CAPITULO II-
1-
Raph se fue a encerrar en su habitación y apegó la espalda a la pared. Con el puño daba golpes a un lado, despacio al principio, pensando, mirando la nada, luego la cara se le fue llenando de enojo y los golpes fueron más fuertes.
Terminó dando un único y último golpe a la pared, trizándola un poco. Se apartó, gruñendo frustrado, se tomó la cabeza, se rascó la nuca.
Mierda, mierda, mierda...
Quería dejar de sentirse así de molesto, pero las buenas intenciones se desvanecían en cuanto tenía algún encontrón con Leo...
¿Tenía que sacárselo a la cara? ¿tenía que seguir recordando eso?
No quería, de verdad que no, no por Leo, si no por él mismo. Pero de alguna forma aún le quemaba, aún sentía rencor. Ni hablar de decepción. Estaba dentro, bien guardado, pero siempre escogía el momento para salir y después se arrepentía y de nuevo no tenía ningún control.
De verdad, lo único que quería era olvidarse, de verdad que sí...
Vale, que no era conocido por su compasión, pero de verdad, estaba listo para olvidarse del asunto. Ya había tenido demasiada mierda al respecto, la cara de Leo sintiéndose culpable ya era demasiado, ya no la quería más, ya no la necesitaba más, ya la odiaba...
Por eso es que el único imbécil era él por seguir sacando eso a la luz y comenzar de nuevo todo ese círculo de mierda, me siento mal por hacerte sentir mal porque me hiciste sentir mal... y así hasta el infinito.
No, no quería más...
Ni siquiera podía culparla a ella ¿cómo podría? Podría traer a su cabeza el peor momento de todos los recuerdos y siempre terminaba viendo su cara, asustada, sola, aterrada, aplastada...
Terminó sentándose en el suelo de golpe.
Sora creía tener algo, algo que podía protegerla, un plan perfecto para que las cosas por fin resultaran para ella y terminó explotándole todo en la cara. Creyó tener a alguien, a él, y terminó descubriendo que en verdad estaba absolutamente sola, como siempre lo había estado.
Era la historia más triste que hubiera escuchado jamás ¿cómo iba a odiarla cuando todo le había salido tan mal en tantos aspectos? Pero nadie podría culparlo si en ese momento estaba tan furioso que no pudo ver todo eso antes ¿Cómo saberlo? ¿Quién podría culparlo por actuar como lo había hecho?
Nadie.
Estaba completamente justificado si había sido un maldito hijo de puta, inflexible, frío e incapaz de perdonar y había mandado a Sora a la mierda. Estaba en su derecho.
El problema es que con todo eso el que más había perdido era él. Eso nunca lo vio. Mala estrategia, mala previsión. Se daba cuenta que podía culpar a Leo, podía culpar a Sora, y ellos podrían recibir todos los castigos del universo, pero eso no era lo que quería, eso no solucionaba nada.
Se puso de pie...
Lo que quería en ese momento, era imposible. Volvió a gruñir y a pegarle a la pared, dio media vuelta bruscamente hacía la puerta. A la mierda con todo, se iba a la casa de Fé, no iba a pensar un segundo más en todo ese asunto.
2.-
.- ¿Qué pasa?.- preguntó el hombre de pelo blanco. Iba caminando con la vista al frente cuando de pronto tropezó con la chica que iba delante de él. Tuvo que esquivarla y golpearse contra el muro para no derribarla.
La mujer no respondió ni se volvió a verlo, tenía la vista fija en el frente. El hombre siguió su mirada.
.- Oh.- dijo, creyendo entender.- ¿Te asusta esto?
.- Estoy petrificada...- dijo la chica, sin quitar la vista del frente, con la voz un poco temblorosa.
El hombre se metió las manos en los bolsillos del pantalón y se inclinó un poco para observar mejor su cara. La mujer no se sintió perturbada por la insistente mirada del tipo.
.- Lo vas a hacer bien...- dijo al final, más como una conclusión que como un intento de darle ánimos.
Eso la hizo reaccionar. De inmediato dio media vuelta y pretendió correr en sentido contrario, pero sólo logró golpearse con el cuerpo del hombre que estaba detrás de ella.
Él no se movió, cubriendo la vía de escape.
.- Déjame...- casi le rogó.- no puedo hacer esto, no soy capaz...
.- Pues tendrás que serlo...- le contestó éste tranquilamente.
.- No puedo...- repitió ella, esta vez casi llorando.- no me siento fuerte aún...
.- Tendrás que serlo...- insistió él.- Algún día tendrás que serlo, y este es el momento ideal para comenzar.
.- No puedo.
El hombre puso una mano sobre el hombro de la mujer y volvió a inclinarse para verle mejor la cara, más aún ahora que la chica tenía los ojos pegados en el piso.
.- Sora...- le habló casi en un susurro.
Ella se lanzó sobre él y se apretó contra su pecho, aferrándose con fuerza de su camisa como si fuera a escapársele en cualquier momento. El hombre abrió los ojos sorprendido.
.- Quiero verlo...- dijo, llorando como una niña, con la cara enterrada en su estomago...- lo extraño tanto que duele, pero tengo miedo, no sé si pueda, no sé si pueda hacer nada.
Él puso su enorme mano sobre la cabeza de la mujer e intentó unas palmaditas de consuelo que salieron demasiado torpes para su gusto.
.- A su tiempo, hay cosas que hacer primero.
.- No quiero volver a ese lugar, Battou, no podría soportarlo, si lo hecho todo a perder...
.- Eso no va a pasar.- respondió él de inmediato, alzando un poco la voz.- Te dije que no tuvieras miedo. Ahora deja de llorar.
Casi al instante, la chica se quedó en silencio, pero sin levantar la cabeza de su cuerpo.
.- Quiero verlo...- dijo, el sonido de su voz amortiguado por el cuerpo del hombre.- Tengo que verlo ahora, no te imaginas...
.- Si, si me imagino. Pero lo primero es lo primero. Tal vez, incluso esta misma noche podrías, no lo sé, ya veremos...- Battou suspiró.- De a poco te irás acostumbrando... te prometo que no será peor que antes...
.- Nada podría ser peor.
El hombre asintió.
.- Bien. Esa es la actitud. Ahora terminemos con esto. Lo harás bien.
Ella comenzó a alzar la cabeza, pero sin soltarlo aún.
.- ¿Te quedarás conmigo? ¿no me vas a dejar sola, verdad?.- preguntó en voz baja.
Él tomó sus manos, las separó de sí lo más suavemente que pudo y las dejó caer a los costados de la mujer.
.- Voy detrás de ti...- dijo simplemente. Ella asintió y comenzó a volverse al frente.
Nuevamente caminaban hacia el borde de la azotea.
Se detuvieron a un par de metros del joven que estaba de pie en la cornisa, sin zapatos y tratando de mantenerse equilibrado con los brazos abiertos a la vez que se inclinaba para ver hacia abajo. Vieron a su alrededor y descubrieron varias botellas vacías esparcidas por todos lados.
La chica respiró profundamente, tratando de no oír la voz en la cabeza que no dejaba de gritarle que mejor daba media vuelta y se iba a casa.
.- Espera un momento...- dijo, pero no logró atraer la atención del muchacho que seguía tambaleándose y paseando sobre la delgada franja de cemento.
Se aclaró la garganta.
.- ¡Eh, chico!.- gritó esta vez.
El muchacho en el borde se detuvo en seco y comenzó a darse vuelta lentamente, sin bajar los brazos, quedando un pie arriba, un pie debajo de la cornisa.
La miró extrañado, entrecerrando los ojos.
.- Esta no es la única forma...- siguió.- no tiene que acabar así.
El joven se le quedó mirando con la boca abierta.
.- ¿Estás segura?.- le preguntó con la mirada perdida.- Fue lo mismo que me dijo esa mujer...- continuó el muchacho apuntando con el dedo a su izquierda.- ¿también va a proponerme un trato?.
Sora siguió el dedo del chico y encontró una figura sentada a pocos metros en la cornisa mirándola fijamente.
Retrocedió.
Era una mujer negra, grande y vieja, llena de ropas holgadas y joyas y un pañuelo amarrado en la cabeza... la miró por unos segundos más, sonrió sin mostrar los dientes y luego desapareció de la vista.
Simplemente se desvaneció.
A Sora se le escapó un gritito de terror.
.- Oh, por Dios...- exclamó, con el corazón palpitándole fuerte en el pecho. Retrocedió aún más pero fue a chocar nuevamente contra el cuerpo de Battou.
.- Por favor, dime que no era ella, dime que no era ella...- susurró rápidamente sin volverse a verlo.
Battou no respondió.
Fue el chico quien los sacó de su ensimismamiento.
.- ¿Ya? ¿me puedo lanzar ahora?.- preguntó con voz pastosa...- no tengo todo el día...
Ambos se volvieron a verlo en silencio. Battou le dio un empujoncito a Sora quien salió despedida hacia delante.
.- Vamos, chica, haz lo tuyo, no lo hagamos esperar más, ya veremos lo otro más tarde.- Sora se volvió a verlo con molestia y farfullando alguna cosa inentendible.
Luego se volvió hacia el muchacho.
.- Mira...- le dijo tratando de hacer su voz lo más dulce posible.- ¿Por qué no nos sentamos un minuto y repasamos este deseo tuyo de morir?
.- Seguro... .- dijo el chico encogiéndose de hombros y saltando hacia la azotea.- Ya me han interrumpido tanto que qué más da...
TBC
.-
