Hola! Quiero agradecer los reviews me da gusto ver que rápidamente atrajo su atención, aki va otro capítulo que espero les guste, las críticas serán siempre bienvenidas –y motivadoras para seguir escribiendo-- :)

Grazias!!

003 La Noticia

Llevaban ya más de una hora en silencio, el sueño los amenazaba mientras los chicos hacían grandes esfuerzos por no caer dormido. Cuando Harry creyó que no podría más escuchó una exclamación de Ollin que lo sobresaltó:

- ¡Al fin, ya es hora! – el primer tren del día se acercaba y unas pocas personas que se encontraban ahí entraron en él. El joven ni siquiera supo en que momento aparecieron aquellos muggles. Su compañera se levantó de un brinco dispuesta a correr al vehículo. Se volvió en el último momento.

- ¡Vamos, Harry! – lo apuró ella.

- ¿Cómo?

- ¿Crees que te dejaría sufriendo todo el día? – Rió, - Vamos para que descanses un poco, - el metro hizo un sonido para indicar que pronto partiría. Harry la miraba indeciso.

- ¡Vamos! – dijo ella y corrió, Harry tomó su mochila y la siguió, entrando apenas un instante antes de que la puerta se cerrará con su pierna afuera. Ollin rió divertida.

Tía Petunia observaba la puerta cerrada de la habitación molesta, eran las 10 de la mañana y Harry no había hecho ninguna de sus obligaciones.

- ¡Levántate! – gritó desde el otro lado golpeando por quinta vez la puerta. Dos habitaciones más adelante salió un muchacho fornido por el boxeo tallando sus ojos.

- ¡Mamá! ¿Por qué haces tanto escándalo?

- Lo siento, cariño, - habló sumisa y cariñosa dirigiéndose a su hijo, - Pero tu primo sigue encerrado en su habitación y…

No dejo que su madre terminará la explicación se dirigió al cuarto y azotó la puerta gritando:

- ¡YA PARATE HOLGAZAN! – Los golpes hacían temblar la casa entera, - ¡HAZLO O TIRARE LA PUERTA! – sólo el silencio se escuchó al otro lado. Tomó fuerza para lanzarse contra la puerta pero Petunia lo detuvo.

- Aquí tengo la llave, cielo, no te vayas a lastimar, - le sonrió con dulzura y el otro esbozó una mueca de autosuficiencia. Al entrar en el pequeño cuarto lo encontraron en penumbra por las cortinas cerradas, todo en perfecto orden, pero vacío. Incluso la jaula de la molesta lechuza estaba vacía.

- ¡Ese haragán! – Se quejó tía Petunia fuera de sí, - ¡QUE SE CREE ESE MOCOSO! ¡Debo hablarle a Vernon!, - y corrió escaleras abajo con una agilidad poco frecuente en ella.

Dudley se paró en medio de la habitación y sonrió para si mismo, - Finalmente nos dejas en paz, idiota, - dijo tranquilamente.

Ya atardecía cuan Ollin abrió los ojos, se estiró en la cama vieja en la que estaba que crujió bajo su poco peso. Aún acostada miró a su lado, acostado en un almohadón en el suelo se encontraba su nuevo amigo durmiendo. Permaneció un momento observando, disfrutando de la ligereza del recién despertar. ¿Por qué había decidido llevar a un completo extraño a casa? Tantas cosas que se escuchan hoy en día y ¡ella lo invitaba como si supiera quien era! Aunque de alguna manera sabía que no era malo, sentía que era más seguro estar con él a estar sola, también sabía que el pensaba lo mismo de ella. Unos ojos verdes la miraron interrumpiendo sus pensamientos.

- Hola, - lo saludó ella, él le sonrió, la sensación de conocerse aumentaba a cada minuto. El se sentó y miró a su alrededor. La casa de Ollin no era propiamente eso, más bien era una habitación un poco grande, en la que había una cama a la izquierda, un par de almohadones en el suelo y un ropero al lado opuesto, el baño era pequeño y se cerraba con un alambre sólo por fuera, tenía una ventana en la mitad de la pared que daba hacia la calle y al lado la puerta.

- No es gran cosa, pero es barato, - le había dicho cuando llegaron, Harry no lo dudo, pocas personas pagarían por ese lugar, lo sabía, pero tras una noche sin dormir y varios días con sus tíos aquél lugar le sabía a libertad.

- Bueno, es hora de comer, supongo… - dijo Ollin y al instante el estómago de Harry rugió, - Y creo que estás de acuerdo, - sacó del ropero una parrilla eléctrica y un bote metálico, lo lleno con agua de la llave y la puso a calentar.

- Vamos por unas sopas instantáneas, - sugirió la chica saliendo del cuarto hacia la calle.

- ¡NO PUEDO CREERLO! – Sirius Black estaba furioso - ¡¿Cómo pudo DESAPARECER?! – Le gritaba a todos y a nadie, tenía frente a si a la Orden del Fénix, nadie hablaba, dejaban que se desahogara - ¡SI TAN SOLO ME DEJARAN SALIR DE AQUÍ YO…

- Estarías en Azkaban, - la voz de Dumbledore sonó con su acostumbrada tranquilidad y firmeza, - Y ahí definitivamente no habría nada que pudieras hacer

Sirius calló, pero no dejaba de caminar de un lado a otro de la habitación.

- ¿Cuántos tiempo lleva desaparecido? – preguntó Molly Weasley sintiéndose al borde del llanto.

- Una semana, - dijo Lupin con aspecto cansado, - fue difícil descubrirlo porque sabemos como los Dursley lo tratan, el que no saliera a la calle no nos pareció extraño hasta que vimos a ese muchacho gordo tirando la basura…

- ¿Dejó alguna nota? ¿Un… algo?

Cuatro cabezas se movieron negativamente, finalmente la señora Weasley se apoyó en el hombro de su esposo y lloró amargamente.

- ¿Qué haremos ahora? – todos miraron a Dumbledore que pareció meditar la respuesta.

- Por el momento no sabemos nada, si se encuentra bien o… si está en manos de Voldemort, - un gemido de la señora Weasley, - Nos dividiremos en grupos para buscarlo, y debemos estar preparados para lo peor…

Una brisa helada recorrió la habitación, la puerta de la sala estaba abierta, igual que la que se dirigía a la calle.

- ¡Esos niños! – se quejó Arthur Weasley exasperado, - cerrando ambas entradas y regresando a su lugar, - Un momento… ¿dónde está Sirius?