Capítulo 8: "Despertando a la oscuridad"
La tarde ya se hacía presente en el Sengoku. El sol comenzaba a ocultarse, los matices rojos y anaranjados anunciaban que pronto un manto oscuro y estrellado caería sobre el ancho cielo. El viento soplaba suave llevándose consigo varios pétalos de cerezo y algunas hojas de árboles entre ellas. El sonido de los pájaros que ya comenzaban su vuelo hacía sus refugios se escuchaban a lo lejos, mientras que también se escuchaban los sonidos de pequeños animales que recibían con alegría la nueva noche.
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Los sonidos comenzaron a colarse dentro de la cabaña causando que el joven hanyou abriera sus ojos. Parpadeó un par de veces y solo se limitó a mirar preocupado a la joven que llevaba en brazos. Sus largos cabellos azabaches caían desordenadamente por su cuerpo, su rostro llevaba el color de piel que tanto la caracterizaba, aunque sus ojos seguían cerrados, por lo que pensó que no despertaría esa noche. Se entristeció un poco, pero luego, una sonrisa de felicidad se dibujó en sus labios. Ella había despertado en una ocasión, y había podido hablar con ella, hasta se había atrevido a decirle que la amaba y ella le respondió contenta esa declaración. La recostó suavemente y la tapó con su haori, que se podría decir que era pertenencia de ella, ya que él no se lo había sacado en ningún momento. Salió de la cabaña buscando un poco de aire fresco.
- ¡¡Inuyasha!!-
Un grito lo hizo salir de sus pensamientos. Dirgió su vista hacia aquella persona y vio como un pequeño niño de cabellos rojizos y ojos esmeralda agitaba sus manos haciéndole señas.
- Shippo... - Susurró mientras que se acercaba a él y a las dos personas que lo acompañaban.
- ¿Y?... ¿cómo está?- Preguntó la chica de cabellos castaños observándolo inquieta.
- Bien... ¡¡no te preocupes tanto Sango!!- Contestó Inuyasha estirando sus brazos.
- No, enserio Inuyasha... dinos como se encuentra la srta. Kagome- Ordenó un joven de cabellos negros y coleta.
- ¡Ay, Miroku!... ya dije que se encuentra bien... despertó esta tarde, pero se veía un tanto cansada, por lo que le dije que fuera a dormir... - Respondió un poco malhumorado.
- Bueno... a nosotros también nos preocupa Kagome ¿eh?... - Reprochó la joven exterminadora.
- ¡¡Sango tiene razón!! Que tú estés enamorado de ella no te da derechos de reservarte todo para a ti solo!!- Gritó el pequeño zorrito. Al instante tapó su cabeza viendo venir el golpe del hanyou, pero nada llegó. Lo observó confundido y luego a Sango y Miroku.
- ¡¡Deja de decir tontería Shippo!!-
Inuyasha se sentó junto con sus amigos. Sango y Miroku que lo observaron intrigados ante el silencio de su acompañante. Este estaba sin decir nada y esto ponía nerviosos a sus amigos.
- ¿Crees que despertará pronto?- Preguntó Shippo.
- Tal vez... - Contestó Inuyasha molesto.
De pronto las cortinas de la cabaña se abrieron despacio y por ella se asomó el cansado rostro de Kagome. Todos la observaron sorprendidos e Inuyasha se paró sobresaltado y se acercó corriendo a ella para ayudarla.
- ¡¡¿Cómo se te ocurre levantarte sin avisar?!!- Reprochó furioso.
- Es que... ya me cansé de estar acostada, además... quería verte- Musitó la chica.
- ¡¡Esa no es excusa!! ¡¡Debes permanecer acostada!!-
- ¡¡Déjame!! ¡¡¿Qué acaso no sabes lo feo que es estar días sin poder salir?!! cof cof- Kagome comenzó a toser fuertemente lo que preocupó a todos.
- ¡Eres un tonto! ¡La hiciste toser!!- Rezongó Shippo.
- Kagome... ¿te encuentras bien?- Preguntó preocupado el hanyou.
- Algo... cof cof-
- ¿Lo ves?... debes permanecer acostada, de lo contrario vas a ponerte peor-
- Pero... quiero estar contigo... - Se quejó Kagome aferrándose más a él.
Inuyasha la observó por unos instantes, ella misma le estaba pidiendo que se quedara a su lado. Inuyasha se dio cuenta como los ojos de Kagome lo miraban ansiosos y suplicantes. Pensó por unos momentos y luego la agarró de ambos brazos.
- De acuerdo, pero prométeme que no volverás a hacer lo que hiciste- Kagome asintió levemente y lo observó detenidamente - vamos- él la agarró por la cintura y la llevó nuevamente dentro de la cabaña.
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- Vaya, Inuyasha está muy tenso, le gritó demasiado... - Reflexionó Sango.
- Si, pero eso es porque está preocupado por ella... - Dijo Miroku
- Miroku tiene razón- Acotó el pequeño Shippo mientras que comía un chupetín que había sacado de la bolsa de Kagome.
Los tres estaban hablando, cuando de repente se escucharon unos fuertes ruidos provenientes del interior del bosque. Miroku agarró su báculo y se levantó al igual que Sango que sujetó fuertemente la tira de su boomerang. Shippo se escondió detrás del árbol y asomó su cabeza.
- ¿Qué será excelencia?-
- No lo sé Sango-
En ese momento la imagen de una mujer apareció por entre los árboles dirijiéndose torpemente a dónde estaban ellos. Sango y Miroku la observaron sorprendidos y luego se miraron entre ellos buscando una explicación.
- Inu... Yasha... ¿dónde... está?- Preguntó la mujer.
- Es Kikyo... ¿qué hacemos?- Susurró Sango al oído del monje.
- No lo sé... - Respondió este un tanto nervioso por la situación.
Shippo observaba todo desde su escondite, junto con Kirara.
- Y justo ahora que Kagome, estaba recuperándose... ¿por qué tenía que aparecer ella?- Dijo mirando con furia a la sacerdotisa- solo traerá más problemas... es como si... verdaderamente alguien quisiera que Kagome muriera... -
De pronto una idea se cruzó por la mente del pequeño zorrito. Todo encajaba... perfectamente... Primero la muerte del padre de Kagome, después... el descubrimiento de los verdaderos planes de Naraku, la aparición de él frente a Kagome, los tres días que ella estuvo tan mal... la huida de Inuyasha, él lo había visto perfectamente salir de la cabaña cuando una serpiente de Kikyo se fue tras él... y luego, el despertar tan confuso de Kagome con la aparición de la sacerdotisa. Acaso... ¿todo esto sería obra de Naraku?... Tal vez, él les había hecho creer una cosa, pero sus intenciones eran otras. Pero... ¿cuál sería su verdadero plan?
Continuará...
