CAPITULO VIII.-
1-
Raphael le había terminado contando toda la historia de Sora, de cómo la había conocido y de cómo se habían separado, todo, excepto aquella parte de Leonardo, eso lo dejó afuera.
Todavía estaba boquiabierta, había visto a la chica, estaba segura de que era ella quien se había escurrido de esa forma en el departamento, sus ojos, la extraña sensación que tuvo cuando los miró, sabía que había algo especial en ella, pero no imaginaba que iba a ser de ese calibre. No estaba segura aún de si debía creer en todo eso, pero una cosa rara más que más daba.
Se preguntaba si la chica habría alcanzado a ver algo de lo que había pasado en el sofá. De alguna forma, se sentía algo responsable, ahora seguro que Raph estaba metido en un problema de proporciones, pero cómo se iba a imaginar que podía aparecerse ahí. Hacía tiempo que tenía ganas de presionar a Raph para ver qué pasaba, al principio no se imaginó que le atrajeran las mujeres, pero entonces se dio cuenta de la forma en que la miraba, sin ninguna vergüenza, sabiendo exactamente lo que haría con ella si pudiera...
Ahora que lo pensaba, Raph era el culpable de todo, ella era inocente, sólo había pecado de curiosa y eso no bastaba para hacerla sentir culpable. Le ofreció ayuda para encontrarla, pero él decidió que debía dejar en el acto de inmiscuirse en el asunto y ni siquiera acercarse a ella. Maldito Raph, como si le hubiera estado leyendo el pensamiento. De todas formas, antes de irse, la abrazó con fuerza y le dijo que la quería mucho y que se alegraba de que no hubiera pasado nada, que mejor así y sólo así, así que por favor dejara de pasearse semidesnuda frente a él porque tampoco estaba hecho de hierro... ella se lo prometió.
Eso había sido extraño. Hablaba en serio, no se lo esperaba… ahora lo quería un poquito más.
Sonrió para sí y después suspiró sonoramente. ¿Qué hacer ahora? No le quedaba más remedio que ocuparse de otras cosas hasta la noche, tenía tiempo libre hasta entonces, y a pesar de todo el jaleo, Raph le aseguró que estaría ahí para cumplir con el trabajito.
¿Qué hacer mientras? ¿A dónde podría ir? Antes de darse cuenta, ya estaba en el garage que daba paso a la guarida, pensando en bajar por el ascensor. Era sorprendente su sistema de seguridad, siempre pensaba en ello, tal vez debería hablar con Donatello, estaba segura de que podría darle un uso más lucrativo a ese cerebro suyo, ya pensaría en algo. En el garage no encontró nada, excepto que la moto ni la van estaban ahí... seguro que no iba a encontrar a mucha gente en casa, pensó, comenzando a desanimarse. Al menos esperaba encontrar a Miguel.
Bajó por el ascensor y en un segundo estaba en la sala.
Cómo lo pensó, no había nadie frente al televisor, o sea que Miguel no estaba. Nada de Don tampoco. Resopló. Iba a ser una tarde aburrida después de todo.
Se fue al dojo y se quedó parada en el umbral.
Leonardo. Bueno, sí había alguien en casa después de todo. El verlo ahí le produjo un escalofrío: estaba dándole la espalda, sentado contra la pared del dojo, había agua por todos lados así que supuso que volvía de pasárselas bajo la lluvia de hacía un rato. Estaba sentado ahí, con los brazos y las piernas extendidos, con la cabeza contra la pared, desde donde estaba podía ver que no estaba dormido, mirada con los ojos semi cerrados a la nada.
Le extrañó verlo tan inerte, por un minuto pensó que tal vez...
.- ¿Estás bien?.- preguntó sin pensar.
Como supuso, no se sobresaltó al descubrirla ahí. Probablemente ya la había sentido cuando entró al garage y cuando salió del ascensor...
Probablemente la había sentido cuando se levantó esa mañana.
.- Si.- respondió sencillamente, sin emoción y sin volverse a verla. Fénix bajó al foso, mirándolo ceñuda todavía, se sentó frente a él, pero a distancia prudente.
Se quedó esperando alguna palabra suya, pero parecía que no la hubiere visto en absoluto, ni siquiera se volvió a verla un segundo, miraba algún punto tras ella, sin expresión alguna.
La chica miró a su alrededor...
Cerca de su mano y a su lado, había un par de libros pequeños, parecía como si los hubiera estado leyendo antes de caer en ese embotamiento. Fénix abandonó toda prudencia y se acercó curiosa, sentándose justo frente a él y tomando uno de los libros en la mano. Sólo en ese momento, Leo volvió los ojos a ella, se le quedó mirando mientras inspeccionaba la revista.
Vestía unos sencillos pantalones negros y una polera delgada color verde, con una pequeña F en rojo cerca del corazón. Suspiró. Era a la última persona con quien esperaba encontrarse en ese momento. La única razón por la que había vuelto a la guarida era porque estaba casi seguro de que iba a estar solo: Miguel y Don andaban en lo de Abril y Raphael nunca volvía a casa tan temprano.
.- ¿Cómics?- exclamó ella extrañada.- ¿Te gustan estas cosas?- preguntó, abriendo las primeras páginas.
Leo se tardó unos segundos en responder, cómo si tuviera que juntar fuerzas para hablar.
.- Son de Miguel, los dejó tirados aquí.
Tenía la intención de recogerlos, o al menos eso era lo que iba hacer temprano esa noche, antes de que Abril lo llamara, antes de quedarse en esa azotea, antes de que ella finalmente lo encontrara. No se había dado cuenta cómo, pero había vuelto a lo que hacía exactamente antes de salir, tal vez en un intento de hacer de cuentas que no había pasado nada, de que en verdad nunca se había movido de ahí. Pero en eso también estaba fallando miserablemente.
Fénix se le había quedado mirando, asintió entendiendo después de un rato.
Leo no le devolvió la mirada. No quería ser rudo, pero de veras deseaba que lo dejara solo y se marchara de una vez, aunque lo veía poco probable, parecía que tenía ganas de conversar. Se había puesto a examinar las revistas, sin fijarse en ninguna en particular.
.- Oh… superhéroes. Es lo mejor de los cómics, los superhéroes.- dijo ella distraída, pasando las hojas sin leerlas.
Leo no pudo evitar una sonrisa, era lo mismo que decía Miguel, pero no se volvió a verla. Confiaba en que si no le prestaba suficiente atención, terminaría aburriéndose de su compañía y lo dejaría en paz.
.- Y a ti qué te pasa.- preguntó de pronto, dejando a un lado la revista. Leo suspiró, sintiéndose agotado.
.- Nada. Sólo estoy… cansado.- dijo lacónico.
.- Ah…- dijo ella, mirándolo largamente, con interés.- ¿Entrenaste demasiado? Raph siempre dice que se te pasa la mano con…- habría seguido, tratando de hacer conversación, pero la forma en que se volvió a mirarla la hizo callarse en el acto.
.- Raphael dice muchas cosas.- le respondió cortante. El tono de su voz la hizo querer disminuirse hasta desaparecer. Bajó la mirada.
.- También dice que nadie sabe nunca lo que pasa contigo.- volvió a hablar, en un tono apenas audible, mirándolo de reojo.
Leo la traspasó con la mirada ¿Qué era lo que pretendía esa niña? ¿Qué era lo que creía saber de él? No importaba. De todas formas ya había sido suficiente conversación para su actual humor. Recostó la cabeza de nuevo en el muro.
.- Raphael no está aquí...- dijo sin mirarla.- No sé a qué horas volverá, pero de verdad preferiría que lo esperaras en la sala.- Acabó sin emoción y en lo que a él respectaba, sería lo último que diría. Odiaba las conversaciones triviales.
No sabía si había sido muy descortés, pero francamente no le importaba, lo que esperaba ahora era que la chica se pusiera de pie y se fuera de una vez. Ella ya lo sabía, se había puesto de pie, estaba por dirigirse a la salida cuando se detuvo.
.- ¿Por qué no te agrado? – preguntó. Quiso saber, no estaba acostumbrada al rechazo, no a uno tan explicito.
Leo volvió lentamente la cabeza hacía ella. A Fé le pareció como si no hubiera dormido en una semana.
.- Raphael dice demasiado.- le respondió.
.- Tal vez, pero no es que se esté equivocando por mucho ¿verdad?- dijo y esperó por una respuesta, dándose perfecta cuenta qué estaba dándole demasiada importancia al asunto sin saber muy bien porqué. Leo pensaba en que no se le ocurría una razón específica, pero tampoco tenía ganas de discutir el tema. Para nada. Todavía la escuchaba hablar cuando comenzó a ponerse de pie, en dirección a la puerta. Si ella no se iba, se iría él...
.- Nunca fue mi intención ofenderte.- le dijo, dándole la espalda y comenzando a caminar hacia la puerta.- Por favor, perdona mis modales.
Fénix se le quedó mirando con la boca abierta, sin saber exactamente cómo sentirse. Tal vez Raph tenía razón y estaba dejando que todo el asunto la afectara de más, debió dejar el asunto hasta ahí, pero preguntó.
.- ¿Y que hay de Sora? ¿Tampoco te agradaba ella?
Leo se quedó congelado en el umbral como si le hubieran dado un tiro.
.- ¿Qué sabes tú de eso?- preguntó, alzando la voz.- ¿Qué más te ha contado Raphael?
Fé se puso tensa, los ojos de par en par… Dios, sonaba furioso. Sólo había sido una pregunta ¿qué podía haber dicho que fuera tan grave? No tenía idea, pero estaba segura de haberla cagado.
.- Nada, Raph, él no... Yo sólo… - comenzó insegura.- Realmente no sé de lo que estoy hablando, sólo pregunté.- dijo con expresión de inocencia.
Leo permanecía en la puerta del dojo, dándole la espalda. No respondió, se quedó un buen rato pensando en silencio. Finalmente relajó los hombros, al parecer aflojando la tensión, suspiró.
.- Está bien.- susurró, dejando ir el aire que estaba reteniendo, restregándose la cara con una mano.- Olvídalo...
Estaba por reanudar su camino cuando se dio cuenta que tenía a la chica justo a su lado. Se sobresaltó un poco: la tenía parada junto a él y ni siquiera lo había notado...
Finalmente se volvió a verla, alzando una ceja, algo impaciente. Fénix se le quedó viendo boquiabierta, absorta mirando su cara.
.- Oh... por Dios...- terminó exclamando en un susurro.
Era la primera vez que lo veía así de cerca, era la primera vez que lo miraba a los ojos. Era la primera vez que se atrevía acercarse a esa distancia… Algo había pasado, algo malo, tenía esa misma expresión de fastidio que solía poner cuando ella estaba a su alrededor, pero ignorando eso...
Algo había en sus ojos...
Fé frunció el ceño.
.- ¿Qué demonios te pasó?.- preguntó, preocupada.
Leo no contestó, la miró un segundo más y luego volvió los ojos al frente otra vez. Fénix parpadeó, dándose cuenta de lo que estaba haciendo. Sin decir nada, retrocedió un poco, dándole espacio suficiente para que pudiera pasar por su lado.
Lanzó un largo suspiro cuando Leo pasó junto a ella. Estaba por darle la espalda también cuando él volvió a hablar.
.- Tu no vives lejos de aquí ¿verdad?.- preguntó, volviéndose a verla pensativo. Fé se sobresaltó, quedándose sin aire para responder, así que sólo atinó a asentir con la cabeza.- ¿Te molesta invitarme? De verdad necesito salir de aquí un rato...- siguió Leo, volviendo la cabeza hacia el ascensor y comenzando a caminar en su dirección, sin esperar respuesta de su parte.
Fénix lo miró con la boca abierta, luchando por reaccionar, antes de ser capaz de seguirlo.
.-
2.-
Era extraño, y hasta incómodo, como Leonardo la hacía sentir como si fuera una niña otra vez; era apenas más alto que ella y sin embargo, la hacía sentir pequeña. No pasaba eso con Raph, a él lo veía como un igual; Leonardo tenía un aire de autoridad que provocaba inmediato respeto.
Miraba su cara al correr, sabía que podía ir mil veces más rápido, pero no lo hacía para no dejarla atrás; miraba su cara y no había señal del más mínimo esfuerzo, saltaba y se movía como si ni siquiera tuviera que pensar en ello. Pensó en que ese era el nivel que quería alcanzar. Aún sin combatir, sabía que él probablemente le ganaría, sin siquiera esforzarse demasiado. Ahora veía claramente qué era lo que había visto en él, por qué le interesaba.
Pensaba en cómo podría hacer para tenerlo de su lado.
Casi sin darse cuenta, estaban ya en el edificio frente al suyo, mirando hacia su ventana.
.- Está cerrada.- dijo Leo, deteniéndose en la cornisa.
.- No esperaba visitas. Voy a entrar por la puerta, subo allá y te abro.- dijo ella, Leo sólo asintió, sin devolverle la mirada.
Fénix bajó por la escalera de incendios, cruzó la calle y entró en su edificio. A toda prisa tomó el ascensor, llegó a su departamento, abrió la puerta, se volvió a cerrarla, se volvió hacia la ventana...
Y se encontró a Leo de pie junto a la cortina.
Casi soltó un grito.
.- Voy a correrlas, si no te importa.- le dijo él, ignorando su asombro.
Fénix asintió como atontada.
.- ¿Cómo...? ¿Forzaste la ventana?.- preguntó.
Leo negó con la cabeza, terminando de correr las cortinas y volviéndose hacia ella. Por un segundo, los dos quedaron de pie, uno frente al otro en medio de la oscuridad, hasta que Leo estiró el brazo, encendiendo el interruptor de la lámpara de pie, iluminándoles el rostro y el resto de la habitación con una tenue y cálida luz amarilla.
Fé descubrió que la miraba serio.
.- Entré cuando abriste la puerta.-le dijo simplemente, desviando la mirada, quitándose las fundas y bandana, poniendo todo sobre el sofá y dirigiéndose hacia la cocina, dejando a la chica con cara de pregunta.
.- ¿Co...?
.- Subí hasta el techo, bajé hasta acá, esperé a que abrieras la puerta...- le dijo él simplemente, inspeccionando lo que había sobre el mesón y abriendo algunas puertas del mueble a su espalda.
La chica lo miró sorprendida un minuto más hasta que terminó sonriendo, incrédula. Se cruzó de brazos.
.- ¿Vas a decirme que te escondiste sin que te viera y te metiste aquí sin que te viera? ¿Cómo? ¿Moviéndote de sombra en sombra?.
Leo se volvió a verla sin ninguna emoción.
.- Si.
La chica se le quedó mirando un segundo más, todavía sin creerle, mientras Leo seguía inspeccionando su cocina. Terminó sacudiendo la cabeza, fue junto a él y abrió el refrigerador.
.- ¿Cerveza?.- preguntó sacando un par de botellas. Leo no le contestó, buscando en la repisa bajo el mesón, que parecía la sección de licores del supermercado.
.- De hecho.- emergió con una botella en la mano.- Buscaba algo más como esto.- dijo, poniéndola sobre la mesa y sacando un par de vasos de una de las puertas del mueble tras ellos.
.- ¿Tequila? - exclamó ella, sorprendida.
.- Si…- Leo confirmó con la etiqueta antes de empezar a abrir la botella.
.- Genial.- dijo ella mirándolo con una sonrisa, mientras iba a sentarse del otro lado del mesón, dejándolo servir los vasos.
Mientras fuera capaz de tirarlo al piso más rápido que una cerveza, a Leo le daba un poco lo mismo lo que fuera. Dejó la botella a un lado, le acercó el vaso a la chica, tomó el suyo, inclinó la cabeza hacía ella y luego lo vació de un trago. Fé no se había acercado al suyo cuando lo estaba llenando de nuevo.
.- Nunca me hubiera imaginado que te gustara beber.- comentó curiosa. Leo apuró el segundo trago arrugando la cara. Soltó un bufido mientras volvía a llenar su vaso.
.- Soy pésimo bebedor.- le aclaró, mirándola mientras volvía a vaciarlo igual de rápido.
Ella le sonrió a medias antes de imitarlo. Al sexto vaso al hilo, Leo cerró los ojos, comenzando a sentirse mareado.
Al fin, pensó.
Quince minutos después, los dos habían vaciado la primera botella y estaban en la mitad de la segunda, pero casi no habían intercambiado palabra. Leo había decidido sentarse de una vez en uno de los banquillos de la cocina, cuando el piso bajo sus pies comenzó a sentirse muy blando y las piernas poco resistentes. Estaba casi recostado sobre el mesón, con la barbilla sobre un brazo, observando el último resto en su vaso frente a sí, al que le había concedido un momentáneo respiro.
Fénix apenas si comenzaba a ponerse contenta con el alcohol que llevaba, pero él... No había parado en todo ese rato y tenía razón, era pésimo bebedor, aunque de no ser por la pequeña falta de precisión en sus movimientos y la mirada ocasionalmente perdida, nadie creería lo ebrio que estaba en verdad.
.- ¿Y? ¿Cuál es tú cuento con la mujer misteriosa?.- se atrevió a preguntar ella al fin.
Leo sólo movió los ojos en su dirección y luego los volvió a su vaso.
.- Así que me vas a hacer hablar después de todo….- le dijo con voz pastosa.
.- El alcohol es un gran lubricante.- le respondió ella con una sonrisa enigmática.
Él la miró sonriente y levantó su vaso hacia ella.
.- Salud por eso.- le dijo y tomó de un trago lo que quedaba en él. Luego hizo una pausa, sintiéndose de pronto increíblemente dispuesto a mandar absolutamente todo a la mierda.- Sora…- siguió, bajando un poco la voz.- Sora espera a que yo mismo me ponga lo suficientemente al nivel de sus pies para que pueda patearme a gusto ...- dijo, apático, arrastrando las palabras.
.- Suena doloroso.- comentó ella, como si tal cosa.
Leo asintió, abriendo los ojos y luego volviendo a cerrarlos hasta dejarlos como un par de rendijas. Ella se quedó en silencio, sólo mirándolo. No podía ser cierto, pero que otra cosa podría ser…
.- Estás enamorado de ella…- le dijo, sonando más como una afirmación que una pregunta. Él no contestó, sólo cerró los ojos con fuerza.
Enamorados, los dos, de la misma mujer. Ambos hermanos…
Lo más increíble era que después de tantos esfuerzos por tratar de que siquiera le dirigiera la palabra, lo tuviera ahí, en su cocina, legalmente borracho... quería saber, quería saberlo todo, pero no quería arruinarlo presionándolo, sabía que si no se ganaba su confianza ahora, jamás lo haría, tal vez jamás volvería a tener una oportunidad así en la vida.
Pero ni siquiera tuvo que abrir la boca.
.- Ella...- siguió Leo, mirando a la nada.- sólo... – arrugó la frente, luchando por la coherencia.- vuelve a buscarme, una y otra vez, sin que yo le importe un carajo, y ni siquiera sé por qué yo, nunca lo dijo, ¿por qué yo y no cualquier otro imbécil?... de todas formas no le importa...
Fénix se acercó un poco más a él, pero no abrió la boca. Por primera vez en su vida, pensó que lo mejor era quedarse en completo silencio. Y Leo le contó, le contó bastante, de cómo Sora lo buscaba, de cómo el no podía resistirse, de cómo ella lo usaba y de cómo él casi había aceptado ser usado.
Y Fé apenas si podía creerlo mientras escuchaba, no era sólo por la historia, sino porque era él quien la contaba, él en persona, a ella, quien hasta esa mañana era insoportable para él.
Por supuesto que gran parte de todo eso no era nuevo, ya se lo había escuchado contar a Raph la noche anterior, pero él no le dijo nada de lo que había pasado con Leo, Raph había tenido bastante cuidado de dejar toda esa parte afuera y no era una parte menor. Se veía bien porqué ¿a quién le gusta contar que encontró a su hermano en la cama con su chica? Dios…
Tomó un gran sorbo de su vaso y volvió a servirse más. Leo hizo lo mismo.
.- ¿Estás seguro de que Raph sabe todo esto?- preguntó.
.- Sé que sabe.- le dijo Leo, atropellándose con las palabras.- Lo sé ahora. Siempre supe que había algo que me ocultaba, algo grande. Ahora sé de qué se trata.- Era impresionante como lograba mantener una conversación hilada cuando sus ojos apenas podían fijarse en nada y si llegaba a moverse más, seguro se caía al piso.- No es una historia fácil, casi me hubiera gustado no tener que recordarla…
.- Y si Raph lo sabía todo ¿por qué no dijo nada antes? Cuesta pensar que se quedaría callado algo así, sin decir nada…
.- No sé. No puedo imaginarme por qué.
Pero ahora podía explicarse el por qué de ese dejo de resentimiento en su voz cada vez que hablaban. No es que fuera algo totalmente nuevo, el resentimiento era algo que se había asentado en Raph desde que eran niños y jamás se había ido por completo, suavizado tal vez, pero nunca retirado. Pero esto era distinto, era algo distinto, siempre supo que había algo más que le reprochaba, más allá de lo que él creía y dios sí que lo había y no era sólo grande, era monstruoso.
Cerró los ojos con una mueca de dolor.
.- Tal vez ya lo olvidó…- dijo la chica. Leo lanzó un bufido sarcástico.
.- Si de verdad piensas eso no conoces a mi hermano.- le dijo simplemente con algo de tristeza.
Fé lo miró con cuidado.
.- ¿Y qué hay de Sora? Te utilizó, trató de matarte, le hizo algo a tú mente…
Leo suspiró.
.- He estado tratando de olvidarme de eso. Pensaba que iba bastante bien… iba bastante bien, hasta hoy.
Fé se inclinó en su dirección, un poco más.
.- ¿Qué pasó hoy?
.- Lo hizo otra vez.- Dijo Leo frunciendo el ceño. Fénix puso los ojos redondos.- Algo hizo Raph, no sé qué, pero quería hacerlo sufrir un poco, pasar la noche conmigo para luego ir a restregárselo en la cara...
Fénix se levantó un poco del mesón, apoyándose en las palmas de las manos. Comenzaba a comprender. Entendía ahora qué había pasado y se daba cuenta de que, sin querer, también ella tenía una buena parte que ver con el asunto.
La mujer misteriosa había resultado ser una maldita serpiente, como no encontró lo que esperaba en Raph, buscó a Leo de nuevo para desahogarse, sabiendo lo que él siente por ella, era cosa de ver su cara para saber que no era más que un idiota enamorado, un blanco fácil.
.- Es una perra fría y despiadada. – se le escapó de los labios, con cierta admiración. Leo la miró de reojo, pero no respondió. Ella lo miró intrigada.
Podía estar herido, pero aún así no podía odiarla. Ni una mala palabra sobre ella saldría de sus labios.
Curioso.
.- Yo no planeé que fuera de ésta forma.- farfulló él.- No era mi idea nada de esto... ahora...- De pronto soltó un bufido de frustración.- ¿Cómo se supone que me enfrente a Raph? Antes estaba avergonzado, ahora, ahora no sé que decir, si es que hay algo que pueda decirse en esta circunstancia, lo siento, lamento mucho haberme acostado con tu novia, lamento mucho que hayas estado ahí para verlo, me hubiera sentido mal antes, pero sucede que perdí la memoria y todos me dejaron continuar como si nada hubiera pasado, haciendo de idiota. No quiero ni pensar en por qué, no quiero ni pensar en lo que pasa por la mente de Raphael ni en lo que tiene preparado para mí.
Fé guardó silencio por un rato. No se convencía de que Raph estuviera maquinando un enrevesado plan para vengarse de Leo. No se imaginaba a Raph en eso. Tal vez no lo conociera desde hacia tanto tiempo, pero estaba bastante segura de que su reacción más complicada sería ir-golpear, si no lo había hecho hasta ahora era porque simplemente no pensaba hacerlo.
.- ¿Y qué fue lo que hiciste esta noche, Leo, cuando ella fue por ti?
Preguntó, bajando la voz hasta convertirla en un susurro.
.- Casi...- Leo cerró los ojos tratando de concentrarse.- Dios, no sé como lo logré, sólo logré mantenerme alejado, pero eso no significa nada, porque todavía quería… - Leo se interrumpió para llenar su vaso y bebérselo de un trago.- De haber recordado lo que pasó la última vez, tal vez habría sido más fácil alejarme, tal vez… dios, no sé… - Fé lo miró incrédula, era perfectamente obvio para ella que ni él estaba seguro de lo que estaba diciendo. Leo sonrió lánguidamente.- No lo sé... acababa de descubrir que sólo quería usarme, pensaba en la posibilidad de aceptar ser usado, si me dolía menos ser un juguete que no ser nada. No sé qué habría resultado si ella hubiera insistido más, tal vez habría vuelto a caer, de la misma forma, igual de estúpido, igual de ingenuo, incluso sabiendo por qué lo hacía...- Leo soltó un bufido.- Mierda, no lo entiendo, si se presentara aquí ahora, diciendo que en verdad me odia, pero necesita de alguien para vengarse de Raph, tal vez caería de todas formas, podría tratar de matarme de nuevo y no conseguiría odiarla, no creo que nada cambie, no puedo hacer que nada cambie ¿qué mierda pasa conmigo?...
Leo se quedó pensando un segundo, mirando a la nada con la cara descompuesta, estuvo a punto de ceder, creía que había logrado resistir, pero ella sólo necesitaba presionar un poco más para vencerlo, estuvo a punto de hacerlo y ahora no se sentía más fuerte que la noche anterior. En verdad era un imbécil
En verdad estaba cagado.
Tenía que hacer algo. Tenía que hacer algo, tenía que detenerlo, no podía dejar que sucediera otra vez, no podía... ¿Pero cómo? ¿Cómo mierda? ¿Quién podría decirle qué hacer?
Se dio con la palma de la mano en la frente, sobresaltando a Fé.
Nadie. No había nadie a quien recurrir porque no podía dejar que nadie supiera lo que estaba pasando con él. Hasta donde pudiera lograrlo, sería su secreto, tal vez por eso estaba ahí ahora, vaciándose con una completa extraña, alguien a quien no le importase realmente.
Estaba solo. Estaba solo en eso, inmensamente solo y pensar que ese había sido el origen de todo, una tarde en la que se había sentido demasiado solo, lo volvía todo más patético e irónico aún.
Volvió a tomar otro trago.
.- ¿Por qué?- preguntó Fénix, con frustración.- ¿Por qué demonios te haces esto a ti mismo?.
Leo la miró con una sonrisa divertida, abriendo grandes los ojos.
.- Porque tal vez sea masoquista, porque tal vez en el fondo sienta placer al ser pisoteado. No lo sé... – dijo, y de pronto su cara se desfiguró en una mueca de dolor.- Pero no quiero más de esto. No sé como voy a hacerlo, pero ésta ya fue la última vez. Lo prometo.
Fé se le quedó mirando.
De pronto se veía tan vulnerable, nada que ver con el Leo con quien corría camino al departamento unas horas antes. Deseó en verdad poder ayudarle, pero no sabía cómo. Siguiendo un impulso, alargó la mano por el mesón, intentando alcanzar la de Leo.
Él se dio cuenta y estratégicamente la evitó.
Retrocedió, apenas perceptiblemente, pero fue suficiente para poner distancia entre ellos. Fénix quedó con la mano sobre la mesa, mirándose los dedos vacíos.
Leonardo se puso de pie, con el vaso todavía en la mano, botando al suelo la silla en la que había estado sentado. Se quedó un segundo afirmado en la pared, tratando de que el cuarto dejara de girar, finalmente se dio cuenta que no iba a llegar a ninguna parte y se recostó contra la pared y se dejó caer hasta el piso en donde se quedó tratando de recobrar el aliento, sonriendo...
.- ¿Raph sabe qué clase de mujer es esa? Es decir ¿Realmente sabe de lo que es capaz?.- preguntó Fé.
Leo se le quedó mirando, con los ojos entrecerrados.
.- En realidad, no tengo la más puta idea de lo que Raphael sabe o no sabe.- dijo lentamente, tratando de pronunciar correctamente. - ¿Tienes idea de porqué Sora querría vengarse de él?...- preguntó a su vez, dando vuelta el vaso en su mano, nervioso.
Fénix evitó su mirada, y en vez de responder se sirvió más en el vaso y lo bebió de golpe.
.- Yo no sé nada de esto.- Mintió.
.- ¿No?- siguió él, mirándola con los ojos entornados, la cabeza apoyada contra la pared, sonriendo lánguido, parecía que en cualquier momento se quedaría dormido.- Sora estaba furiosa, mi suposición es que tiene que haber visto algo que en verdad no le gustó…- Fénix comenzó a sentirse incómoda.- Pero tú no sabes qué puede haber sido.. - Siguió Leo, sin quitarle los ojos de encima, sonriendo.
Ella no contestó. La chica desvió la mirada y fue a clavarla en sus manos, sosteniendo apretadamente su vaso. De incómoda ahora comenzaba a sentirse avergonzada. Leo terminó cerrando los ojos.
.- Tengo una muy buena idea de qué fue lo que vio. Y sé que tú lo sabes también.- Ella se volvió hacía él bruscamente.- Seguramente Raph te parece, algo especial... – siguió Leo, volviendo a soltar una risotada.- seguro que sí. Te gusta probar de todo un poco, me dio esa impresión en cuanto te vi la primera vez.
.- Yo... ¿cómo podía saber que ella...?
Leo estalló en carcajadas.
.- Lo sabía. Oh, hermano, y yo creí que todo este tiempo había estado mortificado y resulta que encontró una buena forma de pasar las penas.
De avergonzada, comenzó a sentirse molesta.
.- ¿De qué demonios estás hablando?- le dijo.- No sé en que estás pensando, pero no tienes ningún derecho a suponer nada, no sabes nada de mi...- Leo sólo la miró sonriéndole con desprecio.
.- Y no estoy interesado en saber nada más tampoco. Te he observado, llevas un tiempo intentando acercarte a mí… actúas como si no supieras nada de este asunto, pero es obvio que buscas algo, no sé qué, pero olvídalo, no voy a entrar en este juego, cualquiera que sea.
Fé se quedó con la boca abierta, queriendo defenderse pero sin encontrar las palabras, los ojos abiertos de par en par, a punto de llorar y sin saber qué decir.
Leo se le quedó mirando furioso hasta que finalmente se incorporó y comenzó a caminar en dirección a la sala, tambaleante... Se quedó de pie tras haber avanzado unos metros y sorpresivamente lanzó un rugido, arrojando el vaso que todavía tenía en la mano contra una pared donde se hizo mil pedazos... se cubrió la cara con las manos.
.- Juro que ésta es la última vez.- gritó, pero su voz salió ahogada de entre sus manos.
La chica se estremeció un poco, poniéndose de pie.
.- No sé que es lo que estas pensando de mí... – comenzó ella. Estaba molesta, pero su voz salió temblorosa, para su sorpresa estaba muy nerviosa.- Pero estás equivocado.
.- Tal vez.- la interrumpió Leo, sin volverse a verla, con las manos en la cabeza, tratando de calmarse.- Tal vez, no lo sé...- susurró.- Perdóname, olvida todo esto, qué culpa puedes tener en lo que ha pasado…
Fé aguardó un instante antes de continuar, sintiendo que se estaba dejando llevar por él. A pesar de su disculpa, no le agradaba la forma en que la miraba ni la forma en que le hablaba. Era simplemente injusto.
.- No la tengo, no tengo nada que ver en esto. Acabo de llegar a esta historia, ¿recuerdas?.- respondió al fin, sintiendo que recuperaba su confianza.- Lo que haya pasado con Raphael no es asunto tuyo ni es asunto de nadie.- Leo se volvió a verla con cierta sorpresa, ante la repentina firmeza en la voz de la chica. Ella aprovechó su atención para acercarse más y ponerse frente a él.- No tengo que dar explicaciones ni justificarme.
Leo iba a abrir la boca para decir algo, pero ella lo interrumpió.
.- Y a pesar de eso te sientes con derecho a juzgarme y sacar conclusiones de mí. Sólo estás siendo estúpido.- Leo frunció el ceño, ella se encogió de hombros.- Una mujer te hizo mal y de inmediato adquieres una filosofía de vida al respecto.
La mirada de Leo se oscureció.
.- Y tú crees haberme descifrado en este rato.- le dijo con voz grave. Ella sonrió, furiosa, acercándose más aún.
.- No es que sea tan difícil ver a través de ti. Deberías odiarla, pero insistes en portarte como perrito faldero…
Fue Leo quien avanzó hacia ella esta vez, acortando definitivamente la distancia; tenía a la chica a menos de un metro.
.- No quieres hacerme enojar en este momento.- le advirtió con una voz que más parecía un siseo.- a Raphael te lo podrás manejar con un dedo, pero conmigo mantén tu distancia.
.- Por favor, no te hagas ilusiones…- Dijo ella, con una falsa sonrisa.- No creas que es así de fácil.
.- Pues no creo que sea nada difícil tampoco. – respondió él cortante.
Fé sintió claramente el punto en que perdió el control. Lanzó una mano abierta hacia la cara de Leonardo, buscando abofetearlo, pero no alcanzó a llegar a esta. Cuando se dio cuenta, él la tenía agarrada por la muñeca. Trató de recuperarla, pero él se lo impidió.
.- ¿Qué crees que estás haciendo?- preguntó Leo, con una cara sin expresión.
Ella no respondió, aprovechó la mano de Leo que la sostenía como punto de apoyo y mandó una patada a su cabeza. Leo alcanzó en el último segundo a bajar la cabeza para evitarla, pero soltando la mano de la chica en el proceso.
Se incorporó y retrocedió para esquivar una nueva patada de la chica. La chica continuó tratando de golpearlo a un ritmo sostenido.
.- Estás tan hecho bolsa.- habló ella a lo que lanzaba golpes que Leo lograba esquivar.- que ves a todos como enemigos.
La chica siguió avanzando hacia él, Leo podía esquivar los golpes, pero se le estaba acabando el espacio hacia donde retroceder. Estaba aturdido y confundido y el alcohol no ayudaba en nada.
.- Basta…- gruñó; la chica le lanzó un puño al rostro que él desvió con un golpe de su antebrazo.
.- ¿Crees que me odias? Cómo podrías, no tienes idea de quien soy.
La chica dejó de avanzar directamente y saltó al sofá aun costado, tomando impulso para ir con una patada a la cabeza de Leo, este inclinó su cuerpo hacia atrás y dejó que ella pasara limpiamente por su lado sin tocarlo. Lo había hecho bien, pero ahora todo el mundo daba vueltas a su alrededor.
Dio un medio giro y acortó la distancia que lo separaba de la chica, quien todavía no se incorporaba del aterrizaje después de su fallida patada. La tomó por la ropa, a la altura del pecho y la atrajo hacia sí.
.- Dije ¡basta!.- gritó.
Ella se quedó muda por un par de segundos, luego le sonrió, con los ojos de par en par, con cierta fascinación.
.- Ah, estás enojado, ese es el espíritu… Ahora trata de usarlo con la persona que corresponde.
Fé usó el brazo de Leo para darse impulso, como si fuera una barra de gimnasia, apoyó ambos pies en su pecho y dio un salto hacia atrás. El giro de su cuerpo liberó su ropa de la mano de Leo, quien finalmente tuvo que dejarla ir.
La chica finalmente cayó al suelo, apoyándose en piernas y manos. Se alzó sobre sus manos y dirigió sus piernas a las de Leo, buscando barrerlo. Éste la vio y saltó hacia delante, dando una vuelta en el piso y volviendo a ponerse de pie.
.- Escogiste el peor día para hacer esto.- masculló, dirigiéndose hacia ella. Fé logró incorporarse justo a tiempo, justo para esquivar el golpe de puño que iba directo a su cara. Falló. No debió haber fallado, pero lo hizo, aunque por poco y alcanzó a sentir bastante bien con la fuerza que venía ese golpe. Pensó que era una suerte para ella que estuviera tan ebrio.
Leo buscaba acorralarla contra la pared más próxima, lanzándole golpes a los costados del cuerpo, ella lo veía girar y acercarse, esquivándolos todos, pero no le daba tiempo de hacer nada más.
Al final, simplemente saltó sobre la cabeza de Leo y usó sus propios hombros para pasar tras él. Leo no perdió tiempo en volverse hacia ella, sólo se agachó, el golpe sólo podría venir desde el aire... La pierna de la chica pasó en banda sobre su cabeza. Aprovechó que estaba desnivelada para deslizar su pierna a ras de suelo y hacerla caer.
.- Basta de esta mierda ¿qué demonios buscas de mi?- le gritó, pero la chica no contestó, demasiado ocupada en esquivar su golpe.
Fénix perdió el equilibrio, pero no cayó: se lanzó hacia el lado, sosteniéndose en sus manos, dio un par de giros hacia atrás y aterrizó sobre sus piernas, lejos de Leo y tras la mesa de café. Alzó la pierna y con la punta levantó la mesa en el aire, una vez ahí, la pateó en dirección a Leo.
Éste sólo se hizo a un lado cuando la vio volar hacia él.
La mesa de café fue a estrellarse contra el mesón de la cocina, donde no sobrevivió al golpe, haciéndose pedazos. Leo logró esquivar eso, pero no alcanzó a reaccionar cuando la chica llegó tras el objeto. Descargó una buena patada sobre su quijada, su cabeza golpeó hacia atrás, haciéndolo retroceder. El segundo golpe fue el otro pie de la mujer contra su pecho.
Se volvió hacia ella, fastidiado. Por él, ya había tenido suficiente, esperó a que volviera a cargar contra él, esperó a que se acercara...
.- Dije... que... ¡basta!...
Se movió primero que la mujer y le descargó un golpe con la parte externa del puño sobre la cara. Fénix voló sin un sonido por encima del mesón de la cocina, se estrelló contra las gavetas de la pared y cayó finalmente al suelo, junto con una lluvia de platos y vasos que salieron expulsadas de sus repisas.
Leo se quedó del otro lado, mirando en su dirección, resollando y todavía con el brazo extendido. Parpadeó varias veces, tratando de recuperar el aliento.
.- Dios...- trató de moverse pero entonces todo dio vueltas. Fénix seguía sin hacer ni un ruido del otro lado. – No... No... ¿Qué hice?
Como pudo, dio la vuelta al mesón de la cocina y encontró a la chica tirada en el piso entre los escombros. Se agachó junto a ella y la levantó por los hombros, sentándola contra las repisas bajo el mesón.
La chica comenzó a abrir los ojos, pero sin lograr enfocar en nada. Leo creyó que iba a vomitar mientras esperaba a que la mujer reaccionara, pero logró contenerse.
.- Mierda...- dijo, acomodándose más cerca de ella, haciendo a un lado los trozos rotos en el piso. Tenía la nariz llena de sangre. Leo le recostó la cabeza hacia atrás.
.- Como me hayas roto la nariz, maldito, te juro que... – comenzó ella, casi sin fuerzas. Leo tomó su nariz entre dos dedos con torpeza, arrancándole un grito. Tomó su cara entre las manos y la movió hacia arriba y hacia abajo, inspeccionándola con atención.
Ella tomó sus manos e intentó apartárselas mientras él le examinaba la nariz.
.- No está rota.- dijo al fin. Finalmente la soltó y la chica pudo poner sus propias manos en su nariz, como si tuviera que volver a ponerla en su lugar.
.- Pero mi cara...- dijo apesadumbrada y luego se lanzó a reír.- Mierda, qué despelote... apuesto a que morías por descargar una piña, me alegro que lo hayas logrado, lástima que haya tenido que ser yo. - siguió, pero luego se dio cuenta que Leo la estaba mirando mortificado.
.- Lo siento... Perdí la cabeza... yo... Dios mío...- sacudía la cabeza, confundido.- No estaba pensando... pude haberte matado...
.- Técnicamente yo empecé, así que…
.- Esto jamás debió haber ocurrido.- Leo se puso de pie, molesto.- Tú estás loca.- dijo secamente.- Por completo.
Fé sonrió complacida.
.- Hago lo que puedo.- dijo, pero la cara de Leo permaneció imperturbable.
.- Esto no es un juego, no para mí...- dijo y fue hasta el refrigerador, tambaleándose y abrió la heladera y sacó un puñado de hielo. Volvió donde la chica y se inclinó frente a ella, sosteniendo el hielo contra su nariz. La chica ahogó un auch.
.- Inclínate hacia atrás.- le ordenó.
Fénix se le quedó mirando a los ojos. Él tenía toda la atención en lo que hacía así que no la vio de inmediato, tardó un rato en descubrir sus ojos mirándolo. Tuvo que desviar la vista hacia otro lado. En verdad, no se sentía capaz de mirarla, ni de que ella lo mirara así...
.- En verdad lo siento.- le dijo, apesadumbrado. Cerró los ojos.- No puedo creer que haya perdido el control así.
.- Supongo que está bien de vez en cuando.- dijo ella encogiéndose de hombros.
Leo se volvió a verla con dureza.
.- Esto no es un juego.- repitió, recalcando cada palabra.- Nunca vuelvas a tratar de hacer esto. Nunca- Terminó. Ella alzó una ceja y ladeó la cabeza, comenzando a sonreír.
Hacía tiempo que nadie le hablaba de esa forma, le parecía interesante que Leo tratara de ejercer su autoridad en ella también, pero no dijo nada.
.- Si. Ya lo dijiste.- dijo al fin, tratando de reprimir una sonrisa.- Te creo. Fue una suerte para mí que estés así de ebrio...
.- De otra forma esto jamás habría pasado.- le dijo.
Fé tomó el hielo que él sostenía en su nariz, con la intención de relevarlo, quiso tomar su mano otra vez pero él nuevamente hizo lo imposible por evitarlo.
Ella lo miró extrañada, pero él la evitó.
.- ¿Cómo te sientes?- le preguntó ella después de un rato. Él la miró extrañado, desde que no era él quien sostenía su nariz hinchada y sangrante contra un montón de hielo.
.- ¿Cómo crees? casi te reviento la nariz... y creo que voy a vomitar...- susurró.
Leo la miró con esa expresión de culpa un segundo más y luego cerró los ojos, dejándose caer contra el muro, dándole un golpe al piso, fastidiado. Fé hizo a un lado los hielos de su cara y se limpió la sangre con el dorso de la mano...
.- Ya deja de mortificarte, nada malo ha pasado, estoy bien. Pensé que al menos te habría servido para desahogarte.- Se acercó a él antes de que pudiera notarlo, lo suficiente como para poner su mano en su mejilla, obligándolo a mirarla. Él le devolvió la mirada sorprendido, ella ésta vez tomó su brazo, cerca de su mano y lo usó para impulsarse más cerca de su lado...
Leo se congeló en el acto.
No dijo nada, se puso tenso, como si de pronto hubiera entrado en pánico. Se le quedó mirando grave, ordenándole en silencio que se detuviera. No tenía muy claro lo que ella pensaba hacer y también se sentía bastante ridículo prácticamente huyendo de la chica, asustado como un perro después de una paliza, pero fuera lo que fuera, no quería tener nada que ver.
Fé lo miró con sorpresa.
.- Yo no...- comenzó, confundida.- no estoy tratando de... ¿Realmente no te agrado? Es que creí que…
Fé aguardó, sin saber exactamente qué decir desde que no tenía cómo meterse en su cabeza y ver qué demonios estaba pasando ahí. Leo no le devolvió la mirada, sólo aguardó inmóvil.
.- Sólo estoy tratando de ser tu amiga aquí…- le dijo al final.
Leo no respondió, se revolvió incómodo. Ella esperó un segundo más y luego lo soltó y se separó de él. Leo cerró los ojos y exhaló, visiblemente aliviado.
.- Por favor, no trates de entender, no estoy pensando claramente.- respondió en un susurro, mirándola por fin.
Fé sintió un nudo en el estomago.
.- ¿Qué...?
.- No puedo ahora.- negó con la cabeza.- No puedo ser amigo de nadie ahora, no quiero a nadie cerca. Lo siento por todo esto, es mi culpa, no debería haber venido aquí para empezar.
Ella lo miró, sintiendo que el nudo estaba ahora en la garganta.
Le estaba dando demasiada importancia, ya lo sabía, seguro no valía el esfuerzo que estaba haciendo. Ya sabía todo eso, pero no lograba convencerse. Si fuera Raph, podría mandarlo al diablo y salir riéndose...
Reclinó la cabeza hacia atrás y volvió a ponerse el hielo en la nariz, esperando a que le adormeciera el dolor.
Y de pronto lo recordó.
Se puso de pie de un salto.
.- ¡Raph!...- casi gritó.- Dios mío, va a matarme...
Leo la miró extrañado.
Ella corrió hacia la sala, resbalando en los restos de vidrio y porcelana tirados por todas partes, todavía con el hielo presionado contra la nariz.
.- No, no, no, no...- canturreaba a lo que se desabrochaba las zapatillas y las arrojaba lejos, sin dejar de avanzar hacia el sofá, donde un par de pantalocillos negros descansaban en el respaldo. Se miró la polera, sólo era ropa común y con todo ese movimiento estaba rota en varias partes, bajo los brazos y en la espalda. Era una lástima, amaba esa polera, por esa F en rojo que tenía... en fin...
.- Mierda, no llegaré, Raph va a matarme.- siguió canturreando a lo que comenzaba a empujar la camisa sobre su cabeza.
De pronto se volvió a sus espaldas y encontró a Leo de pie. Estaba tan acostumbrada a cambiarse frente a Raph que ni lo pensó. Volvió a bajar la camisa rápidamente, agarró los pantalones del sofá y corrió a su habitación.
Leo se le quedó mirando, afirmado en el mesón de la cocina para no perder el equilibrio. Segundos después reapareció la chica, vestida de negro, con botas, el pelo ruloso recogido en una cola y armada. Tenía un pequeño morral negro a la espalda, sujeto por una correa que le cruzaba el pecho, y un arma extraña que nunca había visto a cada lado de la cintura.
.- ¿Nos atacan?.- preguntó Leo, arqueando una ceja.
.- No... tengo que...- Fénix corrió a la ventana y comenzó a abrirla.- Tengo que hacer.- dijo simplemente.- Puedes quedarte todo lo que quieras, sólo deja el seguro puesto al salir.
Todavía estaba hablando cuando desapareció tras la ventana.
Tropezando con casi todo, Leo logró llegar hasta allá. La vio correr sobre las azoteas a varios metros ya de ahí, como una mancha negra moviéndose rápidamente.
Se preguntó qué tendría que ver Raph en ese asunto al que tenía que asistir armada hasta los dientes.
.-
TBC
Banda sonora de este capítulo:
I'll attack.- 30 seconds to mars
Easier to run.- Linkin park
