CAPITULO XI.-
Se dejó caer al suelo de la terraza.
Era una locura, no podía andar por los techos así, ni pensar en bajar, ni pensar en llegar a la guarida, no así como estaba.
Prácticamente rodó hasta llegar a la pared más próxima, todo a su alrededor era un enorme tirabuzón que lo hacía girar en círculos y lo succionaba hacia abajo... probó cerrar los ojos, pero la sensación fue mucho peor.
Apoyó la cabeza en el muro y vio como el cielo azul oscuro se ladeaba a la derecha, luego a la izquierda, luego a la derecha otra vez… sonrió, arrugando la frente, esperando a que todo dejara de girar un poco. El mundo entero, incluyéndose a sí mismo, le importaba un cuerno en ese momento y la sensación era grandiosa, a pesar de todo.
Se quedó mirando el edificio frente a él. Las luces de los distintos apartamentos se encendían y apagaban, una se encendía por ahí, otra se apagaba por allá, y otra más se encendía en otro rincón... no sabía porqué, pero esa estupidez había atraído toda su atención, se sentía capaz de mirarla toda la noche. Pensó en que tal vez debería quedarse así para siempre, ebrio para siempre, con la conciencia dormida para siempre.
Se inclinó hacia delante haciendo una arcada.
O tal vez no.
Sentía la cabeza envuelta en algodón y el estomago en la garganta.
.- Hay gente que pagaría por verte así...- escuchó decir una voz.
El cuerpo entero se le congeló. Trató de volverse hacia el sonido, pero al instante fue conciente de la lentitud con la que su cabeza giraba a su alrededor. Su cuerpo se movía en cámara lenta, incluso aquellas reacciones que se activaban automáticamente al saberse en peligro...
Una punzada de miedo le clavó en el estomago.
.- Y hay gente que pagaría lo que fuera por encontrarse contigo así como estás...- siguió la voz.- Sólo por esta preciosa oportunidad.
Intentó ponerse de pie, pero volvió a caer en su lugar, sacudido por un mareo. Se reclinó nuevamente contra la pared, tragando aire a bocanadas. Se quedó mirando frente a sí, tratando de enfocar la vista, el corazón golpeándole con fuerza en el pecho.
Así como estaba, era un blanco fácil, un blanco increíblemente fácil.
Una figura alta aterrizó en el techo, a poca distancia de él, pudo verlo por la esquina del ojo... Unos pantalones negros, un abrigo largo, venía desde el cielo cayendo a tierra suavemente, sin ningún esfuerzo, sin ningún sobresalto.
Como si flotara.
Por eternos segundos, lo único que vio fue su abrigo flameando al viento. Luego lo vio comenzar a caminar hacía él. Las piernas del extraño se ladeaban de izquierda a derecha a lo que se aproximaban, como si estuviesen sobre un bote.
Finalmente se detuvieron frente a él.
.- ¿Cuánto me costaría matarte ahora?.- preguntó. Leo alzó los ojos y comenzó a mover su brazo derecho hacia la espalda.- Si quisiera hacerlo, claro...- el extraño se encogió de hombros y desvió la mirada.- Un hombre con tantos enemigos no se anda paseando borracho por los techos, a la vista de todos...
Leonardo lo miró un segundo, tratando de enfocar la vista.
Un hombre altísimo, cabello blanco recogido en una cola de caballo, los ojos blancos también, sin pupilas, aunque no parecía tener problema alguno de visión, leves arrugas de expresión cruzándole tenuemente el rostro tal vez un poco demasiado pálido...
Vestido con un largo abrigo beige sobre un traje negro, las manos en los bolsillos. Casi parecía un tipo común y corriente.
.- Te recuerdo...- habló Leo, ya cerrando su mano alrededor de la empuñadura, dejando que la adrenalina y el miedo corrieran libremente para que se comieran la mayor cantidad de alcohol posible. – Te recuerdo bien.
El hombre sonrió.
.- Me temía que si. Si de algo sirve, te ofrezco mis disculpas...
.- La última vez estaba amarrado, casi no me podía mover. Ahora estoy ebrio. Es obvio cual de los dos es el con suerte.
Leo comenzó a ponerse de pie, afirmándose en la pared, lentamente desenvainó... Battou abrió los ojos de par en par y soltó un bufido.
.- ¿Vas a intentarlo de todas formas? vivo por estos momentos.
.- No por mucho si te acercas más.
El hombre frunció el ceño.
.- ¿Quieres la revancha, entonces?.- le preguntó con seriedad.
Leo se relajó un segundo, estudiando con cuidado su cara. Battou aún tenía las manos en los bolsillos.
.- ¿Qué quieres?.- preguntó a su vez.
Se preguntaba también por qué se estaba tomando tanto tiempo para matarlo, si estaría disfrutando con eso.
.-Sólo hablar.- contestó, haciendo una pausa para que Leo decidiera si le creía o no.- En verdad lamento lo de la última vez.- siguió.- pero tú decide si todavía me guardas resentimiento, tienes derecho a la revancha.
El extraño le clavó los ojos en cuanto terminó de hablar y Leo le sostuvo la mirada por un buen rato. Ninguno de los dos hizo el menor movimiento, el hombre no estaba tenso ni ansioso, y en cuanto a él, se sentía más que abierto a rechazar una pelea en esas circunstancias.
Guardó la espada.
.- Si es así, entonces vete.- dijo, comenzando a dar media vuelta.- Por hoy no habrá más revanchas… ni más conversaciones.
Era su intención alejarse de ahí, pero como había supuesto, el sujeto intentó detenerlo.
.- Aún así, me gustaría que te quedaras a escuchar lo que tengo que decir.- habló en voz alta y profunda, ni siquiera era necesario que la alzara demasiado para hacerse escuchar. Leo volvió su cuerpo hacia él nuevamente, con cansancio.
.- Tu nombre es Battou ¿verdad?..- El hombre asintió una vez.- Bueno, Battou, no estoy interesado en escuchar nada más. No esta noche.
Battou sonrió, Leo se sintió un poco molesto por la expresión en su cara, como si pretendiera comprender cómo se sentía, como si pudiera saber que lo único que deseaba en ese instante era dormir, dormir un millón de años de corrido... Odiaba la idea de que ese extraño pudiera estar sintiendo lástima por él.
Comenzaba a darle la espalda nuevamente cuando su voz volvió a detenerlo.
.- De todas formas.- lo atajó.- quisiera que entendieras por qué hice lo que hice...
.- Tu conciencia me tiene sin cuidado.
.- No es eso. Tal vez si hubieras estado ahí, podrías entender...
.- Estaba ahí.- le interrumpió, volviéndose a verlo.- Sólo que inconsciente...
.- Muerto, en realidad.- corrigió Battou con un gesto distraído de la mano.- ¿Pero qué importa eso ahora?
Leo abrió los ojos de par en par.
.- ¿Qué?
.- Detalles, detalles...- siguió el hombre. Leo se le quedó mirando, aún perplejo, pero Battou pasó rápidamente a otro tema.- El punto es que todo lo hice por ella, para salvarla y tú me ayudaste mucho en eso...
Leo soltó un bufido.
.- Hasta donde me acuerdo tu intención era que muriera... y que sufriera lo más posible en el proceso...
Battou pareció reflexionar, mirando hacia los edificios a lo lejos.
.- Bueno, si... esa era la idea al principio... pero después...- Suspiró.- Después lo pensé mejor. Ambos éramos igual de víctimas en todo eso, decidí que lo mejor era dejar de lado la venganza y tratar de sacar nuestros culos del problema en forma más definitiva, costara lo que costara. Sabía que ella comenzaba a darse cuenta, de que comenzaba a ver las cosas como yo, pero necesitaba de un empujoncito para atreverse a dar el salto... ¿entiendes?
.- No.
.- Ella creía que matarte solucionaría todo y que podría seguir feliz después de eso. Realmente no se daba cuenta de que era una locura, tenía que entenderlo y tenía que hacerlo sola.
.- Así que no encontraste nada mejor que matarme.
.- No se te escapa nada ¿verdad?.- sonrió Battou inocentemente.
.- Genial...- murmuró Leo.
.- Si, pero bueno...- Battou suspiró.- Tenía la esperanza que sólo sería temporal, sólo hasta que ella se diera cuenta de las reales consecuencias de seguir adelante con su plan, de que jamás lograría que la dejaran en paz como ella pretendía, que la única salida a nuestra maldición era rehusar a seguir matando... y aceptar el castigo, claro.
Leo se quedó pensando, viendo al hombre a la cara pero no viéndolo realmente. Terminó volviendo la vista hacia algún punto impreciso en el horizonte.
.- No había ninguna seguridad.- dijo al fin, pensativo, sin volverse a Battou.- Ella podría no haberlo entendido de esa forma y yo acabar muerto por nada.
.- Por supuesto.- asintió el hombre.- Esa era una posibilidad. Pero tenía que probar de todas formas.
Leo rió sin gracia.
.- Eso te convierte en un maldito hijo de puta.
Battou lo miró con resignación.
.- Si, es verdad….- suspiró.- Y de verdad lamento haberte usado, si te hace sentir mejor, a todos nos toca alguna vez.- le dijo con tranquilidad encogiéndose de hombros.
Leo no respondió nada, sólo lo miró. Finalmente caminó tambaleante hasta la cornisa, deteniéndose un poco más cerca del hombre.
.- ¿Y qué quieres ahora de mí?- preguntó.
.- Que no la odies. Sólo eso.- respondió Battou.- Que trates de perdonarla.
Se volvió a mirarlo. En la oscuridad, su figura vacilaba de un lado a otro.
Que no la odiara.
Sólo eso.
Qué gracioso.
Probablemente ese hombre lo hubiera pasado todo por alto o de lo contrario entendería que la solicitud estaba por completo de más: él no podía odiarla, y a ella le importaban dos cuernos lo que él pudiera sentir por ella, fuera bueno o malo.
.- Quería que supieras que no te ha hecho nada a propósito, es sólo que nunca le enseñaron de otra forma, sólo ha sabido de recibir golpes y se ha pasado todo este tiempo aprendiendo a devolverlos. No se puede esperar a que cambie de la noche a la mañana, pero lo está intentando, en serio, mejorará, dale tiempo. Sé que estás herido, pero no la odies.
.- No lo hago.- dijo, con algo de impaciencia.- Todo sería más fácil si así fuera...
Battou se le quedó mirando en silencio por un minuto. Terminó asintiendo.
.- Todo estará bien, chico. Te tocó la parte fea esta vez, pero la próxima será mejor, te lo prometo.
Leo suspiró.
.- Si, claro…- balbuceó.
Durante el rato en el que el hombre hablaba, Leo había estado tratando de acercarse más a la cornisa y ahora por fin había logrando sentarse en ella, afortunadamente manteniéndose en el lado seguro.
.- ¿Y qué va a pasar con ella?- volvió a preguntar
.- Lo está intentando. Intentando dejar de lado todo lo que fue. Tal vez tu hermano ayude.
A Leo le dolió eso, pero ya pasaría, se dijo, ya lo aceptaría. Ya llegaría ahí.
.- Realmente te preocupas por ella, ¿Por qué?
El hombre se volvió a verlo, con sus manos eternamente en los bolsillos del abrigo, con un aire alegre y relajado.
.- Sora es mi hermana. Por mucho que nos odiáramos a veces, ninguno de nosotros tuvo nunca familia y creo que entre los dos hacíamos algo parecido. Uno siempre se agarra de lo que tiene, por poco que sea y nosotros no teníamos nada más.- Battou lanzó un suspiro.- Cuidar de ella se ha convertido en la misión de mi vida. Realmente espero que sea feliz.
.- ¿Y qué hay contigo?
Battou se encogió de hombros.
.- Eso me haría bastante feliz a mí también. Por ahora.
.- Eso es algo.
.- No, chico, eso lo es todo.- Battou soltó una carcajada.- Debiste haberme conocido unos años atrás. – Siguió.- Me he calmado mucho desde entonces. No sé si ya tengo todo lo que quería, pero al menos, algo se ha ido calmando en mí. No te imaginas lo que es ir por la vida con la sensación de que algo te devora por dentro…
Leo se puso de pie y caminó vacilante hasta detenerse junto a Battou, a mirar hacia la ciudad a su lado.
.- Si...- dijo.- Si puedo.
Por mucho rato, ninguno de los dos dijo nada, permanecieron en silencio mirando las luces de la ciudad. De a poco, el aire fresco iba a aclarándole la cabeza a Leo y comenzaba a sentirse menos mareado.
.- Sólo hazme un favor.- volvió a hablar Leo.
.- ¿Cuál?
.- Asegúrate de que Sora se de cuenta de a cuanta gente le importa, de que no va a estar sola nunca más. Te tiene a ti, tiene a Raph, me tiene a mi, aunque no le importe, y al resto de la familia. Encárgate de que tenga eso en mente, es todo lo que pido.
Battou sonrió levemente.
.- Así se hará.- dijo, volviéndose a observarlo con más detención.- Eres un buen sujeto chico, ya verás como las cosas se arreglan para ti.
Leo habría respondido algo pero de pronto comenzó a sentirse realmente mal... era de esperarse con todo lo que había bebido en una sola noche… contrajo la cara y comenzó a alejarse, pálido como la muerte.
.- Oh, por Dios...- alcanzó a decir.
Battou se volvió hacia él, extrañado, encontrándolo a unos metros de él, en un rincón, afirmado en sus rodillas, vomitando hasta la última fibra de su ser.
El hombre arrugó la nariz.
.- Eso no fue muy elegante, chico.- dijo, volviendo la cara al frente otra vez.- Pero estarás bien, todo estará bien…- Por toda respuesta, Leo siguió vomitando.
Dejó que Leonardo terminara de vaciar su estomago y se volvió a mirar a un edificio contiguo. Había una sombra ahí, una sombra de pie, mirándolos.
Battou sonrió.
.- Tú tampoco estás solo, chico…- susurró.
.-
2.-
La encontró más fácil de lo que pensó, estaba donde pensó, en la azotea donde todo comenzó, el mismo viejo edificio abandonado donde se encontraron la primera vez.
Parecía tanto tiempo ya, otra vida casi...
Era otra vida en verdad, él era otro, ella era otra, sólo ahora, al ver las cosas de nuevo, se daba cuenta y de verdad agradecía eso...
¿Sería un otro mejor? ¿Las cosas resultarían mejor ahora? Realmente no importaba, igual iba a correr el riesgo, había estado muriendo por verla de nuevo, lo que había pasado o lo que pudiera pasar no importaba. Por el momento, estaba ahí de nuevo, sólo tenía que acercarse.
Deseó por un segundo que todo fuera así de fácil, pero siempre estaba esa pequeña vocecita en el fondo de su cabeza susurrándole que todo saldría mal al final.
Suspiró.
Sintió como la vez que la vio de nuevo, en el departamento de Abril, estaba feliz, pero a la vez sabía que no podía ser así de fácil. Nunca, ni en millón de años. Sabía que por mucho que lo intentara, incluso si enmendaba las cosas, si hacía todo bien, aún así, igual podía terminar no resultando. Terminar todo mal.
Podía reconocer que la idea le asustaba ¿Y qué podía hacer? Estaba hecho de esa forma. Pesimista, podía ser, pero siempre realista ¿Qué pasaría con él cuando la vida de Sora por fin estuviera bajo control? cuando quisiera una vida normal, algo que él no podía dar. Tal vez estaba apurando las cosas, pero si llegaba a pasar, entonces él estaría de más.
No, eso no podía funcionar, era un error, por donde lo mirase. Y ésta vez no podía tomárselo a la ligera como antes, siempre listo a deshacerse de todo, siempre listo a mandarlo todo al diablo, porque ésta vez se lo quería tomar en serio. No era que tuviera mucha opción de todas formas, era una cosa que ya lo había superado desde que no había dejado de pensar en ella un solo instante en todo ese tiempo.
Claro que todavía podía dar media vuelta...
Si se iba ahora, probablemente se ahorraría un montón de mierda en el futuro... Probablemente no tendría que sufrir, o hacer sufrir. Tal vez fuera lo más responsable. Lo más seguro.
Pero no. Sonrió. Ya no se iba a ir y eso lo hacía sentir bien.
Le gustaría al menos poder ser un poco más optimista, pero así no era él. Por el momento, lo único que quería era estar ahí, estar ahí y seguir estando. Por el tiempo que durase, al menos.
Por el tiempo que durase.
3.-
Adelantó un par de pasos hacia ella...
Tenía los codos apoyados en el balcón, desde ahí miraba la ciudad, junto a ella, una gárgola gruñía a la nada.
.- Hola extraña...- dijo a su espalda. No podía verla, pero adivinó que debía estar sonriendo, aunque no se volvió hacia él.
.- ¿No vas a atacarme esta vez?.- preguntó, risueña.
.- No te vez tan amenazante hoy.
Ella se rió, pero en el fondo era verdad. La primera vez que se vieron en esa azotea, ella era un ser oscuro que tomaba la vida de otros. Tanto había cambiado.
Cerró los ojos y una enorme sonrisa se extendió por toda su cara. No podía creer que estuviera ahí, que en verdad estuviera ahí, después de todo, después de tanto tiempo, hasta ese momento todavía dudaba si vendría...
Pero ahí estaba.
¿De verdad se podía empezar todo de nuevo? No, el tiempo no da vuelta atrás, sólo puede seguir hacia delante. Sonrió.
De verdad agradecía eso.
Lo sintió revolverse incómodo tras ella, los silencios muy prologados siempre lo habían puesto nervioso, sobretodo cuando era a él a quien correspondía hablar.
.- ¿Por qué volviste?- preguntó secamente.
Aun si no lo pretendía, su voz siempre acababa sonando un tanto hostil, grave, ruda, a ratos reñida con la buena dicción. Pero ella ya la conocía y no la cambiaría por nada en el mundo. Bajo ese hosco exterior se escondía la persona más dulce y cálida que jamás había conocido, aunque él mismo luchase constantemente por enterrarla en lo más profundo de su ser y a menudo lo consiguiera.
Suspiró.
.- Eso es fácil.- comenzó, volviéndose a mirarlo.- Volví porque te amo.- Raph no dijo nada, pero volvió a revolverse nervioso.- Siempre supe quien eras. – Siguió Sora, bajando la voz.- Sé lo que puedes dar. Sé lo que puedo pedir.
Raph se le quedó mirando.
.- No sé cuánto pueda ser eso...- dijo al fin, en voz muy baja también.- A lo mejor no es mucho.
Ella no respondió, volvió la cabeza, apenas un poco. Raph avanzó un par de pasos más y apoyó su cuerpo contra el muro de la cornisa, casi a su lado. Por un rato hizo como ella y sólo miró a la ciudad a lo lejos, les quedaban aún un par de horas de oscuridad antes de que amaneciera.
Cerró los ojos, sintiendo una pelota en la garganta.
Era lo más cerca que habían estado desde que ella había vuelto. Dios, la había extrañado tanto ¿por qué no podía simplemente ir y abrazarla? Era todo lo que quería en ese instante, trató de concentrarse, pero el corazón le saltaba... Tomó aire y lo dejó ir...
Se fijó en las manos de Sora, estaban temblando... Los dos estaban tan nerviosos que ni siquiera se atrevían a mirarse a la cara, era la cosa más estúpida que le había pasado jamás, forzosamente debía ser gracioso...
Ojalá supiera cómo reírse.
Se quedó mirando su perfil, si estiraba el brazo podría tocar su hombro. Pensó que jamás iba a volver a verla ¿no era demasiado bueno tenerla parada justo al lado suyo, después de todo lo que había pasado?
La observó cerrar los ojos y sonreír cuando una ráfaga de aire pasó por su cara y su pelo… si estiraba el brazo podría tocarla…
.- Antes no me gustaba cuando amanecía...- dijo de pronto.- era un momento muy triste, lo que parecía divertido durante la noche no tenía ningún sentido en la mañana. No me gustaba ir a dormir.- sonrió.- Cuando te vi esa noche, estabas solo, como yo. Tampoco te gustaba dormir, pasabas toda la noche en pie para no tener que ir a dormir.
Raph sonrió. En verdad, casi nunca dormía. No si podía evitarlo, tendido en la cama su cabeza se llenaba de pensamientos y de preguntas sin respuesta. A veces las cosas se veían como realmente eran… No, no le gustaba irse a dormir.
.- Estabas siempre enojado, siempre furioso, a punto de explotar en todo momento, igual que yo.- siguió ella.-. Tú te quedaste conmigo porque pensaste que te entendía…
Sora guardó silencio un instante, volviéndose a mirar a sus pies, con una sonrisa triste. Raph escuchaba.
.- Lo único que siempre quise fue estar contigo, pero lo hice todo mal…
Sora esperó a que la voz dejara de temblarle antes de continuar.
.- Sora...
.- Lo siento, lo siento, no te imaginas cuánto.
.- Si, ya lo sé. Ya nos lo hemos dicho un millón de veces.- dijo Raph, en voz baja.- No quiero que sigas pidiendo perdón.- Ella se volvió a verlo, sorprendida, pero él se había vuelto a mirar el cielo, tratando de contener su mal humor.
.- Pero, Raph...
.- Tienes razón, las cosas eran distintas entonces, tienes mucho qué lamentar y yo también, por haber dejado que te fueras, por no haber hecho algo. Tenemos demasiadas cosas por las que lamentarnos, no terminaríamos nunca y no tenemos tiempo para eso, Sora, de verdad que no.
Sora lo miró atontada, él respiró profundo.
.- Raph…- Ella buscó su mirada, pero él la tenía fija en el horizonte, todavía ceñudo, todavía sin relajarse.
.- ¿Qué harás ahora?- volvió a preguntar él, sin darle oportunidad a ella de decir nada más. Sora parpadeó buscando concentrarse.
.- No parece que tenga muchas opciones, tengo que cumplir mi penitencia y...
.- Lo que sea que tengas que hacer, no te vayas.- la interrumpió él.- Quédate.
Ella se paralizó. Raph se volvió a mirarla a la cara por primera vez y ella lentamente hizo lo mismo. Por un buen rato no hicieron mas que mirarse, él la cara asustada de Sora, ella el ceño fruncido de Raph.
Sora quería pedirle que se quedara con ella, quería decirle que lo necesitaba, pero que tenía miedo porque nunca había sido capaz de conservar nada. No sabía cómo.
Así que sólo se quedó en silencio...
Raph esperó, observándola. Frunció el ceño aún más.
.- Te amo.- dijo al fin.
Los ojos de la mujer se abrieron gradualmente, lentamente mientras sus labios comenzaron a temblar. Abrió la boca y los ojos se le llenaron de lágrimas. Raph permaneció inmóvil e incómodo.
.- Di algo pronto, ya me siento bastante estúpido...- empezó a decir, pero no alcanzó a terminar la frase cuando la chica saltó sobre él, abrazándolo por el cuello con fuerza. Raph la miró sorprendido un segundo antes de abrazarla también.
Cerró los ojos...
Dios, no podía creer que la estuviera abrazando, que ese fuera de verdad su cuerpo, tantas veces que la había abrazado antes, sin darse cuenta de lo que estaba haciendo, pero jamás se había sentido como en ese momento. Sora se largó a reír, apretándolo aún más fuerte hasta que perdieron el equilibrio y terminaron cayendo al piso...
Del otro lado de la cornisa se oyeron unos gritos de felicidad, unas risas y después nada...
Nada por un buen rato.
Ninguno de los dos se movió de ahí hasta varias horas después de que hubiera salido el sol.
.-
TBC
Banda sonora:
Diary of a maman.- Versión A perfect Circle
Virgin state of mind- K's Choice
What I've done.- Linkin Park
Make this go on forever.- Snow Patrol
