Notas Inciales: Ídem Capítulo 1. Solo que este sugiero que si lo releen, porque hice un par de cambios importantes, y para que retomen bien el hilo, y así comprender mejor el epílogo, que es un verdadero culebrón.

Capitulo 2: Eternamente pelirrojas

Ojos esmeralda contra ojos avellana. Cabellos azabache entremezclándose con cabellos rojo fuego. La historia se repite. Una y otra vez.

Era Lily… y al instante siguiente era Ginny.

Era James… y al instante siguiente era Harry.

¿Castigo del destino el volver encarnando en otra persona?

¿Castigo del destino, el estar eternamente condenado a amar a una pelirroja?

No lo sabía.

Si eso era un castigo, permitiría que lo castigaran mil y una veces más.

¿Seria cierto que era el espíritu de la menor Evans el que animaba a la menor Weasley?

¿Seria cierto que su cabellera encendida la había conectado místicamente con la madre del hombre que mas amaba en el mundo?

No lo sabía.

Si bien era cierto que Harry tenia los ojos color verde y no Ginevra, también era cierto que ella tenía los mismos ojos castaños que James.

Harry se removió en la cama, inquieto, provocando un gemido molesto por parte de la mujer que dormía a su lado.

El azabache se la quedo mirando embobado. Habían pasado ya seis años desde aquella tarde en la que había soñado con su madre y el amor de su vida había subido a despertarlo… a él y a sus sentimientos…

Ella no había cambiado en nada. Seguía siendo igual de hermosa. La misma nariz respingada, las mismas pecas juguetonas, los mismos adorables ojos castaños… la misma encendida y hermosa cabellera pelirroja…

¿Por qué justo se había ido a enamorar de una mujer con ese color de cabello? ¡¡¡Diablos! Todo hubiera sido más sencillo si se hubiera enamorado de Hermione o de cualquier otra… Pero no. Él siempre buscando lo único, lo exquisito, lo inigualable….

Porque en verdad no había otros adjetivos que la describieran mejor. Ese pelo de ensueño, que flotaba a su alrededor como si fuera un hada…

¡No, no y no! ¿Por qué se empecinaba en darle tantas vueltas al asunto? ¡¡Era pelirroja y punto! De tomarse las cosas tan en serio, debería preocuparse más por su hija de dos años, que, por desgracia o por fortuna, había nacido pelirrojay con ojos esmeralda…

Harry meneó la cabeza, enfadado.

¡Basta, basta, basta!

¡Eran las tres de la madrugada! ¿Quién lo obligaba a estar pensando asuntos tan profundos y filosóficos como lo eran la reencarnación y la conexión mística?

Bufando, se metió en su cama, y abrazó a la pelirroja, a SU pelirroja, quien dormía con un sueño muy placentero…

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- Ginny… Ginny…

Ginevra conocía esa voz, y al mismo tiempo le resultaba muy lejana… Recordó, con esa lógica natural e inexplicable de los sueños, que hacía años que no la escuchaba, pero que ya formaba parte integral de si misma… desde los cuatro meses, desde antes incluso de tener memoria, ella la había acompañado…

- Lily…- respondió la Weasley.

- Si, soy yo- la voz tomo forma material en el subconsciente de Ginevra, apareciendo como siempre lo había hecho: como una quinceañera de baja estatura, delgada, pelirroja y de encantadores ojos verdes.

- Tanto tiempo…

- Demasiado, ¿verdad? Pero solo volví porque es necesario. Sabes que últimamente he preferido dejarte en paz. Aunque en realidad…

- … nunca te fuiste. Lo sé. - completó Ginevra.

- Exacto.

- ¿Qué sucede?- no es que fuera descortés, pero eran inútiles las formalidades con un ser que formaba parte de si misma.

- Harry sospecha.

- Lo sé.

- No puedes permitirlo.

- ¡Pero no comprendo de donde nacen sus dudas! Yo me comporto perfectamente normal.

- Mi hijo tiene un sexto sentido…

- Pero contra ello yo no puedo. Eso es algo de lo que ustedes debieron haberse ocupado de anular.

Los ojos de las pelirrojas se cruzaron y guardaron silencio. Las palabras no eran necesarias entre ellas, pues compartían un mismo espíritu.

- Esta bien- cedió Lily- Sea como tú quieras… Solo una cosa más: el momento se acerca.

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Ginevra se sentó enfrente de su marido, con la hija de ambos en brazos.

Rojo encendido…

¡No, otra vez no! Se había pasado la noche en vela pensando en ello, esperando que la claridad del amanecer le trajera las respuestas. Y en realidad, Potter no estaba lejos de la verdad, pero la visión de las dos mujeres que más amaba en el mundo le dificultaba el entendimiento… Si solamente otra pelirroja completara el trío, su felicidad sería completa…

La mujer titubeó. Era una ilusa. ¿Qué sentido tenía decirle todo eso? ¿Le creería? Por supuesto que no ¿Cómo habría de creerle, si ella, pese a los años que habían pasado, aún no lograba convencerse del todo de que no eran alucinaciones de su mente dormida? Si no escuchara esa voz también durante el día, no hubiera dudado en tomarse una buena poción para dormir sin sueños y olvidarse para siempre de aquel espíritu y aquél peso sin retorno que había cargado sobre sus espaldas…

Él la miraba expectante. No podía no decirle nada. Y bueno, si no podía contarle un secreto que lo atribulara, o que le hiciera pensar que su mujer había enloquecido, al menos podía contarle aquel que iba a hacerlo tan feliz.

- Harry… Hay algo muy importante que debo decirte…

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Notas de la Autora:

Mmm… pues nada, solo que esperen: dentro de muy poco (es una promesa) estará el Epílogo, que les explicará todas sus dudas. Y no, Gin NO es la re-encarnación de Lily, y por lo tanto Ginny y Harry NO tienen una relación perversa, enferma o lo quesea. Ya verán.

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