Disclaimer: Ninguno de estos personajes me pertenecen. Son de propiedad de J.K. Rowling excepto alguno que desconozcan.
Nota: Gracias a valethsnape, tonkspotter400, gabyKinomoto, Estefania, giosseppe, remi, Alexa Black, fallendarkdaemon1987, Aner, Mary, Sailor Neptuno, fenix y dragon, drem, Arya, Drake Angel, luzy snape, moony96, afuchar3, Marcelanis Bundiset por sus reviews, y a todos los que leen esta historia.
He tenido algunos inconvenientes para subir antes este capítulo, no sé si será problema mío o de la página. Pero al fin lo he podido subir, espero que lo disfruten y nos veremos en el próximo si la página me lo permite xD
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Way Towards the Past
Por: Agos Malfoy
OoOoO
Capítulo 7
Rowena Ravenclaw se encontraba aquella tarde en su despacho, realizando los últimos preparativos para el comienzo de las clases a pocos días. Sin embargo, mientras terminaba de organizar los horarios finales para sus alumnos, no dejaba de darle vueltas a su más reciente descubrimiento. A ella no debía importarle, no debería intrometerse en aquel asunto, pero resultaba ser que tres personas a las que apreciaba estaban involucradas en el hecho.
Todo había comenzado con pequeñas suposiciones, que con el transcurrir de los días fueron haciéndose más concretas y reales. Hasta aquel día, que dejaron de ser suposiciones o sospechas para ser verdades, sin espacio a ninguna duda. Aún se preguntaba cómo había sucedido aquello.
Recordaba cómo esa mañana luego del desayuno, Salazar y Harry se habían dirigido hacia las puertas de acceso al colegio, y cómo un desesperado Godric había salido a toda velocidad detrás de ellos. Pensó por un momento que Godric iría a acompañarlos, pero cuan grande fue su sorpresa cuando, un exaltado Slytherin había desaparecido junto con Harry a no sabía donde. La expresión de Godric había sido una que Rowena nunca había visto hasta entonces. Cuando el hombre se había girado y se encontró con la mirada fija de su compañera, ella alcanzó a distinguir en aquellos ojos azules una infinidad de sentimientos contradictorios: furia, tristeza, desilusión, tranquilidad…
No supo cómo interpretar lo que en aquellos momentos cruzaba en la mente de su amigo, mas sin embargo presentía que algo grave había ocurrido entre Salazar y él, o al menos algo importante iría a suceder. Debía haber estado alerta.
Y vaya que sí lo estuvo… tanto que había visto todo… absolutamente todo.
-Rowena –había dicho un sorprendido Godric cuando se cruzó con su mirada-. ¿Qué haces aquí?
-Nada, God… -le dijo sonriendo con simpleza-. Sólo estaba paseando por los terrenos del castillo, necesitaba tomar algo de aire fresco. ¿Quieres acompañarme?
-Por supuesto –dijo ofreciéndole su brazo.
De aquella amena conversación con su amigo no había obtenido más que acrecentar sus dudas y sospechas.
Cuando se dirigían al interior del castillo, Rowena se detuvo con lentitud y dijo:
-Creo que voy a quedarme por aquí, unos minutos más.
-¿Seguro que te sientes bien, Row? –preguntó el hombre preocupado-. Te noto algo extraña.
-Sí, no te preocupes. No es nada. Sólo necesito reflexionar…
Godric suspiró. Cuando Rowena se ponía en aquel estado no había nadie que la entendiese además de ella misma y su compañera Helga.
-Bien, como desees. Cualquier problema sabes… que nosotros estamos aquí, ¿cierto? –dijo Godric mirándola con afecto.
-Por supuesto God. Pero, tranquilo. No me sucede nada… en serio. Gracias por acompañarme en este paseo…
-No es nada –respondió su compañero, dirigiéndole una inclinación respetuosa y retirándose al interior del imponente castillo.
Rowena se había quedado allí, sentada sobre el césped con su espalda recostada sobre el tronco de un árbol, sus ojos cerrados, en actitud tranquila y meditabunda. Sólo levantó la cabeza cuando el ruido de una aparición interrumpió la quietud del paisaje.
Allí, a pocos metros de donde ella se encontraba, estaban Salazar y Harry, recién llegados de donde sea que se habían ido.
Se enderezó mejor en su posición, y observó. Sabía que no debería estar haciendo aquello, pero por primera vez su curiosidad fue mayor que la voz de su conciencia, que le gritaba, rogaba, suplicaba que saliera de allí, que lo que iría a acontecer en esos instantes entre su compañero y el chico no debía mirarlo, que no debería ver aquello.
Pero la ignoró. Ignoró a aquella voz que siempre le indicaba lo correcto, lo que debía hacer en ocasiones como esa.
Contempló cómo ambos magos conversaban por tiempo de algunos minutos. Salazar llevaba algo en sus brazos, pero desde el lugar desde donde Rowena se encontraba, no se podía distinguir bien de qué se trataba.
Abrió sus ojos al máximo y cubrió su boca para ahogar el grito de sorpresa e incredulidad que estaba a punto de escaparle, al observar cómo Salazar se acercaba demasiado al joven y lo besaba con pasión en los labios. Estuvo a punto de gritarle algo a su compañero, de advertirle (conocía muy bien a Salazar y sabía como podía llegar a ser algunas veces), sin embargo tuvo que callarse cuando Harry se aferró al hombre, respondiendo y profundizando más el beso.
Fue ahí cuando todas las piezas encajaron en el rompecabezas de Rowena Ravenclaw: la extraña amistad entre Harry y Salazar, el cambio que había experimentado hace algunas semanas su compañero, las miradas de odio y celos que Godric le dirigía a al hombre, la antes incomprensible expresión en el rostro de Griffindor… todo estaba claro ahora.
Cuando volvió a la realidad y dirigió de nuevo su vista a donde había contemplado a la pareja, ésta ya no se encontraba allí. La mujer suspiró, y poniéndose de pie, se encaminó hacia su confortable despacho. Aún le faltaban varias cosas por terminar.
OoOoO
Salazar condujo a Harry a través de los fríos pasillos de las mazmorras, hacia su despacho.
-Entra –dijo mientras abría la puerta.
Harry suspiró. Sabía que tarde o temprano iba a llegar aquel día, pero no esperó que fuese tan pronto…
-¿Deseas tomar algo, Harry?
La voz de Salazar lo sacó de sus pensamientos, y respondió:
-Hum, cualquier cosa estará bien.
Cuando ya ambos sostenían en sus manos las bebidas y se encontraban cómodamente sentados en los verdes sillones en el centro de la sala, Salazar dijo mirando a Harry con expresión neutra:
-¿Qué es lo que no nos has contado, Harry?
El joven se removió inquieto bajo la atenta mirada de Salazar.
-Nada… yo… se los he contado todo, al menos lo que podía…
-¿Cómo es que puedes hablar pársel? –interrumpió suavemente Salazar a los murmullos casi incomprensibles de Harry.
-Ya se los he dicho, Sal… cuando… cuando Voldemort quiso matarme y me dejó esta cicatriz me traspasó algunos de sus poderes… uno de los cuales es la habilidad para hablar con las serpientes. –respondió con rapidez el menor.
-¿Y cómo él puede hablarlo? No es un don muy normal…
-¡No lo sé! –exclamó de repente Harry. Tan de prisa, que supo una vez que lo había dicho, que ni él mismo se lo creía.
-Harry… -susurró Salazar haciéndole un gesto para que guardase silencio, al ver cómo el chico abría la boca para replicar-. Si no quieres decírmelo, yo no voy a insistirte. Pero quiero que sepas, que hasta ahora mi familia es la única que ha tenido esa extraña habilidad. –El fundador suspiró y se acomodó mejor en su sillón-. A caso, ¿Lord Voldemort es mi… heredero? –Salazar susurró la última palabra, como si temiese la respuesta.
Harry se paralizó. No comprendía cómo Slytherin había llegado a esa conclusión tan rápido, pero recordó que la astucia y la manía de analizar detenidamente a las personas eran las características que lo representaban.
Harry no contestó. En su lugar, cerró los ojos y apretó los puños. ¿Por qué siempre él debía enfrentarse a esas cosas? ¿Cómo iba a decirle a Salazar… sí, él es tu heredero… y tengo que matarlo?
Una suave caricia en su mejilla izquierda fue lo que lo distrajo de aquellas preguntas. Al levantar la vista, se encontró con unos ojos verdes, preocupados, que lo observaban con tristeza.
-Lo siento, Harry… no debí…
-Sí, lo es… -lo interrumpió Harry en un débil murmullo.
Salazar no dijo nada y apretó el abrazo que le daba al más joven, mientras éste escondía la cabeza en su pecho.
-¿Podrás perdonarme, algún día? –cuestionó el menor con lágrimas asomando de sus ojos.
Salazar tuvo un extraño sentimiento, uno que nunca había experimentado antes.
-¿Perdonarte? –Dijo mientras obligaba al chico a levantar el rostro-. Harry… yo… ¿estás completamente seguro de que ese –escupió la última palabra- es mí heredero? –le preguntó recalcando el "mí".
Harry no se esperaba aquella pregunta, y tuvo que haberse reflejado en su expresión, porque Salazar le sonrió y dijo:
-Yo no tengo hijos, Harry. Lo sabes.
El chico se ruborizó y asintió. Era cierto. Pero entonces… ¿podría ser descendiente de algún hermano de Salazar, o algo? Y quizá Lord Voldemort había creído siempre que era el mismísimo heredero de Salazar Slytherin… por una extraña razón que Harry no pudo comprender, aquel pensamiento le trajo un alivio a su tencionado cuerpo.
-Podría ser que… él sea descendiente de algún familiar tuyo o algo –respondió Harry al cabo de unos minutos.
-No lo creo –respondió suavemente Salazar-. Yo… he tenido dos hermanos, pero ambos han fallecido sin dejar ningún heredero.
El rostro del fundador continuaba inexpresivo, pero Harry pudo distinguir detrás de aquella máscara que el fundador utilizaba para que los demás no supieran de sus sentimientos, un dolor y una tristeza que no había visto antes en Salazar.
-Lo siento –se disculpó el chico bajando la mirada.
-¿Por qué te disculpas? Tú no has tenido nada que ver… -le respondió mientras lo tomaba por la barbilla-. Además tú no lo sabías, así que no debes sentirte culpable por algo que ya pasó hace tiempo.
Las palabras del hombre tranquilizaron más al joven, pero aquel nerviosismo no se había ido del todo. Si Salazar no tenía hermanos… entonces la única posibilidad que quedaba, era la que Harry ya sabía, pero había tratado de ignorar. Lord Voldemort era el heredero de Salazar Slytherin, y Harry debía matarlo sin contemplaciones. Había asesinado a sus padres y a su padrino. Debía vengar sus muertes y la de todos aquellos que habían luchado por una paz en el mundo mágico.
OoOoO
El inicio de clases al fin había llegado. Harry se encontraba en aquellos momentos junto a los cuatro fundadores y los demás profesores de la escuela (que había conocido hace ya dos días atrás), esperando en el interior del gran salón la llegada de sus viejos y nuevos alumnos. Los fundadores junto a algunos profesores seleccionados minuciosamente, habían decidido que Harry tendría que incorporarse a su sexto año en la casa Griffindor, debido a que iría allí en el futuro, y a lo cual Godric había sonreído triunfante. Se tuvo que comunicar la verdadera procedencia del joven a aquel grupo de profesores, para que alguien además de ellos cuatro esté al tanto de la verdad, por si llegase a ocurrir algo.
Habían estado aquella mañana reunidos en el despacho de Helga, armando una historia mínimamente creíble para decirles a sus alumnos con respecto a la llegada del nuevo compañero.
Al fin, acordaron que Harry venía de un aprendizaje de magia (dado que su familia era íntegramente de sangre pura a través de numerosas generaciones) con un pariente lejano, y que por eso no había asistido a la escuela desde su primer año, y se incorporaría sí, en el sexto curso, dado que sus conocimientos estaban igualados con los de ese año.
Harry observó cómo un grupo de no más de cien alumnos ingresaba caminando al gran comedor y se ubicaban en sus respectivos lugares, conversando, riendo entre sí, disfrutando de volverse a reencontrar luego de las vacaciones.
Los cuatro fundadores se pusieron de pie, y los alumnos poco a poco fueron quedándose callados. Cuando el comedor estuvo completamente en silencio,
comenzaron su breve discurso:
-Queremos darles la bienvenida una vez más a Hogwarts -empezó diciendo Rowena mientras observaba a sus alumnos.
-Esperamos que este año les sea tan agradable como los anteriores –le secunndó Helga, que estaba a su izquierda.
-Y queríamos recordarles –prosiguió Godric sonriendo con calidez-, que el uso de la magia o de cualquier agresión física en los pasillos del colegio está totalmente prohibida para todos los alumnos.
-La utilización de alguna de las cosas antes mencionadas, será motivo de expulsión. –terminó diciendo Salazar mientras recorría las cuatro mesas con su gélida mirada.
-Ahora –continuó Rowena luego de un breve silencio-, es momento de darle la bienvenida a nuestros nuevos alumnos.
En aquel instante las grandes puertas se abrieron, dando paso a una mujer con el cabello largo y castaño, de unos ojos azules brillantes, que dirigía a unos diez alumnos, asustados, mirando todo con curiosidad y temor hasta la mesa donde se encontraban los fundadores y sus colegas. Harry sabía que aquella era la profesora de Aritmancia, una de las materias que en aquel tiempo era muy importante en el mundo mágico.
La mujer llegó hasta donde se encontraba Rowena, y ésta le entregó el sombrero seleccionador, que sostenía en sus manos.
-Deberán colocarse el sombrero seleccionador sobre su cabeza –dijo la profesora, de forma fuerte y clara para que todos en el gran comedor la oyeran-. Éste les dirá la casa donde tendrán que asistir por el tiempo que dure su estancia en Hogwarts.
Los niños observaron al sombrero con asombro en sus rostros, y asintieron nerviosos.
-Brhusttet, Alehen.
Una niña temblorosa, pero segura, se adelantó y se colocó el sombrero. No había transcurrido ni un minuto, cuando el sombrero exclamó:
-¡SLYTHERIN!
La niña se dirigió a su nueva mesa, que aplaudía recibiendo a su compañera. Cuando la pequeña pasaba junto a Salazar, éste chasqueó sus dedos, y la túnica de la chica se transformó en la que utilizaban los miembros de su casa. Así era con todos los nuevos alumnos. Cuando el sombrero gritaba el nombre de alguna de las casas, los fundadores de estas eran quienes se encargaban de transformar la vestimenta de sus estudiantes en la túnica que deberían utilizar.
La lista concluyó con tres estudiantes en Hufflepuff, dos en Griffindor, tres en Slytherin y dos en Ravenclaw. Harry se había sorprendido por la poca cantidad de alumnos en el colegio, pero lo atribuyó a la reticencia de la magia en aquella época de la inquisición.
-Tenemos algo para informarles –dijo Godric una vez que los aplausos de la mesa de Hufflepuff terminaron-. Este año, un nuevo compañero se incorporará en el curso escolar.
Los murmullos no se hicieron esperar, y miradas sorprendidas y curiosas se dirigieron hacia Harry, que en esos momentos deseaba estar en cualquier otra parte que no fuese allí. Siempre había odiado llamar la atención, y parecía ser que aquí tampoco iba a librarse de eso.
-Quiero que le den la bienvenida a Harry Potter -la voz de Godric hizo desviar la vista de los alumnos hacia el fundador-. Él cursará su sexto año en mi propia casa.
El joven se dirigió hacia un grupo de chicos que aplaudían cortésmente, bajo la atenta mirada del gran comedor. Tomó asiento entre dos jóvenes idénticos, quienes lo saludaron con una breve inclinación de cabeza.
La cena transcurrió algo incómoda para Harry, pues no dejaba de recibir miradas curiosas sobre él. "Ya se cansarán" Se repetía constantemente, pero parecía que los jóvenes de esta época poseían una curiosidad mayor a la de su tiempo.
OoOoO
Harry se acostó en el cuarto del sexto curso, con sus tres nuevos compañeros. Se había sorprendido cuando, Mark y Michael (los gemelos con los que había estado conversando durante la cena), le dijeron que ellos también irían a sexto curso aquel año, junto a West, el otro chico que se sentaba frente a Harry.
El joven cerró sus ojos, y suspiró. Aquel año iba a resultar bastante largo… pero entretenido.
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N/A: Mmmm… no mucho para decir, sólo que… nos veremos muy pronto en el siguiente cap.
Gracias a todos!
Agos Malfoy
