Disclaimer: Bla, bla, bla, lo mismo de siempre. Harry Potter no me pertenece...

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Capítulo 2

Godric Griffindor se lanzó de inmediato en la primera butaca que divisó libre, colocando despreocupadamente los pies sobre la misma. Con un chasquido de sus dedos, encendió la chimenea de su despacho que comenzó a calentar suavemente el pequeño cuarto.

Su rostro mostraba la preocupación mezclada con algo de curiosidad. Todo esto le parecía extraño... muy extraño. Aunque sabía que existía un motivo para lo sucedido, aún no podía entenderlo, no le encontraba ninguna explicación lógica. ¿Del futuro? ¿Aquél niño venía del futuro? Sin embargo, en el mundo mágico cualquier cosa podía ser posible... por más increíble que pareciese.

Resoplando y levantándose de su lugar favorito junto al fuego, caminó hasta un pequeño mueble en donde podían observarse extrañas botellas que contenían bebidas específicamente para aquellas ocasiones que no hacían más que estresarlo. Esta parecía ser una de esas. Suspirando, y sirviendo en una copa la bebida más fuerte que había encontrado, regresó a su sillón y acomodándose mejor, recordó la insólita conversación en la que él había participado horas atrás.

Flash back

Los cuatro fundadores se encontraban sentados alrededor de una fina mesa de cristal, con delicadas flores y diversos grabados en su superficie. En el centro de esta, reposaba una vieja y sucia vasija con un líquido plateado en su interior, que no paraba de dar vueltas y vueltas.

A un lado de estas personas, se encontraba un joven de no más de dieciséis años recostado sobre un amplio sofá de terciopelo rojo.

Ya hacía una hora aproximadamente de que Helga, luego de varias pruebas hechas minuciosamente a su joven paciente, le había dado el permiso para que, al fin, pudiera salir de la enfermería.

Así fue como Godric y Rowena, al encontrárselo en la puerta, lo arrastraron hacia el despacho de esta última, donde Harry sabía que lo que vendría a continuación, no iba a ser nada fácil, y más cuando no tenía ni la más mínima idea de qué estaba haciendo allí, en esa época con los fundadores de Hogwarts a mil años de su verdadero tiempo.

Resignado, dejó que lo guiaran por los pasillos, seguido muy de cerca por un Salazar Slytherin, que de vez en cuando le enviaba miradas cargadas de desconfianza mezcladas con un poco de curiosidad. Sí, porque no todos los días te encuentras a un joven en el medio del bosque, flotando a centímetros del suelo rodeado por una suave luz dorada cuando vas a buscar ingredientes para tus pociones.

Cerrando la comitiva, iba Helga Hufflepuff, con una suave sonrisa en sus labios. Había estado estudiando detenidamente al joven muchacho durante el poco tiempo en que estuvo en la enfermería y a su parecer, (también se lo había comentado a sus compañeros) el chico estaba tan confuso como ellos.

Luego de estar caminando por lo que a Harry le parecieron horas, llegaron a un retrato de una bruja, que en ese momento leía un gran y pesado libro.

-Rowena, ¿no puedes poner algún cuadro más divertido que ese? Yo me aburriría con tantos libros a mi alrededor.- Comentó Godric de repente, quebrando el silencio que los había acompañado durante el trayecto.

La mujer lo ignoró, y murmurando unas palabras que Harry no pudo escuchar, el retrato se movió dejándoles libre el acceso.

Y así fue como, minutos más tarde, los fundadores (luego de hacer sus respectivas presentaciones), se habían interesado más en el misterioso joven que en aquellos momentos parecía no poder explicar nada que se refiriese a él.

-Y tú, ¿quién eres?- Habían sido las palabras de Slytherin las que lo habían sacado de su estupor.

Harry dirigió la mirada hacia los ojos del hombre que le había hablado, y no pudo más que tragar con dificultad. Esos ojos... esos ojos. Esos ojos eran tan iguales a los suyos... pero a la vez tan diferentes. Mientras que los de Harry eran un verde esmeralda brillante, ahora llenos de dolor y tristeza, los de Slytherin eran un verde más opaco llenos de una gran inteligencia y de esa astucia que tanto lo caracterizaba.

-Yo… yo...- Harry se irguió en el sofá y reuniendo todo el valor que le era posible en esa situación, dijo.- Mi nombre es Harry Potter, y no pertenezco a esta época. Vengo desde mil años en el futuro.-

El silencio que le siguió a esa declaración se hizo insoportable para el joven. Él había visto en las películas y presenciado en la vida real, que luego de un silencio, siempre venía lo peor.

Por eso se preparó, para algo que sabía nunca iba a suceder.

-¿Del futuro, dices?- Le preguntó Helga Hufflepuff después de un largo tiempo. Harry asintió.- ¿Y cómo podemos estar seguros de que todo esto no es más que una trampa?- Volvió a cuestionar la bruja.

Aunque la voz de la mujer seguía siendo suave y amable, el muchacho se estremeció involuntariamente. Sabía que tarde o temprano llegaría ese momento, y ya había tomado una decisión. Lo había estado pensando durante el tiempo que estuvo conciente en la enfermería y estaba seguro de lo que tenía que hacer. Nunca antes lo había hecho... nunca antes le había abierto su corazón a alguien, jamás había mostrado por voluntad propia sus dolorosos recuerdos. Sin embargo, la situación así lo ameritaba.

En aquellos momentos Harry no era capaz de pensar en los problemas que ello podría acarrear en la línea temporal, si la información caía en las manos inadecuadas.

-Tómenlos. Dejaré que vean mis recuerdos, mi vida.- Las palabras salieron sin que Harry pudiera detenerlas. Había estudiado que los recuerdos de una persona no podían ser falsificados bajo ningún concepto. Es decir, que todo lo que Harry les mostrase, si es que lo hacía, era verdaderamente cierto. No tenía ninguna posibilidad de que fuesen mentira.

-¿Qué? No puedes hablar en serio. Si es verdad lo que nos dices esto podría afectar en el tiempo... no debemos hacerlo.- Habló de pronto Rowena.- No sabemos por qué has venido a nuestra época, ni si lo que veamos en este pensadero (levantó una vasija que estaba sobre la mesa) están o no relacionado con nosotros. Lo único que sé, es que no podemos ver esos recuerdos, Harry Potter.

-¿Por qué no nos cuentas tú sobre tu vida, Harry?- Dijo Godric con suavidad,- ¿por qué quieres mostrarnos esos recuerdos? ¿A caso temes que no creamos en tu palabra?.

Harry no supo que contestar a eso. ¿A caso le tenía miedo a ser rechazado o a que lo tratasen como un mentiroso y desequilibrado, otra vez, como el año pasado?. Pensar en eso le trajo malos recuerdos. Sirius... Sirius... sus ojos comenzaron a humedecerse, pero él no iba a dejar que ninguna lágrima escapara de ellos, no hasta cobrar su venganza.

Se obligó a volver a la realidad donde los cuatro ocupantes de la habitación lo miraban esperando una respuesta.

-No, no es eso. Es que... mi vida es muy difícil.- Harry suspiró internamente. ¿cómo iba a decirles algo así? Parecía idiota. Resignándose, continuó.- Verán, no tuve una infancia fácil, ni mucho menos.

"Oh, muy bien, Harry. Tu habilidad para expresarte me asombra. Lo has hecho muy bien, realmente muy bien." Harry se reprendió mentalmente. "Y ahora no te queda otra que seguir, pues los cuatro te están mirando extraño. Has estado callado haciendo muecas raras durante varios minutos. Van a pensar que tanto viaje te ha afectado al cerebro."

Suspirando, Harry continuó, o mejor dicho, trató de empezar de nuevo.

-Bien, les voy a tratar de relatar mi vida. Sólo pido que puedan escucharme, porque no sé si en cierto punto... pueda continuar. Dijo esto último en un murmullo.

Y a partir de ahí, se sumergió en su relato.

Les contó brevemente cómo sus padres se habían conocido en la escuela, lo que ambos estudiaban y quiénes eran sus mejores amigos. Relató también sobre un mago oscuro (Voldemort) y lo que este hacía en su tiempo; sus ideales.

Luego pasó a la fatídica noche de halloween, la forma en que sus padres habían sido asesinados por el señor oscuro gracias a la traición de uno de los que se hacía llamar "amigo", y cómo Lord Voldemort había intentado matarlo a él; dejándole únicamente la cicatriz con forma de relámpago que tenía sobre la frente; y cómo esa cicatriz, al rebotar la maldición asesina, hizo que Voldemort perdiera sus poderes.

Les contó también su larga vida con los Dursley, a los insultos y maltratos a los que era sometido diariamente, su prohibición de relacionarse con alguna otra persona... y de que le habían estado ocultando su verdadero mundo durante diez años.

Después continuó con cómo había conocido a Hagrid, de su primer año en Hogwarts, de Ron y Hermione; la familia Weasley, sobre el espejo de Oesed y lo que este le reflejaba, Kirrell y la piedra filosofal...

Su segundo año en el colegio, dobby, el diario de Tom Riddle, las extrañas petrificaciones que habían aparecido en la escuela, el secuestro de Ginny y de su posterior rescate. Claro que omitió el hecho de que era un hablante de pársel, de que había descubierto la cámara secreta y matado al basilisco. También oprimió la información de que Lord Voldemort era el heredero de Slytherin, no quería tener problemas.

Luego siguió con su tercer año, el descubrimiento de que tenía un padrino y de que este había pasado doce años en la prisión de Azkaban; y que le había ofrecido un hogar para vivir cuando limpiasen su nombre. A esta altura, Harry era incapaz de retener alguna que otra lágrima al pensar lo feliz que hubiese sido si... Sirius estuviese vivo.

Luego les contó sobre Remus Lupin y de que él le había enseñado a realizar un patronus para defenderse de los dementores.

Su cuarto año... el torneo de los tres magos, la muerte de Cedric, la vuelta de Voldemort...

Y finalmente, su quinto año. El peor. Les relató la negación que tenía el ministerio de magia con el regreso del señor oscuro, de los dementores en el barrio muggle, del juicio, de los castigos con Humbridge y... sobre la muerte de Sirius.

Harry sintió un nudo en la garganta que le obstruía el habla, y todo el dolor y la tristeza que había estado guardando durante meses, al fin explotó. Dejó que las lágrimas fluyeran libremente por su rostro, sin tratar ni querer detenerlas. En ese momento no le importó quienes pudieran verlas. Se sentía extremadamente culpable por lo que había sucedido.

Tan sumergido estaba en su autocompasión que no escuchó los suaves pero firmes pasos que se acercaban hasta donde él se encontraba. Sin embargo, de lo que sí se dio cuenta, fue de la tibia mano que acarició su mejilla y de la persona que se sentó a su lado.

Unos cálidos y firmes brazos lo rodearon, atrayéndolo contra un firme pecho, mientras que el sofá volvía a hundirse con el peso de otra presencia a su otro lado.

Harry sintió como una mano se apoyaba sobre su hombro en una señal de apoyo. Por unos minutos lo único que se escuchaba en la habitación eran los suaves sollozos del más joven.

Cuando ya Harry se había calmado lo suficiente como para enfrentar a los cuatro fundadores, se separó lentamente del estrecho abrazo. No sabía por qué, pero ahora se sentía mucho mejor, más aliviado; como si se hubiese sacado un peso de encima; aunque tampoco quería separarse de aquel cuerpo, se sentía muy bien; más seguro...

Al dirigir su mirada hacia el rostro de aquel que lo sostenía segundos atrás, no pudo hacer más que sorprenderse, e inexplicablemente, un rubor tiñó sus mejillas al percatarse de quién era.

-S-s-señor Slytherin, yo-yo-lo siento. N-n-no quise...-

-No tienes que disculparte, Harry,- Escuchó la voz de Griffindor a su otro lado- creo que Salazar y yo nos hemos ofrecido por nuestra propia voluntad a darte apoyo cuando más te hacía falta. No tienes de que avergonzarte.

-Parece que lo has estado necesitando durante mucho tiempo,-, Comentó Helga mientras lo miraba con dulzura.

Un suave carraspeo interrumpió la respuesta que iba a dar Godric.

-No es por ser descortés, pero creo que ya es hora de que cada uno se vaya a su habitación-, dijo Rowena,- mañana será un día muy largo y agotador. Me parece que podemos seguir esta conversación cuando te sientas mejor, Harry.- continuó mientras miraba al joven sonriendo.- Seguro que todo esto te ha dejado mucho que pensar.

-Sí, tienes razón. Mañana será un día muy largo para todos.- Respondió Helga mientras caminaba hacia la salida.- ¿Ustedes acompañan a Harry a su habitación?.

-Sí, Helga, ve tranquila.- Dijo Godric mientras que se ponía de pie.- ¿Quieres que te acompañe, Harry?.

El muchacho asintió con la cabeza mientras contemplaba a Salazar y Rowena alternativamente.

-Yo también me retiro, Rowena-, Dijo Slytherin-, mañana tengo que levantarme muy temprano.

-Que tengan buenas noches, entonces.- Respondió la bruja mientras observaba pensativa y con una leve sonrisa en sus labios cómo los tres magos salían por la puerta de su despacho. Hacía mucho que no veía la máscara del frío Slytherin caer de esa manera. Lo que ese joven causaba en su compañero podía verse a kilómetros de distancia. Además, Salazar y Harry tenían varias cosas en común. Ninguno de los dos había tenido una vida fácil. Ambos se habían criados sin cariño y solos; sin ninguna familia y habían tenido muchas pérdidas dolorosas. Ciertamente, tenían muchísimas cosas en común.

-Bien, aquí llegamos.- Comentó Godric cuando él y Harry se detuvieron frente al retrato de un lobo gris que los miraba amenazadoramente. –Estas serán tus habitaciones. No dudes en llamar a cualquiera de nosotros si necesitas algo, vale?- y sin darle tiempo a contestar, añadió.- La contraseña es 'libertad'.

El cuadro se movió y Harry pudo al fin ingresar en el lugar. Antes de que la puerta se cerrara a sus espaldas, alcanzó a escuchar la voz divertida de Godric que le decía:

-Ah, y Harry, no es necesario que nos llames 'Señor'. Puedes dirigirte a nosotros por nuestros nombres. Buenas noches.- Y con esas últimas palabras, Godric se dio media vuelta dejando a un Harry totalmente sorprendido parado en la mitad de la salita.

Fin Flash back

Godric lanzó una carcajada al aire al recordar la expresión que cruzó el rostro del joven antes de irse. Jamás, excepto sus alumnos, le habían llamado 'Señor' a Salazar, ni mucho menos a él. Aquel joven estaba lleno de sorpresas.

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N/A.: No sé que pensarán de este nuevo capi, pero quiero que sepan que lo he escrito con 38,5 de fiebre. Alguna incoherencia... ya saben.

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Agos Malfoy

Miembro de muchísisisisisisimas órdenes.