"El Príncipe Encantador"

Magdalia Daidouji: aah…XD me disculpo al final del capitulo.

Nota: ;.; tuvé que rescribir este capitulo porque ya llevaba 10 hojas y mi computadora apesta y las perdió, le cambio de formato al documento y no lo pudé abrir T.T y como no podía quedarme sin hacer nada esperando que mágicamente volviera al formato que tenía…volví a escribirlo o.o

Genero: Romance, Drama, Fantasía.

Escribiendo a las: 4:12 p.m

Escuchando: Face On – Wolf's Rain Original Soundtrack- Yoko Kanno

¡Comenzamos!

"El Príncipe Encantador"

Capitulo 5: "Gitanos"

A veces para lograr un sueño se tienen que sacrificar muchas cosas, en ocasiones, las más valiosas. Pero…para lograr dar y recibir amor…no se debe perder nada, no se debe sufrir nada, no se debe temer nada…solo se debe creer, solo se puede…sentir.

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La noche transcurrió en la villa Tomoeda como lo acostumbrado durante la temporada de invierno. Todos dentro de casa a muy temprana hora disfrutando de comida y bebida con temperatura calida, muchos durmiendo entre tantas cobijas para poder sentir como ya alcanzando la satisfacción podían caer en brazos de Morfeo.

Pero… no era una villa que solo gozaba de placeres, con habitantes poderosos al tener el inútil dinero en manos. También estaban los pobres y desafortunados, los que pasaban las noches trabajando para vivir, durmiendo en las calles, peor aun, en los pavimentos cubiertos de nieve, sin nada que comer. Y por ultimo…los siempre cínicos y descarados gitanos.

"¡Touya!, ¡Me dijeron que hace días una niña muy bonita vino a verte!... hum… ¿Quién es ella?"-preguntaba Nakuru Akizuki en la nueva morada de gitanos, eran como los aventureros viajeros, se movían de un lugar a otro, siempre huyendo, nunca asentando.

"Nadie que te importe…"-respondió con un cómico gesto de malhumor a la chica de cabellos muy largos y lacios, con una delgada trenza hecha entre estos.

"¡Touya!, dime, dime, dime por favor"-le replicó colgándose a el, rodeando su cuello con sus brazos, dejando a sus pies volar un poco en el aire, pues el joven gitano le llevaba altura.

"Ella… es la elegida… ¿Recuerdas al mocoso?...el Príncipe Encantador. Bien, ella es la elegida. La veras pronto"-respondía viendo que de no hacerlo tendría a la chica encima suyo por largo tiempo.

"¿¡En verdad!?. Debe estar sufriendo mucho…ser la elegida cuesta, ¿No es así, Touya?. Pero al menos…esa persona…"-y justo cuando estaba apuntó de revelar mas, su platica era interrumpida pues llegaba con los gitanos, su líder, aquel que ponía las reglas entre estos y en el momento alzaba su voz para que todos callaran y pudieran escuchar…el plan.

"Parece que se ha convertido 'la Caza de Gitanos', el juego favorito del Príncipe, ¿No es así?. ¡Ha estado mandando a sus guardias a buscar por nosotros y encarcelarnos!, ¡Y dios sabe lo que el estupido querrá hacer con nosotros una vez ahí!"-gritaba el gitano de tez morena, con un paliacate rojo amarrado en la cabeza y bellos ojos verdes.

"¡ES VERDAD!"-todos asentaban, eran listos, pero ignorantes de la verdad también. Porque el Príncipe solo encarcelaba con justicia…y encarcelaba a Gitanos, no por venganza, si no, porque eran los seres mas ruines de la ciudad, ellos hacían fechorías…a todos.

"Además, pareciera que esta tomando venganza en contra nuestra, porque Touya le dejo un regalo muy lindo. Como seá, no nos dejaremos ganar. Nosotros veremos al Príncipe Encantador derrumbarse y celebraremos por ello. El va a sufrir…ya que hemos encontrado a su talón de Aquiles. ¡Así que el plan como fue hecho seguirá su rumbo apartir de mañana!, ¿¡Entendido!?"-Habían averiguado cual era el punto débil del Príncipe, pero no tenías que ser muy observador para saberlo, porque era algo que estaba expuesto a la vista de cualquiera que supiera ver el amor.

"¡Entendido!"-tan solo hubo tiempo de asentar y….

"¡TODOS, RETIRADA!, ¡LOS GUARDIANES DEL PRINCIPE ANDAN MERODEANDO POR AQUÍ!, ¡SALGAMOS POR EL TUNEL!, ¡AKISUKI EMPEZARA TU PARTE AHORA!"- Y así la pequeña reunión terminaba por pequeñas desgracias. ¿Qué acaso no lo había dicho?. Eran justo como los pobres ambulantes…como criminales huyendo del precio a pagar…y quizás, lo eran.

La semana siguiente arribaba, tiempo en el que el plan surgiría su rumbo.

Un nuevo día en la vida de todos los que habitaban la villa Tomoeda y por supuesto para aquellos que trabajaban para el Príncipe Encantador…y para aquella…que no podía amarlo.

Sus ojos se abrían, los tallaba para quitar todo sentir somnoliento en ellos. Miraba a su alrededor, los rayos de luz entraban por la ventana, haciéndole recordar que el invierno ya casi acababa. Daba un largo bostezo y después, por simple impulso, ponía sus dedos sobre sus labios. Extrañaba sentir otro beso del Encantador en su boca…aquellos que incluso eran más deliciosos que el chocolate, aquellos que sabían a amor.

No había ocurrido un nuevo beso desde aquel día, porque el príncipe había cambiado su comportamiento con la bella flor de cerezo repentinamente y eso era porque se había dado cuenta…que ella tenía que partir algún día de vuelta a casa y que si ella no lo amaba, no ataría un lazo entre ellos que no existía… ¿Ó si?.

"…Syaoran…fue hace una semana que me beso…y con ello, seguramente me devolvió la voz. Últimamente se ha estado comportando un poco distinto…me pregunto ¿Por qué?, aun así…Chiharu y Naoko dicen que siempre encarga se me cuide…entonces… ¿Por qué será?...Syaoran"-decia Sakura primeramente el nombre del lobo en voz alta, para seguido adentrarse en sus pensamientos haciendo reflexión sobre lo apartado que había estado siendo el príncipe con ella. Dolía, por supuesto, pero saber que aun le importaba quitaba un poco el dolor. Inocentemente pensaba que seguro debía el joven Príncipe tener mucho trabajo…pero la verdadera razón iba mucho mas allá de ello.

Rápidamente era sacada de sus pensamientos al escuchar como pasos se aproximaban a su habitación con rapidez y seguido veía una sombra por debajo de la puerta y un sobre era pasado.

"¿Una carta?"-decía desde su cama con extrañeza y pronto bajaba de esta y se sentaba en el piso, frente a la carta, la tomaba en sus manos leyendo quien la enviaba y para su grata sorpresa…

"¡PAPÁ!"-decía con gran felicidad abrazando con entusiasmo el sobre. Aprisa y torpemente abría lo abría y leía lo siguiente:

"Querida Sakura:

Recibí tu carta de la semana pasada. No debes preocuparte, me estoy reponiendo poco a poco. Te extraño mucho, hija. Espero tenerte pronto aquí en cuanto hallas terminando tu trato con el Príncipe. Me alegra saber que te trata tan bien.

Como notaras esta no es mi letra, la señora Kaho ha estado viniendo a visitarme y le pedí de favor escribir la carta por mí. Ya que aunque estoy mejorando, aun me siento algo débil. Que estés bien, pequeña Sakura.

Fujitaka"

"¡Que bueno!, ¡La señora kaho ha estado cuidando de el!, no ha estado solo…que bueno. …El… ¡el dinero para las medicinas!... veré cuanto me falta para juntarlo y después bajare a la cocina que se me esta haciendo tarde"-decía la flor de cerezo que llevaba en su rostro una mirada llena de felicidad, el brillo en sus ojos relucía tanto, sin duda, saber de su papá había llenado de vida su mañana… pero… ¿podría existir algo que apagara esa luz de sol?

Aun en el piso, se aproximaba a su buró, donde tenía guardado su pago semanal; hacia tiempo que no lo contaba y estaba ansiosa por saber cuanto faltaba para llegar a los 8, 000 nekos que necesitaba para pagar las medicinas, así que empezó con la cuenta.

"1000 nekos…uh….2000 nekos…6,000 nekos…7,000 nekos…ah….n-nueve mil…quinientos…nekos…"- el dinero sobraba, debía estar feliz y seguramente una parte de ella lo estaba y la otra…la otra parte sabía que eso significa que su trato con el Príncipe había terminado…ella solo tendría trabajo mientras juntaba la cantidad que dijo necesitaba para ayudar a su padre.

"Q-que bueno… ¡p-podré pagar las medicinas de papá!...q-que felicidad…"-decía con una sonrisa que se quebraba en pedazos, mientras lagrimas luchaban por salir de sus ojos hechos de cristal.

No mas de un minuto paso cuando nuevamente pasos apresurados pasaban por su habitación y un nuevo sobre era pasado bajo la puerta, solo que este era único en su contenido y diferente por fuera, pues tenía el símbolo real. Con suma prisa y curiosidad tomaba el sobre en sus manos…lo abría rápidamente como si su vida dependiera de ello…y leía…

"Sus servicios no son requeridos en este palacio por mas tiempo. Agradezco su ayuda. Abandone el Castillo durante el transcurso del día, por favor y no vuelva si no es requerida.

Principe de Tomoeda, Syaoran"-

"¿D-debo…irme?... Syaoran…"-decía mientras esas lagrimas lograban salir y empapar la hoja. Dolía pensar que el dijera que tenía que irse. Desde hacía unos días debía haber partido, pero el Príncipe había esperado…por una sola razón… no quería decir adiós a la persona que más quería.

Queriendo pensar que quien había dejado el sobre había sido el Príncipe, se levanto deprisa y abrió la puerta de golpe, saliendo del cuarto casi corriendo para alcanzarlo…pero no había pista de ningún Príncipe de cabello castaño y buen parecer…solo mucamas encantadas y no hechizadas.

Sentía tanta angustia y desesperación corroer su interior, que gritaba por la mensajera que había llevado el sobre.

"¡DISCULPEN!, ¿QUIEN TRAJO ESTE SOBRE?... ¡POR FAVOR!"- gritaba caminando entre los pasillos, alzando su mano en alto mostrando el sobre. Necesitaba saber…necesitaba encontrar.

Y rápidamente todas las mucamas se giraban hacia ella, unas la ignoraban y otras seguían con su paso, pero una en especial…caminaba con prisa hacía ella.

"Fui yo, señorita Sakura"-decía una mucama de nombre Rei Tachibana llegando frente a ella, lucía muy agitada, como si hubiera estado corriendo de un lugar a otro haciendo entregas del Principe.

"Gracias, Rei… ¿esto lo envió el Príncipe?... ¿s-sabes donde esta?"-preguntaba tratando de calmar su interior, pero era casi imposible. Sus ojos seguían llorosos.

"E-el…señorita Sakura, me pidió no decirle si usted preguntaba…"-decía sintiéndose terriblemente mal al ver el estado de la de ojos verde esmeralda.

"Por favor…"-decía mostrando sus lagrimosos ojos, no pensando que así la convencería, pero evitar el surgir del llanto es casi como reprimir un sentimiento, y esconder tus emociones…no es casi… es como mentir.

"En su cuarto de lectura, señorita. No diga que le informe yo, por favor"-decía con miedo de que si el Príncipe la descubría, un castigo la estaría esperando.

"¡Muchas gracias, Rei!"-decía con gran agradecimiento mientras se apresuraba a bajar los escalones hacía el segundo piso donde la gran librería del Príncipe se encontraba. Pero mientras corría mas aprisa que una liebre…pensaba…hasta que sus mismos pensamientos…hicieron que frenara su paso.

"Debo volver a casa…papá me esta esperando. Y… Syaoran…n-no me necesita mas aquí…entonces… ¿porque quiero quedarme?…si ni siquiera…se q-que es lo que siento por el… ¡a-ah!...duele…mi corazón duele mucho cuando quiero pensar en el en ese modo…cuando…quiero amarlo. Aun así, no se el porque…pero quiero hablar con el y saber...e-eso haré…mi corazón quiere saberlo"-decía mientras volvía a retomar el coraje y sus pasos se volvían mas firmes, su mirada llena de disposición…ella solo quería saber.

Hasta que sin notarlo, allí estaba de pie, en la gran entrada del cuarto de lectura; el preferido del Encantador, seguramente; viendo la figura del Príncipe de espaldas, sentado en su enorme sillón rojo frente a la fogata, probablemente leyendo un libro, quizás, pensando en ella.

El rosa comenzaba a invadir sus mejillas, limpiaba sus lagrimas para no ser de la lastima del Príncipe y con decisión caminaba hasta llegar a estar detrás de el.

"…."-abría su boca, pero ninguna palabra era inmutada…era como si su presencia le hubiera arrebatado la voz, pero era lo suficientemente valiente para que con un segundo esfuerzo la voz surgiera.

"Syaoran"-habló al fin, sin duda haciéndose notar para el Príncipe, quien…como si hubiera sabido de antemano que iría a verlo, sonreía con cierta ternura, mientras sus ojos mostraban cierta tristeza.

El se ponía de pie, usaba su capa de color azul en el momento y se giraba hacia ella, a verla de frente, solo el real sillón los separaba. Tenía tal única mirada y masculina presencia que hacía sentir débil a la pequeña flor.

"Dime, Sakura…"-respondía con seriedad, no había dejado esa sonrisa dulce de momentos atrás ser vista por el cerezo.

"y-yo…"-de nuevo el miedo entraba en su ser, no quería hacer una pregunta de la que obtendría una mala respuesta. ¿Pero si no preguntaba, se quedaría con la duda?, no. Las dudas solo crean preocupaciones y eso no es conveniente claro esta.

"… porque… ¿P-porque has estado siendo diferente, últimamente?...n-no quieres… ¿estar conmigo?"-absurda pregunta, debo decir. ¿No era obvia la respuesta?, lo era, pero para los ciegos despistados, lo obvio no es suficiente, necesitan verlo, necesitan oírlo para creerlo.

Sus esmeraldas volvían a hacerse cristalinas, sus cejas indicaban que había un llanto que anhelaba salir, pero su boca decía que no lo dejaría salir.

El Principe miro al piso con seriedad y si eras observador notarias la tristeza. Apretó sus puños y comenzó a caminar hacia ella, dejando que el rojo sillón no fuera mas un poco distancia entre los dos, ahora estaba frente suyo completamente.

Dulcemente tomo la barbilla de la joven en su mano derecha, haciéndole pensar que habría de darle un beso y olvidarían lo que pasaba. Así que la ojiverde cerró sus ojos, esperando ese tocar de labios…que tristemente, no llego. Acerco su rostro al de ella y dijo:

"Tienes que irte…"-esa era su obvia respuesta. Sakura abrió los ojos de golpe, con las lágrimas que salían al instante y aprisa salía corriendo del cuarto de lectura, topando con alguien en la entrada, un apuesto joven que tomo su mano para que esta no cayera al tropezar. Se sentía tan mal que solo pidió una disculpa y siguió corriendo. Ni si quiera mostró ovación ante el…el Consejero Real. Y era natural que no lo hubiera hecho, no lo conocía. El joven acababa de regresar de un largo viaje…Hiragizawa Eriol.

"Muy hermosa chica…se enamoro y la rechazaste, supongo. Siempre le haces eso a las más bellas, Syaoran"-decía el chico de ojos azules, cabello negro azulado y porte varonil, sus ropas eran casi tan finas como las del príncipe y le hacían lucir como todo un galán.

"¡Eriol!"-se sorprendía de verle, una leve sonrisa aparecía en su rostro, al menos entre lo amargo de esa mañana una gota dulce había hecho presencia: su brazo derecho al ser Príncipe y su mejor amigo, al ser Syaoran.

"Ha pasado algo de tiempo. El invierno ha sido muy pesado en las otras villas, aquí esta desapareciendo. ¿Cómo esta Tomoyo?, espero no te halla visto a los ojos"-decía sonriendo con dulzura, ningún enojo porque la amiga del Principe quizás le hubiera visto.

"Descuida, ella misma se vendo cada vez que la visitaba y esta bien"-decía el Principe para despreocupar a su consejero que ciertamente algún interés debía tener en la cuidadora del Diario Encantado.

"¿Y como has estado?... no puedes seguir rechazando a mas chicas, tus padres establecieron que debías encontrar a quien será la Reina, casarte al cumplir tu mayoría de edad, y no falta mucho. Aquella que salio corriendo es muy hermosa, pudiste pedirle matrimonio"-preguntaba el misteriosamente dulce chico, pero al ver la cara de pocos ánimos del Principe, deducía que debía tratarse de la maldición que lo rodeaba. Pero parecía que había hablado de mas, porque le pequeño lobo bajaba su mirada con tristeza.

"Ella…me ha visto a los ojos muchas veces…y no callo en el hechizo"-respondia el Príncipe. El de ojos azules, abría sus ojos algo sorprendido, sabía lo que eso significaba. Quien no cayera en el hechizo, era quien jamás amaría al Principe…y era…de quien el Principe Encantador se enamoraría.

"Entiendo… si la amas… ¿Por qué la dejaste ir?"-pregunto el joven que iba en contra de aquel dicho 'Si amas a alguien, déjalo ir'. Porque si el amaba a alguien no la dejaría ir de sus brazos a menos que ella lo pidiera.

"Su contrato dice que trabajara aquí hasta que completara el dinero que necesita. Además…no puedo…atarla a mi…no puedo quitarle su felicidad"-decía Syaoran levantando su melancólica mirada, quien si iba con el dicho, 'Si amas a alguien, déjalo ir'…la amaba tanto, que si ella podía ser feliz con alguien mas, el no tendría porque intervenir.

"A veces se tiene que luchar por lo que mas queremos..."- su amigo dijo en murmullo.

"¿Eh?"- el ingenuo preguntó.

"Bueno, te veré mas tarde, hay una persona que debo ver"- decía el chico sonriendo con encanto y seguidamente se daba la media vuelta y salía del lugar, dejando al Principe un poco pensativo.

Mientras tanto, la castaña continuaba corriendo con gran fuerza, se dirigía a la salida del lugar, solo quería salir de ahí y llorar, llorar…y ¿qué mas?...ah, sí….llorar.

"Syaoran… ¿n-no me ama?...c-claro que no…que tonta"-decía mientras una sonrisa falsa de pintaba en sus labios, como si el decir algo respecto a su propia idiotez fuera algo para reír. Pero cerca de la puerta para salir, una mucama le esperaba; de cabellos largos, que sobrepasaban su cadera, una larga trenza entre estos y su tez era blanca; como si supiera que la flor de cerezo ya iba a partir.

"Tu dinero y ropa esta arriba. Encuéntrame en el Paso Seco y te los daré allá, el Príncipe te quiere fuera del castillo ahora"- ella…lo sabía todo, que curioso. Más curioso aun, que mentira mas grande había dicho, el Príncipe no había ordenado fuera corrida. Entonces… ¿Por qué?, la castaña también lo halló curioso, pero al escuchar que era orden del Príncipe ya no parecía raro para ella.

"S-si… m-muchas gracias"-decía ella inclinando su cabeza en agradecimiento rápidamente y salía corriendo, no sabía donde quedaba el Paso Seco, pero lo averiguaría. No importaba si aun andaba en pijamas, solo quería correr hasta llegar al fin del mundo…donde sea que eso este.

Corrió…viendo los letreros, preguntando a las personas…donde el Paso Seco quedaba. Era extraño, era un lugar que no muchos conocían y quedaba muy distante del pueblo. No tenía caballo en que ir, la nieve aunque estaba mas delgada, aun cubría el suelo y retrasaba su llegada, el cielo oscurecía, la noche llegaba…el viento soplaba en los rostros de los ocultos indicando que era hora de mostrarse.

"E-El Paso Seco… es este lugar…esta vació…y esta oscureciendo…espero que esa mucama llegue pronto, quiero ir a casa…q-quiero ir a casa"-decía sentándose sobre la nieve, observando como las urracas pronto se posaban sobre los árboles, causándole un aspecto aun mas tenebroso al lugar.

En el castillo, el Príncipe había tomado una mejor decisión para ambos y preguntaba por ella a cada persona del personal del palacio que se topaba en el camino. Subió a buscarla en su habitación y el dinero aun estaba en el sobre en el piso. Significaba que no se había ido…eso le aliviaba en cierta parte, pero eso también figuraba que…

"Ya es muy tarde…y no esta dentro del castillo. Sus cosas aun están aquí…eso quiere decir que si salio…volverá…pero es muy tarde. Sakura…"-decía con preocupación el chico que solo debías ver para enamorarte de el. Apretaba sus puños, lo hacía cada vez que se sentía molesto u angustiado. Pronto salió de la habitación y avisó a más de 20 guardias reales buscar por la joven Sakura.

Y en el Paso Seco…

"No ha venido…entonces…d-debo regresar al castillo por mis cosas, antes de que anochezca m-mas…"-decía mientras se ponía de pie algo torpe, pues sus piernas estaban entumecidas de tanto haber caminado.

Pero entonces…movimiento se sentía, la chica mucama había llegado pero venía sin nada, ningún dinero, ninguna maleta. Sakura se había alegrado al verla y caminaba lo mas rápido que sus pies le permitían hacía ella…pero al ver que no tenía nada consigo, freno el paso, su rostro también cambiaba al notar que la chica no venía sola, estaba acompañada…y vaya compañía.

"Muy buenas noches, Sakura…"-una voz dijo y entre tantas sombras que creaban los 'ocultos', el resaltaba para mostrarse.

"¿Q-quienes…q-quienes son?"-pregunto con temor, comenzando a retroceder lentamente.

"Nos conoces, te conocemos. Bueno, yo no te había visto en persona, eres mas hermosa de lo que oí…ahora veo porque le gustas tanto al Príncipe"-dijo quedando a unos metros de ella, tenía un cabello rubio largo, amarrado con un paliacate, su tez era casi blanca, era extraño que fuera uno de ellos por su apariencia, pero lo era…era un gitano.

"S-son gitanos…"-decía ella, que había conocido cuan crueles, descarados y sucios eran. Estaba lista para correr, rápidamente se tornaba hacía atrás…pero había mas de seis gitanos a sus espaldas y estaba claro que no le permitirían ir a ningún lado.

Sus ojos se abrían en grande…sabía que no iba a poder huir, es como si la base entera de gitanos hubiera ido hacía ella.

"F-fue… ¿f-fue una trampa?"-pregunto usando su lógica lo mejor que podía.

"Que lista. Esta es Nakuru y lleva una buena doble vida, trabaja en el palacio y trabaja con nosotros. Lo mejor es que tu Príncipe deja su puerta abierta para cualquiera en necesidad y Nakuru supo actuar como una verdadera mísera joven. Es bastante escurridiza, es buena en lo que hace, obtuvo la información necesaria en tan solo una semana. Hubiéramos mandado a Touya, pero el Príncipe lo hubiera reconocido muy fácilmente, creo yo, después del regalo que le dio. Jajaja"-decía el bastante cínico y por lo visto vengativo gitano, con una risa que sin duda parecía mostar placer.

"¡El Príncipe Syaoran ha sufrido mucho!"-gritaba molesta Sakura al gitano, defendería a su querido Príncipe de cualquiera que quisiera reírse de el. En ese momento no importaba si el había dicho que tenía que irse en lo mas mínimo.

"Touya dijo que tu eres la elegida…así que supongo debes saber lo que le duele al Príncipe que nunca vayas a poder amarlo"-dijo mientras se acercaba a ella cada vez mas y mas, hasta llegar a estar frente a ella y poner sus manos sobre sus mejillas, la flor de cerezo le veía sumamente molesta y algo triste al haber escuchado aquello…era como si en ese momento comprendiera porque el Príncipe la quería lejos.

Este encantador cínico iba a darle un beso, pero, el rescate llego.

"No la molestes"-dijo Touya tocando la espalda del rubio, quien se mostraba disgustado al ser interrumpido y soltaba a la flor de cerezo con cierta brusquedad.

"¡LOS CABALLOS DE LOS GUARDIANES SE ESCUCHAN!, ¡NO PUEDEN ANDAR LEJOS DE AQUÍ!, ¡RETIRADA!"-gritaba alguno de los gitanos que estaba cerca de la entrada del no tan acogedor lugar. El Paso seco…ahora su nombre tenía mucho mas sentido pues hay no había rastro de vida.

"Bien, ¡Tráiganla a nuestro hogar!, ¡Ella será uno de nosotros!, ¡El Príncipe caerá!"- gritó en alto, todos a coro aceptaron y comenzaban a caminar como una manada de animales hacía un lugar que nadie conocía, excepto los gitanos y tal vez…los curiosos.

Touya tomo en brazos a la flor de cerezo y siguió al resto, no parecía muy contento al respecto.

"¡Bajame, por favor!, ¡Por favor!"-gritaba insistente, pero el gitano Touya no cedía, ni siquiera bajaba su mirada hacía ella, solo seguía el plan. Planes… si no los sigues con precisa instrucción, podrías derrumbarse en cuestión de segundos.

La madrugada llego y no había pista de la flor de cerezo para los guardias del Príncipe, llegaron alrededor de las 3 de la mañana, el Príncipe aun esperaba en la entrada, varias mucamas esperaban despiertas junto a el, no porque el lo hubiera pedido, pero estando bajo el hechizo, el amor que tenían por el querían asegurarse que el Príncipe pronto fuera a cama.

"Su alteza, no hay rastro de ella, preguntamos si se le había visto y algunos respondieron que la chica de ojos verdes preguntaba por el 'Paso Seco', fuimos al lugar y no había nada"-decía uno de los guardias que estaba hincado frente a el.

"Vayan a descansar… m-mañana continuaremos"-respondió el Príncipe que aunque anhelaba por seguir buscando, entendía que ya era hora de dormir para los demás.

"Ustedes también retirense a dormir, buenas noches"-decía el Príncipe a sus mucamas y

salía del gran recibidor para dirigirse a su lugar preferido, la tierra de los libros.

"Si no le hubiera dicho que se fuera…sabría que esta bien...esto es mi culpa, maldición. Pero… ¿Por qué querría ir al Paso Seco?...no hay nada ahí…y además, Sakura desconoce muchas partes de Tomoeda… ¿Cómo sabría?...Sakura…"-decía mientras caía rendido en su sofá, con su mirada perdida en el techo, su brazo sobre su frente. Quería verla…y decirle…que si había alguien que quería tener a su lado …era ella.

'¿No quieres estar conmigo?'-recordo su dulce voz en su cabeza…y esta vez, dio su verdadera obvia respuesta.

"Mas que nadie en el mundo…"-cerró sus ojos y cayo dormido. No se daría por vencido. Mañana…sería un nuevo día, donde ojala…el sol brillaría mas.

Cuando los sueños acaban… ¿Qué sigue?...yo lo se…aferrarse a una nueva ilusión…no dejes que las fantasías mueran.

Despertaba, pero difícilmente podía distinguir si era de día o de noche, todo estaba repleto de sombras y oscuridad. Solo una muy pequeña vela, que poco a poco se desgastaba, iluminaba algo de su alrededor…no había nada que su vista pudiera distinguir…hasta que tomaba la vela en su mano, poniéndose de pie y caminaba un poco hacía delante y pronto las llamas de la vela hallaban algo que alumbrar:…barrotes. Era una bastante "acogedora" celda.

"…N-no lo soñé…ya no estoy en el palacio…n-ni en casa…e-estoy sola"-se dejaba caer sobre el suelo, intentando no llorar mas, ya había llorado tanto que había quedado dormida sin darse cuenta en los brazos del gitano, horas atrás. ¿En que podrían ayudar sus lagrimas esta vez?...en absolutamente nada, así que tallaba sus sollozantes ojos y miraba hacía la vela con cierta nostalgia.

"Después de todo…e-esta vez…no viniste por mi"-decía mientras cerraba sus ojos lentamente y apegaba a su corazón sus manos…estaba doliendo el sentir de no poder amar al ser querido. Era un sufrimiento al que no podría encontrarle par…excepto quizás, el del mismo Príncipe.

"El vendrá por ti…ya lo veras"-decía una voz de hombre, una familiar, al parecer la joven esmeralda no había estado sola. Tomaba rápidamente la vela para alumbrar hacía donde había escuchado la voz, y frente a su celda, sobre un sillón tapizado con extravagantes cobijas, el gitano Touya estaba.

"¡Usted!...usted…, sabe que esta pasando… ¿P-por qué me tienen aquí?... porque hacen esto… ¡dígame, por favor!"-decía mientras de rodillas se acercaba a estar pegada a los barrotes, con sus manos sosteniéndolos como si con ello fuera a romperlos, con su vista desesperada hacía aquel ladrón de flores atesoradas.

"Sin ti…el plan fracasaría…deberías estar feliz de que ese mocoso vendrá por ti…eso es lo que quieres, ¿o no?"-respondía el gitano mostrando una fase que no conocía de el, verlo actuar diferente le desconcertaba mas que ponerse a pensar en lo que ella significaba para los gitanos.

"El…e-el no vendrá…solo…soy su mucama…Sakura"-decía ella sonriendo dulcemente, mientras sus cejas temblaban con peculiaridad, el sollozo quería regresar.

El gitano le vio por unos instantes a los ojos, y se acerco un poco mas a la celda, quería dejarle algo en claro. Su mirada se tornaba seria y acercaba sus labios a los barrotes para que pudiera escucharla. Y casi en un susurro habló.

"… ¿Cuánto duele?"-preguntó el gitano desconcertando un poco a la castaña con su pregunta… ¿Cuánto dolía que?...había muchas cosas que dolían en ese momento.

"¿Hoe?"-su sonido ingenuo salió a relucir, mientras abría sus ojos a lo grande.

"Tu corazón…"-dijo con un gran tono de seriedad que había hecho comprender a la castaña sobre que hablaba. Sobre esas miles de agujas que se encajaban, sobre como el corazón se transformaba en cristal y se rompía en pedazos, sobre como se estrujaba sin cesar.

"M-mucho…cada vez que quiero sentir eso…duele mucho…mucho…"-decía soltando sus manos de las rejas con lentitud, como si el pesar estuviera en cada parte de su cuerpo y no solo en el corazón.

"Tanto como tu corazón duele…es lo tanto que el corazón de ese niño te ama…"-dijo el con una muy leve sonrisa, dejando a la flor de cerezo boquiabierta, sintiendo mil preguntas en su lengua y ninguna salir. Ese gitano lo sabía todo…después de todo el había puesto el maleficio.

"Y-yo… ¡Pero!...entonces…"-ideas llegaban a su mente, mientras el gitano se ponía de pie frente a ella…sonreía con cierta travesura, justo como si estuviera apunto de hacer de las suyas.

"Es necesario… mantener un balance"-respondio el con gran picardía mientras se apresuraba a alzar su mano en alto con su puño cerrado y dejarlo abrir de golpe, para que el brillo y humo se esparcieran dejándolo desaparecer, huyendo de las preguntas, borrando las respuestas.

"¡No te vayas!...ahu…ah…ahu… ¡Espera por favor!"-tosía por el humo color magenta y púrpura, cerrando sus ojos, sintiendo como nuevamente perdía su oportunidad de saber la solución a todo. Pero entonces…parecía que el joven mago no había querido ser tan cruel esta vez…y cuando el cerezo abría sus ojos, veía sobre su mano derecha aquella flor que le había arrebatado la última vez.

"…muchas gracias…"-decía en voz queda, mientras abrazaba la única calida memoria de su padre que permanecía con ella. Pero recordaba que si no hubiera perdido esa flor…no hubiese sabido lo que era probar un beso del Príncipe que había tratado de animarla llenándola con una docena de vivas rosas.

"¿Dónde estas…Syaoran?"-pregunto con cierta tristeza, se dejaba recargar sobre la sucia pared de ladrillos. Veía la rosa en sus brazos y por mas muerta que esa flor estuviera, ella podía ver vida en ella. Levanto un poco sus piernas hasta tenerlas flexionadas lo suficiente como para poder recargar sus brazos en estas.

"… 'El Plan'… ¿C-cual plan?..."-se preguntaba recordando las palabras de Touya, ya cuando su cabeza estaba sobre sus brazos, exhausta de ver la asquerosa celda que le rodeaba, prefería hundirse entre sus brazos y no ver nada. ¿Cuál plan?...uno muy vil, traicionero, muy poco de hombres, mucho más de gitanos.

Levanto de nuevo su cabeza, tomo la vela en sus manos y alumbro lo más que podía a su alrededor, no iba a darse por vencida tan fácil, tenía que existir una salida en alguna parte…porque, ¿sabes?, todo lo que tiene entrada, tiene salida y si se diera el caso de que no, entonces, en cuestión de tiempo…la tendrá.

"Esta celda es…muy amplia, muy fea…y hace mucho frío aquí adentro…d-debe…debe haber una manera de salir… ¡la hallare!"-dijo como si la fe junta de mil personas se hubiera abrazado a ella, se ponía de pie firmemente y caminaba por cuidado por cada pared. Si los castillos tenían pasajes secretos, ¿Por qué no la celda?. Pero por más que busco…no encontró.

Quedaba hacía la pared del otro extremó del que estaba, con la rosa metida entre su pijama y la vela en manos. De pronto escucho voces hablar, definitivamente estos gitanos no le daban 'privacidad', pero no hablaban sobre como custodiarla, hablaban sobre como… 'borrar'.

"¡Cuando ese niño presumido caiga, la ciudad será nuestra!, ¡La tomaremos por completo!, ¡No hay nadie que no nos tema!...excepto claro, ese mocoso…pero no tendrá mas oportunidad de mirar sobre nosotros cuando lo borremos!"-decía un sujeto de una voz ronca mientras el otro aceptaba con risas como si estuvieran celebrando. Bueno, en celebraciones normales, claramente no se festeja la muerte de alguien.

Escuchó y tapo su boca para no gritar. Esto lo entendió con una claridad absoluta, no mas acertijos del gitano brujo. Estos gitanos eran brutos y hablaban solo porque tenían lengua, no porque podían pensar.

"¡Le cortaremos los pies primero!"- ¿Crueles?, bastante, no tienes ni la menor idea de cuanto. Pero cuidado, no todos son así. No mandes a juicio a alguien solo por su apariencia.

Ahora puso ambas manos sobre su boca, sus ojos temblaban, su corazón palpitaba rápidamente, sus piernas se tambaleaban, se estaba sintiendo débil…y tan pronto la vista se nublo, el desmayo ocurrió.

Los gitanos escucharon al cuerpo caer y se acercaron a la celda notando a la chica inconsciente, siendo no tan estupidos, dedujeron había escuchado su pequeña y sangrienta conversación.

"Ahora lo sabe… ¿Qué haremos?"-preguntaba un gitano algo carnudo y bigoton, de tez morena.

"Amenazarla cuando despierte, claro esta. No puede interferir mas, ya jugó su turno, no puede jugar dos veces su turno en este 'Juego'"-resultaba ser el segundo gitano aquel que hizo la introducción al principio, ese rubio engreído, listo pero tonto. Que contradicción, ¿no lo crees?

Dos semanas pasaron…parecía que se había planeado todo en cursos de 7 días. Toda esa semana se había buscado por la señorita Sakura, una chica de enorme simpatía, y un físico y belleza sin comparación, parecía que había personas que sabían algo, pero nadie hablaba, todos tenían miedo, no podían meterse con los gitanos, simplemente no.

Y en ese 15 día desde la desaparición del cerezo:

"¡Sakura no aparece!"-grito una de las mucamas dentro de la cocina, partiendo las papas rápidamente, pronto sería hora del desayuno.

"¡El Príncipe luce tan triste desde entonces!"-comentaba otra con tal triste conmoción en su voz. Porque ellas solo querían a su Príncipe ser tan feliz como pudiera serlo. Aunque una cierta mucama de nombre Meiling se vio molestada ante el comentario.

"¡No se ve tan triste!"-se quejaba Meiling, por supuesto demostrando que ella sabia lo que los celos eran.

"Tu solo tienes envidia"-hablaba otra que limpiaba los frijoles, llamada Magdalia, haciéndole cara traviesa.

Y mientras toda esa conmoción ocurría, el Consejero Real llegaba a la entrada principal de la cocina, llamando la atención de todas, si no fuera por la maldición, seguro muchas también habrían gustado de el.

"¡Es el joven Eriol!"-gritaban todas y seguido hacían una pequeña reverencia inclinando un poco su espalda.

"Buenos días a todas. Necesito lleven un café al Príncipe, no desea ningún desayuno en el momento, solo café así podrá continuar con sus investigaciones"-decía el con su toque de dulzura y seriedad al mismo tiempo.

Al escucharlo todas ponían cara de tristeza, el Príncipe no había estado durmiendo bien, ni comiendo lo suficiente. Estaba concentrado en lo que se había propuesto.

"No comerá hoy tampoco"-decían todas a coro con tristeza, otras papas, huevos y frijoles que no se harían y justo cuando iban en el mitad del camino.

"Descuiden, Yamazaki y yo aceptaremos con gusto un rico desayuno"-dijo con una dulce sonrisa pintada en sus labios mientras sus ojos se entrecerraban y al oírlo nuevamente, todas ponían un rostro vivo y alegre.

Esta vez, estaba en su cuarto, recostado en su cama, con varias libretas llenas de apuntes sobre cada lugar que había pasado por su mente. Había mandado personas a la casa de Sakura, inclusive, había mandado ya las medicinas al señor Fujitaka pero sin decir que su hija estaba desaparecida. No quería consternarlo de ningún modo, sabía que Sakura no lo hubiera querido preocupar. En sus apuntes incluían motivos para estar en esos lugares pero nada concordaba. No había nada extraño en la ciudad…pero quizás, dentro del Palacio sí.

"¡Alteza!"-tocó la puerta una de las encargadas de llevar cuentas de todo en el Palacio.

"Pase"-respondió el, sinceramente no muy animado. Su mirada se sentía tan profunda y vacía.

"Hay una persona mas que ya no esta en este Palacio además de Sakura, su señoría. Incluso desapareció el mismo día"-dijo la chica que llevaba una venda en sus ojos, se la había puesto justo antes de entrar, significaba que ella aun no caía en el hechizo.

Eso extraño mucho al Príncipe, el siempre era notificado cada vez que alguien abandonaba el castillo y era porque los contratos de trabajo tenían una fecha limite, pero si había alguien faltante significaba que no había llegado a tal tiempo.

"¿Quién era ella?"-preguntó poniéndose de pie rápidamente, quizás esperando la pista que tanto buscaba.

"Urukan Ikusika, no dijo de donde venía, pero como usted dijo que debíamos dar empleo a todo quien se viera en necesidad, pues…aunque, Chiharu dijo que vio algo extraño en su talón, dijo que era parecido al tatuaje de una luna"-Ahí estaba todo lo que necesitaba saber, las únicas personas que llevaban el dibujo del redondo lucero eran los gitanos y lo sabía muy bien, porque ellos vivieron en su palacio por años.

Sus ojos se abrieron grandes, ahora sabía que una gitana había estado en su palacio, había desaparecido el mismo día que Sakura. ¿Curioso no?, por supuesto y mas cuando curiosamente los gitanos eran tan 'buenos amigos' de el, ja.

"¡Muchas gracias!"-dijo feliz a la mucama, quien seguramente nunca había escuchado al Príncipe con tal entusiasmo y ello hacía a sus mejillas sonrojar.

"Diga a Eriol que apartir de este momento tiene en cuidado el orden de este lugar, además, detengan las búsquedas de Sakura"-dijó el Príncipe que salía aprisa de la habitación, una sonrisa estaba pintada en su rostro como hacía tiempo que no, pero sus cejas marcaban la determinación que por su ser recorría.

"¡Pero, Príncipe!"- gritaba a la nada, el Príncipe ya se había esfumado…justo como Sakura.

Corría por pasajes de su castillo que solo el conocía y quizás sus mas confidentes, no quería que nadie lo retrasara o molestara, hasta que llegaba a la salida del lugar, corría por el jardín que llevaría a las calles de la villa…y con eso…a ellos.

Mientras tanto en el lugar de Gitanos, en la prisión de la pobre Sakura, un castigo había sido aumentado por tratar de escapar y cadenas se le habían puesto en los pies y brazos. Desafortunadamente ya habían dejado herida en los talones.

En medio de toda su desgracia, dos visitantes le fueron a ver.

"Creímos que serías mas valiosa para el Príncipe, bella Sakura. Se ha dicho que detuvo sus búsquedas por ti en este día. ¿Sabes lo que significa? que resultaste ser un fracaso total…pero no podemos dejarte ir y darte ese placer. No, no…eso, no sería justo. Te quedaras aquí…conmigo"-dijo el gitano de cabellos dorados y una vestimenta que por mas estrafalaria que fuera, se veía bien en el.

Sakura le veía a los ojos, sonriente. Si Syaoran no venía, el estaría a salvo…además había estado buscando por ella, eso le hacia tan feliz. Era natural que se cansara después de un tiempo, pensó.

"Bien, veo que te da gusto saber que pronto serás mía"-y aunque sabía por que ella sonreía, claramente le gustaba ser un patán.

Dio una media vuelta y se fue, pero Akisuki que era la otra visita, quedaba ahí.

"Todos en el castillo…me dijeron que el estaba enamorado de ti y tu de el…pero Touya me dijo que eres la elegida, eso quiere decir que no puedes amarlo. Sabes, no era nuestra intención llegar a tanto…bueno tal vez la de Kyo sí…le gustas mucho, siempre dice que eres una joya. Supongo que no tienes ganas de hablar conmigo, ¿te traigo algo de comer?"-Nakuru pregunto, no había sonado tan perversa como sus acciones le habían hecho parecer, hasta parecía una buena persona, una algo arrepentida.

"N-no es que no quiera hablar…muchas gracias, es que, mi garganta duele mucho…no he tomado agua en varios días"- decía Sakura quien se esforzaba por hablar aunque fuera poco.

"Ese tonto de Kyo dijo que no se te diera de comer como castigo por no querer aceptar su beso, no te preocupes, ¡te traeré pan y agua fresca!"-decía ella entusiasta y se retiraba del lugar corriendo, la flor solo daba una sonrisa en agradecimiento.

Otras dos semanas habían pasado, no había noticias de que el Príncipe hubiera vuelto o que hubiera desaparecido para los gitanos, tampoco que sus guardias buscasen mas a Sakura, pero la seguían teniendo enjaulada, como si fuera un animal exótico a quien podían atrapar entre barrotes y condenarlo a no tener libertad. Había estado comiendo mejor, Akisuki y Touya habían estado cuidando de ella, aparte de otros dos gitanos que le habían tenido compasión. Cada 2 días, Touya le permitía salir fuera de la celda, pero no más de 6 metros lejos o Kyo se daría cuenta. Ya habían pasado otros días, Touya aun no llegaba por ella y ella estaba ansiosa de salir y estar cerca de algo más que no fuera su sombra.

Pasos se escucharon, seguro era Touya que venía por ella, pensó rápidamente.

"¡Gracias!"-decía ella con prisa, poniéndose de pie alegremente y con sus manos sujetando los barrotes, ya no tenía las cadenas con ella. Pero para su sorpresa, el gitano frente a ella era otro, no Touya. No se veía muy simpático, su atuendo era uno inclusive mas ridículamente genial que el de Kyo, pero se parecía mucho a la capucha que usaba Touya en las noches de frió.

"¿Quién eres?"-preguntó curiosa, bajando un poco su mirada, tratando de ver bajo la capucha, no era una capucha que realmente cubriera mucho, pero como era todo tan oscuro, no le permitía ver bien sus ojos.

"Vengo a sacarte la hora que Touya te deja fuera"-sacaba unas llaves y abría la puerta de barrotes, aunque su respuesta no contestaba a la pregunta de Sakura.

"Gracias"-decía ella entrecerrando sus ojos con dulzura y veía como justo después de sonreírle, al gitano le temblaba un poco la mano, como si lo hubiera hecho sentir nervioso con su poderosa sonrisa.

Apenas iba a dar un paso fuera cuando uno de sus pies dolió, haciendo un pequeño gemido de molestia, el gitano se le quedo viendo a su pie, no podía ver muy bien si había algo malo con el, así que se hinco a un lado…

"¿Qué paso?"-pregunto con cierto tono de preocupado, notando como tenia unas horribles marcas rojas en sus talones de lo tanto que apretaban las cadenas.

"Kyo encadeno mis pies y manos…p-pero… ya estoy mejor, me las quitaron hace una semana"-decía algo sería y después optimista, como si esas cicatrices no dolieran.

El chico puso su mano derecha sobre ese talón herido…casi como si hubiera tratado de sobarlo…y con su otra mano el puño se cerraba con cierto coraje. Parecía de algún modo, familiar, si no fuera porque era un gitano.

Se puso de pie nuevamente, tomo la mano de ella con cuidado notando que también tenía marcas en sus muñecas y la hizo seguirle.

"N-no había llegado hasta aquí, antes"-decía ella, llegando a una parte a la que la luz llegaba dentro de la pequeña cárcel que la guarida de gitanos tenía.

"¡LUZ!, ¡E-ES LUZ!"-gritaba ella felizmente, mientras alzaba sus brazos al aire como si hubiera logrado lo imposible. El chico se acerco a ella y puso su mano sobre la boca de la chica, ya que no debían hacer mucho ruido.

"No deben saber que estamos aquí"-susurraba mientras suavemente quitaba su mano de la boca de ella. Ella aceptaba cabeceando, ahora conocía a otro buen gitano que le había hecho ver luz otra vez, cuanto había extrañado ver algo de sol.

Se sentaban sobre una especie de bancas de piedra que había en el centro del lugar. Sakura inmediatamente sonreía con cierta nostalgia que el gitano notaba, así que en lugar de quedarse callado, decidió aprovechar que era 'gitano' y que como tal no debería tener vergüenza.

"¿Qué pasa?"-preguntaba el con cierto tono turbado y curioso, notaba que su capucha se estaba levantando de mas, así que rápido la bajaba, así su vista no haría contacto con la de ella.

"…Extraño a mi casa…extraño a papá…pero mas que nada…a el"-decía mientras dejaba a su vista hacía el frente, perdida en el vació, con una mirada desconsolada. La respuesta sonaba bien para el gitano hasta que escucho decir 'a el', sus ojos no visibles se abrieron mas, estaba algo sorprendido. Pero nuevamente aprovechando su 'metiche' papel de gitano, siguió.

"¿Q-quien es… 'el'?"-pregunto con su voz un poco temblorosa al principio y después recuperaba su seriedad. Ella se giraba dulcemente hacía el y respondía:

"Al Príncipe"-respondio ella con sus ojos que tiernos se volvían y un leve sonrojo aparecía en sus blancas mejillas. El trago saliva, gracias a dios, la chica no se dio cuenta.

"D-debe parecerte tonto, ¿Verdad?...lo siento"decía ella notando que el chico no decía nada, pero entonces se daba cuenta que la había hecho sentir mal y recuperaba su habla.

"¡N-no!...no me parece tonto"-respondio el con cierta suavidad en su tono de voz, sus mejillas se tornaban rojas y esas si las podía ver Sakura y le causaba gracia lo tímido que resultaba ser este gitano, nunca había visto uno avergonzarse hasta sonrojarse.

"Eres distinto a los demás. Gracias por estar escuchándome…normalmente no tengo nadie con quien hablar…y hay muchas cosas que quisiera decir"-decía ella mientras sentía como pequeñitas gotas de agua se asomaban por sus ojos. Hacía varios días que no lloraba, había tratado de ser tan fuerte como podía.

"¿Cómo que?"-pregunto el con curiosidad, el estaba ahí para escucharla, si bien Touya y Nakuru no eran suficiente, el tal vez podría.

Sakura se puso de pie y camino unos pasos lejos de el, acercándose un poco a donde la entrada de luz venía, su mirada estaba fija ahí, daba su espalda al gitano.

"Nunca…n-nunca le dije…lo que sentía por el…nunca pude…yo nunca…pude"-decía mientras dejaba una lagrima escurrir por su mejilla izquierda, sus mejillas temblaban, quería llorar…tan fuertemente como una tormenta en el mar.

Pero el, al igual que ella se puso de pie. No camino mas lejos, quedaba solo unos dos metros detrás de la flor.

"Puedes decírselo"-dijo suavemente, esa fue la respuesta que obtuvo de el, justo con esa misma voz que ella conocía bien y cuando se tornaba hacía este gitano, el quitaba esa capucha negra que de inmediato caía al piso y mostraba que el no era uno de ellos…que el era El Príncipe Encantador.

"¿S-Syaoran?..."-tallaba sus ojos como si creyera que fuera un sueño, pero ahí estaba…no era una ilusión mas que su corazón y mente proyectaban. El estaba de pie frente a ella, con una sonrisa que claramente decía que estaba ahí para ella.

"Sakura"-dijo con dulzura, mientras la chica reaccionaba y corría hacia el, este abriendo sus brazos para recibirla en ellos con amor y cariño. Justo se lanzaba a sus brazos y la tomaba fuerte y aun dócilmente, sus ojos se cerraban de golpe como si sintiera deseos de llorar, pero no lo haría. Simplemente estaba tan feliz….podía sentir el gozo y las mariposas revoloteando dentro de sí.

"Estas aquí…p-pensaba que no vendrías…oh, Syaoran"-decía aferrándose a el, separaba un poco su cabeza de su pecho para verle a los ojos. Ambos tenían una amorosa sonrisa pintada en su rostro, con el pincel mas fino de todos.

"…S-Syaoran… ¿me quieres?…"-preguntaba sin miedo, con una tierna sonrisa, era como si con su presencia ya la respuesta estuviera dicha. El había ido hasta el 'inframundo' por ella… ¿Qué mas prueba necesitaba?, solo una…oírlo decirlo.

El puso un rostro serio…no era que le molestara que preguntara, pero, ¿Por qué necesitaba oírlo?...cuando podía sentirlo.

Teniéndola sujetada de la cintura y espalda, ambos bastante juntos, acercaba su rostro al de ella con lentitud, rozaba su nariz con la de ella con cariño, cerraban sus ojos…y daba su respuesta al unir sus labios con los de ella en un beso que sabía a amor. Sus labios se tocaban con mucha ternura por cierto tiempo sin despegarlos, seguro realmente habían deseado por ese momento. Y una vez que se separaban….ambos con los mas dulces gestos y un sonroso que adornaba el rostro, se veían como si en esas miradas el dicho cambiara y dijera 'una mirada vale mas que mil palabras' y aun así el príncipe le dio lo quiso.

"Te quiero…Sakura"-y la juntaba mas a el, haciéndola sonreír con dicha. Su Príncipe azul había venido al rescate. Aunque normalmente los Príncipes azules tienen problemas en el rescate: matan dragones, rompen hechizos, vencen brujas… ¿Qué tal gitanos? para este Príncipe Verde y además, encantador.

"Me alegra que el Plan salió justo como lo planee, mi querido Príncipe Encantador…o debo decir, Ex-Príncipe…porque el hechizo no se deshará, ese apodo se queda contigo…y será lo único que te quedara… ¡Tómenla a ella! y ahora, ¡ACABENLO!"- Si, aquí estaba el obstáculo del rescate. Kyo y más de 60 gitanos que no serían vencidos por un solo hombre obviamente. No era muy lógico que digamos. Pero el desenvaino su bellísima espada y se puso delante de la flor, si alguien iba a poner un dedo sobre Sakura…no sería ninguno de ellos.

-Fin del Capitulo-

-Agradecimientos-

-Selenne Kiev

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-Yohko Bennington

-Naguchan

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-Syaoran'n'SakuRocks

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-Mitsuki Himura

-Andreaeb182

-sayra silverwolf

Magdalia Daidouji : Yo y mi mala educación de no responder correctamente. Lo lamento MUCHISIMO, pero el tiempo no ha sido mi mejor amigo últimamente, de hecho xD nunca lo ha sido…;3; señor tiempo es usted muy cruel.

Mis Disculpas: Este es mi ultimo año de preparatoria y ojala pudieran ver lo ocupado que este comienzo de año a sido, y los diferentes proyectos que tengo que realizar que no tenía el tiempo suficiente de escribir. Iba a empezar dando el final de 'solo tres deseos' pero normalmente cuando me voy de y regreso, empiezo actualizando los demás antes del que solo tengo que terminar, porque me da miedo arruinarlo ya que llevo tiempo sin escribir algo que realmente disfrute hacer, como son mis fics o mis historias. Voy a seguir intentando actualizar lo más que pueda, ya que el próximo mes presento 3 exámenes diferentes para entrar a la universidad, es de estados unidos así que se ponen duros con los extranjeros xD. Muchas gracias a quienes me han tenido paciencia e igualmente a quienes no, aprecio mucho a quienes hayan leído este capitulo. Este fic es corto, no le doy más de 2 capítulos. Muchas gracias nuevamente. Disculpen si el capitulo apesto, juro no era mi intención xD

Nos leemos pronto.