009 ¿Sirius Black?
Una serpiente recorría las calles de Londres en silencio, las personas ni siquiera la notaban, tan concentrados en sus actividades diarias se encontraban. En un almacén en ruinas, encontró a alguien conocido. Colagusano ya se encontraba petrificado con una expresión de horror en su rostro. Como si hubiera estado a punto de morir, que es lo que había creído que sucedería cuando Sirius Black lo atacó.
La serpiente rodeó su cuerpo, inspeccionándolo. Y se marchó en un suave susurro, abandonándolo nuevamente.
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- Esta no ha sido tu idea más brillante, - declaró Hermione sintiendo los pies adoloridos de tanto caminar sin rumbo por la ciudad.
- Tampoco, has hecho muchas sugerencias, - se apresuró a decir el otro, dejándose caer en la banca de una parada de autobús. Ya obscurecía y no habían logrado nada, ni una pista vaga.
- Creí que sería más fácil, - murmuró él, - Debimos quedarnos en casa, esto no tiene sentido…
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Finalmente, Ollin ayudó a Harry en su tarea, después de todo ¿Cuánto tiempo podía tomarle preparar tres tazones de atún?
- ¿Por qué tres? – preguntó el joven mago.
- Pues también tiene que comer Hocicos, - dijo dejando un tazón frente al animal. El perro ni lo miró observó interrogante a la chica igual que Harry.
- ¿Cómo lo llamaste? – preguntó nervioso.
- Hocicos, - repitió, la mirada persistió, - ¿Qué?
- ¿Por qué le dices así?
- S—se me ocurrió… pensé que era buen nombre…
Harry ni siquiera había mirado su comida, sus ojos se clavaban confundidos en aquella chica.
- ¿Qué pasa?
- ¿Cómo supiste mi edad el día que nos conocimos?
- No lo sé… ¿Qué te pasa, Harry? – repuso, se sentía atacada por aquellos penetrantes ojos verdes.
- ¡Sabías mi edad! Tampoco te sorprendiste cuando te dije que era mago ¿verdad?
- Es que yo…
- ¡Y ahora "se te ocurrió" llamarle Hocicos!
- Harry, yo…
- ¡Calla! – Harry se había puesto de pie y la acorralaba en un rincón sobre la cama apuntándole con la varita. Ollin nunca la había visto, pero se imaginaba como funcionaba, en ese momento no estaba para sus usuales demostraciones de sorpresa y alegría, - Déjame pensar… seguro eres una de ellos ¿no? ¡Piensas entregarme a Voldemort!
- Harry, ¡no sé de que hablas! – los ojos de ella estaban extrañamente brillosos. Había soportado la soledad, el hambre y la nostalgia sin llorar, no lloraría ahora, - Ni siquiera sé quien es ese idiota, - dijo con la voz quebrada. Lanzó un grito cuando vio al perro transformarse en un hombre alto, de ojos grises y cabellos negros, lo había visto antes pero ¿Dónde?
- Tranquilo, Harry…
Eso era magia, si no entonces no sabía lo que era, su corazón estaba agitado y sentía su cuerpo temblar.
- Sirius…
Black posó la mano en el hombro de su ahijado para tranquilizarlo. En el momento en que el chico bajaba la varita recibió una cachetada.
- ¡Eres un idiota! – le espetó. Ambos hombres la miraron, - ¡Yo confíe en ti! ¡Te traje conmigo cuando estabas solo! ¡Te acepté! – Se volvió hacia Sirius, - ¡A ti también Hocicos, a los dos! ¡¿Y YO soy la mala?! ¡¿POR CONFIAR?! – el miedo a aquellos brujos se había desvanecido abriendo paso a la cólera, - ¡LOS DOS SON IDIOTAS! ¡ME AMENAZAS, HARRY! ¡NO SE PORQUE SE COSAS! ¡NO SE PORQUE TENGO ESA MALDITA INTUICION DESDE NIÑA! ¡Pero sé que no soy mala persona…
Harry se sintió intimidado, los días que habían estado juntos parecían años, confiaba en ella y ahora… era la primera vez que la veía enojada, con las lágrimas a punto de salir de sus ojos obscuros ¿Cómo se atrevió a dudar de ella?
- Pueden quedarse aquí, - dijo con voz fría, - yo si me sé cuidar sola, - y salió del lugar dejándolos confundidos.
- Ve tras ella, - lo instó Sirius, - en realidad ella sólo ha ayudado…
El chico negó con la cabeza.
- Es mejor que se vaya, menos peligro corre…
Agachó la mirada, recordando después de muchos días que su destino de infortunios ya estaba escrito.
- No puedes abandonarla, Harry, - insistió. Él pareció no escucharlo y se tiró en el suelo. Molesto, se transformó nuevamente y salió en la búsqueda de aquella chica, dejando a Harry nuevamente solo…
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Alcanzar a Ollin fue algo sencillo, en parte la agilidad de un animal es mayor que la de una persona común, además la morena llevaba al menos una semana de alimentarse con sopas baratas y cosas similares lo meses anteriores. Su debilidad aunque imperceptible a la vista, físicamente le producía problemas.
Se paro en seco cuando el perro negro se atravesó en su camino.
- ¿Qué quieres, Hocicos? – habló indignada, tratando de recuperar el aliento de la corta carrera.
Verlo otra vez como un ser humano no le impresionó.
- O mejor dicho Sirius…
- Quiero disculparme por mi ahijado, - habló él.
- ¿Ahijado? Ah… - el enojo le ganó a la curiosidad y volvió a hablar molesta, - ¿Por qué no vino él?
Sirius rió y ella sintió que no podría resistirse a su encanto.
- Es un poco torpe, ya deberías saberlo… así como sabes muchas otras cosas…
- ¡¿Me vas a acusar tu también?! – saltó a la defensiva.
- ¡No, niña! – La calmó, - Es que hay algo que tu misma ignoras pero sientes, por eso te intuición suele vencer a tu sentido común ¿o me equivocó?
Tenía razón pero permaneció callada.
- Por eso le diste asilo a Harry y me llevaste con él… aún sin estar segura de lo que sabías…
Ollin miró aquél hombre, sus atractivas facciones se veían cansadas, él sonrió y ella lo imitó. Su cara se iluminó con las luces azules y rojas de una patrulla cercana. El pánico se dibujó en la cara del hombre y Ollin supo que lo había visto antes.
- ¿Sirius? – Habló asombrada - ¿El multi-asesino Sirius Black?
Él la tomó del brazo y se ocultaron en un callejón de los policías que hacían su ronda por ahí.
- Guarda silencio, - le ordenó.
