CAPITULO I-

La mujer dio una vuelta completa haciendo girar el bo sobre su cabeza, sin perder de vista a Raphael, quien cambiaba de posición los sais tan rápido que era casi imposible seguirlo con la vista.

Se miraron un segundo más antes de saltar el uno contra el otro.

La mujer bloqueó todas las estocadas con el bastón de madera, por sobre y bajo su cintura, a la vez que trataba de derribarlo a patadas.

Raph subía y bajaba, rodaba a un costado, tratando de descubrir algún punto indefenso en el cuerpo de la mujer, pero tan pronto se aproximaba, ella ya estaba ahí cubriéndose.

La mujer giró, alejándose y se dobló hacia atrás como si su cuerpo fuera de goma, siempre con esa sonrisa en la cara, como si no le costara nada, como si todo fuera un juego entretenido, mientras la concentración hacia que la cara de Raph estuviera siempre ceñuda.

De pronto estuvo de cabeza, apoyado su cuerpo sólo en los brazos y comenzó a girar convirtiendo sus piernas en un par de hélices, girando su cuerpo sólo gracias a sus brazos. Raph esquivó las primeras patadas, pero a lo que se volvían más rápidas optó por tomar distancia.

Dio un salto hacia atrás, alejándose, mientras ella recuperaba su posición cabeza arriba de un solo salto, con el bo de vuelta en sus manos.

Lo tomó por uno de sus extremos y arrojó el otro contra la cara de Raph, sin soltarlo. Éste lo esquivó con cierta facilidad, pero ella lo hizo dar la vuelta completa y en menos de un segundo había vuelto a apuntar hacia el cráneo de Raph...

Giraba con el bo sobre su cabeza y luego a la altura de su cintura y luego de vuelta sobre su cabeza, girando como si bailara, al tiempo que avanzaba hacia él, cubierta por el borrón que dejaba el movimiento del palo de madera frente a ella.

Raph tenía menos de un segundo para adivinar si el bo iba a venir por arriba o por abajo y luego esquivarlo.

Mucho trabajo, así que decidió deshacerse de la maldita cosa.

En la última vuelta lo agarró firme por el extremo y tiró de él con todas sus fuerzas. La mujer, en un acto reflejo, intentó retenerlo, pero él la superaba con mucho en fuerza y el tirón terminó arrojándola hacia delante.

Tuvo que equilibrar todo su peso en solo la punta de un pie para evitar caerse al suelo. Mientras lo hacía, Raph volaba hacía ella, con las puntas de los sais apuntándole.

Fue sólo un juego de piernas derribarla al suelo; fue sólo cuestión de aplastar su propio cuerpo contra el de ella para inmovilizarla y fue sólo cuestión de posar la punta de un sai a un lado de su cuello para que dejara de luchar.

La miró un segundo a los ojos.

Ya no tenía la sonrisa, pero seguía tranquila. Para ella todo era un juego siempre.

.- ¿Y bien?.- preguntó, mirándola un segundo más antes de volver la cabeza hacia el costado.- ¿Quién ganó?.

Leo, sentado en el borde del foso en donde habían instalado el dojo, pareció despertar de su letargo, parpadeó como sorprendido y levantó su cabeza de la mano en donde la había estado apoyando.

.- Empate.- dijo lacónicamente.

.- ¿Qué?.- respondió casi en un grito Raph, abriendo los ojos de par en par, sin moverse un centímetro del cuerpo de la chica que continuaba atrapada bajo él.

Antes de que Raph pudiera agregar nada más, Leo le señaló con el dedo algo en sus costillas. Raph siguió la dirección de su dedo y encontró cerca de diez centímetros de la punta de una daga sobresaliendo de entre los dedos de la chica, justo en la única mano que había quedado libre del peso su cuerpo.

Raph gruñó, pero no protestó más.

En cuanto él le hubiera acercado el sai, ella lo habría apuñalado en el costado y ambos habrían terminado muertos. Eso era, técnicamente, un empate.

.- Crees que ya te puedas parar de encima mío, cariño...- dijo la mujer, apenas respirando.

Raph se puso de pie y le extendió la mano, sin mirarla. La chica la tomó y la usó para ponerse en pie de un salto, se sacudió el polvo de la apretada camiseta negra sin mangas y de los más apretados aún pantaloncillos que le llegaban hasta la mitad del muslo.

Raph se preguntaba cómo diablos hacía para meterse dentro de esa ropita. No es que se estuviera quejando, era sólo curiosidad.

.- Gracias por la práctica, amor...- le dijo ella sonriendo.- Espero que el ego no te haya quedado muy adolorido.

Raph sólo gruñó por respuesta. La chica dio un saltito y se dirigió ágilmente hacia donde estaba Leo, sentado en el borde mientras Raph quitaba las colchonetas y las apilaba en el rincón, dejando el centro libre.

Leo la observó aproximarse sin dejar de asombrarse por como lograba seguir tan sonriente después de los moretones que Raph le había dejado en las piernas y en los brazos. En los tres o cuatro meses que la conocían, todavía no se le hacía familiar su presencia, todavía se sentía incómodo con ella ahí, todavía era una extraña.

Pero Raph lo había hecho todo bien, es decir, se aseguró de que todos estuvieran de acuerdo antes de traerla, cosa rarísima en él, jamás había sido tan considerado, no tuvo más remedio que decirle que sí, sólo porque no encontraba razones para negarse.

Fé era una mujer delgada, pero no frágil, no era casualidad que pudiera darle pelea a Raph, podía ver que estaba bien entrenada, pero nunca había preguntado por quién, de hecho, nunca habían cruzado más de un par de palabras en todo ese tiempo.

El noventa por ciento del tiempo estaba sonriendo, actuando como si los conociera de toda la vida y en realidad, no sabía en verdad qué le molestaba, no es que percibiera nada negativo, ni peligroso, la chica era perfectamente inofensiva.

Y aún así, había algo en ella que lo hacía permanecer distante, lo más lejos posible. Tal vez fuera porque era tan increíblemente ruidosa, mucho ruido siempre lo ahuyentaba.

.- ¿Y? ¿qué dices?.- preguntó sonriente, con la cara todavía sudorosa.- ¿Practicamos un poquito?

Leo miró sin emoción los ojos verdes y las pecas repartidas por toda la nariz y mejillas, el pelo más claro cerca de la cara, casi rubio, debía ser muy joven aún, pensó ¿Qué edad tendría? Veinte y algo tal vez. También pensó que quizás debía aceptar, no estaba especialmente interesado en medirse con la chica, pero podía ser un buen ejercicio, y además, era el enésimo esfuerzo de la muchacha por caerle bien.

Pero no.

.- No. Tal vez en otra ocasión.- se disculpó, cortés, pero frío.

La desilusión de la mujer fue evidente, el rechazo era demasiado obvio. La chica se alejó de él, sin volverse a mirarlo.

Al darse la vuelta se encontró con la cara de Raph, sonriendo a medias, cruzado de brazos. Se dirigió a él, recogiendo su chaqueta del suelo en el camino.

Los separaban sólo unos pasos cuando éste le mostró la palma de su mano; la mujer la golpeó contra la suya sin detenerse en su camino a la salida.

.- No dejes que te arruine el día...- le dijo Raph al pasar.

.- Cómo si algo pudiera hacerlo...- respondió ella con una carcajada, sin volverse a mirarlo.

Tras unos segundos, sintió los cerrojos de la puerta al cerrarse. No hacían falta más palabras, ya se encontrarían por ahí, o tal vez ella llamara, jamás se preocupaban por esas cosas.

Pasaron unos cuantos minutos, Raph y Leo se quedaron a solas en el dojo; el primero todavía cruzado de brazos mirando al segundo, que miraba al suelo con los brazos apoyados en sus piernas, encorvado, todavía sentado en el borde, perdido en quién sabía qué pensamiento.

.- Deberías darle una oportunidad...- dijo Raph.-

Leo asintió en silencio tratando de evitar la mirada de Raph que caminaba hacia él.

.- Fé es una buena chica...- siguió Raph.

De un salto se sentó junto a Leo en el borde.

.- No lo dudo.- respondió Leo alzando las cejas.

.- Pero no te convence...- completó Raph. Leo no dijo nada.

.- ¿Por qué? ¿Es por lo que hace? Es caza recompensas, eso es perfectamente respetable, atrapa malos, es de los buenos... la mayoría del tiempo.

.- Es una mercenaria...- interrumpió Leo.

.- Oh, por Dios, la chica tiene que pagar las cuentas a fin de mes...

.- Lo sé, lo sé, olvídate de eso... .- lo atajó antes de que comenzara a alzar la voz.- No me importa lo que haga con su vida, no es asunto mío.

.- Entonces...

.- No tiene por qué gustarme ¿o si?

.- Auch... un dardo venenoso. – dijo Raph, irónico.- ¿Por qué desafías de ella?

.- Nunca dije que...

.- No es necesario que digas nada, se te olvida con quién estas hablando…

Y Leo no dijo nada.

.- Sólo quiere caerte bien.

.- Ya te dije que no tengo nada contra...

.- Entonces podrías intentar ser un poco menos desagradable.- Raph se volvió a verlo con fastidio.- Me salvó la vida, para mi se ha ganado un lugar en mi familia y no necesita de tu aceptación...- Leo volvió la cabeza hacia otra parte y se revolvió incomodo.- Pero sé que sería mucho más feliz si la tuviera...- terminó Raphael.

Leo se le quedó mirando con la boca abierta, pero sin terminar de decir nada.

.- Lo sé.- dijo después de pensar un rato.- Y agradeceré eternamente lo que hizo por ti. Las puertas están abiertas para ella, puede contar con mi ayuda cuando la necesite...

.- Pero...

Leo se volvió a verlo a los ojos, sin ninguna expresión. Era su forma de zanjar una discusión.

.- No me agrada.

Raph lo miró con disgusto.

.- Bueno, tal vez sea una suerte para mí. Al menos no vas a tratar de lanzarte sobre ésta.

El silencio en el lugar fue inmenso...

La cara de Leo se descompuso gradualmente. Se quedó con la boca entreabierta, en silencio, mirando a Raph mientras se movía lentamente hacia la mortificación.

Raph se sintió vencedor por un instante al ver que no era capaz de responderle, pero luego comenzó a sentirse mal, a pensar que tal vez había sido cruel.

Innecesariamente cruel.

Leo se había prohibido a sí mismo decir nada al respecto, pero no era necesario que lo hiciera, Raph acababa de meterle el dedo en una herida grande que todavía estaba muy fresca, de tirarle a la cara su peor vergüenza.

Pero qué diablos, él no la estaba pasando súper tampoco y no era nada que no se mereciera de todas formas. De inmediato se puso de pie y le dio la espalda.

.- Hazme un favor y olvida lo que dije.- le dijo lo más rápido que pudo.- me lo debes, yo hice lo mismo por ti un rato atrás.

Leo asintió aturdido, pero no dijo nada.

Sabía que no iba a guardarle rencor, pero lo había mandado al reino de la introspección por el resto del día, iba a estar marcando ocupado quizás hasta cuando.

Con una maldición entre dientes comenzaba a alejarse, cuando una carraspera lo hizo detenerse. Leo trató de aclararse la garganta, pero la voz igual le salió quebrada. Raph no dio media vuelta porque detestaba verlo así.

.- Haré lo que pueda...- le dijo.- Por aceptar a tu amiga.

.- Gracias.- respondió en un susurro y luego lo dejó solo.

.-

TBC

Banda sonora de este capítulo:

- Passive- A perfect circle.