pasado. Todo era perfecto hasta aquel momento. Inuyasha le había dado su primer beso y por primera vez pudo sentir sus sentimientos verdaderos. Pero... todo aquel hermoso sueño duró tan solo unos instantes. ¿Por qué? ¿Quién podría haber sido capaz de hacer semejante cosa?. Además su padre jamás había hecho ningún mal. Sus ojos volvieron a llenarse de lágrimas y por fin caminó hasta su casa.
- Ya llegué- Susurró sin mucho ánimo de que alguien la escuchara o saliera a recibirla.
- Hermana!- Souta salió contento a su encuentro.
- Kagome, hija! ¿Cómo estás?- Su madre se detuvo y vio la cara que llevaba la chica y cambió su sonrisa por unos ojos de preocupación- Kagome, ¿estás bien? ¿Qué te sucedió?-
Su hermano se dio cuenta que su madre había notado algo en su hermana y él también la miró. Recién ahí se dio cuenta que su cara era terrible.
- ¿Acaso peleaste con Inuyasha?- Preguntó el pequeño con curiosidad.
Kagome dudó un momento. No podía decirles que había encontrado a su padre... ¿qué les diría? Souta encontré a papá, el que nunca conociste, mamá, encontré a tu esposo, pero lamentablemente cuando lo dejé solo en la cabaña en la que estábamos vino alguien y lo mató. No, no podía decirles nada de eso, lo mejor sería guardarlo como un secreto y un hermoso y dulce recuerdo.
- Em... solo estoy cansada, pasamos la noche viajando y aunque Inuyasha me llevó en su espalda, no pude dormir muy bien, es todo... me voy a descansar- Mintió mientras que subía las escaleras.
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Se arrojó sobre su cama agotada pensando en todo lo que había pasado. Tomó con sus manos un tanto temblorosas la perla de Shikon y la observó con detenimiento, por un momento pudo ver un pequeño destello negro mezclado entre todo el color púrpura.
Sus ojos se abrieron enormemente y parpadeó repetidas veces para observar con más detenimiento. Ahora podía comprobar que lo que le había dicho la anciana Kaede era verdad.
- Tus sentimientos y corazón están conectados con la perla de Shikon, eres como mi hermana Kikyo, cuando tu corazón es perturbado, o tiene alguna clase de sufrimiento, odio o algún otro sentimiento impuro, la perla se llena de oscuridad, pero mientras tu corazón y sentimientos se mantengan puros y sanos, la perla se mantendrá purificada y en perfecta conexión contigo- Comentó mientras que les servía la comida a ella e Inuyasha.
Cerró sus ojos y trató de pensar en otra cosa. En ese momento la imagen de Inuyasha se vino a su mente. Recordó con una media sonrisa en su rostro como se habían besado y lo bien que se había sentido en ese momento. La perla volvió a tomar un color púrpura perfecto al sentir la alegría del corazón de su protectora.
- Inuyasha... - Susurró mientras que cerraba los ojos y se dormía profundamente.
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Inuyasha se mantenía sentado al lado del pozo. Se sentía inquieto y un extraño sentimiento se formaba en su estómago en una especie de nudo que subía y que bajaba.
Se mantenía con los ojos cerrados pero con sus sentidos atentos ante cualquier movimiento que pudiera haber alrededor de él.
- Al enterarse que fue Naraku quien mató a su padre, el corazón de Kagome se llenará de odio y deseos de venganza y así la perla que ella mantiene pura hasta ahora, se ensuciará una vez más... y Naraku logrará su cometido-
Las palabras de la anciana Kaede volvieron a su mente. ¿Qué podría hacer? Era demasiado arriesgado y peligroso decirle a Kagome quién mató a su papá, pero ella... merece saber quién fue, además... Kagome... sería incapaz de sentir deseos de matar, pero tal vez, si odio...
- No importa de donde lo veamos... Naraku lleva la ventaja, él planeó fríamente cada paso en su plan, no podemos hacer nada más que esperar... y apoyar a la srta. Kagome-
Miroku tenía razón, Naraku había planeado todo desde un principio. Maldito!. Debía haber una manera de hacer que Kagome se entere pero sin herir sus sentimientos.
La mente de Inuyasha se debatía entre muchas opciones, pero no sabía que hacer.
- Kagome... ¿qué voy a hacer contigo?- Musitó en un leve suspiro.
Continuará...
