Todo quedó en absoluto silencio. Las hojas dejaron de moverse y las nubes que se encontraban en el cielo se fueron despejando para dar paso al sol. El campo de batalla había quedado totalmente vacío.
Sango dejó a Kojaku y este volvió a la normalidad. Shippo salió de su escondite y se colocó al lado de Kirara sin saber que había pasado. Kikyo se levantó del lugar en donde Inuyasha la había dejado minutos antes de que todo terminara. Inuyasha corrió hacia un cuerpo que se hallaba tirado y sin movimiento alguno. Tomó a la chica con delicadeza y la observó detenidamente.
- Kagome... oye, ya... despierta- Dijo sacudiéndola un poco, pero esta no reaccionaba- Kagome, déjate de bromas... ya, pasó todo... vamos, tú ganaste, destruiste a Naraku sin dejar... que nosotros hiciéramos algo... vamos, despierta ya-
Miroku se acercó al joven hanyou y lo miró con tristeza. Colocó una mano sobre su hombro y se agachó junto a él.
- Inuyasha... para purificar a Naraku, como lo ha hecho la srta. Kagome... se necesitan de mucha fuerza espiritual, y lo más probable, es que Kagome no dependiera de todas ellas y por eso... dio hasta la fuerza de su vida para poder hacer lo que hizo-
- ¡¡No!! ¡¡Eso no es cierto!! ¡¡No!! Kagome no está muerta... -
- Inuyasha... será mejor, que le demos un entierro digno, ven vamos... - Dijo tratando de animarlo.
- Al menos... me hubiera pedido ayuda, me hubiera dejado... hacer un poco. Estaba débil, y eso... no ayudaría en mucho... - Musitó.
Todos observaron como la perla de Shikon dejó de brillar y no había manera de volver a hacerla resplandecer. Su brillo había muerto junto con su guardiana.
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Los matices rojos y anaranjados adornaban el cielo haciendo contraste con el hermoso brillo del amplio lago y el viento era suave y acompasado.
La noche ya estaba cayendo sobre el Sengoku y todos estaban reunidos alrededor del árbol sagrado.
Había sido un día muy largo para todos y muy triste. En aquel árbol se estaba llevando a cabo una ceremonia.
Después de algunas horas todos comenzaron a irse dejando tan solo a una persona frente aquella tumba tan solitaria.
Él se agachó frente a ella y colocando su cabeza sobre la lápida comenzó a llorar sintiendo como su corazón se retorcía ante tanto dolor. Sus lágrimas cayeron despacio por sus mejillas. La lluvia comenzó a caer lentamente y luego más fuerte, casi como una amenaza.
- La primera vez... fue un día así ¿recuerdas?- Musitó el joven sintiendo una gran soledad.
Su voz se quebró nuevamente y las lágrimas volvieron a asomarse por sus ojos mezclándose con las gotas de la lluvia que caía sobre su cabeza.
- ¿Y dime ahora?... ¿cómo seguiré sin tí?... es cierto, todo ha terminado, pero... no vale la pena... si no estás tú... - Susurró.
Colocó una pequeña flor frente a la tumba y una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. Cerró los ojos y movió sus orejas percibiendo un pequeño sonido proveniente de su alrededor. Los abrió nuevamente y estiró sus manos, sintiendo que casi podía volver a tocarla. De pronto como si todo fuera un buen sueño volvió a la realidad dándose cuenta que estaba solo.
- Kagome... ¿por qué?... siempre fuiste así tan... imprudente, pero... ¡¡¿Por qué?!!- Volvió a llorar amargamente sobre la tumba de su querida sacerdotisa. La que tantas veces lo había cuidado al estar enfermo, la que tantas veces lo apoyó y lo perdonó, la que lo amó no por QUÉ era sino por QUIÉN era.
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La noche cayó rápidamente sobre él, pero aún así no dejó su lugar.
Miró el cielo estrellado, pero no le vio sentido. En otro momento hubiera apreciado tan hermosa vista, pero... ¿qué era ese paisaje sin su querida Kagome a su lado?.
Nuevamente aquella sensación de soledad. Dirigió su mano temblorosa a su espada, pensando, que la única manera de volver a verla era la muerte.
La sacó despacio y se paró colocando ambas manos en la empuñadura y apuntando el filo hacia su cuerpo.
De pronto sintió una leve caricia. Ladeó el rostro y la vio. Allí estaba ella, tan deslumbrante y con su cuerpo iluminado. Sus cabellos parecían más sedosos y sus ojos castaños se veían más brillantes y soñadores que antes.
Ella colocó una mano sobre la espada bajándola y él la observó casi hipnotizado.
- Ka... Kagome... déjame... quiero estar contigo y esta es la única manera de volver a vernos-
- Inuyasha... te aseguro... que pronto nos encontraremos... - Susurró mientras que depositaba un suave beso en sus labios. Al instante ella desapareció.
La oscuridad inundó el lugar una vez más. Inuyasha pensó que tal vez ella estaba diciendo tonterías, pero luego sonrió agradecido de que así fuera. Observó el cielo con sus ojos dorados y pareció perderse en su infinidad.
Debía confiar en sus palabras. Después de todo... ella siempre le había dicho la verdad, porque era Kagome... su querida Kagome.
FIN
N/A: Bueno amigas, aquí termina el fic. Espero que les haya gustado y bueno, quedé tremendamente agotada, aunque no se desanimen, en verdad. Tal vez, solo tal vez, pueda terminar mejor. Gracias por los reviews y les deseo lo mejor. Ya comenzaré con otro fic.
Nos estamos viendo prontito amigas!!!! nn
Besos!
Gracias!
Kagome-
